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La deliberación mediática del Socialismo

El gobierno de José Antonio Kast representa un desafío político de primer orden para la izquierda chilena y, particularmente, para el Partido Socialista (PS). Su programa, junto con el de los sectores que lo respaldan, implican un escenario que debiera fortalecer al socialismo para ejercer una oposición democrática, humanista y programática, capaz de ofrecer alternativas tanto en el Congreso como en los territorios populares e integralmente concebidos.

Desde una perspectiva estratégica, la oposición democráticaal actual gobierno no responde únicamente a diferencias ideológicas. También se sustenta en una crítica a un modelo económico que ha privilegiado el neoliberalismo en su expresión más radical, cuestionado por profundizar las desigualdades y erosionar la dignidad humana. La experiencia demostró las limitaciones de la denominada teoría del «chorreo», cuya promesa de bienestar general no logró traducirse en una distribución más equitativa del desarrollo.

A ello se suma un aspecto especialmente sensible para la identidad del socialismo chileno: la memoria histórica y la defensa irrestricta de los derechos humanos. Las reiteradas relativizaciones de la dictadura civil-militar por parte de figuras del oficialismo reabren heridas que marcaron profundamente al país y al propio Partido Socialista, quiensufrió la persecución y pérdida de numerosos dirigentes durante ese período.

Sin embargo, el PS también enfrenta contradicciones internas. Su historia está marcada por liderazgos presidenciales de la relevancia de Salvador Allende, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, además de su participación decisiva en los gobiernos de la transición democrática y última del Presidente Gabriel Boric. Esa trayectoria constituye un patrimonio político que hoy contribuye al logro de una actualización de su proyecto, respondiendo a las demandas del siglo XXI.

Los partidos políticos nacieron como espacios de construcción colectiva para impulsar transformaciones sociales. No obstante, el progresivo avance del individualismo, reforzado por las dinámicas comunicacionales de las redes sociales, ha favorecido el predominio de liderazgos personales por sobre los proyectos colectivos. La política ha comenzado a disputarse más desde la imagen que desde las ideas. Es un dato de la realidad, insoslayable, pero insumo de deliberación presente, evidente y hasta programática, también en el PS de Chile.

En este contexto, el Partido Socialista enfrenta una compleja encrucijada de coyuntura con eventuales efectos estratégicos. Debe conducirse así mismo, desarrollar su Conferencia Programática, prepararse para la renovación de su directiva en 2027 y, mientras tanto, aspirar a integrar unaoposición unitaria y democrática al gobierno. Estas circunstancias han intensificado tensiones internas que recuerdan otros momentos relevantes de sus más de noventa años de historia. Sin embargo, más que una confrontación doctrinaria, lo que hoy parece predominar es una competencia comunicacional entre liderazgos que buscan conducir la organización.

Como ha sostenido su actual dirigencia, el PS no posee dos almas irreconciliables. Su principal fortaleza ha sido precisamente la institucionalidad y memoria histórica, que le ha permitido superar divisiones antes del golpe de Estado, resistir durante la dictadura civil-militar y mantener su cohesión en democracia. En términos de Giovanni Sartori, el partido ha convivido históricamente con corrientes de opinión diversas, sin que ello impida la existencia periódica de proyectos personalistas que emergen, especialmente, en tiempos electorales.

Con todo, la discusión política parece concentrarse excesivamente en el ámbito congresal, relegando a calidad de observadores, a un componente esencial de toda oposición democrática: la articulación con los territorios.

El debate sobre las grandes reformas nacionales no puede permanecer circunscrito a las cuatro paredes del Congreso.

La ciudadanía, las organizaciones sociales y gremiales,deben recuperar un papel protagónico en la deliberación pública. Esto requiere el fortalecimiento de mecanismos de participación que otorguen mayor legitimidad a las decisiones políticas.

¿Dónde se materializa la formación ciudadana, pedagogía y hasta didáctica asociada para dar cuenta de los alcances espoliadores de la megarreforma y sus efectos en los territorios locales?, y con ello ¿dónde se explica que la misma coloca en riesgo la ejecución de intervenciones sociales en las comunidades?

El verdadero desafío del Socialismo no consiste únicamente en cristalizar una oposición democrática y propositiva al gobierno de Kast. Su tarea es re-perfilar un proyecto político capaz de reconciliar su historia con las demandas del presente, fortaleciendo su vínculo con los territorios, promoviendo la igualdad territorial y ofreciendo una propuesta de desarrollo democrático, social y humanista, con inteligencia.

Si el Socialismo logra transformar esta tensión interna, en una oportunidad para renovar su proyecto colectivo (la historia ha demostrado que lo hace), podrá recuperar un papel protagónico en la construcción del Chile del futuro.Más aún cuando hay otros que también quieren ser Socialistas. De lo contrario, corre el riesgo de quedar atrapado en la contingencia, subordinando las ideas a las disputas de liderazgos superfluos y alejándose de la ciudadanía territorializada que históricamente le otorgó sentido, legitimidad y trascendencia política.

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