viernes, abril 4, 2025
NacionalPepone, Cada Día más Imprescindible

Pepone, Cada Día más Imprescindible

Crédito Foto: Patricio Muñoz Moreno

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Hace 34 años que mataron a Pepe Carrasco. Por primera vez no podemos acompañarlo con la romería de homenaje que año tras año hemos realizado frente al lugar donde lo acribillaron un 8 de septiembre de 1986, en las murallas del cementerio Parque del Recuerdo. Una nefasta pandemia lo impidió. Pero igual estamos aquí, virtualmente, para recordarlo y homenajearlo.

El proceso de justicia para Pepe fue lento. Recién el año 2006, cuando se cumplían 20 años del crimen, el Ministro Haroldo Brito dictó una contundente sentencia: condenó a Álvaro Corbalán –jefe del operativo- a 18 años de presidio por el asesinato de nuestro colega y de los restantes tres compañeros que fueron acribillados esa madrugada del 8 de septiembre. También dictó condenas de cárcel para otros 13 ex agentes de la CNI que participaron de los asesinatos, sin otorgarles ningún beneficio.

Pero las cosas no podían ser tan buenas. Tres años después, la Corte Suprema, invocando “irreprochable conducta anterior”, rebajó las condenas de primera y segunda instancia. Esto significó que casi la totalidad de los terroristas de Estado que integraron los comandos asesinos pudieron cumplir sus condenas en libertad remitida.

Es fácil tener “irreprochable conducta anterior” cuando se actúa con total impunidad… En ese momento dijimos que dolía tanta injusticia, más aún, si los jueces contaban con tanta verdad. En el caso de Pepe, como en muchos otros de violaciones a los derechos humanos, los ex agentes utilizaron la confesión como herramienta para atenuar las penas. Por ejemplo, Jorge Vargas Bories, quien sacó a empellones a Pepe Carrasco de su dormitorio junto al jefe del operativo, Iván Quiroz, negó por más de 14 años la autoría en el crimen –aun al ser careado con Ivàn, uno de los hijos de Pepe- y sólo confesó cuando hacerlo podría actuar como atenuante. Obviamente, no tenía irreprochable conducta anterior: A inicios de los ’80, Vargas Bories había sido citado a declarar por la muerte en torturas del profesor Federico Alvarez Santibáñez pero nunca fue procesado…

Aquí recordamos nuevamente a Pepone, 34 años después.

Ha pasado una vida desde su vil asesinato. El año del crimen teníamos hijos pequeños y vivíamos una de las peores épocas de la Dictadura.  Los hijos de Pepe  -que estaban con él esa fatídica noche- tenían 16, 14 y 12 años. Luciano, el del medio, no pudo superar el dolor. Dieciséis años después del asesinato se suicidó, lanzándose a una línea de tren en la comuna de La Cisterna.

Los de entonces

Han pasado más de tres décadas desde el crimen. Hoy Pepe tendría más de 70 años, y viviría en Democracia. Pero no está porque un comando asesino lo sacó de su hogar, lo trajo hasta las afueras del cementerio ubicado en Huechuraba y, como no podía enfrentarlo con ideas, le metió 13  balas en la cabeza. Nosotros somos sesentones y Pepe sigue haciéndonos tanta falta.

A pesar de la brutal forma en que lo eliminaron físicamente, su recuerdo sigue siendo un ejemplo. Su vida sigue siendo una lección para todos. Por eso estamos aquí y no podemos olvidarle. Ni queremos hacerlo. A lo mejor no lo expresamos con la masividad que se merece pero es que no hemos vivido tiempos épicos en el periodismo. Paradojalmente, durante la Dictadura tuvimos un mucho más contundente protagonismo. Teníamos medios de información pequeños pero tan comprometidos y audaces que hacían mella a Goliat. Éramos valientes y arrojados para romper el cerco de la mentira, denunciar a los asesinos y acoger los testimonios de las víctimas. Ibamos de querelle en querella, de cárcel en cárcel, pero nos parábamos como monos porfíanos.

Hoy, como dice el poeta magallánico Marino Muñoz Lagos, “habitamos la nostalgia como si fuese una piezas oscura”. No son tiempos fáciles  para el periodismo y para los reporteros. Seguimos viviendo a merced de la dictadura que ejerce la derecha a través de sus medios.

Pero aquí estamos, para decirle a Pepe que su ejemplo es esperanza. Que su testimonio de vida nos recuerda que es posible luchar contra los gigantes. Lo que Pepe hizo en sus 43 cortos años de  vida es un valioso legado. Un huella  a seguir, en un tiempo donde los caminos se han hecho escarpados y los sueños difíciles.

Aquí estamos. Para decirle que su vida no fue en vano, que el trecho que caminamos juntos nos dejó convicciones, esperanzas, sabiduría y mucha fuerza.

Aquí estamos. Y aunque no son tiempos fáciles, seguimos creyendo porque estamos convencidos que las razones por las que luchamos junto a Pepe, siguen plenamente vigentes. Porque aún hay un abismo entre justicia e injusticia. Entre vida y muerte. Entre codicia y equidad. Entre compromiso y oportunismo. Entre el derecho a nacer y el derecho a crecer con igualdad de oportunidades.

Porque los desvalidos y los marginados por los que Pepe luchó siguen necesitando que alguien alce la voz por ellos. Porque somos periodistas y seguimos creyendo que nuestro oficio es uno de los más bellos y útiles, de los más necesarios e imprescindibles.

Aquí estamos. Los de entonces, los de siempre. Los colegas convencidos que ser la voz de los que no tienen voz, o están siempre a punto de perderla, es vital y necesario. Estamos aquí porque no queremos que su asesinato quede sin saldar cuentas y porque no queremos que otra vez se vuelva a acribillar a un colega con la misma impunidad. Porque buscamos y queremos justicia. Porque recoger sus palabras y continuar su senda es una tarea inclaudicable, aunque hoy parezca extemporáneo, incomprensible o políticamente incorrecto.

Estamos aquí porque creemos en un mundo mejor y más justo para todos, a pesar de las derrotas, los sinsabores y los desencantos. Porque sabemos que la tarea  está inconclusa aunque los argumentos persistan. Estamos aquí porque somos obstinados. Porque creemos que nuestro verbo y nuestros adjetivos sí pueden servir para despertar conciencias y anclar ideas aparentemente desahuciadas.

Estamos aquí, tal como él lo haría si le hubieran permitido el tiempo extra que nosotros hemos tenido como privilegio. Estamos aquí porque tenemos la firme decisión de rescatar su memoria y hacer de nuestro quehacer una búsqueda incesante por la verdad.

En definitiva, estamos aquí porque para nosotros, el periodismo sigue siendo una herramienta para aportar en la batalla diaria de construir una sociedad mejor, más justa, más armónica y más protectora para todos.

Estamos aquí porque la vida de Pepe es un ejemplo que nos pautea. Nos convoca y nos motiva a ser mejores seres humanos, a entregar como él fue capaz de hacerlo. Porque compartimos sus razones y somos incapaces de abandonar nuestras quimeras, que eran las suyas.

Gracias Pepe por convocarnos una vez más a este sueño y a esta batalla.

 

Patricia Collyer
Patricia Collyerhttps://pagina19.cl
Periodista y Psicóloga.

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