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Día Internacional de Concienciación sobre el Virus del Papiloma Humano ¿Te corresponde la vacuna contra el VPH?

Foto de Mufid Majnun en Unsplash

El Virus Papiloma Humano (VPH) es una familia de virus y existen más de 100 cepas. Algunas pueden provocar la aparición de verrugas y condilomas (verrugas genitales), mientras que otras están asociadas al desarrollo de distintos tipos de cáncer, como cáncer cérvico uterino, cáncer anal, de pene, orofaríngeo, de vagina, entre otros.

Es relevante recordar que este virus puede afectar a todas las personas que tienen prácticas sexuales en algún momento de su vida, lo que puede provocar síntomas, mientras que, en otras personas, es controlado por el sistema inmune hasta hacerlo desaparecer.

La transmisión del VPH ocurre principalmente a través del contacto sexual, ya sea vaginal, anal u oral, así como también por el contacto de piel con piel y/o con las mucosas.

Ahora que ya sabemos qué es el VPH, sus vías de transmisión y las formas en que se manifiesta, conversamos con APROFA, organización experta en salud sexual y reproductiva, para conocer las principales medidas de prevención.

Según la enfermera-matrona experta en salud sexual y reproductiva de APROFA, Fernanda Cabrera, la prevención del VPH se basa en tres pilares fundamentales: el uso de métodos de barrera, hábitos de vida y la vacunación.

Métodos de barrera

“Para prevenir la adquisición del VPH, es fundamental que todas las personas, hombres y/o personas con pene, así como mujeres y/o personas con vulva, conozcan y utilicen las alternativas disponibles de métodos de barrera”, señala Cabrera. Para este punto toma relevancia la Educación Integral de la Sexualidad (EIS o ESI) la que considera la entrega de información basada en la evidencia actualizada y acorde a la etapa del ciclo vital de las personas, con ello es importante que como país podamos avanzar hacia una política que logre incluirla en los diversos espacios.

Incorporar el uso de barreras en todas las prácticas sexuales resultará fundamental. Entre ellas se encuentran el condón externo (de pene), el condón interno (de vagina), los dediles, las máscaras o barreras orales y las barreras de látex. Utilizados de manera correcta, estos métodos disminuyen o eliminan el riesgo de adquirir Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), incluido el VIH y el VPH.

Hábitos de vida

La mayoría de la población elimina naturalmente el VPH durante el primer año de infección. Un sistema inmune fortalecido, sin duda será un aporte al momento de prevenir la infección persistente de este virus. Llevar una dieta equilibrada, realizar actividad física de manera rutinaria y frecuente, reducir estímulos estresantes, entre otros, nos ayudarán a que nuestro sistema inmune logre eliminar el VPH. Por otro lado, el tabaquismo es un factor que se ha correlacionado de manera positiva con la persistencia del virus VPH y al menos el cáncer cervicouterino, por lo que los hábitos de vida son un elemento a considerar a la hora de prevenir.

Vacuna contra el VPH

Otra medida clave es la vacunación contra el VPH. Al respecto, Cabrera explica cuáles son las edades recomendadas para vacunarse y los establecimientos asistenciales donde se puede acceder a la inoculación.

  • Niñas y niños cursando 4° básico: A partir de 2024, el Ministerio de Salud incorporó a la estrategia de vacunación escolar contra el VPH la vacuna nonavalente (nombre comercial Gardasil 9), la protege contra 9 tipos de VPH (6, 11, 16, 18, 31, 33, 45, 52 y 58), los que son responsables de la mayor incidencia de casos asociados a cáncer genital. lo que permitió modificar el esquema de vacuna, pasando de 2 dosis (la primera en 4° básico y la segunda en 5° básico), a solo una para todos los niños y niñas que cursan 4° básico desde los 9 años. Esta medida forma parte del calendario de inmunizaciones, por lo que su administración es obligatoria y gratuita para las niñas y niños de este grupo objetivo.
  • Escolares que cursan entre 5° y 8° básico que no han iniciado esquema de vacunación o cuentan con esquema incompleto:Deben asistir con sus padres, apoderados o tutores a los vacunatorios públicos o privados en convenio para recibir la dosis pendiente que le corresponda.
  • Mujeres que el año 2014 tenían 9 años o cursaban 4° básico (nacidas en el año 2005), y que no hayan recibido la vacuna contra el VPH o no cuenten con el esquema completo de 2 dosis:Pueden acceder gratuitamente a la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) tetravalente en cualquier vacunatorio público o privado en convenio con el Ministerio de Salud para completar su vacunación.  La edad máxima para recibir la vacuna es hasta los 21 años, 11 meses y 29 días. Lo anterior, es parte de la estrategia de “puesta al día”, vigente hasta el 26 de marzo de 2026.
  • Otras personas que no han recibido la vacuna: Si no recibiste la vacuna durante los anteriores periodos mencionados, te recomendamos consultar con tu médica ginecóloga para saber si cumples los requisitos para la vacuna.

¿Tienes la vacuna y no sabes dónde colocártela?

La sede de APROFA Providencia (Román Díaz, 445) ofrece la administración de la vacuna contra el VPH. La inyección será aplicada únicamente a quienes lleven su vacuna Gardasil y esta debe administrarse dentro de un plazo máximo de una hora desde la compra, resguardando adecuadamente la cadena de frío.

El valor del procedimiento es de $5.000 y no se requiere agendar hora previamente, basta con asistir directamente los lunes, martes, jueves y viernes, entre las 09:00 y 14:00 horas, y de 15:00 a 16:30 horas.

Tras la aplicación, se solicita permanecer 15 minutos en observación, en caso de presentar alguna reacción adversa, por lo que se recomienda acudir con tiempo suficiente.

Congreso da luz verde: Avanza proyecto de aborto hasta las 14 semanas en Comisión de Salud de la Cámara

La Comisión de Salud de la Cámara de Diputadas y Diputados de Chile aprobó en general el proyecto de ley que permite la interrupción voluntaria del embarazo hasta las 14 semanas de gestación.

Este proyecto busca ampliar el marco normativo vigente en Chile —que actualmente solo permite la interrupción del embarazo en tres causales— estableciendo el derecho a decidir dentro de las primeras 14 semanas de gestación, bajo condiciones reguladas por el sistema de salud.

Entre sus principales contenidos, la propuesta mantiene las normas de objeción de conciencia establecidas en la ley chilena, tanto personal como institucional; busca garantizar el acceso a la prestación en el plazo más breve posible, así como el acceso a la información para mujeres y personas gestantes.

Tras la votación, la ministra de la Mujer y la Equidad de Género (s), Claudia Donaire, valoró el respaldo en general del proyecto, haciendo un llamado a resguardar estos avances en el siguiente período legislativo.

“Estamos conformes con el avance que hemos tenido en el Congreso. Siempre uno quiere más, pero sabemos que existen márgenes, especialmente cuando se trata de temas complejos que requieren diálogo y construcción de acuerdos. Como Gobierno vamos entrando en nuestra etapa final, por lo que esperamos que este debate no se cierre ni se vete con el cambio de Gobierno, como ha ocurrido históricamente, porque las mujeres y niñas no pueden seguir esperando. Es por eso que consideramos fundamental darle continuidad a esta iniciativa”, sostuvo la ministra (s).

El proyecto seguirá su discusión en la Comisión de Salud de la Cámara de Diputadas y Diputados de Chile, donde se abrirá el plazo para la presentación de indicaciones por parte de las y los parlamentarios. Tras esa etapa y su eventual despacho, la iniciativa podría pasar a la Comisión de Constitución para continuar con su tramitación legislativa.

República Árabe Saharaui Democrática: análisis jurídico de un proceso de descolonización inconcluso

 

La proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), realizada el 27 de febrero de 1976 por el Frente Popular para la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro (Frente Polisario), se inserta en uno de los procesos de descolonización más prolongados y jurídicamente definidos —aunque políticamente bloqueados— del orden internacional contemporáneo. A cincuenta años de dicho acontecimiento, el Sáhara Occidental continúa constituyendo un caso paradigmático de disociación entre la normatividad del derecho internacional y su aplicación efectiva.

Como ha señalado Antonio Cassese, el derecho de autodeterminación de los pueblos constituye ‘uno de los principios estructurales del derecho internacional posterior a 1945’, cuya vulneración prolongada compromete la coherencia del sistema jurídico internacional en su conjunto. El Sáhara Occidental no representa un conflicto territorial ordinario, sino un supuesto de aplicación directa del derecho de los pueblos a disponer libremente de su destino político, reconocido como norma erga omnes y, para una parte relevante de la doctrina, como norma de ius cogens.

El estatus jurídico del Sáhara Occidental

El Sáhara Occidental permanece inscrito desde 1963 en la lista de Territorios No Autónomos de las Naciones Unidas pendiente de descolonización, quedando sometido al régimen jurídico previsto en los artículos 73 y 74 de la Carta de la ONU.  En virtud de este marco normativo, la potencia administradora asume una obligación jurídica de conducir el territorio hacia el ejercicio efectivo de la autodeterminación.

La Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General consolidó definitivamente la autodeterminación como un derecho jurídico exigible. En palabras de James Crawford, dicha resolución transformó la autodeterminación ‘de una aspiración política en una norma jurídica plenamente operativa’.  En el caso del Sáhara Occidental, la Asamblea General ha reiterado de forma constante que el pueblo saharaui es el único titular legítimo de este derecho, sin que puedan prevalecer reclamaciones territoriales de terceros Estados.

La Opinión Consultiva de la CIJ de 1975

La Opinión Consultiva de la Corte Internacional de Justicia de 16 de octubre de 1975 constituye uno de los pronunciamientos más relevantes en la jurisprudencia sobre autodeterminación. La Corte concluyó que no existían vínculos de soberanía territorial entre el Sáhara Occidental y Marruecos o Mauritania que pudieran afectar a la aplicación del principio de libre determinación. 

Como subraya Alain Pellet, la relevancia jurídica de esta Opinión radica en que la Corte rechazó expresamente la instrumentalización del pasado precolonial como fundamento jurídico para negar la autodeterminación de un pueblo colonial.  La CIJ estableció que el destino político del territorio debía decidirse exclusivamente mediante la expresión libre y auténtica de la voluntad del pueblo saharaui.

La retirada de España y la invalidez de los Acuerdos de Madrid

La retirada de España del Sáhara Occidental en 1976, articulada a través de los denominados Acuerdos de Madrid, plantea serias objeciones desde el punto de vista del derecho internacional. Dichos acuerdos no fueron registrados conforme al artículo 102 de la Carta de la ONU y no produjeron una transferencia válida de soberanía ni de la condición de potencia administradora. 

Tal como ha señalado el Dr. Carlos Ruiz Miguel, los Acuerdos de Madrid ‘carecen de eficacia jurídica internacional y no alteraron el estatus del Sáhara Occidental como territorio pendiente de descolonización’.  Esta interpretación ha sido reiterada por la práctica constante de Naciones Unidas, que ha afirmado que España no podía disponer del territorio sin la previa expresión de la voluntad del pueblo saharaui.

La proclamación de la RASD y la personalidad jurídica internacional

En este contexto, la proclamación de la RASD debe interpretarse como un acto jurídico-político orientado a preservar la titularidad del derecho a la autodeterminación frente a una situación de ocupación de facto. Desde la perspectiva del derecho internacional, la RASD ha desarrollado elementos sustanciales de estatalidad, aunque el ejercicio efectivo de la soberanía se vea limitado por factores externos.

James Crawford ha señalado que, en contextos de descolonización, la falta de control efectivo del territorio no impide necesariamente la consideración de una entidad como Estado cuando dicha carencia es consecuencia de una violación del derecho internacional. La admisión de la RASD como miembro de pleno derecho de la Unión Africana el 22 de febrero de 1982 refuerza su personalidad jurídica internacional, al menos en el plano regional.

Naciones Unidas, MINURSO y la parálisis del referéndum

El alto el fuego el 6 de septiembre de 1991 entre las dos partes en conflicto y la creación La Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) establecida por la Resolución 690 del Consejo de Seguridad de la ONU, el 29 de abril de 1991, de acuerdo con las propuestas de arreglo aceptadas el 30 de agosto de 1988 por Marruecos y el Frente Popular para la Liberación de Saguía el-Hamra y de Río de Oro (Frente POLISARIO). formalizaron un compromiso jurídico internacional orientado a la culminación del proceso de descolonización. Sin embargo, la no celebración del referéndum durante más de tres décadas, por culpa Marruecos ha generado una situación de excepcionalidad jurídica prolongada.

Christine Chinkin ha descrito este fenómeno como una ‘normalización de la ilegalidad a través de la inacción institucional’, particularmente grave cuando se trata de obligaciones relativas a la autodeterminación. Esta situación plantea interrogantes relevantes sobre la responsabilidad internacional de los Estados y de las propias Naciones Unidas.

La jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha introducido una dimensión jurídica especialmente relevante al afirmar que el Sáhara Occidental posee un estatus ‘distinto y separado’ del Reino de Marruecos. El TJUE ha establecido que ningún acuerdo internacional puede aplicarse al territorio o a sus recursos naturales sin el consentimiento del pueblo saharaui.

Como señala Erika de Wet, estas decisiones refuerzan la oponibilidad del derecho de autodeterminación frente a terceros actores y consolidan el principio de soberanía permanente sobre los recursos naturales como norma jurídicamente vinculante. ampliando así el alcance práctico de este derecho en el ámbito de las relaciones económicas internacionales.

Derecho internacional humanitario y derechos humanos

La calificación del Sáhara Occidental como territorio ocupado, como está establecido en la resolución 34/37 de la Asamblea General de la ONU, implica la aplicación del IV Convenio de Ginebra de 1949. Marco Sassòli subraya que las ocupaciones prolongadas generan obligaciones reforzadas de protección de la población civil, cuya vulneración puede comprometer la responsabilidad internacional del Estado ocupante. 

Una de las causas fundamentales de las sistemáticas violaciones de derechos humanos cometidas por el régimen marroquí contra la población civil saharaui en los territorios ocupados del Sahara Occidental, es la ausencia de un mandato específico de derechos humanos para la MINURSO, el cual constituye una anomalía dentro del sistema de operaciones de paz de Naciones Unidas y ha sido objeto de críticas reiteradas por parte de la doctrina especializada. ya que es la única misión de paz, que no está dentro de su mandato, la vigilancia y el monitoreo de los derechos humanos.

Cincuenta años después de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática, el Sáhara Occidental continúa siendo un caso emblemático de incumplimiento estructural del derecho internacional. La claridad normativa del derecho a la autodeterminación contrasta con su falta de efectividad práctica, cuestionando la credibilidad del orden jurídico internacional contemporáneo.

Confirman relevancia internacional de sistema chileno de monitoreo de fauna

En la duodécima celebración del Día Mundial de la Vida Silvestre, CONAF reafirmó la importancia de su Programa Nacional de Fotomonitoreo, líder mundial en cuanto a extensión y territorialidad ejecutado por un organismo público.

Registros nunca antes vistos, como de gatos andinos en el Parque Nacional Radal Siete Tazas (Molina) o de chinchillas andinas en la Reserva Nacional Los Flamencos (San Pedro de Atacama) que amplían las zonas de distribución de tales especies de fauna nativa, son parte de los importantes hallazgos que confirman la relevancia del Programa Nacional de Fotomonitoreo, ejecutado por la Corporación Nacional Forestal (CONAF), que confirma la relevancia internacional del sistema a una década de su implementación.

“Aunque existen redes con mayor volumen absoluto de cámaras y datos, especialmente en China y Estados Unidos, el modelo chileno destaca por su continuidad temporal, cobertura territorial nacional y gobernanza pública: el programa de fotomonitoreo de CONAF reúne alrededor de 2000 cámaras activas en 35 áreas protegidas y una década de registros continuos, conforma la base de datos más extensa y sistemática de fauna silvestre asociada a las áreas protegidas del país”, sostuvo Rodrigo Illesca Rojas, director ejecutivo de CONAF, con ocasión de la celebración de un nuevo Día Mundial de la Vida Silvestre.

La máxima autoridad forestal nacional añadió que a ello, se sumó en 2025 el rol de CONAF como coordinador de la red nacional Snapshot Chile, junto con el Laboratorio de Fauna Silvestre de la Universidad Austral de Chile, inserta en la red colaborativa Snapshot Global. Así, aproximadamente 30 iniciativas de organizaciones no gubernamentales, academia y gestores privados registran fauna bajo estándares metodológicos comparables, que fortalecen la interoperabilidad de datos y posicionan al país como referente regional en el ámbito.

La importancia de contar con fotos y videos de animales registrados con las cámaras trampa (aparatos con sensores de temperatura que graban y registran animales en sus hábitats sin intervención humana) no solo radica en evidenciar cuáles especies nativas viven en las áreas protegidas y sus tendencias poblacionales, sino también en que se pueden descubrir a especies invasoras (visones, jabalíes, por ejemplo) o a perros ferales o abandonados, detectar enfermedades en fauna nativa (sarna en zorros o linfoadenitis caseosa en huemules) o identificar rutas de ingreso de ganado a parques y reservas nacionales o monumentos naturales.

Por lo tanto, “la evidencia acumulada por el Programa Nacional de Fotomonitoreo ha servido para formular y justificar lineamientos y decisiones de política pública, incluyendo la priorización territorial y asignación de recursos para el control de especies invasoras, el diseño de estrategias de manejo de perros en áreas protegidas y su entorno, la definición de estándares y protocolos de vigilancia y monitoreo de biodiversidad. En conjunto, el sistema consolida un ciclo de planificación

implementación-evaluación-ajuste basado en evidencia, que mejora la efectividad y la rendición de cuentas de la gestión de la conservación”, destacó el ingeniero forestal Ignacio Díaz Hormazábal, jefe (I) del Departamento de Gestión de Áreas Protegidas de CONAF.

Respecto a la proyección de trabajo de monitoreo de biodiversidad, Díaz expresó que cuenta con mandato legal bajo la Ley 21600 para la Naturaleza, lo que asegura su continuidad como función permanente del Estado. “En este marco, trabajamos coordinadamente con el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) para consolidar el esquema de financiamiento institucional”, a lo que se sumará el traspaso y financiamiento del sitio web y las plataformas de monitoreo, el fortalecimiento de la infraestructura tecnológica del sistema y la compra masiva de cámaras trampa para reponer equipos.

Cabe señalar que el Día Mundial de la Vida Silvestre fue designado como tal por la Asamblea General de las Naciones Unidas y se celebra cada 3 de marzo, en conmemoración de la firma de la Convención Internacional sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) en 1973. Su finalidad es destacar la importancia de proteger la vida silvestre para las generaciones futuras, pues la conservación de la vida silvestre tiene conexión directa con el bienestar humano.

Gloria Ana Chevesich Ruiz, Presidenta de la Corte Suprema de Justicia, y crisis en el Poder Judicial: “Nos avergüenza”

Crédito foto: Poder Judicial

Reproducimos íntegramente el texto de la autoridad judicial:

“La importancia de la cuenta pública y su contenido

Hago míos los vocativos mencionados por el maestro de ceremonia.

Esta cuenta pública representa una tradición consolidada, cuya relevancia se refleja con la asistencia de las máximas autoridades del país, que en esta ocasión cuenta, también, con la presencia del presidente electo. Les agradecemos su compañía, pues simboliza el carácter permanente de la función jurisdiccional, que trasciende los gobiernos y épocas de nuestra República.

Aunque dotada de solemnidades propias que se han mantenido a lo largo de los años, esta rendición de cuentas ha ido adecuándose a los tiempos, equilibrando la entrega de datos, estadísticas y avances detallados de nuestra gestión, con reflexiones sobre los desafíos de la administración de justicia.

A lo largo de esta intervención abarcaré estas dimensiones, centrándome en cuatro focos esenciales para el Poder Judicial que me he propuesto sean el sello de esta presidencia: la probidad y transparencia, la confianza y credibilidad en la justicia, la oportunidad de la respuesta jurisdiccional y el robustecimiento de los vínculos internos e interinstitucionales.

Desafíos del bienio 2026-2027

Reconocimiento de la crisis y el compromiso para su superación

Hemos atravesado una crisis, eso es indudable. Los acontecimientos ampliamente conocidos que hoy están siendo incluso perseguidos penalmente y que han comprometido la imagen y confianza institucional, son de una gravedad sin precedentes. Nos avergüenza, nos genera conmoción y dolor, lo que resiente en forma especial el ánimo de miles de funcionarios que día a día, con esmero y entrega, son el rostro directo del Poder Judicial frente a una sociedad cuya confianza ha sido defraudada. Comprendemos y empatizamos absolutamente con esos sentimientos.

Así como nadie puede dudar de la enorme gravedad de los hechos conocidos, cuyo impacto aún se encuentra en desarrollo, tampoco se puede desconocer que han operado los mecanismos institucionales para ponerles fin y excluir de la función jurisdiccional a quienes han traicionado los principios básicos de la probidad. Por nuestra parte, tanto en el ámbito disciplinario como ético se pusieron en ejecución los procesos que han contribuido al esclarecimiento de estas situaciones, culminando con la desvinculación de algunos integrantes de la judicatura. En otros casos, fue el Congreso Nacional el que, conociendo de los mismos, adoptó los procedimientos y decisiones propias previstas por la Constitución.

Junto con estas acciones, hemos impulsado diversas medidas para prevenir hechos de esta naturaleza. Una de ellas fue la aprobación del nuevo Código de Ética Judicial, que es claro en relevar la probidad como la conducta intachable, el desempeño honesto y leal de la función, y que la opción por la judicatura es por el servicio público, lo que exige de nosotros, juezas y jueces, subordinar nuestros intereses particulares al bien común. Quien no comprenda esto o no esté dispuesto a asimilarlo debe saber que no tiene, ni puede llegar a tener, un espacio en la judicatura.

A lo anterior se añade la revisión y actualización  de la normativa referente a la integración de las salas y a la regulación de las preferencias para la vista de las causas en la Corte Suprema; la creación de una Sección de Control de Gestión de Causas; y otra de Control de la Gestión Administrativa, ambas en este tribunal. Todo esto, acompañado de numerosas medidas de fiscalización en el ámbito de la contratación pública llevada a efecto por la Corporación Administrativa del Poder Judicial.

Una de las formas más eficaces para prevenir hechos reñidos con la legalidad o la ética, consiste en poner a disposición de la comunidad toda la información que resulte pertinente para transparentar nuestro quehacer.

Nuestra voluntad por avanzar en esta senda se refleja, entre otras medidas, en la creación de la Comisión de Transparencia en el año 2008; la incorporación del Poder Judicial al Portal de Transparencia del Estado en 2013; la implementación de una Agenda Pública amplia en 2019; la decisión, el mismo año, de extender el deber de publicación de la instalación diaria de las salas de las cortes de apelaciones, así como la obligatoriedad de audiencias públicas para el nombramiento en cargos vacantes. Como medida más reciente, se añade el deber de publicación en la página web institucional de las inhabilidades de ministros, fiscales, jueces, abogados integrantes y jueces subrogantes, que por orden de esta presidencia, ha sido reforzada durante el mes pasado.

Además, se encuentra en ejecución el plan “Justicia Abierta”, como parte del compromiso adquirido por el Poder Judicial en el Sexto Plan de Estado Abierto, para profundizar la transparencia, el acceso a la información judicial y la participación ciudadana en el servicio de justicia.

En cuanto a la información de los procesos judiciales, no se puede pasar por alto la Oficina Judicial Virtual -que ya cumple una década- y el Auto Acordado, dictado el año pasado, sobre Acceso a Carpetas Electrónicas Judiciales y Buscador de Jurisprudencia, que refuerzan el principio de publicidad de los procedimientos judiciales y explicita el compromiso del Poder Judicial de poner a disposición de la comunidad sus decisiones, con el debido resguardo de los datos personales.

Todas estas medidas están en plena ejecución. Son acciones, no promesas. Desde luego, seguiremos analizando nuevas mejoras y regulaciones que permitan cerrar brechas a conductas indebidas.

Mejora del estándar ético a nivel sistémico

Si bien nuestras energías se centran en evitar en nuestra institución la repetición de comportamientos indeseables, advierto con optimismo que la conmoción que ha generado la crisis abre una ventana de oportunidad para abordar la ética profesional con una visión amplia, en que puedan participar otros actores vinculados con la formación y ejercicio de la profesión jurídica. Esto no puede comprenderse completamente, ni menos superarse, si la abogacía no hace su propia introspección y revisa los estándares éticos con que ha asumido históricamente su función.

El desarrollo de un círculo virtuoso entre los deberes del abogado y los de la judicatura brinda firmeza al camino de la buena justicia. No sólo porque existen amplios puntos de confluencia en la ética de la abogacía y de la jurisdicción, sino también porque la administración de justicia requiere de una buena litigación.

No es casual que a la Corte Suprema le esté entregada, por ley, la responsabilidad de revisar y calificar la idoneidad de los postulantes que pretenden ser investidos con el título de abogado. Sin embargo, cuando se presentan en estrados como litigantes, somos testigos directos de su calidad técnica y ética, lo que nos habilita para sostener que se necesita una mejora al sistema actual, de manera que se pueda garantizar que quienes asuman oficialmente la profesión jurídica, cumplan en forma clara y sin subjetividades los requisitos de fondo y las exigencias morales que la sociedad considere que los hagan merecedores de tal prerrogativa; pero, además, que sea posible, de manera eficaz, el control de estos profesionales en su desempeño.

Consciente de estos problemas, el Pleno de este tribunal acordó convocar a una instancia de trabajo interinstitucional para elaborar un diagnóstico y presentar propuestas, a la que invitaremos a instituciones académicas, al Colegio de Abogados, a la Academia Judicial y al Ejecutivo.

Oportunidad de la resolución de los asuntos judiciales

La mala evaluación ciudadana tiene distintas explicaciones, y más allá de constatar que algunas puedan referir a ámbitos que están fuera de nuestro alcance, es un deber emprender el máximo esfuerzo en aquellas en que sí resulta factible incidir.

Entre esos ámbitos de acción posible se encuentran aquellos asociados a la probidad, transparencia y oportunidad en la respuesta del sistema judicial.

La oportunidad constituye un bien fundamental. No sólo porque una justicia lenta deteriora las expectativas de la sociedad y mina la confianza institucional; sino también porque afecta un derecho en el que existe un consenso indiscutido por su respeto y promoción: el acceso a la justicia. Una justicia tardía equivale, en muchos casos, a una justicia denegada; por ello, el acceso efectivo implica remover no sólo barreras económicas, culturales o territoriales, sino también aquellas derivadas de la dilación indebida.

Sentada esta idea basal, es innegable que enfrentamos problemas de atraso en la tramitación de causas. Existen diversas razones para explicar el fenómeno, muchas de ellas relacionadas con aspectos que exceden a los propios tribunales, como el aumento poblacional, la mayor litigiosidad por conciencia de derechos, la creación de demanda de justicia por reformas legales y la falta de una actualización de nuestra dotación tras veinte años de reformas procesales.

Sin embargo, como institución responsable, no se puede obviar el deber de introducir gestión para mejorar los tiempos de tramitación, optimizando el empleo de los recursos disponibles. El avance tecnológico ofrece oportunidades que el servicio público no sólo puede, sino debe implementar para facilitar el acceso y decisión adecuada en tiempos oportunos.

Ya nos encontramos realizando esfuerzos concretos para este objetivo, que se iniciaron durante la gestión del expresidente señor Blanco. En efecto, hemos puesto en práctica, a partir de febrero, un plan de trabajo que contempla el levantamiento de información de tiempos de tramitación, con un diagnóstico detallado y desglosado por jurisdicciones y competencias de todo el territorio nacional, con el propósito de socializar esos antecedentes con todos los tribunales del país; promover la escucha activa con quienes laboran en ellos; levantar las buenas prácticas y gestiones positivas adoptadas por quienes han asumido un liderazgo en los órganos jurisdiccionales; generar la capacitación necesaria; y, finalmente, solicitar a cada unidad que presente un programa de acciones concretas, que será monitoreado bimensualmente desde esta presidencia, con la participación de los ministros visitadores de las respectivas cortes de apelaciones del país.

Un elemento de apoyo que marcará una diferencia sustantiva en la mejora de la oportunidad radica en el uso de la inteligencia artificial, herramienta que ya no es una promesa del futuro. Su uso real obliga a explorar y regular su empleo bajo directrices que combinen un enfoque ético, prudente y responsable, con la mejora y rapidez de la gestión, sin sacrificar la calidad ni la responsabilidad personal inherente a la función pública.

Con el propósito de utilizar esta herramienta en beneficio directo de la población y mejorar el servicio de justicia, nuestros tribunales han dado algunos pasos, existiendo experiencias piloto que procuran automatizar y facilitar significativamente ciertas tareas.

Asimismo, el Buscador Unificado de Jurisprudencia, que cuenta con una base de datos de más de un millón quinientas mil sentencias, incorpora funcionalidades basadas en inteligencia artificial.

Por otra parte, el nuevo Código de Ética para el Poder Judicial dedica uno de sus artículos a la «Responsabilidad en el uso de inteligencia artificial y nuevas tecnologías», señalando como principio rector que la decisión judicial es siempre una tarea humana y su responsabilidad es indelegable; que las juezas y los jueces deben mantener un control significativo sobre las herramientas que utilicen, y estar en condiciones de explicar en lenguaje claro el papel de la tecnología en su decisión.

La inteligencia artificial, en definitiva, puede ser una aliada fundamental en el servicio de justicia de los próximos años y debemos saber emplearla con responsabilidad. Su potencial para reducir tiempos de tramitación, mejorar la calidad de los registros judiciales y fortalecer la sistematización del conocimiento jurisprudencial, es innegable.

El compromiso de esta Corte Suprema es continuar avanzando en su implementación con paso firme, responsabilidad y transparencia, con la convicción de que la modernización tecnológica debe estar siempre al servicio de las personas, y que ninguna herramienta, por sofisticada que sea, reemplazará jamás la labor esencial de la judicatura. Por ello estamos diseñando una política que integre los principios rectores que guiarán su uso en nuestra institución, vinculándola con los cuidados de los datos personales y sensibles y los resguardos necesarios en materia de ciberseguridad.

Confianza y credibilidad en la justicia

El mejoramiento de la confianza ciudadana en la administración de justicia es más que un propósito deseable. Una sociedad que confía en que sus conflictos serán resueltos con imparcialidad, oportunidad y apego a la ley, por una judicatura proba, es una que opta por los cauces institucionales antes que por la autotutela, la resignación o la violencia.

Para ello es fundamental que tomemos medidas directas, como las que hemos reseñado, para que las personas sepan y sientan que cuentan con un servicio de justicia recto en su actuar, que los escucha, trata con dignidad y les brinda una respuesta comprensible en un plazo razonable.

Sin embargo, devolver esa confianza no depende exclusivamente de nuestro esfuerzo institucional. Requiere, de manera ineludible, de la colaboración de los otros poderes del Estado.

Por una parte, resulta difícil soslayar la creciente tendencia a judicializar conflictos de naturaleza predominantemente social o política. No se trata, en modo alguno, de propiciar espacios exentos de control jurisdiccional, pues todo conflicto que revista relevancia jurídica debe poder ser sometido al conocimiento de los tribunales en un Estado de Derecho. Sin embargo, el fenómeno inverso —esto es, la activación temprana o primaria de la jurisdicción respecto de estas controversias que no han agotado instancias deliberativas, administrativas o regulatorias previas— tensiona indebidamente el sistema judicial, cuyo diseño institucional está orientado a resolver en forma definitiva disputas de este tipo que suponen el agotamiento de etapas previas.

Por otra parte, no siempre se considera en forma adecuada la opinión técnica de los entes involucrados, en particular del Poder Judicial, para asegurar los recursos necesarios para cumplir con eficiencia y eficacia los objetivos planteados por una cada vez más profusa y compleja legislación. Ni la expectativa de la sociedad debe ser defraudada ni la reputación de los órganos a cargo de implementar estos cambios en la legislación debe ser puesta en riesgo, por la falta de provisión de medios para cumplir esos fines.

Con todo, esta necesidad de recursos no se limita a nuestra institución: es un problema sectorial. El sistema de justicia involucra a múltiples actores. Si alguno de estos eslabones falla o funciona de manera deficiente, la promesa del acceso a la justicia se convierte en una declaración retórica y las personas perciben, con razón, que no se las protege.

Es aquí donde los colegisladores pueden apoyar en forma determinante en este objetivo, para que cada reforma que implique un aumento de competencias o un mayor estrés sobre los procedimientos judiciales sea acompañada, por una parte, de una reflexión profunda previa sobre el uso adecuado de la intervención judicial, y por otra, del aseguramiento de los recursos necesarios para su implementación efectiva.

Lo anterior no obsta, en caso alguno, a mantener firme nuestra disposición a implementar los mandatos de la ley, aun cuando sobre exijan nuestras capacidades, como ha ocurrido, a modo de referencia, con las leyes de monitoreo telemático, las que refuerzan el pago de pensiones de alimentos o la que estatuye medidas para prevenir, sancionar y erradicar la violencia en contra de las mujeres. A ello se agrega el desafío de hacer frente a cambios más recientes, como la que reformó la Ley de Responsabilidad Penal Adolescente, cuya última etapa entró en vigencia en enero del presente año; la que crea la Fiscalía Supraterritorial; y la que fortalece los mecanismos de fiscalización del sistema notarial y registral, que incorpora cambios importantes en los deberes del Poder Judicial y, en particular, de la Fiscalía Judicial. La implementación de estos cambios legislativos no nos debe hacer olvidar, en todo caso, la necesidad de reiterar las reformas pendientes: la Reforma Procesal Civil; el nuevo Código Penal; un moderno sistema de ejecución de penas que permita superar su regulación reglamentaria con un sistema orgánico robusto; la unificación de los procedimientos contenciosos administrativos y, desde luego y con especial atención, la reforma al sistema de nombramientos y gobierno judicial que se encuentra en discusión. Asimismo, estamos muy atentos a los avances del proyecto de ley que refuerza la jurisdicción laboral y que hará posible la sentida necesidad de crear un nuevo juzgado del trabajo en Santiago.

Cuidados, preocupación por las personas y vínculos interinstitucionales

Los desafíos que enfrentamos son claros y requieren un esfuerzo y compromiso altamente demandante para todos los estamentos de nuestra organización. Soy una convencida que esa exigencia debe ir siempre acompañada con el debido reconocimiento y estímulo a quienes día a día, de manera honesta y con entrega, cumplen sus deberes. La severidad en el desempeño de nuestras obligaciones no es óbice al vínculo cercano, atención y acompañamiento que se debe brindar a los funcionarios; por ello mi gestión tiene también como propósito ir más allá de una ética del deber y avanzar hacia una ética del cuidado. Ello requiere, además de buenas prácticas, trabajar para una sensibilidad consciente y empática, que sea coherente con nuestra misión de servicio.

Se trata, ni más ni menos, que, de humanizar el servicio público, fortaleciendo el diálogo, la colaboración y la consideración de todos los involucrados en la mejora institucional, pues estimo que “estar bien” en el ámbito laboral es una condición necesaria para la adecuada entrega del servicio que se ofrece a nuestros usuarios. Reconozco el constante aporte de las asociaciones gremiales para estos propósitos, con quienes esperamos mantener vínculos virtuosos.

Junto con ello, potenciar la relación con los actores institucionales que hacen posible la administración de justicia, es también un objetivo de esta presidencia. Ya mencioné cómo la opinión del Poder Judicial en el marco del desarrollo de iniciativas legales es un aspecto clave cuando se pretende crear, modificar o suprimir algún ámbito de competencia de los tribunales; pero también esa relación resulta fundamental para cualquier otro tipo de medidas que pretendan mejorar el sistema en general. Trabajaré para tender puentes cercanos, sólidos y permanentes con todos los órganos que son parte en estos cambios, para perfilar un modo sistémico de verlos, evaluarlos, diseñarlos e implementarlos, a fin de entregar una respuesta oportuna, eficaz y de calidad a los conflictos de relevancia jurídica que se nos presentan.

Plan estratégico

Los retos que he mencionado requieren ser encauzados. Un plan estratégico es fundamental para este fin, pues convierte los desafíos institucionales en objetivos claros y alcanzables, ordena prioridades, coordina esfuerzos y orienta los recursos con coherencia.

Durante el 2025 nos abocamos a la elaboración de un nuevo plan estratégico para el período 2026-2030, cuya misión, visión, ejes y objetivos ya fueron aprobados por el Tribunal Pleno.

En la misión se enarbola como adjetivo superior la excelencia, la imparcialidad y la oportunidad en la función judicial, que se complementa con la independencia, probidad y modernidad que procura la visión del referido plan.

Sus ejes, focalizados en el buen gobierno, el desempeño con propósito, la excelencia operacional y la concepción del usuario al centro de nuestra preocupación, son un corolario de una orientación marcada por la mejora en la gestión y el ejercicio de la función jurisdiccional con probidad.

Estos propósitos, formalmente comprometidos por el Poder Judicial, son coherentes con los desafíos y líneas de acción que esta presidencia ha trazado para la gestión de los años 2026 y 2027. Valoro el apoyo y dedicación de las ministras y ministros de este tribunal para este objetivo, y agradezco el compromiso que hará posible alcanzarlos.

Sentados los objetivos y acciones a que estamos abocados en esta presidencia, daré cuenta de la labor realizada durante el año 2025 por el Poder Judicial, conformado por 13 mil 500 personas.

Datos y estadísticas

El detalle de las estadísticas de la actividad jurisdiccional de los tribunales que integran el Poder Judicial y sobre los que se ejerce la superintendencia directiva, correccional y económica, ya se encuentra a  disposición de toda la comunidad en el sitio web institucional. A continuación, entregaré algunas cifras generales de ingresos, tramitación y términos de causas.

Los tribunales de primer grado experimentaron ingresos por un total de 2 millones 857 mil causas, lo que implica una disminución de un 8,66% respecto del año 2024, siendo marcado, por una parte, el descenso en sede civil y cobranza, y, por otra, el aumento en materia laboral. Las causas terminadas alcanzaron los 2 millones 47 mil, lo que representa un 5,15% menos que el año anterior, universo en que la materia civil y la de cobranza experimentaron los descensos más pronunciados. Por otro lado, las causas en tramitación alcanzaron los 3 millones 98 mil.

En las cortes de apelaciones ingresaron poco más de 245 mil causas, lo que implica una disminución del 2,18% en comparación con el año anterior, situación que se explica, en buena medida, por la reducción sostenida de ingresos de los recursos de protección contra las Isapre. Los términos, por su parte, alcanzaron las 228 mil causas, lo que implica una disminución de un 4,45% con relación al 2024, que también encuentra explicación en la disminución de recursos de protección contra las Isapre. Por otro lado, las causas en tramitación se elevaron a las 89 mil, teniendo la mayor participación en esta cifra las causas civiles.

En la Corte Suprema los ingresos superaron las 58 mil causas, lo que representa una disminución de un 5,64% respecto del 2024, fuertemente condicionada por los descensos de las protecciones contra las Isapre. Los términos alcanzaron las 52 mil causas, lo que corresponde a una disminución de un 45,25% respecto del año anterior, debido al mismo fenómeno. En lo que refiere a las causas en tramitación, superaron las 13 mil 600.

Acceso a la justicia        

El acceso a la justicia, como prioridad indiscutible del Poder Judicial, cuenta con líneas de acción claras para su fortalecimiento, abarcando las distintas dimensiones de este derecho, especialmente en materia de grupos vulnerables, lenguaje claro, género, derechos humanos e infancia y adolescencia, como ya fue detallado hace algunos minutos.

En ese contexto destaco, en materia de igualdad de género y no discriminación, el trabajo conjunto con la Academia Judicial en la implementación del curso obligatorio sobre violencia contra las mujeres en razón de género, y la realización de un estudio de evaluación de los avances de la Política de Igualdad de Género y No Discriminación.

En lo que atañe al avance de las causas por violaciones a los derechos humanos ocurridas entre 1973 y 1990, al 31 de diciembre de 2025 se encontraban en tramitación un total de 1054, lo que implica una disminución de 213 causas respecto del año anterior.

Las cortes de apelaciones dictaron 42 fallos relativos a estas causas, mientras que la Segunda Sala de la Corte Suprema dictó 81 sentencias  conociendo recursos de casación referentes a esta materia.

Otro aspecto asociado a esta temática refiere al cumplimiento de sentencias dictadas por tribunales internacionales en materia de derechos humanos. Sobre el particular, cabe mencionar la sentencia dictada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el “Caso Vega González y Otros Vs. Chile”, que ordenó al Estado a “revisar y/o anular” las reducciones de penas derivadas de la aplicación de la media prescripción, en causas relacionadas con detenidos desaparecidos y ejecutados políticos.

Aun cuando la Corte Suprema ha dado curso con anterioridad a las decisiones de la Corte Interamericana, como en los casos “Norín Catrimán” y “Maldonado Vargas”, existe un consenso del Pleno de este tribunal en orden a solicitar a los órganos colegisladores avanzar en la elaboración de un marco normativo de rango constitucional o legal que determine, con toda claridad y precisión, el mecanismo de cumplimiento de los fallos de los tribunales internacionales en materia de derechos humanos. La voluntad del Poder Judicial por cumplir dichas resoluciones es un principio ineludible, así lo ha demostrado; pero la carencia de un marco regulatorio de procedimiento genera complejidades para todos los órganos involucrados en su ejecución, que se agudizan cuando esas decisiones comprometen sentencias judiciales firmes, lo que merece la debida atención por los colegisladores.

Trabajo institucional

El trabajo institucional de la Corte Suprema, tanto en el ámbito jurisdiccional como de gobierno judicial, fue intenso durante el año pasado.

En efecto, los Comités de Modernización, Comunicaciones y Personas, así como los diversos subcomités y grupos de trabajo, continuaron desarrollando estudios y propuestas en ámbitos específicos. En ello, la dedicación y esmero de las ministras y los ministros de este tribunal es siempre un factor decisivo, demostrativo de un compromiso que agradezco.

En el campo de las relaciones internacionales mantuvimos nuestra participación en la Vigésimo Segunda Cumbre Judicial Iberoamericana y fuimos sede del Décimo Quinto Congreso de la Asociación Internacional de Jurisdicciones Administrativas Supremas.

Por otra parte, la Fiscalía Judicial centró sus esfuerzos en la implementación de la entrada en vigencia de la ley que reforma el sistema notarial y registral, pues le asigna importantes roles de fiscalización a su respecto.

En lo que concierne a la labor de la Academia Judicial, destaco la ejecución de 5 programas de formación, egresando un total de 72 personas, y la realización de 314 cursos de perfeccionamiento destinados a miembros del Poder Judicial, en los que mayoritariamente se postuló a cursos vinculados al desempeño de las funciones que cumplen.

El año fue particularmente productivo, pues elaboró 15 materiales docentes y 7 guías de buenas prácticas, destacándose las dedicadas a la conducción de audiencias judiciales, que constituyen un aporte en la solución de los problemas que afectan la oportuna resolución de los casos.

La importancia de la labor que desarrolla la Corporación Administrativa del Poder Judicial es indiscutible. Su gestión permitió la ejecución del 99,58% del presupuesto institucional.

Asimismo, inició la implementación del sistema unificado de tramitación de causas en sede de garantía y se espera, durante el 2026, tener migrados a este sistema todos los tribunales de esta competencia.

Por su parte, el Consejo Superior de la Corporación para fortalecer la transparencia y probidad necesaria para el correcto desempeño de las funciones, amplió los sujetos que están obligados a efectuar la  Declaración de Intereses y Patrimonio; extendió los sujetos pasivos más allá de los establecidos en la ley del lobby; y creó un comité para el diseño e implementación de un modelo de prevención del delito y cumplimiento normativo.

Además, en relación a la nueva Ley de Compras Públicas, durante el año 2025, intensificó  las capacitaciones y acciones de seguimiento de procesos de compra, cuyos resultados son evidentes: al comparar el período de enero a diciembre de 2025 con igual período del año 2024, los tratos directos han disminuido en un 82,6%, equivalente a 602 operaciones menos, mientras que las compras ágiles han aumentado un 3,6%.

Como corolario al foco de probidad y transparencia, el Consejo Superior aprobó la implementación de un canal de denuncias, en el contexto de la contratación pública, disponible en la página web del Poder Judicial.

Durante el año pasado se consolidó la Oficina de Seguridad, incorporando nuevos especialistas en el ámbito de la infraestructura, de las personas y de la ciberseguridad.

También la Corporación apoyó activamente en aspectos técnicos para la tramitación del proyecto, ya convertido en ley, que estableció de manera permanente el beneficio de incentivo al retiro en el Poder Judicial a las personas que cumplan las edades de jubilación, y que fijó el límite de desempeño laboral de 75 años a todos los que trabajan  en la institución.

Dudas y dificultades en la inteligencia y aplicación de las leyes

En lo tocante a las dudas y dificultades en la inteligencia y aplicación de las leyes, y de los vacíos notados en ellas, las cortes de apelaciones informaron un total de 171 inquietudes o problemáticas, las que serán remitidas al Ejecutivo para los fines pertinentes.

Asuntos conocidos por las salas

En lo concerniente al trabajo de las Salas de la Corte Suprema, cabe destacar que la Primera Sala consolidó criterios en materia de derechos reales, dirimiendo la preferencia por la posesión material ante la existencia de inscripciones paralelas sobre un mismo inmueble. Distinguió el carácter real de las excepciones de nulidad y falsedad en facturas frente al carácter personal de la falta de prestación del servicio, y falló refiriéndose a la definición de simulación, sus elementos, clasificación, medios probatorios y sanción aplicable. Con relación al precario, resolvió que tienen título para ocupar el inmueble los autorizados por el propietario anterior, así como su ex conviviente y cónyuge, pero no los autorizados por la propietaria para vivir en él que ejercen actos de violencia intrafamiliar en su contra. Asimismo, se pronunció sobre la responsabilidad por el hecho ajeno, precisando que la relación de dependencia no exige un vínculo jurídico, siendo suficiente que el dependiente esté al servicio del principal.

La Segunda Sala mantuvo su jurisprudencia invariable respecto a la improcedencia de la media prescripción y amnistía en causas en que se investigan violaciones a los derechos humanos cometidas por agentes del Estado. En el ámbito penitenciario, visualizando a las personas privadas de libertad como grupos vulnerables, ha propiciado la aplicación de la ley más favorable para ellas, en particular, en asuntos relacionados con la postulación o acceso a los beneficios intrapenitenciarios, buscando, a su vez, una adecuada reinserción social. Manteniendo el criterio jurídico ya trazado, ratificó la validez de la reformalización de la investigación para incluir nuevos delitos vinculados a la conducta inicial, siempre que se respeten los hechos esenciales previamente formalizados. Asimismo, estableció que las denuncias anónimas vagas no habilitan por sí solas el control de identidad y aplicó la extinción de la condena impuesta al adolescente cuya ejecución se encontrare en curso, cuando es sancionado como adulto por la comisión de un delito diverso con una pena más gravosa.

La Tercera Sala precisó el alcance del principio de confianza legítima en el empleo público a contrata, circunscribiéndolo a funcionarios con más de cinco años de desempeño continuo, eximiendo a la administración de motivar la no renovación en vínculos de menor duración. En el ámbito educacional, reafirmó la autonomía de los establecimientos públicos y privados para aplicar sanciones disciplinarias y condicionar la renovación de matrícula por morosidad, siempre que se respeten los protocolos internos y la normativa vigente. A su vez, fijó estándares humanitarios obligatorios para el desalojo de asentamientos irregulares, ordenando el resguardo de la dignidad y la protección de personas en situación de vulnerabilidad. Además, declaró ilegal la limitación de cobertura en prestaciones de salud mental y autorizó la vacunación obligatoria de recién nacidos pese a la oposición de los progenitores. También determinó que la expulsión de extranjeros debe ser una medida fundamentada y ponderada, que equilibre la gravedad de los hechos o antecedentes delictivos con criterios de arraigo.

La Cuarta Sala, en materia del trabajo sentó la doctrina que la sola acreditación del acoso sexual configura la causal de despido, sin que corresponda ponderar la trayectoria del infractor dada la gravedad de la conducta, y precisó que la falta de probidad como causal de término del contrato debe estar relacionada con la prestación de los servicios y no a actos externos a la empresa. En materia de familia, en cuanto a la posesión notoria del estado civil de hijo, ha reconocido de forma progresiva el componente socioafectivo en las relaciones parentales por sobre la realidad biológica, para dar lugar a acciones de reclamación con filiación determinada. Además, indicó que el derecho a ser oído es una garantía fundamental de niños, niñas y adolescentes vinculada a los principios de autonomía progresiva e interés superior, y no puede entenderse satisfecha por la sola intervención de su curador ad litem. También limitó las facultades del conservador de bienes raíces para calificar la validez de fondo de los títulos, y ratificó que la ubicación urbana de un predio no altera su calidad de tierra indígena.

Cambios en la integración de la corte suprema

En otro orden de ideas, durante el año 2025 se produjeron cambios importantes en la integración de la Corte Suprema.

Por una parte, como es de público conocimiento, se produjo la destitución del señor Diego Simpértigue, y por otra, la señora María Teresa Letelier culminó su carrera por el límite de edad consagrado en la Constitución.

Como nuevos integrantes de este tribunal se incorporaron los ministros señores Omar Astudillo y Gonzalo Ruz, y recientemente el ministro señor Jorge Zepeda.

Asimismo, lamentamos el reciente fallecimiento del ex ministro de esta Corte don Adolfo Bañados, poseedor de una reconocida y amplia trayectoria judicial, a quien recordamos con especial afecto y gratitud.

Cierre

En el corazón del Poder Judicial late una convicción esencial: su independencia no es un privilegio corporativo, sino una garantía para la sociedad. Allí donde surge un conflicto entre el individuo y el poder —sea este político, económico o social— debe existir una jueza o un juez libre de presiones, que resuelva únicamente conforme a la Constitución y la ley. Garantizar los derechos de las personas constituye la razón más profunda y legitimadora de nuestra función. Por eso hacemos lo que hacemos. Y por eso esta cuenta pública no es un acto meramente formal; es una expresión concreta de la división de poderes, de nuestra responsabilidad institucional ante el país y de nuestra voluntad de apertura y transparencia.

La historia nos ha ubicado en un momento en que contamos con herramientas que amplían de manera significativa nuestra capacidad de servicio. La tecnología, la tramitación electrónica y la Oficina Judicial Virtual no son simples innovaciones técnicas: son instrumentos que permiten acercar la justicia a las personas, reducir barreras y fortalecer la transparencia. A ello se suma el desarrollo responsable de la inteligencia artificial, que abre la posibilidad de mejorar de manera exponencial la oportunidad en la respuesta jurisdiccional. No hay mejor momento para consolidar estos avances y proyectarlos con decisión hacia el futuro, pensando siempre en las personas.

Junto con informar a la sociedad                          —destinataria de nuestra labor—, esta cuenta pública también interpela a juezas, jueces y funcionarios, recordándonos que cada decisión y cada actuación cotidiana construye o erosiona la confianza pública.

Como ya lo recordé en una ocasión anterior, el ilustre jurista Eduardo Couture señaló que “el derecho es una ciencia, la abogacía es un arte y la justicia es una religión”; ejercer esta última exige una vocación que compromete integralmente a quien la desempeña. Supone estudio riguroso, prudencia en el discernimiento y una ética inquebrantable, como condición de su independencia, la que, a su vez, es garantía para el justiciable. Ese valor esencial de la independencia no se cimenta con su sola declaración normativa; se construye, se sostiene día a día, en conductas íntegras y en la conciencia permanente de que cada jueza, cada juez, es garante del derecho fundamental de las personas a ser juzgadas por un tribunal imparcial, función que se proyecta más allá de los gobiernos y de las coyunturas históricas.

Los últimos tiempos han sido duros para el Poder Judicial. Las instituciones, cuando enfrentan crisis, ponen a prueba su fortaleza y también encuentran oportunidades de mejora. Frente a conductas reñidas con la legalidad y la ética, la institucionalidad ha respondido con claridad, tanto en su dimensión reactiva como preventiva. Hemos adoptado medidas, reforzado controles y profundizado estándares, con la convicción de que la probidad no es un discurso, sino una práctica sostenida que nos exige perseverancia y decisión.

Recobrar y fortalecer la confianza pública nos impulsa, además, a revisar con sentido crítico aquellos ámbitos en que podemos intensificar nuestros esfuerzos. No basta con corregir conductas antijurídicas; debemos también asegurar una respuesta jurisdiccional oportuna y de calidad, pues la prontitud en la decisión es parte esencial del acceso efectivo a la justicia.

Ello explica los objetivos centrales trazados y que hoy reitero ante el país: el fortalecimiento de la probidad y la transparencia, recobrar la confianza y credibilidad en la justicia, la mejora en la oportunidad y calidad de la respuesta jurisdiccional, y el robustecimiento de los vínculos internos e interinstitucionales. Estos cuatro propósitos, articulados en un plan estratégico coherente y exigente, orienta nuestro trabajo presente y futuro. A esos propósitos estaremos dedicados con determinación, porque la administración de justicia pertenece a todas las personas, y a ellas debemos, en definitiva, nuestro esfuerzo permanente.

Con lo expuesto, declaro inaugurado el Año Judicial 2026. Muchas gracias.

Habiéndose cumplido el objetivo de esta audiencia, se levanta la sesión.

Irán como espejo de la civilización de la muerte

Foto de UX Gun en Unsplash

El reciente bombardeo conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán, que ha cobrado cientos de vidas civiles y ha escalado dramáticamente la violencia en Oriente Medio, no es sino otra manifestación brutal de una lógica patriarcal y civilizatoria que muchos expertos en geopolítica mundial siguen siendo incapaces de visibilizar: un sistema dominador que, desde hace milenios, institucionaliza la guerra como instrumento privilegiado de acumulación de poder, control territorial y supremacía masculina.

Mientras las potencias imperiales occidentales imponen su hegemonía bajo el pretexto de “seguridad” y desmantelamiento de programas nucleares, chocan con una teocracia igualmente patriarcal que reprime sistemáticamente a las mujeres y a las disidencias internas. Ambos reproducen ciclos de dominación que afectan de manera desproporcionada a pueblos oprimidos.

Esta escalada no resuelve ningún conflicto de fondo; solo perpetúa la “cultura de la muerte” frente a cualquier proyecto de respeto por la vida. Nos recuerda que la guerra no es un accidente histórico, sino el pilar fundacional de las civilizaciones patriarcales que hoy amenazan con arrastrarnos a un colapso global irreversible.

Urge, por tanto, desmantelar estas lógicas de poder, no mediante más bombas, sino a través de una crítica radical y consistente a las estructuras milenarias que sostienen el actual orden mundial.

Atentamente,

Andrés Kogan Valderrama

Sociólogo, Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea

Diplomado en Masculinidades y Cambio Social.

El difícil posicionamiento de América Latina ante el conflicto en el Medio Oriente

 

Las respuestas oficiales de Latinoamérica ante los actuales ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán han sido variadas.  Ya en la guerra de los 12 días, en 2025, cuando se dio un ataque similar se habían dado al menos cinco posicionamientos: a) los llamados a la diplomacia de México, Guatemala, Colombia, Perú y Uruguay; b) los apoyos a Irán de parte de Cuba, Nicaragua y Venezuela;  c) los apoyos a Israel de Argentina y Paraguay; d) las expresiones de condena a la acción estadounidense de parte de Brasil y Bolivia, y; e) un grupo de países con posiciones poco claras: Honduras, El Salvador, Costa Rica, Panamá y Ecuador. 

En la actualidad, los alineamientos son relativamente similares, aunque existen sutiles diferencias. En general se nota una suavización de los posicionamientos más críticos a Estados Unidos e Israel. Seguramente debido al delicado panorama de las relaciones interamericanas. El nuevo imperialismo americano, más preocupado por dominar que por convencer, desalienta el uso de tonos más combativos de parte del Sur. El secuestro del presidente Maduro y su esposa dejó claro que en el hemisferio occidental el uso de la fuerza por parte de Estados Unidos es una posibilidad real que no hay que menospreciar. 

Dicha dinámica está en el trasfondo de las reacciones al ataque.  México expresó su “profunda preocupación” por los acontecimientos e instó a privilegiar la vía diplomática. No habló de ataques, ni de Estados Unidos, ni de Israel. En el caso de Cuba, el lenguaje ha sido menos combativo en 2026 que en 2025. No hablan de que “Estados Unidos e Israel tendrán que responder por las consecuencias de una guerra injustificada contra Irán”, como en 2025, ni declara su solidaridad con “el pueblo y el gobierno de Irán”. Estos nuevos textos están enraizados en la extrema vulnerabilidad de Cuba ante el bloqueo de suministro de petróleo, y la delicada cautela de México ante las presiones de Trump por el combate al crimen organizado. 

El gran apoyo a Estados Unidos e Israel provino de la Argentina de Milei, con un discurso triunfalista que “valora y apoya las acciones conjuntas realizadas por los Estados Unidos e Israel destinadas a neutralizar la amenaza que el régimen de la República Islámica de Irán representa para la estabilidad internacional”.  Paraguay lo sigue de manera mucho menos estridente con una escueta declaración que condenó los ataques de Irán a los países del Golfo, sin tan siquiera mencionar los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán. Una declaración probablemente muy motivada también por el interés del gobierno de Santiago Peña de mantener vigente su reciente acuerdo con los Emiratos Árabes Unidos. 

En este panorama sobreviven posiciones más ecuánimes, como las declaraciones de Uruguay y Chile. El primero expresó preocupación por los ataques de EE. UU. e Israel, y de Irán a los países del golfo, llamando al respeto al derecho internacional. Lo mismo hizo el Gobierno saliente de Gabriel Boric, aunque en este caso queda pendiente ver cuáles serán los posicionamientos del gobierno entrante de Kast. 

Ha sido Brasil el que se ha referido a los ataques de Estados Unidos e Israel, sin mencionar las respuestas de Irán.  Seguramente porque, a diferencia de otros países latinoamericanos, el mismo enfrenta un doble desafío adicional. Debe presentarse  como una voz relevante dentro de la región y, al mismo tiempo, posicionarse como un actor destacado del Sur Global. Recordemos que Irán es miembro del BRICS, conjuntamente con China y Rusia. Además, China es el primer socio comercial de Brasil y ha condenado la violación de la soberanía iraní y el peligroso pisoteo del derecho internacional y la Carta de la ONU, por parte de EE. UU. e Israel. 

El camino arriba mencionado no es fácil de transitar para el gigante sudamericano. El Sur Global no es un bloque homogéneo ni armónico. Es un grupo de países que comparten una historia común en cuanto a su conflicto con el colonialismo de poderes europeos y americano en siglos pasados, pero se diferencia claramente en otros planos, sea este el cultural, político o social. Brasil es la mayor democracia de América Latina, con años de una gobernanza basada en el respeto a los derechos humanos, la igualdad de género y la inclusión social. Estas son cuestiones sustantivas que lo diferencian de Irán, con un régimen teocrático y autoritario; patriarcal a ultranza. 

Si hay un ámbito en el que esas contradicciones se manifiestan es en el Consejo de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, donde con frecuencia Brasil y los estados miembros latinoamericanos han apoyado la necesidad de informes sobre la situación de los derechos humanos en Irán. Brasil no ha sido tan enfático en sus condenas, optando por la abstención en ocasiones, si se lo compara con las posiciones más críticas de países como Chile, Uruguay y la mayoría de las veces México.  Sin embargo, tampoco ha tenido una postura de apoyo acrítico a Irán como si la han tenido Nicaragua, Venezuela y Cuba, hasta hoy. 

Los posicionamientos oficiales latinoamericanos están, sin duda, condicionados por la nueva dinámica geopolítica en la región. Una en que Estados Unidos se presenta como potencia militar indiscutible y se comporta de manera impredecible y unilateral. Oponerse de manera explícita a sus designios puede ser peligroso y ruin para los intereses nacionales de los países, en un contexto de fragmentación. De ahí la prudencia de muchos.

Si se busca un reagruparse, en todo caso es el momento de enfatizar mensajes dignos, que conciten el apoyo de una mayoría significativa de países de la región. Hora de renovar los mensajes que posicionan a la región como zona de paz, signataria del Tratado de Tlatelolco de no proliferación nuclear. Subrayar lo que la región puede compartir de su experiencia de liberalización y transición a la democracia en las décadas de los 80 y 90, y que, a pesar de los múltiples retrocesos, sigue resiliente. Una región que aspira a reducir la pobreza y la desigualdad y que defiende los derechos en la mayoría de los casos. Una región con países intermedios y pequeños que tienen mucho más que ganar en un orden internacional basado en reglas y donde se puedan debatir las propuestas en un foro multilateral. 

“Las mujeres no debemos olvidar que cada conquista en el movimiento femenino ha sido lograda a través de una lucha sostenida” (Elena Caffarena)

Por: Comisión de Derechos de la Mujer, Comisión Chilena de Derechos Humanos

En esta fecha y con motivo del Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, levantamos nuestra voz desde los espacios públicos y privados, desde lugares cercanos y remotos, como mujeres latinoamericanas, organizadas y defensoras de los derechos humanos.

Recordamos a tantas mujeres que en el tiempo han luchado y luchan por sus condiciones laborales -incluida la jornada laboral y la demanda de igual salario ante igual labor-, la protección de la maternidad, la proscripción del trabajo infantil, el derecho a voto y la igual participación social y política, el derecho a la educación, al trabajo, a la seguridad social, al cuidado infantil para las madres trabajadoras; la atención y defensa de los derechos de las mujeres en situación de vulnerabilidad o que sufren violencia de género, entre otros aspectos, que se insertan en la lucha por la vigencia efectiva de los principios y normas básicas del sistema internacional de los derechos humanos: la dignidad de la persona, igualdad y no discriminación y la integralidad e indivisibilidad de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y ambientales.

Conmemoramos este 8 de marzo en un contexto mundial de atroces atropellos a los derechos humanos y al derecho internacional, promovidos o con el silencio cómplice de potencias que se postulan como “democráticas”. En particular, Estados Unidos, que presenta un largo historial de crímenes, invasiones, operaciones de cambio de régimen, medidas coercitivas unilaterales, etc. y que hoy vulnera la soberanía de los pueblos, pone en peligro la paz mundial, vulnerando el actual orden mundial basado en el respeto a las reglas reemplazándolo por la ley del más fuerte.

Llamamos a estar alerta y reaccionar frente a los anuncios del nuevo Gobierno de ultraderecha, marcados por anuncios de retrocesos democráticos y regresión en materia de derechos humanos, especialmente de los derechos de las mujeres, que constituyen una amenaza real para nuestra convivencia social y una trasgresión de las obligaciones internacionales contraídas. No se trata solo de un cambio en la administración del Estado, ni de una diferente gestión, sino de un proyecto político que involucra un retroceso general en derechos sociales, restricciones y amenazas al derecho a la protesta y a la organización social, y amenaza en materia de derechos sexuales y reproductivos y relativización de la violencia de género.

Exigimos al Estado de Chile cumplir sus obligaciones internacionales, contenidas en instrumentos internacionales como la Convención sobre Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, 1989), la Convención sobre Derechos Políticos de la Mujer (1967) y la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará, 1998); que son estándares normativos que obligan a los Estados a respetar, promover y garantizar los derechos de las mujeres y no meros compromisos opcionales.

Defenderemos esos derechos, porque las mujeres chilenas sabemos de qué hablamos. Fuimos protagonistas en la defensa de los derechos humanos durante la dictadura, sostuvimos la lucha por la Verdad, la Justicia y la Memoria y enfrentamos la represión cuando el Estado vulneró sistemáticamente la dignidad humana. Hoy rechazamos con fuerza el negacionismo y toda tentativa de borrar esa Memoria, porque sin ella no hay un futuro digno para nuestro país.

Responderemos con unidad, organización y lucha constante como mujeres defensoras de los derechos humanos y de la paz, ante la pretensión de ignorar nuestros derechos o impugnar los avances logrados hasta ahora. Tal pretensión pondría nuestra dignidad en peligro y es incompatible, reiteramos, con las obligaciones contraídas por el Estado de Chile. Adicionalmente, vulneraría los principios de progresividad y no regresión expresados en las normas que definen esas obligaciones (v.gr.: art. 5 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y arts. 2 y 5 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales).

Este 8 de marzo marca el inicio de un nuevo ciclo de acción y vigilancia democrática. Llamamos a las mujeres, a las trabajadoras y los trabajadores, a los jóvenes y a los adultos mayores, a las diversidades sexuales, a estar alertas, presentes y organizados, frente a toda vulneración de los derechos humanos de nuestro pueblo y, a la comunidad internacional a informarse de manera veraz para responder con solidaridad en defensa de los pueblos hermanos.

No retrocederemos, no olvidaremos, no callaremos!

Crecimiento sin Estado: la variable institucional que definirá la próxima década

Crédito Foto: Patricio Muñoz Moreno

La discusión pública en Chile suele caer, con una frecuencia casi rítmica, en la simplificación del indicador: la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) se presenta como el barómetro último del éxito o fracaso de una nación. Sin embargo, a medida que nos acercamos a definiciones políticas cruciales para 2026, surge una interrogante que no es de naturaleza ideológica, sino profundamente estructural: ¿es posible sostener un crecimiento genuino si se debilita la arquitectura estatal que debe organizarlo? La evidencia regional sugiere que el problema central no radica únicamente en cuánto crece una economía, sino en la robustez de las instituciones que transforman esa expansión en bienestar y cohesión social.

La Trampa Regional y la Erosión del Trabajo

América Latina se encuentra hoy en lo que la CEPAL denomina la “trampa de bajo crecimiento”, con proyecciones modestas que apenas rozan el 2,4% para los próximos años. Pero el síntoma más alarmante no es la frialdad de ese número, sino la degradación de la calidad del empleo que subyace en él. Entre 2013 y 2022, el empleo informal en la región creció un 18,6%, mientras que el formal apenas aumentó un 3,3%.

Esta tendencia no es solo una estadística laboral; es una erosión silenciosa de la base tributaria y de la seguridad social que reduce drásticamente la capacidad redistributiva del Estado. La secuencia es destructiva: una alta informalidad deriva en una menor recaudación, lo que limita la inversión pública y termina por fracturar la cohesión social, aumentando la vulnerabilidad ante shocks externos. El problema, por tanto, no es meramente distributivo, sino eminentemente institucional.

El Diagnóstico Chileno: Fragilidad Bajo la Superficie

En este escenario, Chile no es una isla, aunque parta con una ventaja comparativa. Los datos de la encuesta CASEN 2024 revelan una vulnerabilidad estructural latente: un 17,8% de la población vive en pobreza multidimensional y un 6,7% en pobreza severa. Al mismo tiempo, la informalidad laboral ronda el 26%, lo que significa que uno de cada cuatro trabajadores opera fuera de la red de protección social y previsional.

Esta precarización se agrava al observar que el empleo formal depende mayoritariamente de pequeñas y medianas empresas (65% de los puestos), las cuales son hipersensibles a las restricciones crediticias y los ciclos económicos. Chile no enfrenta solo un problema de desempleo, sino una tensión profunda entre productividad y protección. Reducir la capacidad fiscal o regulatoria del Estado en este contexto no elimina estas fragilidades; por el contrario, corre el riesgo de amplificarlas.

Crecimiento vs. Institucionalidad: El Espejo de Perú

El contraste con Perú resulta, en este sentido, sumamente ilustrativo. Si bien el país vecino ha mostrado periodos de crecimiento superiores a los de Chile, lo hace conviviendo con una informalidad laboral cercana al 70% y una presión tributaria de apenas el 19,2% del PIB, frente al 23,9% de Chile. La diferencia de casi cinco puntos del PIB en recaudación equivale a miles de millones de dólares anuales en capacidad de financiar infraestructura, regulación ambiental y políticas públicas.

La brecha institucional queda expuesta en indicadores internacionales: mientras Chile ocupa el puesto 33 en el Índice de Estado de Derecho (WJP), Perú se ubica en el 88. Un Estado que renuncia a su capacidad fiscal y regulatoria pierde las «palancas» necesarias para organizar la sociedad. El crecimiento puede mantenerse por un tiempo, pero la institucionalidad se erosiona, dejando al mercado en un vacío de cohesión.

La Precarización como Fenómeno Político

La informalidad no debe entenderse simplemente como una condición económica individual, sino como una condición institucional. Cuando segmentos masivos de la población operan fuera de la norma, el Estado pierde su facultad de coordinación. Raúl Prebisch advirtió tempranamente que el desarrollo no depende solo del volumen exportador, sino de una transformación estructural que fortalezca la capacidad estatal.

Osvaldo Sunkel profundizó esta idea al describir la “modernización excluyente”, donde sectores integrados al circuito global coexisten con mayorías precarizadas cuando el Estado falla en articular la integración productiva. Incluso pensadores como Thomas Piketty han demostrado que la desigualdad es el resultado directo de marcos institucionales y fiscales. Sin capacidad tributaria, la democracia se queda sin herramientas materiales para sostener el acuerdo común. Como recordaba Hannah Arendt, la política se sostiene en la confianza institucional; cuando esa confianza se vacía, la esfera pública se reduce a un conflicto permanente.

La Variable Decisiva hacia 2026

La discusión pública suele plantearse erróneamente como una lucha binaria entre mercado y Estado. Sin embargo, la evidencia analizada sugiere que la variable decisiva es la capacidad institucional. Un Estado capaz de regular, fiscalizar y redistribuir es el único que puede convertir el crecimiento en bienestar sostenible.

Relajar el marco regulatorio bajo el argumento de la libertad económica conlleva riesgos estratégicos, especialmente en lo ambiental. Un Estado que pierde capacidad regulatoria transfiere costos al futuro, generando deudas intertemporales en forma de degradación hídrica o conflictos socioambientales que, eventualmente, frenan el mismo crecimiento que se pretendía impulsar.

En conclusión, Chile parte con una base institucional sólida, pero esta fortaleza es acumulativa y reversible. La pregunta hacia la próxima década no es cuánto vamos a crecer, sino qué tipo de Estado organizará ese crecimiento. Crecer sin Estado no consolida el desarrollo; simplemente lo vuelve frágil y dependiente. Esa, y no otra, es la variable que realmente definirá nuestro futuro.

Los medios tradicionales al servicio de la “industria del miedo”

Foto de Bruna Araujo en Unsplash

Según la última encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana, el año 2024  un 87,7% de los chilenos pensaba que la delincuencia había aumentado en Chile; un 74,5% creía que había aumentado en su comuna y un 50,8%, en su barrio. Ello, a pesar de que solo un 8,5% de los hogares chilenos había sido víctima real de delitos violentos.

La  gigantesca brecha entre percepción y realidad tenía, entre otros culpables, uno crucial: los noticieros de la televisión. Según el estudio, los medios con mayor cobertura de hechos sangrientos eran Chilevisión y Mega, donde las noticias policiales superaban al 30% del noticiero, de las cuales la mitad se refería a delitos contra las personas y la propiedad (asalto, robos, portonazos, homicidios, riñas, balaceras) .

Algo similar develó en 2023 un estudio publicado por el Consejo Nacional de Televisión (CNTV), al constatar que los robos y asaltos ocupaban un 23% de los informativos. Es decir, un porcentaje significativo a pesar de que los delitos resaltados por los titulares estaban en su nivel más bajo desde el 2013.

El tema volvió a estar en el tapete el pasado 20 de febrero, a partir de una columna publicada en el Mostrador por el escritor Mario Toro Vicencio, la que tituló  “La pantalla como campo de batalla: vulneración de derechos y el derecho a la verdad”. Allí denuncio que “una de las vulneraciones más graves y sistemáticas a nuestros derechos humanos en el Chile actual reside en la programación y los contenidos de los canales de televisión abierta”.

El autor, citando investigaciones de la Universidades de Chile y Católica de Valparaíso, así como de la Biblioteca Nacional, señaló que todas coincidían en un diagnostico lapidario. “La televisión abierta nacional ha renunciado a su rol público para convertirse en una industria del miedo”. Precisó, “no es una mera opinión, es la radiografía forense de un sistema enfermo”.

Pruebas al canto

Si se analiza la historia de los últimos 10 a 15 años respecto de los contenidos de los informativos de televisión, se observa un giro fuerte hacia una narrativa centrada en el crimen, la violencia y la desgracia. Concretamente, el golpe de timón hacia el giro policial se dio el año 2000, cuando los noticieros, producto de la competencia por rating, aumentaron significativamente sus espacios dedicados a la crónica roja. Sin embargo, en esos comienzos, programas como Informe Especial o En la Mira coexistían con cultura, reportajes sociales y debate político.

Fue a partir del año 2010, “casualmente” cuando la derecha llega por primera vez al poder desde el retorno a la democracia con Piñera, cuando la inoculación de la inseguridad y el miedo se transforman  en el eje de los noticieros. La cobertura policial tuvo ese fin. Los cerebros de la “industria del miedo” advirtieron el aumento de la percepción de delincuencia por parte de la ciudadanía, a pesar de que las cifras duras no daban cuenta de ello. Y pusieron acelerador.

Los “en vivo”, los portonazos y asaltos empezaron a ocupar grandes bloques horarios y se perfeccionó el modelo de las campañas del miedo Los hechos violentos se debían repetir mañana, tarde y noche, y se debía agregar una música, un relato dramático y paneles que amplificaran la alarma.

Un punto de inflexión se produjo para el estallido social de octubre de 2019. En ese momento, la televisión se lanzó en picada a la cobertura de la violencia callejera, los incendios, los saqueos, los enfrentamientos entre la “primera línea” y las fuerzas policiales como temas de portada. Desde luego, todas las manifestaciones ciudadanas pacificas no fueron registradas o tuvieron una relevancia mínima en las noticias.

Cuando vino la pandemia, uno de los diseños que instauró la campaña del miedo fue el conteo diario de muertos, lo que tuvo al país aterrado por más de un año. Luego la focalización fue en la crisis económica y la migración asociada al crimen, con titulares centrados casi exclusivamente en homicidios.

Nunca más, los noticieros volvieron a tener el tono previo al estallido. Con la llegada del presidente Boric, obviamente se agudizó la estrategia de inocular miedo a través de la televisión abierta. Y se sumaron las redes sociales a esta estrategia, con todo lo que hemos visto en estos últimos cuatro años.

La campaña tuvo un éxito rotundo y esta vez fue la ultraderecha la que se hizo del poder, con una votación histórica. El plan de intensificar la pauta policial en los informativos a lo largo de 15 años y aplicar una saturación casi permanente durante seis a siete años (a partir del estallido) estaba planificada para tener resultados…

La industria del miedo

¿Cómo opera la industria del miedo, que utilizó con tanta efectividad la televisión chilena? Hay que, una vez más, acudir a la psicología social.

Esta explica que lo que vemos repetido, parece más frecuente de lo que es y genera un estrés basal crónico. El cerebro no distingue bien entre amenaza vista y amenaza real  y surge la sensación de pérdida de control, instalándose la idea de que “todo está peor”, incluso cuando los datos no siempre lo confirman. Se crea un clima emocional colectivo, donde el miedo constante cambia la conversación pública, el voto y aumenta  la tolerancia a ofertas autoritarias.

 Mario Toro, en su columna de El Mostrador es tajante: “En una democracia sustantiva, el derecho a saber la verdad no es una concesión graciosa del poder, sino la piedra angular de la libertad ciudadana”. Sin embargo, añade, “al encender la televisión en Chile, no nos encontramos con una ventana al mundo, sino con un espejo cóncavo, diseñado meticulosamente para distorsionar la realidad hasta volverla irreconocible”.

Y es dramáticamente cierto si pensamos que la “verdad oficial” está en Chile en manos unos pocos grupos económicos. En el ámbito de la prensa, la familia Edwards y el grupo Copesa han controlado históricamente más del 90% de los diarios y lectores del país.

En el ámbito televisivo, los grandes canales están en manos del Grupo Luksic que controla Canal 13; Grupo Bethia, que controla Mega. Desde este año 2026, Chilevisión es propiedad de Vytal Group  y La Red pertenece a Albavision.

En el ámbito radial, la propiedad también está concentrada en redes nacionales, incluida la participación de grupos extranjeros como Prisa Media e Iberoamericana Radio Chile, que es parte del grupo del grupo Claxon.

Respecto de esta insana situación, Mario Toro señala que “la concentración de la propiedad de los medios en manos de unos pocos conglomerados económicos ha transformado el pluralismo en un mito”, añadiendo que “lo que vemos no es la diversidad de Chile, sino el monólogo de una élite que protege su statu quo”.

Es de miedo. Claramente, la contienda parece ser desigual. ¿Podemos enfrentar esta dictadura de los medios, que nos estrecha la mente?

Hay caminos, si consideramos que los medios masivos ya no tienen el monopolio del relato como en los años 80 o 90. Hoy compiten con las redes sociales, los medios digitales independientes, las plataformas de streaming, el periodismo ciudadano. Sabemos que los medios no nos dicen qué pensar, pero si sobre qué pensar. De modo que una forma de enfrentar esta contienda debe contemplar acciones como la alfabetización mediática, o sea aprender a leer críticamente los mensajes; no consumir compulsivamente información y diversificar las fuentes.

En suma, se puede enfrentar el poder hegemónico de los medios produciendo nuestro propio relato, generando conversaciones críticas y, por cierto, construyendo comunidades de sentido, donde la agenda no la fijen los medios sino la conversación reflexiva.

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