
Periodista.
A quienes les dejó un extraño sabor el primer discurso por cadena nacional del presidente José Antonio Kast fue curiosamente a sus propios partidarios. Es cuestión de ver las declaraciones previas de dirigentes y parlamentarios del oficialismo que pedían insistentemente medidas para la clase media, ahogada -entre otras cosas- por la decisión del gobierno de traspasar a los consumidores el alza de los combustibles desechando el MEPCO. De acuerdo al discurso del mandatario, no se les escuchó.
Tan complicado está el gobierno que tres veces ha postergado la presentación del proyecto que más títulos ha sacado previo a su ingreso al Parlamento: Plan de Reconstrucción Nacional; Proyecto/Ley de Reconstrucción Nacional; Ley de Reconstrucción y Desarrollo Económico y Social; proyecto tuttifruti, Megaproyecto de Reconstrucción Nacional, Proyecto Macedonio, y otros más.
Más allá del nombre, partidos oficialistas y de oposición, economistas, centros de estudios se han dedicado durante todos estos últimos días a estudiar las filtraciones y declaraciones de ministros y otras autoridades, respecto al megaproyecto que, con más de 40 propuestas, mezcla en un solo texto medidas de reconstrucción por incendios de Valparaíso y Concepción, con incentivos a la inversión, subsidios al empleo, cambios regulatorios, rebajas tributarias, ajustes fiscales y normas de seguridad pública. Una verdadera ensalada que el gobierno espera aprobar antes de septiembre.
El llamado Plan de Reconstrucción Nacional no es solo un plan para levantar casas. Es, en los hechos, el primer gran intento del gobierno de Kast por redefinir el rol del Estado, el modelo económico y la relación entre crecimiento y políticas sociales. Porque el punto más controversial no es la reconstrucción, sino que la mezcla de reconstrucción con reforma económica.
Lo más difícil
El eje central del Plan de José Antonio Kast, es la reducción del impuesto de primera categoría del 27% al 23% en un plazo de cuatro años para dinamizar -dicen- la inversión y el empleo. Una rebaja que beneficia objetivamente al 1 por ciento más rico del país y en el que lo que se haga con la inversión no está garantizado.
Será, sin duda, muy complejo para el gobierno lograr la aprobación de esta iniciativa que, según el Ministro Secretario General de la Presidencia, José García Ruminot, es “irrenunciable”. No sólo eso. Tan urgidos están que, con una audacia infinita, el ministro le puso una temprana soga al cuello al Ejecutivo, al afirmar que “la reforma es clave para el éxito del presidente Kast y su gobierno”. ¿Y si no se aprueba como quiere el ministro de Hacienda?
Aunque aún no se conoce la letra chica del proyecto, expertos y economistas progresistas, dudan que el crecimiento compense la menor recaudación de una reforma que beneficia a las empresas más grandes del país.
Un estudio publicado por la London School of Economics and Political Science, de los académicos David Hope y Julián Limberg, luego de comparar las políticas de impuestos de 18 países de la OCDE durante 50 años, concluye que bajarles los impuestos a los ricos no genera crecimiento económico en un país, ni disminuye las tasas de desempleo. Y afirman que encontraron “evidencia sólida de que rebajarle los impuestos a los más ricos, aumenta la desigualdad de ingresos, pero no tiene ningún efecto en el crecimiento o en el desempleo”.
Lo saben en el oficialismo: no va a ser fácil convencer al país que esta reforma tributaria encubierta que está proponiendo Kast es efectivamente beneficiosa para todos. Lo es solo para algunos. Por eso la insistencia desde la UDI, RN y el Partido Nacional Libertario (PNL) de plantear a los ministros de Hacienda, Jorge Quiroz, y de la Segpres, José García Ruminot, la necesidad de incluir más medidas que beneficien el bolsillo de la clase media y no solo apuntar a las empresas.
El proyecto -aplaudido por los grandes empresarios de la Sofofa y la CPC- se conocerá completo la próxima semana y desde ya el gobierno y sus partidos han comenzado a tocar la flauta de Hamelin para atraer los votos que necesitan imperiosamente para aprobarlo. Y aprobarlo tal cual se presente no jibarizado dicen algunos.
El primer round
El gobierno ha dicho que se jugará por analizar el proyecto completo solo en la Comisión de Hacienda de la Cámara para pasar rápidamente a discutirlo en sala. Será el primer round. Porque el principal objetivo de la oposición será separar los distintos temas que trae el paquete gubernamental, analizarlos cuidadosamente, examinarlos en las comisiones correspondientes. Estudiarlos con tiempo. Escuchar a los expertos. Porque la crítica principal señala que el Gobierno está mezclando, bajo el paraguas de la reconstrucción, medidas de emergencia con reformas estructurales tributarias. Entre ellas la rebaja de impuestos corporativos y otras como la liberación del pago de contribuciones a los mayores de 65 años Está pasando gatos por liebres, dicen algunos parlamentarios.
No es casualidad que la senadora y presidenta del Partido Socialista, Paulina Vodanovic, haya bautizado el proyecto como “ley tutifruti”, afirmando que es una iniciativa “que lleva de todo” y cuyos ingredientes aún no están del todo claros.
Esa será la primera gran batalla que se avecina: lograr que se estudien por separado los distintos temas del proyecto. La vicepresidenta de la Cámara de Diputados, Ximena Ossandón (RN) aseguró que va insistir “hasta el final” para que la megarreforma para la “reconstrucción nacional” se revise de manera parcelada. Eso lo dijo antes de asistir a la reunión del oficialismo con el Mandatario. Porque cuando terminó ese encuentro, salieron todos dispuestos a defender el proyecto tal como lo presentará el ministro de Hacienda. En ello tiene el apoyo incondicional de la UDI, que rechaza dividir el proyecto como pide la oposición y defiende que ingrese como un solo paquete, argumentando que se trata de un plan integral de crecimiento cuyo impacto se perdería si se fragmenta.
Un ejemplo del proyecto que debería estudiarse en profundidad, por las consecuencias que provoca es la exención o rebaja de contribuciones (impuesto territorial) dentro del discurso de “reconstrucción” del gobierno de José Antonio Kast. El economista José De Gregorio señala al respecto que “eliminar o reducir contribuciones puede terminar beneficiando proporcionalmente más a quienes tienen mayor patrimonio”. Por su parte, el ex ministro de Hacienda, Andrés Velasco, señaló que “reducir contribuciones no tiene un impacto significativo en la inversión productiva”. Esto, porque a diferencia de impuestos a empresas, no impulsa crecimiento directo y es más bien una medida de alivio patrimonial.
Hoy por hoy, una gran mayoría de población muy adulta no paga contribuciones, o si lo hace, solo debe cancelar la mitad del gravamen. Pero, el problema es que este impuesto financia las municipalidades más pobres y si se elimina, los municipios quedan en la indefensión.
Tal vez por eso y por más, el académico de la Universidad Adolfo Ibáñez Claudio Agostini recordó que hoy ya existen beneficios para quienes realmente lo necesitan, por lo que una medida universal podría terminar favoreciendo al 1% más rico.
«Hoy día para cualquier adulto mayor que gana menos de 980 mil pesos y vive en una casa de menos de 225 millones -estamos hablando de casas que están dentro del 10% más caras de Chile- ya no paga. Entonces, de verdad esto es un impuesto que hoy día afecta a personas que están en las casas más caras de Chile, de los ingresos más altos».
Por este y otros anuncios es que la senadora Vodanovic señaló que lo que todos piden es que se expliquen cuáles son los efectos de estas medidas, sobre todo en las familias. “¿Cuáles van a ser los efectos microeconómicos? ¿Cómo le va a pegar al bolsillo de los chilenos y chilenas? Eso es lo que a nosotros nos preocupa desde el Partido Socialista: defender a la clase media, defender a los trabajadores porque estas medidas, finalmente, van a terminar pegando a sus bolsillos, tal como lo hizo el cambio en el MEPCO”, cuestionó Vodanovic.
Reconoció que la presidenta del Senado, Paulina Núñez (RN), ha estado activa en el sentido de pedir que se separen los proyectos, y que la reforma tributaria sea presentada como tal. “Y que los otros beneficios que podemos discutir, pro empleo, pro trabajadores, pro pymes, los hagamos en una ley corta, rápida, eficiente, que ponga en marcha ese plan de crecimiento tan mencionado por el ministro Quiroz”, añadió.
“Creo que todos esos temas tributarios se tienen que discutir aparte, y es lo que le pedimos al presidente en una carta que presentamos ambas bancadas del Partido Socialista, apoyados por la mesa del partido también” informó la senadora.
El jefe de bancada de diputados del PPD, Raúl Soto, criticó el Plan de Reconstrucción Nacional asegurando que “no hay ningún voto disponible desde el PPD para aprobar la idea de legislar de este proyecto”. “Nosotros hemos dado muestras de ser una bancada constructiva: hemos puesto propuestas sobre la mesa y alcanzados acuerdos en otros temas. Pero cuando todas las señales son para unos pocos en términos de beneficios, y lo malo es para la inmensa mayoría de los chilenos, se hace muy difícil”.
Tremendo trabajo es el que tendrán los ministros y el propio presidente Kast para, primero, convencer a los propios de defender con dientes y muelas el megaproyecto tal como lo presentará el gobierno y que sólo se instale en la Comisión de Hacienda. Y segundo, pirquinear en la oposición y entre los que no lo son tanto, como el Partido de la Gente, los votos que necesitan para su proyecto estrella. De hecho, ministros y subsecretarios han realizado y siguen solicitando reuniones con quienes pueden convencer que aprueben su reforma. Todos los misiles y los caramelos apuntan al Partido de la Gente, cuyo líder, Franco Parisi, se ha manifestado en contra de este. Pero, ya se sabe que más de uno podría no obedecer a la disciplina partidaria, con nefastas consecuencias para la colectividad.





