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La educación está en peligro

 

El 14 de marzo de 2026 el presidente José Antonio Kast presentó en la región del Biobío el proyecto de ley de “Reconstrucción Nacional”, una iniciativa que surge tras los incendios forestales de enero y que contempla cuarenta medidas organizadas en cinco ejes: reconstrucción de viviendas, reactivación económica, seguridad, finanzas públicas y cambios institucionales.

Entre sus propuestas se encuentran la ampliación del Fondo de Emergencia Transitorio con una inyección de 400 mil millones de pesos, la eliminación transitoria del IVA a la vivienda y subsidios al empleo.

Sin embargo, entre estas medidas aparece algo que genera profunda preocupación en las y los estudiantes: ajustes a la gratuidad universitaria y el reforzamiento del cobro del CAE.

La pregunta es inevitable para todos, ya que:

¿Qué tiene que ver la reconstrucción tras incendios con limitar el acceso a la educación superior?

El argumento del gobierno del presidente Kast es que estamos en tiempos de crisis (emergencia, según su línea de gobierno) y, por lo tanto, el Estado debe “ajustarse el cinturón”.

Desde esa premisa, se plantea que la emergencia exige ordenar las finanzas públicas, priorizar recursos y revisar políticas que impliquen gasto fiscal.

Pero aquí aparece una contradicción evidente. Cuando el ajuste se traduce en retroceder en derechos sociales conquistados durante los últimos años, el debate deja de ser técnico y pasa a ser profundamente político.

La pregunta entonces no es solo cuánto cuesta reconstruir, sino quién termina pagando.

Aquí hay algo demasiado evidente, ya que se está utilizando una tragedia concreta (los incendios forestales) como argumento para retroceder en avances que permitieron a miles de estudiantes acceder a la educación superior.

Pero hay algo aún más preocupante y eso es el retroceso de derechos sociales que se viste como un gobierno de emergencia, generando políticas públicas que desmontan progresivamente lo avanzado en materia educativa durante los últimos años.

Durante la última década, Chile avanzó en políticas que buscaban garantizar un acceso real a la educación superior,desde el CAE hasta la gratuidad, especialmente para todos los y las estudiantes, sin distinción, porque se logró finalmente comprender que no es un lujo, sino, que es un derecho.

La gratuidad universitaria y las políticas de apoyo estatal no fueron concesiones espontáneas. Fueron el resultado de años de movilización social y debate democrático para ampliar oportunidades.

Lamentablemente, las y los estudiantes frente a esta nueva ley que promueve JAK, les pide pagar la cuenta.

Chile necesita reconstruirse tras los incendios, las familias afectadas requieren apoyo, viviendas y políticas públicas eficaces, pero no a costa de arrebatarle el acceso a estudiar a millones de estudiantes.

La educación superior no es un gasto prescindible ni una simple variable de ajuste fiscal. Es una herramienta de movilidad social y de construcción de futuro para miles de jóvenes.

Porque acá se está utilizando una crisis para justificar retrocesos en derechos educativos, lo que está en juego no es solo una política pública. Está en juego el acceso real de miles de jóvenes a la posibilidad de transformar sus vidas.

Y cuando ese acceso se restringe, la advertencia es clara: la educación está en peligro frente al gobierno de JAK.

La guerra de Irán: tecnología, política y sensibilidad existencial *

 

Este es un momento histórico de profunda transformación en el sistema internacional, marcado por el declive de la superpotencia que prácticamente monopolizaba las relaciones de poder internacionales y por el surgimiento de nuevas potencias regionales que compiten por el espacio político, estratégico, comercial, diplomático y tecnocientífico.

La región de Oriente Medio, rica en energías no renovables, constituye un vínculo logístico, una puerta de entrada, un puente o un obstáculo entre Europa Occidental y Eurasia. Es la cuna de religiones monoteístas que confrontan a las sociedades por excluyentes futuros místicamente imaginados. Todo ello sitúa a la región en un punto de inflexión estratégico entre el unilateralismo, anclado en un imperio decadente y declinante, y el multilateralismo, sustentado por un mosaico de potencias regionales emergentes que compiten por definir el futuro del sistema internacional.

En este momento histórico y en este espacio históricamente estratégico, se desarrolla el drama sistémico-existencial de nuestro tiempo. Algunos afirman que la convergencia de factores críticos y polémicos define el Armagedón que pondría fin a la historia humana. Pero quizás sea más plausible pensar que se trata de la configuración del escenario para el enfrentamiento entre lo viejo, que aún no ha muerto, y lo nuevo, que está por nacer, como diría Gramsci, en las tinieblas donde aparecen los monstruos. Y aparecieron.

Los líderes mundiales que actualmente deciden el destino de sus sociedades no son los mejores que se podrían esperar en un momento tan crucial de la historia de la humanidad. En Estados Unidos, un presidente enigmático con decisiones contradictorias y narrativas fantasiosas; en Israel, un genocida condenado por la Corte Penal Internacional (CPI), ambos enfrentando elecciones en 2026 con una popularidad en declive. En estas condiciones, y con las elecciones acercándose, tanto Trump como Netanyahu necesitaban de un evento significativo que les permitiera aspirar a la victoria electoral. El exitoso secuestro ilegal de Nicolás Maduro en Venezuela y el supuesto debilitamiento de las defensas iraníes por la batalla de 12 días de junio de 2025 parecían abrir una ventana de oportunidades para una victoria fácil en Irán. Para aumentar la probabilidad de éxito, se orquestaron operaciones de la CIA, financiando, movilizando y armando a grupos iraníes para generar un levantamiento popular que explotaría el descontento de parte de la población contra el régimen teocrático de los ayatolás.

Entusiasmados por la fácil operación en Venezuela y la desgaste que la batalla de 12 días de junio de 2025 habría infligido a las defensas iraníes, pensaron que la facilidad para tomar el control de Irán podría satisfacer, por un lado, sus problemas políticos internos y, por otro, sus objetivos estratégicos máximos. Para Israel, esto significaba llevar a cabo el proyecto místico-político del Gran Israel, y para Trump, controlar este importante centro de distribución para gran parte del consumo energético mundial y un puente para proyectar poder entre Occidente y Oriente. Desde un punto de vista estratégico, ambos calcularon la posibilidad de sorprender a los iraníes con una ofensiva orquestada mediante una traición, aprovechando un momento crucial en las negociaciones de paz. Sorprender a los iraníes (como en la traición previa que precedió a la batalla de 12 días) permitiría, según las especulaciones de los agresores, una ofensiva rápida que decapitaría y demolería el régimen, con el objetivo estratégico de lograr una victoria fulminante en la guerra. Para Irán, en una posición defensiva ante esa agresión ilegal e injustificada, el único objetivo estratégico era no perder, es decir, resistir.

El 28 de febrero, pocos días antes de la firma del acuerdo de paz, Israel y Estados Unidos cometieron un acto criminal de agresión contra la soberanía de Irán y un magnicidio, asesinando al Líder Supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, a parte de su familia y a parte del comando militar central de la Guardia Revolucionaria Iraní (GRI).

La estrategia de los agresores se basaba en la creencia de que la mayoría de la población estaría tan descontenta con el régimen que se alzaría en armas contra él, que la eliminación del líder supremo desestabilizaría la estructura político-religiosa y que la forma de la fuerza de la CGI se fundamentaba en una estructura de mando jerárquicamente piramidal, con la toma de decisiones concentrada en su vértice. La alianza agresora imaginó el inevitable desmantelamiento de la defensa iraní y la pérdida de la capacidad operacional de sus fuerzas armadas. Por lo tanto, contaban con eliminar a los líderes político-religiosos y militares de Irán para desmantelar su capacidad de respuesta y obtener una capitulación fácil, es decir, la rendición incondicional de Irán. Sin embargo, la celebración del aparente y rápido éxito de la operación fue efímera.

El bombardeo de la alianza agresora duró desde las 9:00 hasta las 9:45 de la mañana y, 15 minutos después, se desató el infierno sobre las bases militares estadounidenses en el Golfo Pérsico, transformando la victoria fácil que los agresores habían soñado en una pesadilla pantanosa. A las 10:00 de la mañana de ese mismo día, desde diversos puntos del territorio iraní, misiles y drones de distintos tipos redujeron a escombros las bases militares estadounidenses en varios países del Golfo, inutilizando recursos logísticos y de inteligencia de vital importancia, como radares insustituibles y la joya de la corona: la base del Comando Central de la Quinta Flota, sitiada en Bahréin.

Tras de estudiar cómo Estados Unidos e Israel traicionaron al Irán durante las negociaciones previas a la batalla de 12 días, la concepción estratégica del país persa cambió, transfiriendo toda la toma de decisiones en la guerra del Líder Supremo para la GRI. A su vez, Irán modificó su estructura de la fuerza, pasando de un eje vertical y piramidal a una arquitectura de Comando y Control (C2) en red. Dividieron el nivel de toma de decisiones estratégico-operacionales en 31 C2s operando en lo que denominaron Defensa en Mosaico Dispersa. La cabeza que la alianza agresora cortó fue la de una hidra, y su decapitación fue seguida por la reacción inmediata de 31 cabezas independientes que, sincronizadas por inteligencia artificial (IA), guiaron sus cargas letales, también informadas y calibradas por IA, de manera precisa y devastadora contra las instalaciones militares estadounidenses.

Catorce días después del ataque inicial, la alianza agresora no logró la rápida victoria que esperaba e Irán continúa con una frecuencia enloquecedora de bombardeo de misiles y drones contra un Israel que impíde que salgan de su territorio noticias o imágenes que muestren el grado de destrucción y muerte. Estados Unidos retiró su flota de la zona bajo intenso fuego iraní, extendiendo así el teatro de operaciones desde Chipre hasta el mar Arábigo. Irán continúa siendo castigado, pero resiste, y en esta resistencia reside su victoria. Europa, estratégicamente desamparada, se aterra al percibir que no puede confiar en quien garantizaba su seguridad. Zelensky contempla desolado que los sistemas defensivos que necesita son retirados de Corea del Sur, dejándola desprotegida, para trasladarlos al frente iraní. Trump demostró claramente su capacidad y eficacia para desestabilizar el mundo y exponer a la otrora superpotencia atascada en la batalla y políticamente aturdida.

Mucho se habla de las nuevas tecnologías desplegadas en el campo de batalla y también sobre la comparación de los diseños de los complejos militar-industriales, lo que puede ser una experiencia de aprendizaje para las potencias medias. Pero el aspecto más importante a destacar en una guerra suele quedar eclipsado por el falso brillo de los relucientes dispositivos tecnológicos. En efecto, el objetivo central de la guerra es imponer la propia lógica estratégica al enemigo. Esto no es resultado solamente de la calidad del armamento, sino del genio político-estratégico capaz de integrar y sopesar una cantidad de variables intervinientes que ninguna computadora podría gestionar. Irán impuso la lógica de su estrategia en esta guerra. Atacó bases militares y centros de datos estadounidenses, reemplazó el GPS por el sistema de georreferenciación chino, mucho más preciso y menos vulnerable, calculó meticulosamente la reacción de sus vecinos y europeos —fruto de un entrenamiento minucioso, análisis exhaustivo y cuidadosa formulación estratégica—, ocultó armas y radares, y desplegó señuelos para atraer armamento hostil costoso. En resumen, Irán sopesó los costos políticos y actuó sin titubeos.

Como fue hartamente probado en todas las guerras que la superpotencia perdió en varias regiones del mundo, la tecnología, si no va acompañada de sensibilidad política y astucia estratégica, no gana guerras. La clave es simple: para Irán, la guerra es existencial; para Trump, es simplemente un argumento político-electoral que resultó fatal. Ojalá los estadistas y los líderes militares sepan aprender esa lección.

 

*El análisis original fue publicado con fecha 14 de marzo de 2026 en OperaMundi de Brasil: https://operamundi.uol.com.br/opiniao/guerra-no-ira-a-tecnologia-a-politica-e-a-sensibilidade-existencial/

Partido Socialista de Chile manifiesta su firme oposición a indultos de uniformados por el Estallido Social

PS-Chile

En una declaración pública el Partido Socialista de Chile manifestó “su más profunda preocupación y rechazo ante el intento del presidente José Antonio Kast de impulsar indultos a ex uniformados condenados por la justicia por graves atentados contra la vida y la integridad de las personas”.

Ayer 12 de marzo de 2026, el mandatario señaló, en diferentes entrevistas a medios de comunicación, que su intención en indultar a carabineros y personal del Ejército que fueron condenados y encarcelados por violaciones a los derechos humanos durante la revuelta popular.

El PS agregó que les parece  “inconcebible que se pretenda dejar en la impunidad hechos de extrema gravedad, acreditados por los tribunales, en los que agentes armados actuaron al margen de la ley y provocaron daños irreparables a ciudadanos y ciudadanas. Entre las víctimas de estos actos se encuentran incluso dos actuales parlamentarios en ejercicio —Fabiola Campillai y Gustavo Gatica— quienes sufrieron la pérdida de la visión como consecuencia directa de la violencia ejercida”.

Agregan que  indultar a quienes han sido condenados por estos delitos constituiría una señal profundamente equivocada para el país. “No solo debilitaría la confianza en las instituciones, sino que además pondría en cuestión el principio fundamental de que nadie está por sobre la ley”.

“Resulta particularmente contradictorio que quien hizo de la consigna “aplicar la ley” uno de los ejes centrales de su campaña presidencial, hoy pretenda utilizar sus atribuciones para favorecer a quienes precisamente la vulneraron gravemente”, sostienen.

Reflexionan que Chile necesita fortalecer el Estado de Derecho, “respetar las decisiones de la justicia y garantizar que las violaciones a los derechos fundamentales tengan sanciones efectivas. La impunidad nunca ha sido ni será el camino para construir una convivencia democrática basada en el respeto, la justicia y la dignidad de las personas”.

Por último, consigan que el Partido Socialista de Chile “reafirma su compromiso con la defensa irrestricta de los derechos humanos, con el respeto a la justicia y con la memoria de quienes han sufrido graves vulneraciones. Cualquier intento por relativizar o perdonar estos hechos representa un retroceso que nuestro país no puede permitirse”.

“Escuchando radio”: Johanna Watson presentó en Copiapó y Huasco su libro sobre las canciones que inspiraron a Jorge González

Crédito fotos: Archivo Regional de Atacama

La escritora Johanna Watson realizó la presentación de su libro “Escuchando Radio, canciones que inspiraron a Jorge González” en las ciudades de Huasco y Copiapó, con talleres y conversatorios que abrieron diálogos en torno a la música, memorias y las influencias que marcaron la obra de uno de los artistas más reconocidos del país.

Estas actividades se desarrollaron en el marco del Programa de Fortalecimiento a la Identidad Cultural Regional (FICR), de la Seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, en colaboración con el Archivo Regional de Atacama del Servicio del Patrimonio Cultural. Es objetivo es acercar experiencias sobre literatura y creación artística, además de potenciar el trabajo colaborativo entre instituciones, creadoras y creadores y las comunidades.

Marcela Oviedo Sepúlveda, conservadora del Archivo Regional de Atacama, señaló que “estas presentaciones nos permitieron acercar a través de las inspiraciones musicales de Jorge González, sin duda uno de los artistas más reconocidos e influyentes del país, además de líder de Los Prisioneros, experiencias que pueden tener un impacto positivo en nuestros jóvenes y también nutrir culturalmente desde lo que es un trabajo con las memorias personales y colectivas a la comunidad”.

Música y memoria

Por su parte, Johanna Watson, escritora chilena especializada en música popular,  también autora de “Lado B. Crónicas, entrevistas y reportajes musicales” y de “Cecilia, el último baile”, libro que también presentó en la Región de Atacama el año 2025, dijo estar “sumamente agradecida, muy contenta, me encantaría volver a hacer más actividades, más talleres, pues siempre es necesario conversar de lo importante que es para todos los seres humanos la música y de cómo conecta con los recuerdos y le da una identidad a las personas y a las generaciones que nos sentimos en comunión con ella”.

Las  presentaciones del libro en la Región de Atacama comenzaron en Copiapó con un taller con jóvenes que son parte del centro IP-IRC del Servicio Nacional de Reinserción Juvenil, para continuar con una actividad abierta a toda la comunidad en el Archivo Regional de Atacama. Posteriormente, la autora se trasladó a la ciudad de Huasco para participar en un encuentro con estudiantes del Liceo Japón, y culminar con un cercano diálogo con escritoras, escritores, vecinas y vecinos de la comuna puerto en el Centro Cultural Padre Luis Gil.

Con prólogo de Cecilia Aguayo, única integrante femenina que tuvo el grupo Los Prisioneros,  “Escuchando Radio, canciones que inspiraron a Jorge González” propone un recorrido por once canciones que marcaron la sensibilidad musical de Jorge González, abordadas a través de conversaciones que exploran cómo la radio, el pop y la cultura musical influyeron en la formación de uno de los compositores más importantes del rock chileno, quien también es un referente cultural y de opinión de generaciones.

Suplementos para mascotas ganan terreno en Chile: crece el interés por el cuidado preventivo de perros y gatos

Foto de Andrew S en Unsplash

El creciente interés por el bienestar animal está impulsando la incorporación de suplementos nutricionales en la rutina de perros y gatos, especialmente para apoyar funciones como la salud articular, digestiva y el sistema inmune en etapas clave como la adultez, periodos de mayor actividad física o procesos de recuperación.

En los últimos años, el uso de suplementos en mascotas ha mostrado un crecimiento sostenido, consolidándose como un complemento cada vez más considerado dentro de su cuidado integral. Esta tendencia responde tanto a nuevas necesidades asociadas a la edad o el estilo de vida de los animales, como a un cambio cultural más amplio: hoy las mascotas ocupan un rol central dentro del núcleo familiar.

De acuerdo con el estudio “El Chile que viene: Mascotas” de CADEM, el 86% de los hogares en Chile tiene al menos un animal de compañía y el 92% de las personas los considera parte esencial de la familia. En muchos casos, incluso, ya hay más mascotas que hijos. Esta realidad refleja cómo perros y gatos se han transformado en miembros activos del hogar, elevando el estándar de cuidado e impulsando una mirada cada vez más preventiva de su bienestar.

“Hoy los tutores tienen una visión mucho más consciente y preventiva del cuidado. Existe mayor información, un vínculo emocional más fuerte y una preocupación real por acompañar la salud de las mascotas en todas sus etapas de vida, no solo cuando aparece un problema”, explica Josefa Rodríguez, nutricionista y jefa de Desarrollo del servicio de tercerización de Laboratorio FNL.

La suplementación no reemplaza la alimentación habitual

Si bien los suplementos no reemplazan una alimentación balanceada, pueden constituir un complemento cuando existen requerimientos nutricionales específicos. Esto puede ocurrir, por ejemplo, en mascotas senior, animales con mayor demanda física, en procesos de recuperación o cuando se busca apoyar funciones como la movilidad articular, la salud digestiva o el sistema inmune.

“En el caso de la salud articular, ciertos nutrientes pueden contribuir a apoyar la movilidad y el confort, especialmente en animales mayores o muy activos. A nivel digestivo, ingredientes como prebióticos y probióticos ayudan a mantener el equilibrio intestinal, clave para una adecuada absorción de nutrientes. En cuanto a piel y pelaje, una nutrición complementaria adecuada suele reflejarse en una mejor condición del pelaje y la piel”, señala la especialista.

Innovación en suplementación para mascotas

Dentro de esta tendencia, distintas propuestas buscan facilitar la incorporación de suplementos en la rutina diaria de las mascotas. Un ejemplo es la línea Natural Pet de Laboratorio FNL, cuyas formulaciones son desarrolladas por médicos veterinarios, considerando las necesidades nutricionales específicas de perros y gatos en distintas etapas de su vida.

Entre sus características, destaca una línea de productos en formato human grade, es decir, elaborados con ingredientes de calidad comparable a los utilizados en suplementos para personas. Además, incorpora alternativas libres de proteína animal, pensadas especialmente para mascotas con sensibilidades o alergias alimentarias.

La línea también pone énfasis en la transparencia nutricional, incorporando tablas nutricionales claras y posologías definidas según peso y etapa de vida del animal, lo que facilita su uso responsable por parte de tutores y profesionales.

Otro aspecto relevante es la palatabilidad y formato de consumo. Muchos suplementos están diseñados para ser fácilmente aceptados por perros y gatos, con formatos atractivos y prácticos de administrar, transformando la suplementación en una experiencia más simple, entretenida y fácil de integrar en la rutina diaria.

Señales a observar

Rigidez al moverse, menor energía, cambios de peso, digestiones irregulares, caída excesiva de pelo o un pelaje opaco pueden ser señales que invitan a revisar la nutrición de la mascota. También puede observarse una recuperación más lenta tras la actividad física o menor disposición al juego.

“Invitamos a los tutores a observar estas señales con atención, no como alarmas inmediatas, sino como indicadores de que podría ser oportuno evaluar un apoyo nutricional, idealmente con orientación profesional”, agrega Rodríguez.

Un enfoque preventivo

El cambio cultural que reconoce a las mascotas como parte de la familia ha impulsado un enfoque de cuidado más preventivo y responsable. Cada vez más tutores buscan acompañar el envejecimiento de sus animales y contribuir a su bienestar a lo largo de toda su vida.

“Hoy estamos viendo cómo la nutrición de mascotas avanza hacia una etapa mucho más especializada y preventiva. Los tutores buscan soluciones cada vez más informadas y adaptadas a las necesidades de sus animales. En ese contexto, el desarrollo de suplementos formulados por médicos veterinarios y con estándares de calidad comparables a los de suplementos humanos —como ocurre con la línea Natural Pet de FNL Laboratorio— refleja cómo la industria está evolucionando para acompañar mejor el bienestar de perros y gatos a lo largo de toda su vida”, concluye Rodríguez.

“La Moneda no es un fundo, se debe respetar la ley”: Manouchehri y Cicardini fustigan manipulación de alimentos de Primera Dama en La Moneda

Los legisladores anunciaron que oficiarán a Contraloría por la acción de la autoridad, acusando que podría vulnerar protocolos sanitarios básicos asociados a la manipulación de alimentos.

Los parlamentarios socialistas Daniel Manouchehri y Daniella Cicardini anunciaron que oficiarán a la Contraloría General de la República y a la autoridad sanitaria tras la difusión de registros audiovisuales en que la Primera Dama, María Pía Adriasola, aparece sirviendo raciones de almuerzo a funcionarios en el casino del Palacio de La Moneda.

Las imágenes, que circularon en redes sociales y medios de comunicación durante las últimas horas, muestran a la esposa del Presidente José Antonio Kast participando en la entrega de alimentos junto a otros trabajadores del comedor de la casa de gobierno. A juicio de los legisladores, la situación podría vulnerar protocolos sanitarios básicos asociados a la manipulación de alimentos.

El diputado Daniel Manouchehri sostuvo que “la manipulación de alimentos exige guantes, mascarilla y cubrepelo. Son protocolos sanitarios básicos y en La Moneda también deben cumplirse. Oficiaremos a Contraloría y al Seremi de Salud para que investiguen y determinen responsabilidades. El Estado funciona con reglas y La Moneda no es un fundo”.

Por su parte, la senadora Daniella Cicardini indicó que “una cosa es mudarse al Palacio de La Moneda y otra bien distinta es creer que estás en la cocina de tu casa sirviéndole comida a tus invitados”.

“Yo les pediría a los nuevos inquilinos de La Moneda que respeten las normas de higiene, implementos y protocolos sanitarios básicos, porque las reglas no están de adorno, aplican para todos los chilenos y chilenas”, remarcó.

Aviso del Presidente Kast: “Hacer lo que hay que hacer, aunque sea impopular y aunque cueste”

Captura de pantalla Gobierno de Chile en Youtube

Noventa días. Ese es el plazo que prometen en el nuevo oficialismo para concretar cambios que califican de urgentes y que dejen en evidencia lo que significa la llegada de la ultraderecha al poder. Es el objetivo.

Por lo mismo, sólo horas después que José Antonio Kast recibiera la piocha de O’Higgins de manos del ya ex presidente Gabriel Boric, y cuando aún las nuevas autoridades no llegaban a sus oficinas, comenzó a aparecer la frase que muchos en el progresismo esperaban: “esto es mucho peor de lo que imaginamos”. La frase será la excusa que se escuchará o leerá durante un tiempo indeterminado para explicar razones por las cuales no se cumplirán o se atrasarán medidas prometidas durante la campaña de la ultraderecha.

Por eso es que en su primer discurso -y como los otros, siempre leídos-, Kast sostuvo que recibe un Chile “en peores condiciones de las que podíamos imaginar”, con finanzas públicas debilitadas, “un país donde el crimen organizado y el narcotráfico han avanzado. Un país donde las familias se sienten abandonadas por el Estado.”

Lo concreto es que los estrategas de la derecha que comenzó a gobernar con José Antonio Kast saben que las expectativas que crearon durante la campaña presidencial son muy altas y tienen claro que “desde este 11 de marzo, José Antonio Kast tiene el desafío de hacer que las cosas pasen, porque el país va a depender de él”, como señaló el analista Cristian Valdivieso. Dijo que el presidente tiene el desafío de aterrizar el “gobierno de emergencia”. Ese es el gran desafío que tiene por delante.

Entre otras cosas, tendrían que demostrar ahora que Chile se cae a pedazos, como repitieron una y otra vez y seguramente lo seguirán haciendo durante un buen tiempo más. Porque según lo establecen algunos manuales de comunicación política, “es necesario” mantener a la gente convencida de los peligros que vivieron y de que los sacrificios son ineludibles si se quiere volver “a la normalidad”, como también han repetido mil veces.

De ahí que el discurso de Kast desde el balcón de La Moneda fue un mensaje a Chile. Se centró en los cuatro pilares que han definido su trayectoria política: orden, Dios, familia y la autoridad de un Estado fuerte, tal como lo pregonaba Diego Portales. De hecho, lo citó a Diego Portales para respaldar su enfoque: “Un país no puede gobernarse solo con ideas. Tiene que gobernarse con carácter y el carácter no es arbitrariedad. El carácter es estar dispuesto a hacer lo que hay que hacer, aunque sea incómodo, aunque sea impopular, aunque cueste “.

Un discurso que llamó la atención. Cristian Leporati,  Director ejecutivo Antropología y Estrategia; Profesor de Comunicación Política y Gubernamental de la Universidad Diego Portales, ex director Escuela de Publicidad UDP, no resistió comentar: “Hace mucho que no oía un discurso presidencial tan profundamente mesiánico, en la línea de la retórica iliberal y, derechamente eclesiástico en términos morales”.

Así terminó un día lleno de emociones por lado y lado. Con una ceremonia en el Congreso, donde salvo el Rey de España que está obligado a asistir a todo tipo de traspasos de mando, adoleció de autoridades de primera línea, cometiendo errores brutales, como invitar al hijo del ex presidente brasileño Bolsonaro, preso por golpista y creer que Lula da Silva acudiría a la ceremonia sin problemas. Tercer socio comercial. País vecino. Y estratégico en el continente y hasta en el mundo.

Las malditas expectativas

Pero la realidad es más fuerte que las campañas. Aunque esas duren.  El equipo económico del nuevo gobierno ha sostenido que el Estado chileno ha gastado más de lo que recaudó; que el déficit fiscal aumentó en los últimos años; y que la deuda pública ha crecido. Frente a este supuesto “desastre” plantean medidas como recortar el gasto fiscal; reducir ministerios o programas y limitar el crecimiento del Estado.  Porque también aseguran que nunca como hoy el Estado ha crecido en “grasa”. Y esa “grasa” son los trabajadores públicos, que deben prepararse para los recortes.

Ya lo dijo el presidente de los republicanos, el partido de José Antonio Kast, el senador electo Arturo Squella. Confirmó en una entrevista en radio ADN que habrá despidos de funcionarios del sector público cuando asuma el gobierno del presidente, José Antonio Kast.

Al ser consultado sobre estos eventuales despidos, Squella respondió: “Sin ninguna duda. Hay más de un millón de personas”. Y añadió el cuento correspondiente¨ “La época en que estaba en campaña, cuando entraba a una oficina pública, se me acercaba alguien de carrera y me decía: ‘Acá hay por lo menos 20 personas que nadie conoce, no saben quiénes son, no tienen escritorio’”.  Añadió que “obvio que ese raleo hay que hacerlo, ese estudio de quiénes son esas personas y por qué están ahí”. Y no solamente eso: “van a venir evaluaciones de programas que se tienen que hacer, si es que tienen sentido o no gastar recursos de todos”. Ese es el plan.

Un plan liderado por Bernardo Fontaine, concebido para activarse desde el 11 de marzo con el propósito de iniciar de inmediato la implementación del programa en los ejes de las supuestas emergencias económica y de seguridad. Fontaine, un ingeniero comercial con mención en Economía, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, se desempeñó en distintas empresas como Falabella, Lan, La Polar, y Citibank y vicepresidente del directorio y director Independiente de Security. Este es el hombre del plan.

Analistas de centros académicos o economistas reputados como los ex ministros de Hacienda Nicolás Eyzaguirre y Andrés Verlasco -muy lejos de las ideas “zurdas”- cuestionan el juicio difundido de que Chile está en una grave crisis fiscal. Ellos sostienen que la deuda pública de Chile sigue bastante baja en comparación con otros países; que el déficit fiscal fue manejado dentro de reglas fiscales existentes y que, en definitiva, la economía chilena no está al borde de una crisis fiscal. Por eso, sostienen que hablar de “arcas vacías” sería una exageración.

Más o menos en el mismo sentido que lo hizo el  Consejo Fiscal Autónomo (CFA) en su informe sobre el manejo fiscal del gobierno de Gabriel Boric en 2025. Un informe muy usado por los republicanos para graficar que Chile “se cae a pedazos”. Sin embargo, de nuevo la porfiada realidad.   Entre sus juicios, el informe señala que los errores en las proyecciones de ingresos fueron “reiterados y significativos”. Pero que, pese a ello – y lo dijo el vicepresidente de la entidad, Sebastián Izquierdo- se evita calificar el actual momento como una crisis fiscal. Lo mismo que dijeron los ex ministros de Hacienda ya señalados.

Entre las iniciativas ya definidas destaca el proyecto que busca tipificar el ingreso irregular al país como delito, una propuesta que probablemente la próxima semana será defendida ante la Comisión de Gobierno del Senado.

Otros proyectos que serán sometidos a urgencia son el que busca reducir la tasa del impuesto de primera categoría del 27% al 23%, -cosa que tiene felices a los empresarios-; el que propone eliminar el pago de contribuciones para la primera vivienda, de manera gradual. No se dice que las contribuciones urbanas las paga solo el 20% más rico de la sociedad, y que eso se distribuye a las comunas más pobres. No es casualidad entonces que, desde Renovación Nacional, aseguraron que la medida podría generar una pérdida para el Fondo Común Municipal de los municipios más vulnerables.

No es sólo ese peligro. Ya se vislumbra que el derecho conseguido de trabajar 40 horas será revisado por el gobierno. Lo mismo que el derecho a sala cuna.

Instrucciones y decisiones

Horas antes del cambio de mando, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, el mismo que ideó las colusiones, mandó un instructivo anunciando que habrá rebaja de presupuesto de todos los ministerios. Quiroz tuvo un rol protagónico en la colusión de los pollos. Durante el proceso que se realizó en tribunales, quedó acreditado que el economista elaboró un modelo de proyección de ventas para la Asociación de Productores Avícolas, donde están Agrosuper, Ariztía y Don Pollo, un modelo que después esas empresas ocuparon para repartirse el mercado, obviamente con grandes ganancias para ellos en detrimento de los clientes.

El instructivo enviado por el presidente Kast a través de su nuevo jefe de las finanzas, Quiroz, pide una reducción transversal de 3% en los recursos asignados a cada cartera. Todas por igual, sea Salud, Educación, Bienes Nacionales, etc. Sin duda esta instrucción será debatida por los expertos.

Hay quienes se preguntan -entre otras materias- si en los cambios que se anuncian se incluirá el corte definitivo del cable chino que uniría a velocidad inimaginable el continente latinoamericano con el asiático.

Pero, ya hay una decisión al respecto. No precisamente de las nuevas autoridades sino del embajador de Trump en Chile. En el contexto el cambio de mando, el ex policía Brandon Judd sostuvo que “el cable chino ya acabó”. Judd explicó que la principal preocupación del país estadounidense se enmarca en el intercambio de inteligencia entre países, subrayando que es fundamental contar con garantías de que los datos y la información compartida estarán debidamente resguardados. “Si Chile quiere ser socio de nosotros, y si nosotros queremos ser socios de Chile, nosotros tenemos que aprender lo que es mejor para ambos países”.

¿Qué se podría perder si se aceptan las amenazas norteamericanas? Al parecer, convertir a Chile en un hub digital del Pacífico, porque hoy gran parte del tráfico de internet de Sudamérica hacia Asia pasa primero por Norteamérica.

Un cable directo permitiría rutas más cortas de datos, menor latencia (mayor velocidad), mayor autonomía tecnológica regional lo que podría posicionar a Chile como puerta digital entre Sudamérica y Asia, lo que podría generar inversión extranjera; empleos tecnológicos y desarrollo de la economía digital.

Por sus características geográficas, sociales, económicas y políticas, varios estudios sostienen que el país podría haberse transformado en la plataforma digital del Pacífico Sur.

Exposición «Fungi Cosmology»: procesos vivos entre arte, ciencia y naturaleza

Imagen cedida

«Fungi Cosmology» llega al Museo de Arte Contemporáneo, sede Parque Forestal, y a la Galería Suizspacio. La muestra presenta la investigación y creación artística que reúne a curadoras, artistas y científicos/as de Brasil, Suiza y Chile en torno a una reflexión colectiva sobre los hongos y su papel fundamental en los ecosistemas que habitan. Este proyecto es financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, Convocatoria 2025, y la Fundación Suiza para la Cultura Pro Helvetia.

Participan los y las artistas Seba Calfuqueo (Chile), Jorgge Menna Barreto (Brasil), Maya Minder (Suiza) y Valentina Serrati (Chile), cuyas prácticas abordan cuestiones territoriales, ecológicas y culturales, expandiendo las posibilidades del pensamiento micelar hacia lenguajes artísticos como video, instalación, fotografía y escultura.

La iniciativa es fruto de una alianza entre CAB Patagonia, Labverde Amazonas, Artist-in-labs Zürich y la Bienal Foodculture Days Vevey,  Suiza. Juntas, estas instituciones desarrollaron un programa de tres años que ha incluido viajes de investigación e intercambio entre arte y ciencia para pensar los hongos no solo como organismos biológicos, sino como modelos de interdependencia, colaboración y regeneración ecológica.

«Esta exposición propone abrir nuestro proceso de investigación interdisciplinaria acerca del enigmático reinado de los hongos a través de diversas expresiones artísticas, científicas y experimentales concebidas como un entramado vivo de relaciones, interdependencias y procesos en constante transformación», señala María Luisa Murillo, directora de Casa-Museo Alberto Baeriswyl (CAB) y co-curadora de la exposición «Fungi Cosmology».

Dos exposiciones, un ecosistema compartido

En esta fase de apertura del proceso de investigación, «Fungi Cosmology» se despliega a través de dos exposiciones autónomas y complementarias, que dialogan entre sí desde una lógica de interdependencia.

  • En Galería Suizspacio, ubicada en la Estación de Metro Ñuñoa, el martes 17 de marzo, a las 11:00 h, se inaugurará la muestra con la participación de la Embajadora de Suiza en Chile, Charlotte Bleisch. Hasta el 12 de mayo, se exhibirá el trabajo de documentación expandida del proyecto, ofreciendo al público acceso a archivos, registros y materiales que dan cuenta del recorrido investigativo.
    Piso -3 de Estación Ñuñoa (Línea 3 y Línea 6). Horario del Metro de Santiago. Entrada liberada.
  • En el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), sede Parque Forestal, del 21 de marzo al 14 de junio, la exposición presenta la fase de creación del proyecto en las salas 10 a 13, revelando obras y procesos de la investigación artística-científica.
    Ismael Valdés Vergara 506, Santiago. Martes a domingo, 10:30 a 17:30 h. Entrada liberada.

Ambas exposiciones pueden visitarse de manera independiente, pero juntas configuran un sistema expositivo que refleja la propia lógica micelar: nodos interconectados que comparten información, energía y sentido.

  • En el Campus Oriente de la Universidad Católica, se realizará una charla sobre la exposición el jueves 19 de marzo, a las 12:30 h.
  • En el MAC de Parque Forestal, habrá una visita guiada junto a los artistas el sábado 21 de marzo, a las 12:00 h.

Más información en la cuenta de instagram @cabpatagonia.

El equipo curatorial está conformado por María Luisa Murillo, Lilian Fraiji, Irène Hediger y Margaux Schwab, quienes han acompañado el proceso de investigación y articulado el diálogo entre arte y ciencia desde una perspectiva colaborativa e internacional. Por su parte, el equipo científico está integrado por Ju Simon Cardoso, Patricia Silva-Flores, Martina Peter y Benjamin Dauphin, quienes aportan desde la micología, la biología y las ciencias ambientales a la comprensión profunda de los ecosistemas fúngicos y sus dinámicas de interdependencia.

Fungi Cosmology propone una mirada transdisciplinar que entrelaza arte, ciencia y territorio, invitando al público a reconsiderar nuestra relación con los ecosistemas desde la perspectiva de los hongos: organismos que sostienen la vida a través de redes invisibles de cooperación, transformación y resiliencia.

La derrota antes de la derrota: ¿Cómo la izquierda chilena perdió su poder social?

Crédito Fotografías: Patricio Muñoz Moreno

El estallido social de octubre de 2019 pareció confirmar el triunfo cultural de las ideas progresistas en Chile. Millones de personas salieron a las calles cuestionando no solo decisiones políticas específicas, sino las bases mismas del modelo económico y social construido durante las décadas posteriores a la dictadura. Conceptos como dignidad, abuso y desigualdad comenzaron a dominar el debate público. Amplios sectores sociales parecían converger en la convicción de que el país había llegado a un límite estructural.

En ese momento, muchos interpretaron el escenario como el inicio de un nuevo ciclo político. La crítica al modelo de desarrollo chileno —durante años presentado como un ejemplo de éxito en América Latina— parecía haberse transformado en sentido común. La promesa de una nueva Constitución y la masividad de las movilizaciones alimentaron la percepción de que el país se encontraba ante una oportunidad histórica de transformación.

Sin embargo, pocos años después, el panorama sería muy distinto. El ciclo político que culmina en 2025 terminó con una derrota significativa de la izquierda frente a discursos centrados en el orden, la seguridad y la autoridad. La paradoja es evidente: ¿cómo pudo un campo político que parecía haber ganado la batalla cultural del diagnóstico social perder el arraigo electoral en amplios sectores de la ciudadanía?

Responder a esta pregunta exige mirar más allá de los resultados electorales inmediatos. La derrota reciente del progresismo chileno no puede explicarse únicamente por errores tácticos, por campañas más eficaces de la derecha o por cambios repentinos en las preferencias ideológicas del electorado. Más bien refleja un proceso histórico más profundo: la transformación gradual de una izquierda de masas en una izquierda institucional que perdió progresivamente su arraigo territorial.

Durante gran parte del siglo XX, la izquierda chilena fue una izquierda profundamente enraizada en la vida social de los sectores populares. Su fuerza no provenía únicamente de su representación electoral ni de su presencia en el aparato estatal, sino de una extensa red de organizaciones que estructuraban la vida colectiva en barrios, lugares de trabajo y espacios culturales. Sindicatos mineros e industriales, federaciones estudiantiles, juntas de vecinos, cooperativas y organizaciones culturales constituían ámbitos donde las experiencias cotidianas de amplios sectores sociales se transformaban en identidad política colectiva.

El historiador Gabriel Salazar ha insistido en que el poder popular en Chile se construyó históricamente más desde las formas autónomas de sociabilidad que desde las instituciones del Estado. En ese contexto, los partidos de izquierda no eran simplemente maquinarias electorales, sino expresiones políticas de una vida social organizada. La militancia no era una actividad profesionalizada, sino una práctica integrada en la vida cotidiana de barrios, sindicatos y organizaciones sociales.

Este entramado social sufrió una ruptura violenta tras el golpe de Estado de 1973. La dictadura militar no solo intervino el sistema político institucional: también destruyó sistemáticamente las organizaciones sociales que habían sostenido históricamente la capacidad de movilización popular en Chile. Miles de dirigentes sindicales, militantes políticos, estudiantes y activistas sociales fueron perseguidos, encarcelados, torturados o forzados al exilio. Muchos otros fueron desaparecidos por agentes represores del Estado.

La represión no fue un efecto colateral del régimen, sino un componente central de su estrategia política: desarticular las redes sociales capaces de disputar el orden existente. Como resultado, una generación completa de cuadros militantes fue eliminada o dispersada. Sindicatos, federaciones estudiantiles y organizaciones vecinales fueron intervenidos o desmantelados.

Sin embargo, incluso bajo condiciones de represión, la sociedad chilena desarrolló formas de reorganización social. Durante los años ochenta comenzaron a surgir iniciativas de reconstrucción del tejido comunitario: ollas comunes, parroquias, talleres laborales, organizaciones de derechos humanos y agrupaciones de familiares de detenidos desaparecidos. Estas experiencias no fueron simples mecanismos de supervivencia. En muchos casos funcionaron como verdaderas escuelas de reorganización política.

Las jornadas nacionales de protesta iniciadas en 1983 marcaron el retorno de la acción colectiva al espacio público. Aunque estas movilizaciones no derribaron directamente al régimen, contribuyeron a erosionar su legitimidad y a reactivar redes sociales que más tarde jugarían un papel decisivo en el proceso de transición.

Sin embargo, el retorno a la democracia en 1990 abrió un escenario político distinto. Tras casi dos décadas de dictadura, la prioridad de las fuerzas opositoras pasó a ser la consolidación institucional de la democracia y la estabilidad del sistema político. En ese contexto, la acción política comenzó a desplazarse progresivamente desde los territorios hacia las instituciones del Estado.

La militancia que durante los años ochenta había organizado protestas, redes comunitarias y espacios de solidaridad comenzó a integrarse en ministerios, asesorías parlamentarias, centros de estudios y estructuras partidarias profesionalizadas. Este proceso fue en parte inevitable: la apertura institucional ofrecía nuevas posibilidades de acción política dentro del aparato estatal.

Pero ese desplazamiento tuvo consecuencias de largo plazo. Gradualmente, la política progresista comenzó a desarrollarse cada vez más dentro del Estado, mientras que la reconstrucción del tejido social en los territorios dejó de ocupar un lugar central.

Los datos empíricos permiten observar los efectos de este proceso. El Informe de Desarrollo Humano del PNUD publicado en 2024 muestra que la participación en organizaciones sociales alcanza apenas el 22 % de la población, mientras que la confianza interpersonal se sitúa en torno al 15 %. Estos indicadores reflejan una sociedad con baja densidad asociativa, donde las estructuras de organización colectiva han perdido capacidad de articulación.

Al mismo tiempo, cerca del 63 % de las personas considera que “la gente como uno” puede hacer poco o nada para cambiar la situación del país. Esta percepción de impotencia colectiva indica una transformación importante en la cultura política: la política deja de percibirse como una herramienta de acción colectiva y comienza a experimentarse como una esfera distante, dominada por élites profesionales.

En este contexto, el ciudadano deja de verse como parte de un proyecto colectivo y pasa a concebirse principalmente como un usuario individual de servicios públicos.

Este cambio cultural se desarrolla, además, en un escenario económico marcado por tensiones estructurales. Según la encuesta CASEN, la pobreza monetaria en Chile cayó desde cerca del 38 % en 1990 a alrededor del 6,5 % en 2022. Sin embargo, esta reducción significativa de la pobreza no eliminó la sensación de vulnerabilidad social. El coeficiente de Gini sigue situándose en torno a 0,47, uno de los niveles más altos entre países de ingresos similares.

Muchos hogares lograron salir de la pobreza, pero permanecieron en condiciones de fragilidad económica. En ese contexto, la vida cotidiana se organiza en torno a una sensación permanente de inseguridad frente al futuro.

Este malestar acumulado estalló en octubre de 2019. El PNUD ya había advertido en su informe de 2020 que el malestar social en Chile no se explicaba únicamente por indicadores económicos, sino por experiencias cotidianas de injusticia y falta de reconocimiento.

El estallido fue, en ese sentido, un momento de lo que podría llamarse un malestar expansivo: una energía colectiva orientada hacia la transformación estructural del sistema.

Sin embargo, esa movilización masiva no estuvo acompañada por una recomposición equivalente de las organizaciones sociales capaces de sostener el proceso político en el tiempo. La sociedad chilena se politizó, pero no necesariamente se reorganizó.

Los años posteriores al estallido estuvieron marcados por un cambio significativo en el clima emocional del país. El Informe de Desarrollo Humano de 2024 muestra que las emociones predominantes en la sociedad chilena son la preocupación, el miedo y la decepción. Las emociones negativas representan aproximadamente el 66 % de las respuestas registradas por el estudio.

Este cambio emocional tiene consecuencias políticas profundas. Cuando predomina la esperanza, la ciudadanía suele apoyar proyectos de transformación estructural. Cuando predominan el miedo y la inseguridad, la prioridad se desplaza hacia la búsqueda de orden y protección.

En ese nuevo clima emocional, las derechas radicales han logrado capitalizar el malestar social mediante discursos que prometen restaurar la autoridad frente al caos.

Al mismo tiempo, el debilitamiento del tejido social permitió que otros actores ocuparan espacios que anteriormente habían sido articulados por organizaciones políticas o sindicales. En muchos territorios populares, las iglesias evangélicas han desarrollado redes comunitarias que ofrecen contención emocional y apoyo material. En otros contextos, economías delictuales han construido formas de regulación territorial que, aunque violentas, ofrecen ingresos y estructuras de pertenencia a jóvenes excluidos del mercado laboral formal.

Cuando las mediaciones sociales tradicionales desaparecen, el vacío no permanece vacío. Es ocupado por nuevas formas de organización.

A este proceso se suma otro factor clave: la estructura del sistema mediático. En Chile, el ecosistema de medios se encuentra altamente concentrado en manos de conglomerados empresariales que influyen de manera decisiva en la agenda pública.

Los medios no solo informan; también jerarquizan la realidad. Determinan qué problemas se vuelven visibles y cuáles quedan relegados a un segundo plano. En los años posteriores al estallido social, la agenda mediática comenzó a privilegiar cada vez más los temas vinculados a la seguridad y el orden público, mientras que las discusiones sobre desigualdad estructural perdieron centralidad.

Desde la perspectiva de la teoría política, esto puede interpretarse como una transformación en la estructura de la esfera pública. Como señaló Jürgen Habermas, la democracia depende de un espacio público donde las distintas visiones de la sociedad puedan confrontarse en condiciones relativamente equilibradas.

Cuando ese espacio se encuentra mediado por estructuras altamente concentradas de producción informativa, la capacidad de ciertos actores para instalar temas y marcos interpretativos se vuelve desproporcionada.

A este escenario debe añadirse un elemento característico de la política contemporánea que ha transformado profundamente la forma en que se construye la opinión pública: el funcionamiento de los algoritmos que estructuran la circulación de información en las plataformas digitales. A diferencia de los medios tradicionales, cuya agenda editorial respondía a decisiones humanas relativamente identificables, las plataformas operan mediante sistemas algorítmicos diseñados para maximizar el tiempo de permanencia de los usuarios. En ese contexto, los contenidos que despiertan emociones intensas —especialmente rabia, indignación o miedo— tienden a amplificarse con mayor rapidez que aquellos que apelan a deliberaciones más complejas. Diversos estudios han mostrado que la indignación moral y el conflicto político generan mayores niveles de interacción que los mensajes moderados o analíticos. Este diseño técnico produce un efecto político evidente: los discursos polarizantes encuentran un terreno particularmente fértil para expandirse.

En ese ecosistema digital, las derechas radicales han demostrado una notable capacidad de adaptación. Su narrativa política —basada en oposiciones claras entre orden y caos, seguridad y amenaza, pueblo y élite— se ajusta con facilidad a los formatos breves, emocionales y altamente conflictivos que privilegian los algoritmos de las plataformas. En ese contexto, la política deja de desarrollarse únicamente en el terreno programático y se traslada crecientemente a una economía de la atención donde la visibilidad depende de la capacidad de activar emociones intensas. El resultado es una esfera pública crecientemente fragmentada, donde las percepciones de inseguridad y amenaza pueden amplificarse mucho más rápido que los diagnósticos estructurales sobre desigualdad o exclusión social.

De esta forma, la debilidad territorial de la izquierda, la concentración mediática del sistema informativo y la arquitectura algorítmica de las plataformas digitales convergen para producir un entorno particularmente adverso para proyectos políticos que requieren explicaciones complejas sobre las causas estructurales de los problemas sociales. En un espacio público dominado por la velocidad, la emoción y la polarización, las narrativas simples que prometen orden inmediato frente al miedo cotidiano adquieren una ventaja comunicativa evidente.

Antonio Gramsci advertía que la hegemonía política no se sostiene únicamente en la fuerza institucional. Requiere también una red de instituciones culturales y sociales capaces de convertir ciertas ideas en sentido común. Cuando esa infraestructura se debilita, la hegemonía se vuelve frágil.

El resultado electoral fue, en ese sentido, solo la expresión visible de un proceso mucho más profundo acumulado durante décadas.

La derrota de la izquierda en el ciclo político reciente no puede entenderse únicamente como un cambio ideológico en el electorado. Expresa la erosión progresiva de las mediaciones sociales que durante décadas sostuvieron la relación entre política y sociedad.

La verdadera derrota había comenzado mucho antes: cuando la política dejó de habitar los territorios donde alguna vez se había construido el poder social de la izquierda chilena.

El resultado electoral fue, en ese sentido, solo la expresión visible de un proceso mucho más profundo acumulado durante décadas.

Más allá del ciclo político: el desafío de la paz y el entendimiento

Imagen de archivo

El conflicto entre el Estado de Chile y el pueblo Mapuche no es un episodio reciente de la política chilena, es una tensión histórica que ha atravesado generaciones, gobiernos y ciclos institucionales, sin que haya logrado consolidarse un camino estable hacia una convivencia más justa y democrática.

En 2023, previo a la creación de la Comisión para la Paz y el Entendimiento, la macrozona sur vivía un escenario de creciente violencia rural que había deteriorado las condiciones básicas de seguridad y gobernabilidad en diversos territorios. Ataques incendiarios, atentados contra infraestructura y episodios reiterados de violencia habían instalado un clima de alta tensión que el Estado no podía seguir abordando únicamente desde la lógica del orden público.

Por otra, la institucionalidad indígena del país arrastraba desde hace décadas un problema estructural: la fragmentación. Competencias dispersas entre distintos ministerios y servicios, escasa coordinación entre niveles del Estado y una política pública incapaz de abordar de manera integral las demandas históricas de los pueblos indígenas.

A ello se sumó un tercer elemento decisivo: el cierre del proceso constitucional dejó al sistema político en un escenario de fuerte polarización respecto de temas como reconocimiento constitucional, derechos colectivos y autonomías territoriales. Ese contexto redujo significativamente los márgenes para impulsar reformas estructurales en el corto plazo.

El objetivo de la Comisión no fue ofrecer una solución inmediata a un conflicto que se ha construido durante más de un siglo. Más bien buscó algo distinto, pero igualmente necesario: construir un diagnóstico compartido y formular un conjunto de recomendaciones viables que permitieran abrir un nuevo ciclo en la relación entre el Estado de Chile y el pueblo Mapuche.

Desde la perspectiva de las políticas públicas, este tipo de conflictos corresponde a lo que la literatura denomina “problemas complejos”: situaciones en las que distintos actores tienen interpretaciones divergentes del problema, donde las soluciones posibles generan nuevas tensiones y donde no existe una respuesta única capaz de resolver todas sus dimensiones.

En ese tipo de escenarios, las políticas públicas rara vez avanzan mediante reformas inmediatas y definitivas. Lo hacen más bien a través de procesos graduales, acumulativos e institucionalmente sostenidos. El trabajo de la Comisión buscó precisamente avanzar en esa dirección. Sus recomendaciones abordaron materias estructurales como el sistema de tierras, los mecanismos de reparación territorial y las bases de una política de desarrollo con pertinencia cultural, pero una vez concluido ese trabajo surgió una pregunta inevitable: ¿cómo evitar que ese esfuerzo quedara atrapado en el corto plazo de la política?

La experiencia comparada muestra que uno de los mayores riesgos en procesos de esta naturaleza es el llamado “péndulo político”. Cada cambio de gobierno redefine prioridades, reordena agendas y muchas veces interrumpe procesos que requieren continuidad para producir resultados. Con el propósito de reducir ese riesgo se creó la Unidad de Seguimiento de las recomendaciones de la Comisión para la Paz y el Entendimiento.  Su tarea ha sido transformar las recomendaciones en una hoja de ruta concreta de implementación, articulando el trabajo interministerial, sistematizando avances y desarrollando herramientas que permitan monitorear el proceso en el tiempo.

Actualmente la Unidad de Seguimiento cierra este periodo de gobierno con la entrega de su primer informe, que establece una línea base para el monitoreo de las recomendaciones, da cuenta de los avances logrados y propone instrumentos para evaluar su implementación en los años siguientes, con indicadores concretos.

A su vez, avanzó en medidas concretas como el ingreso del proyecto de reforma constitucional para reconocer explícitamente a los pueblos indígenas en la Constitución, garantizando sus derechos colectivos e individuales y reforzando el principio de interculturalidad, el ingreso y discusión del proyecto de ley de reconocimiento, calificación y reparación a víctimas de violencia del conflicto intercultural y territorial en las regiones del Biobío, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos, la creación de una Unidad de Coordinación de Asuntos Indígenas en la Subsecretaría del Interior, donde se ha agrupado al Plan Buen Vivir, la Unidad de Seguimiento y a la Unidad de Coordinación de Asuntos Indígenas y Afrodescendientes que se encontraba en el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, la implementación del “Plan Económico para el Buen Vivir en la macrozona sur”, con énfasis en las provincias de Arauco y Malleco y el ingreso y discusión del proyecto de ley que reconoce, protege, garantiza y promueve los derechos lingüísticos y culturales de los pueblos indígenas.

La experiencia internacional nos muestra que los procesos de paz o de reconstrucción de relaciones entre Estados y pueblos indígenas rara vez se resuelven en un solo momento político. Se construyen más bien a través de trayectorias largas, en las que distintas administraciones van agregando piezas institucionales que permiten avanzar gradualmente.

En ese sentido, el verdadero desafío hacia adelante no es únicamente qué medidas se implementarán, sino si el Estado chileno será capaz de sostener una política de largo plazo en esta materia, porque en conflictos históricos como este, donde las soluciones inmediatas son poco realistas y los actores mantienen posiciones diversas, la estabilidad institucional se vuelve un factor decisivo.

A veces avanzar no significa resolverlo todo de una vez, a veces significa algo más modesto —pero también más difícil—: evitar retrocesos y mantener abiertas las instituciones del diálogo.

Porque en conflictos de esta naturaleza, la paz también se construye con instituciones.

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