“¿Qué ves venir por el camino?” preguntó el Rey. “Nada” respondió Alicia. “¡Que buena  vista -dijo él-, ver  nada, y desde tan lejos! …”. Lewis Carroll, Alicia a través del espejo.

Kairós, la otra cara del espejo: el tiempo con significado.

En su propuesta de ANT Theory (Actors Networks Theory: Teoría de la Red de Actores) hace una veintena de años, Bruno Latour destacó el carácter revolucionario de las Nuevas Tecnologías de Comunicación, señalando que el espacio social no se articulaba igual, según el tipo de tecnología que fuera introducida: los grupos y sociedades no somos los mismos con radio, televisión, celulares, u otros dispositivos. No son lo mismo las relaciones tempo-espaciales que se producen a través del mail que con WSP, por ejemplo. Hay que tomarlo en cuenta, aunque no se haga.

Por cierto, Latour no imaginó entonces, que las comunicaciones se transformarían en una formidable “y total” herramienta de control, eso lo estamos descubriendo hace poco. “Usar Facebook, es como trabajar gratis para la CIA”, decía -mientras aun lo dejaban hablar- Julián Assange, cuando recién empezábamos a intuir del Big-data, y mucho antes que se supiera de Cambridge Analítica y los hackeos política y militarmente dirigidos arteramente, a las elecciones, la infraestructura sanitaria y productiva de los países, cuestiones comunes hoy en día, en todos lados.

Sin embargo, si esas preocupaciones refieren principalmente al software o los programas, y a sus impactos de transformación social, una conferencia del sociólogo y profesor francés, en 2016, si considera el efecto del hardware o la maquinaria. Pese a la opinión generalizada -y trabajosamente producida por los media-, de “energías limpias”, internet tiene muy poco, tal vez no más que el destello de las pantallas digitales y su “imagen” de rapidez y pureza. En realidad, para tener funcionando la nube de redes, se necesita la energía generada por treinta centrales nucleares, y luego en lo que concierne los aparatos usados, ellos como ya empezamos a saber, están lejos de ser desechables.

Como lo hemos dicho en este espacio, hay una tríada de elementos dominantes, que nos tienen al borde del colapso, (“a dos minutos del fin”, si un reloj de 24 horas significara la paz y la harmonía de las sociedades humanas en el planeta…), como dice la Sociedad de Científicos Atómicos: la Bomba Atómica, el Cambio Climático, y la Disrupción Tecnológica.

Así me debo a saludar en esta ocasión, la coincidencia de una comunicación compartida esta semana, entre un grupo de WSP de interés, en el cual participo y la edición digital de un periódico inglés, publicada el mismo día, que vincula Información científica con proyecciones del impacto de las tecnologías en la salud y entonces en la política, que debiera ser el arte de articular información científica y el sentimiento de la gente, para construir sociedad.

La citada comunicación de WSP, advertía de una decisión del gobierno japonés, basada en un estudio de la Universidad de Hiroshima, que habría prohibido en el país la utilización de microondas, por los efectos disruptores que provocan los electrodomésticos en los alimentos y por ende en la salud. Luego de una búsqueda para verificar la información en el sitio web del Gobierno Japonés y no encontrar nada, (aunque si encontré estudios sobre campos magnéticos de baja frecuencia de la universidad), concluí -y así lo comuniqué a mis amigos-, que no era información confiable.

Ese mismo día, tuve acceso a una publicación científica alemana que abordaba el problema “inalámbrico”, de los efectos ignorados sobre la salud de los Campos Electro Magnéticos (EMF) y puedo responder la inquietud de nuestro grupo, esperando que los tomadores de decisiones la consideren en su gravedad.

“Implicaciones para la salud de la exposición a largo plazo al electrosmog”

http://kompetenzinitiative.net/KIT/wp-content/uploads/2016/07/KI_Brochure-6_K_Hecht_web.pdf

Así como sabemos cada vez más, de la corrupción endémica en nuestras instancias reguladoras de salud y los monopolios de la industria farmacéutica, de la industria de energía nuclear y en la agricultura industrial  y su desmedida utilización de insecticidas y fertilizantes, existe igualmente una cultura de engaño y ocultamiento a propósito del régimen de telecomunicaciones  inalámbrico  y la negación irresponsable de los efectos de la radiación de frecuencia electromagnética en la vida vegetal y animal.

Aunque como todo el espectro de temas que abordamos en estas líneas desde el primer día de enero del 2019, es de naturaleza compleja y debe ser considerado de manera más extensa que lo que este espacio está concebido para otorgar, será interesante considerar éste otro salto adelante tecnológico del que sólo escucharemos cuestiones sobre sus beneficios de “comunicación” y no sobre sus aspectos de control, ni estudios que den cuenta de los efectos que tendrá sobre la salud de las personas,  su utilización masiva y de larga duración, ni mucho menos sobre los efectos sociales o sobre el medio ambiente. Si sabemos que producirá una enorme concentración de la riqueza y un desmedido crecimiento de la pobreza. Pero eso a quien le puede interesar.

Es interesante revisar como esta problemática se da en los países que lideran nuestro camino. En USA, durante la pasada administración, la FFC estableció en Spectrum Frontiers, las reglas para exigir el lanzamiento de “5G” como una “prioridad nacional”, dejando claro el espíritu tecnocrático de poner la tecnología primero, que sea  la tecnología la que impulse la política, en lugar de poner la tecnología al servicio de la sociedad. Desde entonces en adelante, el complejo industrial de telecomunicaciones privadas está teniendo prioridad sobre los científicos y los legisladores electos, que expresan su profunda preocupación por las amenazas de 5G. Como es obvio, esta línea estratégica, ha adquirido mayor fuerza durante el actual gobierno y tiene prioridad sobre las advertencias que aun emiten las muy disminuídas agencias médicas, de salud y ambientales.

En solo 5 años más, de aquí al 2024, se espera que, aproximadamente el 40 por ciento de la población mundial esté conectada a la red 5G. Eso significa que decenas de miles de millones de dispositivos, desde automóviles hasta refrigeradores, semáforos, equipos de vigilancia, medidores inteligentes de servicios públicos (¿alguna referencia? …) y teléfonos celulares, estarán interconectados a una red global de tecnologías de Campos Electromagnéticos (EMF). Nada que pueda tener un chip electrónico estará exento de llevarlo y formar parte de la Internet de las Cosas.

Pero, sobre todo, ninguna planta o árbol, insecto, ave, pez, animal, humano, o forma cualquiera de organización viva, podrá escapar a la exposición de enormes cantidades de contaminación electromagnética las 24 horas del día. Esta tecnología de nueva generación, como nos consta, ya está siendo promovida agresivamente y comercializada al público sin ninguna mención de sus riesgos catastróficos. La organización Physicians for Safe Technology (Médicos por una Tecnología Segura) ahora advierte que su efecto adverso predecible creará “trastornos biológicos, ambientales y sociales” que “será difícil o imposible de revertir”.

Mientras que la corriente tecnología 4G tuvo éxito en realizar una completa migración digital que permitió alta velocidad de transmisión de datos en teléfonos celulares, video y distintas interfaces de internet, el desarrollo de la IoT (Internet of Things: Internet de las Cosas) que hará posible la nueva tecnología de transmisión de datos 5G, es francamente impensable.

Como nos ha dicho el Boletín de los Científicos Atómicos, nuestro momentum está caracterizado por la convergencia e interrelación de tres amenazas que nos conducen a l desastre que vivimos – la acumulación de bombas atómicas, el cambio climático y la disrupción  tecnológica-, sin darnos cuenta cabal, porque estamos insertos en ella (como la rana en la olla) y según nuestra condición de conciencia, formamos parte, alegremente.

 La Salud de los ecosistemas. 

A estas alturas, la mayoría de nosotros deberíamos habernos dado cuenta no sólo que la vida no es eterna, sino que la extinción es además próxima. No como un proceso natural nos lo indicaría, sino que realmente más próxima a lo que quisiéramos, aunque se sigue actuando de acuerdo a las mismas dinámicas de crecimiento económico que han llevado a la desaparición de 2000 especies (no individuos) cada año. Los enormes sistemas naturales sobre los que ella se asentaba en una compleja relación de sistemas ecológicos, como el océano, o el aire, tampoco han sido preservados y sus alteraciones, en muchos lugares ya son medios hostiles para la reproducción de la vida que albergaban.

Hace ya varias décadas que, los científicos han estado advirtiendo que la emisión desenfrenada de gases de efecto invernadero, si se permite que continúe al ritmo actual, conducirá al fin de la vida sobre el planeta. La duda que alimenta a la ciencia, y donde sigue habiendo un creciente debate, que ya por suerte ya ha llegado al ámbito decisorio, se refiere a cuando ocurrirá ese momento en que la aceleración del calentamiento global caiga en condiciones irrefrenables de fuga que conduzcan a nuestra desaparición. Sin embargo, una cosa parece segura, para cualquiera que se moleste en seguir el flujo constante de informes y actualizaciones sobre el cambio climático, las condiciones de cada año son cada vez más extremas que en los años anteriores. Y como los científicos han tenido que reevaluar constantemente sus predicciones anteriores, la situación se está volviendo más drástica.

Cabe recordar que el informe solicitado por la COP21 (en la cual se realiza el Acuerdo de Paris) al IPCC y entregado en octubre del año 2018, “El aumento de temperatura global en 1,5°C, en un mundo de desigualdad y pobreza”, indica que -hoy- nos quedarían sólo 11 años para actuar, antes que el proceso de calentamiento se hiciera irreversible, con tempestades, lluvias torrenciales, deshielo delas calotas polares, aumentos desenfrenados de los niveles del mar, sequías, incendios   y pérdida de las tierras arables, con efectos  catastróficos, sobre todas las especies. Después de recibir el informe científico, así dijo el secretario general de Naciones Unidas.

Así lo concluye también el reciente Informe de IPBES (Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas).

Suerte de equivalente científico para la biodiversidad de lo que es el IPCC para el Cambio Climático, IPBES fue creado en el marco de las Naciones Unidas en 2012, para realizar un seguimiento del planeta y producir evaluaciones científicas internacionales, sobre temas como la acidificación de los océanos y la polinización, y ayudar a los formuladores de políticas a abordar la pérdida global de biodiversidad y la degradación de los ecosistemas.

Recién publicados en marzo del 2019, cinco informes del IPBES sobre la Salud ecológica del mundo, son la culminación de tres años de trabajo. Las evaluaciones examinaron la pérdida de biodiversidad en África, las Américas, Europa y Asia Central y la región de Asia y el Pacífico. Sus conclusiones indican que la biodiversidad se está desvaneciendo a un ritmo alarmante en la mayor parte del mundo. Las comunidades pesqueras tienen sus medios de vida en peligro por la pérdida de biodiversidad.

Las conclusiones del estudio señalan que estamos perdiendo especies, 1.000 veces más rápido que la tasa natural de extinción, y en los próximos años veremos extinciones masivas que socavan el bienestar humano, dijo el presidente de IPBES, con sede en Bonn, Alemania.

Las evaluaciones, escritas por más de 500 científicos en 100 países, se producen a medida que IPBES se acerca al final de su primer programa de trabajo. Las últimas revisiones del grupo, que se lanzaron en una reunión de los 129 estados miembros de la plataforma en Medellín, Colombia, los días 18 y 24 de marzo, muestran un panorama sombrío y más que preocupante.

IPBES informa que, de las especies que evaluó en Europa y Asia Central, el 28% está en peligro de extinción. Entre los grupos de mayor riesgo se encuentran los musgos, las hepáticas y los peces de agua dulce. Se prevé que el cambio climático causará la pérdida de más de la mitad de las especies de aves y mamíferos de África en 2100.

Mientras tanto, la degradación de la tierra, y la pérdida de suelos saludables, ahora ha alcanzado niveles críticos y amenaza los medios de vida de 3.200 millones de personas, según la evaluación de IPBES. La destrucción del ecosistema limitará los productos y servicios, como los alimentos y los medicamentos, que las personas pueden extraer del medio ambiente en el futuro. Los ecosistemas de humedales se encuentran entre los más perjudicados, con casi el 50% perdido desde 1900. Se espera que los rendimientos mundiales de los cultivos disminuyan en un 10% en promedio durante los próximos 30 años como resultado de la degradación de la tierra y el cambio climático.

En muchas regiones, las prácticas agrícolas y acuícolas codiciosas son en gran parte culpables. Si las tendencias actuales continúan, la región de Asia y el Pacífico habrá absorbido todas sus poblaciones de peces explotables para 2048. El uso excesivo de pesticidas y fertilizantes en Europa, como en América, es promovido por subsidios que alientan a los agricultores a producir productos en exceso.

Los informes de la IPBES sugieren que muchas naciones no lograrán cumplir con los objetivos de la ONU para frenar la pérdida de especies para 2020 y avanzar hacia un crecimiento sostenible para 2030. Los científicos de conservación y el IPBES que consideran el desempeño del organismo, en virtud de los resultados de los informes, se muestran escépticos de que el grupo esté logrando sus objetivos para influir en las políticas e impulsar el cambio global con la urgencia que es requerido.

Los Chaquetas amarillas y Notre Dame de Mozambique.

“Víctor Hugo agradece a todos los generosos donantes dispuestos a salvar a Nuestra Señora y les ofrece que hagan lo mismo con Los Miserables”.  Pancarta de la movilización realizada el sábado pasado en París, refiriendo a la célebre novela del escritor francés, y a la rápida respuesta que han dado los ricos del mundo a la quema de la Catedral.

El contraste entre la respuesta del gobierno francés y la clase alta, frente al fuego de hace tres semanas en Notre Dame y la inacción en curso para combatir la desigualdad de ingresos, fue uno de los principales impulsores de las protestas masivas en París el sábado.

Continuando con sus protestas todos los sábados desde noviembre, los Gillets Jaunes, o chalecos amarillos, organizaron su primera protesta después del incendio de la histórica catedral, para llamar la atención sobre los 1.000 millones de euros (1.100 millones de dólares) que las familias más ricas del país y del mundo han donado, para ayudar a reconstruir la iglesia, meses después que el movimiento de los chalecos amarillos comenzó a manifestarse contra la desigualdad de ingresos. Y es que no hay salud…

Víctor Hugo, el escritor, diría “esto no niega aquello”. Y estaría contento de recordarlo.