Los procesos de negociación de candidaturas no es una oportunidad para salir felices. Son más los desilusionados que los inscritos. Para concluir las negociaciones los partidos deben renunciar a sus pretensiones maximalistas, por lo que siempre pierden en el camino buenos candidatos y candidatas.

Sin embargo, no hay coalición posible si no se asumen sacrificios y, al final, la cooperación entre diferentes partidos que se presentan juntos aporta ventajas que nadie tiene en solitario. Una cosa por otra.

Al mismo tiempo, los procesos de inscripción de candidaturas reflejan en forma fehaciente la auténtica condición de una colectividad, el estado de su conducción política y la calidad de su convivencia interna.

En el proceso que acaba de concluir, sin duda el partido que salió peor parado fue RN. Un buen término de inscripción se conoce porque, tras una o dos semanas, las críticas han amainado lo suficiente como para poder concentrarse en la campaña. Si no es así, algo verdaderamente malo ha sucedido.

La gran diferencia es esta: cuando las cosas se hacen bien no es que queden todos conformes, lo que ocurre es que se puede hacer el seguimiento del proceso interno y las decisiones más polémicas fueron consultadas con las instancias intermedias del partido. Es la apelación a la institucionalidad la que permite asimilar las críticas y frustraciones.

Pero si las determinaciones en la fase final de la inscripción se deben a que la dirección del partido actuó con arbitrariedad, protegiendo a sus incondicionales, entonces el conflicto tiende a permanecer porque se trata de una imposición manifiesta.  Es esto lo que acaba de hacer Francisco Chahuán, causando un daño enorme a RN.

La recuperación de confianza pública, que costó años acumular, puede ser en breve arrojada por la ventana. Ocurre cuando alguien estima que su llegada al mando de una institución es motivo suficiente para hacer uso y abuso del cargo. Son demócratas cuando no les queda otra y autoritarios por convicción.

Se puede pensar que un partido no presentó sus mejores candidaturas, es una opinión válida, pero lo que no se está en condiciones de aceptar es que “se metan candidatos por la ventana”, como ha dicho Mario Desbordes.

Este último es el dirigente más perjudicado por las tropelías cometidas y, a la vez, el principal responsable de haberlas posibilitado al abandonar la conducción partidaria cuando no tenía reemplazo ni era pertinente su incorporación al gobierno. Desbordes cambió poder real por una pura apariencia de poder. Cuando se dio cuenta de su error quiso volver en grande con una candidatura presidencial. Pero un error no se enmienda con otro, sino que lo agrava.

Si pensó que sus cualidades personales iban a ser reconocidas en base a “los servicios prestados”, sin duda se sobrevaloró. Dos equivocaciones de bulto terminaron en dos derrotas estruendosas.

Ahora, el precio lo paga RN de la mano de un derrochador de lo que nunca acumuló. El oportunismo es cegatón, no mira más allá de su interés inmediato, el resultado no puede ser bueno y lo veremos luego en las próximas elecciones.