La pandemia del Covid 19 ha perturbado el orden mundial. Diversas situaciones sociales, económicas, políticas y culturales han mutado desde fines del 2019 y, hombres y mujeres de ciudades tan distintas como Nueva York, Barcelona, Santiago de Chile o Lima, entre otras, se han visto enfrentados a una realidad que les prohíbe ver a sus seres queridos y/o enterrar a sus muertos.

En Chile la situación de la Salud Pública ha mostrado su mejor y peor cara. Por un lado, han quedado de manifiesto sus debilidades a nivel  de estructura y financiamiento y su precariedad generalizada. Por otro lado,  el desempeño de los funcionarios de la salud, ha permitido soslayar en parte los efectos de esta pandemia.

La educación también se ha visto cuestionada en todos sus niveles, siendo  lo más cruel la constatación, una vez más, de la desigualdad de nuestro sistema escolar. Las autoridades educacionales, con preocupantes niveles de falta de empatía, han tensionado  a padres y apoderados, dando fechas de inicio de clases, de vacaciones, de  prueba SIMCE y planes pilotos.

El Ministro de Educación supone que todos los estudiantes pueden asistir a tele-clases, sin saber que la mayoría de las familias no tienen computadores, ni Internet, además olvida la existencia de familias monoparentales y de niños criados por sus abuelitos que no han tenido formación digital. El ministerio optó por mandarles material impreso para que se lo explique los adultos y, en última instancia, se propusieron implementar un programa de clases por la televisión. Sería necesario que la autoridad observara el “Chile real” y viera cuantos jóvenes están ayudando a sus padres o abuelos en la feria u otros lugares para producir  el dinero que les permitirá comer durante el día.

¿Qué hacer?

El estudio de la situación escolar y la propuesta de posibles soluciones,  debe comenzar por considerar que miles de trabajadores(as) han quedado cesantes y que el hambre está golpeando la puerta. En este contexto, los y las menores son las primeras víctimas, por lo que la escuela, con el apoyo del Estado, debe enfrentar, prioritariamente, la  entrega de una alimentación que asegure una cantidad de calorías y proteínas que permita a los jóvenes  sobrevivir y participar en su desarrollo cognitivo.  El  Estado debe asegurar, al menos, una dieta que distribuya desayuno, un almuerzo y una colación para su casa.

Respecto del tema salubridad, la escuela no debe exponer a sus educandos a la pandemia, por lo que  el Ministerio de Educación debe asegurar un conjunto de condiciones: asegurar la higiene, tener control de la temperatura, proporcionar mascarillas, poseer espacios suficientes en la sala de clases y contar con un equipo de monitores de salud dispuestos a solucionar  cualquier imprevisto, Estas condiciones deben ser para toda la comunidad educativa. Además se debe capacitar a los adultos sobre las pestes y elaborar módulos de aprendizaje para que los niños se conviertan en sus propios cuidadores y se auto-protejan.

En el caso de la salud mental se deben formar equipos con psicólogos, profesores diferenciales y otros profesionales que generen programa que permitan a los niños a paliar el estrés provocado por la pandemia.

En toda propuesta se debe tener en cuenta que la deserción escolar, en las crisis económicas, es  numerosa. Los jóvenes se incorporan a trabajos informales y así paliar la situación de su familia, Esta situación tiene un daño colateral, la pauperización de la situación económica hace que muchos niños y adolescentes sean atraídos por narcotraficantes que están prestos a  incorporarlos a sus redes,

Las autoridades hablan de la vuelta a clases, como si la crisis social y  la pandemia fueran unas vacaciones y volvamos a la vieja normalidad y aquí no ha pasado nada. Tomemos los contenidos y sigamos igual como estábamos.

La Nueva Escuela debe enfrentar y estructurarse para un mundo en cuestión producto de esta crisis mundial y nacional. Esta nueva realidad cuestiona los sistemas económicos, el rol de las potencias mundiales, la relación del hombre con el medio ambiente, el sistema globalizado, las formas de producción, las formas culturales de vivir y las relaciones entre los seres humanos.

Es por lo anterior, que se propone la necesidad de un nuevo currículo donde la  escuela se  construya  con todos los elementos que dejó en cuestión esta crisis. Si no se toma en cuenta  lo que ha pasado, se repetirá la  anterior situación y en forma más grave. Se deben entender las comunidades escolares, incluido los vecinos,  pensando en qué forma la escuela pasa a ocupar un nuevo rol en la sociedad y se convierte, junto a las comunidades barriales, en el elemento dinámico de transformación cultural social y política, y sea capaz de elaborar una nueva forma de enfrentar el destino de nuestro país y sus ciudadanos.