jueves, septiembre 10, 2026
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Altruismo y subrogación: la delgada línea del horror

Foto de Bethany Beck en Unsplash

Foto de Bethany Beck en Unsplash

Este lunes 7 de septiembre, en la Comisión de la Mujer y Equidad de Género del senado, avanzó la moción que busca un marco legal para la gestación subrogada, argumentando la búsqueda de proteger el interés superior del niño o niña, la autonomía corporal de la persona gestante y la determinación de la filiación por voluntad procreacional.

¿Determinación de la filiación por voluntad procreacional? Me es inevitable volver a la pregunta ¿el deseo de mapaternidad es un derecho? ¿Como delimitamos hasta donde se puede avanzar en la consecución de este deseo?

Hoy la impulsora de este proyecto destaca el “carácter humano más solidario que pueda haber: que una mujer imposibilitada por características físicas, fruto de un accidente o de algún inconveniente médico para gestar por sí misma, lo haga a través de otra mujer”. Sin embargo, obvia, que para quien gesta existirán modificaciones corporales, hormonales, emocionales y vinculares, por lo que me parece inconcebible que las profundas transformaciones que vive la mujer al gestar, sean invisibilizadas, bajo el concepto de solidaridad.

Aun cuando se intente regular, estableciendo requisitos tales como que la gestante sea mayor de 25 años, que haya sido madre anteriormente, y que se realice de forma absolutamente altruista, ninguna legislación será capaz de eliminar las presiones económicas, familiares o sociales, que puedan someter a las mujeres a la condición de “gestante altruista”.

La autonomía corporal no puede reducirse a la firma de un consentimiento previo ni convertirse en una obligación futura sobre un cuerpo que se transforma durante la gestación. El feminismo liberal, disfraza nuestra explotación reproductiva, bajo la libertad de elección, haciéndonos firmar un acuerdo legal como si esto fuera suficiente para fragmentar el continuo gestación-parto-puerperio.

Es lamentable que el patriarcado y el capital hayan tomado la consigna “mi cuerpo, mi decisión”, para despolitizarla y que hoy pretendan utilizarla para legitimar nuevas formas de explotación reproductiva.

Como ocurre con los territorios sometidos al extractivismo, las cuerpas de las mujeres son  presentadas como una fuente de recursos disponibles para satisfacer necesidades ajenas.

¡Pero las mujeres no somos territorios de sacrificio!

Nuestra capacidad de gestar no es un recurso socialmente exigible y el deseo de mapaternidad, por legítimo y doloroso que sea, no puede transformarse en un derecho sobre el cuerpo y la capacidad reproductiva de otra persona.