Inicio Blog Página 25

Más allá de las zanjas: la urgencia de una agenda proactiva entre Chile y Bolivia

 

En medio de un clima de creciente tensión fronteriza marcado por la construcción de zanjas y el discurso de seguridad del gobierno de José Antonio Kast, ex Embajador de Chile y exsubsecretario de Defensa, FFAA y Guerra de Chile, Gabriel Gaspar, hizo un llamado a trascender la lógica reactiva y a construir una visión de futuro compartida para la relación bilateral entre Chile y Bolivia. 

En conversación con la televisión boliviana y en el marco de las celebraciones del Día del Mar en el país vecino, el cientista político desmenuzó los mitos sobre la migración, cuestionó la efectividad de las cumbres ideológicas y planteó una hoja de ruta basada en la integración física y el desarrollo económico regional.

El mito del migrante boliviano y la seguridad

Frente a las voces que vinculan la migración con la crisis de seguridad, fue categórico en establecer una distinción fundamental. Lejos de ser un problema, afirmó, los trabajadores bolivianos que cruzan la frontera son un pilar para la agricultura chilena.

“La mayoría de los trabajadores migrantes bolivianos que llegan a Chile para la cosecha vienen al valle central, a la zona de Talca, Maule, y son muy bien vistos. Son muy competentes y muy demandados por los empresarios agrícolas”, señaló Gaspar, recordando incluso que el propio gremio agrícola ha solicitado la creación de un estatuto especial para regularizar su situación.

El analista internacional utilizó un ejemplo contundente para desmontar la falacia de la responsabilidad boliviana en la crisis de inseguridad: la pandemia. Cuando Chile cerró sus fronteras, miles de bolivianos que habían llegado para la cosecha quedaron varados intentando regresar a su país, creando un “cuello de botella gigantesco”. Para el analista, la llegada masiva de migrantes a Chile —cerca del 10% de la población— responde a una dinámica regional que poco tiene que ver con el vecino andino.

“A nosotros nos han llegado muchos migrantes, la mayoría venezolanos, colombianos, dominicanos, ecuatorianos, cubanos, etcétera, y nosotros no limitamos con esos países. El tema no es que lleguen migrantes, el tema es que sea organizado y que no sean víctimas”, afirmó, dejando claro que el combate al crimen organizado es un desafío de cooperación interestatal, no de confrontación ideológica.

De las cumbres ideológicas a la cooperación concreta

En este punto, el entrevistado mostró su escepticismo respecto a foros como Shield of the Americas o espacios que, en su opinión, tienden a la polarización ideológica. “El tema migratorio y el tema de las mafias y del delito organizado no tiene nada de ideológico. Es un tema simplemente de criminalidad y debiera ser materia de cooperación internacional”, sentenció.

Además, advirtió sobre el peligro de que la agenda bilateral quede secuestrada por una única obsesión: la seguridad. “El temor que me da es que nos dediquemos a perseguir migrantes y narcotraficantes, y meter fuerza de un lado y del otro. Y no sé si eso es bueno para la convivencia”, reflexionó.

Frente a este panorama, propuso un giro radical: enfocarse en una agenda constructiva y propositiva que aproveche la geografía compartida. Con una mirada de estadista, planteó la necesidad de dejar atrás las “actitudes que a veces nos han enfrentado” para reconocer el potencial de la región.

La oportunidad perdida del desarrollo integrado

Nacido en Arica y proveniente de familia ferroviaria, el ex Embajador de Chile en Misión Especial para la demanda marítima boliviana ante La Haya, puso sobre la mesa una idea concreta que podría transformar la relación bilateral: el desarrollo de una infraestructura acorde para convertir el Norte Grande de Chile en la puerta de salida al mercado asiático.

“Chile, Bolivia, Perú, el norte argentino, Brasil y Paraguay nos hemos transformado en fuente alimentaria del mundo asiático. Exportamos cientos de miles de toneladas de soja. El epicentro es una ciudad fronteriza con ustedes”, explicó.

Sin embargo, esa carga da actualmente la vuelta por el Canal de Panamá, un trayecto cada vez más caro y lento debido a los problemas de sequía que afectan a la vía interoceánica. La solución, para Gaspar, pasa por mirar al pasado para construir el futuro.

“Si lográramos desarrollar una infraestructura moderna con ferrocarriles que permitiera sacar el alimento hacia el mercado asiático, sería un ahorro inmenso. Tenemos el ferrocarril de Arica a La Paz, que está técnicamente habilitado, pero hoy no está trabajando”, lamentó y recordó con nostalgia cómo ese ferrocarril fue una verdadera “columna vertebral” del comercio exterior durante el siglo XX y un vínculo que permitía a los ariqueños estar más enterados de lo que ocurría en Bolivia que en el resto de Chile.

Hacia una relación de Estado

Al cierre, Gaspar abogó por consolidar los avances logrados en los últimos años como una política de Estado que trascienda los cambios de gobierno. Si bien valoró la labor de los cónsules generales, que en la práctica operan con rango de embajadores, consideró que el restablecimiento de las embajadas sería un paso bienvenido en la medida que sirva para profundizar en “programas económicos, productivos, de servicio y de reconocimiento de títulos”.

El ex Embajador de Chile hizo un llamado a la voluntad política y a no ideologizar la relación. “Lo peor que hemos cometido allá y acá es ideologizar la relación bilateral. Hay una cosa que no cambia: la geografía”, afirmó.

Con un llamado de profundo significado personal, Gabriel Gaspar cerró su intervención apelando a la identidad compartida más allá de las fronteras políticas. “Pertenezco al pueblo aymara por padre y madre. Cuando recorro Puno, Cusco, Juliaca, La Paz o estoy en el norte argentino, uno se da cuenta que está en el mismo territorio”, concluyó, dejando en el aire la pregunta de si los Estados están a la altura de esa realidad geográfica y cultural.

La entrevista, que inició cuestionando la construcción de zanjas, terminó delineando un puente: un llamado a avanzar en el reconocimiento mutuo, a recuperar la confianza y a poner la imaginación al servicio del desarrollo integrado, porque los desafíos del siglo XXI —desde la inteligencia artificial hasta las nuevas confrontaciones globales— exigen que Sudamérica se presente más cohesionada que nunca.

Diputados PS y “bencinazo de Kast”: “Indolencia es la que muestra el ministro de Hacienda”

 

Tal como se esperaba, el gobierno de José Antonio Kast concretará este jueves un fuerte aumento en los precios de los combustibles, confirmando lo peor para los bolsillos de las familias chilenas. Las bencinas experimentarán un alza de $370 por litro, mientras que el diésel llegará a incrementos de hasta $580, en una medida que desde la bancada socialista calificaron como inaceptable e injustificada.

El diputado Nelson Venegas criticó con dureza la postura del ministro de Hacienda: “Indolencia es lo que muestra nuestro ministro de Hacienda. Lamentablemente no es capaz de dar una solución que favorezca de mejor manera a las familias chilenas que no solo verán que aumenta el precio del combustible, sino que de toda su canasta familiar”.

Por su parte, el diputado César Valenzuela subrayó la contradicción del gobierno: “El gobierno está dando un golpe brutal al bolsillo de los chilenos. Es incomprensible que, mientras anuncia rebajar los impuestos a los más ricos, castiga de esta forma a la clase media y a los sectores de menores ingresos”.

Quién también fue crítico fue el diputado Daniel Manouchehri, quien enfatizó el impacto directo en la ciudadanía: “El ‘bencinazo’ de Kast es un portazo en la cara a los chilenos. Decidió subirle de golpe la bencina, el pan y el costo de la vida a millones de familias. Nadie lo votó para esto. Dice que no hay plata para el MEPCO, pero sí hay plata para bajarle los impuestos al 1% más rico. Está provocando a la gente. La cuenta de la guerra que apoya Kast no la deben pagar los chilenos”.

Finalmente, la diputada Carolina Cucumides, integrante de la comisión de Economía, sostuvo “lamentamos profundamente el bofetazo a la clase media, a la clase trabajadora, a las y los chilenos. La verdad es que estas medidas solo vienen a beneficiar a ese 1% más rico de este país, dándole la espalda a todos los chilenos y chilenas. Esta es una guerra que no es nuestra y el bolsillo de nuestra familia se ha visto afectada por culpa de esta guerra. Hacemos un llamado para que esto termine a la brevedad y que hagan medidas pensando en la gran mayoría de los chilenos, la gente de esfuerzo, de trabajo, la gente de que se levanta muy temprano y que hoy día está haciendo largas filas para llenar el automóvil, porque de ahí trabaja, de ahí lleva a sus hijos al colegio. No puede ser que este gobierno solo gobierne para los grandes empresarios”.

Desde la bancada socialista advirtieron que estas alzas no sólo impactarán directamente en los precios de los combustibles, sino que también tendrán un efecto cascada en el costo del transporte, los alimentos y los servicios básicos, profundizando la crisis de costo de vida que ya afecta a millones de hogares en el país.

Dirigentes pyme manifiestan preocupación tras anuncio de fuerte alza en los combustibles

 

El encarecimiento de los combustibles y la incertidumbre sobre la continuidad del Mepco encendieron las alertas en el mundo pyme, que advierte un impacto directo en sus costos de operación y en la actividad económica, en medio de un escenario de estrechez fiscal y alzas sostenidas en la parafina.

Preocupación existe en diversos ámbitos de la producción tras el anuncio de  aumento en el precio de los combustibles, en un escenario marcado por restricciones fiscales y presiones internacionales sobre el valor del petróleo.

Pese  algunas gestiones legislativas para aminorar los efectos de estas alzas y el anuncio  del Gobierno asegurando  que no se eliminará «necesariamente» el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Mepco) , la autoridad reconoce reconoció que se van a «tomar medidas que van a ser para muchas familias muy dolorosas».

En este contexto, la Empresa Nacional del Petróleo (Enap) informó que esta semana  el precio del kerosene aumentará en $107,4 por litro, sumándose al alza de $107,9 registrada la semana anterior.

Con ello, la parafina alcanzará un valor cercano a los $1.400 por litro en Santiago, anticipando lo que debería haber ocurrido en semanas posteriores.

Por este motivo desde el mundo de las pequeñas empresas manifestaron inquietud ante este escenario. El presidente de la Confederación Nacional de la Pequeña, Mediana Industria, Artesanado y Cooperativas de Chile (Conupia), Humberto Solar, advirtió sobre el impacto que estas alzas pueden tener en la actividad económica.

“Desde las pymes estamos muy preocupados por los aumentos del combustible y su futuro, la situación del Mepco que no queda claro si continuará o no. Alzas mayores sin duda son preocupantes para el costo de nuestras empresas”, señaló.

El escenario abre un debate sobre cómo compatibilizar la sostenibilidad fiscal con la necesidad de contener los costos energéticos, en un contexto que ya comienza a afectar tanto a los hogares como al sector productivo.

Cumbre CELAC-África: América Latina y el Caribe ante el nuevo orden internacional

 

La consolidación de la Unión Africana como actor estratégico redefine pautas y redefine las reglas del poder global, mientras América Latina, articulada en torno a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, encara el desafío de transformar su potencial en capacidad real de negociación en un mundo multipolar en formación.

En un escenario internacional marcado por la transición hacia la multipolaridad, el equilibrio de poder comienza a desplazarse. África ha optado por la integración como vía para fortalecer su soberanía y negociar en bloque frente a las potencias globales. América Latina, en contraste, se encuentra ante una disyuntiva histórica: persistir en la fragmentación o construir una voz común que le permita incidir en la configuración del nuevo orden internacional.

África: la construcción de una voz colectiva

El avance africano en la escena global no responde a un hecho aislado, sino a un proceso sostenido de articulación política y estratégica. La Unión Africana ha logrado consolidar un marco institucional que trasciende la coordinación diplomática para proyectarse como plataforma de negociación colectiva.

Este proceso encuentra su base en la Agenda 2063, concebida como una hoja de ruta para el desarrollo integral del continente. Más que un documento programático, se trata de una herramienta que orienta políticas públicas, prioridades económicas y relaciones exteriores bajo una lógica de soberanía compartida.

En este contexto, África ha comenzado a redefinir su relación con actores externos como China, la Unión Europea y Estados Unidos. La cooperación ya no se estructura exclusivamente en torno a la captación de inversiones, sino en función de condiciones que privilegian la transferencia tecnológica, la industrialización y la alineación con objetivos continentales.

De la dependencia a la negociación estratégica

El cambio de paradigma africano radica en su capacidad de transformar la fragmentación histórica en una forma incipiente de unidad operativa. Este tránsito ha permitido al continente posicionarse como interlocutor con capacidad de influencia, en lugar de mero receptor de políticas externas.

La negociación en bloque introduce una variable clave en la ecuación geopolítica: la posibilidad de establecer comunes frente a inversores y socios internacionales. En sectores estratégicos como la energía, la minería o la infraestructura, África ha comenzado a exigir condiciones más favorables, reequilibrando relaciones históricamente asimétricas.

Este proceso no está exento de tensiones ni contradicciones, pero evidencia una clara: la construcción de soberanía a partir de la integración.

CELAC–África: convergencia con asimetrías

El Foro de Alto Nivel entre América Latina y África ha puesto de relieve tanto las oportunidades como las limitaciones del diálogo Sur–Sur. Existe una convergencia evidente en temas clave como desarrollo sostenible, comercio, cambio climático y la demanda de reparaciones históricas.

Sin embargo, también se evidencian diferencias estructurales. Mientras África participa con una agenda relativamente cohesionada, América Latina, representada por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, continúa mostrando dificultades para articular posiciones comunes.

Esta asimetría limita la capacidad de la región para negociar en condiciones de mayor equilibrio frente a actores externos y reduce su influencia en la definición de las dinámicas globales.

América Latina: recursos sin poder consolidado

América Latina dispone de una base material significativa: reservas de litio, cobre, biodiversidad, capacidad agrícola y potencial energético. Sin embargo, estos recursos no se traducen automáticamente en poder geopolítico.

La persistencia de enfoques nacionales en la relación con actores como China o Estados Unidos ha reforzado una lógica de competencia interna que debilita la posición regional. La ausencia de mecanismos efectivos de coordinación limita la posibilidad de establecer condiciones comunes en materia de inversión, transferencia tecnológica y desarrollo industrial.

En este escenario, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños enfrenta el desafío de evolucionar hacia un instrumento con capacidades técnicas y operativas, capaz de articular estrategias regionales más allá de la concertación política.

Las lecciones africanas: hacia un nuevo regionalismo

La experiencia africana ofrece elementos relevantes para repensar la integración latinoamericana en clave estratégica:

  • Institucionalidad con capacidad operativa: la consolidación de marcos como la Agenda 2063 demuestra la importancia de contar con instrumentos vinculantes.
  • Negociación colectiva: actuar en bloque fortalece la capacidad de establecer condiciones frente a actores externos.
  • Definición de sectores estratégicos: la priorización de áreas clave permite orientar el desarrollo hacia la agregación de valor.
  • Dimensión política del desarrollo: la inclusión de temas como las reparaciones históricas amplía el alcance de la agenda internacional.
  • Estas claves apuntan a un cambio necesario: del regionalismo declarativo a un regionalismo funcional orientado a la construcción de poder.

Una oportunidad en el mundo multipolar

La transición hacia un orden multipolar abre una ventana de oportunidad para las regiones del Sur Global. La articulación entre África y América Latina podría convertirse en un eje relevante en la redefinición del equilibrio internacional.

No obstante, esta posibilidad depende de la capacidad de cada región para superar sus limitaciones internas. Mientras África avanza en la construcción de mecanismos de integración, América Latina enfrenta el reto de traducir su potencial en acción coordinada.

El punto de inflexión

La reorganización del Sur Global no es un proceso futuro: está en curso. La Unión Africana ha demostrado que la integración puede convertirse en herramienta de soberanía y en plataforma de negociación efectiva.

Para América Latina, el desafío es inmediato. La construcción de una voz propia en el sistema internacional requiere algo más que coincidencias discursivas: demanda voluntad política, institucionalidad y visión estratégica compartida.

En un mundo que se redefine aceleradamente, la diferencia entre incidencia e irrelevancia dependerá de una decisión fundamental: actuar como conjunto o permanecer fragmentados.

A continuación, se agrega un párrafo final a modo de conclusión que integra la experiencia de la Cumbre CELAC-África celebrada en Bogotá como iniciativa del presidente Gustavo Petro, destacando los beneficios mutuos y las expectativas para América Latina:

La Cumbre CELAC-África, impulsada por el presidente Gustavo Petro en Bogotá, no solo representa un hito simbólico en el reencuentro entre dos regiones históricamente vinculadas, sino que también evidencia la voluntad política de transitar del diálogo retórico a la acción conjunta. En este escenario, África aporta su experiencia en negociación colectiva y su capacidad de articulación en torno a agendas continentales vinculantes, mientras que América Latina tuvo la oportunidad de contrastar sus aspiraciones con una práctica regional consolidada. El encuentro permitió identificar ámbitos concretos de cooperación en materia de transición energética, industrialización sostenible, ciencia y tecnología, así como avanzar en posiciones comunes frente al financiamiento internacional y el alivio de la deuda externa.

Para América Latina, la cumbre dejó una expectativa clara: la posibilidad de que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños asuma un rol más activo y operativo, inspirado en los avances institucionales de la Unión Africana. El encuentro en Bogotá demostró que la articulación Sur-Sur puede traducirse en beneficios mutuos concretos si existe capacidad de coordinar políticas, armonizar intereses y construir confianza recíproca. La apuesta del presidente Petro por posicionar a Colombia como puente entre ambas regiones abrió una ventana de oportunidad que, de ser aprovechada con decisión política y sostenibilidad institucional, podría consolidar un nuevo eje de poder dentro del orden multipolar emergente.

Sin Mepco, a subir al auto de armando… un poco a pie, un poco andando

¡La última del presidente Kast! Su Ministerio de Hacienda ha planteado eliminar el Mecanismo de Estabilización de los Combustibles (MEPCO) o mantenerlo solo para la parafina y el transporte público. El gobierno ha ido más lejos incluso. Ha dicho que la modificación podría hacerse por vía administrativa, es decir por decreto y no necesariamente por ley.

Como motivo central de la medida, aluden al costo fiscal. Sostienen que el MEPCO es muy caro para el Estado y que se vuelve insostenible con el petróleo al alza a raíz de la guerra que se le ocurrió iniciar a Trump y su socio Netanyahu en el Medio Oriente. Hablan de costos de miles de millones de dólares si se mantiene. O sea, el mensaje es “no hay plata para seguir amortiguando el precio”.

Respecto de opciones menos radicales, anuncian aumentar el tope de alza semanal -$30 a más-, cambiar la frecuencia de ajustes, reducir el nivel del subsidio. Es decir, aunque no se elimine el MEPCO, igual los combustibles subirían en forma desmedida. Los efectos muy concretos —y visibles— se verían en forma dramática en la vida cotidiana sintiéndose rápidamente en los bolsillos de la población.

El MEPCO hoy amortigua las subidas del petróleo internacional. Sin él, los precios de la bencina subirían de golpe y se podrían ver aumentos de $50 o $100 o más por litro en pocas semanas. Llenar el estanque del vehículo sería impredecible y, sin MEPCO, podría costar $10.000 o más.

Desde luego, el transporte público sería más caro al igual que aplicaciones como Uber, Cabiby y otras si la gasolina subiera entre $300 a $350 por litro y el diésel, hasta más de $400 por litro. La parafina también se iría a las nubes. Ya la semana pasada estaba más cara que la bencina y el diésel, a casi $1.500 el litro.

La eliminación del MEPCO impacta directamente en la inflación. Se habla que se podria llegar hasta un 4% de alza. En un efecto dominó, subirían los alimentos, el transporte y todos los servicios asociados al petróleo. Por ejemplo, el kilo de pan, las verduras o el gas podrían subir en cadena, aunque el problema parta en el petróleo. En suma, el sueldo perdería su poder de compra y aumentaría la sensación de “la plata no alcanza”.

Precio psicológico

Analizando el tema desde la psicología social, el precio de la bencina es un precio “psicológico”. Esto quiere decir que cuando sube mucho, genera irritación inmediata y puede gatillar protestas o presión política.

En nuestro país, históricamente, los combustibles son un detonante social importante porque producen cambios en decisiones cotidianas. Las personas deben empezar a ajustar su vida, usar menos el auto, cambiar hábitos de consumo, a postergar viajes, buscar alternativas más baratas. Es decir, eliminar el MEPCO significa pasar de un sistema que suaviza los golpes a uno donde el precio internacional te pega directo en la cara.

El tema es mucho más profundo de lo que parece. El precio de la bencina en Chile no es solo economía: es psicología colectiva, memoria histórica y percepción de justicia. No todas las alzas de precios generan la misma reacción emocional. La bencina es un precio visible, repetido y cotidiano. Está en letreros gigantes en la calle. Cambia todas las semanas. Genera comentarios tales como “ya subió otra vez”. Es decir, se ha convertido en un termómetro emocional del país. Aunque el alza sea pequeña, se siente grande.

¿Por qué ocurre ello? Primero, por la sensación de abuso que genera. La gente no percibe el precio como técnico, sino como “decisión de alguien” y entonces aparece la idea de que “nos están cobrando de más”, “las empresas ganan demasiado”, “el Estado no hace nada”. O sea, se activa lo que en psicología social se llama percepción de injusticia distributiva. Y eso pesa más que los datos reales.

También gatilla la memoria histórica, y hace a la gente remontarse al año 2019 cuando el alza de $30 en el Metro generó el Estallido Social del 18 de octubre de ese año. El precio del combustible fue un detonante.

Como el transporte es parte de la vida diaria de todos, cuando suben las tarifas, el cerebro colectivo aprende que “cuando sube el movilizarse, algo anda mal”. Y también se genera un efecto dominó mental: “todo va a subir”. Y aunque no todo suba inmediatamente, la gente anticipa inflación, cambia expectativas, se instala la ansiedad económica. Como lo señalara el economista Daniel Kahneman, no reaccionamos a la realidad, reaccionamos a lo que creemos que va a pasar.

Asimismo, un alza de del combustible golpea la sensación de control personal, lo que es un punto es clave. Porque no puedes evitar cargar bencina si trabajas lejos, no puedes negociar el precio, no tienes alternativa inmediata. Y ello gatilla la sensación de “no tengo control sobre mi propia vida económica”, lo que genera frustración profunda (más que otros gastos).

Por otro lado, el alza de los combustibles afecta al grupo más sensible de la ciudadanía: la clase media. Las familias de este segmento tienen auto (a diferencia de sectores más vulnerables) pero no tienen suficiente ingreso para absorber alzas. El resultado es que se sienten castigados por ambos lados. Y hay que tener en cuenta que este grupo socioeconómico es clave porque define elecciones, amplifica el malestar social y marca la agenda pública.

Pensando en la variable psicológica de estos fenómenos económicos, hay que tener en cuenta que el combustible es una metáfora del país. La bencina deja de ser bencina y pasa a representar costo de la vida, abuso económico, desigualdad, distancia entre élites y ciudadanía. Ern suma, es un símbolo emocional condensado. En Chile no estamos encadenados a la bencina. Estamos encadenados a la vida que construimos alrededor de ella.

En este contexto, el MEPCO es psicológicamente tan importante porque, más allá de lo económico, cumple un rol invisible al reducir la velocidad del cambio (lo que calma la ansiedad). También hace que el sistema parezca más “justo” y evita shocks que activen el enojo colectivo. En el fondo, es un amortiguador emocional del país.

El problema no es solo cuánto sube la bencina sino lo que la gente siente que significa esa alza. Porque en Chile, cada vez que sube el combustible, no solo sube un precio: sube la sensación de abuso, de incertidumbre y de que el sistema no está funcionando para todos.

¿ué pasa cuando el país empieza a hastiarse? Lo vimos el 2019…

Cuando ya no sirve la manipulación

Sabemos que la población esta manipulada. Para votar por un gobierno que no la convencía, para aceptar que en una fiesta de cambio de mando se gasten mas de 700 millones de pesos mientras se les decía que el “se caía a pedazos”, para tantas cosas que han empezado a anunciarse y a concretarse día a día.

Pero hay que tener claro que no se puede manipular a la ciudadanía siempre. La manipulación puede funcionar por un tiempo y cuando se apunta a emociones fuertes, como el miedo. Cuando hay polarización social, control del relato y la creencia de que no hay alternativas creíbles.

Pero la manipulación tiene un límite: cuando la experiencia cotidiana contradice demasiado el discurso oficial, la propaganda pierde eficacia y empieza a producir cinismo, rabia o desobediencia. Es lo que podemos empezar a ver justamente si se eliminara el MEPCO y la gente viera drástica y dramáticamente afectada su vida diaria por el alza de precios.

La investigación social sobre manipulación informativa muestra que la manipulación suele combinarse con concesiones, reformas o alivios materiales, porque el relato por sí solo no basta para sostener la estabilidad y el “tragarse los sapos”,

La gente no se moviliza solo porque sufra, sino cuando empieza a creer tres cosas al mismo tiempo: que la situación es injusta, que otros también lo ven, y que actuar podría servir de algo. La libertad de expresión y la circulación de información importan mucho porque convierten malestares dispersos en “conocimiento compartido”. Las personas dejan de sentirse solas y entienden que el descontento es colectivo. Ahí la manipulación empieza a romperse.

Un estallido no se evita con una cifra mágica de inflación o desempleo y puede producirse cuando se quiebra la legitimidad. Mientras una parte relevante de la población sienta que el sistema, aunque imperfecto, todavía responde, escucha o corrige, el malestar puede contenerse. Pero cuando se instala la percepción de abuso persistente, desigualdad injusta, impunidad de las élites y desconexión entre discurso y realidad, el riesgo sube mucho.

Los gobiernos no evitan estallidos solo convenciendo. Los evitan manteniendo un mínimo de credibilidad y de percepción de justicia. La ciudadanía puede tolerar sacrificios, pero lo hace más fácilmente si ve reglas compartidas, costos repartidos y alguna esperanza de mejora. Pero cuando siente que siempre pagan los mismos y deciden los mismos, la tolerancia se agota.

En términos psicológicos, el límite llega cuando la ciudadanía pasa de la adaptación resignada a la humillación consciente. Mientras la persona dice “hay que aguantar”, el sistema sobrevive. Cuando empieza a decir “nos están viendo la cara”, cambia el clima emocional. Y cuando además cree que protestar puede tener efecto, el riesgo de estallido deja de ser teórico.

En suma, la manipulación dura mientras logra organizar el miedo; se quiebra cuando la realidad organiza la rabia.

Es de esperar que el flamante gobierno de José Antonio Kast no haga sentir a los chilenos que les están “viendo la cara” y también que los chilenos se acuerden que uno es huevón solo hasta las 12 del día…

La trampa de la ideología en el Pacífico Sur: soberanía, recursos críticos y el riesgo de un alineamiento sin estrategia

 

En el contexto contemporáneo de transformación del orden internacional, la disputa por los recursos estratégicos ha reconfigurado la geopolítica global, desplazando el eje del poder hacia aquellos territorios que concentran minerales críticos para la transición energética, la revolución digital y la industria militar avanzada. Chile se encuentra en una posición ambivalente: privilegiado por su dotación de recursos, pero vulnerable por su estructura económica dependiente. La hipótesis central de este análisis sostiene que la actual orientación de la política exterior chilena evidencia   una carencia significativa de habilidad geopolítica al sustituir el pragmatismo histórico del “No Alineamiento Activo” por un alineamiento ideológico con una de las potencias en disputa. Este giro compromete la competitividad frente a China e ignora la naturaleza transaccional de la política estadounidense, exponiendo al país a una pérdida de autonomía estratégica y a un desplazamiento logístico frente al avance del eje Beijing–Lima.

El nuevo orden global: minerales críticos y realismo geopolítico

El sistema internacional ha transitado hacia una competencia por el control de cadenas de suministro estratégicas. Las tierras raras, el litio y el cobre son hoy el soporte de transiciones energética, digital y militar simultáneas. China consolida una posición dominante controlando el 70% de la producción y el 90% del procesamiento de tierras raras. Esta hegemonía permite condicionar insumos para tecnologías de defensa, como los aviones F-35, que requieren cientos de kilogramos de estos elementos. Frente a esto, Estados Unidos reconfigura su política bajo una racionalidad transaccional de seguridad nacional para asegurar el acceso a recursos. En este tablero, Chile adquiere una centralidad inédita, pero bajo un riesgo de subordinación.

Chile en la encrucijada: recursos, dependencia y la «obsolescencia digital»

Chile posee una combinación única de cobre, litio y tierras raras en zonas como Penco y Ñuble. Sin embargo, la persistencia de un modelo basado en la extracción cruda refuerza la “maldición de los recursos”. El actual alineamiento con EE. UU. desincentiva la industrialización local, ya que Washington busca asegurar el suministro para su base industrial propia, prefiriendo que el valor agregado se genere en su territorio. Al abandonar proyectos con China en fibra óptica y astronomía, Chile no solo cede soberanía, sino que arriesga una «obsolescencia digital» al quedar fuera de los estándares tecnológicos y de infraestructura del sudeste asiático, líderes en la economía del futuro.

El giro ideológico: del pragmatismo a la vulnerabilidad transaccional

El actual gobierno ha desplazado el enfoque pragmático hacia un alineamiento ideológico con Washington. Esta decisión reduce el margen de autonomía y ignora que la política exterior de la administración Trump no se basa en afinidades, sino en el acceso coercitivo a recursos. Al privilegiar esta relación, Chile debilita su estatus de «socio pionero» en el Pacífico. Existe además una contradicción técnica interna: mientras el discurso oficial fustiga la «permisología» ambiental para acelerar la inversión, propone simultáneamente nuevos mecanismos de control (screening) de inversiones por razones geopolíticas, creando una nueva burocracia política que podría ahuyentar capitales asiáticos y encarecer el costo de la tecnología para el mercado interno.

La dimensión territorial: el caso Penco y la especulación bursátil

El desarrollo de tierras raras en Penco opera como un laboratorio de esta tensión. Técnicamente innovador por su extracción desde arcillas iónicas, su relevancia es hoy profundamente política y financiera. El aumento exponencial en la valorización bursátil de la empresa Aclara (de 0,5 a 4 dólares tras señales gubernamentales) evidencia cómo el Estado fomenta una especulación que podría ignorar riesgos ambientales reales. Este discurso de fast track en zonas de ecosistemas frágiles puede derivar en una alta conflictividad social, donde la desconfianza de las comunidades —agudizada por desastres previos como incendios forestales— termine paralizando proyectos que el gobierno ya ha entregado como activos transaccionales a Washington.

El desplazamiento logístico: el efecto Chancay y la periferia chilena

Mientras Chile se ensimisma en este alineamiento, la geografía económica del Pacífico Sur cambia físicamente. El megapuerto de Chancay en Perú, con una inversión china de US$3.500 millones, es el nuevo hub logístico regional. Este desarrollo amenaza con relegar a los puertos de Valparaíso y San Antonio a un rol secundario de «puertos alimentadores» (feeders). La carga minera chilena podría verse obligada a transbordar en Perú para llegar a Asia, encareciendo nuestras exportaciones y consolidando una pérdida de centralidad estratégica que el actual gobierno no ha logrado contrarrestar con inversión o diplomacia efectiva.

Conclusión

Chile enfrenta una encrucijada donde la soberanía no puede entenderse solo como control de la roca, sino como la capacidad de definir la inserción internacional. El abandono del pragmatismo por un alineamiento ideológico dócil no «blinda» los recursos; al contrario, expone al país a la volatilidad transaccional de Estados Unidos y a la marginación logística por parte de China. Para no consolidarse como una simple pieza en el tablero de otros, Chile debe recuperar una política exterior basada en el interés nacional que promueva el desarrollo tecnológico interno y una conectividad diversificada con el mundo.

Futuro del DSM: ¿Una nueva colonización psiquiátrica del sufrimiento humano?

 

En enero de 2026, la American Psychiatric Association (APA) anunció con bombos y platillos su hoja de ruta hacia el futuro del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), el cual dejaría de ser “Estadístico” para convertirse en “Científico”. Esto implica su actualización año a año y un giro hacia un carácter biopsicosocial, lo que representa un cambio importante en esta guía global de salud mental para diagnosticar trastornos.

Lo menciono porque esta nueva versión del DSM buscará integrar una mirada interseccional que incluya distintas dimensiones de desigualdad (género, raza, orientación sexual y clase), así como determinantes socioeconómicos, culturales y ambientales. Tal como señala María Oquendo, presidenta del Comité Estratégico del futuro DSM de la APA, se tratará de un documento vivo.

A primera vista, podría parecer un paso adelante: abandonar la mirada categorial de los últimos DSM y abrirse al contexto de las personas. Sin embargo, desde una perspectiva más profunda y crítica, lo anunciado no constituye un cambio de paradigma real, sino una profundización del mismo dispositivo de poder biopsiquiátrico que ha colonizado la experiencia humana durante décadas, solo que ahora incorporando más dimensiones.

Es decir, la psiquiatría hegemónica actual —biologicista y con el DSM como su biblia global— sigue operando desde una epistemología realista ingenua: cree en la existencia de una realidad patológica objetiva “allá afuera”, independiente del observador, que puede ser capturada mediante variables externas. Agregar factores contextuales medidos no cuestiona esa premisa; la refuerza.

En consecuencia, se mantiene el mismo cartesianismo de siempre —racionalista y objetivista—, que niega sutilmente la experiencia subjetiva de las personas y sus emociones, imponiendo una concepción cerebrocéntrica. Jamás se cuestiona en serio la noción misma de “enfermedad” o “trastorno mental”, más allá de que ahora se intenten incorporar dimensiones no biológicas; en la práctica, lo que se busca es seguir validando diagnósticos patologizantes y reduccionistas.

Esto fue precisamente lo que planteó el psiquiatra Vittorio Guidano, creador de la psicología cognitiva post-racionalista, quien nos recordó insistentemente que no existen trastornos mentales flotando como entidades naturales. Lo que existe es una persona en constante autoorganización recursiva, a partir de su historia relacional, emocional y vincular, que resulta estructurante.

Por ende, como bien señaló Guidano, el sufrimiento psíquico humano no surge de un “desequilibrio químico” o un “circuito disfuncional” que un experto pueda objetivar desde afuera —como sigue pensando la psiquiatría hegemónica—. Surge cuando la coherencia interna del sí mismo se ve amenazada, cuando el mundo significativo que la persona ha construido colapsa o se torna inviable.

Desde esta mirada, el terapeuta no clasifica ni aplica protocolos a un “objeto patológico” extraído de una lista de síntomas del DSM y un tratamiento farmacológico; en cambio, ayuda a reorganizar narrativas hacia mayor viabilidad emocional y relacional. No hay diagnóstico externo que valga: hay diálogo, lo que implica un reconocimiento mutuo de la legitimidad y la dignidad de la persona.

Esta perspectiva post-racionalista de Guidano —crítica de la psiquiatría y del DSM— se inspira en la Escuela de Santiago (Humberto Maturana y Francisco Varela), quienes demostraron científicamente que no existe conocimiento —incluido el clínico— independiente del observador. Mientras la psiquiatría insista en una supuesta objetividad externa (incluso si ahora la maquilla con “interseccionalidad”), seguirá siendo una práctica de control social, no de liberación.

Dicho todo lo anterior, la APA puede cambiar el nombre del manual cuantas veces quiera y agregarle las dimensiones que estime convenientes, pero mientras no realice un giro epistemológico en sus fundamentos, seguirá reproduciendo la misma psiquiatría: reduccionista, mercantil y colonizadora de la experiencia humana. Porque, en el fondo, no necesitamos un manual más “científico”. Necesitamos dejar de fingir que el sufrimiento es un error biológico y atrevernos a acompañar al ser humano en su vulnerabilidad.

No a la guerra

 

El 28 de febrero, sin declaración de guerra y en medio de negociaciones diplomáticas, los gobiernos de Donald Trump y Benjamín Netanyahu, desataron una violenta ofensiva aérea y misilística sobre Irán, dando muerte a buena parte de su cúpula dirigente.

La guerra hoy

A las pocas horas del ataque del 28 de febrero reciente la Casa Blanca cantó victoria, el objetivo buscado era el fin del régimen político, y con el descabezamiento logrado eso estaba asegurado. El presidente Trump anunció al pueblo iraní que muy pronto podrían iniciar un proceso democrático.

Estamos en la cuarta semana de guerra y el saldo hoy es muy diferente. Militarmente EEUU e Israel poseen una amplia superioridad bélica y tecnológica, han logrado descabezar a buena parte de la primera fila iraní y también de la segunda. Pero no han descabezado al régimen.

Los bombardeos tampoco han doblegado la voluntad de lucha iraní. En estas semanas, los iranies han desplegado una contraofensiva misilística contra las bases estadounidenses de todo el Golfo Pérsico e inclusive han logrado penetrar el escudo israelí. Poseen menos tecnología y potencial bélico que sus enemigos, pero ocupan plenamente su territorio, recordando una vieja enseñanza: “sin control territorial, no es posible hablar de Victoria”. Vietnam lo enseñó hace varias décadas: el espacio aéreo era dominado con creces por los estadounidenses, pero en tierra era otra cosa. EEUU e Israel necesitarían varios cuerpos de Ejército si pretendiesen ocupar Irán, en una hipotética campaña de la cual solo podemos decir que sería muy larga, sangrienta y con escaso apoyo político en la sociedad estadounidense. Qué decir del impacto de un conflicto largo en todo el Medio Oriente.

El costo de la guerra

La destrucción que provoca toda guerra es difícil de describir en sociedades que afortunadamente no la han padecido en su historia reciente, por eso a veces los números son incapaces de describir la realidad.

No solo se trata del número de fallecidos, también deben contabilizarse los heridos, especialmente los que quedan con secuelas para toda la vida: proliferación de mutilados, quemados y aunque muchos de los heridos superen un riesgo vital, pierden su autovalencia para toda la vida. No hablemos de los estragos en la salud mental: stress postraumáticos, cuadros agudos que muchas veces llevan con posterioridad a suicidios o depresiones profundas. Agreguemos que detrás de cada baja, hay una familia cuyo destino se ve alterado dramáticamente.

Las guerras también provocan desplazados, en la historia reciente del Medio Oriente conocemos de los millones de sirios que migraron de su guerra civil, antes fueron afganos, libaneses e iraquíes, muchos de ellos buscaron ingresar a Europa, algunos lo lograron, otros permanecen desde hace años en campamentos en la frontera turca. Agreguemos que en Gaza antes de su martirio vivían cerca de dos millones de palestinos que han quedado virtualmente encerrados en un gheto de escombros.

Capítulo aparte es el gigantesco desorden económico global que está provocando a guerra. Harto se ha dicho de la consecuencia del cierre del canal de Ormuz, el bombardeo de las instalaciones petrolíferas y gasíferas, y como todo ello afecta a toda la economía global, América latina incluida.

El factor tiempo en esta guerra

Una pregunta ronda desde hace rato: ¿cuánto durará la guerra? Buena pregunta, porque ninguno de los bandos propone un alto al fuego. Pero la guerra ya muestra tendencias.

En los EEUU, la guerra crece en desaprobación ciudadana. Nada indica que no siga subiendo, más aún cuando Trump prometió que no iba a iniciar ninguna guerra (también prometió que terminaba la guerra de Ucrania en 24 hrs.)

Todo apunta a que ese malestar irá aumentando, y amenaza a las elecciones parlamentaria de fin de año. Sumemos las otras vertientes de la desaprobación: el escándalo Epstein, la indignación ante los crímenes de la policía migratoria, la inflación. La guerra se convirtió en un pantano para el gobierno estadounidense, al fallar su objetivo de provocar un cambio de régimen, se ha quedado sin norte y transita desde destruir la capacidad bélica de Irán, hasta reabrir el estrecho de Ormuz. Sus palabras resuenan poco convocantes: desde tratar de cobardes a los europeos, a decir que se comerá Cuba o mofarse de los japoneses. Las alianzas históricas de EEUU construidas en el siglo XX han sido dañadas severamente en pocos meses.

Irán por su parte mantiene su voluntad de lucha, de momento dispone de reservas para ello, es probable que la adhesión al régimen islámico tenga reparos en sectores importantes de la población, pero eso no transforma a la mayoría en pro estadounidense ni menos en proisraelíes. El castigo de la guerra abarca por parejo a toda la población, y la amenaza de que luego se pasará a la destrucción de la infraestructura civil genera de seguro un amplio rechazo.

Ese es el costo para los combatientes iraníes: pueden presentar batalla, pueden dar golpes a Israel y las bases estadounidenses cercanas, pero no pueden evitar la destrucción de su país y con ello aumentar el sacrificio de su población. La prolongación de la guerra puede permitir la sobrevivencia de la nación, pero el costo ya es severo y cada día que pase será peor.

El otro actor de primera línea en esta guerra es Israel, a la fecha suma mas que resta: ha logrado degradar el potencial poderío nuclear iraní, con ayuda estadounidense. Antes había golpeado a Hamas y Hezbollah, las milicias proiraníes que estaban en sus fronteras. Ha cohesionado a buena parte de su población, y con esta guerra Gaza y su tragedia pasaron a segundo plano. En los hechos, avanza hacia el fin de lo que queda de la autonomía palestina, ocupando cada día un nuevo trozo de Cisjordania. Resta por afianzar una zona de seguridad en la frontera con el Líbano. Ha pagado costos, no ha ganado nuevos aliados, el domo protector ha sido vulnerado en varias oportunidades, pero sumando y restando, si la guerra terminase la próxima semana, Israel estaría en mejor posición estratégica que cuando la empezó.

¿Se avanza hacia el Gran Israel que pregonan algunos de sus estrategos? El tiempo lo dirá, pero también es probable que los generales turcos y egipcios vean con recelo un nuevo cuadro de poder en el Oriente Medio en el cual Tel Aviv disponga de una mayor estatura estratégica.

¿Cuál es la postura chilena?

Próximo a cumplirse un mes de guerra llama la atención la poca atención que provoca en nuestro medio. Es explicable por un lado por el momento de cambio de gobierno.

Pero si la guerra misma no convoca mucho, sus consecuencias económicas si. A estas alturas nadie podría decir que no tendremos severas repercusiones, desde la inflación, el alza de la UF hasta el costo del combustible. Probablemente el plan de instalación de la nueva administración se vea severamente alterado.

Donde sí es necesario demandar una respuesta más proactiva es en el campo de nuestras relaciones internacionales. Si el objetivo principal es asegurar la paz entre las naciones como el mejor escenario para la realización de nuestros Intereses Nacionales, entonces urge mayores definiciones. No solo al gobierno, también a todas las elites. Ideal si esa respuesta fuese suprapartidaria, porque la defensa de la paz beneficia a todos los chilenos. Algunos pueden replicar que esto sería un caso de idealismo, pero sería bueno que considerasen que los concretos intereses de un país abierto al mundo requieren de la mayor gobernanza global posible.

No se trata de reclamar la intangibilidad de los Tratados, como un mantra que ya sabemos que no siempre funciona. Se trata de imaginar, diseñar, coordinar, diplomacia con otras potencias medias, unir fuerzas, construir espacios con pragmatismo realista y diseño profesional.

Necesitamos redefinir nuestra maniobra hacia un realismo profesional, no ideológico, pero sobre todo, muy nacional.

Andrés Aylwin Correa: “Tendremos que estar muy atentos como Colegio de Periodistas”

 

Andrés Aylwin Correa (42 años) es la carta socialista para la elección complementaria de un nuevo Consejero Nacional en el Colegio de Periodistas de Chile.

Andrés proviene de una larga lista de familiares que, de una u otra manera, han contribuido al destino de nuestro país. Durante su juventud -debido a conversaciones con su abuelo, el abogado de DD.HH. Andrés Aylwin Azócar- quedó profundamente impresionado por el impacto que tuvo el rol del periodismo durante la dictadura y lo fundamental que es para una democracia la libertad de expresión,  el pluralismo informativo, la diversidad editorial, el Derecho a la Información y a la Comunicación

Su trayectoria laboral ha estado fuertemente marcada por la dimensión social de las comunicaciones, desempeñándose en colegios, fundaciones, organizaciones políticas e instituciones vinculadas al área de la salud mental.

.Así, es un convencido de que en el trabajo de los y las periodistas se juega no solo el acceso a la información, sino la posibilidad de que las personas, sin perjuicio de su condición socioeconómica, decidan el tipo de sociedad que quieren construir.

-¿Qué recuerdos tiene de su abuelo?

-Varios, pero se me vienen a la memoria sus cuestionamientos a la prensa conservadora y tradicional durante la dictadura civil y militar de Pinochet, era bien duro, pero también el gran respeto que sentía por aquellos periodistas que se jugaron la vida en esos tiempos oscuros. Hay un discurso que dio justamente en el Colegio de Periodistas en donde se pregunta cómo hubiese sido la dictadura de haber existido la libertad de prensa. ¿Hubiesen sido tantos los muertos, las torturas, los desaparecidos?

Recuerdo también que solía lamentarse de que tras el regreso a la democracia no se haya respaldado justamente a esos medios que se la jugaron y que producto de esto tengamos la gran concentración en la propiedad de los medios de comunicación que tenemos hoy en día.

-¿Qué piensa del estado actual de nuestra profesión?

-Que no está fácil ejercer la profesión hoy en día. Hay mucho desempleo en el sector y mucho abuso también, porque el periodista de hoy debe ser multifuncional, debe ser un productor y editor de videos, experto marketing y en redes sociales, etc., y si no lo hace no sirve. Y con un sueldo bajo, además.

Por otra parte, en este complejo escenario, me preocupa el ejercicio, digámoslo así, ilegal de la profesión. Ahora cualquiera se cree periodista. La formación del periodismo en las aulas es clave, no tengo nada en contra de que las personas puedan entregar información y opinar desde sus redes personales, pero hay que saber sopesar las fuentes, verificar la información y sobre todo tener claro que el principal objetivo es informar y no una competencia de “likes”, y eso no lo sabe hacer cualquiera, por algo los periodistas estudian. Y es una formación que no solo tiene que ver con lo técnico, por decirlo de alguna manera, si no que también incluye una formación ética.

Creo que el año pasado los tribunales de justicia dieron una buena señal en el caso del despido injustificado de Paulina de Allende-Salazar, porque no solo establece una indemnización en dinero, sino que también que ejecutivos y periodistas deben asistir a clases de ética y crear nuevos protocolos. Ahora, ¿Quién debe realizar dichas clases, o designar a los profesores? El Colegio de Periodistas. Y esto no es menor, porque lo que hacen los tribunales es reconocer al Colegio como una autoridad en la materia y lo validan como un actor relevante en la discusión pública.

¿Y respecto de la libertad de expresión y el derecho a la información?

También es fundamental respetar el secreto profesional para con las fuentes, es un error peligroso situar la responsabilidad en el periodista que publica una filtración en vez de en quien la filtra, que fue algo que tomó fuerza a raíz de filtraciones de procesos judiciales antes de que la carpeta investigativa fuera pública.

Sobre la denominada “ley mordaza”…

Lo bueno es que hubo un rechazo bastante transversal y no solo de parte de los periodistas. Claramente afecta la libertad de expresión.

Otra cosa que me preocupa son, justamente, los potenciales límites a la libertad de expresión y de prensa en la administración del gobierno que acaba de asumir, han hecho declaraciones bien desafortunadas en el pasado. Además de que, durante la campaña, al menos, no le hicieron el asco a las fake news y muchas veces entregaban datos sesgados o derechamente falsos. Por eso, creo que tendremos que estar muy atentos como gremio.

-¿Qué piensa de la inteligencia artificial? ¿Está en peligro nuestra profesión?

-Es un tema complejo, pero a la vez debatible. Creo que ningún ser humano puede ser reemplazado por esta nueva tecnología; sin embargo, pienso que es un tema a discutir al interior del Colegio de Periodistas. Quizá el próximo Congreso del Colegio de Periodistas debería abordarlo profundamente y no quedarnos dormidos en nuestros laureles. Ese es mi llamado y mi compromiso.

Y como socialista, siempre me emociona una historia vinculada con el PS y en el que también la prensa jugó un rol importante, creo que fue el 91. Resulta que el Ministro de Justicia de la época, Francisco Cumplido estaba impulsando varias iniciativas legislativas y una de ellas era un acuerdo marco sobre los presos políticos y los violadores de derechos humanos. Se establecían rebajas en las penas, pero el problema era que se utilizaba una fórmula que finalmente favorecía más a los violadores de derechos humanos que a los presos. Y el tema es que el acuerdo lo mantuvieron en secreto, se lo ocultaron a mi abuelo, pero también a toda la opinión pública, lo cual es bien increíble.

Mi abuelo se enteró por una casualidad y, tras hablar con su hermano Patricio, este le pidió que hiciera gestiones a nivel de partidos puesto que si no le sería muy difícil “remar contra la corriente”. Cuento corto, se juntó con Clodomiro Almeyda, quien le dijo que era indispensable que pudiese explicar esto en una Comisión Política del partido y que, tras hacerlo, y luego de una deliberación de no más de 10 minutos, el PS decide rechazar en bloque en el parlamento. Obviamente, fue fundamental para que no se aprobara. Y lo otro que fue fundamental fue entregar la información a la prensa, que existiese un espacio para denunciar lo que pasaba, que la gente supiera lo que estaba ocurriendo y se generara indignación.

ACHM solicita Fiscal Preferente ante crisis de seguridad y amenazas a autoridades locales

 

Tras una reunión con el Fiscal Nacional, la directiva de la Asociación Chilena de Municipalidades (ACHM), encabezada por su presidente, Gustavo Alessandri, solicitó formalmente la designación de un Fiscal Preferente para investigar las crecientes amenazas que afectan a alcaldes, alcaldesas, concejales y concejalas en el ejercicio de sus funciones. La propuesta busca modernizar y acelerar los procesos de persecución penal frente al avance del crimen organizado y el narcotráfico en diversos territorios del país.

«Estamos viviendo la crisis de delincuencia más profunda de nuestra historia y los alcaldes somos la primera puerta que toca el vecino; por lo mismo, no vamos a dar un paso atrás», afirmó Alessandri. Además de la figura del fiscal especializado, la ACHM anunció el diseño de un Protocolo Nacional de Seguridad Municipal junto al Ministerio Público, que incluirá manuales de procedimiento y capacitaciones técnicas para fortalecer el rol coadyuvante de los municipios con las policías. El líder del municipalismo enfatizó que cualquier atentado contra una autoridad elegida democráticamente es un ataque directo a la democracia misma.

Finalmente, Alessandri destacó la necesidad de conformar una Fuerza de Tarea Transversal que integre no solo a la seguridad y fiscalía, sino también a las áreas de Educación, Salud y Desarrollo Social para recuperar la prevención a largo plazo. En un plano de coherencia institucional, el presidente de la ACHM se mostró a favor de la realización obligatoria de exámenes de droga cada seis meses para todos los cargos públicos, subrayando que «debemos predicar con el ejemplo si queremos ganarle al flagelo de la droga que hoy afecta a nuestros barrios».

Entradas recientes