
La política chilena despide a uno de sus artesanos más longevos. Camilo Enrique Escalona Medina, cuyo nombre quedó grabado en los anales del socialismo chileno, partió a los 71 años víctima de un agresivo cáncer de próstata que lo mantuvo en un delicado estado de salud durante los últimos meses.
Camilo Escalona perteneció a una generación para la cual la actividad política no fue una profesión ni una carrera parlamentaria: eran tiempos de militancia juvenil, persecución, exilio, profundo dolor, muertes, crueldad, lucha desde clandestinidad, reconstrucción partidaria, recuperación democrática y décadas de participación en el poder.
En sus últimos días permaneció internado en la Clínica Indisa, en Providencia, donde su delicado estado movilizó a dirigentes de distintas generaciones y sectores políticos. Durante esta semana llegaron hasta el recinto figuras del oficialismo y la oposición, además del expresidente Gabriel Boric. La presidenta del Partido Socialista, Paulina Vodanovic, había informado horas antes que Escalona se encontraba en estado de gravedad, aunque estable, destacando el afecto transversal recibido por su familia y por el partido.
Raíces familiares y juventud: del Liceo N°6 a la FESES
Nacido en el seno de una familia de clase trabajadora, fue hijo de Camilo Enrique Escalona Jorquera, panadero de oficio, y de Berta del Carmen Medina Meneses, cajera de casino. Durante su infancia, vivió en la comuna de La Cisterna y luego en la histórica comuna de San Miguel, Santiago, donde forjó su carácter en los barrios populares de la capital.
Su temprano despertar político lo llevó a ingresar a la Juventud del Partido Socialista en 1969, cuando tenía apenas 13 años, mientras cursaba sus estudios secundarios en el Liceo N° 6 de Hombres (actual Liceo Andrés Bello) de San Miguel. La política lo encontró antes de terminar el colegio.
Durante el gobierno de Salvador Allende se convirtió en dirigente de la Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago (FESES), organización que presidió en 1972. Un año después integró el Comité Central de la Juventud Socialista, demostrando una precocidad y capacidad de organización que marcarían el resto de su vida.
Era todavía un adolescente cuando el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 modificó definitivamente su vida.
El exilio y la formación política: Viena, Cuba, Berlín
La Junta Militar lo requirió y el sacerdote Rafael Maroto lo ayudó a ingresar a la Embajada de Austria. Obtuvo asilo político y salió del país. Vivió primero en Viena, después en Cuba entre 1975 y 1978, y posteriormente en Berlín Oriental, en la entonces República Democrática Alemana, hasta 1983.
Durante esos años, se formó políticamente en marxismo en la Escuela Wilhelm Pieck, dependiente de la Universidad de Rostock, y también realizó estudios inconclusos de ciencia política en Madrid y un curso de economía en Moscú, forjando una sólida base teórica que lo acompañaría en su carrera.
Su regreso a Chile fue clandestino. Cuando la dictadura le impedía legalmente ingresar al país, Escalona volvió en 1983 para sumarse a la resistencia. Se incorporó al sector del Partido Socialista encabezado por Clodomiro Almeyda y en 1984 pasó a formar parte de la Comisión Política del PS en la clandestinidad.
Aquellos fueron también los años en que el socialismo chileno discutía no solamente cómo enfrentar al régimen militar, sino cómo reunificar sus diferentes corrientes y qué estrategia seguir para recuperar la democracia. Esa experiencia marcó buena parte del perfil que mostraría posteriormente: un dirigente de posiciones firmes, identificado profundamente con su partido, pero al mismo tiempo dotado de una reconocida capacidad de negociación y articulación.
El tejedor de la unidad y el retorno a la democracia
Con el retorno a la democracia, su carrera institucional despegó con fuerza. En 1989 fue electo diputado por el Distrito N° 27, Región Metropolitana (El Bosque, La Cisterna y San Ramón), en calidad de independiente dentro del Pacto Concertación de Partidos por la Democracia, obteniendo 50.949 votos. Fue reelecto en 1993 por la misma zona, esta vez representando al PS, con 62.629 sufragios.
Su habilidad negociadora y su profundo conocimiento del partido lo llevaron a la vicepresidencia del PS en 1992, y dos años después, entre 1994 y 1998, asumió por primera vez la presidencia del socialismo chileno. Este sería el primero de tres períodos en la máxima conducción del partido, repitiendo los cargos entre 2001 y 2003, y nuevamente entre 2006 y 2010.
Quizás su mayor legado fue su incansable lucha por la reunificación del socialismo chileno. Tras el quiebre histórico del partido, Escalona, junto a figuras como Jorge Arrate y Clodomiro Almeyda, trabajó para recomponer la tolda en un momento de profundas desconfianzas. Ese éxito le permitió al PS no solo sobrevivir, sino convertirse en una pieza clave del engranaje político que gobernó Chile por dos décadas.
Trayectoria parlamentaria: diputado y senador
Legislatura 1990-1994 (Diputado): Como independiente, integró las comisiones permanentes de Educación, Cultura, Ciencias y Tecnología; Deportes y Recreación, y Defensa Nacional. Fue también miembro de la Comisión Especial de Igualdad de Cultos.
Legislatura 1994-1998 (Diputado): Representando al PS, integró la comisión permanente de Relaciones Exteriores, Asuntos Interparlamentarios e Integración Latinoamericana.
En 1997 se lanzó como candidato a senador por la Circunscripción Santiago Poniente, pero no resultó electo. Sin embargo, su perseverancia lo llevó a ser nuevamente electo diputado en diciembre de 2001, esta vez por el Distrito N° 46, Región del Biobío (Arauco, Cañete, Contulmo, Curanilahue, Lebu, Los Álamos, Lota y Tirúa), con 33.291 votos (37,22%).
Legislatura 2002-2006 (Diputado): Integró las comisiones permanentes de Hacienda, y Ciencia y Tecnología. Participó en la Comisión Especial Mixta de Presupuestos y en la Comisión Especial de Drogas.
Legislatura 2006-2014 (Senador): En diciembre de 2005 fue electo senador por la 17ª Circunscripción Senatorial, Región de Los Lagos, con 65.337 sufragios (28,68%). Presidió las comisiones permanentes de Hacienda y Especial Mixta de Presupuestos, e integró las de Intereses Marítimos, Pesca y Acuicultura, y Obras Públicas.
El hombre del Partido Socialista
Pero reducir a Escalona a sus cargos parlamentarios sería contar solo una parte de su historia. Fue, sobre todo, un hombre de partido.
Presidió el Partido Socialista en distintos períodos: entre 1994 y 1998, nuevamente entre 2001 y 2003, y otra vez desde 2006 hasta 2010.
Su influencia coincidió con algunas de las etapas más importantes de la Concertación. Participó en las complejas negociaciones internas de la coalición, en la relación del socialismo con la Democracia Cristiana y en el proceso mediante el cual el PS pasó desde la clandestinidad y las divisiones de los años 80 a convertirse nuevamente en uno de los principales partidos de gobierno.
Durante esos años se transformó en uno de los dirigentes más reconocibles —y también más controvertidos— de la política chilena. Escalona nunca intentó presentarse como un independiente ni como alguien situado por encima de las estructuras partidarias. Por el contrario, reivindicaba abiertamente la política y los partidos como instrumentos indispensables de la democracia. Eso lo diferenciaba de una época en que comenzaba a crecer el desprestigio de las colectividades tradicionales.
El punto más alto: Presidente del Senado
Su momento institucional más alto llegó el 20 de marzo de 2012, cuando asumió la presidencia del Senado, cargo que desempeñó hasta el 20 de marzo de 2013. Le acompañó en la testera, en calidad de vicepresidente, Alejandro Navarro Brain. Se convirtió así en el primer socialista en ocupar ese sitial desde Salvador Allende.
Desde esa posición defendió la necesidad de acuerdos políticos amplios y planteó la construcción de un «Estado social y democrático» como parte de las transformaciones pendientes de Chile.
Había llegado a encabezar una de las principales instituciones de la República aquel joven dirigente secundario que, cuatro décadas antes, había debido refugiarse en una embajada para escapar de la persecución política. La imagen resumía por sí sola una parte de la historia reciente de Chile.
El ocaso de un estratega
Sin embargo, la política también le deparó reveses amargos. Su negativa a someterse a primarias reguladas por el Servel para la senatorial de 2013, en desmedro del impulso que le daba la propia Bachelet, marcó el inicio de su declive institucional. En las elecciones parlamentarias de noviembre de 2013 se presentó como candidato a senador por la 12ª Circunscripción Norte, Región del Biobío, sin resultar electo.
En 2017 intentó un nuevo regreso a la Cámara Alta como candidato por la 14ª Circunscripción, Región de Aysén, representando al PS en el pacto La Fuerza de la Mayoría, pero nuevamente no logró el cupo.
Al dejar la Cámara Alta en marzo de 2014 reconoció que habría querido seguir siendo senador, pero asumió la derrota sin abandonar su identidad política. Su influencia, sin embargo, no desapareció con la pérdida del cargo parlamentario. Continuó participando en el debate interno socialista, comentando la coyuntura nacional y desempeñando responsabilidades partidarias. Hasta su enfermedad seguía siendo una referencia para sectores importantes del PS y ocupaba la secretaría general de la colectividad.
Socialista, pero también articulador
Escalona perteneció a una izquierda marcada por la experiencia del quiebre democrático de 1973. Eso explica parte de su insistencia en la construcción de acuerdos y en la gobernabilidad, incluso cuando esas posiciones le generaron críticas desde sectores más jóvenes o más radicales de la izquierda.
También tuvo un papel relevante en la relación del socialismo con el Partido Comunista. Tras visitarlo esta semana en la clínica, el presidente del PC, Lautaro Carmona, recordó el rol de Escalona en los esfuerzos por terminar con la exclusión política que afectaba a los comunistas durante los años posteriores al retorno de la democracia.
Fue precisamente esa combinación —militante socialista inequívoco y negociador político— la que le permitió mantener relaciones que excedían ampliamente su sector. En los últimos días, cuando su estado se hizo crítico, las expresiones de reconocimiento llegaron desde la izquierda, el centro y la derecha. Décadas después, incluso adversarios políticos destacarían esa característica. En medio de su enfermedad, dirigentes republicanos reconocieron su papel en la transición democrática y su disposición a construir acuerdos en función de lo que consideraba los intereses del país.
El literato y pensador político
Más allá de su faceta parlamentaria, Escalona cultivó también su interés por las letras y el análisis político. Fue autor de cuatro libros de novelas y cuentos: «En Jaque», «Cuentos del Infierno», «El atentado» y «Archivo desconocido». Como analista político, publicó dos obras: «Una transición de dos caras» y «Chile: veinte años después», en las que plasmó su mirada crítica y reflexiva sobre el devenir del país y de su propia colectividad.
Pero su obra principal estuvo en otro sitio. Durante más de medio siglo participó en prácticamente todas las etapas atravesadas por el socialismo chileno: la Unidad Popular, el golpe militar, el exilio, la resistencia clandestina, la reunificación socialista, la Concertación, los gobiernos de centroizquierda y las transformaciones posteriores del sistema político.
Un último llamado a la unidad
En sus últimos meses, ya debilitado por la enfermedad que le fue diagnosticada en 2024, Escalona emergió de su retiro para lanzar un último mensaje a las nuevas generaciones de su partido. En medio de la crisis interna del PS, llamó a la «unidad, hermandad y fraternidad», un eco de la lucha que definió su juventud.
Su partida ha generado reacciones de todo el espectro político. El propio ministro secretario general de la Presidencia, José García Ruminot (RN), con quien compartió escaño en el Senado, asistió a una actividad solidaria para costear su tratamiento, un gesto que refleja la transversalidad de un hombre que supo negociar con todos.
Despedida de la militancia
La mesa del Partido Socialista despidió a su secretario general con un comunicado que rezaba:
«Su partida constituye una pérdida para el Partido Socialista de Chile, para el movimiento democrático y para todos quienes compartieron con él décadas de lucha política y social. En estos momentos de dolor, expresamos nuestras más sentidas condolencias a su esposa, Jimena Tricallota, a su hija Natalia, a su hermano Simón, a sus seres queridos, a sus compañeros y compañeras de militancia, y a todas las personas que compartieron su vida política y personal. El PS despide a uno de sus dirigentes históricos, reconociendo su aporte a la historia del socialismo chileno y a la recuperación y defensa de la democracia. Que descanse en paz el compañero Camilo Escalona Medina».
La presidenta del Partido Socialista, Paulina Vodanovic, expresó en X:
«Formó a generaciones de socialistas y acompañó al partido en sus momentos más difíciles. Su llamado a la unidad de los socialistas y del progresismo, sostenido hasta el final, es hoy nuestro compromiso».
Camilo Escalona Medina deja a su esposa, Jimena Tricallota López, periodista, y a su hija, Natalia. La historia del socialismo chileno, desde la clandestinidad hasta el palacio de gobierno, no se puede escribir sin mencionar su nombre. Fue dirigente secundario, exiliado, clandestino, presidente de partido, diputado, senador y presidente del Senado. También conoció derrotas electorales, disputas internas y períodos alejados de los cargos públicos. Nunca, sin embargo, se alejó completamente de la política.
Cuando en marzo de 2014 abandonó el Senado dijo que esa era su identidad y que no tenía razones para esconderla. Doce años después, esa frase adquiere otra dimensión. Camilo Escalona murió a los 71 años después de haber dedicado más de cinco décadas a una actividad que defendió incluso cuando comenzó a convertirse en una palabra incómoda.
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