“Lentamente se tornan más claros los contornos de una formulación nueva de la ciencia y de una nueva racionalidad”. Ilya Prigogine.

Solos, no percibimos más que apariencias, entre varios, aprendemos la realidad. Toda verdad que valga la pena conocer, supone una comunicación de información de un observador a otro. Cada uno limitado a lo que observa, sólo, privado de comunicación, confunde realidad e ilusión: la ilusión de la simultaneidad, la ilusión de la instantaneidad y la ilusión de la universalidad de su marco de referencia”. Serge Moscovici. El tiempo y el devenir: coloquio de Cerisy,1996.

  1. Goethe, decía que cuando hablamos de las cosas del cotidiano, hablamos en prosa, pero que cuando queremos comunicar cosas importantes, utilizamos la poesía. Que hubiéramos utilizado al inicio de estas líneas una frase del poeta Paul Valery, no tendría importancia, si no fuera que su significado sobrepasa ampliamente el contexto del escrito, marcando tal vez, el punto de inflexión que buscamos -y en el que probablemente estemos-, en que el relato científico se dota de significado.

En efecto, la cita del poeta francés, la he copiado del exergo del último informe del IPCC de la CMNUCC, que lleva por título: “Informe especial del IPCC sobre los impactos del calentamiento global de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales y sobre las vías de emisión de los gases de efecto invernadero relacionadas, en el contexto del fortalecimiento de la respuesta global a la amenaza del cambio climático, el desarrollo sostenible y los esfuerzos para erradicar la pobreza”. Reiteremos que el secretario general de UN, Antonio Guterrez, dijo en el evento de recibirlo, que nos quedaban doce años para no entrar en un ciclo irreversible de calentamiento de la tierra, con consecuencias impredecibles, pero desastrosas.

El Panel Internacional sobre Cambio Climático (IPCC) en su estudio SR1,5 en octubre del año pasado, anunció que, si las cosas continúan avanzando en la dirección que llevan, a nuestras sociedades en el mundo solo les quedan 30 años para agotar su “presupuesto de carbono”, esto es la cantidad de CO2 que podemos emitir sin calentar el planeta con 2 grados centígrados más de temperatura global. Cifra considerada como el máximo umbral de recalentamiento antes de provocar desastres climáticos irreversibles y sobre la cual fue establecido el Acuerdo de Paris.

En una escala temporal que considerara en unos 300.000.000 de años el tiempo cronológico que el homínido tiene sobre la tierra, la representación imaginaria sobre un reloj, no nos dejaría con más tiempo que los “dos minutos antes del fin” que, considerando las tres dimensiones de Amenaza Atómica, Colapso Climático y Tecnologías Disruptivas, que analiza la Sociedad de Científicos Atómicos y que llamamos en anterior “los tres jinetes del Neo-Apocalípsis”. Una suerte de “ekpyrosis[1] científica”.

Pero lo que “naturalmente” tiende a desconocerse,en un sistema neoliberal, en que se trata de reducir la importancia del Estado y aumentar la del empresario y los privados, es mostrar que la carga de luchar contra esta dramática situación, no debería recaer solo en los gobiernos,que siempre son a los que en función de esta realidad, se les piden esfuerzos para revertirla, sino que una gran parte de la culpa la llevan las empresas privadas, y que por lo tanto,  deberían comenzar a hacer algo, antes de que lo que ocurra, se salga totalmente de control.

En un estudio publicado el año pasado, se presenta un análisis cuantitativo de los registros históricos de producción de combustibles fósiles y cemento, de los principales productores de petróleo, gas natural, carbón y cemento, desde 1751 hasta 2010, en función de la cantidad de emisiones. El estudio indica que 90 empresas privadas, que no pertenecen a los Estados (como es el caso de las empresas productoras de petróleo de Arabia Saudita, o Venezuela), son responsables a ellas solas del 63% del total de las emisiones históricas. De esta cantidad, hay siete grandes empresas, llamadas las “siete hermanas” (en referencia al grupo estelar de las “Pléyades”) que han sido a su vez, emisoras de más de la mitad de la cantidad de CO2 depositado en la atmósfera. Cabe también señalar que aproximadamente, la mitad de las emisiones históricas, ha tenido lugar desde 1986.

Hacia un Nuevo Paradigma

Como las principales entidades que hacen negocios extrayendo, produciendo y comercializando los HCF poseen reservas de combustibles fósiles si se producen y emiten, intensificarán el cambio climático antropogénico, es que se ha manejado como una necesaria posición el “dejar las reservas en la tierra” (“keepitontheground”). El propósito del análisis, es entender las emisiones históricas como una cuestión de hecho, e invitar a que se considere su relevancia para las políticas públicas y para definir nuestras relaciones con las empresas y el mundo privado, que en general se presenta como inocente del desastre y transfiere sus responsabilidades a los estados.

“La realidad no es lo que parece, pero tampoco es algo diferente“…el cambio de paradigma implicaría de manera teórica que estuviéramos atentos a considerar la paradoja, como sinónimo de la realidad.

El mundo parece avanzar hacia una dimensión en la que la vida ha llegado al punto en que considerar su desaparición, o la muerte de toda actividad que pudiéramos asimilar con ella, ya no es más un asunto de proyecciones apocalípticas psicológicas, recogidas socialmente por las religiones, sino una conclusión racional, de los resultados de la proyección de modelos obtenidos a partir de datos científicos incuestionables.

Con los informes del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) sobre el aumento de temperatura de 1,5°, de octubre del año pasado,  el informe de la Plataforma del IPBES de la Convención de la Biodiversidad (CBD) sobre la amenaza de extinción de 1 millón de especies y el más reciente de julio de este año, de Cambio Climático y Tierra (y entonces alimentación), al cual dentro de poco (se espera para septiembre: CROCC) habremos de sumar el de avances sobre el océano la criósfera en condiciones de cambio climático lo indican de manera inequívoca al mismo tiempo y en consonancia con la cita arcaica que señalamos al principio, vemos que los tomadores de decisiones, fundamentalmente en el ámbito económico (que cada vez tiene más importancia sobre el político) en estos días hacen claro caso omiso de lo que la ciencia.

Sin embargo, las posiciones no cejan de poner sus intereses mezquinos (para decir lo menos) por encima del sentido de lo común. Hace un par de días asistimos a un seminario de Cambio Climático y Obras Públicas, organizado por el MOP. En una interesante exposición hecha en la ocasión por el presidente de la cámara de empresarios que alimenta la industria minera,éste se pronunció con alcances filosóficos, que vale la pena considerar.

En efecto,  a propósito de la documentada pérdida de glaciares en Chile y de la discusión de una nueva ley débil y tardía que los proteja-pero al menos-, que está presentando el gobierno a las instancias superiores del parlamento ,el empresario y representante de empresarios, frente al carácter necesario de esta ley, como último recurso de la institucionalidad democrática, para frenar de alguna manera, el auge extractivista, planteósus razones para indicar que el proceso legal que consideraba no era el más adecuado.

El primero, que ya tenemos una protección con las áreas silvestres protegidas del Estado y que era innecesario hacer nuevas leyes. El segundo, que -en su opinión-, la superficie de los glaciares se ve poco afectada por la extracción minera, de acuerdo al proceso histórico que el mismo empresario señaló. Y la tercera (y vale la pena citarlo para considerar con calma sus alcances), que en cuanto nosotros (quiere decir Chile) somos responsables del 0,3% de las emisiones de gases efecto invernadero (GEI),que son las que causan el retiro de los glaciares en todo el mundo, así como la desaparición de las calotas polares norte y sur, no tiene ningún sentido que nos esforcemos en limitar nuestro aporte al deshielo, ya que nada de lo que pudiéramos hacer frenaría este avance.

Esta argumentación es más o menos cómo determinar el porcentaje ínfimo, al que serían afectados unos cánceres ya en marcha, con cada cigarrillo que se fumara, lo cual nos convencería de inferir que podemos seguir fumando tranquilamente. Por otra parte un argumento que sostiene todos los anteriores, tendría que ver con que nuestro PIB tiene una parte importante que viene de la minería.

Las responsabilidades se Diluyen

Sin embargo, es claro que como esa realidad no se compete con un reparto social efectivo, ni en educación, ni en salud, ni en trabajo, además que la evasión y la elusión de impuestos de los más ricos es conocido, en una legislación impositiva no progresiva como la chilena, toda la argumentación resulte vana, si no fuera porque efectivamente, es válida la cuestión de cómo se combate el fenómeno del colapso climático, si no lo causamos nosotros.

Es conveniente señalar que el ejemplo de los responsables mundiales de emisiones históricas, citado más arriba, se verifica también a escala temporal reducida y nacional, con la medición de las huellas de carbono, de la cantidad de desperdicios y del consumo de energía: el 10% más rico, es responsable del 90% de esas categorías.

Debiéramos pensar en la responsabilidad histórica, qué significa cambiar el eje desde la carbonización (mitigación) hacia la adaptación, entendiendo que el primer paso en esa dirección debiera ser para llenar la brecha que se ha producido, por distintas causas, a propósito del conocimiento del cambio climático en nuestro país. Lo que la CMNUCC llama “creación de capacidades”.

También es digno de señalar, que cuando hablamos de los glaciares, estamos hablando del agua: de una de las tres partes del ciclo hidrológico, que, en lo puntual, se demuestra además en un período de sequía intenso, que los meteorólogos señalan como continuo en los últimos 10 años, pero, que un estudio conjunto de la Universidad Austral y el Instituto de la glaciología de Buenos Aires, señaló hace dos años, con rigurosa práctica de diferentes metodologías, como la dendrología y otras,  que era el más grave que había ocurrido en los últimos 1.000 años.

Por otra parte, seguir hablando de los glaciares y de la falta de agua, que las proyecciones del IPCC y otras indican seguirá aumentando, sin considerar que según nuestra legislación, el agua sigue siendo un bien privado, que se vende en el mercado, francamente no tiene ningún sentido.  Es como estar hablando del incendio y no hablar de aquello que podría evitarlo.

De allí que la creación de conciencia (Capacity Building en la nomenclatura de UN), a través de los más diversos elementos que faciliten el diálogo y el aprendizaje colectivo, sean una de nuestras principales tareas a desarrollar. Tal vez “la” tarea prioritaria: crear conciencia de la magnitud real del problema que enfrentamos, en todos los actores y cualquiera fuera su posición en la sociedad.

Sigue, como una manera de colaborar con la difusión de documentos oficiales de la CMNUCC, que históricamente se han mantenido fuera del alcance de “los especialistas” (aunque paradojalmente, nos “representan”…) el artículo 8, del Acuerdo de Paris, que esta materia considera, mapa de ruta, que debiera orientarnos dónde pareciera que -pese al esfuerzo de algunos-, navegamos sin brújula.

 Acuerdo de Paris. Artículo 8. Creación de capacidades (Capacity Building)

  1. La creación de capacidades, en virtud del presente Acuerdo debería mejorar la capacidad de los países y las Partes que son países en desarrollo, en particular los países con menor capacidad, de conformidad con los principios y disposiciones de la Convención,para tomar medidas efectivas sobre el cambio climático, que incluyen, entre otras cosas, implementar acciones de adaptación y mitigación, y facilitar el desarrollo, la difusión y el despliegue de tecnología, el acceso a la financiación climática, los aspectos relevantes de la educación, la capacitación y la conciencia pública, así como la transparencia, y oportuna y precisa comunicación de información
  2. La creación de capacidades debe ser impulsada por los países, basarse en las necesidades nacionales y responder a ellas. Fomentar la apropiación de las Partes por parte de los países, en particular, para las Partes que son países en desarrollo, a nivel nacional, subnacional y local. La creación de capacidades debe guiarse por las lecciones aprendidas, incluidas las actividades de creación de capacidades en virtud de la Convención, y debe ser un proceso efectivo e iterativo, participativo, transversal y con perspectiva de género.
  3. Todas las Partes deberían cooperar para mejorar la capacidad de las Partes que son países en desarrollo para implementar este Acuerdo. Los países Partes desarrollados deberían mejorar el apoyo a las acciones para el desarrollo de capacidades en los países en desarrollo.
  4. Todas las Partes que mejoren la capacidad de las Partes que son países en desarrollo, para implementar este Acuerdo, incluso a través de enfoques regionales, bilaterales y multilaterales, se comunicarán periódicamente sobre estas acciones o medidas sobre creación de capacidades. Los países en desarrollo Partes comunicarán periódicamente los progresos realizados en la aplicación de los planes, políticas, acciones o medidas de creación de capacidades para aplicar el presente Acuerdo.
  5. Las disposiciones institucionales en virtud de la Convención, se mejorarán, según corresponda, en apoyo de la creación de capacidades para la aplicación del presente Acuerdo.Para mejorar aún más la creación de capacidades de conformidad con este Acuerdo, se establece un mecanismo internacional de creación de capacidades para servir al Acuerdo.

“Pour ce quiest de l´avenir, ilnes´agitpas de le prevoir, mais de le rendre posible”. (“En lo que concierne al futuro, no se trata de prevenirlo, si no de hacerlo posible”). Antoine de Saint Exupery. Citadelle, 1948

[1]Ekpyrosys, en griego clásico, una forma de señalar el fin de toda vida, como lo usa el presocrático Heráclito.