Además del sinfín de problemas sanitarios, económicos, laborales y sociales -entre otros- que nos ha traído la pandemia del Coronavirus (y su brutal confinamiento), hay uno que no aparece en los titulares de los noticieros pero es  probable que sí adquiera una importancia relevante cuando empecemos a desconfinarnos del todo y volvamos a la vida real. Se trata de los problemas a la hora de reanudar el vínculo de pareja en la vida real, sin confinamiento. Este lazo, probablemente, saldrá bastante maltrecho después de un encierro tan largo, tan dramático y tan inédito como el que ha vivido la humanidad durante este fatídico año 2020.

Así como habrá que ir de a poco rompiendo todos los cercos que impuso el pandemia, creo que también habrá que ir paso a paso reactivando la relación de pareja (sea para aquellos que viven juntos, como matrimonio o en convivencia, o para aquellos que los pilló en etapas de pololeo), debiendo iniciarse un real proceso de “calentamiento” del vínculo (como cuando volvemos a hacer gimnasia después de mucho tiempo), o de virtual descongelamiento, en caso que la relación se haya visto obligada al receso amoroso.

E, imagino, no será fácil porque hay mucho acumulado en estos cuatro o cinco meses de paralización del planeta. De partida, hay una brutal ruptura en la sincronicidad de la pareja porque con el encierro se produjo un drástico cambio de los hábitos y las rutinas. ¡Si hasta los cambios de turno laboral pueden afectar a una pareja, imaginemos este desbarajuste que ya lleva casi un semestre! Y hoy, además, hay angustias económicas, hay insomnios antes desconocidos, hay agotamiento, hay frustración, hay stress, hay cesantía, hay duelos y pérdidas irreparables, hay hartazgo, hay nuevos hábitos y nuevos miedos. De modo que empezar el “desconfinamiento amoroso” no será fácil para la mayoría. Será una lucha contra la adversidad, contra carencias de todo tipo y donde la tarea de retomar en plena forma el vínculo amoroso puede ser visto como una necesidad secundaria, lo que no es bueno. O, incluso, algo más grave. Donde los problemas durante el encierro hayan sido tan grandes que ahora se tenga la sensación que la pareja sucumbió, que también murió de Covid 19.

Ante estos escenarios es donde cabe recordar la visión del psicólogo norteamericano John Bradshaw como una buena guía. El acuñó el término “síndrome del estrés post-romántico”, apuntando a la incapacidad de muchas parejas de soportar el fin de la etapa del enamoramiento químico(que dura entre 12 y 48 meses, según diversos estudiosos del tema) y pasar a las siguientes fases más calmadas, reposadasy sabias del amor. En su libro “Síndrome de Stress Post Romántico: qué hacer cuando se acaba la luna de miel”, el profesional dice creer que “sólo el 15% de las parejas son verdaderamente incompatibles” pero que “muchas rompen porque son incapaces de alcanzar el tipo de amor que puede aguantar en el tiempo”.  Y yo agregaría, el tipo de amor que puede aguantar los problemas y crisis tan inéditas como el coronavirus.

Hay que recordar que, como lo señala el investigador de la UNAM Ignacio Camacho-Arroyo, desde el punto de vista biológico, el amor es un fenómeno integral que involucra nuestro cerebro y nuestros órganos productores de hormonas y que el significado biológico del amor se encuentra en la perpetuación y supervivencia de nuestra especie.

Bradshaw y otros investigadores, como la antropóloga Helen Fisher, plantean que a las parejas les cuesta aceptar estos determinantes biológicos y allí es donde puede flaquear el  vínculo. Por ejemplo, que estamos biológicamente diseñados para que el amor pasional (el amor químico) no dure eternamente y que la fase del coctel hormonal que acompaña al  enamoramiento tenga una duración de soloentre 12 y 48 meses. Etapa necesaria, según concluyen, para acompañar a la frágil cría humana a dar sus primeros pasos,y suficiente para el par de adultos que la cuidan, que no podrían resistir eternamente las cargas de dopamina, oxitoxina, cortisol, vasopresina y otros ingredientes que secreta nuestro organismo a partir del flechazo amoroso. Hay que recordar que ese estado se ha caracterizado incluso como peligroso porque conlleva una cierta dosis de enajenación. Explicada en términos científicos, según Camacho-Arroyo “los enamorados presentan estados de ansiedad y estrés moderados que se manifiestan a través de un aumento en la sudoración, la presión arterial, el ritmo cardiaco y en los movimientos peristálticos intestinales (las famosas ‘mariposas en el estómago’)”. Investigadores del Centro de Neuroética de la Universidad de Oxford también lo grafican en forma sorprendente. Ellos concluyeron, de la misma forma que lo había hecho antes Helen Fisher, que en la fase de enamoramiento –al igual que con drogas como la cocaína- el  cerebro es inundado con dopamina, lo que genera la clásica sensación de recompensa de las drogas y provoca el círculo vicioso de euforia, deseo, dependencia y abstinencia… ¡Además, del riesgo de un infarto! Es por ello que la fase de enamoramiento no es ni puede ser eterna. No habría ser humano que la soportase en términos fisiológicos.

Fase del amor

El sociólogo italiano Francesco Alberoni también coincide en lo pasajera que es esa primera fase del amor y considera que es un error querer un “amor perfecto, continuo, estático”. Cuando eso no se entiende, se cree que en unnuevo enamoramiento será la solución. Pero ese nuevo cicloque parte con el maravilloso coctel químico también, implacablemente, tendrá su fin.

Es por ello que, si el encierro producto de la pandemia nos pilló viviendo nuestra relación de pareja como idílica,inmutable en su felicidad, el problema  puede ser mayor al momento de salir nuevamente al mundo real. Ello, porque al no desarrollar el tipo de vínculo que caracteriza a las siguientes fases de apego y al amor maduro, nos es muy difícil resistir al tiempo, al dolor, a los desengaños, a los sinsabores, a las crisis propias no solo de la vida, sino también del amor.

Si, por el contrario, nunca hemos sido ni  tan parecidos ni tan compatibles pero si hemos desarrollado una relación cómplice, lúdica, libre, realista, es mucho más probable que superemos de mucha mejor forma el  reto y que nuestro test “PCR amoroso” para el desconfinamiento nos sea favorable…  Es mucho más probable que, a pesar de todos los nuevos problemas que tendrá muestra vida, seamos capaces de enfrentarlos como un equipo creativo, empoderado y con una mirada de vaso medio lleno frente al panorama desolador que puede haber dejado el Coronavirus

Un estudio neuropsicológico reciente reafirmó –una vez más- que el éxito de las parejas  radica más en sus habilidades para generar buenas relaciones que en las supuestas almas gemelas que creyeron ser al momento del flechazo. Las parejas exitosas serían aquellas que cultivan las habilidades de convivencia, que tienen que ver con la comunicación oportuna y asertiva, la capacidad de resolver los problemas (es decir, no creer que no los tienes porque los escondes), la habilidad para gestionar las diferencias y para negociar, es decir la sabiduría para no imponer ni rendirse.Como lo sintetiza la psicóloga clínica española Miren Larrazabal “la diferencia entre una persona que se dice satisfecha en su vida en pareja y una infeliz no son los problemas, sino la manera de afrontarlos”.

Tener claro esto último será de importancia clave para retomar la vida con la otra naranja que tenemos  de compañera o compañero de vida. Porque eso de la “media naranja” también era falso como Judas… La psicóloga Miren Larrazabal lo dice en forma más elegante… “Lamedia naranja es una idea del marketing; nadie te puede satisfacer al 100% en todo; una relación va creciendo, evolucionando y modificándose a lo largo de la vida”.¡Suerte en su próxima salida al mundo real!