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Historia de las humillaciones: perplejos frente al mundo

 

Esta no será la primera ni la última vez que diga que Jorge Marchant Lazcano es el mejor escritor chileno vivo. Y ese no es un juicio sin fundamentos. En su ya larga carrera, ha relatado a Chile, y a los chilenos, de modo descarnado mediante su pluma de fino talento, sin tapujos. Pero de alguna rara manera que tiene un dejo de compasión.

Sus novelas poseen más capas que una cebolla; pero ninguna de ellas es desechable. En un envase que, como en La Beatriz Ovalle, parece frívolo, acecha una mirada filuda, develadora de usos y costumbres que no dan para aplauso. Desde dicha novela en adelante, por sus creaciones han desfilado épocas y clases y géneros como escenarios de diversas tragedias narradas no como tales, sino con una liviandad de viento suave que, sin embargo, arrastra tierra suelta, piedras, hojas y palos. Uno hasta puede reírse. O decir “me entretuve leyendo” tal o cual novela. Por que, claro, ahí está la trampa.  

Vayamos por capas. Ya otras de sus novelas habían sido situadas en los siglos pasados. Me parece que no somos felices, en los años en que Enrique McIver planteaba el desajuste, la falta de algo que diera sentido a esta vida de sus connacionales. O en El ángel de Chile, cómo otras realidades nada de festivas se infiltraban en las celebraciones del Centenario. El primero. El original. Ecos de todo eso se dejan sentir en Historia de las humillaciones la novela que, espero, no sea la definitiva, aunque su autor ha dejado muy instalada la idea de que “después de esta, nada más”. No es primera vez que lo asegura, pero su pluma, su cabeza y su corazón son inquietos y quiero creer que ahora tampoco cumplirá ese sino autoimpuesto.

Gentileza de Metales Pesados Libros (IG: @metalespesadoslibros)

Empecemos a mirar esta historia abriendo las puertas de El Barco, el edificio emblemático del momento en que Chile comenzó a creer que podía dejar de ser el país provinciano de casas bajas y haciendas extendidas. Instalado frente a otro hito de la ciudad, el cerro Santa Lucía, esta primera construcción de un conjunto de departamentos divide, nuevamente después de las obras de Vicuña Mackenna, la ciudad en un antes y un después. La novela va más atrás, a un tiempo en que las casas eran bajas y quienes las habitaban estaban lejos de constituir la clase alta. Los personajes de ese primer tiempo serán los primeros hilos de una historia que no es lineal, que salta por las épocas, pero donde los personajes están ligados por la sangre, por los avatares del destino o por la clase. 

Como un gran friso de gran parte del siglo XX (el Barco fue construido entre 1932 y 1934, pero el relato mira ese territorio desde antes, como decía), Marchant dibuja los acontecimientos que marcan la vida de sus personajes, dejando al desnudo aquellas situaciones en que la humillación mordió sus carnes. Esos acontecimientos están enmarcados por un contexto social y cultural narrado lejos del estilo de una clase de historia sino como el justo pincelazo para ubicar los acontecimientos y dar un sustento a los diversos tipos de afrentas que se suceden en la novela.  Cada tiempo, cada personaje y sus relaciones daría pie para una novela por sí sola, pero acá se tejen en una sinfonía de la ciudad y sus habitantes que, en cada momento, brilla y asombra. 

Sigamos con las capas. Coral en su estructura, la reciente novela de Marchant, deja con el sabor en la boca para pasar a una nueva situación, a otros aspectos de los caracteres que fue creando. Es una novela como para catadores: un poco de cada gusto, reconociendo en cada sabor las cepas, los dejos frutales, dulces, amargos, apimientados o acanelados. 

Es una de sus novelas más largas, pero uno siente el deseo de seguir sabiendo qué pasó con tal o cual señora, con tal o cual varón. La construcción de quienes llevan las muchas historias que se cruzan en los pisos del Barco, muestra esqueletos firmes y, a veces diametralmente opuestas, especificidades que los recubren. Siempre son seres verdaderos.Uno puede imaginarlos caminando por la calle, asistiendo a una fiesta, rememorando París, regentando una casa de putas en el sur o viviendo en una pensión de un barrio de Santiago venido a menos. Se siente, se huelen, las envidias, los celos, las traiciones, los deseos. Y no siempre se trata de olor a rosas. Porque Marchant no es complaciente con sus criaturas. Los ha observado con distancia, con rabia a veces, con compasión o risa, en otras. Son el reflejo de seres reales que el escritor ha ido descubriendo a lo largo de su vida, que ya es larga. Desde mapuches avecindados en Santiago, hasta siúticos en París. De todo. Como en la viña del Señor.

Más capas de esta cebolla: hay escenas memorables. La fiesta de las drag queen, travestidas como Eva Perón, María Ruiz Tagle de Frei o Sarita Montiel. El incendio de la panadería y todas sus repercusiones. Estos momentos componen otro friso: el de las acciones que hacen moverse a la maquinaria del relato. Ninguna sobra y podrían haber sido más, porque como en la existencia, los sucesos no se detienen y el autor podría sacar de su galera decenas de otras situaciones. 

Al fondo, como en prácticamente toda su literatura, el tema de la homosexualidad masculina. Sin duda este motivo es uno de los más poderosos dentro su creación, pero no está aislado. Es parte del entramado. De la crítica social, de la mirada trasversal a las clases buscando las similitudes y diferencias de ser parte de una sociedad que anula, ridiculiza y pocas veces, casi nunca, normaliza. 

Solos, perplejos frente al mundo y haciéndole frente, tanto los personajes hetero como los homosexuales en esta saga a la chilena, son veces patéticos, otras queribles, pero siempre están hechos de materiales sólidos. Son consistentes y quien lee se enfrenta a saber si su propio lugar en el mundo está entre los humillados o entre quienes humillan. 

“Podemos presumir que existe una regresión ambiental”: Senador De Urresti reacciona a retiro de 43 decretos de Contraloría

 

El senador Alfonso de Urresti manifestó su preocupación tras el retiro, por parte del Ministerio del Medio Ambiente, de 43 decretos en trámite ante la Contraloría, los cuales formaban parte de la implementación de la institucionalidad ambiental impulsada por Chile en los últimos años.

“Es muy preocupante que más de cuarenta decretos medioambientales hayan sido retirados de la toma de razón ante la Contraloría. Esperemos que esto no sea una tónica regresiva desde el punto de vista ambiental, y no se intente borrar a través de un plumazo un conjunto de normas que ha ido dándose el país”, señaló De Urresti. 

El parlamentario socialista advirtió que esta decisión podría afectar avances relevantes en materia de protección de ecosistemas, regulación ambiental y cumplimiento de normas clave, incluyendo iniciativas vinculadas a biodiversidad, calidad del aire y protección de áreas sensibles.

Asimismo, De Urresti anunció que solicitará explicaciones formales a la autoridad: “Estaremos vigilantes y vamos a citar a la ministra a la Comisión de Medio Ambiente para que explique, de manera detallada, el motivo de cada uno de estos retiros, porque claramente no hay una relación entre ellos. Hay algunos en que, efectivamente, puede haber una necesidad de revisión, pero hay otros que llevan largo tiempo y, con la magnitud que hoy día observamos, podemos presumir que existe una regresión ambiental. Queremos que eso lo aclare directamente la ministra de Medio Ambiente ante la comisión del Senado”.

Guerra de Trump en Irán: ¿impulsividad política, mal diagnóstico o error de inteligencia?

 

La guerra de Trump contra Irán ha dejado de ser un conflicto bilateral para convertirse en un conflicto regional de consecuencias mundiales aún impredecibles. La apertura del frente libanés por parte de Israel, el estancamiento en Ormuz que dispara los precios del petróleo, mientras que la explosiva situación entre Afganistán y Pakistán dibujan un escenario de inestabilidad generalizada en Asia y Oriente Medio.

El presidente estadounidense Donald Trump ha solicitado ayuda a Francia, Reino Unido, Japón, Corea del Sur e incluso (aunque en Chile nos parezca increíble a la luz de la polémica generada por el embajador Brandon Judd) a China para asegurar la ruta marítima por la que transita el 20% del petróleo y el gas del mundo. Vale recordar que Trump viajará en visita oficial a Beijing a fin de mes hasta inicios de abril.

Lo claro es que la diplomacia europea intenta no ser arrastrada por la administración norteamericana, mientras a nivel interno, crecen las dudas sobre si podrá Trump terminar realmente esta guerra o ya está fuera de su control, si enviará tropas norteamericanas a territorio iraní («boots on the ground»), bajo la sombra de una recesión económica por bloqueo del Estrecho de Ormuz y cómo todo esto impactará directamente en las midterm elections. Ni siquiera hemos nombrado la investigación en torno a los archivos Epstein. En fin, la comunidad internacional observa con preocupación cómo el conflicto se expande y las crisis humanitarias se multiplican sin solución a la vista. Vale también para América Latina.

En este escenario, habrá que asumir. el endurecimiento de las políticas de nuestro principal socio comercial y la necesidad de fortalecer nuestras propias instituciones y democracias, en un contexto global convulsionado por la guerra en Oriente Medio y tensiones entre potencias que también terminan por afectar la estabilidad latinoamericana.

Día Mundial del Títere y la Marioneta celebrará con colorido pasacalle y función gratuita en Concepción

 

Con presencia del destacado titiritero Ernesto Ruminot, Premio Presidente de la República 2024, la Seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio del Biobío invita a la comunidad a una jornada familiar para este sábado 21 de marzo, desde las 12:00 horas, en el sector Diagonal Pedro Aguirre Cerda. 

En el marco del Día Mundial del Títere y la Marioneta, la Seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio del Biobío y la Corporación Cultural El Vagón invitan a la comunidad a participar de una jornada abierta y gratuita que incluirá un pasacalle, muestra de títeres y la presentación de la obra “Mi calle sin miedo”, de la compañía Dedos Pintados. 

La actividad se realizará el sábado 21 de marzo, a las 12:00 horas con un pasacalle que iniciará en Diagonal Pedro Aguirre Cerda con calle Tucapel y que recorrerá el sector hasta llegar a Diagonal Pedro Aguirre Cerda con Ongolmo, donde se presentará la obra de la compañía nacional. La jornada busca acercar a la ciudadanía a esta disciplina escénica a través de una celebración familiar en el espacio público. 

La programación contará además con la participación del destacado titiritero Ernesto Gonzalo Ruminot Gándara, quien se sumará tanto al pasacalle como a la obra, y realizará una breve demostración de técnica titiritera, compartiendo con el público sobre el oficio y la animación de objetos. 

La actividad, familiar y con entrada liberada, es organizada por la Seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio del Biobío, con la colaboración de la Corporación Cultural El Vagón, Anticuarios Plaza Perú, Compañía Dedos Pintados y Enana Marrón Colectiva Escénica. 

Celebración con invitado especial 

El Día Mundial del Títere y la Marioneta se celebra cada 21 de marzo desde 2003, tras una iniciativa del titiritero indio Dadi Pudumjee, aprobada en 2002 por la Unión Internacional de la Marioneta (UNIMA) durante la reunión de su consejo en Atlanta. La conmemoración busca visibilizar y difundir el arte del títere y la marioneta en distintos ámbitos culturales, reconociendo su aporte a la creación artística y a la transmisión de historias y saberes. 

En ese contexto, la presencia de Ernesto Gonzalo Ruminot Gándara aporta un valor especial a la celebración: el artista fue galardonado con el Premio Presidente de la República en Artes Escénicas 2024 y homenajeado por la Fundación Teatromuseo del Títere y el Payaso de Valparaíso en 2025. Con una vasta trayectoria, el titiritero, actor, dramaturgo y constructor de muñecos, es reconocido por su trabajo en la creación de marionetas y figuras de gran formato y por su aporte al desarrollo del teatro de títeres en Chile. 

Desde la década de 1980 ha sido una figura clave en la exploración de nuevos lenguajes escénicos vinculados a la animación de objetos, además de desempeñar un importante rol en la formación de nuevas generaciones de artistas. Durante esos años formó parte del Teatro Urbano Experimental (TUE), compañía surgida en un contexto de intensa búsqueda artística y resistencia cultural durante la dictadura, caracterizada por su enfoque multidisciplinario y la experimentación escénica. Su trabajo —como titiritero, actor y constructor de muñecos— ha contribuido a posicionar el teatro de títeres como una disciplina relevante para el desarrollo cultural y social en el país.  

En Chile, el arte de los títeres forma parte del Registro de Patrimonio Cultural Inmaterial, reconociéndose como una práctica escénica vinculada históricamente a la cultura popular. A través de funciones en plazas, ferias y espacios comunitarios, titiriteras y titiriteros han mantenido vivo este oficio, compartiendo historias que mezclan fantasía, crítica social y enseñanza, y que continúan convocando a públicos de todas las edades. 

Sobre la obra 

Como parte de la jornada, se presentará la obra “Mi calle sin miedo”, inspirada en el autor argentino Javier Villafañe, se trata de una puesta en escena de aproximadamente 35 a 40 minutos interpretada por la compañía Dedos Pintados. 

La historia sigue a Cecilia Andrea, quien se encuentra aterrorizada tras creer haber visto un fantasma. Ante la situación llama desesperadamente a su novio Ramón Ramón para que la ayude, como dicta la tradición. Sin embargo, la aparición de personajes como un fantasma y un diablo —que buscan sembrar el miedo y la desesperación para quedarse con su casa— abre una serie de cuestionamientos sobre los temores y las formas en que estos se instalan en nuestras vidas. La obra propone una mirada lúdica y reflexiva sobre los miedos y sus múltiples disfraces, revelando cómo estos pueden convertirse en obstáculos para alcanzar nuestros deseos más profundos. 

Sobre las compañías 

La actividad estará a cargo de la Corporación Cultural El Vagón conformada por las compañías Dedos Pintados y Enana Marrón. 

Dedo Pintados, fundada en 1988 por Juancho Valdivia Madariaga, surge a partir de las experiencias y enseñanzas transmitidas por el reconocido titiritero Tito Guzmán Vallejos. Ha impulsado talleres, festivales y encuentros dedicados al teatro de títeres, contribuyendo a la difusión y preservación de esta práctica artística y patrimonial. 

La Compañía Enana Marrón es una agrupación artística formada en 2022 y enfocada en el teatro, incluyendo teatro de títeres, memoria histórica y narración. Basados en la zona central, destaca por obras como «Septiembre huele a ciruelo». 

 

La IA en el directorio: seguridad primero, estrategia después (y, por fin, mirada reflexiva)

 

La IA entró al directorio como entran las tecnologías que cambian el juego: con promesas, urgencias y algo de ansiedad. Pero la pregunta relevante no es “qué herramienta usamos”, sino bajo qué condiciones la organización la incorpora sin erosionar confianza, responsabilidad y calidad de deliberación.

El riesgo principal no es “tecnológico”. Es de gobernanza: qué se comparte, quién responde, cómo se evalúan resultados y cómo se preserva la identidad. La IA puede elevar la calidad de una deliberación… o puede degradarla si se usa sin criterios y sin límites.

Primero, la capa fiduciaria: seguridad y deber de cuidado.

Un director tiene deber de cuidado, y hoy ese deber incluye una pregunta incómoda: ¿qué pasa con la información que se sube o copia en plataformas de IA? ChatGPT, Gemini, Grok y otras soluciones abiertas que no son anónimas; y aun en entornos “cerrados” o corporativos, como copilotos integrados a suites empresariales, persiste la inquietud: ¿dónde quedan los datos, quién puede acceder, cómo se registra y cómo se borra? Antes de “usar IA”, un directorio debiera exigir un estándar de seguridad de la información y trazabilidad.

Eso se traduce en reglas simples pero decisivas: (i) clasificar información (pública, interna, confidencial, sensible) y definir qué puede y qué no puede ingresar a una IA; (ii) privilegiar entornos controlados por la organización con políticas explícitas de retención/uso de datos; (iii) establecer registros de uso en decisiones relevantes; (iv) exigir pruebas de cumplimiento del proveedor (seguridad, auditoría, controles).

Segundo, la capa estratégica: de eficiencia a ventaja competitiva.

Superada la discusión de seguridad, la pregunta cambia: ¿dónde la IA crea valor diferencial? Un directorio estratégico no “adopta IA”, sino que define un portafolio de apuestas: casos de uso priorizados, métricas de negocio, riesgos aceptables y capacidades internas a desarrollar. La IA puede apoyar decisiones críticas con mejor información, anticipar señales del mercado, reconfigurar procesos y rediseñar experiencia de clientes; pero el valor aparece cuando hay foco, cuando se evita el “piloto eterno” y cuando la dirección ejecutiva se alinea con prioridades claras del directorio.

Tercero, la capa reflexiva/generativa: la pregunta correcta.

El rol reflexivo no se contenta con “¿cuál es el plan?”. Va más allá: “¿cuál es la pregunta?”. Aquí el directorio define límites humanos, resguarda cultura, evita sesgos y dependencia de proveedores, y aprende del uso real para ajustar. En otras palabras: gobernar con IA no es entregarle el timón a un algoritmo.

Una pista útil viene de Donald Nordberg y la ética del cuidado: en el directorio, las decisiones se juegan en interacciones múltiples y el quiebre de confianza puede ser más dañino que el error puntual. Por eso, es necesario cuidar la calidad de la conversación, la transparencia sobre supuestos y la responsabilidad colectiva.

La secuencia importa. Seguridad y deber fiduciario primero; estrategia para crear valor después; y, finalmente, una mirada reflexiva que cuide la humanidad de la decisión. Y un último matiz: “inteligencia artificial” es un nombre atractivo, pero engañoso. La inteligencia, en sentido pleno, es orgánica, humana; lo que hoy llamamos IA son sistemas de procesamiento y predicción extraordinariamente veloces, que requieren supervisión permanente, criterios de uso, y un responsable identificable. Solo así la IA deja de ser moda y se convierte en herramienta al servicio de la gobernanza.

Más inversión, más crecimiento: la nueva apuesta económica para Chile 2026

 

La nueva estrategia económica busca dinamizar la inversión, pero en un contexto de alta informalidad y fragilidad laboral podría consolidar un modelo de crecimiento débil, mayor precariedad y una desconexión creciente entre economía y vida cotidiana.

El nuevo ciclo político en Chile ha comenzado bajo una premisa que, a primera vista, parece técnica y razonable: ordenar las cuentas públicas para recuperar el crecimiento. Sin embargo, como suele ocurrir en economía política, detrás de esa aparente neutralidad se está configurando algo mucho más profundo: una redefinición de la relación entre Estado, mercado y sociedad.

Las decisiones anunciadas —un recorte horizontal cercano al 3% del gasto público y una rebaja del impuesto corporativo desde 27% a 23%— no son simplemente instrumentos fiscales. Son, en rigor, apuestas estructurales sobre cómo debe funcionar la economía chilena en los próximos años. Y como toda apuesta estructural, no solo tiene efectos sobre el crecimiento, sino también sobre la forma en que ese crecimiento se distribuye, se experimenta y se sostiene socialmente.

El problema es que, cuando se examinan estas medidas de manera conjunta y se las sitúa en el contexto actual de la economía chilena, lo que emerge no es una trayectoria clara hacia un nuevo ciclo expansivo, sino una tensión difícil de resolver: la posibilidad de que el intento por ordenar las cuentas fiscales termine debilitando el mismo tejido económico y social que sostiene el crecimiento.

Para entender esta tensión es necesario partir de un dato básico, pero muchas veces subestimado: Chile no está entrando en este ciclo desde una posición de fortaleza estructural. Por el contrario, lo hace en un escenario de bajo crecimiento tendencial —en torno al 2% anual según estimaciones del Banco Mundial y la CEPAL— y con un mercado laboral que ya muestra signos evidentes de fragilidad.

Los datos de la Encuesta CASEN 2024 son particularmente claros en este punto. La informalidad laboral alcanza aproximadamente el 26,8% del empleo total, lo que equivale a más de 2,5 millones de personas que trabajan fuera de esquemas formales de protección social. A esto se suma que la pobreza por ingresos llega al 17,3% y la pobreza extrema al 6,9%, mientras que la pobreza multidimensional afecta al 13,4% de los hogares, con una fuerte concentración en carencias vinculadas al trabajo y la seguridad social 

Este último dato es fundamental, porque revela que el problema social en Chile ya no se explica únicamente por falta de ingresos, sino por la inestabilidad estructural del empleo. En otras palabras, el mercado laboral no está funcionando como un mecanismo eficaz de integración social.

Es en este contexto donde la política fiscal adquiere un rol decisivo.

La lógica detrás de la rebaja del impuesto corporativo es conocida: al reducir la carga tributaria sobre las empresas, se busca incentivar la inversión y, con ello, estimular el crecimiento. Sin embargo, esta lógica descansa en un supuesto que la evidencia empírica ha cuestionado reiteradamente: que la reducción de impuestos se traduce automáticamente en un aumento suficiente de la actividad económica como para compensar la pérdida de recaudación.

En el caso chileno, los cálculos del Comité Marfán son particularmente ilustrativos. Según sus estimaciones, una reducción de un punto porcentual en el impuesto corporativo podría aumentar el nivel del PIB en torno a 0,65% en un horizonte de diez años, pero ese mayor crecimiento solo permitiría recuperar parcialmente la recaudación perdida, generando una caída neta cercana a 0,1% del PIB 

Esto significa que la rebaja tributaria no es fiscalmente neutra. Genera un estímulo potencial a la inversión, pero al mismo tiempo reduce los ingresos estructurales del Estado.

Ahora bien, este efecto por sí solo podría ser manejable si no se combinara con una segunda decisión que opera en sentido contractivo: el recorte del gasto público.

El presupuesto fiscal para 2026 bordea los 86 billones de pesos, por lo que un ajuste del 3% implica una reducción cercana a 2,5 billones. En términos macroeconómicos, esto equivale a retirar una cantidad significativa de recursos de la economía en un período relativamente corto 

Y aquí aparece el núcleo del problema: mientras la rebaja tributaria busca generar efectos expansivos en el largo plazo, el recorte del gasto tiene efectos contractivos inmediatos sobre la demanda interna.

Este descalce temporal no es un detalle técnico. Es el punto crítico de toda la estrategia.

En economías como la chilena, donde el mercado interno cumple un rol importante —especialmente para las pequeñas y medianas empresas— el gasto público no es simplemente un instrumento de redistribución, sino un componente central de la actividad económica. Las compras públicas, por ejemplo, superan los 17 mil millones de dólares anuales, y cerca del 35% de esas transacciones benefician directamente a pymes 

Esto implica que cuando el Estado reduce su gasto, no solo ajusta sus cuentas: reduce ingresos en sectores productivos específicos, afecta cadenas de pago y, finalmente, impacta el empleo.

Lo que en el lenguaje fiscal aparece como “consolidación”, en la práctica económica se traduce en menos contratos, menos licitaciones y menos actividad en el mercado interno.

Y en un mercado laboral ya frágil, ese efecto no es neutro.

De hecho, uno de los rasgos más complejos de la economía chilena actual es que los ajustes no suelen expresarse como crisis visibles, sino como transformaciones silenciosas en la calidad del empleo. En lugar de aumentos abruptos del desempleo, lo que se observa es un desplazamiento hacia formas más precarias de inserción laboral: trabajo informal, autoempleo de baja productividad o subcontratación.

Los propios datos de CASEN 2024 refuerzan esta idea. Cerca del 28,2% de los hogares presenta carencias asociadas a informalidad laboral y un 21,9% enfrenta problemas de ocupación o subempleo 

Esto indica que el deterioro del mercado laboral no necesariamente se manifiesta como desempleo abierto, sino como una erosión progresiva de la estabilidad del trabajo.

Es precisamente aquí donde la política económica y la estructura social se encuentran.

Si el recorte del gasto público reduce la demanda interna y la inversión privada no reacciona con suficiente rapidez —algo que no está garantizado, especialmente en un contexto internacional de bajo crecimiento— el resultado más probable no es una recesión, sino un período prolongado de crecimiento débil acompañado de una expansión gradual de la precariedad laboral.

Este tipo de equilibrio es particularmente complejo, porque no genera señales de alarma inmediatas. La economía sigue creciendo, el déficit fiscal se reduce, pero las condiciones de vida no mejoran al mismo ritmo.

Y cuando esa brecha se amplía, comienzan a aparecer efectos más profundos.

Uno de ellos es la reconfiguración de la estructura productiva. La combinación de rebaja tributaria y contracción fiscal no afecta a todos los actores económicos de la misma manera. Las grandes empresas, con mayor acceso a financiamiento, diversificación productiva y exposición a mercados internacionales, están mejor posicionadas para beneficiarse de una menor carga tributaria y resistir períodos de demanda interna débil.

Las pymes, en cambio, dependen en mayor medida del mercado interno y de la actividad económica generada por el Estado. Por lo tanto, son más sensibles a la contracción del gasto público.

El resultado es una tendencia hacia una mayor concentración económica: mayor rentabilidad en el capital corporativo y mayor vulnerabilidad en los segmentos productivos más pequeños.

Este fenómeno no es nuevo, pero puede intensificarse bajo el actual diseño de política económica.

Desde una perspectiva más amplia, lo que está en juego es la calidad del crecimiento. No todo crecimiento es igual. Puede haber crecimiento basado en inversión productiva y empleo formal, o crecimiento apoyado en rentabilidad financiera y flexibilización laboral.

La diferencia entre ambos no es solo económica; es también social y política.

En este punto, la experiencia reciente de Chile ofrece una advertencia relevante. El estallido social de 2019 mostró que una economía que crece sin integrar a amplios sectores de la población termina generando tensiones que exceden el ámbito económico.

La desconexión entre indicadores macroeconómicos y experiencia cotidiana no es sostenible en el largo plazo.

Si el nuevo ciclo económico reproduce esa desconexión —si el crecimiento se concentra en ciertos sectores mientras la precariedad laboral se expande— el problema no será solo el bajo dinamismo, sino la erosión de la cohesión social.

Y esa erosión tiene consecuencias políticas.

En sociedades donde el trabajo deja de ser una fuente de estabilidad y se convierte en un espacio de incertidumbre permanente, las expectativas colectivas cambian. La promesa de movilidad social pierde credibilidad y el horizonte de futuro se vuelve más estrecho.

En ese contexto, el debate económico deja de ser técnico y se convierte en un problema de legitimidad.

Por eso, la discusión que hoy se abre en Chile no puede reducirse a la conveniencia de una rebaja tributaria o a la necesidad de ajustar el gasto público. Lo que está en juego es el tipo de economía que se está construyendo y su capacidad para sostener las condiciones materiales de la vida social.

Si la inversión privada logra expandirse de manera significativa y generar nuevos polos de crecimiento, la estrategia podría traducirse en una mejora efectiva del dinamismo económico. Pero si esa expansión no se materializa con la intensidad esperada, el país podría enfrentarse a un escenario distinto: una economía ordenada en lo fiscal, pero fragmentada en lo social.

Un crecimiento sin cohesión.

Un desarrollo sin integración.

Un modelo que funciona en los indicadores, pero que se debilita en la vida cotidiana.

En ese escenario, la informalidad —hoy cercana al 26,8%— dejaría de ser un problema a resolver y pasaría a convertirse en un rasgo estructural del sistema económico.

Y cuando eso ocurre, lo que se transforma no es solo el mercado laboral, sino la forma en que la sociedad se relaciona con el trabajo, el Estado y la política.

La pregunta final, entonces, no es cuánto crecerá Chile en los próximos años.

Es si ese crecimiento será capaz de sostener la sociedad que lo hace posible.

Porque una economía puede equilibrar sus cuentas.

Pero si no logra equilibrar sus vínculos sociales, termina erosionando las bases sobre las que descansa su propia estabilidad.

 

Ciclo «Ellas por ellas» continúa con obras de Eleonora Coloma

 

El ciclo «Ellas por ellas» del Departamento de Música y la Radio de la Universidad de Chile continúa con un concierto de obras de la profesora Eleonora Coloma. 

La presentación incluye obras para cello solo, canto y piano -con la interpretación de la propia Coloma- y una obra en tres partes para distintas formaciones instrumentales, que concluye con un elenco de seis músicos. 

Foto: Profesora Eleonora Coloma

Sobre el repertorio, dice la creadora que son obras compuestas para mujeres con relación a temáticas que tienen que ver con la composición, interpretación y creación femenina en el país. «‘Dolor y muerte’ es un encargo de Isabel Carvallo y en ella se trabaja la obsolescencia del cuerpo al morir, donde hice un procedimiento en que generaba reiteraciones para acompañar la estructura de la danza. ‘Canciones de tierra y garganta’, en tanto, son poemas de Stella Corvalán sobre el rol de la mujer en la creación y la sociedad donde la música incluye elementos disonantes, contrastantes, o de contratiempos que dan a entender que todo lo que dice debería ser, pero aún no ocurre».

Sobre la obra final. «Músicas resonantes e inspiradas», asegura que «nace como un homenaje a Sofía Gubaidulina y se compuso especialmente para académicas del Departamento, quienes fueron las intérpretes que la estrenaron el año pasado».

Eleonora Coloma es licenciada en Teoría de la Música, además de licenciada y magíster en Composición Musical y doctora en Filosofía con mención en Estética y Teoría del Arte, todos grados obtenidos en la Universidad de Chile. Su trayectoria incluye obras para gran variedad de formatos, interpretadas por las más renombradas agrupaciones de cámara, solistas y orquestas como la Orquesta Clásica Usach, que estrenó una obra suya el año pasado.

El concierto es el miércoles 18 de marzo en la Sala Master de la Radio Universidad de Chile ubicada en Miguel Claro 509, desde las 20 horas con entrada liberada previa descarga en Portaltickets.com.

«Las zanjas son útiles contra paso de vehículos, pero no detienen el tránsito de las personas»

 

El ex Subsecretario de Defensa, FF.AA y Guerra, ex Embajador de Chile, experto en relaciones diplomáticas vecinales y analista político-estratégico, Gabriel Gaspar, realizó un detallado análisis sobre la efectividad de las medidas de control anunciadas para la frontera norte de Chile, en el marco del Plan Escudo Fronterizo. 

A raíz de las recientes operaciones en la Macrozona Norte, Gaspar entregó claves sobre la utilidad de las zanjas fronterizas y los desafíos estructurales que enfrenta la región.

Consultado sobre la necesidad del control fronterizo, Gaspar afirmó que Chile ya cuenta con experiencia en esta materia, de la cual se desprenden tres lecciones fundamentales. En primer lugar, sostuvo que «las zanjas son muy útiles para contener el paso de vehículos» utilizados para robos o contrabando, particularmente en el límite con Bolivia.

Sin embargo, el experto fue enfático en señalar la limitación de esta infraestructura. «En segundo lugar, la zanja no es tan eficiente para controlar el paso de personas», explicó. Este fenómeno se observa principalmente en la zona altiplánica —frontera con Bolivia— y no necesariamente en la fase del desierto que comprende el sector de Chacalluta.

Ante este panorama, Gaspar sugiere redirigir los esfuerzos estratégicos. «Por tanto, lo deseable sería que el esfuerzo principal se diera en localidades como Colchane y Visviri», señaló, identificando estos pasos no habilitados como los puntos críticos donde se debería concentrar la vigilancia y el control migratorio para ser efectivos contra el ingreso irregular de personas.

La crisis silenciosa: despoblamiento en Parinacota

El análisis de Gabriel Gaspar no se limitó únicamente a la infraestructura de control, sino que puso el acento en una problemática de fondo que afecta a la provincia de Parinacota. El experto- nacido en Arica y de origen aymará- lamentó la falta de información integral por parte de las autoridades sobre el impacto de las operaciones en una región que enfrenta desafíos adicionales.

«Hoy día habitan menos de dos mil personas», advirtió Gaspar, destacando el grave despoblamiento en la provincia de Parinacota como un factor que complejiza la seguridad y el desarrollo de la zona. El analista hizo un llamado a las autoridades a entregar mayor información sobre las operaciones en curso, considerando que la ausencia de población facilita las actividades ilícitas y dificulta el control territorial.

«Esperamos que las autoridades nos entreguen mayor información sobre esta operación en una región que, además, tiene otros problemas, como es un gran despoblamiento», concluyó.

 

El Partido Socialista de Chile rechaza las afirmaciones del embajador de Estados Unidos

 

En un comunicado público, el Partido Socialista de Chile lamentó las declaraciones del embajador de Estados Unidos, Brandon Judd, durante el cambio de mando en el Congreso Nacional.

El Sr. Brandon Judd emitió una declaración a los medios de comunicación que ha pasado desapercibida, donde afirmó que “el cable chino ya acabó”. Esta es una declaración insólita que el Partido Socialista rechaza terminantemente. Cualquiera sea la decisión que el nuevo gobierno adopte sobre el proyecto de inversión para construir un cable submarino de fibra óptica entre Valparaíso y Hong Kong, le corresponde al Presidente de la República la decisión al respecto, y comunicarla ya sea el mismo, el Canciller o una vocería de La Moneda, y no al embajador estadunidense acreditado en Chile”.

Agregan que el gobierno debe advertirle al embajador que “cometió un atropello y desatino diplomático absolutamente inaceptable. La confianza que, evidentemente, siente la administración de Donald Trump con el nuevo gobierno de Chile puede llevar a nuevas manifestaciones de una suerte de tutelaje sobre el rumbo de ciertas políticas nacionales”.

Respecto a los minerales  críticos y tierras raras,  el PS señla que “Chile y EEUU han firmado una declaración para iniciar, en un plazo de dos semanas, conversaciones respecto a minerales críticos y tierras raras, por lo cual resulta necesario que Chile resista cualquier presión de poner los recursos nacionales en condiciones desventajosas y a disposición de un único mercado comprador. El Partido Socialista de Chile prestará especial atención al curso de estas consultas bilaterales”.

¿Habrá luna de miel para Kast?

 

Aunque el matrimonio de Kast con la Presidencia de la República fue muy rimbombante, con sus partidarios bailando hasta la madrugada y los medios de prensa gozando la fiesta, pareciera que la “luna de miel” será más corta que lo que el nuevo mandatario y su grupo suponen. 

En términos políticos, la “luna de miel presidencial” es el período en que un presidente recién electo recibe tolerancia, expectativas positivas y apoyo político antes de que empiece el desgaste del poder. El período crítico para medir la verdadera fuerza de un gobierno suele ser entre septiembre y diciembre del primer año. Los expertos señalan otra regla empírica: cuando la economía preocupa a más del 50% de la población, la luna de miel rara vez dura más de 6 meses. Y se da por finalizada cuando la desaprobación supera o iguala la aprobación. 

En Chile este periodo dorado ha ido disminuyendo sin pausa. Hay razones objetivas. Hoy Chile es un país mucho más dividido que en los años 90 o 2000 y las expectativas de la ciudadanía son muy concretas respecto de seguridad, migración y economía. La gente quiere ver cambios drásticos y visibles desde los primeros días del nuevo gobierno.

Desde la vuelta a la democracia, el presidente Aylwin fue quien disfrutó la más larga “luna de miel” (12-18 meses) gracias al alto consenso respecto del retorno a la democracia. Con Eduardo Frei, el periodo dulce duró 10 a 12 meses gracias a que el crecimiento económico sostuvo el apoyo. Ricardo Lagos tuvo una luna de miel de entre 8 a 10 meses. 

Para Michelle Bachelet 1 la fiesta duró 3 a 4 meses debido a la crisis de Transantiago y las protestas estudiantiles. Con Sebastián Piñera 1, siguió acortándose la alegría -duro 7 a 8 meses-, aunque contó con un apoyo inicial fuerte debido al rescate de los 33 mineros. En su segundo período, Bachelet vivió una luna de miel de 8 meses debido principalmente al caso Caval. Por su parte, Piñera en su segundo periodo tuvo una luna de miel de solo 5 meses. 

La caída en picada se produjo en el Gobierno del presidente Gabriel Boric, a quien prácticamente le dieron solo un mes de miel y 47 meses de hiel.

La tendencia histórica es clara por ello se puede suponer que la “luna de miel” no será larga para Kast. Más aún, si se consideran datos de encuestas de marzo de 2026 donde -a pesar de que no hay todavía una caída fuerte- sí aparecen señales de cautela y algo de desgaste inicial. Según Cadem, Kast parte su mandato con 56% de imagen positiva y 39 % negativa, un nivel parecido al que empezó Boric en 2022 pero con más rechazo desde el inicio, lo que muestra que Chile está aún más polarizado.  La encuesta de Criteria le da a Kast un 44 % aprobación al iniciar su gobierno y un 37% de desaprobación. Estas cifras indican un apoyo no entusiasta, según los analistas. Algunos indicadores sí han mostrado una baja del 4%, al igual que para su gabinete, que generó un apoyo de alrededor de 42 %. 

Por otro lado, también se observa que el país tiene expectativas moderadas, que no hay euforia. El sentimiento dominante sería de “veamos si resulta”, por sobre “todo va a mejorar y cambiar”.

Lo que incide mayoritariamente en el éxito o fracaso de Kast es la extrema polarización del país, a diferencia de lo que pasaba en los primeros gobiernos después del fin de la Dictadura. Los analistas consideran que hoy sectores importantes desconfían profundamente de Kast y otro sector cree que es la única forma de ordenar el país. En psicología política esto se llama “presidencias identitarias”, es decir el líder representa a un grupo fuerte, pero no al país completo. 

Patricio Aylwin partió con legitimidad transversal. Lagos y Bachelet tenían oposición, pero no rechazo estructural en tanto Boric y Kast parten con sociedades mucho más fragmentadas. 

Otro factor que puede perjudicar a Kast son las inmensas expectativas que generó en la población al basar su campaña en tres promesas específicas: más seguridad, control de la migración, mejoras en la economía. El problema es que estas promesas tienen plazos muy cortos en la percepción ciudadana. Es decir, si en los primeros meses la delincuencia no baja, la migración no cambia visiblemente, o el bolsillo sigue apretado, la aprobación caerá probablemente muy rápido.

Este fenómeno lo vivieron gobiernos anteriores. En 2018, el apoyo a Piñera cayó significativamente tras expectativas económicas no cumplidas. Y el de Boric por la sensación de seguridad y la inflación que había subido al 14% tras la pandemia. Aunque su gobierno logró bajarla en 10 puntos en dos años, la ciudadanía dudó del cambio porque las cifras macroeconómicas se sienten más lento en los bolsillos del pueblo.

Variables psicológicas

Hay que tener en cuenta también variables psicológicas. O sea, entender que las “lunas de miel” dependen de una emoción colectiva: la esperanza. El problema es que, hoy en Chile, esa emoción está mezclada con otra muy fuerte: la fatiga social. Una gran mayoría no está entusiasmada con la política. Más bien, la gente está cansada y expectante. Eso lleva a actitudes como “Lo apoyamos… pero veamos si realmente funciona”. O sea, es un apoyo condicional. Además Kast se condenó a una presión ciudadana inmediata al hablar de un “gobierno de emergencia”. 

Asimismo, su gobierno dependerá mucho de emociones sociales específicas, como el miedo, el cansancio o el deseo de orden. Desde la psicología política, el triunfo de Kast no se explica solo por ideología. También lo hace por emociones colectivas acumuladas en la sociedad chilena. Paradójicamente, las tres emociones básicas que empujaron su llegada al poder serán también las que determinarán cuánto dura su capital político.

La apelación al miedo fue probablemente la emoción política más poderosa que utilizó Kast en su campaña, apuntando al aumento de delitos violentos, al crimen organizado, al riesgo en las poblaciones o la crisis migratoria en el norte. 

El problema es que el miedo es una emoción extremadamente impaciente. Si las personas no perciben mejoras muy rápidas -especialmente en seguridad- el apoyo puede evaporarse con la misma rapidez con que apareció.

Otra emoción profunda a la que se apeló fue el cansancio social. Después del estallido de 2019, la pandemia, la crisis económica, el proceso constitucional fallido, los ciudadanos sienten algo que la psicología social llama fatiga política colectiva. Es la sensación de “quiero que alguien ordene esto”, “estamos agotados de conflictos”, “basta de experimentos”. 

Sin embargo, el cansancio tiene una característica que puede jugar en contra. Si la política vuelve a generar ruido, peleas o frustración, el electorado se vuelve muy volátil. Y puede bajar su adhesión. 

La otra emoción a la que se apeló fue la sensación de abuso, que es menos visible pero muy poderosa. Muchos chilenos sienten desde hace años una sensación de abuso económico, de desigualdad persistente, con élites desconectadas e instituciones que no responden. Se instala entonces algo muy estudiado por la psicología política: la percepción de injusticia (fue detonante del estallido de 2018). Y en ese caso, la gente busca líderes que prometan defender a “la gente común”. Kast logró conectar con esa emoción en sectores que sienten que el Estado y las élites los abandonaron. 

Pero este factor también es de doble filo para un gobierno de ultraderecha como el de Kast. Porque si el gobierno que prometía defender a la gente termina percibiéndose cercano al poder económico o incapaz de mejorar la vida cotidiana, esa emoción puede transformarse rápidamente en rabia política.

Y hasta ahí llegó la luna de miel…

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