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La ola de ultraderecha y el nuevo orden mundial

Foto de Johanna Buguet en Unsplash

Foto de Johanna Buguet en Unsplash

 

No es fácil determinar los factores que posiblemente más han influido en el surgimiento de la ola de ultraderecha que se cierne en el mundo. Sin embargo, intuitivamente podríamos sugerir algunos de ellos a manera de hipótesis. En este ejercicio creo que se pueden identificar algunos procesos que podrían servirnos de referente que ayudan a explicar el arribo de las derechas más duras a los gobiernos como los que se analizan brevemente en los párrafos siguientes.

  • Las derechas no han desaparecido, así como las izquierdas tampoco. El desarrollo político de posguerra ha permitido ir alternando gobiernos con mayor o menor grado ambas ideologías y sus partidos sostenedores. Pero, en Occidente, los partidos de centro también han tenido su oportunidad de gobernanza con apoyo de izquierdas o derechas, incluso más radicales. 
  • La socialdemocracia ha sido un amplio cobertor de ideologías que provienen de las izquierdas, incluso, de las derechas más moderadas. Su apego al sistema económico e institucional le ha dado posibilidades de gobernanza por décadas. Hoy se perfila una crisis de la socialdemocracia en parte por no lograr diferenciarse e incumplir algunas de sus propuestas de cambio.
  • El fenómeno actualmente más sorprendente es el surgimiento de una ultraderecha, la que ha crecido y reaccionado con creciente fuerza, recurriendo a fórmulas populistas que le ha permitido aprovechar las necesidades y temores de la gente común para legitimar su acceso al poder cada vez con menos contrapeso y más apoyo popular.
  • Esta ultraderecha tiene fuertes apoyos en el mundo del capital que observa con temor los procesos que ponen en serio riesgo su hegemonía y penetración como su rol en la sociedad contemporánea. El hecho de que EEUU esté dando un giro de 180 grados en su política, especialmente en acciones económicas que utilizan al máximo el poder presidencial, retrotrayendo la doctrina Monroe para no seguir perdiendo el liderazgo es una señal poderosa de la crisis de ese imperio que afectará al sistema económico mundial en su conjunto.
  • EEUU ha perdido hegemonía en el planeta y a la vez presenta signos de agotamiento de los mecanismos que le han permitido tener un rol dominante. El costo de aquello se muestra entre los rasgos más relevantes en su deuda y gasto desemparejados al punto de llevar al gobierno a paralizar sus pagos por una deuda que no se detiene en su crecimiento. El recorte del gasto fiscal para abordar esta crisis está dejando sin acceso a servicios básicos a millones de personas.
  • La competencia internacional ha ido desplazando a EEUU de los mercados donde tradicionalmente era fuerte. Su déficit comercial es creciente lo que motivó a Trump reconfigurar la política comercial de EEUU, tal que, de ser el impulsador del libre comercio ha llegado al extremo de aplicar aranceles a todo el mundo, incluso, de forma unilateral contra las reglas establecidas en el comercio internacional.
  • La economía ha sido uno de los factores determinantes del proceso de reconfiguración del mapa geopolítico en el mundo. Es un proceso en curso que puede desembocar en un grave conflicto bélico mundial, agudizado por la inercia e incapacidad de la ONU para actuar. Lo anterior ha llevado a algunas potencias a invadir territorios poniendo a prueba su poder militar para lograr ampliar el dominio y la explotación de los recursos de los países agredidos, especialmente, materias primas altamente valoradas por su uso en los nuevos procesos industriales en el área energética, robótica y computación cuántica.
  • Las derechas en este contexto han ido apuntando a endurecer la defensa de los capitales nativos tanto el interior como los que posee en el exterior de los países. Eso se refleja en la estrecha relación de las derechas más duras con los multimillonarios del mundo. Así, tenemos a un Elon Musk, el personaje más rico del planeta, animando a la ultraderecha de Alemania para unir lazos más allá de ese país. Los argumentos son diversos, uno es atacar al socialismo que dicen empobrece a la gente, otro que los inmigrantes copan los servicios públicos, vivienda y puestos de trabajo, también que el gasto público debe reducirse a cambio de rebajar impuestos para incentivar la inversión, reducir el tamaño del estado, pero, fortalecer la defensa incrementando el gasto militar, y lo más sorprendente, aplicar aranceles para detener los desequilibrios comerciales, desestimando el rol de la OMC y los TLC existentes.
  • La hipótesis central se enfoca a que existe una crisis global para hacer coexistir el gran capital con el futuro del mundo del trabajo. Un Estado autoritario sería la fuerza que frenaría los intentos de lograr reducir las desigualdades que origina la concentración de la riqueza. El desarrollo de las economías industriales se dirige a la automatización generalizada que provee la AI y la tecnología, lo que más temprano que tarde originará grandes masas de desempleados y con ello movimientos sociales que no estarán exentos de violencia que repitan revoluciones contra las instituciones que protegen al gran capital.
  • El mundo no industrializado y proveedor de materias primas y recursos naturales al mantener su estatus de países dependientes se transforma en un mundo codiciado que, de algún modo, estaría sujeto a disputa y dominación por las potencias industriales en el nuevo mapa geopolítico. En ese contexto, la capacidad militar de esas potencias industriales son un requisito o condición necesaria para hacer pesar su dominio, tanto en su capacidad ofensiva y destructiva para tener acceso a los mercados y productos de los países dependientes como en la producción de material bélico como negocio lucrativo y que crea más dependencia de los países menos industrializados.
  • ¿Un nuevo orden mundial? Sin duda estamos frente a un fenómeno global que avizora cambios en el dominio de las principales fuerzas que permiten influir en el mundo. Así, se observan desarrollos exponenciales en las áreas de las nanociencias y macro ciencias. El mundo a nivel atómico nuclear y la realidad exterior macro espacial del universo, están dando luces de su naturaleza y funcionamiento que han revolucionado el conocimiento científico. Las tecnologías emergentes asociadas al nuevo conocimiento han permitido apoyar su desarrollo de forma dialéctica. El nuevo conocimiento crea nueva tecnología la que a su vez hace posible descubrir más y nuevo conocimiento con lo que este ciclo resulta ser positivamente recursivo.

Sin embargo, no ocurre lo mismo con los valores y principios que distinguen a los seres humanos. Hoy vemos que lo que priorizan las potencias mundiales es su poderío militar. La ciencia y la tecnología, en simbiosis con la industria del sector privado, ha penetrado la inteligencia y poder del estado, orientándose a producir armamento sofisticado que utiliza arquitectura y recursos nucleares con apoyo de la computación cuántica y la AI, con capacidad destructiva que haría desaparecer la vida en el planeta. Ciertamente, por rebalse la medicina se ve favorecida, pero, no es lo prioritario en el gasto de los gobiernos, aunque los laboratorios farmacéuticos siguen siendo una industria altamente lucrativa.

Este nuevo orden está dejando a la ONU sin capacidad de gobernanza e intervención en la resolución pacífica de los conflictos. Con ello se diluye la relevancia y preponderancia de los DDHH, la soberanía de los países y los valores y principios fundamentales que dieron origen a esa institución universal. Las reglas que se han considerado básicas para la convivencia pacífica y el libre comercio en el mundo son borradas de una vez por potencias militares y económicas generando incertidumbre y el caos al imponer nuevas reglas en el inestable y riesgoso estado de nuestro planeta. Putin con el sueño imperial de los zares y Trump con su imaginario plan de América Primero se burlan del resto del mundo sin que surja ningún contrapeso ni reacción que le ponga freno a tales propósitos.

La ola de la ultraderecha es una respuesta a las dificultades de la democracia para coexistir con los poderes fácticos, con el poder económico, con las élites que han llevado a esta crisis, caracterizada por una desigualdad creciente originada por la concentración de la riqueza como nunca en el mundo. Para las derechas contemporáneas sólo gobiernos fuertes pueden contener y reprimir los movimientos políticos y sociales que pongan en riesgo el predominio del gran capital. 

El nuevo orden que vemos imponerse es un modelo de dominación de las élites, de la oligarquía tecnológico militar, basado en el uso de la fuerza, en el control de las redes sociales para mantener la vigilancia permanente sobre la población que la democracia como sistema político no lo puede aceptar y que para enfrentarlo la respuesta está por construirse sin ignorar que la mayoría de los países, sino todos, cuentan con la matriz fundamental de la ONU, de una visión integradora de colaboración y cooperación entre ellos que sea capaz de contrarrestar el dominio neocolonial que está en pleno desarrollo.

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