Hernán García Moresco, Magister© Ingeniería Informática USACH. Diplomado en Big Data Universidad Católica. Diplomado en Ciencias Políticas y Administración Pública. Universidad de Chile. Licenciado en Educación en Matemática y Computación USACH
José Orellana Yáñez, Doctor en Estudios Americanos Instituto IDEA-USACH, Magister en Ciencia Política de la Universidad de Chile, Geógrafo y Licenciado en Geografía por la PUC de Chile. Integrante del Centro para el Desarrollo Comunal Padre Hurtado.

Ad portas de las elecciones en segunda vuelta para gobernadores regionales 2024, el modelo de elegir a la autoridad regional trae consigo para algunos, el temor de que la elección popular de las gobernaciones regionales se transforme en una elección nacional. Al punto que se estima que quien se haga electo de la gobernación regional, lo hace con tantos o más votos que cualquier otra/o representante en el Congreso o Municipio de las respectivas regiones.
La segunda vuelta de la Región Metropolitana de Santiago, en esta oportunidad, tiene una singularidad entre otras. Es la posibilidad de que Claudio Orrego Larraín, de ganarla, se instale como un liderazgo, al fin, de cobertura nacional. Lo anterior, con más fuerza, si hubiese ganado en primera vuelta, pero en esta segunda vuelta, le imprime simbólicamente una oportunidad de sintetizar la dimensión republicana, territorial, de cohesión social y tolerancia, premunida de una gestión que pareciera ser, no merece profundo cuestionamiento (fuera de lo que se indica en periodo electoral-campaña).
Su capacidad de ampliar las conversaciones más allá de su natural sector político (centro-izquierda) o como bien dice él, por ser un “demócrata” (expresión amplia, en código chileno, que busca diferenciarse de quienes pregonan u optan por dictaduras), le permitiría ir sumando opiniones positivas y de respaldo de forma transversal, donde es relevado como un político que busca el acuerdo. Lo anterior, además, de ganar la elección, le podría generar un manto de épica que no está muy instalado en estos días.
Por ende, Orrego Larraín, el Claudio, de ganar esta segunda vuelta, no sólo habrá derrotado a un sector político, esto es, las derechas, sino que, en la elección pasada, venció a otrosque representaron a un tipo de izquierdas, teniendo a reglón seguido, como telón de fondo, una gestión transversal que asegura habilidad en la gestión y el acuerdo. De ganar, se podría escrutar favorablemente su condición de independiente, que, sin perjuicio de tener una trayectoria venida desde la Democracia Cristiana y una matriz instalada desde el humanismo cristiano, a efectos de esta coyuntura, le estaría revistiendo de garantía política de transversalidad, con alcance de hasta algún voto de derecha.
Orrego Larraín, el Claudio, sin quererlo, en esta segunda vuelta, que pareciera ser le viene de “perilla” para hacer crecer la épica (si es que gana por supuesto), ha ocupadocuanta cobertura le ha sido posible, no solo hablándole a la región que busca representar, sino que también al país, premunido de resultados, acompañado de una carga de principios que proyecta a partir de la tolerancia, la equidad territorial, la solidaridad y el BUEN TRATO, tan demando desde la/os representada/os por estos días. Junto con lo anterior se presenta con una historia de vida ligada, entre otros, al movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo y una dilatada experiencia en lo público: Concejal (’96, 2000), Alcalde (2004, 2008), Ministro, Intendente, por mencionar algunos.
Ahora, junto con lo comentado, cuenta con un proyecto político de desarrollo regional articulado, institucionalizadoy sancionando favorablemente en la transversalidad política que le permite el actual Consejo Regional, esto es, la Estrategia Regional de Desarrollo, la que se encuentra fundada en los siguientes principios rectores: inclusión, Resiliencia, Equidad de Género, Justicia Socioterritorial, Seguridad Humana, Cohesión social y sostenibilidad. De todos modos, será desafiante su nuevo periodo (de ganar)con una mayoría CORE, que hoy representa de mejor manera a las oposiciones.
Interesa, además, comentar desde una perspectiva electoral, que la Región Metropolitana en voto voluntario aportó para Orrego Larraín el 2021 un 53% de la votación en segunda vuelta, convirtiéndose en Gobernador Regional, en uncontexto vinculado al estallido social. Partiendo en primera vuelta, en aquella oportunidad, con el 26% de la votación de Orrego y en competencia con ocho candidaturas. En esa temporalidad los Ecologistas e Independientes obtuvieron (Nathalie Joignant) 391.741 votos (15%), los Republicanos representados por Rojo Edwards alcanzaron 171.446 votos (7%), sumados a los de Parot (Evopoli) que obtuvo 384.171 votos (15%). Sumándose los Nulos más votos blancos que llegaron al 3,2%
En el 2024, Orrego Larraín con voto obligatorio llega a 1.644.699 (39%), la candidata de FREVS (NathalieJoignant) obtiene 121.363 (3%), los Republicanos con Macarena Santelices llegan a 415.288 votos (9,7%) y el candidato RN llega a 1.176.628 votos (27,6%). Este primer escenario con 15% de votos nulos, más blancos.
Las elecciones de segunda vuelta requieren algo más que votos e imagen. Requieren claridad en el norte programático para convocar (total o parcialmente) a las candidaturas que no logran avanzar y que con sus apoyos pueden dar claridad al electorado.
Orrego Larraín está-ría más cerca del triunfo que su contendor. En teoría, el apoyo y la votación de Rodrigo Logan (5,5%), más el de Nathalie Joignant (3%), sumados a una parte de los de Catalina Valenzuela (3%) y a otra parte de Carlos Pichuante (2%), con menos nulos y blancos, permitiría afirmar que Orrego Larraín tendría la primera opción para ampliar holgadamente la distancia con la que ganó en el año 2021 (¡tendría!, siempre que hay recordar que los electorados con caprichosos).
Por lo tanto, de ganar Claudio Orrego Larraín, tendría una hoja de ruta que es proyección de lo realizado y certidumbre de lo QUÉ esperar en la gestión regional junto con las alcaldesas y alcaldes de la Región Metropolitana y las comunidades de ciudadanía que se emplazan sobre esta territorialidad (proyectada a la nación, a la república, sin proponérselo, por cierto)