Entre el 20 y 24 de junio se produce el solsticio de invierno en el Hemisferio Sur. En Chile, dicho acontecimiento, relacionado con la naturaleza y el cambio de estación, se produjo en la noche del pasado 20 de junio, aproximadamente cuarenta minutos antes de la medianoche. En esa oportunidad asistimos al día más corto y la noche más larga del año, aquella a la que los antiguos mapuche se referían diciendo: “la noche avanza con tranco de gallo”.

Pero no solamente el pueblo mapuche celebró dicho acontecimiento, también lo hicieron otros pueblos indígenas que, junto a los mapuche, forman parte de las Primeras Naciones que habitaron nuestro territorio. Es el caso de los aymara que, con gran algarabía, conmemoraron “el retorno del sol” -o Machac Mara- y los quechuas, quienes, a propósito del cambio producido en la naturaleza, disfrutan de “la fiesta del sol” o Inti Raymi; lo propio celebraron los Rapa Nui, en la festividad conocida como Aringa Ora. Dichas celebraciones no solo se realizan en aquellos lugares en donde originalmente vivieron y se desarrollaron los pueblos indígenas de Chile, sino también en las ciudades donde han tenido que emigrar buscando mejores condiciones de vida. Así, particularmente el We Tripantu, no es infrecuente observarlo en muchas ciudades del país, incluida la Región Metropolitana, en comunas como Cerro Navia, La Pintana, El Bosque o Peñalolén.

Junto con el inicio de este período de cambios en la naturaleza, por estos días comenzará, también, una nueva etapa en la historia de nuestro país, con la entrada en funciones -está programada para el 4 de julio próximo- de la Convención Constituyente, uno de los resultados de las grandes movilizaciones populares iniciadas con el estallido social del 18 de octubre del año 2019. En efecto, producto de los abusos y desigualdades anidadas en nuestro país durante varias décadas –“no son treinta pesos, son treinta años”, fue la frase acuñada por los estudiantes secundarios y que brotó desde las estaciones del Metro de Santiago-, se abrieron las puertas para que el Congreso propusiera al país un “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución”. Interesante sería conocer la discusión –objetivos, argumentos e intenciones- que se dio entre los parlamentarios y que llevaron finalmente a este acuerdo. Con todo, el resultado –no exento de polémica- desechó una Asamblea Constituyente, formula que se había trabajado tímidamente durante el segundo gobierno de Bachelet, en pro de una Convención Constituyente, cuyos términos –orgánica, mandato y facultades- fueron establecidos por un ente externo a la propia instancia propuesta.

En el plebiscito del 25 de octubre del año 2020, el 78,27% de los votantes se manifestó por una nueva constitución, que reemplazara a la Constitución de Pinochet, mientras el 78,99% opto por la fórmula de convención constituyente, cuyos miembros fuesen elegidos por voto universal y sin participación de parlamentarios en ejercicio. Posteriormente, el 15 y 16 de mayo de 2021, junto con la elección de otras autoridades –gobernadores, alcaldes y concejales- la voluntad popular eligió a los ciudadanos que formarán parte de la Convención constituyente.

En el intertanto, se agregaron algunos cambios a la propuesta original, como la composición paritaria de la Convención, y la participación de representantes de los pueblos indígenas, a través de los llamados “escaños reservados”. Finalmente fueron 17 los representantes de las Primeras Naciones -en Chile se han reconocido 10 pueblos indígenas- que se incorporaron a dicho proceso, completando un total de 155 miembros constituyentes.

En la elección de constituyentes se superó una de las barreras puestas por la élite política -cuestión que produjo asombro hasta en los más escépticos- para los cambios que la inmensa mayoría del país reclama: el quorum de 2/3 para aprobar el articulado de la nueva Carta Fundamental.

Particularmente, la Derecha (RN, UDI y Evopolis) no alcanzó la cantidad de constituyentes necesarios para vetar aquellos artículos que pudieran afectar los intereses de las clases sociales y grupos dominantes que representan políticamente. En efecto, sus partidos, agrupados en la Lista Vamos por Chile, lograron apenas 37 cupos, muy lejos de sus pretensiones. Lo mismo ocurrió con los sectores más conservadores de la Lista del Apruebo (a juzgar por los constituyentes electos de la DC y el PPD), cuyos resultados también fueron paupérrimos. Finalmente, la abrumadora mayoría de los constituyentes electos son independientes y críticos de los partidos políticos que han gobernado el país desde la recuperación de la democracia, el año 1990.

Así las cosas, las demandas de las organizaciones indígenas de obtener reconocimiento constitucional y de que el Estado chileno se defina plurinacional, tienen una gran oportunidad de materializarse. Igualmente ocurre con la autonomía y autodeterminación, temas consagrados en el ámbito del derecho internacional.

Por otra parte, estamos convencidos de que para los representantes indígenas -ninguno de ellos es conservador- no será difícil llegar a acuerdo con los sectores mayoritarios de la Convención, con el objetivo de garantizar en la Carta Fundamental -en lo que en ella corresponda- un conjunto de derechos sociales para todos los ciudadanos, como salud, educación y pensiones; además de recuperar, para el Estado de Chile, sus riquezas básicas.

Un dirigente mapuche de la comuna de El Bosque me contaba, hace años atrás, que cuando niño -en su comunidad de origen- observaba que en la noche de We Tripantu, su padre y su abuelo iban a la quinta y apaleaban los árboles. Años después le explicarían sus mayores que así la savia corría con mayor fuerza por las ramas de los árboles, dando mejores frutos. También me relató que sus mayores, apenas iniciado el We Tripantu, corrían al río cercano a bañarse y sumergirse en sus aguas, como una forma de purificación y de acompañar la renovación de la naturaleza, de la que los seres humanos son parte. Aguas que su comunidad podrá recuperar ahora, en este nuevo ciclo, cuando no sólo se inicia una nueva etapa en la naturaleza, sino también en la historia de nuestro país.