En la antigüedad, muchos pueblos se defendían de los excesos cometidos por sus integrantes, a través de los sacrificios. Nosotros en la actualidad, lo hacemos mediante  la madre ciencia (poder, conocimiento y fraternidad)  y sin lugar a dudas, su primer vástago, la técnica (instrumento) con la cual se han proyectado y se han realizado muchas tecnologías.

Como también así, los pensadores antiguos y del mismo modo quizás para los de la época moderna, la salud política de las sociedades dependía de la virtud de los ciudadanos, tal como lo plantea Octavio Paz, no obstante, cualquiera que sea la acepción que se escoja, el vocablo siempre denota dominio sobre nosotros mismos.

Se puede plantear que ambos hitos expuesto con anterioridad (si se puede aprehender la terminología, desde el punto de vista de ver o vislumbrar algo, que nos muestre un antes y un después) son la antelación, de lo que está pasando con la pandemia y la poca concreción que hay, para soluciones urgentes, de parte de la  política (partidista) y de la otra política (ciudadana, quizá la más antigua)

En rigor el virus, se ha propagado a tal punto, que en los matinales y en la parrilla televisiva en general,existe un coro de políticos y ciudadanos hambrientos de aclarar situaciones y mostrar la panacea a tantos vericuetos, asociados a la pandemia, que  dan lugar  a la más eterna de las exclamaciones de un inmortal Condorito, es decir, siempre quedamos “exigiendo una explicación”.

La exclamación ciudadana, frente a las pantallas, exigiendo alimentos para subsistir y el consabido abrigo, para soportar lo que se avecina en cuanto al clima, se refleja así también, en nuestra facilidad para pedir y exigir todo en diminutivo, esto es, en la cajita del gobierno viene, tecito, cafecito, porotitos, lentejitas y muchos más itos, que en realidad, no habla muy bien de nuestra capacidad para plantear nuestros derechos sin tener la nube católica de la culpa, y más aún , de nuestros derechos como integrantes de una nación. Pareciera que más que una exigencia, es una especie de rosario culposo para el maná del pueblo elegido.

Así también, la virtud de ciudadanos para dominarnos, también es nula, el vocablo siempre denota dominio sobre nosotros mismosEn cuanto a que la gente se puede quedar en casa y no contagiar, es sin lugar a dudas un hito, tanto personal como social. 

Lo que nos queda vislumbrar, es todos los hitos que la coyuntura nos está generando. El antes y el después es meridional y taxativo. Nuestras relaciones sociales están cambiando (en rigor siempre se está mutando) y por ende, nuestra manera de ver y vernos en el mundo circundante. Ya no están los tiempos para no llamar a las cosas por su nombre y pedirle al padrecito estado y a su monaguillo el gobierno de turno, que nos aprovisione con materiales o alimentos para sobrevivir, con reverencias anquilosadas ya en desuso.

El sabio Condorito, que siempre exigió una explicación, se encuentra en el mediodía de su sabia exclamación. Su profundidad es tal, que al tener ideas nuevas o hitos en ciernes, tendremos que cambiar esa actitud anacrónica del ito y exigir el té, el café, los porotos…