El virólogo Jonas Chnaiderman, de la Universidad de Chile,en entrevista con Página19 da un diagnóstico completo de lo es la llegada del COVID19 a Chile y de cómo se debería enfrentar la crisis sanitaria. El virus ya tiene centenares de infectados en el territorio nacional y día a día crece. ElCOVID-19 ya cobró su primera víctima, una adulta mayor de 82 años de la comuna de Renca.

¿Cómo contribuye la presencia de militares en las calles al control del virus Covid-19?

El estado de catástrofe implica algunas restricciones como,por ejemplo, la libertad de locomoción y de reunión en el territorio afectado, además de darle atribuciones a la autoridad para restringir el derecho a propiedad, que en la Constitución de la dictadura está muy priorizado por sobre otros derechos. Considerando que la meta sanitaria es tratar de disminuir el número diario de nuevas infecciones, aportar a que la gente interactúe menos, se exponga menos, exponga menos a otros, pareciera estar en el sentido correcto y por eso es que aplaudo la decisión de restringir la circulación y las reuniones numerosas. Uno puede suponer que se apoyará en el ejército para salir a vigilar las calles.  Indudablemente mucha gente sentirá menos impulso de romper la cuarentena si ve militares circulando. Quizás la diferencia de lo que puede lograr, con o sin militares en las calles, pueda hacer la diferencia al momento de contener la epidemia.

Existe un escenario de descoordinación en la aplicación de las medidas, también desconfianza en las  vocerías gubernamentales ¿Cómo ve el actuar del gobierno en este escenario?  

Internacionalmente ha existido una disputa respecto a los posibles modelos de intervención para el control de esta epidemia.  Por un lado, está el modelo “chino”, basado en la contención y que llevó a varias ciudades a la cuarentena intensiva, permitiendo así el bloqueo de la transmisión.  

Por otro lado, está el modelo “coreano” que significó un muy intenso trabajo de diagnóstico (testeo masivo) y control de las personas diagnosticadas como positivas. El modelo coreano se basa en dos premisas de muy difícil aplicación en Sudamérica: capacidad de testeo masivo y el natural distanciamiento social.

Respecto a la primera, hay que decir que en Chile aún ni siquiera se ha incorporado a muchos laboratorios de investigación que podrían hacer diagnóstico, por lo tanto, será muy difícil llevar a cabo el ensayo de diagnóstico a la cantidad de casos sospechososincluyendo a aquellos sin síntomasque tendremos en breve. Los hábitos culturales en Corea son intrínsecamente de menor cercanía: allá las personas se saludan con reverencia, no acercan sus rostros y en general no propenden a tocarse, muy distinto de lo que pasa en nuestro continente donde culturalmente somos más “próximos” unos de otros. Entonces, la comunidad científica chilena está de acuerdo en la necesidad de aproximar nuestra estrategia de control al modelo chino, que involucra varios niveles de limitación del contacto interpersonal. Lamentablemente, el ministro Mañalich, hasta este momento, no ha acogido esta visión, y lo que es dramático, es que cada día que pasa trae como perspectiva una menor eficacia posterior de las medidas de cuarentena, y por lo tanto, más vidas en riesgo.

La presidenta del Colegio Médico Izkia Siches sostuvoque el Minsal no transparenta y tampoco entrega información a los profesionales de la salud. ¿Esto es así?

Efectivamente hay indicios de que no sólo el Minsal no está proveyendo toda la información que se requiere, sino que proactivamente está deteniendo el flujo de información que regularmente sale de su Departamento de Estadística.  Eso es inaceptable.  Es una nociva estrategia de querer hacer las cosas a tu modo y para eso negarle la información a otros para que no surja evidencia que muestre caminos alternativos.  A la larga, este tipo de medidas deberían sufrir persecución penal, si se llegara a demostrar que por retener información más personas terminarán falleciendo.  

Uno echa de menos el viejo espíritu “republicano” en donde lo que importaba más era el avance del país, independientemente de quien proponga rutas para ese avance. No hay modo alguno de que entregar cifras vaya a provocar daño; en el peor de los casos, si entregas los datos COMPLETOS, lo peor que puede suceder es que nadie te diga nada, pero en el mejor de los casos será posible modelar el comportamiento de la epidemia al seno de nuestra comunidad que seguramente tiene sus propias peculiaridades.

La descoordinación y la falta de insumos médicos en los centros asistenciales según reportan los propios funcionarios de la salud ¿Cómo afectaría la curva de crecimiento del contagio del COVID-19?  

El aspecto dramático de la falta de insumos para el personal de salud es que, tal como se está viendo en España ahora, a la larga significa que ese personal debe ser enclaustrado y por lo tanto hay menos recurso humano para hacerse cargo de los pacientes que llegan a los recintos de salud.  

En nuestro país, en donde se estima que indefectiblemente habrá un déficit de capacidad de atención, implica agravar aún más la perspectiva de salir vivo de un adulto mayor que llegue con síntomas graves a requerir atención a un hospital.

A estas alturas el problema dejó de ser estrictamente un temadel Ministerio de Salud.  El Presidente ya debió haber garantizado con fondos especiales y con órdenes directas, la importación de insumos preparándose para una epidemia de cien mil infectados simultáneos, es decir unas 4 mil personas requiriendo atención hospitalaria. No hacerlo es casi un abandono de deberes.

Mucha gente ha hecho el simple análisis de que sin crisis de COVID-19 un montón de gente muere esperando ser atendida, ¿Qué va a ser de nosotros con la epidemia al máximo?  La respuesta depende del paradigma con el que teenfrentas a la salud pública. Hasta este momento, pareciera que este sistema mixto (provisión pública y privada) en donde no se prioriza el derecho a una salud concreta, sino que el presunto derecho a elegir cómo atenderse, no permite garantizar la salud de la población. Más aún, nuestra estructura actual desfavorece la salud preventiva porque siendo el mercado el que empuja al sistema, para el mercado es más lucrativo que las personas se enfermen y consuman tratamiento.  

Desde el mundo académico, en particular desde la Universidad de Chile, hace tiempo que venimos empujando la idea de que debiese existir un Sistema Único de Salud (o con matices un Seguro Único de Salud) gestionado por el Estado donde el rol de la provisión privada de salud sólo debería ser complementario para labores no críticas.

En lo inmediato, para encarar esta crisis, yo secundo la tesis de que los recintos hospitalarios privados deben pasar a control del sistema estatal (si es que no francamente estatizados), tal como acaba de ocurrir en España, donde la autoridad de salud decretó control total de las clínicas privadas para disponer de su infraestructura y su personal en pos de coordinar la pelea contra la epidemia.

¿Qué lecciones debemos sacar acá de lo que está ocurriendo en España e Italia, ¿qué medidas debemos tomar para frenar el ascenso de la curva de infecciones?

Lo que Europa nos enseñó es que había que actuar rápido. Es un poco molesto entrar en esta discusión cuando el Presidente ya decretó el Estado de Catástrofe que, uno asume, efectivamente va a disminuir la circulación de personas y las interacciones sociales presenciales.  Pero hay aspectos que uno no entiende, por ejemplo, ¿por qué se tardó tanto en ordenar el cierre del comercio no esencial (centros comerciales, cines, cierta parte del “retail”, etc…)?

A estas alturas, lo que debe trabajarse es dar facilidades a las familias para que permanezcan en sus hogares. Considerando que un tercio de los chilenos que generan ingresos lo hacen de manera autónoma y, en el día a día, pedirles a esas personas que no trabajen es dejarlas sin comida.  Por eso, es fundamental garantizar un ingreso mínimo para los hogares de menores recursos, de manera expedita, sin tantas trabas burocráticas.  Es más económico perder dinero subsidiando la estadía en casa que gastar dinero y vidas saturando aún más el sistema de salud del país, no es sólo un asunto ético o político, ¡es incluso económico!  Chile tiene la robustez financiera para subsidiar esos ingresos durante los tres meses que podría durar la epidemia si logramos estirar la curva de infecciones lo suficiente.

También es necesario darle créditos blandos a las microempresas para que paguen sueldos, dado que la sumatoria de ellas es la principal fuente de empleos estables del país. Hoy, este conjunto de medidas que a un economista de escuela neo-clásica podrían sonarle a un estéril subsidioson herramientas de salud pública para que la gente pueda llevar a cabo el aislamiento que cortará el flujo del virus.

Se viene el invierno, período en el que usualmente los centros asistenciales colapsan por cuenta de la influenza.  ¿Qué hacer para que las sumas de los efectos de ambos virus no colapsen el sistema de salud?  ¿Qué medidas pueden tomarse para evitar esta confluencia?

La situación es muy compleja y no hay una varita mágica.  Nuestro sistema de salud no está capacitado para esto y todo indica que muchas personas, que con una mejor estructura sanitaria podrían tener mejores opciones, ahora correrán riesgo de vida.  Los datos de Italia son sobrecogedores: a grandes rasgos, el nuevo Coronavirus cobraría la vida de 1 de cada 20 adultos mayores cuando el sistema sanitario no está colapsado.  Sin embargo, cuando un médico debe decidir a cuál adulto mayor colocarle el único sistema de intubación que tiene, entonces el resultado acumulativo es que fallecieron, durante un período, 1 de cada 3 adultos mayores.  Eso es terrorífico y no podremos perdonárnoslo jamás.

La situación en Chile, además, se complejiza porque en la campaña de invierno regularmente muchas camas son reconvertidas a camas pediátricas para tratar a los niños infectados con virus respiratorio sincicial. ¿Qué va a pasar si la curva epidémica del Coronavirus llega hasta junio y todas las camas del sistema de salud están destinadas a personas infectadas con ese virus y empiecen a llegar los bebés requiriendo oxígeno?

La vacunación contra virus Influenza es una herramienta potente para disminuir la gravedad de la enfermedad (no necesariamente la infección) y la ciudadanía está respondiendo muy bien este año y se ha volcado en masa a vacunar a adultos mayores y menores de 10 años.  

Pero resta por saber si las medidas para evitar el colapso del sistema sanitario ahora (el famosos “aplanamiento de la curva”) nos llevará a poder enfrentar los difíciles meses de junio a agosto con buena capacidad de respuesta.  Estamos al filo de lograr, en las 12 semanas previstas de epidemia de Coronavirus, una entrada razonable a la campaña de invierno, especialmente considerando que el personal de salud estará con un agotamiento acumulado del cual tardarán en recuperarse.