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Recorte fiscal e incentivos al capital: efectos sobre automatización, empleo e informalidad en la economía chilena

 

Las recientes medidas de recorte fiscal y fortalecimiento de incentivos al capital en Chile se implementan en un contexto de bajo crecimiento y aceleración tecnológica, donde la inversión privada tiende a orientarse hacia la automatización más que a la generación de empleo. En este escenario, la reducción del rol del Estado como agente redistributivo puede profundizar la precarización laboral, incrementar el desempleo estructural y expandir la informalidad, configurando riesgos relevantes para la estabilidad económica y social en el mediano plazo.

En Chile, el debate económico reciente ha sido presentado como una discusión técnica: equilibrio fiscal, eficiencia del gasto, incentivos a la inversión y disciplina macroeconómica. Bajo ese lenguaje, aparentemente neutral, se han impulsado decisiones de alto impacto —recorte fiscal horizontal del 3%, reducción del impuesto corporativo del 27% al 23% y eliminación de mecanismos de estabilización como el MEPCO— que se justifican en la necesidad de reactivar el crecimiento y mejorar el bienestar de las personas. Esta promesa de reactivación vía incentivos tributarios debe leerse, además, en un contexto regional adverso. La CEPAL proyecta para América Latina y el Caribe un crecimiento de apenas 2,3% en 2026, confirmando una secuencia prolongada de bajo dinamismo. Al mismo tiempo, subraya que el consumo privado sigue siendo el principal motor del crecimiento, aunque con menor impulso. Debilitar la demanda interna y el gasto público en este contexto no solo afecta la cohesión social, sino que también reduce las bases mismas de una recuperación sostenida. Sin embargo, cuando se observa con mayor detenimiento la estructura y el contexto en que estas medidas se implementan, emerge una tensión más profunda: no estamos frente a un simple ajuste, sino ante una reconfiguración del modelo económico que podría tener efectos significativos sobre la estabilidad social en el mediano plazo.

El problema no radica únicamente en las medidas en sí, sino en la forma en que estas interactúan con las condiciones actuales del capitalismo y de la economía chilena. En un escenario caracterizado por bajo crecimiento —proyecciones del Banco Central de Chile en torno a 1,5%–2,5%—, debilitamiento de la demanda interna y aceleración de procesos de automatización, la reducción del rol del Estado y la transferencia de incentivos al capital privado no necesariamente generan el círculo virtuoso que se promete. Por el contrario, pueden contribuir a consolidar un patrón de vulnerabilidad económica que tensiona las bases mismas de la cohesión social.

Uno de los supuestos centrales que sostienen el actual programa económico es que la reducción de impuestos a las grandes empresas incentivará la inversión, lo que a su vez generará empleo y, finalmente, mayor recaudación fiscal. Sin embargo, la evidencia empírica comparada muestra que esta relación no es automática. La inversión no depende únicamente de la carga tributaria, sino también de las expectativas de demanda. En una economía donde el consumo representa cerca del 60% del PIB, y donde los ingresos de los hogares están presionados por el alza del costo de la vida, resulta difícil sostener que la inversión privada aumentará de manera significativa solo por una reducción impositiva.

Pero incluso si aceptáramos que la inversión efectivamente aumenta, surge una segunda pregunta, aún más relevante: ¿en qué se invierte? En el capitalismo contemporáneo, caracterizado por la digitalización y la inteligencia artificial, la inversión ya no se orienta prioritariamente a expandir el empleo, sino a aumentar la productividad mediante la reducción de costos laborales. Es decir, a automatizar.

Esta tendencia no es meramente teórica. Un estudio del Barómetro Laboral y Previsional (2025), basado en datos PIAAC de la OECD, muestra que en Chile el 55% de los trabajadores declara realizar tareas cortas y repetitivas, el porcentaje más alto entre los países comparados en ese análisis. El mismo estudio advierte que estas tareas son las más expuestas a automatización y, además, tienden a asociarse a menores salarios. En otras palabras, la estructura ocupacional chilena ya presenta una base laboral especialmente vulnerable a procesos de sustitución tecnológica.

Este punto es fundamental. En la fase actual del capitalismo, la relación entre inversión y empleo se ha debilitado. Empresas que invierten en tecnología pueden producir más con menos trabajadores. La OECD (2023) estima que entre 14% y 27% de los empleos en economías desarrolladas son altamente automatizables, mientras que el Banco Interamericano de Desarrollo ha advertido que América Latina presenta una exposición significativa a estos procesos debido a la estructura de su mercado laboral. La automatización no es una anomalía, sino una tendencia estructural.

“Sé tu  propio jefe”

Como lo planteó Karl Marx y lo retoma David Harvey (2003), el capital compite permanentemente por reducir costos y aumentar eficiencia. Y en ese proceso, el trabajo humano se vuelve progresivamente sustituible en múltiples sectores. El resultado es una paradoja: las mismas políticas que buscan dinamizar la economía pueden contribuir a debilitar el mercado laboral.

Si las empresas invierten en automatización en lugar de contratar trabajadores, el crecimiento no se traduce en empleo, y sin empleo no hay ingresos estables, y sin ingresos no hay consumo. Así, la promesa de que la reducción de impuestos generará bienestar general comienza a tensionarse empíricamente.

En este contexto, el mercado laboral no necesariamente colapsa, pero sí se transforma. El desempleo abierto puede mantenerse en niveles relativamente estables —en torno al 8,3%—, pero lo que crece es la informalidad, Según el INE la tasa de ocupación informal en Chile se sitúa en el 26,4%. Es aquí donde aparece una de las narrativas más características del neoliberalismo contemporáneo: la idea de que cada individuo debe convertirse en su propio empresario.

El “sé tu propio jefe” no es simplemente un eslogan motivacional. Es, en muchos casos, la forma en que el sistema absorbe a quienes quedan fuera del empleo formal. Personas que no encuentran trabajo estable se ven obligadas a generar ingresos por cuenta propia, en condiciones de alta incertidumbre, sin protección social y con baja productividad. La CEPAL ha advertido que la informalidad en la región está asociada a menores niveles de ingreso, baja productividad y ausencia de protección social, configurando trayectorias laborales estructuralmente frágiles.

Aquí se configura una primera dimensión de la vulnerabilidad: trabajadores que, desplazados por la automatización o excluidos del empleo formal, deben insertarse en una economía informal donde los ingresos son inestables y los riesgos son individuales. Pero esta no es la única dimensión.

La segunda dimensión se relaciona con el propio Estado. Las políticas de ajuste no solo reducen el gasto público, sino que también disminuyen la recaudación fiscal. La combinación de rebajas tributarias —estimadas en alrededor de US$ 4.393 millones anuales (≈1,2% del PIB)— y recortes de gasto cercanos a US$ 3.800 millones implica que el Estado dispone de menos recursos para cumplir sus funciones redistributivas y de protección social.

Este doble movimiento —menor capacidad fiscal y mayor exposición individual— es particularmente problemático en un contexto donde la inversión en capacidades estructurales ya es baja. Según la OECD (2023), Chile invierte apenas 0,34% del PIB en investigación y desarrollo, muy por debajo del promedio de la OCDE (≈2,7%). Esto limita la capacidad del país para desarrollar innovación propia y adaptarse estratégicamente a la revolución tecnológica.

El resultado tiende a configurar lo que puede denominarse una “economía de vulnerabilidades”. No se trata únicamente de pobreza o desigualdad en términos tradicionales, sino de una condición estructural en la que amplios sectores de la población viven en un estado de incertidumbre permanente. Cualquier shock —un alza en los combustibles, una enfermedad o una caída en la demanda— puede tener consecuencias desproporcionadas sobre su bienestar.

La eliminación de mecanismos como el MEPCO refuerza esta tendencia. Este instrumento permitía amortiguar las variaciones internacionales del precio del petróleo. Sin él, los hogares quedan expuestos directamente a la volatilidad externa, lo que impacta no solo el gasto en transporte, sino también el costo de bienes y servicios a lo largo de toda la cadena productiva.

Desde la perspectiva de David Harvey (2003), este tipo de procesos puede interpretarse como una forma de “acumulación por desposesión”, entendida como la transferencia de recursos y riesgos desde la sociedad hacia el capital a través de mecanismos institucionales y económicos. No se trata de una expropiación directa, sino de un desplazamiento progresivo de costos hacia los individuos, mientras la estructura del capital se vuelve más eficiente y concentrada.

Este fenómeno adquiere una dimensión aún más compleja cuando se considera el contexto social. El PNUD ha advertido que la inseguridad económica y la percepción de vulnerabilidad son factores clave en el deterioro de la cohesión social. No es solo la desigualdad objetiva lo que importa, sino la percepción de fragilidad y falta de control sobre el propio futuro.

La historia reciente de Chile ofrece una advertencia clara. El estallido social de 2019 evidenció que incluso en contextos de estabilidad macroeconómica pueden emerger tensiones profundas cuando las expectativas de bienestar no se corresponden con la experiencia cotidiana.

Hoy, algunos de esos elementos reaparecen bajo nuevas formas: precarización laboral, aumento del costo de la vida y debilitamiento del rol del Estado. El problema se vuelve aún más delicado si se considera que los sistemas de protección ya operan con límites significativos. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo muestra que las transferencias monetarias cubren, en promedio, solo 33% de la brecha de pobreza, mientras solo 55% de la población en situación de pobreza accede efectivamente a estos apoyos. Esto indica que incluso antes de nuevos recortes fiscales, la capacidad redistributiva es parcial.

La combinación de estos factores no implica necesariamente un conflicto inmediato, pero sí configura un escenario de riesgo en el mediano plazo. No se trata de afirmar que las actuales políticas conducirán inevitablemente a una crisis social, sino de advertir que existe una tensión estructural que, de no ser abordada, puede erosionar la estabilidad.

Todo esto ocurre, además, sobre una base social ya tensionada por desigualdades persistentes en ingresos, pobreza multidimensional y brechas territoriales, tal como muestran los resultados de CASEN 2024. El punto no es solo que el ajuste recaiga sobre hogares con menos margen de protección, sino que lo haga en una sociedad que ya presenta vulnerabilidades diferenciadas y no resueltas.

La economía no es solo un sistema de producción, sino también un sistema de expectativas. Cuando esas expectativas se ven frustradas de manera sistemática, lo que se debilita no es solo el ingreso, sino la confianza.

Y cuando la confianza se erosiona, la estabilidad deja de ser un dato y se transforma en una incógnita.

 

El agresivo retorno de las políticas del chorreo

 

La imagen de José Antonio Kast junto a Javier Milei sosteniendo una motosierra no es solo una postal política: es la síntesis simbólica del país que podríamos heredar. Un país más dividido, más desigual y con menos capacidades para enfrentar las complejidades de las múltiples transiciones estructurales de nuestra época.

Nos referimos con ello a la crisis climática, transición energética, transición laboral acelerada por la automatización y la inteligencia artificial, transición demográfica, reconfiguración geopolítica, marcada por una áspera disputa entre las superpotencias,  entre otras, son materias que requieren de una visión mucho más amplia a la sobreideologización que exhiben estos sectores y que  el actual gobierno  de  Chile ha comenzado a desplegar. 

Crecientes desigualdades sociales

Los consiguientes peligros de mayores niveles de conflictividad social como consecuencia de las crecientes desigualdades sociales y económicas, luego de algunas “décadas de oro” del mundo occidental al término de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, se han exacerbado de la mano del capitalismo neoliberal, desde principios de los 80s. El resultado es elocuente: la humanidad vive hoy un estado de incertidumbre estructural en la que el dialogo como resolución de conflictos ha sido reemplazo por la fuerza bruta y el exterminio.

Quizás la manifestación más representativa de lo anterior, sea el genocidio del pueblo palestino perpetrado por el régimen sionista de Israel y el apoyo incondicional de la derecha extrema de nuestro continente a las incursiones militares, que han cobrado la vida de miles de mujeres y niños. 

En lo que se refiere a América Latina, la incursión militar de EEUU a Venezuela, al margen de las simpatías con el régimen de Maduro, reabrió para todo el continente latinoamericano la posibilidad de que la soberanía nacional de cualquier Estado sea violentada si es que el actual gobierno de EEUU, al margen de la ley y los tratados internacionales, estime que un determinado gobierno no sea considerado su aliado. Si ello no bastara, el bloqueo a Cuba ha adquirido formas de silencioso exterminio al pueblo cubano.

Atendida la adhesión del actual gobierno encabezado por José Antonio Kast, a la red de gobiernos de ultraderecha en funciones en la región y el mundo, ¿Comprometerá su gobierno los márgenes de autonomía con que el Estado de Chile se ha relacionado con el mundo y particularmente con las grandes potencias en el curso de su historia? Es una pregunta que seguirá abierta hasta el término del actual mandato presidencial.

En lo que toca a la política interna, es cada vez más clara la orientación estratégica de este gobierno en orden a despejarle el camino al gran empresariado y alinear la acción estatal con sus intereses. En lo sustantivo, todo se resume en llenarle los bolsillos al gran empresariado, para que, dependiendo de la cuantía de sus ganancias dejen chorrear algunas migajas a sus trabajadores. Nunca faltará, en todo caso, la excusa para que ni ello sea posible.

En este contexto, el gobierno requiere desmantelar todo rastro del ciclo encabezado por Gabriel Boric, no solo en términos de políticas, sino también en el plano simbólico. Se trata de erosionar ideas solidarias ancladas en políticas universales, precisamente allí donde sigue radicado el eje del conflicto político en el país: la disputa entre la profundización de derechos sociales y la rearticulación del orden neoliberal que hoy se busca reimpulsar.

Ahora bien, que el gobierno no haya logrado copar la agenda pública en su fase de instalación, no implica que haya renunciado a ello. De hecho, luego de muchos desaciertos, inexperiencia y desconocimiento del funcionamiento del Estado, está intentando recuperar la iniciativa política, ahora a través del “Plan de Reconstrucción Nacional”, que no es otra cosa  que la presentación formal del proyecto de restauración conservadora.

En ese escenario, se abre todavía un espacio para que la oposición se ordene en torno a tres propósitos estratégicos. El primero es concentrar sus energías en aquellos temas que impactan directamente a las familias trabajadoras y las clases medias, particularmente el costo de la vida, golpeado de manera inmediata por el alza de los combustibles y sus efectos en cadena. El segundo, asumir sin ambigüedades la defensa de las conquistas sociales alcanzadas en las últimas décadas, elementos sobre los cuales no sería entendible que hubiera disputas. Y el tercero, avanzar en la construcción de un proyecto político de país que otorgue sentido  y articule politicamente las  demandas más sentidas por la población.

Sobre estos tres ejes existe un amplio espacio de convergencia entre las fuerzas progresistas. La experiencia reciente muestra que no hay contradicción entre la defensa de las conquistas democráticas —cívicas, sociales y políticas— alcanzadas tras la derrota de la dictadura, y la aspiración de superar el capitalismo en una perspectiva de más largo plazo, para quienes nos situamos en ese horizonte.

El punto de fondo, entonces, es si los logros parciales alcanzados antes de la eventual consolidación de este nuevo ciclo se articulan con el desafío de nuestra época -cual es superar el prolongado dominio del capitalismo neoliberal- o si, por el contrario, se limitan a introducir mejoras marginales sobre sus expresiones más extremas. Esa tensión no es indefinida: tarde o temprano, la linealidad se rompe y deja al descubierto una fractura. Es precisamente esa fractura la que lleva consigo la necesidad de superar el orden neoliberal, abriendo la posibilidad de avanzar hacia un nuevo horizonte, en el que la construcción de un Estado social se afirme como expresión de más y mejor democracia.

                                                 

Luz, espacio y memorias: la exposición que invita a mirar lo cotidiano desde la experiencia de la luz

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La artista visual Verónica Ibañez Romagnoli presenta en la UCT una muestra abierta a la comunidad que explora la relación entre memoria, percepción y espacios habitados.

La Galería de Arte de la Universidad Católica de Temuco inaugurará el próximo jueves 23 de abril, a las 18:00 horas, la exposición Luz, espacio y memorias de la artista visual Verónica Ibañez Romagnoli, una propuesta que profundiza en la manera en que la luz configura tanto los espacios físicos como las experiencias emocionales asociadas a ellos. 

Con entrada liberada y abierta a toda la comunidad, la muestra se presenta como una invitación a detenerse en lo cotidiano y a observar cómo las variaciones lumínicas transforman nuestra percepción del entorno y los recuerdos que construimos a partir de él. 

El proyecto surge de una investigación sostenida por más de diez años, en la que la artista ha desarrollado un enfoque que combina observación sensible y procedimientos sistemáticos. El origen de esta exploración se remonta a una experiencia personal vinculada a su infancia, marcada por una habitación con escasa luz, lo que despertó su interés por comprender este fenómeno. 

“De repente me di cuenta que la forma en que un espacio estaba iluminado determinaba cómo se siente uno en él… mucho más que la comodidad o belleza del mobiliario o decoración”, señala Ibañez Romagnoli, sintetizando el eje conceptual de su trabajo. 

A partir de esta premisa, Luz, espacio y memorias propone una reflexión sobre el diálogo entre lo efímero y lo permanente, abordando la relación entre percepción, tiempo y memoria. La exposición invita a los espectadores a reconectarse con experiencias aparentemente simples, pero cargadas de significado, en un recorrido que tensiona lo doméstico desde una dimensión lumínica. 

Desde la Galería de Arte UCT, su directora Daniela Gaete Fontirroig destaca el aporte de la muestra dentro de la programación anual: “Estamos muy contentos de poder profundizar en las temáticas de paisaje dentro de la programación de este año y esta muestra invita a detenernos a observar las percepciones que influyen en nuestras vivencias. Desde la compleja simplicidad del cotidiano, construye un recorrido cromático bajo una lógica circular, que nos envuelve e invita a reflexionar lo doméstico desde lo lumínico”. 

La exposición estará abierta al público en la Galería de Arte de la Universidad Católica de Temuco, ubicada en el Campus Menchaca Lira (Av. Alemania 422), en horario de 12:00 a 18:00 horas.

Reforma tributaria encubierta: Kast no escuchó a sus partidos y no incluyó beneficios reales para la clase media

 

A quienes les dejó un extraño sabor el primer discurso por cadena nacional del presidente José Antonio Kast fue curiosamente a sus propios partidarios. Es cuestión de ver las declaraciones previas de dirigentes y parlamentarios del oficialismo que pedían insistentemente medidas para la clase media, ahogada -entre otras cosas- por la decisión del gobierno de traspasar a los consumidores el alza de los combustibles desechando el MEPCO. De acuerdo al discurso del mandatario, no se les escuchó.

Tan complicado está el gobierno que tres veces ha postergado la presentación del proyecto que más títulos ha sacado previo a su ingreso al Parlamento: Plan de Reconstrucción Nacional; Proyecto/Ley de Reconstrucción Nacional; Ley de Reconstrucción y Desarrollo Económico y Social; proyecto tuttifruti, Megaproyecto de Reconstrucción Nacional, Proyecto Macedonio, y otros más. 

Más allá del nombre, partidos oficialistas y de oposición, economistas, centros de estudios se han dedicado durante todos estos últimos días a estudiar las filtraciones y declaraciones de ministros y otras autoridades, respecto al megaproyecto que, con más de 40 propuestas, mezcla en un solo texto medidas de reconstrucción por incendios de Valparaíso y Concepción,  con incentivos a la inversión, subsidios al empleo, cambios regulatorios, rebajas tributarias, ajustes fiscales y normas de seguridad pública. Una verdadera ensalada que el gobierno espera aprobar antes de septiembre.

El llamado Plan de Reconstrucción Nacional no es solo un plan para levantar casas. Es, en los hechos, el primer gran intento del gobierno de Kast por redefinir el rol del Estado, el modelo económico y la relación entre crecimiento y políticas sociales. Porque el punto más controversial no es la reconstrucción, sino que la mezcla de reconstrucción con reforma económica. 

Lo más difícil

El eje central del Plan de José Antonio Kast, es la reducción del impuesto de primera categoría del 27% al 23% en un plazo de cuatro años para dinamizar -dicen- la inversión y el empleo. Una rebaja que beneficia objetivamente al 1 por ciento más rico del país y en el que lo que se haga con la inversión no está garantizado. 

Será, sin duda, muy complejo para el gobierno lograr la aprobación de esta iniciativa que, según el Ministro Secretario General de la Presidencia, José García Ruminot, es “irrenunciable”. No sólo eso. Tan urgidos están que, con una audacia infinita, el ministro le puso una temprana soga al cuello al Ejecutivo, al afirmar que “la reforma es clave para el éxito del presidente Kast y su gobierno”. ¿Y si no se aprueba como quiere el ministro de Hacienda?

Aunque aún no se conoce la letra chica del proyecto, expertos y economistas progresistas, dudan que el crecimiento compense la menor recaudación de una reforma que beneficia a las empresas más grandes del país. 

Un estudio publicado por la London School of Economics and Political Science, de los académicos David Hope y Julián Limberg, luego de comparar las políticas de impuestos de 18 países de la OCDE durante 50 años, concluye que bajarles los impuestos a los ricos no genera crecimiento económico en un país, ni disminuye las tasas de desempleo. Y afirman que encontraron “evidencia sólida de que rebajarle los impuestos a los más ricos, aumenta la desigualdad de ingresos, pero no tiene ningún efecto en el crecimiento o en el desempleo”.

Lo saben en el oficialismo: no va a ser fácil convencer al país que esta reforma tributaria encubierta que está proponiendo Kast es efectivamente beneficiosa para todos. Lo es solo para algunos. Por eso la insistencia desde la UDI, RN y el Partido Nacional Libertario (PNL) de plantear a los ministros de Hacienda, Jorge Quiroz, y de la Segpres, José García Ruminot, la necesidad de incluir más medidas que beneficien el bolsillo de la clase media y no solo apuntar a las empresas.

El proyecto -aplaudido por los grandes empresarios de la Sofofa y la CPC- se conocerá completo la próxima semana y desde ya el gobierno y sus partidos han comenzado a tocar la flauta de Hamelin para atraer los votos que necesitan imperiosamente para aprobarlo. Y aprobarlo tal cual se presente no jibarizado dicen algunos. 

El primer round

El gobierno ha dicho que se jugará por analizar el proyecto completo solo en la Comisión de Hacienda de la Cámara para pasar rápidamente a discutirlo en sala.  Será el primer round. Porque el principal objetivo de la oposición será separar los distintos temas que trae el paquete gubernamental, analizarlos cuidadosamente, examinarlos en las comisiones correspondientes. Estudiarlos con tiempo. Escuchar a los expertos. Porque la crítica principal señala que el Gobierno está mezclando, bajo el paraguas de la reconstrucción, medidas de emergencia con reformas estructurales tributarias. Entre ellas la rebaja de impuestos corporativos y otras como la liberación del pago de contribuciones a los mayores de 65 años Está pasando gatos por liebres, dicen algunos parlamentarios.

No es casualidad que la senadora y presidenta del Partido Socialista, Paulina Vodanovic, haya bautizado el proyecto como “ley tutifruti”, afirmando que es una iniciativa “que lleva de todo” y cuyos ingredientes aún no están del todo claros.

Esa será la primera gran batalla que se avecina: lograr que se estudien por separado los distintos temas del proyecto. La vicepresidenta de la Cámara de Diputados, Ximena Ossandón (RN) aseguró que va insistir “hasta el final” para que la megarreforma para la “reconstrucción nacional” se revise de manera parcelada. Eso lo dijo antes de asistir a la reunión del oficialismo con el Mandatario. Porque cuando terminó ese encuentro, salieron todos dispuestos a defender el proyecto tal como lo presentará el ministro de Hacienda. En ello tiene el apoyo incondicional de la UDI, que rechaza dividir el proyecto como pide la oposición y defiende que ingrese como un solo paquete, argumentando que se trata de un plan integral de crecimiento cuyo impacto se perdería si se fragmenta.

Un ejemplo del proyecto que debería estudiarse en profundidad, por las consecuencias que provoca es la exención o rebaja de contribuciones (impuesto territorial) dentro del discurso de “reconstrucción” del gobierno de José Antonio Kast. El economista José De Gregorio señala al respecto que “eliminar o reducir contribuciones puede terminar beneficiando proporcionalmente más a quienes tienen mayor patrimonio”. Por su parte, el ex ministro de Hacienda, Andrés Velasco, señaló que “reducir contribuciones no tiene un impacto significativo en la inversión productiva”. Esto, porque a diferencia de impuestos a empresas, no impulsa crecimiento directo y es más bien una medida de alivio patrimonial.

Hoy por hoy, una gran mayoría de población muy adulta no paga contribuciones, o si lo hace, solo debe cancelar la mitad del gravamen. Pero, el problema es que este impuesto financia las municipalidades más pobres y si se elimina, los municipios quedan en la indefensión.

Tal vez por eso y por más, el académico de la Universidad Adolfo Ibáñez Claudio Agostini recordó que hoy ya existen beneficios para quienes realmente lo necesitan, por lo que una medida universal podría terminar favoreciendo al 1% más rico.

«Hoy día para cualquier adulto mayor que gana menos de 980 mil pesos y vive en una casa de menos de 225 millones -estamos hablando de casas que están dentro del 10% más caras de Chile- ya no paga. Entonces, de verdad esto es un impuesto que hoy día afecta a personas que están en las casas más caras de Chile, de los ingresos más altos».

Por este y otros anuncios es que la senadora Vodanovic señaló que lo que todos piden es que se expliquen cuáles son los efectos de estas medidas, sobre todo en las familias. “¿Cuáles van a ser los efectos microeconómicos? ¿Cómo le va a pegar al bolsillo de los chilenos y chilenas? Eso es lo que a nosotros nos preocupa desde el Partido Socialista: defender a la clase media, defender a los trabajadores porque estas medidas, finalmente, van a terminar pegando a sus bolsillos, tal como lo hizo el cambio en el MEPCO”, cuestionó Vodanovic.

Reconoció que la presidenta del Senado, Paulina Núñez (RN), ha estado activa en el sentido de pedir que se separen los proyectos, y que la reforma tributaria sea presentada como tal. “Y que los otros beneficios que podemos discutir, pro empleo, pro trabajadores, pro pymes, los hagamos en una ley corta, rápida, eficiente, que ponga en marcha ese plan de crecimiento tan mencionado por el ministro Quiroz”, añadió.

“Creo que todos esos temas tributarios se tienen que discutir aparte, y es lo que le pedimos al presidente en una carta que presentamos ambas bancadas del Partido Socialista, apoyados por la mesa del partido también” informó la senadora.

El jefe de bancada de diputados del PPD, Raúl Soto, criticó el Plan de Reconstrucción Nacional asegurando que “no hay ningún voto disponible desde el PPD para aprobar la idea de legislar de este proyecto”. “Nosotros hemos dado muestras de ser una bancada constructiva: hemos puesto propuestas sobre la mesa y alcanzados acuerdos en otros temas. Pero cuando todas las señales son para unos pocos en términos de beneficios, y lo malo es para la inmensa mayoría de los chilenos, se hace muy difícil”.

Tremendo trabajo es el que tendrán los ministros y el propio presidente Kast para, primero, convencer a los propios de defender con dientes y muelas el megaproyecto tal como lo presentará el gobierno y que sólo se instale en la Comisión de Hacienda. Y segundo, pirquinear en la oposición y entre los que no lo son tanto, como el Partido de la Gente, los votos que necesitan para su proyecto estrella. De hecho, ministros y subsecretarios han realizado y siguen solicitando reuniones con quienes pueden convencer que aprueben su reforma. Todos los misiles y los caramelos apuntan al Partido de la Gente, cuyo líder, Franco Parisi, se ha manifestado en contra de este. Pero, ya se sabe que más de uno podría no obedecer a la disciplina partidaria, con nefastas consecuencias para la colectividad.

Amor y rebeldía: 93 años del Partido Socialista de Chile

 

Noventa y tres años no son solo una cifra. Son historia viva, memoria colectiva y compromiso permanente. Este nuevo aniversario del Partido Socialista de Chile se conmemora con dos fuerzas que nos definen: amor y rebeldía. Amor por lo que hemos construido, por lo que somos, por la obra de nuestros fundadores; y rebeldía frente a las injusticias que persisten y que nos llaman, una y otra vez, a no claudicar.

Recordamos a quienes dieron origen a este proyecto histórico: Eugenio Matte, Óscar Schnake, Marmaduke Grove, Eugenio González, Salvador Allende. Hombres que no solo imaginaron un país más justo, sino que se atrevieron a organizarse para hacerlo posible. Más tarde, sería el propio Allende, nuestro compañero presidente y mártir, quien en el Congreso de La Serena dejó una frase que sigue marcando a generaciones: “todo lo que he sido y todo lo que soy se lo debo a mi partido”. En esas palabras se condensa una ética, una lealtad y una forma de entender la política como servicio y consecuencia.

Esa convicción fue la misma que sostuvo a miles de socialistas tras el golpe de Estado, cuando el costo de defender la democracia fue, muchas veces, la vida. Compañeras y compañeros que resistieron, que lucharon, que no se rindieron. Nuestra juventud, con Carlos Lorca a la cabeza, asumió la conducción clandestina del partido junto a Víctor Zerega, Exequiel Ponce, Ariel Mancilla, Carolina Wiff, Ricardo Lagos Salinas y tantos otros nombres que hoy evocamos con respeto y gratitud. Muchos de ellos siguen desaparecidos, pero están aquí. A ellos les debemos memoria, verdad y justicia.

El sacrificio no fue en vano. Sembraron rebeldía, pero también esperanza. Y esa esperanza permitió que, tras una larga noche de 17 años, Chile volviera a abrir caminos de democracia y dignidad. Avanzamos en derechos para las y los trabajadores, en educación, en salud, en salarios y en condiciones de vida más justas. Nada fue regalado: todo fue fruto de lucha, organización y convicción.

De nuestras filas surge también la primera mujer presidenta de Chile, quien además ejerció el cargo en dos oportunidades: Michelle Bachelet. Hoy, con la misma fuerza y convicción de que un mundo mejor es posible, se proyecta con el respaldo de millones para asumir un nuevo desafío al servicio de la comunidad internacional: llegar a la Secretaría General de las Naciones Unidas.

Hoy, cuando surgen iniciativas que pretenden privilegiar a quienes más tienen en desmedro de la mayoría, es necesario decirlo con claridad: no nos van a encontrar indiferentes. Las y los socialistas estaremos donde siempre hemos estado, defendiendo lo conquistado y levantando nuevas banderas de justicia. Porque la dignidad también es una conquista, y se defiende.

Defenderemos el derecho al trabajo, a la educación, a la salud, al descanso, y de manera irrenunciable, los derechos humanos. Defenderemos también nuestra soberanía, la libertad y la justicia social como pilares de un país verdaderamente democrático.

Han pasado 93 años, pero aquí estamos. Con memoria, con historia y con futuro. Porque en nuestras filas no hay olvido. Porque cada nombre, cada lucha, cada sueño sigue vivo en nuestro quehacer cotidiano.

Prometemos, una vez más, jamás desertar.

Vocero de la Confech, Diego Torres: “Este gobierno está profundizando la desigualdad en el acceso a la educación”

 

En medio de un inicio de gobierno marcado por tensiones políticas y cuestionamientos a sus primeras medidas, la administración del presidente José Antonio Kast ha generado inquietud en diversos sectores sociales. Uno de los más críticos ha sido el movimiento estudiantil, que ha reaccionado ante anuncios como la reducción presupuestaria en el Estado, eventuales cambios a la gratuidad, el estancamiento de reformas al financiamiento educativo y nuevas medidas hacia deudores del CAE.

Vocero de la Confech, Diego Torres.

En este contexto, el vocero de la Confech, Diego Torres Díaz, dirigente de la Universidad Mayor, estudiante de Tecnología Médica y militante de las Juventudes Comunistas analiza el escenario actual, las principales preocupaciones del mundo estudiantil y las definiciones adoptadas recientemente por la organización.

– ¿Cómo evalúan desde la Confech los anuncios sobre una posible disminución de recursos destinados a la educación?

Desde la Confech vemos con preocupación y evaluamos de forma negativa la disminución de recursos a todas las carteras del Estado, especialmente en educación. Esto significa que se va a seguir precarizando el sistema y que la educación superior continuará siendo accesible solo para quienes tienen dinero. Eso se opone directamente a lo que creemos: que la educación debe ser un derecho garantizado.

-¿Cuál es la postura respecto a la idea de acotar el rango de edad para acceder a la gratuidad? ¿A quiénes afectaría principalmente?

Creemos que es una medida discriminatoria. Afecta principalmente a estudiantes que tuvieron que aplazar sus estudios por distintas razones: maternidad, paternidad o la necesidad de trabajar. Cuando finalmente tienen la oportunidad de estudiar gratuitamente, se les niega ese derecho, lo que consideramos injusto.

-El proyecto que buscaba reemplazar el CAE está estancado, ¿cómo interpretan esta señal?

Es un proyecto sobre el que ya teníamos observaciones, porque no nació del diálogo con el movimiento estudiantil. Sin embargo, tenía avances, como dejar fuera a la banca del financiamiento. Hoy vemos que está estancado porque a este gobierno no le interesa avanzar hacia una educación más justa, sino beneficiar al gran empresariado y profundizar las brechas.

-¿Qué les parece que la Tesorería haya iniciado cobros a deudores del CAE?

Nos parece sensato que quienes ganan más de 5 millones de pesos puedan pagar, pero somos críticos de las formas. Hoy se persigue a personas que accedieron a un crédito para estudiar, y se les criminaliza. Cerca del 70% de los deudores gana menos de $775 mil, es decir, llegan con dificultad a fin de mes. No se puede transformar esto en una “cacería de brujas”, porque no todos están en condiciones de pagar.

-Sobre la propuesta de quitar beneficios estatales a estudiantes condenados por delitos, ¿cuál es la postura de la Confech?

Creemos que es incorrecto. La gratuidad y los beneficios estatales no son herramientas de castigo, son derechos conquistados tras años de lucha del movimiento estudiantil. Si alguien comete un delito, existen mecanismos penales para sancionarlo, pero no corresponde quitarle el acceso a la educación.

-Se ha hablado de una reactivación del movimiento estudiantil. ¿Cómo se ha dado este proceso y cuáles son sus demandas prioritarias?

El sábado pasado realizamos el primer encuentro nacional de la Confech, con más de 300 estudiantes de todo el país. Allí definimos lineamientos claros: defender la educación gratuita, de calidad, no sexista y con acceso garantizado. También avanzar hacia un mayor aporte basal del Estado y establecer que los beneficios son derechos, no favores. Seguiremos trabajando en un petitorio nacional para avanzar en estos objetivos.

-Respecto a la agresión a la ministra de Ciencia, ¿cuál es la postura de la Confech?

Rechazamos la violencia como forma de acción política. Sin embargo, también creemos que este gobierno ha generado un descontento generalizado. En el caso particular de la ministra, influyó el anuncio de eliminación de becas en el extranjero.

-¿Cómo evalúan la reacción del Gobierno ante este caso?

Creemos que el gobierno busca criminalizar al movimiento estudiantil. Más que abordar el fondo del problema, se centra en la persecución, lo que no contribuye a resolver el conflicto social de base.

Socialismo, más que una utopía

 

Para las izquierdas el socialismo siempre ha sido un objetivo que ha estado presente en sus ideas y propuestas. Desde la defensa de los derechos de los trabajadores hasta el cambio del sistema capitalista. Entre esos objetivos hay que reconocer tiempos y grados de avance si se considera que la lucha por los derechos de los trabajadores está íntimamente emparejada con el desarrollo del capitalismo. 

La lucha de clases desde el siglo XVIII tomó la forma de una confrontación entre los trabajadores, dueño sólo de su fuerza de trabajo y los capitalistas o dueños de los medios de producción, sin olvidar que desde siempre ha habido un dominio de una clase minoritaria sobre muchos con menos o ninguna libertad o privilegios. La lucha de clases en el marco del sistema capitalista ha sido desigual, aun cuando pocas veces con victorias de las clases más explotadas. Lo que está claro es que fue necesaria la irrupción de sistemas políticos democráticos para entregar más igualdad y derechos a las personas comunes que conforman la fuerza de trabajo y los ciudadanos.

El socialismo no lo inventó Karl Marx, aunque fue importante su contribución. Mucho antes, mayorías sociales explotadas, segregadas y esclavizadas tuvieron líderes, los más audaces, que llamaron a sus comunidades a revelarse, muchos dieron su vida en ese intento de liberación, y pocos eventos revolucionarios lograron su propósito. No obstante, algo motivó a sus líderes y seguidores a creer que era posible romper las cadenas de la opresión y ganar la libertad. A eso le podemos llamar utopía, creer lo que parece imposible o difícil mediante la fuerza movilizadora de la convicción, la voluntad de luchar por ello y perseverar, aunque no se logre en el presente, pero, manteniendo viva la esperanza y el propósito de conseguirlo en el futuro. 

No es el propósito de esta columna recorrer la historia del socialismo, desde el “socialismo utópico” o moral al “socialismo científico” que se apoyó en el conocimiento de las ciencias para llegar a lo que es hoy, una fuerza política que incorpora lo anterior para lograr una sociedad con más justicia e igualdad.

El socialismo de hoy ha aprendido de la historia de la humanidad y en buena hora ha logrado centrar su existencia en conseguir los equilibrios que permitan un progreso y bienestar persistente de las mayorías sociales frente a las minorías más ricas en la actual sociedad que se sustenta en un sistema económico que tiende a la concentración de la riqueza y de los ingresos del capital, fuente de desigualdades.

Del mismo modo como el sistema económico capitalista ha logrado alcanzar un desarrollo material y del conocimiento que le ha permitido recrearse y lograr producir más y mejores bienes y servicios que pueden llegar a cualquier lugar del mundo, así también, en su capacidad productiva ha llegado a aprovechar el capital y el conocimiento científico para explorar el universo y producir armas nucleares con capacidades destructivas que podrían eliminar la vida del planeta impulsando el militarismo y la industria asociados a esa actividad.

Una mirada transformadora

En este mundo controversial y complejo el socialismo debe estar presente con una mirada transformadora que se proyecte para enfrentar a los poderes fácticos que no ceden en controlar la economía y el aparato del estado con el sesgo político que privilegia el interés del capital por sobre los intereses de la mayoría. Si bien el socialismo puede presentar matices o diferencias, es el pueblo que cree en sus ideas y propuestas quien le da su apoyo para que sea posible materializar, impulsando leyes o ejerciendo además el poder en gobiernos elegidos por sus ciudadanos.

Pero, qué puede ofrecer el socialismo. La sociedad actual ofrece al mundo fundamentalmente bienes y servicios que intentan seducir e incluso alienando las mentes de la gente, por muy atractiva que aparezca esta oferta. Al mismo tiempo vemos una sociedad desigual, fragmentada, polarizada, que amenaza la diversidad como una fuerza que le da sostenibilidad y sentido a la vida. En esa contradicción el socialismo debe abrir no solo el debate, debe simultáneamente entregar un relato que despeje y contenga una respuesta para hacer posible superar el incierto e inquietante porvenir de la humanidad. En esta tarea debe haber una absoluta convicción de que la igualdad y la diversidad son componentes inseparables de una existencia amigable e inteligente.

Si hay algo relevante que discutir es de qué manera integramos la igualdad con la diversidad. Este relato nos obliga a aceptar que vivimos en un mundo donde la diversidad es parte de su riqueza y sostenibilidad. En el escenario que sea, lo que más prevalece es la diversidad y no sabemos apreciarla. Desde el mundo diverso de la vida en la fauna y flora, hasta en nuestra estructura y características como seres humanos, la diversidad es lo más notorio. Cuánto valor existe en la diversidad y qué poco reconocemos en ello. Por otro lado, la igualdad no ha salido de los parámetros conceptuales de los pensadores clásicos, llegando a aceptar que la igualdad está atada sólo a los méritos o capacidades humanas. Hemos dejado de lado las diferencias que produce una sociedad segregacionista que se vale incluso de la legítima diversidad del mundo social.

Las desigualdades inhiben el desarrollo humano y material. Si en educación, salud, alimentación, vivienda, barrios, empleo y salarios las diferencias son aberrantes e inaceptables, la ceguera para apreciar la diversidad es igualmente deplorable. Los inmigrantes, los pobres, los pueblos originarios, la raza, el sexo, el oficio, la edad y muchas otras diferencias se estigmatizan y otras son producidas por la desigualdad que recicla y legitima el propio sistema sociocultural y clasista de la sociedad. En consecuencia, sin respuesta a las desigualdades y a la segregación, lo que se expresa en solidaridad, no existe el socialismo como fuerza del cambio para una mejor vida en sociedad. 

Partido Socialista rechaza reforma tributaria del Gobierno y advierte impacto en derechos sociales

 

El Partido Socialista de Chile manifestó su rechazo a la reforma tributaria impulsada por el Gobierno del presidente José Antonio Kast, acusando que la propuesta afectará directamente a la ciudadanía y debilitará la capacidad del Estado para responder a las necesidades sociales.

A través de una declaración pública, la colectividad señaló que la iniciativa, presentada bajo el argumento de fomentar el crecimiento económico, implicaría una menor recaudación fiscal estimada entre 4 y 5 mil millones de dólares en régimen. Según indicaron, esto se traduciría en un perjuicio para chilenos y chilenas, al reducir los recursos disponibles para políticas públicas.

Desde el partido sostienen que, a diferencia de reformas tributarias orientadas a aumentar la recaudación, la propuesta del Ejecutivo “hace lo contrario”, favoreciendo a los grandes capitales y generando un impacto negativo en los derechos sociales.

Asimismo, criticaron la rebaja de impuestos a grandes empresas y la reintegración del sistema tributario, asegurando que estas medidas benefician principalmente a los sectores de mayores ingresos, en desmedro de la mayoría de la población.

En el ámbito municipal, advirtieron que la exención del impuesto territorial para personas mayores de 65 años, sin distinción de ingresos, significará una disminución de recursos para las comunas, lo que podría afectar directamente a los vecinos.

El Partido Socialista de Chile también cuestionó las medidas laborales contempladas en el proyecto, señalando que el Gobierno opta por subsidiar a los empleadores en lugar de fortalecer los derechos de los trabajadores.

En materia ambiental, calificaron como “particularmente grave” el debilitamiento de la institucionalidad, apuntando a la flexibilización de controles, reducción de plazos y limitaciones a medidas precautorias, lo que, afirman, podría facilitar la aprobación de proyectos sin las debidas garantías, poniendo en riesgo ecosistemas y comunidades.

Finalmente, desde la colectividad concluyeron que la propuesta no apunta al crecimiento, sino que profundiza la desigualdad, precariza el empleo y afecta el medio ambiente, reiterando su compromiso con un modelo de desarrollo centrado en las personas, con mayor justicia social y sin retrocesos en derechos.

La violencia empieza con la negación del otro

 

Generalmente, cuando hablamos de violencia, pensamos en actos de fuerza que provocan daño a un tercero. Un insulto, un golpe, una humillación. Desde esa perspectiva, la discusión pública suele centrarse en cómo contener el acto dañino y proteger a la potencial víctima. Sin embargo, son escasas las reflexiones en torno a la raíz de la violencia, a las condiciones que permiten que estos actos dañinos emerjan.

Rara vez nos preguntamos si la violencia se manifiesta solo cuando hay un menoscabo evidente o si también puede ser silenciosa, imperceptible, cotidiana. Nos detenemos poco en comprender qué empuja a un joven a ingresar a su colegio y acabar con la vida de una inspectora, dejando a su paso estudiantes y trabajadores gravemente heridos. O qué ocurre en la mente de quienes deciden retener por la fuerza a una ministra y luego “acompañar” su salida entre insultos y golpes. 

Estas son expresiones distintas de la violencia, pero comparten algo en común. El problema no se encuentra en el daño que se provoca, sino en aquello que hace posible provocarlo. Para causar daño a otro, lo primero que debe ocurrir es que ese otro deje de existir como sujeto. La violencia solo puede ejercerse sobre quien ha sido previamente convertido en objeto.

La víctima, en ese sentido, se transforma en un medio para el victimario. Es parte de un recorrido hacia un objetivo que se considera superior. No tiene historia, no tiene nombre, no tiene rostro. La violencia no consiste solo en dañar a alguien, consiste, antes que nada, en despojarlo de su condición de ser alguien para convertirlo en algo. Ahí se generan las condiciones para el daño explícito, o como una posibilidad latente.

No puedo ser violento con alguien que amo y respeto, solo puedo violentar aquello que cosifico. Por eso, debatir indefinidamente sobre más seguridad, más castigo o mayores atribuciones a las fuerzas de orden, difícilmente modificará la violencia. Sin abordar sus causas, solo administramos sus consecuencias. 

El desafío es otro y exige trabajar cuanto antes en la convicción de que el otro importa y que su dolor importa. No basta con enseñar tolerancia, que apenas contiene la tensión de la diferencia, es necesario enseñar alteridad, una mirada donde el otro existe plenamente y no puede ser desplazado. 

Solo una comunidad que se reconoce y se respeta está en condiciones de enfrentar la violencia, dando sentido a los vínculos, construyendo objetivos comunes y sosteniendo el respeto mutuo. En un tiempo marcado por la violencia en los espacios educacionales chilenos y por conflictos a escala global, apostar por el reconocimiento, el cuidado y el encuentro no es ingenuo, sino una condición indispensable para proyectar un futuro compartido.

85 años del Parque Nacional Bosque Fray Jorge: Un ejemplo de restauración ecológica

 

Durante años el lugar fue sometido a una extracción de sus recursos naturales: hoy se yergue como un modelo en la conservación.

Este 15 de abril, el Parque Nacional Bosque Fray Jorge celebró su 85º aniversario consolidado como uno de los territorios de conservación más emblemáticos de Chile. Creado originalmente en 1941, este espacio ha recorrido un camino notable: lo que hoy es un referente internacional para la ciencia y la zona núcleo de una de las primeras Reservas de la Biósfera de la UNESCO en el país, fue durante décadas una hacienda sometida a una intensa explotación. Tras casi un siglo de gestión estatal, el parque se erige actualmente como el mejor ejemplo de restauración ecológica a escala de paisaje en la Región de Coquimbo, demostrando que la voluntad de conservación puede revertir procesos de degradación profunda y recuperar ecosistemas que parecen imposibles.

En el corazón de esta conmemoración, la Corporación Nacional Forestal (CONAF) ha destacado la actualización del Plan de Manejo del parque, un instrumento de vanguardia que integra décadas de investigación científica y trabajo comunitario. Este nuevo enfoque no solo protege la biodiversidad, sino que organiza la gestión bajo una mirada de desarrollo sostenible y «Una Salud». Para lograrlo, el plan articula ocho ejes biológicos y culturales —donde conviven el icónico bosque relicto higrófilo, el matorral xerófito y los cielos limpios— con siete ejes de bienestar humano, que vinculan la salud de los ecosistemas con la calidad de vida de las comunidades aledañas y los visitantes.

La relevancia de este aniversario se potencia por su cercanía con el Día de la Tierra (22 de abril), además en el marco del aniversario  en el cual se desarrolló el Seminario Científico Fray Jorge. Este encuentro, que reunió a guardaparques e investigadores de instituciones como la ULS,  el IEB y el CEAZA, puso de relieve los 37 años de monitoreo continuo del Sitio LTSER-Fray Jorge. Esta base de datos, una de las más antiguas y completas a nivel global, ha permitido descifrar el milagro biológico del parque: cómo un bosque lluvioso persiste en un entorno semiárido gracias a la captura de la camanchaca (niebla) y cómo funciona el bosque de preservación en el matorral semiárido.  Este conocimiento convierte al parque en un laboratorio vivo fundamental para comprender la regulación ecosistémica frente al cambio climático y el estrés hídrico actual.

El director regional de CONAF Coquimbo, Roberto Valdés, subrayó que Fray Jorge es, ante todo, un refugio de biodiversidad que ha sabido adaptarse a los tiempos. Recordó que, cuando el parque nació en 1941, aún faltaban décadas para la creación de CONAF en 1970, institución que tomó la posta de su cuidado. Ahora, en un momento histórico de transición, el organismo se prepara para entregar dicha gestión al nuevo Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) en agosto de este año. “Estamos plenamente confiados en que darán una excelente continuidad a esta tarea que CONAF, de la mano de los guardaparques, siente como una misión cumplida”, señaló la autoridad.

Al cumplir 85 años, el Parque Nacional Bosque Fray Jorge no solo custodia un ecosistema singular en el mundo, sino que representa un símbolo de esperanza ambiental. Su transición desde un paisaje degradado hacia una fuente inagotable de servicios de la naturaleza lo proyecta como el modelo de gestión del siglo XXI, reafirmando su valor como patrimonio natural de Chile y como pieza clave para enfrentar los desafíos de un planeta en constante transformación.

 

 

 

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