Un 17 de mayo de 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de su lista de enfermedades. Sin embargo, sabemos y ha quedado demostrado que una resolución como esta no es suficiente para eliminar el odio y la discriminación.

Personas como Daniel Zamudio, Nicole Saavedra, Marcelo Lepe, entre otras, siguen doliendo y estarán presentes en nuestra memoria. Todas muertes injustas, producto de la ignorancia, el miedo y odio que marcaron para siempre a una familia y nuestra comunidad.

Hoy la respuesta de la población Lgtb no deja de sorprender. Hemos levantado tantas banderas que la división ha sido una puerta abierta a la fragilidad del movimiento y sus demandas. Hoy a mayo 2020, los egos identitarios superan las demandas sociales, culturalespolíticas y educacionales que ayer nos unían.

El rescate de la historia para no repetir los errores del pasado ha sido complejo, obligándonos a llevar un mensaje apostólico de lo que fuimos y pasamos, para que así, nuevas generaciones, más allá del romanticismo de la alita rota, se atrevan a volar.

Grandes activistas han tomado la visión de rescatar la historia, Víctor Hugo Robles, el Che de los gay, Zuliana desde la trayectoria de Afrodita, Andrés Rivera desde la histórica y original OTD de Rancagua. Erika Montecinos, desde la fuerza de Rompiendo el Silencio. Compañeras y compañeros que pusieron el cuerpo, las manos y su voz para disfrutar hoy de privilegios que se transformaron solo son migajas. La misión hoy es compleja, pues en momentos de pandemia nuestra necesidad se hace más grande y nuestra debilidad nos forma frágil.

Los mercenarios de nuestros cuerpos, vidas e historias no se han detenido, más duele saber que nacen desde nuestras propias filas, buscan llenar sus bolsillos de dinero a costas de muertos, SIDA y desaparecidos. Estamos jugando a levantar banderas y no derechos como debería ser, los mercenarios lo saben, oportunistas que caminan por nuestra vereda con el morbo de ver un cuerpo caer que les mate el hambre.

El paso de las nuevas generaciones y familias es un deber ético, moral y social y debe ser necesario ya que esta lucha cansa, estigmatiza, nos cierra puertas y las únicas ventanas solo nos permiten tomar aire y respirar. Algunos ya cansados de luchar estamos dispuestos a seguir haciéndolo, pues acá no se puede poner un bono por sobre una vida. Ninguno de nosotros nació con una ala rota, pues podemos volar hasta nuestro sendero dibujado de esperanza nos invite.

Quisieron hacernos creer que estábamos enfermos. Quisieron hacernos creer que no teníamos derechos. Quisieron hacernos creer que deberíamos recibir sus migajas.

Hoy necesitamos decirles a ellos que retomamos la lucha que nos unió ayer y que hoy necesitamos el repliegue de banderas para levantar solo una, posiblemente una nueva que nos muestre desde cualquier punto el camino de la igualdad, equidad e inclusión respetando nuestra diferencia e identidad.

Los invito a reflexionar sobre un país con nuestros cuerpos como protagonistas. Con nuestras voces incómodas como mensajeras de realidades.

Hoy los invito a reflexionar sobre la fuerza de la unión. La separación que buscaban nos ha debilitado, sin embargo nos paramos ayer, nos vamos a parar hoy y estaremos ahí mañana.

Con nosotros y nuestros colores o nada!!! Fuerza comunidad Lgtb.