María Virginia Quevedo Méndez, más conocida como Vicky Quevedo, es una activista feminista histórica en el país. Tuvo el privilegio histórico, como describe ella, de compartir espacios feministas con mujeres como Julieta Kirkwood y Elena Caffarena.

Su caminar en el activismo la llevó a convertirse en la conductora del acto central de cada conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Su primera vez sobre el escenario fue en 1989 y se mantuvo hasta 2015. Sin embargo, su rol como comunicadora no lo ha abandonado del todo, ya que actualmente conduce dos programas radiales vinculados al feminismo.

Actualmente ya ha superado los 60 años, por lo que le causa profunda emoción, según comenta, el ver tantas mujeres desbordando La Alameda, algo impensado cuando ella se inició en este viaje, al cual llegó luego de casi seis años de exilio en Suecia, y gracias a la invitación de una amiga a participar en un taller que ofrecía el Círculo de Estudios de la Mujer en 1982.

Luego, en 1984, con su apreciada amiga Julieta Kirkwood, precursora de movimientos feministas de los años 80 y de los estudios de género en Chile, y junto a más compañeras, formaron La Casa de la Mujer La Morada, una organización a la cual pertenece hasta hoy, desde donde trabaja políticamente en pro de los desafíos del feminismo.

También fue testigo de cómo el periodo de transición puso en riesgo la organización colectiva que existía en dictadura, debido a que muchas compañeras de lucha migraron a los partidos políticos que formaban parte de la Concertación, coalición que a principios de 1990 llegaba al poder después de diecisiete años de dictadura.

Sin embargo, ella se mantiene firme en su lugar de activista y ve con emoción cómo nuevas generaciones alzan las banderas de los feminismos con valentía y decisión, pero también recuerda con nostalgia a muchas mujeres que décadas antes se organizaron y se plantearon combatir al patriarcado en todas sus formas. Compañeras y momentos que siente no haber fotografiado, ya que los describe como hermosos y de mucho compañerismo.

¿De qué forma se acercó al feminismo?

Durante los años de dictadura se crea el Círculo de Estudios de la Mujer, ahí se hacían investigaciones relacionadas con el feminismo. En ese espacio participaban mujeres de distintas universidades, se dialogaba, indagaba y se ofrecían talleres a otras mujeres. Todo centrado en nuestras preocupaciones, sueños y necesidades. Una amiga me invitó a participar una vez que llegué del exilio en 1982, en esa instancia tuve el privilegio de conocer a Julieta Kirkwood, una mujer inteligente y maravillosa. Pero después tuve que volver a Suecia a terminar mis estudios universitarios. Finalmente, volví a Chile definitivamente en 1984, justo para la última reunión del Círculo de la Mujer, donde se tomó la decisión de bifurcarse, se crearon dos instancias distintas: una de investigación que fue el Centro de Estudios de la Mujer, que hasta hoy existe, y la Casa de la Mujer La Morada, que era un espacio más político. Con Margarita Pisano fuimos las primeras coordinadoras de La Morada.

¿Cómo eran las conmemoraciones del 8 de Marzo en los 80?

En aquellos años el 8 de Marzo era un mitin. Salíamos frente a La Moneda a cantar el himno nacional y con suerte alcanzábamos a llegar a la mitad, después venía carabineros y teníamos que arrancar, ahí se acababa todo. No éramos tantas, pero si éramos decididas.

¿Cuáles eran las consignas en los panfletos y letreros?

Uno de los grandes aportes de La Morada es de Julieta. Una noche con Viviana Castro y dos compañeras más, se quedaron todo el toque de queda en la casa de una de ellas y llegaron a una gran consigna: “Democracia en el país y en la casa”. Muy del sello de La Morada, porque fue después de pensar y pensar, no solo en acciones, sino también en desarrollo de conocimiento. Esa pasó a ser nuestra gran consigna y le dio horizonte a todo nuestro trabajo. No era solo luchar contra la dictadura y sus horrores, porque nosotras decíamos sí, democracia en el país, pero qué pasa en la casa. A los sectores progresistas de la época les parecía una ridiculez sin nombre, pensaban que a nadie le podían importar estos temas, quizás en democracia se podía hablar de esos temas secundarios, así los tomaban ellos, pero en dictadura no había espacio para esas demandas.

¿Cómo enfrentaron ese menosprecio al movimiento feminista?

Ellos ignoraban que cuando te metes en la democracia al interior de los hogares, aparece la violencia contra las mujeres, el abuso de poder de los varones, la dependencia económica de las mujeres, todas demandas que conversábamos entre nosotras. Otro grito que nació en esa época fue “Manolo, Manolo, el almuerzo te lo haces solo”. Hoy puede parecer muy básico, pero en esa época nadie salía con consignas así, excepto nosotras. Entonces, enfrentamos ese menosprecio con trabajo y acción.

 ¿Cómo fue trabajar colectivamente con Julieta Kirkwood?

Julieta siempre se sentaba un poco retirada de la asamblea, tejiendo, porque le encantaba tejer, y de repente levantaba la mano, siempre que la Julieta hablaba, no la quiero endiosar, pero era un aporte enorme. Era una mujer de mucha reflexión. Su gran gracia no solo es su aporte teórico, porque fue la primera mujer en investigar qué pasaba entre partidos políticos y las mujeres, ella además era socialista. Ella trabajaba en la Flacso, y junto con tener su escritorio, su sueldo, a la vez participaba en La Morada, por la cual luchó mucho para que se creara. Entonces, estaba la mitad en Flacso y la mitad en La Morada haciendo talleres, acciones feministas. Julieta era una intelectual que estaba en la calle, aprendí mucho de ella, porque puedes ser una lumbrera intelectualmente, pero es fundamental ir estableciendo nexos con las dirigencias sociales. Muchas veces hicimos talleres a sindicalistas, dirigentas, pobladoras, en esas instancias tu cabeza se enriquece, hay tierrita debajo de tus verbos, de tu lenguaje con el cual construyes conocimiento. Me encantaba eso de ella. Pero también era una mujer hiper reservada, no soportaba que le invadieran la vida.

¿Cree que existe alguna deuda de aquellos años?

En esa época empieza a surgir el lesbianismo y tal vez en La Morada cometimos un error histórico, porque nunca nos jugamos por abrazar la causa. Nuestras demandas eran la libertad sexual, que tu libertad termina cuando empieza la del otro. Ahí nació Ayuquelén, una organización lesbofeminista, la primera, ellas tomaron esas banderas, pero nosotras no nos posicionamos nunca en La Morada, hoy en día me arrepiento.

¿Qué rol jugó el movimiento feminista en la transición?

A medida que nos fuimos acercando al inicio de la transición, también empezó a pasar que compañeras, como María Antonieta Saa, cruzaron a la política partidaria, ya que sentían que era importante llevar el feminismo al interior de los partidos.  Yo diría que hubo una suerte de debilitamiento del movimiento feminista al inicio de la transición a causa de eso, pero nuestro accionar también fue muy pobre. Para peor, la primera ministra del Servicio Nacional de la Mujer fue una democratacristiana, Soledad Alvear, que no era tan distinta a lo que es hoy en día. E

lla nunca permitió que se hablara sobre la violencia contra las mujeres, ella instaló el concepto de violencia intrafamiliar, invisibilizando los distintos tipos de forma de violencia que vivimos las mujeres.

¿Cómo llegó a ser la conductora de la manifestación central del 8 de Marzo?

El Movimiento de Emancipación de la Mujer Chilena organizaba el evento del 8 de Marzo, y en 1989 se organizó una actividad en Estación Mapocho; ahí se puso una actriz a conducir en el escenario, hasta que quedó la grande porque llegaron los carabineros afuera del lugar, ahí se fue la animadora, y yo estaba en la organización, entonces agarré el micrófono y me acordé de tres o cuatro ideas claves y no dejé nu

nca más de conducir el 8M Feminista, no del gobierno ni nada, solamente el organizado por el movimiento feminista. Estos actos eran en La Alameda o, a veces, en el Paseo Bulnes, ahí se ponía un escenario. Después ya ni me pedían que fuera la conductora, ya era obvio que tenía que ser yo.

¿Qué sintió al ver a tantas mujeres marchar durante el 8 de marzo de 2020?

En general suelo ir a Plaza Dignidad y bajar por La Alameda con algún lote o detrás de algún lienzo, pero siempre me devuelvo sola, me las arreglo para devolverme sola. A veces me devuelvo llorando, pero no de tristeza, sino de emoción profunda, porque formo parte de una generación que le costó mucho, pero ahora todo es maravilloso, las manifestaciones de Chile son con mujeres libres, valientes y dispuestas a amar, todo es muy carnavalesco. Es muy emotivo para mí, hasta que llega carabineros y reprime, lo otro malo es que en la televisión muestran sólo incidentes.

¿Cómo desarrolla hoy su activismo feminista?

Conduzco el programa radial “Lo que Tramamos las Feministas” en Radio Tierra. Ahí recorremos el país a través de redes sociales. Generalmente, lo que hacemos es buscar organizaciones feministas de base, territoriales, mujeres que tienen demandas y trabajo en terreno, yo las entrevisto y ellas nos mandan, muy al estilo del feminismo de estos tiempos, videos, fotos. Es un programa dinámico porque muestra el trabajo de las organizaciones en terreno, entonces la conversación es una suerte de reflexión de lo que están haciendo. También conduzco Foro Ciudadano, que en Santiago se transmite por radio Universidad de Chile, pero también llegamos a regiones porque tenemos convenio con radios locales y territoriales. En ese espacio conversamos de temas de interés público desde una perspectiva feminista. Además, soy parte de Alquimia, un fondo que entrega recursos a organizaciones de mujeres, yo presido el jurado, al año participan entre 130 o 140 organizaciones. Ahí me quedo maravillada nuevamente con el feminismo, porque digo tanta organización que yo no conocía, lideradas por mujeres potentes, que se la están jugando. Después de cada concurso quedo muy contenta. Y por supuesto sigo ligada a La Morada.

Vicky Quevedo es representante del histórico movimiento feminista en Chile, del activismo y de las comunicadoras feministas. Puede no tener fotografías de muchos hitos -como lamentó en esta entrevista – pero más importante que eso, ella misma es memoria feminista, la que suele compartir con entusiasmo cada vez que se le pide.