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El escudo de las Américas: el último intento de dominación de Trump

El gobierno de Trump intenta establecer un poder de ultraderecha que rechaza el papel de las ONU y lo que representa este organismo multinacional, debilitando el consenso para hacer prevalecer la paz y condenar la guerra, con lo cual se consolida la carrera armamentista y el gasto que ello representa en detrimento del gasto social y del desarrollo económico sostenible y con equidad.

Foto: Presidencia de Chile

 

La subordinación a la estrategia de EEUU y la aceptación de ser su patio trasero lo han ratificado 15 países en uno de los acuerdos más denigrantes que los países de AL y el Caribe hayan contraído con EEUU. Se entrega a EEUU el poder para imponer sus intereses por encima de la soberanía de los países. La pérdida de fuerza de ese imperio en el planeta, como ha ido quedando de manifiesto, ha llevado a su actual presidente a retomar el proyecto de AL y el Caribe como patio trasero con una nueva versión y un relato ad hoc. 

Este acuerdo se consagra justo para la realización de una Asamblea de la ONU en la que los gobernantes de ultraderecha se permitieron denostar y criticar a ese organismo multinacional sin proponer ninguna mejora, salvo destruir su imagen para ocultar las organizaciones paralelas que están surgiendo bajo el control de EEUU.

Con este acuerdo, se entrega a EEUU el poder de modificar el desarrollo del comercio que ha permitido el libre mercado desde la Segunda Guerra Mundial, a considerar a importantes socios del comercio internacional de determinados países, especialmente China, con su alta competitividad, como enemigos de EEUU. Con ello, EEUU bloquea cualquier iniciativa que impulse el multilateralismo. Se cierra el paso a los BRICS y a otras iniciativas que propicien la libertad de elegir a tus socios, proveedores y clientes.

En ese marco, el gobierno de Trump intenta establecer un poder de ultraderecha que rechaza el papel de las ONU y lo que representa este organismo multinacional, debilitando el consenso para hacer prevalecer la paz y condenar la guerra, con lo cual se consolida la carrera armamentista y el gasto que ello representa en detrimento del gasto social y del desarrollo económico sostenible y con equidad.

El escudo de las Américas desacredita la capacidad y los mecanismos existentes, que, mejor gestionados, pueden hacer frente al narcotráfico y al crimen organizado. La información y la coordinación con los medios modernos que permite la tecnología son la clave, lo que implica no excluir la apertura de las cuentas bancarias y del tráfico de datos financieros, como ha sido la postura del gobierno de Kast y la derecha que defienden el secreto bancario.

La cooperación y el trabajo conjunto no necesitan la tutoría y el control de EEUU para llegar a conformar una robusta fuerza contra el narcotráfico y el crimen organizado. Todo parece privilegiar el control del intenso tráfico hacia EEUU de drogas que tienen un alto y creciente consumo en ese país. ¿Qué puede aportar EEUU para reducir esa demanda? ¿Pueden los países miembros exigir medidas y plazos para ello? Parece razonable que EEUU exponga cifras de demanda de estupefacientes y cómo pretende frenar su consumo, aparte de reducir su oferta.

El escudo de las Américas es, en definitiva, un acuerdo político de gobiernos de ultra derecha que terminaron por desechar el libre comercio para imponer el poder monopólico de las empresas tecnológicas y militares de EEUU. La democracia es para este poder hegemónico una muralla que impide el desarrollo de una industria que necesita la guerra y una humanidad complaciente y sumisa que lo acepte. 

La oligarquía tecnofinanciera necesita al Estado y está tomando posesión de él, dándole participación en megaproyectos tecnológicos de última generación. Así, se ha creado una cultura neofascista que ha conformado un modelo de capitalismo de Estado utilizando el poder político de éste y el monopolio como mecanismo de control de los mercados. 

Hemos entregado nuestra soberanía a EEUU que hoy, con Trump como presidente de esa nación, puede considerar a cualquier gobierno de un país en el que el narcotráfico pueda operar, en un foco de extremismo con redes que puedan permitir acusar incluso falsamente a un gobierno y derrocar a su gobernante. 

El trasfondo de este proyecto norteamericano termina siendo, fundamentalmente, la instalación de un nuevo sistema para tener el dominio de los recursos naturales y energéticos, de las tierras raras y de los mercados de los países bajo su control. La guerra comercial añade otro mecanismo, aparte de los aranceles que destruyen el libre comercio y generan inflación, suma el control directo y la posibilidad de hacerse cargo de los gobiernos de países que alcanzaron incluso grandes resultados en democracia y con la libre determinación de sus pueblos, países que están dispuestos a negarse a subordinarse a las órdenes del imperio. 

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