Estimado Director:

En el discurso presidencial del día domingo se acuñó el término “pandemia social” para referirse a las consecuencias socioeconómicas del covid-19. Un día después, se produce el primer estallido social de dicha pandemia, y no precisamente por las muertes por covid-19, sino por el hambre que acarrea una cuarentena estricta en un sector popular como los es la comuna de El Bosque. Decía Benjamin Franklin que “el hambre espía en la casa de los pobres, pero si la habitan personas trabajadoras, no se atreve a entrar”. 

Tal parece que el hambre vigilante ya entró en las casas de los vecinos que, aunque trabajadores, hoy están atados de manos y se han volcado por ayuda del Estado en las calles. El país OCDE cuyo ingreso es de casi 16.000 USD per cápita escondía con celo a gente que pendía en la línea de la supervivencia.

El mismo país pujante de las cifras, sigue lastrando las carencias hechas carne el 18-O de 2019 y respondiendo con represión a las mismas, porque bajo el tapete de nuestra imagen internacional y de la pandemia, sigue enquistada la desigualdad social como madre de las batallas. Una batalla de la urgencia, en cuanto dicha desigualdad social hoy la forman quiénes comen y quiénes no.

  • Rigorberto Figueroa – Sociólogo
  • Claudio Lara – Cientista Político
  • Juan Pablo Martinez – Periodista