Veo a la mariposa del tercer piso que, como todas las mariposas del mundo, salta de su cama y nace junto a las madrugadas de esta primavera. Se acompaña con la fuerza del día recién despierto, lleno con la fuerza de sus horas siguientes. La mariposa extiende sus alas nuevas y relucientes para comenzar el vuelo libre, saltarín y empedernido, envuelta en su chaquetilla blanca, negra y roja como capullo a punto de brotar, encapuchada por encima de su casco pintado de stickers multicolores que llaman a votar.

Con sus manos enguantadas traslada su bicicleta también roja, volando de piso en piso. Como que no necesitara los peldaños dobla los giros de la escala. La mariposa lleva a sus espaldas las alas guardadas en la mochila, que le dan las fuerzas y el ánimo para pedalear. Avanza libre y apurada por las calles y veredas de todos los jardines y plazas del mundo, junto a sus compañeras del aire libre que se vive y se multiplica. Vuela como la juventud, a varias direcciones al mismo tiempo. Va cambiando de colores a medida que crece la luz del sol de este octubre esperanzado. Y avanza con libertad. Con dignidad que se le va  haciendo costumbre en cada revolotear.

Primero se suelta la bufanda que empieza a estar de más sobre su cuerpo que vuela más libremente aun, porque el sol también la quiere abrazar. Aparece su collar de mil colores alrededor de su cuello juvenil y airoso. Cuadras después baja el cierre de la chaquetilla negra, se descapucha y aparece su camiseta amarilla con letras azules en el pecho. Las letras dicen APRUEBO y así, danzarina y dispuesta, llega a sus destinos diversos dónde baila con muchas otras mariposas. Juntas hacen rondas de diecinueve millones de mensajes por esos jardines de todas las plazas. Por el desierto seco y por las lluvias. Por la cordillera y el mar. El sol las acompaña, alegremente. Las aplaude, les da fuerza, les multiplica los ánimos.

A eso de las siete de la tarde, el mismo sol comienza a sentir que ha cumplido su tarea del día y ya quiere recogerse a dormir para retomar sus fuerzas vitales y renacer con la siguiente madrugada. Por una parte, el día primaveral con toda satisfacción también va deteniendo su ritmo alegre y la cercana noche viene a abrazar al mundo con su oscuro manto acostumbrado.

Las bailarinas que han volado en los jardines y en las plazas llamando a votar se tienden a reposar sobre los pétalos de las flores primaverales recién brotadas. Las rosas, los cardenales, las buganbilias, La mariposa del tercer piso vuelve a tomar su bicicleta compañera. Y pedalea, pedalea, pedalea., Mientras vuela de regreso va plegando sus alas que cubre con la chaquetilla negra, pone a su espalda la mochila, se tapa su camiseta amarilla de las letras azules que dicen APRUEBO y, con el viejo arte de la magia que envuelve al mundo, nuevamente es la encapuchada envuelta en su capullo.

El último vuelo lo hace llevando su bicicleta por la misma escala que sube con su tarea cumplida todos los atardeceres. Cuando alcanza su nido del tercer piso, reposa finalmente en su familiar mundo nocturno. Envuelta en sí misma como oruga duerme con sus alas cerradas y sus sueños despiertos la mariposa del tercer piso que espera la próxima madrugada y todas las madrugadas que soñamos.

Y que son reales, Hay que seguir volando.