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El Fascismo en Chile actual: el invento de una crisis nacional para el retorno al orden oligárquico

Foto: Archivo Hulton / Getty Image

 

Los fascistas inventan historias para convencer a la sociedad de que no son fascistas y que tienen buenas ideas como todos. Pero generalmente mienten y dicen que lo que vemos no está ocurriendo o que lo hacen otros, no ellos. Así ha ocurrido en la sociedad desde que este surgió como ideología totalitaria.

La historia muestra que sus principales señales de identidad son su oposición a la Democracia, al Liberalismo político y cultural y sus ambiciones de controlarlo todo en la sociedad. La cima de su sueño se alcanza con la forzada instalación del Volksgemeinschaft, la Comunidad de iguales, en que a través de su propaganda instala en la sociedad, que los intereses legítimos de las personas deben ser anulados tras la búsqueda de los de una supuesta nación unitaria. Generalmente, esta búsqueda se acompaña de un liderazgo mesiánico del conductor o presidente de la república, según sea. Siempre impelen una homogeneidad valórica, la búsqueda de un hombre viril sin lo que consideran desviaciones y luchan contra las distintas diversidades que según ellos corroen el espíritu nacional. Para ello, la Educación es transformada poco a poco y a fondo, en una herramienta de formación del carácter y no del pensamiento humano crítico. 

En Chile actual, el Fascismo ha tomado la forma de una política ultraderechista, cuyo rasgo más destacable es su profundo Nacionalismo Anticomunista. Un recurso mítico de gran penetración en la memoria histórica de las clases medias conservadoras chilenas, el cual a través de sus medios de comunicación refuerzan día a día en la sociedad para mantenerla anclada a ese imaginario.

El advenimiento del Fascismo en todos los países donde ha gobernado son sutiles, pero siempre planteadas como solución a una supuesta gran crisis nacional. Sus ideólogos, en su afán destructor de la democracia, recolectan los desaciertos de los otros gobiernos, tergiversan sus causas y mienten acerca de sus logros, machacando mercurialmente en la ciudadanía, una supuesta y fatídica crisis nacional.

Así ha ocurrido en la historia chilena. En 1931 Carlos Keller uno de los padres del fascismo decimonónico hablaba de “La Eterna Crisis chilena” y en 1940 Jorge González Von Marees otro de sus íconos, hablaba de “El Mal de Chile”. Por supuesto, ambos planteaban superar el profundo mal que imaginaban, construyendo una nueva sociedad, después de superar la emergencia inicia

Nuevo producto del marketing

Clodomiro Almeida en 1979 escribía sobre esta ideología: “El Fascismo es una respuesta que busca legitimarse en ciertos valores, qué siendo compartidos en un momento por vastos sectores sociales, son a la vez susceptibles de ser utilizados contra el movimiento popular organizado, justificando así su destrucción”. Decía que: “La fuerza del Fascismo reside siempre en su capacidad de anclaje emocional en arquetipos profundos: entre otros el miedo a la crisis” (Revista Nuso). Rescataba la enorme capacidad fascista de construir comunicacionalmente una profunda 

animadversión contra el mundo popular y la Izquierda. Ellos saben que el discurso crea realidad y más en estos tiempos en que casi nada es verificable por la gente.

En la actualidad, el alineamiento político e ideológico entre el Neoliberalismo y ciertas corrientes político culturales post modernas norteamericanas ha contribuido a vigorizar el Fascismo chileno. Este se adscribe al actual diagnóstico republicano de que el Orden Mundial de post segunda guerra ha sido desfigurado y aprovechado para mortificar a los grandes países capitalistas del mundo, haciendo responsables de su decadencia a las naciones subordinadas y explotadas. Sin embargo, en Chile, la crisis que denuncian ocurre principalmente porque las Derechas tradicionales, que siempre han tenido el poder político y económico en el país, no han sido capaces en sus gobiernos de continuar con la reproducción ampliada del capital dando bienestar creciente a toda la sociedad. Como contrapartida los gobiernos progresistas han fustigado la sobre ganancia empresarial y con ella, han gastado más recursos públicos en dar oportunidades a la mayoría de la sociedad. El Fascismo actual se caracteriza por su desencanto de la Derecha antigua democrática, que según ellos fue incapaz de defenderlos y por su enorme odio a la Centro izquierda promotora del Estado Social de Derechos y como tal causante de la crisis del país.

El Fascismo actual chileno no es desinformado y solo contestatario, como muchos parecieran creer sino un nuevo producto del marketing de la nueva Derecha global reciente. Su actual triunfo electoral en muchos países no es un accidente histórico sino la expresión concreta de una crisis estructural, capitalizada subjetivamente por ellos a través de la violencia simbólica, manipulación y promesas de recuperación política y valórica de países, que supuestamente se caen a pedazos. A nivel planetario, las Derechas han sido incapaces de hacerse cargo y remediar el infinito daño causado a la vida, por su ambición de acumulación capitalista a costa de la Naturaleza.

La historia muestra que el “éxito” inicial de los gobiernos fascistas siempre es más propagandístico que real. Ello porque su ideología y programas de gobierno contienen las ideas que lo llevan a su propia destrucción. La causa de la misma es su profunda incomprensión de la complejidad actual de las sociedades y su ignorancia en la cuestión pública y social, porque vienen del mundo privado donde solo importa el peculio como objetivo. A su vez, su pequeño universo simbólico religioso es incapaz de incorporar la enorme diversidad existente en esos temas en las sociedades actuales. Ellos, ni siquiera perciben, desde su matriz originaria de privilegios, que la sociedad actual reclama a gritos una mayor inclusión. Desde esa restringida visión de sociedad el daño que pueden causar durante sus gobiernos, a la sociedad y la civilización, es inmenso. 

La sociedad chilena debe oponerse fuertemente a la regresión democrática y civilizatoria que entrañan los gobiernos fascistas, la cual no ocurre en la llamada fase inicial de emergencia sino cuando ellos comienzan a querer construir su idea de nueva sociedad, que a la postre no es solo más que el camino a un doloroso abismo para las mayorías nacionales.

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