“El 5 de octubre fue el resultado de un proceso que fue creciendo, durante el cual el pueblo entendió que la mejor alternativa para iniciar una transición a la democracia era, efectivamente, ocupar esa herramienta que era el Plebiscito”, sostiene la Senadora Isabel Allende.

La parlamentaria llegó a Chile al filo de la gran gesta de aquel 5 de octubre. Fue toda una peligrosa aventura. ”Desde México coordinamos mi regreso con algunas personas en Chile, sobre todo con el abogado Roberto Garretón, concluyendo acertadamente que la cercanía de la fecha del Plebiscito permitiría mi ingreso por sorpresa -como lo había hecho un poco antes el ex canciller Clodomiro Almeyda- y probablemente los militares no se iban a atrever a una acción brutal de expulsión. O bien, al revés, podría dar pie para presentar un recurso y establecer la manera de romper lo que era -hasta ese momento- la imposibilidad de entrar a Chile. Decidimos que yo viajaría a Chile y llegaría el 1° de septiembre de 1988. Para ello, llegué dos días antes a la Argentina, donde me reuní con diputados y senadores trasandinos, de los cuales hubo un diputado y un senador que estuvieron disponibles a acompañarme, junto al ex ministro del Trabajo de Salvador Allende, Jorge Arrate, y Jorge Schaulsson, que salieron del país a mi encuentro”.

Dejó de lado amenazas y dificultades y embarcó rumbo a Chile. “Aerolíneas Argentinas había recibido un fax que amenazaba con multarla si me permitía embarcar y que yo sería deportada desde Chile. Pese a ello, igual nos embarcamos y con nosotros lo hicieron dos parlamentarios argentinos, además de periodistas de varios medios”.

Para Isabel Allende “el vuelo entre Mendoza y Santiago fue muy emotivo y pude pisar nuevamente suelo chileno ese 1° de septiembre de 1988. Un pequeño grupo de personas amigas me había ido a esperar… ¡¡Fue maravilloso, no lo podía creer!! ¡¡Después de tantos años de exilio, volver a la Patria de esta manera era, a lo menos, sorprendente…!!

Afirma que fue muy simbólico que ella y su madre, Tencha Bussi -ambas con prohibición de ingresar al país- lograran ingresar al país ¡y justo antes del Plebiscito! “En mi caso, pude estar en una de las grandes manifestaciones finales, aquella que se efectuó en la Panamericana Sur el 1º de octubre, donde se reunió un millón de chilenos. Ahí habló Patricio Aylwin -que ya emergía como uno de los líderes más visibles de la oposición- y también hicimos uso de la palabra Carmen Frei y yo. Fue muy significativo para mí, porque pude entregar un mensaje claro sobre la importancia de votar NO el 5 de octubre”.

¿Dónde vivieron ese 5 de octubre?

Como no podíamos votar, acordamos que tampoco íbamos a generar preocupación alguna que perturbara lo que se había organizado para ese día especial, me refiero al gran trabajo que se hizo con los cómputos paralelos, etc. Por lo tanto, con Tencha nos quedamos en casa de dos grandes amigos, el ex embajador Ramón Huidobro y Panchita Llona, donde fueron llegando a acompañarnos amigos cercanos. Al paso de las horas fuimos viviendo con mucha emoción lo que estaba sucediendo. La verdad es que mi madre y yo estábamos muy, pero muy impactadas por lo que iba pasando, por todo lo que sucedió ese día y por el resultado final victorioso alcanzado.

Después, el día 7 de octubre, y dado que Tencha había manifestado su deseo de viajar y tomar contacto con el país, con la gente, decidimos ir al sur, a Ensenada, donde la familia de Ernesto Holzapfel y su señora, un matrimonio que había sido muy amigo de mi padre, tiene un hotel. Cuando les avisamos que íbamos a verles reaccionaron muy emocionados de recibirnos, así que viajamos primero hasta Puerto Montt y de ahí a Ensenada. Pero jamás olvidaré que, cuando llegamos a Puerto Montt y pasamos a una cafetería, al entrar, la gente comenzó a aplaudir a Tencha. Fue tremendamente impactante para nosotras. Después recorrimos Puerto Montt y comprobábamos cómo la gente se quedaba muy sorprendida de ver a Tencha allí, con ellos. Muchos la miraban con cariño pero casi no se atrevían a acercarse, y ahí uno podía percibir que aún había bastante miedo, se notaba y esa sensación también la tuve yo. Otros, más decididos, se acercaban a saludarla. Estuvimos unos pocos días entre Puerto Montt y Ensenada. Después de eso, regresamos con Tencha a México con la decisión de organizar mi venida definitiva. Después de arreglar todos mis asuntos personales allá, regresé a Chile de manera definitiva en noviembre de 1989.

¿Qué fue lo primero que hizo cuando estuvo en Chile?

Visitar a Clodomiro Almeyda, que estaba preso en la Cárcel Pública. Y también ir al cementerio de Santa Inés, en Viña del Mar, a rendir sentido homenaje a mi padre ante su tumba. Esto también implicó que el 11 de septiembre de 1988 me encontró acá, pero yo prefería estar más bien tranquila. Todo esto en medio de un ambiente medio raro, porque estábamos ad portas del Plebiscito, pero el país seguía regido por Pinochet. Así que con unas amigas decidimos irnos a una casa que arrendamos en Isla Negra y ahí nos ocurrió algo anecdótico porque nos fuimos en una citroneta -un vehículo ya antiguo entonces- el que tuvo un desperfecto y nos dejó botadas en plena carretera. Tanto así que tuvimos que ir hasta una comisaría cercana y pedir que nos facilitaran un teléfono. Finalmente, el gentil Sergio Bitar debió acudir a “rescatarnos”, me pasó un auto y llegué manejando a Isla Negra ¡sin siquiera tener carnet de conducir vigente!

Después nos dedicamos a organizar la venida de Tencha. La idea era que llegara a Chile antes del Plebiscito, eso era lo más importante políticamente. Y así lo hicimos. Nos apoyaron los distintos partidos -cada uno nominó un militante en representación y se formó una suerte de “petit comité” a cargo- organizando la llegada de mi madre, algo que resultó absolutamente apoteósico. Pocas veces recuerdo haber visto tal cantidad de gente en una demostración masiva de cariño apostada a ambos costados de la carretera.

Yo había dado una entrevista a Radio Cooperativa en la que llamé públicamente a la ciudadanía a recibir a mi madre el 23 de septiembre. De modo que cuando Tencha estuvo aquí, la caravana se fue por calle San Pablo. ¡Qué manera de haber gente a las orillas de esa avenida, parecía que todo el mundo estaban allí! Además, ese día había salido una edición especial del diario “Fortín Mapocho”, maravillosa, con una foto de la Tencha y el Chicho que decía “A su casa no más llega”. ¡Y la gente levantaba en alto esa foto, esa portada, al paso de la comitiva! Ese cariño era el amor del pueblo por Salvador Allende transmutado a Tencha, a nosotras… Todavía me emociona recordarlo!

Tal era la multitud que nos demoramos ¡cinco horas! entre el aeropuerto y la llegada a la casa de Ramón Huidobro, en Providencia, que, tal como me había acogido a mí un año antes, ahora también lo hacía con Tencha. Llegamos literalmente con el auto tapado de flores… sí, la gente nos tiraban flores al paso… ¡¡Fue emocionante, muy emocionante. Nunca voy a olvidar esa llegada!! Ya cuando mi madre llegó, ahí mismo en el aeropuerto, había una multitud esperándola y apenas alcanzó a hacer una declaración. Pero durante todo el recorrido hubo miles y miles de personas vitoreándola… ¡Tencha estaba sorprendidísima! Fue, de verdad, muy impactante, muy, muy bonito. En los días posteriores a ese inolvidable 23 de septiembre de su arribo -faltaba muy poco para el Plebiscito- pocas cosas pudo hacer Tencha, lo mínimo, conversaba con gente que se acercaba a saludarla en la calle, sí, pero no hubo ningún acto público al que ella asistiera porque no nos pareció prudente.

¿Cómo se produjo su integración a la política contingente?

Para ser muy sincera, Ricardo Lagos Escobar me había hablado sobre la posibilidad de ser candidata a senadora por Valparaíso. Iba a ser muy bonito y a mí me entusiasmaba la idea porque mi padre nació en Valparaíso y fue senador por esa región, lo que me parecía una gran coincidencia. Pero yo había estado fuera de Chile 15 años y, además, cuando llegué, también estaba de candidata Laura Soto, una abogada y gran luchadora por los derechos humanos. Entonces me pareció ingrato entrar a competir con ella habiendo estado fuera tantos años y, definitivamente, decidí no ir a esa competencia por Valparaíso. También se manejó la posibilidad de buscar otra alternativa pero, al final, creo que lo mejor fue manejarlo con la debida prudencia y dejar pasar el primer período electoral.

Lo que me permitió abocarme a otra tema fundamental para mi: la creación y organización de la Fundación Salvador Allende. Era poder dar mis primeros pasos, en Chile, en temas esenciales. De hecho, y ya que con el gobierno de Patricio Aylwin instalado, se me entregó la responsabilidad de organizar el funeral de Salvador Allende. Pude hacerlo gracias al apoyo permanente de Enrique Correa, en ese entonces Ministro Secretario General de Gobierno. Se trataba de trasladar sus restos desde el cementerio Santa Inés, en Viña del Mar, hasta a Santiago, donde se realizarían sus exequias de forma pública y masiva. Fue un tremendo trabajo previo el que hicimos junto a Jorge Colvin, quien diseñó el Mausoleo de Salvador Allende en el Cementerio General. Hubo que decidir el dónde, el cómo, con qué diseño, todo! Entonces, me aboqué a ello y hoy sé que fue lo mejor. Del mismo modo, un año después hicimos la primera exposición del Museo de la Solidaridad, en el Museo de Bellas Artes, comenzando a traer los cuadros que estaban afuera. Fue una tarea muy intensa realizada no desde el ámbito parlamentario y hoy, mirándolo así, creo que fue una buena decisión.

¿Ha logrado integrar, en su carrera política, lo que representó el 5 de octubre de 1988, habida cuenta que ha sido elegida para ocupar los más altos cargos en el Partido Socialista, en la Cámara de Diputados y en el Senado de la República?

Haber tenido la posibilidad de ganar el Plebiscito abrió esta transición que significó que un año después tuvimos elecciones, y que yo me aboqué a lo antes dicho, pero al siguiente período electoral el Partido Socialista, mi partido, me postuló y logré llegar a la Cámara de Diputados. Como es sabido, fui reelegida por tres períodos más. En tal condición, fui elegida como la segunda mujer que presidió la Cámara de Diputados, el año 2003. Eso en un doble rol, porque junto con ocupar ese cargo, conmemoramos los 30 años del Golpe, algo que como Fundación Salvador Allende trabajamos intensamente, primero cuando se cumplieron los 25 años y después a los 30; también para el Centenario del Natalicio del Chicho, el 2008. Teníamos, además, la solidaridad de los gobiernos socialistas de España, con Felipe González, como también de Francia, Suecia y otros, además de siempre agradecer todo el apoyo internacional que nos dieron por tanto tiempo. Créame, fueron años muy intensos. Todo aquello implicó desplegar mucha actividad, pues resultaba fundamental para nosotros conmemorar esas fechas. Aquellos hitos nos marcaron y en cada uno de ellos siempre vi los múltiples significados del triunfo del NO en el plebiscito de 1988.

Llegar a la Presidencia del Senado fue una tremenda distinción! He tenido el honor de ser, hasta ahora, la única mujer que ha ocupado ese cargo en la historia republicana de nuestro país. Y, en tal condición, haberle puesto después la banda tricolor a la Presidenta Michelle Bachelet, en marzo del 2014, cuando ganó en su segundo período, fue de veras un orgullo!

Todo esto se logró gracias a un 5 de octubre, que permitió abrir el camino hacia la democracia, en una transición con sus luces y sus sombras. Por supuesto que fuimos avanzando en recuperar derechos y libertades, pero también hay que reconocer que fue bastante duro, no solo por el modelo neoliberal implantado y la pobreza que generó, sino también en términos de la justicia y los derechos humanos, con las negaciones y obstrucciones. La imposibilidad para los familiares de las víctimas de encontrar a los detenidos-desparecidos; la conducta inicial de la Corte Suprema; como la propia negación por parte de la derecha de los hechos ocurridos. Este ha sido un proceso que ha tomado largos años, y creo que en ese sentido fue decisiva la detención de Pinochet en Londres el 16 de octubre de 1998. A mi juicio, eso marcó un antes y un después -recordemos que se cumplieron 20 años de aquello- porque ahí la gente entendió que esto no había sido “un exceso” de los militares, sino una política de Estado, hecha por agentes del Estado y pagada por éste, donde el principal responsable era Pinochet, junto a la Dina, la CNI y todos los organismos represores de la dictadura.

Hay quienes afirman que fueron las grandes movilizaciones sociales las que provocaron, a la larga, la derrota de la dictadura. Otros, por el contrario, sostienen que sin los acuerdos políticos (“cupulares” los llaman), no habría sido posible que Pinochet aceptara un plebiscito con reglas claras y control cívico. ¿Cuál es su opinión?

Obviamente creo que son las dos cosas. Hubo muchísimas movilizaciones y por eso el 5 de octubre no le pertenece a nadie, sino que a ese pueblo que fue capaz de movilizarse, con manifestaciones cada vez más importantes, también los acuerdo políticos, claro, y la tremenda unidad que se fue generando, junto al pueblo que fue capaz de sacudirse el miedo y tomar la decisión e ir a inscribirse. Hay que decir que la determinación de los partidos políticos de oposición a la dictadura que participaron del acto electoral mismo, organizaron aquel certero cómputo paralelo, porque no había ninguna garantía que se respetaran los resultados, tal como estuvo a punto de suceder con Pinochet. Bueno, todo eso fue la conjunción de una movilización para ir a votar, de un gran acuerdo en el que los partidos trabajaron arduamente hacia un mismo objetivo: dar plena garantía que ese día se podría ejercer la participación de todos los ciudadanos que se habían inscrito, garantizar que pudieron votar, así como garantizar el conteo paralelo de los votos. Esto fue absolutamente decisivo porque sabemos lo que pasó, sabemos del intento de negar los resultados, los datos mínimos de Cardemil -historia muy conocida- hasta que el general Fernando Matthei, pese a ser miembro de la Junta de Gobierno, reconoció que había triunfado el NO. Con su actitud –y la de los demás miembros de la Junta- a Pinochet no le quedó más que aceptar la victoria de la opción NO lo que desató definitivamente la alegría desbordante de la gente.

Fue y ha sido una transición larga, con las complejidades que ello implica. Pero por otro lado, una tiene que decir que gracias a esa transición y a esa unidad tan amplia de la centro izquierda es que este país comenzó a caminar hacia la democracia. Con lentitud, es cierto, pero también hemos caminado hacia la búsqueda de verdad, justicia y reparación. Y eso es lo que ha permitido la estabilidad política que hemos logrado.

El resto son batallas que aún hay que seguir dando para dejar atrás las expresiones más extremas del modelo neoliberal y recuperar las políticas públicas con un rol más activo del Estado. Debemos avanzar hacia otro modelo de desarrollo, con una distribución más igualitaria, con equidad de género y respeto por el medio ambiente, entre otros grandes temas. Hoy tenemos muchos nuevos desafíos que están pendientes y en los cuales hay que seguir trabajando.

Si su padre, el Presidente Salvador Allende, hubiera podido participar del proceso de retorno a la democracia, ¿cuál habría sido su decisión política, cómo cree Ud. que él hubiese actuado ante el modelo neoliberal instalado por la derecha y la dictadura militar?

Lo primero que él habría hecho hubiera sido apoyar todo lo que fueron los diálogos y las conversaciones en busca del consenso para generar así la más amplia oposición, porque obviamente esa era su manera de mirar la política. Y él lo único que habría querido hubiera sido evitar más violencia de la que había habido durante los 17 años de dictadura.

Todo esto, obviamente, es especulativo. Porque si hay algo de lo que mi padre estaba seguro y que tenía claro, es que su rol y su papel era permanecer en La Moneda ese 11 de septiembre de 1973. Por lo tanto, él no habría hecho otra cosa sino lo que hizo. Pero políticamente hablando, él habría apoyado todo lo que hizo posible avanzar hacia una transición a la democracia y terminar con la dictadura militar. Todo lo que significaba también iniciar un proceso como el que efectivamente se vivió, expresado en un período de cuatro gobiernos de la Concertación -Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet- que llevaron a cabo políticas públicas exitosas, como la disminución de la pobreza y la generación de mejores condiciones de vida para toda la ciudadanía, en un país que prácticamente ostentaba un 38% de personas en situación de pobreza. Creo que esa era una de las primerísimas batallas que había que dar, y estoy segura que mi padre hubiera acompañado ese proceso. En resumen, Salvador Allende siempre habría estado disponible para el acuerdo más amplio que permitiera recuperar la democracia y transitar hacía un nueva realidad en Chile.

(Colaboración: Berni Cancino).