Inicio Nacional Entrevistas Tomás Volenski, presidente de la Juventud Socialista: “Si nos intentan arrebatar el...

Tomás Volenski, presidente de la Juventud Socialista: “Si nos intentan arrebatar el futuro, vamos a hacer todo a nuestro alcance para impedirlo”

Tras imponerse con amplio respaldo en las elecciones internas de agosto, Tomás VolenskiPierattini asumió recientemente la presidencia nacional de la Juventud Socialista de Chile, organización juvenil vinculada al Partido Socialista. Psicólogo, exdirigente estudiantil y excandidato a concejal por La Reina, el nuevo timonel aborda los desafíos de las nuevas generaciones frente al Gobierno de José Antonio Kast, los recortes presupuestarios, el desempleo juvenil y la salud mental. Además, proyecta el papel de la JS en el movimiento estudiantil, el mundo sindical y la renovación de las fuerzas progresistas.

La Juventud Socialista de Chile, organización juvenil del Partido Socialista, inicia una nueva etapa bajo la conducción de Tomás Volenski Pierattini. Psicólogo de profesión, de 28 años e integrante de la colectividad desde 2018, el nuevo presidente nacional llega a la conducción de la JS después de una trayectoria que comenzó en el movimiento estudiantil de la Universidad Adolfo Ibáñez y continuó en la organización comunal de La Reina, donde fue secretario político y, posteriormente, presidente de la Juventud Socialista.

Su llegada se produce en un escenario político marcado por el inicio del Gobierno de José Antonio Kast y las tensiones en torno al financiamiento de las políticas sociales, la educación pública y las oportunidades laborales para las nuevas generaciones.

En sus primeras semanas al frente de la organización, Volenski plantea que la Juventud Socialista debe fortalecer su presencia territorial, profundizar la articulación con el movimiento estudiantil y sindical, y construir una oposición capaz de defender los derechos sociales, pero también de elaborar propuestas para el país.

En conversación con Página19.cl, aborda estos desafíos y entrega su mirada sobre el momento que atraviesa la juventud chilena.

—El Gobierno ha confirmado una serie de recortes presupuestarios que tendrán consecuencias en distintas políticas públicas. ¿Cuál es el diagnóstico de la Juventud Socialista y qué áreas consideran especialmente sensibles para las nuevas generaciones?

—Tenemos un diagnóstico bastante desesperanzador. Todo parte de la base de que el presidente y quienes lo acompañan gobiernan desde una lógica profundamente antiestatal. Desde ahí se entiende que hayan comprado con tanta facilidad el discurso de la motosierra de Milei y que crean que hay que recortar todo lo posible para hacer más eficiente el aparato estatal.

Yo creo que todos queremos que el Estado sea más eficiente, porque eso significa que funcione mejor, pero no de esta manera. Recortar beneficios sociales no implica que las cosas vayan a funcionar mejor simplemente porque se gasta menos. Todo lo contrario: creo que están equivocados y que, en vez de encontrar eficiencia, van a encontrarse con un descontento social que no entienden y que probablemente tampoco van a comprender.

Las consecuencias para las nuevas generaciones se traducen básicamente en menos oportunidades. Desde las medidas que afectan a las municipalidades que cuentan con menos recursos hasta programas como el Yo Elijo Mi PC, estamos viendo cómo se debilitan herramientas que permiten mejorar las condiciones de vida de las personas.

Se termina recortando precisamente para quienes menos tienen y más necesitan del aparato estatal, mientras se beneficia a los sectores que concentran mayores recursos. Esa es una visión muy preocupante para el futuro de los jóvenes.

—Otra problemática que se ha ido consolidando es el desempleo. En el caso de las nuevas generaciones también aparece el fenómeno de los llamados jóvenes «ninis», que no estudian ni trabajan. ¿Cómo observan esta realidad y qué consecuencias puede tener para la juventud?

—Repercute muy fuertemente. En algún momento, durante los gobiernos de la Concertación y posteriormente de la Nueva Mayoría, se incentivó que los jóvenes pudieran estudiar, acceder a una profesión, trabajar y transformar sus condiciones materiales y espirituales de vida.

Hoy está sucediendo que muchos terminan sus carreras y se encuentran con una pregunta muy concreta: ¿qué pasa después? No tenemos primera pega y cuesta muchísimo encontrarla.

Para nosotros el desempleo juvenil es un tema fuertísimo. Nos preocupa especialmente lo que puede ocurrir con la informalidad, la desprotección y la precarización laboral, en un momento en que, además, estamos atravesando una transición vinculada a lo que llamamos la revolución digital.

Estamos en una especie de limbo. Mucha gente que votó por este Gobierno creyó en sus promesas y hoy puede sentirse defraudada. Durante la campaña se responsabilizó de los problemas del país a medidas como las 40 horas o la reforma previsional, con lo que tengo un desacuerdo profundo, porque se deja de considerar una visión integral de la sociedad.

Las 40 horas no tienen solamente un impacto en la producción o en la economía. También influyen en la calidad de vida, en el tiempo de ocio y en la posibilidad de compartir con la familia. El Gobierno, desde esta visión miope, cree que el sector privado puede solucionar más problemas, pero históricamente eso no ha sido así para las personas que necesitan servicios y no siempre pueden pagarlos.

—El desempleo, la incertidumbre y la falta de oportunidades también pueden repercutir en la salud mental. La JS ha impulsado campañas relacionadas con la prevención del suicidio. ¿Cómo entienden esta problemática y qué responsabilidad le corresponde al Estado?

—Creo que existe un problema cultural con la salud mental que no hemos podido revertir. Hay una percepción equivocada que va más allá de los gobiernos, de las izquierdas o las derechas: se relaciona muchas veces la vulnerabilidad, la debilidad o el sentirse sobrepasado con una incapacidad personal.

Yo soy profesional de la salud mental y siempre que puedo intento desmitificar esas ideas. Para los jóvenes, especialmente para quienes tienen menos oportunidades, la situación es muy difícil. Hay personas que terminan sus estudios, incluso endeudándose, y después no encuentran trabajo. Eso genera una desesperanza constante.

También está lo que ocurre con la gratuidad, cuyos fondos están siendo reducidos en términos reales. Es una política pública impulsada durante el Gobierno de Michelle Bachelet que permitió que jóvenes que nunca pensaron que tendrían esa posibilidad pudieran acceder a la educación superior.

Pero también existe un problema con la alienación. Desde nuestra base teórica, entendemos la alienación como esa sensación de que tu vida ya no te pertenece y que no eres más que una máquina del sistema, obligada a responder a todas las exigencias que te impone la vida.

Desde una visión materialista, las condiciones materiales son importantes, pero el ser humano tiene potencialidades mucho mayores en dimensiones espirituales y en su capacidad de desarrollarse en distintos ámbitos.

Cuando los jóvenes sienten que no tienen nada que ofrecer y que solamente son una pieza más del sistema, la vida deja de pertenecerles. Eso está plenamente vinculado con la salud mental. Nosotros hacemos esta reflexión desde el socialismo porque también es parte de lo que vivimos.

—El pasado 18 de octubre se desarrolló una movilización que reunió a distintos sectores sociales, en una fecha que sigue generando distintas interpretaciones a siete años del estallido social. ¿Cómo evalúan ese proceso y qué lectura hacen de las demandas que siguen presentes?

—El 18 de octubre ha sido difícil de interpretar y teorizar porque existen muchísimas lecturas sobre lo que ocurrió. Carlos Peña, en algún momento, planteó que no fue un movimiento organizado, y yo parcialmente estoy de acuerdo con esa interpretación. Me refiero a la movilización social, no a los hechos delictuales ni a los saqueos. Hablo de las personas que salieron a las calles ejerciendo legítimamente su derecho a manifestarse. La del 25 de octubre fue la marcha más grande.

Obviamente hubo sectores que se aprovecharon de lo que ocurrió, con hechos terribles como la delincuencia y los saqueos. Pero muchas veces se utiliza eso para dejar de lado lo que significó llegar a ese punto: el gran malestar social que se había acumulado.

Ese malestar sigue presente y se expresa todos los días en la alienación, en la desesperanza, en el encarecimiento de la vida y en las dificultades materiales y espirituales que enfrenta la población.

Lo observamos con mucha preocupación. Cuando existe indolencia por parte de los gobiernos, particularmente de este, y comienzan tan rápidamente a manifestarse recortes que afectan a quienes más necesitan de las políticas públicas, lo único que se consigue es incubar un mayor descontento social.

—En ese escenario, ¿cómo proyectan el trabajo de la Juventud Socialista con las organizaciones estudiantiles, las federaciones universitarias y el mundo de los trabajadores? ¿Qué papel quieren desempeñar en esos espacios?

—Estamos viviendo algo bien interesante, que es la reactivación de la articulación con la FECh y con el mundo de los trabajadores. No solamente con la CUT, donde tenemos grandes representantes que tienen mucho que decir.

También tenemos presencia en espacios de representación estudiantil. Hace muy poquito fue electa Sofía Espíndola como presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Alberto Hurtado. Ella también cumple un rol dentro de la Confech. Antes estaba el compañero Santiago Pimentel, por darte un ejemplo.

Ahora vienen elecciones en Concepción y Talca, donde tenemos que ver cómo nos va y seguir disputando estos espacios de representación.

—¿Cuentan con equipos preparados para participar en esas disputas y fortalecer la presencia de la JS en el movimiento estudiantil?

—Hay cuadros disponibles y preparados. Pero yo insistiría en el fondo de esto, porque la disposición de la Juventud Socialista existe. Tenemos orgánicas que están permanentemente preocupadas de estos espacios y compañeros que realizan un muy buen trabajo de articulación de norte a sur, transfiriendo recursos, capital humano, información y contactos.

Nunca tenemos que perder de vista por qué existe esta articulación. Hoy se están reduciendo los fondos de la gratuidad universitaria en un 2,35%, lo que es gravísimo. Con la presidenta Bachelet, jóvenes que nunca pensaron que podrían acceder a la educación superior lograron hacerlo.

En la JS tenemos estructuras tanto en la educación secundaria como superior. Nuestro vicepresidente, que tiene la responsabilidad de educación, está muy preocupado de esta articulación entre el mundo social, político y de los trabajadores.

Además, tenemos instancias como el Encuentro Nacional de Educación, donde periódicamente actualizamos nuestra estrategia y visión sobre esta materia. A partir de esos resultados coordinamos alianzas con los distintos espacios de oposición, no solamente políticos, sino también sociales.

Esto es muy importante porque a veces en la política nos ensimismamos demasiado. Creo que uno de los grandes dolores que dejó el 18 de octubre fue precisamente cómo se comportaba la clase política, dejando de mirar hacia afuera y concentrándose en sus disputas internas, en lugar de representar las causas de las grandes mayorías.

—Tomando en cuenta ese despliegue territorial y estudiantil, ¿cuál es actualmente la dimensión de la Juventud Socialista y cómo esperan relacionarse con la dirección nacional del Partido Socialista y sus representantes parlamentarios?

—Es súper interesante lo que ha pasado con la JS. Hemos tenido un aumento bastante exponencial durante los últimos seis años. Somos aproximadamente seis mil militantes y estamos organizados de norte a sur, desde Arica y Parinacota hasta Magallanes y la Antártica Chilena.

Tenemos jóvenes que se sienten más cómodos militando en sus comunales, porque ahí pueden conocer directamente las realidades de sus territorios y aportar desde ellas. Hay compañeros que han realizado un trabajo excelente, por ejemplo, instalando comedores sociales y ollas comunes.

Respecto de nuestra relación con la mesa del partido, es muy cercana. Estamos en un periodo de instalación, pero nos han dado todas las facilidades para trabajar. También han sido muy propositivos al invitarnos a colaborar en distintas materias, como educación.

Algo que valoro especialmente es el respeto por la autonomía orgánica que debe tener una juventud política. Se entiende que no podemos depender permanentemente de las estructuras superiores. Se respeta la reflexión de la juventud y no se nos baja una línea, como se dice.

También he sostenido conversaciones con parlamentarios sobre temas de salud, especialmente salud mental, que me importa muchísimo. Ellos, desde su experiencia legislativa y territorial, han puesto sus conocimientos a disposición para ayudarnos a desarrollar nuestro programa.

—Para cerrar, pensando en los próximos desafíos electorales y en la renovación del Partido Socialista, ¿cómo esperan proyectar el liderazgo que tienen en distintas comunas y universidades? ¿Buscarán impulsar candidaturas jóvenes?

—Por supuesto. Nos vamos a movilizar para generar acciones que permitan contar con un grupo importante de candidatos jóvenes. Yo mismo fui candidato anteriormente, pero ahora tenemos que llevar muchos más.

Esto responde a dos cosas. Primero, a la renovación del partido, que no pasa solamente por tener caras nuevas o gente más joven, sino también por incorporar ideas nuevas que mantengan la esencia del socialismo, pero que entiendan el mundo que se viene.

Y, por otra parte, está la necesidad de renovar la política y comprender sus nuevas claves, la importancia de las redes sociales y su dinamismo. Nosotros queremos impulsar muchas candidaturas y estamos mandatados por nuestro Consejo General para hacerlo de cara a 2028.

Pero, además, de ser una oposición muy firme y consistente, tenemos que ser propositivos. Si intentan arrebatarnos el futuro, vamos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para impedirlo.

Tenemos que hablar de las dificultades del desempleo juvenil y de cómo superarlas, promover la salud mental, hablar de salud pública y entender que la salud mental no puede ser solamente una herramienta a la que recurrimos cuando estamos al borde del colapso, sino también una forma de vida.

Nuestra historia, nuestras costumbres y nuestra doctrina nos han enseñado que no basta con decir que no a todo y dedicarnos solamente a criticar. El socialismo tiene mucho que ofrecer desde la proposición y desde el humanismo.

No me gustaría, por ningún motivo, que nos convirtiéramos en lo que fue el candidato José Antonio Kast, que hacía pebre todo diciendo que ellos podían hacerlo siempre mejor, proponiendo recetas de supermercado que finalmente no funcionan y que terminan traduciéndose básicamente en mentirle a la gente.

 

 

 

 

 

 

SIN COMENTARIOS

Salir de la versión móvil