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“Yacimiento”, uno de los estrenos nacionales más interesantes de 2025, regresa con nuevas funciones al Festival Teatro a Mil 2026

 

La obra, que fusiona instalación, performance y arte sonoro para crear una experiencia escénica en torno a las memorias del campamento y mina de Chuquicamata, tendrá funciones en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) los días 21, 22 y 23 de enero.

Luego de su estreno en el Centro Cultural Nave, en abril de 2025, y su circulación en mayo del mismo año con funciones en Calama y en el 110° aniversario de Chuquicamata, “Yacimiento” regresa a la cartelera en Santiago, como parte de la parrilla programática del Festival Teatro a Mil 2026 en la sección Platea*, con funciones los días miércoles 21, jueves 22 y viernes 23 de enero, a las 17:00 horas en el Centro Cultural Gabriela Mistral, GAM. 

“Yacimiento” es una obra que reúne y fusiona instalación, performance y arte sonoro para crear una experiencia escénica en torno a Chuquicamata, el antiguo campamento minero que se emplazó hasta 2007 en pleno Desierto de Atacama. La obra explora la compleja relación entre un paisaje extremo, la actividad minera y una comunidad que forjó su vida en torno al mineral. A través del viaje de la “mujer de cobre”, nos invita a una peregrinación hacia las profundidades de Chuquicamata, donde convergen elementos geográficos, climáticos, industriales y sociales. “Yacimiento” ofrece una reflexión sensible sobre la identidad, la memoria y el impacto de la minería en el territorio y sus habitantes. 

Creada por un equipo interdisciplinar codirigido por Andrea Gómez y Camila de la Jara,  quienes crecieron en Chuquicamata, vivieron ahí hasta el año 2007 cuando cerró el campamento, y actualmente viven en Santiago. Ambas son arquitectas y cada una ha desarrollado también áreas como la danza, performance, instalación y diseño. Trabajan juntas en torno a la memoria, comunidad y territorio

El proyecto fue financiado por el Fondart Nacional 2024, línea Interdisciplina. 

Memoria sin lugar

Chuquicamata, la mina de cobre a cielo abierto más grande del mundo. Explorada desde tiempos preincaicos por indígenas como el «Hombre de Cobre», (minero atacameño momificado de data año 500 d.C., cuyos restos se encuentran en el Museo de Historia Natural de Nueva York), Se consolidó como campamento, con el inicio de la explotación industrial de la mina en 1915 por la Chile Exploration Company de la familia Guggenheim, hasta 1971, en que el Estado decreta la nacionalización de los recursos minerales. La paulatina expansión de la mina determinó que el campamento y sus casas fueran constantemente trasladados de posición, gracias a su construcción modular. La acumulación creciente de residuos obligó a la evacuación, entre los años 2002 y 2007. Cerca de 18 mil personas dejaron sus hogares y fueron reubicadas en Calama. En 2015 el Consejo de Monumentos Nacionales declara el campamento como monumento nacional en la categoría de zona típica.

“Yacimiento” se basa en el proyecto “Memoria sin lugar”, 2015, de Camila De la Jara y Andrea Gómez, que trata sobre la vinculación de la memoria a un territorio que desapareció a partir del mapeo de memorias de la comunidad chuquicamatina, durante la celebración del centenario de Chuquicamata. 

Andrea Gómez explica que el proyecto “busca rescatar las diversas formas de habitar el campamento, mapeando acontecimientos importantes que ocurrieron en la vida de los chuquicamatinos y que hoy están vinculados a lugares donde se prohíbe su ingreso o están bajo los relaves de la mina”.

Camila de la Jara añade que “a falta de un lugar físico donde retornar y vincular a algo tangible la vida de los chuquicamatinos, el proyecto se centra en las percepciones, apreciaciones e identidad de las personas con el paisaje minero, comprendiendo así la fuerte cultura local desde las voces de sus habitantes”. 

La puesta en escena, que dura 55 minutos y es apta para todo público a partir de los 8 años de edad, busca responder, sostienen sus creadoras, ¿qué es lo que aún yace en los estratos de la memoria y la tierra?

Para quienes quieran conocer más sobre la obra, las directoras ofrecerán un conversatorio post función del 22 de enero, en la Sala B-1 del GAM.

Entradas disponibles en https://teatro-a-mil.ticketplus.cl/events/yacimiento-FITAM2026

  

Platea* -Professional Week– es una semana profesional dedicada a impulsar la circulación internacional de las artes escénicas. Su misión es conectar a programadores con distribuidores/as, productores/as y artistas, fortaleciendo redes, alianzas y oportunidades de colaboración desde América Latina hacia los demás continentes. 

Ficha artística: 

Dirección general, escénica y performance: Andrea Gómez 

Dirección general, diseño de instalación y performance: Camila de la Jara 

Producción y composición sonora, performance y realización audiovisual: Antonia Valladares 

Composición sonora y performance: Sebastián Jatz 

Asistencia de dirección y movimiento: Dian C. Guevara 

Producción general, realización audiovisual: Elisa Torres 

Jefe técnico de iluminación y performance: Ignacio Trujillo 

Diseño de vestuario: César Erazo 

Asistencia lumínica: Julio Escobar 

Fotografías: Vicente Palma (Hurto Visual), Elisa Torres / Diseño gráfico: Errada

Web: https://esponsor.com/yacimiento

Instagram: @_yacimiento_

Facebook: /yacimiento25

 

Senadores PS rechazan proyecto alternativo de penas y advierten riesgo de beneficios a condenados por delitos de derechos humanos

Imagen de Abdou Moussaoui en Pixabay
Imagen de Abdou Moussaoui en Pixabay

En el marco de la discusión del proyecto impulsado por la derecha, que regula el cumplimiento alternativo de penas para condenados mayores de 75 años con enfermedades graves, los senadores PS manifestaron su rechazo a la iniciativa, advirtiendo que el debate no puede desligarse del contexto histórico, jurídico y de las obligaciones internacionales del Estado de Chile, especialmente tras el reciente fallo de la Corte Suprema en materia de delitos de lesa humanidad_

Desde la bancada socialista recalcaron que la iniciativa no puede analizarse de manera aislada ni bajo una mirada exclusivamente humanitaria. Al respecto, el senador Alfonso de Urresti sostuvo que “este proyecto no puede leerse fuera del contexto político e histórico de Chile. Nosotros tenemos graves violaciones a los derechos humanos acreditadas no solo por los tribunales superiores de justicia, sino también por fallos internacionales”, advirtiendo que no se puede “pasar de contrabando un proyecto que, bajo el pretexto de excarcelar a personas mayores de 75 años, termine beneficiando a violadores de derechos humanos responsables de los delitos más atroces”.

En ese sentido, De Urresti fue enfático en señalar que la bancada del PS votará en contra de la iniciativa, subrayando que “el Estado de Chile no puede borrar con el codo una legislación vinculada al derecho internacional y al derecho interno, como lo es el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, implementado recientemente por la Corte Suprema a propósito de la media prescripción”. Agregó además que la avanzada edad de algunos condenados “no es consecuencia del tiempo que han permanecido detenidos, sino de la tardanza de la justicia en llegar a condenas efectivas”.

Por su parte, el senador Fidel Espinoza calificó la iniciativa como “lamentable e inaceptable”, señalando que “es triste terminar una vida parlamentaria como el senador de RN, Francisco Chahuan, impulsando un proyecto como este, que podría dejar en libertad no solo a violadores de derechos humanos, sino también a personas condenadas por delitos sexuales, pedofilia y otros delitos graves”. A su juicio, se trata de una propuesta que “no puede aprobarse bajo punto de vista alguno”, recordando que los delitos de lesa humanidad “están universalmente condenados a penas efectivas, como corresponde en cualquier país que protege los derechos de las personas”.

En la misma línea, el senador Juan Luis Castro planteó que el debate requiere una mirada responsable y sin ambigüedades. “Es un proyecto que puede ser considerado para distintos tipos de delitos, pero cuando se trata de crímenes de lesa humanidad, atentatorios a los derechos humanos, la verdad es que ese nivel de prescripción, producto de la enfermedad, aparece contrario a naturaleza jurídica chilena”. Asimismo, afirmó enfático que “no tenemos una opinión favorable de aquello, no nos parece que haya sectores hoy día que promuevan ese grado de impunidad a partir de una consideración que hoy día es discutible, cuestionada y que no puede correr, como estaba la raza, para todo tipo de delitos, y menos para estos que son de derechos humanos”. 

Finalmente, desde la bancada de senadores socialistas reiteraron que cualquier discusión legislativa en esta materia debe respetar los estándares internacionales vigentes, resguardar el principio de justicia y evitar cualquier retroceso en verdad, memoria y responsabilidad penal frente a los crímenes más graves cometidos en el país.

Análisis latinoamericano: ¿Quién será el próximo?

 

A 72 horas de la captura de Nicolás Maduro por parte del gobierno de Estados Unidos, el chavismo ha iniciado una rápida reconfiguración interna. La juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada y su gesto simbólico de visitar la tumba de Hugo Chávez buscan proyectar continuidad institucional anclando su legitimidad en el legado bolivariano, tratando de llenar el vacío de liderazgo. Sin embargo, este proceso ocurre en un clima de creciente tensión interna: las dudas sobre el proceso de negociación, el rol de los hermanos Rodríguez; y qué ocurrirá con Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López, y el aparato represivo del régimen que continúa en el poder.

Paralelamente, Washington realiza un ajuste legal llamativo: el Departamento de Justicia presentó una nueva imputación contra Maduro que elimina gran parte de las referencias al «Cartel de los Soles», rebajando la acusación a un «sistema de clientelismo». Este giro sugiere que la narrativa judicial, basada en narcotráfico, podría ser difícil de sostener y revela una pugna entre la retórica maximalista de Trump y los requisitos probatorios del sistema legal, lo que podría debilitar la justificación pública de la intervención a medio plazo. Aunque, extraoficialmente, apuntan a que la laureada María Corina Machado, habría entregado información falsa a las autoridades norteamericanas y al mismo Trump, con el objetivo de forzar una intervención militar. Otras fuentes apuntan a que Maduro habría sido «rehén» de Cabello, real líder de sistema narcoterrorista perseguido por EEUU, y que junto a los Rodríguez habrían expresado aquello de manera telefónica al mandatario norteamericano y a Marco Rubio, solicitando ser «extraído» a EEUU para colaborar desde allá con la Justicia.

La reacción latinoamericana a la intervención continúa definiéndose, mostrando un claro rechazo. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, adoptó una postura de principio contundente, declarando que su gobierno «nunca» estará de acuerdo con el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, consolidando a México como un crítico frontal de la acción estadounidense. En Colombia, la preocupación se centra en las consecuencias de seguridad inmediatas. El gobierno activó un plan de prevención ante la incertidumbre sobre el futuro del ELN en Venezuela, temiendo que la desestabilización pueda llevar a un recrudecimiento del conflicto o a movimientos de esta guerrilla hacia territorio colombiano. Mientras tanto, Bolivia demuestra que las crisis domésticas persisten independientemente del foco venezolano, con protestas y bloqueos continuos contra el decreto de eliminación del subsidio a combustibles, recordando la volatilidad social latente en varios países de la región.

La sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA será el próximo termómetro del aislamiento político de Washington en el hemisferio. Se espera una condena mayoritaria de la intervención, similar a la expresada en la ONU, lo que dejará a EE.UU. con un apoyo reducido a un pequeño grupo de aliados. Sin embargo, de sanciones reales y efectivas, ni hablar. Simultáneamente, la crítica del ex Alto Representante de la UE, Josep Borrell, quien acusó a Europa de usar «eufemismos» y negar la realidad al seguir confiando en Washington como aliado, evidencia una fractura estratégica creciente en Occidente.Esta divergencia transatlántica, sumada al cambio en la acusación legal contra Maduro, comienza a revelar las fisuras y contradicciones en la operación estadounidense.

En un escenario donde la gobernabilidad en Venezuela será excepcionalmente frágil, la presión diplomática sobre EE.UU aumentará desde múltiples frentes, y la región deberá gestionar simultáneamente las repercusiones de seguridad de la crisis venezolana y sus propias y profundas crisis internas. ¿Quién será el siguiente?

Exilio y retorno bajo una pluma testimonial y lente audiovisual

Foto de cottonbro studio
Foto de cottonbro studio

 

Convencido de que aún queda mucho por decir, denunciar y reflexionar sobre el período de la Unidad Popular y la dictadura civil-militar, Juan Carlos García Araya, ha consagrado su vida al rescate y reconstrucción de la memoria colectiva en ámbitos del exilio y  retorno; un yo testimonial profundamente comprometido con la historia reciente, los derechos humanos y la cultura local en formatos de literatura, narrativa, fotografía, audiovisuales y archivos de cartas, documentos y registros de  prensa. 

En Francia, nutriéndose profundamente de la cultura patrimonial y culto a la memoria histórica, país de su refugio entre 1976 y 1992, su obra literaria, narrativa y audiovisual entrelaza historias personales y colectivas, donde converge la vorágine represiva del golpe de Estado de septiembre 1973, prisión política, experiencias de resistencia y acciones de solidaridad impulsadas por la comunidad de chilenos en el exilio y organizaciones internacionales.

«1973» es el título de su libro más reciente publicado en España. Se trata de una novela basada en hechos reales en la que a lo largo de 73 capítulos aborda las huellas indelebles de José, preso político y María Eugenia, a quien conoce cuando visitaba a su marido en la cárcel de Antofagasta. Ambos presos por adherir al gobierno del presidente Allende y militar en partidos políticos por una sociedad  más justa y digna.  Al cabo de 45 años, se reencuentran dando paso a una conmovedora relación afectiva marcada por la experiencia del exilio y  retorno y sus consecuencias de desarraigos, soledad, nostalgias,  reinserción social, política y partidaria y rupturas matrimoniales, entre otros impactos.

Juan Carlos García Araya es el autor de "1973", titulo de su libro más reciente publicado en España.
Juan Carlos García Araya es el autor de «1973», titulo de su libro más reciente publicado en España.

Previamente, publicó los libros «A. Prat 1147 – Memorias de un preso político 1973-1976» y «Memorias de Exiliado – 1976-1992», en un formato de autoedición.  De acuerdo al período correspondiente, en ellos relata su detención en Arica, traslado a la cárcel de Antofagasta y  después a Santiago, su salida del país, vivencias en Chartres, quehacer de la comunidad de chilenos en Francia y los lugares de calles y plazas en donde se han levantado monumentos y o bautizadas con el nombre del presidente Salvador Allende. Ambas publicaciones  integran un valioso archivo de cartas, documentos y registros de la prensa francesa sobre la represión y violaciones de los derechos humanos en el Chile del general Pinochet y solidaridad internacional y del propio exilio chileno. 

Su sensibilidad poética también ha sido reconocida en antologías internacionales como Homeland (Londres, 2013) y a nivel nacional en la Antología de Escritores de Arica y Parinacota (2012).

Testimonios en dos tiempos

Juan Carlos García Araya nació en Valparaíso. Al momento del golpe de Estado,  estudiaba Química en la Universidad de Chile en Arica. Tras su detención y posterior traslado a Antofagasta, fue condenado por un Consejo de Guerra, pena que luego fue conmutada por extrañamiento.

Su llegada a Francia dio inicio a una etapa de reinvención constante. Radicado en Chartres, trabajó como obrero para luego formarse en Mecánica y finalmente en Fotografía y Comunicación Audiovisual. Como realizador y fotógrafo, presidió la -Asociación Mémoire Audiovisuelle-, donde documentó no solo su propia vivencia, sino la vida de la comunidad chilena en su entorno. Su producción de esta época comprende además la producción y dirección de programas radiales sobre América Latina.

En 1992, a su regresa a Chile, vuelca  su experiencia en la docencia de cine y televisión en universidades e institutos privados, dirige la revista «El Roto Chileno»,  editada  en el barrio Yungay, publica artículos en revistas y blog literarios y  forma parte de diversos equipos dedicados a la producción audiovisual.  

En 2009, decidió radicarse en Londres para iniciar una nueva etapa junto a su pareja y búsqueda de nuevos horizontes. Gracias a su perfil políglota – dominio del inglés, francés y español-,  se desempeñó durante siete años como guía en el Museo Marítimo Nacional, el más importante del Reino Unido y que forma parte de un conjunto histórico de museos declarados Patrimonio de la Humanidad. Tras acogerse a la jubilación, decidió dedicarse a tiempo completo a la escritura, su obra literaria y a la organización de su archivo personal, un tesoro documental que donará al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, asegurando  de esta forma que las huellas de nuestra historia reciente sigan hablando a las futuras generaciones.

Humberto Maturana y una mirada crítica a la psiquiatría

Foto de Liviu Gorincioi
Foto de Liviu Gorincioi

 

En un mundo dominado por el paradigma biomédico, que reduce el sufrimiento humano a desequilibrios químicos o patologías objetivas, las ideas de Humberto Maturana Romesín siguen siendo una invitación radical a repensar no sólo la biología, sino también cómo entendemos el malestar psíquico. El biólogo chileno, creador junto a Francisco Varela de la teoría de la autopoiesis, nos legó una epistemología que pone en el centro la relación, el lenguaje y el amor como fundamentos del vivir humano, cuestionando implícitamente los enfoques tradicionales de la psiquiatría.

Maturana nos enseñó que los seres vivos somos sistemas autopoiéticos, cerrados operacionalmente, que nos constituimos en la interacción con nuestro medio. La realidad no es algo “ahí fuera”, independiente del observador, sino que se construye en el dominio del conocer. Aplicado al ámbito psicológico, esto implica que los llamados “trastornos mentales” no son entidades objetivas universales, localizables en el cerebro como una enfermedad física, sino experiencias emergentes de nuestras historias relacionales y emocionales.

Es desde esta “objetividad entre paréntesis” que Maturana critica el racionalismo moderno, ese que separa al sujeto del objeto y busca causas externas o biológicas absolutas para el sufrimiento. En la psiquiatría hegemónica predominan diagnósticos etiquetadores y tratamientos farmacológicos que “corrigen” supuestas anomalías, negando muchas veces el contexto vincular y emocional del individuo. Para Maturana, en cambio, el dolor psíquico surge frecuentemente de la negación sistemática del otro y de sí mismo, de la pérdida de la “biología del amor”: esa aceptación mutua que es la base biológica de nuestra convivencia como seres sociales.

No por casualidad, sus ideas han influido profundamente en enfoques terapéuticos sistémicos, constructivistas y posracionalistas, donde la psicoterapia no impone una verdad objetiva, sino que acompaña al paciente en la recuperación de un convivir armónico. El cambio ocurre en la interacción conversacional, respetando el multiverso único de cada persona, guiando hacia el abandono de la negación y el reencuentro con el amor como emoción central.

En mi experiencia personal, el intenso miedo al juicio de los demás —al ser evaluado, ridiculizado o rechazado en interacciones cotidianas— ha sido etiquetado por la psiquiatría como “fobia social” o “trastorno de ansiedad social”, una categoría del DSM que lo presenta como un déficit individual, supuestamente arraigado en desequilibrios neuroquímicos o predisposiciones genéticas que requieren corrección farmacológica y/o terapias cognitivo-conductuales.

Sin embargo, desde la mirada maturaniana, este malestar que he vivido no ha sido una patología objetiva localizada en mi cerebro, sino una emergencia dolorosa de mi historia relacional. Ese miedo al juicio de los demás no es un “trastorno” inherente, sino una respuesta autopoiética defensiva ante un convivir que exigía ocultamiento emocional. Solo cuando comencé a explorar espacios terapéuticos relacionales, así como nuevas experiencias vinculares en mi vida donde pude ser acogido en mi legitimidad sin juicio y, a su vez, ver a los demás, ese temor se fue transformando en mayor flexibilidad y autonomía, sin necesidad de medicarme.

Dicho lo anterior, en tiempos de crisis ecológica, social y civilizatoria, donde el individualismo, la competencia y los mandatos masculinos absurdos agravan el aislamiento y el sufrimiento, retomar a Maturana significa cuestionar un modelo psiquiátrico racionalista, cerebrocéntrico, medicalizador y patriarcal que a menudo patologiza emociones legítimas, y que incluso acepta prácticas tan aberrantes como la terapia electroconvulsiva (electroshock). De ahí la importancia de elegir terapias más relacionales, empáticas y centradas en los vínculos de apego y en las emociones, que vean el malestar no como un defecto individual, sino como señal de un convivir dañado.

En definitiva, tomar en serio esta biología del conocer y del amor podría transformar no solo la psiquiatría, sino nuestra forma de habitar el mundo: desde el cuidado mutuo, la empatía y la aceptación del otro en su legitimidad. Solo así recuperaremos el horizonte de un vivir democrático y amoroso que Maturana soñó hasta sus últimos días.

¿Están ExxonMobil y Chevron tras la intervención de EEUU en Venezuela?

 

Trump ha anunciado que «compañías como ExxonMobil y Chevron invertirán billones en Venezuela», recuperando acceso a campos petroleros y resolviendo deudas pendientes.Ambas son las dos mayores petroleras estadounidenses, descendientes de Standard Oil, compiten por el liderazgo en ingresos y capitalización bursátil y tienen a BlackRock como accionista de referencia.

¿Es ExxonMobil un imperio privado?

Steve Coll, dos veces ganador del Pulitzer en su libro «Imperio privado: Exxon Mobil y el poder estadounidense», afirma que «ExxonMobil es un Estado empresarial dentro del Estado americano y tiene sus propias reglas de política exterior». Asimismo, en dicho libro, Coll afirma que «ExxonMobil tiene una oficina en Washington y las donaciones de su comité de acción política para las campañas electorales presidenciales en EEUU están muy orientadas hacia un sector, el Partido Republicano».

Finalmente, añade que «ExxonMobil se considera a sí misma, orgullosamente, como un Estado soberano e independiente, como su propio gobernante, con su propia política exterior y su propia política económica». ExxonMobil formaría parte además de la Cuarta Rama del Gobierno de EEUU, agentes patógenos de naturaleza totalitaria y devenidos en Estado paralelo y verdadero poder en la sombra cuyos tentáculos se extienden a todas las esferas de Poder y que dirigen la política exterior de EEUU.

ExxonMobil y Venezuela 

 ExxonMobil abandonó el país el país en 2007 tras la nacionalización de Hugo Chávez y llevó el caso al CIADI y ganó una compensación de unos $1.600 millones, aunque menor a lo solicitado y ejerce lobby para mantener sanciones contra Venezuela, como aranceles del 25% a su petróleo, para beneficiar sus intereses en la región.Trump ha hablado de que compañías como ExxonMobil y Chevron invertirán «billones» en Venezuela, recuperando acceso a campos petroleros y resolviendo deudas pendientes con lo que ExxonMobil se beneficiaría indirectamente como gran empresa petrolera estadounidense con experiencia en crudo pesado venezolano y su posición dominante en Guyana se fortalecería.

ExxonMobil y el Esequibo

El litigio centenario que mantienen Venezuela y Guyana por la región del Esequibo desde 1966, se recrudeció en 2015 tras el descubrimiento de yacimientos petroleros en la zona por parte de Exxon.Las tensiones se acentuaron tras la celebración de un referéndum sobre la soberanía del Esequibo el pasado 3 de diciembre en Venezuela y la llegada de un buque de guerra británico a aguas guyanesas, a la que Venezuela respondió movilizando más de 5.600 hombres en ejercicios militares cerca del límite en disputa.

Sin embargo, a pesar de la reclamación de Venezuela, asistimos a las recientes declaraciones del Presidente local de la compañía, Alistair Routledge, en las que anunció que «ExxonMobil planea perforar durante este año dos pozos frente a las costas del Esequibo», en la certeza de que contará con la protección militar de EEUU.

Chevron, la gran beneficiada 

Chevron opera bajo una licencia especial del Tesoro de EE.UU. (renovada en periodos recientes, como en 2025), que permite producción y exportación limitada, pero con restricciones (por ejemplo, sin pagos directos al gobierno de Maduro en el pasado) y esta licencia podría ampliarse o modificarse, posicionando a Chevron como la más beneficiada a corto plazo. 

Así, Chevron mantiene sus operaciones en joint ventures con PDVSA (la estatal venezolana) en Petroboscán y 

Petropiar así como nuevos proyectos en la Faja del Orinoco y produce aproximadamente un cuarto del petróleo de Venezuela (alrededor de 150.000-200.000 barriles por día), principalmente crudo pesado exportado a refinerías de EE.UU.Sin embargo, recuperar la producción a niveles históricos (3-5 millones de barriles/día) requerirá cientos de miles de millones de dólares en inversión y de 6 a 10 años.

¿China la gran perjudicada?

China es el principal comprador de petróleo venezolano y en 2025, absorbió entre el 55% y 80% de las exportaciones venezolanas en muchos meses, representando alrededor del 4% de las importaciones totales de crudo de China.Gran parte se usa para repagar préstamos chinos acumulados (más de $60.000 millones desde 2007).

Empresas chinas, principalmente la estatal China National Petroleum Corporation (CNPC), operan joint ventures con la estatal venezolana PDVSA , destacando Petrolera Sinovensa, donde CNPC participa en la producción de crudo pesado en la Faja del Orinoco así como proyectos como Petrourica y Petrozumano. En 2024-2025, una empresa privada china (China Concord Resources Corp) firmó un contrato de 20 años para desarrollar campos petroleros, con inversión planeada de más de $1.000 millones para producir hasta 60.000 barriles por día. Sin embargo, tras la intervención estadounidense, las exportaciones a China se han paralizado temporalmente pues EE.UU. busca redirigir el petróleo hacia su mercado y reducir el flujo a China.

De la retórica a la acción: la doctrina Trump-Monroe 2.0, un patrón de escalamiento estratégico neoimperialista

Foto de The Now Time en Unsplash
Foto de The Now Time en Unsplash

 

La política internacional de la administración Trump contiene una lógica de escalamiento que  va desde cambiarle el nombre al Golfo de México por el de “Golfo de América”, lo que contiene una afirmación que se enmarca en una versión renovada de la doctrina Monroe (la llamada Doctrina Trump-Monroe 2.0), la que cobra hoy una dimensión pragmáticamente distinta en virtud de los hechos ocurridos el 3 de enero de 2026. En este día, la administración de Donald Trump ordenó y anunció públicamente ataques militares de gran escala en territorio venezolano, con explosiones reportadas en la capital, Caracas, y en otras zonas del país, seguidas de la declaración de que el presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, habían sido capturados y trasladados fuera de Venezuela tras la operación

Hasta ahora, estábamos presenciando un continuum de acciones y discursos de presión que incluían sanciones y operaciones discutibles por la ausencia del debido proceso, dirigidas contra el narcotráfico en el Caribe, vinculando a Venezuela, y reivindicaciones, también discutibles por su dudosa legitimidad, sobre recursos petroleros como elementos de un conflicto prolongado. Ese tipo de acciones podían leerse como una escalada en el uso de la diplomacia coercitiva y de operaciones discretas, sin llegar a transformar ese discurso en una intervención militar directa con ocupación o cambio de liderazgo. Sin embargo, con los eventos comunicados hoy por el propio presidente estadounidense, lo que comenzó como retórica imperialista de Trump sobre el control de recursos y la soberanía hemisférica —incluyendo su crítica explícita a Maduro y su insistencia en que los recursos venezolanos “pertenecen” a EE. UU., se ha cruzado un umbral hacia la acción militar abierta y el desplazamiento forzoso de un jefe de Estado extranjero, demostrando de este modo que la administración Trump se siente segura de transgredir el estado de derecho internacional y violar la soberanía de cualquier país del mundo. El inicio bien puede ser Venezuela; luego, cualquier otro país del continente que considere que limita su poder e intereses en su área de influencia exclusiva (doctrina Trump-Monroe 2.0). 

Este cambio, de la retórica a la acción, no es menor: cuando las palabras de Trump se traducen en explosiones en una capital extranjera, destrucción de su infraestructura, y la captura del gobernante de esa nación, sea o no un dictador, la guerra de narrativas se convierte en guerra de hechos. La coyuntura de hoy no solo pone de manifiesto una continuidad entre declaraciones agresivas y una política exterior intervencionista e imperialista, sino que marca un punto de inflexión en el que la retórica de seguridad hemisférica se traduce en una fuerza militar directa sin precedentes en décadas recientes. Incluso gobiernos aliados y organismos internacionales han reaccionado con preocupación y han llamado al respeto del derecho internacional, lo que subraya la magnitud del giro respecto de anteriores episodios de presión y sanciones. Un hecho de estas características no se distingue de las dramáticas experiencias con las acciones de los imperialismos de los  siglos XIX y XX, incluidas las dos guerras mundiales; imperialismos que mantenían a la humanidad en una tragedia sin fin de muertes, destrucción, explotación y genocidios. La llamada doctrina Trump-Monroe 2.0, que hoy se está manifestando en los hechos en Venezuela, marca el inicio de un proceso dramático que no solo desestabiliza los principios del derecho internacional, sino que hace irrelevante cualquier organización internacional para hacerlos respetar, ya sea la ONU o la OEA. Trump demuestra que el matón del barrio, con la pandilla más numerosa, es quien hace su voluntad y punto. 

En este contexto, la hipótesis de escalamiento se afirma no solo como lectura crítica de discursos y acciones anteriores, sino también como un patrón causal en el que las declaraciones de política —particularmente las de Trump— han servido como anticipadores y justificadores de actos militares concretos. El ataque de hoy, en el que se alega la captura y el traslado de un presidente extranjero, representa un avance dramático en ese patrón y redefine la dinámica entre la retórica estratégica y la política exterior efectiva. Vale entonces preguntarse, ¿qué irá a pasar con Groenlandia? Recordemos la retórica de Trump respecto de este territorio que pertenece a Dinamarca. Repetidamente ha manifestado que debe ser parte de EE.UU., por ser un territorio estratégico para los intereses hegemónicos de este país: “Obtendremos Groenlandia… Hay una buena posibilidad de que podamos hacerlo sin fuerza militar, pero no estoy descartando esa opción”, dijo Trump en una entrevista con el periodista Kristen Welker de NBC News en marzo de 2025. 

En el mismo sentido ¿qué pasa con el cobre chileno? Juzgue usted: 

“El estado de dependencia de fuentes extranjeras de cobre es una vulnerabilidad para la seguridad nacional que podría ser explotada por países extranjeros, debilita la resiliencia industrial de los Estados Unidos, expone al pueblo estadounidense a interrupciones en la cadena de suministro, inestabilidad económica y vulnerabilidades estratégicas, y pone en peligro la base industrial de defensa de los Estados Unidos.” (Adjusting Imports of Copper into the United States. By the President of the United States of America. Proclamation 10962 of July 30, 2025).

La ola de ultraderecha y el nuevo orden mundial

Foto de Johanna Buguet en Unsplash
Foto de Johanna Buguet en Unsplash

 

No es fácil determinar los factores que posiblemente más han influido en el surgimiento de la ola de ultraderecha que se cierne en el mundo. Sin embargo, intuitivamente podríamos sugerir algunos de ellos a manera de hipótesis. En este ejercicio creo que se pueden identificar algunos procesos que podrían servirnos de referente que ayudan a explicar el arribo de las derechas más duras a los gobiernos como los que se analizan brevemente en los párrafos siguientes.

  • Las derechas no han desaparecido, así como las izquierdas tampoco. El desarrollo político de posguerra ha permitido ir alternando gobiernos con mayor o menor grado ambas ideologías y sus partidos sostenedores. Pero, en Occidente, los partidos de centro también han tenido su oportunidad de gobernanza con apoyo de izquierdas o derechas, incluso más radicales. 
  • La socialdemocracia ha sido un amplio cobertor de ideologías que provienen de las izquierdas, incluso, de las derechas más moderadas. Su apego al sistema económico e institucional le ha dado posibilidades de gobernanza por décadas. Hoy se perfila una crisis de la socialdemocracia en parte por no lograr diferenciarse e incumplir algunas de sus propuestas de cambio.
  • El fenómeno actualmente más sorprendente es el surgimiento de una ultraderecha, la que ha crecido y reaccionado con creciente fuerza, recurriendo a fórmulas populistas que le ha permitido aprovechar las necesidades y temores de la gente común para legitimar su acceso al poder cada vez con menos contrapeso y más apoyo popular.
  • Esta ultraderecha tiene fuertes apoyos en el mundo del capital que observa con temor los procesos que ponen en serio riesgo su hegemonía y penetración como su rol en la sociedad contemporánea. El hecho de que EEUU esté dando un giro de 180 grados en su política, especialmente en acciones económicas que utilizan al máximo el poder presidencial, retrotrayendo la doctrina Monroe para no seguir perdiendo el liderazgo es una señal poderosa de la crisis de ese imperio que afectará al sistema económico mundial en su conjunto.
  • EEUU ha perdido hegemonía en el planeta y a la vez presenta signos de agotamiento de los mecanismos que le han permitido tener un rol dominante. El costo de aquello se muestra entre los rasgos más relevantes en su deuda y gasto desemparejados al punto de llevar al gobierno a paralizar sus pagos por una deuda que no se detiene en su crecimiento. El recorte del gasto fiscal para abordar esta crisis está dejando sin acceso a servicios básicos a millones de personas.
  • La competencia internacional ha ido desplazando a EEUU de los mercados donde tradicionalmente era fuerte. Su déficit comercial es creciente lo que motivó a Trump reconfigurar la política comercial de EEUU, tal que, de ser el impulsador del libre comercio ha llegado al extremo de aplicar aranceles a todo el mundo, incluso, de forma unilateral contra las reglas establecidas en el comercio internacional.
  • La economía ha sido uno de los factores determinantes del proceso de reconfiguración del mapa geopolítico en el mundo. Es un proceso en curso que puede desembocar en un grave conflicto bélico mundial, agudizado por la inercia e incapacidad de la ONU para actuar. Lo anterior ha llevado a algunas potencias a invadir territorios poniendo a prueba su poder militar para lograr ampliar el dominio y la explotación de los recursos de los países agredidos, especialmente, materias primas altamente valoradas por su uso en los nuevos procesos industriales en el área energética, robótica y computación cuántica.
  • Las derechas en este contexto han ido apuntando a endurecer la defensa de los capitales nativos tanto el interior como los que posee en el exterior de los países. Eso se refleja en la estrecha relación de las derechas más duras con los multimillonarios del mundo. Así, tenemos a un Elon Musk, el personaje más rico del planeta, animando a la ultraderecha de Alemania para unir lazos más allá de ese país. Los argumentos son diversos, uno es atacar al socialismo que dicen empobrece a la gente, otro que los inmigrantes copan los servicios públicos, vivienda y puestos de trabajo, también que el gasto público debe reducirse a cambio de rebajar impuestos para incentivar la inversión, reducir el tamaño del estado, pero, fortalecer la defensa incrementando el gasto militar, y lo más sorprendente, aplicar aranceles para detener los desequilibrios comerciales, desestimando el rol de la OMC y los TLC existentes.
  • La hipótesis central se enfoca a que existe una crisis global para hacer coexistir el gran capital con el futuro del mundo del trabajo. Un Estado autoritario sería la fuerza que frenaría los intentos de lograr reducir las desigualdades que origina la concentración de la riqueza. El desarrollo de las economías industriales se dirige a la automatización generalizada que provee la AI y la tecnología, lo que más temprano que tarde originará grandes masas de desempleados y con ello movimientos sociales que no estarán exentos de violencia que repitan revoluciones contra las instituciones que protegen al gran capital.
  • El mundo no industrializado y proveedor de materias primas y recursos naturales al mantener su estatus de países dependientes se transforma en un mundo codiciado que, de algún modo, estaría sujeto a disputa y dominación por las potencias industriales en el nuevo mapa geopolítico. En ese contexto, la capacidad militar de esas potencias industriales son un requisito o condición necesaria para hacer pesar su dominio, tanto en su capacidad ofensiva y destructiva para tener acceso a los mercados y productos de los países dependientes como en la producción de material bélico como negocio lucrativo y que crea más dependencia de los países menos industrializados.
  • ¿Un nuevo orden mundial? Sin duda estamos frente a un fenómeno global que avizora cambios en el dominio de las principales fuerzas que permiten influir en el mundo. Así, se observan desarrollos exponenciales en las áreas de las nanociencias y macro ciencias. El mundo a nivel atómico nuclear y la realidad exterior macro espacial del universo, están dando luces de su naturaleza y funcionamiento que han revolucionado el conocimiento científico. Las tecnologías emergentes asociadas al nuevo conocimiento han permitido apoyar su desarrollo de forma dialéctica. El nuevo conocimiento crea nueva tecnología la que a su vez hace posible descubrir más y nuevo conocimiento con lo que este ciclo resulta ser positivamente recursivo.

Sin embargo, no ocurre lo mismo con los valores y principios que distinguen a los seres humanos. Hoy vemos que lo que priorizan las potencias mundiales es su poderío militar. La ciencia y la tecnología, en simbiosis con la industria del sector privado, ha penetrado la inteligencia y poder del estado, orientándose a producir armamento sofisticado que utiliza arquitectura y recursos nucleares con apoyo de la computación cuántica y la AI, con capacidad destructiva que haría desaparecer la vida en el planeta. Ciertamente, por rebalse la medicina se ve favorecida, pero, no es lo prioritario en el gasto de los gobiernos, aunque los laboratorios farmacéuticos siguen siendo una industria altamente lucrativa.

Este nuevo orden está dejando a la ONU sin capacidad de gobernanza e intervención en la resolución pacífica de los conflictos. Con ello se diluye la relevancia y preponderancia de los DDHH, la soberanía de los países y los valores y principios fundamentales que dieron origen a esa institución universal. Las reglas que se han considerado básicas para la convivencia pacífica y el libre comercio en el mundo son borradas de una vez por potencias militares y económicas generando incertidumbre y el caos al imponer nuevas reglas en el inestable y riesgoso estado de nuestro planeta. Putin con el sueño imperial de los zares y Trump con su imaginario plan de América Primero se burlan del resto del mundo sin que surja ningún contrapeso ni reacción que le ponga freno a tales propósitos.

La ola de la ultraderecha es una respuesta a las dificultades de la democracia para coexistir con los poderes fácticos, con el poder económico, con las élites que han llevado a esta crisis, caracterizada por una desigualdad creciente originada por la concentración de la riqueza como nunca en el mundo. Para las derechas contemporáneas sólo gobiernos fuertes pueden contener y reprimir los movimientos políticos y sociales que pongan en riesgo el predominio del gran capital. 

El nuevo orden que vemos imponerse es un modelo de dominación de las élites, de la oligarquía tecnológico militar, basado en el uso de la fuerza, en el control de las redes sociales para mantener la vigilancia permanente sobre la población que la democracia como sistema político no lo puede aceptar y que para enfrentarlo la respuesta está por construirse sin ignorar que la mayoría de los países, sino todos, cuentan con la matriz fundamental de la ONU, de una visión integradora de colaboración y cooperación entre ellos que sea capaz de contrarrestar el dominio neocolonial que está en pleno desarrollo.

Análisis latinoamericano: Maduro como «trofeo» y Machado fuera de la ecuación

Foto de Leon Overweel en Unsplash
Foto de Leon Overweel en Unsplash

 

 

La captura del presidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y el anuncio de Washington de que gobernará directamente Venezuela durante una transición constituyen un terremoto de grandes proporciones en América Latina y que desdibuja sin contrapeso el modus operandi norteamericano en la región. Este acto, justificado en cargos de narcotráfico pero interpretado ampliamente como una escalada máxima por motivos estratégicos (control petrolero y reafirmación hemisférica) y como una maniobra que busca réditos políticos al interior de Estados Unidos (Maduro es hoy un «trofeo» que Trump exhibe públicamente como herramiento de propaganda política).

Internamente, el Tribunal Supremo de Justicia ordenó a la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, asumir el cargo interino, estableciendo una dualidad de poder que enfrenta a las instituciones nacionales residuales contra una administración extranjera de facto. Esta situación coloca al país en un estado de incertidumbre extrema y conflictividad latente, donde la lealtad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y las fracturas dentro del chavismo serán los factores decisivos para la estabilidad inmediata.

La declaración del senador Marco Rubio, descarta de manera fría y directa a la líder opositora María Corina Machado para encabezar una transición «a corto plazo» es parte de una maniobra para desactivar cualquier otro poder alternativo que pueda reclamar legitimidad propia y complicar el control absoluto de esta «transición». La «fórmula Guaidó» deja en manos exclusivamente de Trump la construcción del nuevo orden político venezolano. Washington establece las reglas del juego: la supervivencia política de cualquier actor interno dependerá de su cooperación plena y útil con los objetivos estadounidenses para Venezuela, que trascienden la mera captura de Maduro e incluyen el control del aparato estatal, los recursos y la realineación geopolítica del país.

Lo cierto es que Delcy Rodríguez, designada presidenta interina por el Tribunal Supremo de Justicia y con el apoyo explícito de Trump -que ni Edmundo González ni María Corina Machado obtuvieron- está en una difícil encrucijada, ya que su mandato choca frontalmente con la realidad de un poder de ocupación que exige sumisión: si Rodríguez se pliega a las demandas de Washington para mantener una apariencia de gobierno local, será percibida como una «marioneta ilegítima» tanto por las bases chavistas como por la comunidad internacional que rechace la intervención, erosionando cualquier autoridad residual; y, si por el contrario, intenta ejercer una autonomía mínima o liderar una resistencia pasiva, se enfrentará al rechazo y posible destitución por parte de las fuerzas estadounidenses, que ya han dejado claro que no tolerarán obstáculos.

Hay dos caminos: uno implica que el gobierno interino de Delcy Rodríguez, con apoyo de fracciones leales del chavismo y la FANB, intente ejercer una autoridad simbólica mientras organiza una resistencia política y social contra la administración estadounidense, posiblemente derivando en conflictividad interna generalizada. Y, el segundo, si la FANB se fractura definitivamente, dando paso a enfrentamientos entre facciones, proliferación de grupos armados y una crisis humanitaria agudizada, similar a escenarios tipo Libia.

Aunque la posición estadounidense, que según el exsenador y actual Secretario de Estado, Marco Rubio, «juzgará por lo que hagan» y ha descartado a la principal líder opositora en el exilio para una transición a corto plazo, da luces claras sobre un futuro en que Washington prefiere optar por un gobierno tecnocrático transitorio de su confianza, ignorando las instituciones venezolanas y generando un legado de ilegitimidad que dificultará cualquier estabilización futura, mientras se enfrenta a costos diplomáticos y de reputación a nivel global. O sea, la tan esperada «transición» en Venezuela será con un gobierno interino de Rodríguez que carecerá de legitimidad interna y efectividad operativa, condenándolo a la irrelevancia o a una corta vida política.

EE.UU. se erige como el único actor con capacidad decisoria, pero carece hoy de un socio local creíble para implementar su agenda, aumentando la probabilidad de un gobierno transitorio tecnocrático impopular y ajeno. Pero, esto es peligroso: polarizará aún más el escenario interno. Al ignorar las estructuras políticas existentes dentro del territorio (tanto oficialistas como opositoras), Washington aumenta las posibilidades de que la resistencia se organice en torno a nuevos liderazgos (radicales y células terroristas) o se fragmente en formas de conflicto descentralizado y difícil de controlar, que podría incluso impactar dentro de EEUU.

Ahora bien, en materia internacional se ha desencadenado un rápido reajuste tanto en alianzas, apoyos y condenas, amenazando con polarizar aún más el escenario internacional. El apoyo explícito de líderes como Emmanuel Macron de Francia y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, quien celebró el retorno de América Latina al «eje estadounidense», contrasta con la fuerte condena latinoamericana y a la espera de «movimientos» estratégicos previsibles de potencias como Rusia y China. La OPEP+, que hoy evaluó ajustes ante la potencial disrupción del crudo venezolano, subraya el impacto económico global de la crisis, trascendiendo lo regional.

A nivel hemisférico, sólo profundizará la fractura existente: mientras el bloque ALBA (Cuba, Nicaragua, Bolivia) y países como México y Brasil probablemente condenarán la violación de soberanía, los gobiernos alineados con Washington (Chile, Argentina, Ecuador) enfrentarán presión para respaldar la acción, legitimando un nuevo umbral de injerencia sin la certeza ni los compromisos de que mañana no sean los siguientes en la lista de EEUU.

En fin, la «transición» no será un camino hacia la estabilidad democrática, sino un proceso de ingeniería política dirigido desde el exterior, cuyo éxito dependerá de la capacidad de Washington para mantener el control por la fuerza en un entorno de creciente resentimiento y falta de consenso interno, un desafío que históricamente ha resultado insostenible a mediano plazo. ¿Qué rol jugará la oposición en el exilio a partir de hoy, en una «transición» que parece excluirles?

Chile, Brasil, Colombia, México, Uruguay y España emiten comunicado conjunto rechazando las acciones militares unilaterales de EEUU en Venezuela

Foto: Truth Social/ Donald Trump y EFE
Foto: Truth Social/ Donald Trump y EFE

Imagen: Truth Social/ Donald Trump y Agencia EFE

Ante la gravedad de la operación militar en Venezuela y que culminó con la captura de Nicolás Maduro, los gobiernos de Chile, Brasil, Colombia, México, Uruguay y España han emitido un comunicado conjunto reafirmando su compromiso con los principios de la Carta de las Naciones Unidas, manifestando su profunda preocupación y rechazo a la acción militar unilateral ejecutada por Estados Unidos, calificándola de una «inadmisible violación a la soberanía».

Esta declaración conjunta representa una firme defensa del orden internacional basado en normas y un rechazo frontal a la vía militar como medio para resolver crisis políticas, subrayando la necesidad imperativa de que la comunidad internacional respalde soluciones pacíficas y autóctonas.

El bloque iberoamericano ha sido categórico al señalar que las acciones militares unilaterales en territorio venezolano constituyen una “clara violación del derecho internacional”. En este sentido, los gobiernos firmantes subrayaron que se ha transgredido la prohibición del uso y la amenaza de la fuerza, así como el respeto a la soberanía y la integridad territorial de los Estados, advirtiendo que este tipo de proceder sienta un precedente “sumamente peligroso” para la paz y la seguridad regional, poniendo en riesgo a la población civil.

De manera unánime, reiteraron que la crisis en Venezuela debe ser resuelta exclusivamente por vías pacíficas e instaron a que la solución provenga del diálogo y la negociación entre las partes venezolanas, respetando la voluntad soberana del pueblo venezolano y, enfáticamente, sin injerencias externas que alteren el curso de su autodeterminación. Reafirmaron la convicción de que sólo un proceso político “inclusivo y autónomo”, liderado y decidido por los propios venezolanos, puede asegurar una salida democrática, sostenible y respetuosa de los derechos humanos.

En un mensaje dirigido a la región y al mundo, estos gobiernos reafirmaron el carácter de América Latina y el Caribe como zona de paz, basada en la no intervención y la solución pacífica de controversias e hicieron un llamado urgente a la unidad regional, “más allá de las diferencias políticas”, para enfrentar con una sola voz cualquier acción que amenace la estabilidad y el principio de soberanía. Además, exhortaron al Secretario General de las Naciones Unidas y a los foros multilaterales pertinentes a interponer sus buenos oficios para contribuir de inmediato a la desescalada de las tensiones y la preservación de la paz.

El comunicado conjunto expresó una marcada preocupación ante cualquier posible intento de control, administración o apropiación externa de los recursos naturales o estratégicos de Venezuela en el marco de la intervención. El bloque advirtió que cualquier acción de esta naturaleza sería “incompatible con el derecho internacional” y socavaría gravemente la estabilidad política, económica y social de toda la región, creando un foco de conflicto de consecuencias imprevisibles.

 

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