Recientemente en un artículo de Artes y Letras de El Mercurio, el ex director de la RAE, Darío Villanueva, comentaba lo siguiente: “En contra de lo que ahora se dice abusivamente, las palabras no crean realidades, sino que es exactamente al revés: la realidad crea las palabras para que la designen”. En ésta misma ladera de reflexiones y definiciones, Carl Jung, en su libro “Arquetipo e Inconsciente Colectivo”, elucubraba lo siguiente: “No le bastaba al primitivo con ver las salida y la puesta del sol, sino que esta observación exterior debe ser al mismo tiempo un acontecer psíquico, esto es, que el curso del sol debe representar el destino de un dios o de un héroe, el cual en realidad no vive sino en el alma del hombre. Todos los procesos naturales convertidos en mitos, como el verano y el invierno, las fases lunares, la época de las lluvias, etc, no son sino alegorías”

En el contexto actual de la pandemia, ambas proyecciones, tienen mucho que decir. El teletrabajo, La tele-realidad y La tele–vigilancia, crean y dominan nuestra realidad circundante.

En estos días, en la comuna de El Bosque cientos de habitantes del sector salieron a protestar por la falta de alimentos que sufren ellos, sus vecinas y vecinos. Principalmente personas que desempeñan su labor en la feria, los llamados “coleros”, que no tele-trabajan y producto a esto, su única realidad es trabajar in situ en la feria, y ver una realidad que no es un símil, para los que pueden laborar desde sus casas. Un entrevistado en la tele-visión decía: que no pueden quedarse en sus casas, para cumplir con la cuarentena, por la falta de alimentos y por la falta de tele-dinero

El prefijo griego Tele (Lejanía o distancia), no es nuevo en el acervo cultural, social e histórico en Chile. La desigualdad (por extensión el clasismo) y el centralismo (por defecto el provincianismo, bajo el mismo cielo la intolerancia a la diversidad o  a lo nuevo), crearon una lejanía social, económica y administrativa.

Las autoridades llaman al “distanciamiento social” para  salvar vidas. El “distanciamiento social” en los vecinos de El Bosque, es y seguirá siendo una redundancia.

Lo mejor será decir, que exista “distanciamiento físico” para salvar vidas. Y que el “distanciamiento social” sea un tele-recuerdo para acotar las desigualdades socio sanitarias que seguirán apareciendo.

Hace 100 años que no teníamos una explosión de contagios por un virus tan poderoso como el que se está viendo ahora. Sin duda, nos dejará muchas certezas de como poder organizar una sociedad en su conjunto.

Comparto en que la realidad crea palabras. Pero cada palabra tiene su universo de significados, y estos, se nutren de muchos sabores y sombras. Estas últimas quizás, son el acontecer psíquico, del primitivo y del hombre actual, que no podrá éste crear una red de mitos para sobrevivir, sino más bien, que su presente  tele-realidad lo hará.