viernes, julio 24, 2026
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El Universo de la Cantina Nueva Esperanza

“El regreso de “Torito” Callulaf y otros relatos provincianos”, de Jaime Huenún, LOM ediciones, junio 2026.

Escribo desde una comuna cordillerana de Santiago, el sábado 18 de julio de 2026. La prensa informa sobre el frente de mal tiempo en casi todo el país, y los periodistas de la televisión realizan sus despachos desde distintos lugares de nuestra geografía, destacando -con escondido placer- los destrozos que dejan ríos y canales desbordados, junto con las lluvias intensas que parecen no amainar.

Después de encender la estufa a gas y arrullarme en el sofá que mi mujer ha prometido reemplazar porque ocupa mucho espacio en el living, leo “El regreso de “Torito” Callulaf y otros relatos provincianos”, de Jaime Huenún, publicado recientemente por LOM ediciones.

El libro contiene dieciséis cuentos extraordinariamente logrados, que nos muestran momentos de la vida de personajes que convergen en la Cantina Esperanza, de un barrio pobre de la ciudad de Osorno, en las últimas décadas del siglo pasado, en el corazón de la zona mapuche-huilliche, del sur de nuestro país.

En aquel universo, entre la lluvia, el barro, el alcohol y la marginalidad, la humanidad se expresa -la mayoría de las veces- con recurrente violencia. De ello da cuenta el relato “La Perra”, donde la abuela del narrador se ve obligada a sacrificar a una perra ante la imposibilidad de detener a los perros machos que la acechan. A diferencia de lo que ocurre en un cuento tradicional, la narración finaliza al comienzo y no al final del relato: “A eso de las seis de la tarde mi abuela ahorcó a la perra”, nos dice el narrador en la primera frase. Para rematar en la tercera línea: “La perra se sacudía en el aire, colgada del manzano, con la lengua afuera y los ojos llenos de lágrimas”. Y después, el narrador, sabiendo que ya nos ha acertado una estocada certera -como lectores, claro está-, nos cuenta los detalles que llevaron al “desenlace inicial”. Escrito con un lenguaje breve, macizo y certero, la narración consigue embaucarnos.

Pero en este mundo de violencia y marginalidad que nos presenta Huenún, también hay espacio para el amor, según se expresa en el cuento “El amor inolvidable del “Biónico” Zapata”, cuyo desenlace nos sorprende. El relato comienza con una frase poética. Huenún, qué duda cabe, lo es a cabalidad: “El amor, dicen, sopla donde quiere y aquellos que pueden le siguen la corriente”.

El “Biónico” Zapata es un obrero mecánico, sin grandes luces. “Le decían “el Ojo Biónico” porque en una cruenta pelea de juventud un cuchillero enemigo le había volado de un certero puntazo el ojo derecho”. Y luego continúa el relato: “Para cubrir la cuenca vacía, los oculistas voluntarios del Club de Leones le instalaban cada seis meses un ojo de vidrio, siempre de un color distinto. A él le gustaba que le pusieran ojos zarcos porque, según su opinión, ese color volvía locas a las mujeres y hacía juego con su piel blanca y su pelo colorín”.

El “Biónico” Zapata llevaba una vida miserable, conviviendo con una esposa malhumorada y con sus hijos en un espacio donde era difícil distinguir entre la casa y el taller. El mecánico viajaba regularmente a Santiago a comprar repuestos para su oficio; y es allí donde encontrará el amor. En el pueblo, donde las habladurías corren paralelas a las grandes verdades, se comentará que el personaje, junto con proveerse de insumos para su oficio, frecuenta, con sus amigos de la gran ciudad, lugares de dudosa reputación. Precisamente, en uno de esos lugares se enamorará de una mujer de la noche.

El mecánico regresará al pueblo, venderá todas sus posesiones, se despedirá de sus hijos -dejándoles algo de dinero- y regresará definitivamente a la capital para nunca más regresar al pueblo: “Dicen que antes de partir, el Biónico Zapata lloró largamente ante sus hijos y que a cada uno le entregó un manojo de billetes y una medallita de níquel de la Virgen de la Candelaria, de la cual era devoto. Los abrazó diciéndoles que muy pronto estaría de regreso con más dinero y bonitos regalos para todos. Sin embargo, después de tanta promesa llorada y juramentada, nunca más volvió”.

Nuestro personaje se había enamorado, pero no de un amor cualquiera. El narrador omnisciente nos cuenta los detalles de la noche en que el “Biónico” encontró el amor: “La noche pasó en un santiamén, y al despertar, el Biónico descubrió que sus parientes, sus amigos, la calentura y el alcohol le habían gastado la peor de las bromas posibles. Marisa, a pesar de su trasero y sus pechos esplendorosos, a pesar de su cabello de estrella de cine, a pesar de su piel suave y blanca y de su rostro y voz de niña pícara, se llamaba en verdad Rafael”.

El poeta-narrador o el narrador-poeta, Jaime Huenún, a través de las páginas del espléndido libro que comentamos, no sólo nos habla de lluvia, pobreza y alcohol en ese pequeño universo de la Cantina Nueva Esperanza. También nos habla de política y reivindicaciones del pueblo mapuche. Eso es precisamente lo que encontramos en el cuento “La estatua deseada”, donde un campesino viaja eternamente desde San Juan de la Costa a Santiago, cual Sísifo huilliche, a pedirles a las autoridades de turno que hagan una estatua del Toki Lautaro, y la instalen en la plaza de armas de la capital, donde hoy se encuentra el monumento a Pedro de Valdivia. La petición, que había sido hecha por primera vez a Salvador Allende el año 1972, se transformará en su razón de existir.

En el mismo sentido del cuento anterior, “El regreso de Torito Callulaf”, es un relato que impacta, entre otras cosas, por su inesperado desenlace. Un activista que años atrás había compartido con el narrador la resistencia contra la Dictadura Militar, es identificado por el segundo en las noticias de la televisión, detenido no por su activismo sino por su condición de proxeneta. La información señala que organizaba encuentros sexuales entre niñas de un hogar de menores y oficinistas de la zona.

Es difícil hablar de preferencias después de la lectura de los cuentos de Jaime Huenún, a mi juicio, extraordinariamente bien escritos y subyugantes. Sobre todo, respecto de aquellos que hablan de perfiles humanos, rostros impenetrables, como los descritos en los cuentos “Hacha” y “Pantera”.

Domingo 19 de julio de 2026. Los pronósticos señalan que lejos de amainar, el temporal seguirá azotando gran parte de la geografía de nuestro país. Para Santiago, también se pronostican bajas temperaturas y nuevas lluvias. Al despertar en la mañana no paso por la cocina por un café. Voy directamente al sillón que mi mujer ha prometido reemplazar porque ocupa mucho espacio en el living, y, ahí, mientras me acomodo entre los mullidos cojines, cojo nuevamente el libro “El regreso de “Torito” Callulaf y otros relatos provincianos”, de Jaime Huenún. Es temprano y podré releerlo muchas veces durante el día.