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Promesa digital y vacío político

 

Con todos los atributos y potencialidades que Internet  y las tecnologías digitales han probado poseer, facilitando procesos productivos y servicios, mejorando el relacionamiento social de las personas, entre mucho más, no dejan de ser un reflejo de la realidad concreta en que se desarrollan. Lo mismo ocurre con la Inteligencia Artificial. 

Ese es, en efecto, el punto en el que quisiera manifestar una posición divergente a la concepción sobre el impacto de la IA que hace unos dias publicó en El Mostrador el ex senador Guido Girardi, junto a Rodrigo Ramírez, Exsubsecretario de Telecomunicaciones

Un poco de historia

A comienzos de siglo, la llamada Web 2.0 -concepto impulsado por Tim O’Reilly -fue presentada como el umbral de una nueva era democrática. Se hablaba de inteligencia colectiva, comunicación horizontal, participación ciudadana ampliada. Las jerarquías tradicionales parecían diluirse en una red donde se podía  producir contenido, opinar, organizarse. La tecnología prometía algo más que eficiencia, prometía emancipación.

En Chile, ese discurso encontró terreno fértil. La retórica del “2.0” impregnó políticas públicas, estrategias empresariales y campañas políticas. Gobierno digital, municipios digitales, ciudadanía digital. Modernizar era digitalizar. Conectar era democratizar. El progreso se medía en ancho de banda, cobertura móvil y número de plataformas implementadas, como si mayor conectividad implicara más transparencia y cohesión social.

Sin embargo, en octubre de 2019, el país altamente conectado se encontró de frente con la revuelta social: La mayor crisis política y social desde el retorno a la democracia no ocurrió en una sociedad analógica, aislada o informativamente precaria. Ocurrió en una de las sociedades más digitalizadas de América Latina. En el marco de las desigualdades, clasismo y discriminación que caracterizan la vida social de nuestro país, ¿Habrían podido evitar las tecnologías digitales, todas ellas reunidas a octubre de 2019, la revuelta social? 

Inteligencia Artificial y Web 2.0

Hoy, la Inteligencia Artificial ocupa el lugar  que tuvo la Web 2.0 hace dos décadas. Nuevamente se despliega una promesa totalizante: eficiencia productiva, personalización de servicios, automatización de tareas, optimización del Estado. La IA aparece como la nueva frontera del progreso. Y, nuevamente, se insinúa la idea de que su adopción acelerada es condición suficiente para el desarrollo. Pero la experiencia reciente obliga a cuestionar tanta certeza. Cuando la tecnología se convierte en un fin en sí mismo, deja de ser herramienta y pasa a ser ideología.

Al convertirse en ideología, el riesgo mayor reside en el desplazamiento del debate político hacia un imaginario tecnocrático donde las preguntas ¿para qué sociedad?, ¿bajo qué principios?, ¿con qué distribución de poder? – quedan subordinadas a preguntas meramente instrumentales ¿qué tan rápido podemos implementarla?, ¿cuánta productividad generará?, ¿qué ventaja competitiva obtendremos?

La fascinación tecnológica tiende a confundir innovación con transformación social. Un fetichismo que asume que digitalizar procesos equivale a democratizarlos. Pero automatizar un sistema desigual no lo vuelve justo; solo lo vuelve más eficiente en su desigualdad. 

Si hoy la automatización de procesos precariza el empleo en los trabajadores menos calificados, sin que en muchos casos tengan opción de reconversión laboral ¿quién podría asegurar que se detendrá en ese segmento y no arrastrará a la precarización a trabajadores más especializados? Automatización de tareas analíticas, generación automática de informes, programación asistida, optimización de campañas digitales, atención al cliente mediante sistemas inteligentes, en una economía  desregulada como la chilena y un Estado ausente, bien podría reducir equipos de trabajadores con mayores competencias ahora que  “la herramienta  lo hace más rápido”.  

Por otra parte, a diferencia de economías centrales que producen las grandes plataformas tecnológicas, Chile ocupa una posición periférica en la cadena de valor digital. Importamos software, importamos infraestructura, importamos modelos de inteligencia artificial. El valor estratégico se captura en otros territorios, no en el nuestro. Sin una política industrial, a la que en estos tiempos  tendríamos que añadir, sin una política industrial  digital propia, la modernización tecnológica puede profundizar la dependencia al tiempo que  exportamos datos, consumimos tecnología y ahondamos las desigualdades, arrastrando a la precarización a otros segmentos de nuestra sociedad.

Esa dinámica también refuerza la lógica meritocrática: si pierdo mi empleo, será porque no me adapté lo suficiente. La precariedad se vive como fracaso individual. Ese es el contexto en el que  se fortalece la eficiencia tecnocrática y reducción de lo público, bajo la idea de que el problema es la rigidez estatal y no la estructura de acumulación en la que se encuentra inserta. 

La Web 2.0 prometió horizontalidad, pero su modelo económico terminó concentrando poder en grandes plataformas, más poderosas que muchos estados. La IA promete inteligencia distribuida, pero su infraestructura se encuentra en manos de un número reducido de corporaciones globales, consolidando nodos de poder en una sola mano.

En Chile, esa narrativa  convivió durante años con niveles persistentes de endeudamiento, inseguridad social y percepción de abuso. La conectividad no eliminó la sensación de injusticia. Al contrario, facilitó su circulación. El malestar encontró canales de expresión, pero no soluciones estructurales, que entendemos es la función principal de la izquierda, en todas sus variantes.

Desafíos

De ahí que el desafío actual no consista en acelerar sin más la adopción de IA, sino en someterla a deliberación democrática. Por eso, desde esta perspectiva, la pregunta central no es tecnológica, es social y política: hacia dónde queremos ir como sociedad y  cuales instrumentos resultan más idóneos para  avanzar integrando y cohesionando.

¿La automatización reducirá la precariedad laboral o la profundizará?
¿La eficiencia algorítmica ampliará derechos sociales o continuará por el camino de seguir disolviendo los vínculos sociales?¿La personalización de servicios fortalecerá la ciudadanía o seguirá  fragmentándola  en nichos de consumo? ¿Los adultos mayores serán apoyados desde las políticas públicas o deberán ellos mismos arreglárselas para incorporarse a un mundo digitalizado que les resulta estresante y por lo demás los margina?

Tal vez la lección más profunda que deja la transición desde la euforia 2.0 al presente algorítmico es que ninguna arquitectura digital sustituye la construcción de comunidad política. Ningún algoritmo reemplaza el conflicto social ni la necesidad de justicia. Ninguna innovación técnica clausura la pregunta por el tipo de sociedad que aspiramos habitar. 

La clave está en la sociedad y en la política, entendida como el espacio donde decidimos colectivamente qué futuro queremos y cuáles usos y bajo qué condiciones necesitamos que funcionen, cómo distribuir sus beneficios y con cuáles políticas públicas enfrentamos las causas estructurales de la desigualdad y los desafíos futuros, las diferentes transiciones en las que nos encontramos.

Finalmente, si la Web 2.0 nos enseñó que la conectividad no garantiza cohesión, la irrupción de la IA nos demanda algo más que entusiasmo. Nos exige  deliberación, cometido que cumple el citado texto, pero también exige  una convicción básica, esto es, que  la tecnología debe estar al servicio de un proyecto humano compartido, no convertirse en su sustituto.

La precariedad avanza en Argentina, ¡viva la esclavitud, carajo!

 

Estimado director:

La precariedad laboral se consolida en Argentina bajo el gobierno de Javier Milei con la aprobación de una reforma que permite extender la jornada laboral hasta 12 horas diarias mediante mecanismos como el banco de horas, reduce significativamente las indemnizaciones por despido al modificar su base de cálculo (excluyendo conceptos como el aguinaldo, las vacaciones y otros rubros no mensuales), convierte el pago de las horas extras en algo negociable y optativo en lugar de obligatorio con recargo, y restringe el derecho a huelga al ampliar la lista de sectores considerados esenciales y exigir servicios mínimos más elevados (hasta el 75 % en varios casos).

Estas medidas, presentadas como “modernización” del mercado laboral, representan un retroceso histórico en derechos conquistados durante décadas, profundizando la explotación y la inseguridad para millones de trabajadores en un contexto de crisis económica ya extremadamente aguda. Mientras tanto, la agenda mediática y las redes sociales se desvían hacia temas como los therians —fenómeno que la ultraderecha instrumentaliza para ridiculizar y atacar a la comunidad LGBTQIA+—, desviando la atención de estos graves atropellos laborales y contribuyendo a una despolitización muy conveniente para los sectores conservadores.

 

México: La caída de un fantasma

 

La madrugada de ayer un operativo conjunto del Ejército Mexicano, la Guardia Nacional y la Fuerza Aérea logró lo que parecía imposible durante más de una década: dar alcance a Nemesio Oseguera Cervantes, «El Mencho», líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y uno de los narcotraficantes más buscados en Norteamérica.

La noticia, confirmada esta mañana por el Gabinete de Seguridad en conferencia de prensa y encabezado por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, plantea interrogantes cruciales sobre el futuro de la guerra contra el narcotráfico, la posible reconfiguración de las alianzas criminales y, especialmente, el impacto que esta baja tendrá en los países donde el CJNG ha extendido sus tentáculos.

Nemesio Oseguera Cervantes no era cualquier capo. Originario de Michoacán y con un pasado en las fuerzas policiales, «El Mencho» construyó durante años su Imperio. Desde la década de 2010, cuando comenzó a consolidar su poder en Michoacán,  se convirtió en una obsesión para las autoridades mexicanas y estadounidenses. La Fiscalía General de la República (FGR) incluso ofreció una recompensa por información que llevara a su captura desde agosto de 2018 y EEUU tenía un alto precio por su cabeza, pero el líder del CJNG parecía moverse siempre un paso más adelante.

El cártel que desafió al Estado

Bajo el liderazgo de «El Mencho», la organización no sólo se convirtió en el principal rival del Cártel de Sinaloa, sino que desarrolló una capacidad de fuego, logística y una llamativa brutalidad que lo situaron en el podium como la principal amenaza a la seguridad en México.

Tráfico de drogas —especialmente metanfetamina y fentanilo  hacia Estados Unidos—, tráfico de personas, extorsiones, secuestros, homicidios y lavado de dinero. Su capacidad para corromper instituciones y capturar territorios lo convirtió en una de las organizaciones criminales más temidas y poderosas del continente.

Justamente, la semana pasada,  el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, a través de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC), anunció sanciones contra el resort Kovay Gardens, así como a 5 ciudadanos y 17 empresas mexicanas relacionadas. El comunicado da a conocer que, según el FBI, aproximadamente 6.000 víctimas estadounidenses han reportado pérdidas de casi 300 millones de dólares entre 2019 y 2023 a causa de esquemas de fraude de tiempo compartido en Puerto Vallarta y Nayarit.

El cártel no ha muerto

La reacción del cartel -tan violenta como explosiva- tras la muerte de su líder no se hizo esperar. Durante la jornada de ayer, células del CJNG desataron un estallido de violencia en varios puntos de los Estados Unidos de México: Guanajuato, Guerrero, Jalisco, Oaxaca, Sinaloa, Tamaulipas, Veracruz y Zacatecas. Se registraron 18 bloqueos en carreteras federales, quema de camiones y autos, secuestro de taxis, ataques a gasolineras, establecimientos de conveniencia y entidades bancarias, así como agresiones a autoridades. Por lo menos, 25 miembros de la Guardia Nacional y un custodio perdieron la vida en los ataques; y 30 personas ligadas a la delincuencia organizada. 

Además, según informó el Gabinete de Seguridad, “cuatro elementos de corporaciones resultaron heridos y una mujer perdió la vida trágicamente en medio de la violencia. Setenta personas fueron detenidas en siete estados por su participación en estos actos”.

Agregaron que “en las primeras horas de hoy, la Fiscalía General de la República confirmó exitosamente la identidad del cuerpo de Nemesio Oseguera Cervantes, así como la de los dos lugartenientes que lo acompañaban. La dependencia determinará ahora el destino de los restos, que normalmente son entregados a familiares si así lo solicitan, siguiendo los protocolos establecidos”.

Pero, la pregunta que flota en el aire es qué sucederá ahora con el CJNG. La historia de la lucha contra el narcotráfico en México está llena de episodios donde la caída de un líder no significó el fin de su organización, sino el inicio de disputas internas por el control y, en muchos casos, un recrudecimiento de la violencia. ¿Ocurrirá lo mismo? 

La organización que «El Mencho» construyó durante años tiene estructuras, rutas, laboratorios y alianzas que trascienden a su fundador. Sin embargo, su baja representa un golpe simbólico y operativo de enormes proporciones. El CJNG pierde no solo a su líder máximo, sino al hombre que mantenía cohesionadas las complejas redes de lealtades y negocios que sostienen a la organización.

El Gabinete de Seguridad ha anunciado que se mantendrá activo el Centro de Mando Conjunto para monitorear la situación y continuar las operaciones. «Se demostró la fortaleza del Estado mexicano», señalaron las autoridades, llamando a la población a mantener la calma y confiar en las instituciones.

Aunque el foco inmediato está en México, la caída de «El Mencho» tiene implicaciones que trascienden fronteras. Según el analista político-estratégico, ex viceministro de Defensa, FFAA y Guerra de Chile, Gabriel Gaspar, «el descabezamiento del cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) es un gran éxito del gobierno mexicano; aunque, no sólo es importante para México, dado que esta organización delictual había extendido sus redes hacia muchos otros países, entre ellos algunos sudamericanos. Por tanto, también se contribuirá a la seguridad internacional y regional.»

Efectivamente, el CJNG, junto al Cártel de Sinaloa, han extendido sus redes por Latinoamérica hasta Chile,  en busca de nuevos mercados y rutas, según confirmó en junio de 2022 el entonces subsecretario del Interior, Manuel Monsalve. En plena fase de instalación, estos grupos criminales traen consigo consecuencias como homicidios, secuestros, lesiones y violencia, particularmente en el norte del país, donde «aterrizan».

Específicamente, en el caso de Chile, este país representa para estas organizaciones una ‘gran oportunidad’, debido a su ubicación estratégica, su extensa cantidad de fronteras, su buena imagen país y las debilidades de control y falta de coordinación de policías e instituciones. La amenaza que enfrenta el país frente a este tipo de organizaciones transnacionales es enorme en países pequeños y medianos, por su violencia, potencia y cantidad de recursos. Es por ello que “la muerte de «El Mencho» podría generar, en el corto plazo, una reconfiguración de alianzas y disputas por territorios que impacten en los países donde el CJNG tiene presencia”, afirma Gabriel Gaspar. 

Cooperación y coordinación internacional: El rol clave del sistema de inteligencia 

El éxito del operativo que terminó con la vida de «El Mencho» se debió precisamente a meses de inteligencia, coordinación interinstitucional y colaboración internacional. Así también lo destacaron esta mañana las autoridades mexicanas: el Estado tiene hoy la capacidad de golpear a las estructuras criminales más poderosas. Pero también lo es que la lucha contra el crimen organizado es de largo aliento, y que cada baja genera nuevas dinámicas que deben ser anticipadas. Y eso aplica a cualquier Estado que se enfrente a estas amenazas incluído Chile.

Sólo un dato para graficar la importancia de la colaboración binacional: la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) de Estados Unidos anunció que, desde el 20 de enero de 2025 hasta la fecha, se han recuperado 4.359 armas de fuego y 648 mil 975 cartuchos de municiones que tenían como destino México, donde habrían sido utilizadas por cárteles de la droga y pandillas violentas. En total, según dicha agencia, se han requisado 36 mil 277 armas de fuego ilegales utilizadas en delitos y dos millones 317 mil 999 cartuchos de municiones a personas prohibidas, miembros de pandillas y proveedores de organizaciones criminales transnacionales.

Mientras en México se contabilizan los daños de la jornada violenta y se refuerza la presencia en los estados afectados, la pregunta sobre el futuro del CJNG y la violencia en el país sigue abierta. Lo que es seguro es que la sombra de «El Mencho», el hombre que desafió al Estado mexicano durante más de una década, se ha desvanecido; esta guerra transnacional, sin embargo, continuará.

“Nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas…”: Multilateralismo para reaccionar a la ley del más fuerte

Equilibrios rotos

Para nadie es un secreto que el sistema internacional está atravesando una importante fase de transición o, como afirmó el Primer Ministro de Canadá en el último foro de Davos, un verdadero momento de ruptura.

Esto no es una coincidencia ni algo que ocurrió de la noche a la mañana.

Desde hace algún tiempo, el debate global está dominado por enfoques que relativizan ciertos consensos fundamentales, como la paz y la seguridad, el respeto a los derechos humanos y el desarrollo sostenible.

Estos tres principios, que forman parte esencial de la arquitectura sobre la que se fundamenta un orden internacional basado en normas, son los pilares de la Carta y del sistema de las Naciones Unidas .

En tiempos de incertidumbre, es necesario recordar que este sistema nació del consenso de un grupo de países, después del trauma de dos guerras mundiales.

La aparición de cierta anomia en el sistema internacional ha roto el equilibrio acordado y puesto en riesgo consensos importantes.

Como la cuestión de mitigar los efectos de la crisis climática, llegando incluso a cuestionar su propia existencia; o la cuestión del respeto a los derechos fundamentales, dada la forma en que muchos países abordan el fenómeno migratorio; o la capacidad de adoptar medidas efectivas para detener los conflictos armados que han cobrado enormes cantidades de vidas humanas.

Regreso al multilateralismo

El mundo se encuentra, de hecho, en una condición vulnerable .

Hoy en día, experimentamos el mayor número de conflictos activos a nivel mundial desde la Segunda Guerra Mundial. Hemos llegado a 59, según el Índice de Paz Global elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz.

También observamos que la democracia, especialmente en el escenario pospandémico, ha sufrido importantes retrocesos. Por el contrario, las autocracias se han expandido a un ritmo acelerado, como lo demuestran los índices de democracia del Instituto V-Dem e IDEA Internacional, entre otros.

A ello se suma la fragilidad a la que se ha visto sometido el sistema económico internacional en el último año.

La llamada “guerra arancelaria ” muestra con cierta crudeza cómo las economías pequeñas y medianas, o excesivamente dependientes de economías más grandes, son vulnerables a cambios unilaterales en las reglas impuestas por algunas potencias.

Esto no sólo tiene efectos económicos: en muchos casos, de hecho, los cambios en las reglas comerciales también sirven para fines políticos.

El escenario actual está marcado por un aumento de los discursos de odio, de las víctimas de conflictos y de las violaciones de las normas fundamentales de la convivencia internacional.

Es fácil buscar respuestas proteccionistas , ya sean unilaterales, regionales o basadas en afinidades ideológicas, imponiendo la lógica del más fuerte por encima de un sistema internacional fundado en reglas compartidas.

Precisamente por eso, recuperar el valor del sistema multilaterales hoy más necesario que nunca.

El poder de la razón

Reconocer el multilateralismo como la respuesta a estos dilemas globales no significa ignorar los desafíos que enfrenta.

Es bien sabido, por ejemplo, que las dificultades financieras de las Naciones Unidas han puesto en peligro la viabilidad de sus organismos. También es bien conocida la ineficiencia de algunos aspectos de su burocracia.

O aún más profundamente, que necesitamos encontrar maneras efectivas de garantizar que los mandatos y las resoluciones se implementen realmente, contribuyendo así al fortalecimiento de los pilares del sistema: la paz, la seguridad, el desarrollo sostenible y el pleno respeto de los derechos humanos.

Es un objetivo ambicioso en un mundo cada vez más complejo, pero también un camino deseable.

Después de 80 años, los dirigentes de los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas tienen una tarea urgente e ineludible.

De ello depende la posibilidad de evitar los horroresde un sistema en el que sólo prevalece la ley del más fuerte, la expresión más cruda de un orden hobbesiano .

Afrontar este desafío con convicción, a la luz de la experiencia histórica y de los intentos de debilitar el sistema multilateral, no es hoy una cuestión ideológica, como algunos han querido afirmar.

Es un imperativo ético para la supervivencia y la integridad de la especie humana.

Nunca será la imposición de la fuerza, sino la fuerza de la razón la que garantizará que nadie en este planeta sea superfluo.

 

(*) Publicación original en italiano, Edición No. 73 de ‘Pubblico’: ‘»Noi, popoli delle Nazioni Unite…”: Il multilateralismo per reagire alla legge del più forte’ con fecha 20 de febrero de 2026 https://fondazionefeltrinelli.it/pubblico/noi-popoli-delle-nazioni-unite/

¿Cómo afrontar la nueva Ley que prohibirá el uso de celulares en salas de clases?: Conoce las recomendaciones para padres y colegios

 

Hace unos meses, el Congreso aprobó la iniciativa que prohibirá el uso de celulares y otros dispositivos móviles de comunicación personal en las salas de clases de educación básica y media.  La medida, que comenzará a regir a partir del año escolar 2026, busca enfrentar el uso extendido y desregulado de pantallas entre niños y adolescentes.

Es una realidad que Chile destaca por sus altos niveles de conectividad y acceso a dispositivos, lo que, en el caso de la convivencia escolar, hacía urgente una regulación clara y homogénea para los establecimientos. Con esta nueva normativa, los colegios deberán actualizar sus reglamentos internos antes del 30 de junio de 2026, mientras que la Superintendencia de Educación será la encargada de fiscalizar su implementación. Por su parte, el Ministerio de Educación, se comprometió a entregar una evaluación de impacto en 2030, que permita medir los efectos de la medida en la vida escolar.

La normativa no sólo prohíbe teléfonos celulares, sino también dispositivos móviles electrónicos de comunicación personal, categoría más amplia que incluye relojes inteligentes, tablets pequeñas u otros aparatos que permitan enviar, recibir o acceder a información digital durante la clase.

La norma prohíbe el uso de estos dispositivos en todos los establecimientos que impartan educación básica y media. Sin embargo, contempla excepciones en casos específicos como necesidades educativas especiales, situaciones de desastre o catástrofe, condiciones de salud diagnosticadas por un médico que requieran monitoreo mediante dispositivos móviles; actividades curriculares o extracurriculares, siempre que el uso sea pertinente y autorizado por el director del establecimiento y la solicitud fundada de padres o apoderados en casos temporales.

La Superintendencia de Educación será la encargada de definir los mecanismos, condiciones y consecuencias para aplicar la prohibición, a través de futuros instructivos.

Eso sí, cabe destacar que, la prohibición rige sólo en salas de clases y se extenderá a todos los integrantes de la comunidad educativa. En educación media, los reglamentos podrán establecer franjas horarias o espacios acotados donde se permita el uso de dispositivos, considerando la autonomía progresiva de los estudiantes.

“Es importante entender que esta norma no lo es todo y hay discusiones que deben ser más robustas en las comunidades escolares, ya sea para generar aprendizaje o para mejorar el clima, entonces espero que no se genere una falsa expectativa de que sólo porque el teléfono no esté en la sala, por sí solo eso va a crear mejores clases, va a generar un mejor ambiente, va a generar relaciones positivas. Es importante entender que la norma y la prohibición por sí solas no entrega nada, si es que no va acompañado de un plan de formación, de intervención, de capacitación”, señala Jorge Varela, Embajador Santillana Chile, Psicólogo y Doctor en Psicología y Educación.

El experto agrega que también es importante verificar la salud de los jóvenes ante esta normativa, “efectivamente hay casos en los cuales hay un abuso en el uso de estos aparatos que podríamos llamar adicción, y de nuevo, la prohibición no ayuda necesariamente a estudiantes que tienen problemas de ansiedad frente a esto, por un montón de razones. Entonces, es importante generar un puente con servicios de salud para esos casos”.

Ante este escenario, desde Santillana Chile, entregan recomendaciones con orientaciones para familias y comunidades educativas frente a este cambio que marcará un antes y un después en la convivencia escolar del país.

Guía para familias: Cómo preparar a tus hijos para un colegio sin celulares

  •       Hablar desde el sentido, no desde la restricción: Explíquele a su hijo por qué se implementa la norma desde los aspectos positivos como mejorar la concentración, reducir distracciones, evitar comparaciones y disminuir episodios de ciberacoso. Comprender el propósito siempre facilita la adaptación.
  •       Establecer rutinas tecnológicas en casa: Si los estudiantes ya tienen horarios regulados de uso de pantallas para estudio, recreación y descanso, la transición será más natural.
  •       Acordar un protocolo familiar: Los padres pueden establecer acuerdos con sus hijos para que esta transición sea más fácil y planificar alternativas de comunicación, ante situaciones urgentes, destacando que los colegios cuentan con canales formales para contactar a las familias. Esto reduce la ansiedad asociada a “estar incomunicados”.
  •       Cuidar la salud mental digital: La retirada temporal del celular puede generar resistencia en algunos adolescentes habituados a su uso continuo. Los padres pueden acompañarlos emocionalmente, sin minimizar la dificultad, incentivar actividades offline y observar signos de irritabilidad o dependencia.

Recomendaciones para colegios: implementación efectiva y convivencia escolar

Además de la actualización protocolar, la Ley exigirá que los colegios promuevan un uso responsable de la tecnología y adviertan sobre sus riesgos.

Algunas recomendaciones importantes para las comunidades escolares son:

  1.     Actualizar el Reglamento Interno con enfoque formativo

A junio de 2026, los establecimientos deben incorporar la prohibición, pero no basta con redactar una regla, es recomendable que se vincule a objetivos formativos y de bienestar, explicando qué se busca mejorar. Se destaca que es una buena herramienta, pero eso significa que debe ser gestionada de manera correcta aportando y apoyando las estrategias de aprendizaje activo, acceso a recursos digitales.

  1.     Definir protocolos claros para guardar y administrar dispositivos

Se puede tomar el ejemplo de otros países que ya han implementado normativas cómo, casilleros o bandejas en el ingreso a cada sala, uso de fundas selladas que se abren al final de la jornada o la instrucción de guardar los celulares en las mochilas.

La elección dependerá del contexto y nivel de confianza con el curso.

  1.     Comunicar de manera explícita a estudiantes y apoderados

La transición será más fluida si se entrega información con anticipación a través de Charlas a las familias, tutorías en cursos y entrega de material pedagógico sobre uso responsable de la tecnología.

  1.     Capacitar a docentes y equipos de convivencia

Recordemos que esta normativa no es sancionatoria, por lo que a los docentes se les debe entregar herramientas para llevarla a cabo ante posibles resistencias, gestión de casos de incumplimiento sin escalar a conflictos, integración de metodologías activas que demuestren que el aprendizaje sin pantallas también es significativo.

  1.     Promover alternativas pedagógicas

La prohibición del celular no implica una escuela anti tecnológica; permite, más bien, acotar su uso. Los colegios pueden potenciar el uso de laboratorios de tecnología, implementar proyectos con tablets institucionales en actividades controladas y trabajar en el desarrollo de habilidades digitales desde un marco seguro. Es importante que esta normativa no sea una limitante al momento de tener la iniciativa de utilizar herramientas educativas actuales.

  1.     Establecer canales formales de comunicación ante emergencias

Es importante tener una directriz clara en cuanto a las formas de comunicación como un número de contacto institucional, protocolos de respuesta rápida, comunicación fluida con inspectores y profesores jefes; además de una comunicación fluida con los padres y apoderados ante emergencias.

  1.     Entregar claridad respecto a los casos excepcionales

Debe quedar claro para toda la comunidad escolar cuáles son las excepciones de uso de estos dispositivos en casos específicos, según lo indicado en la Ley.

La prohibición del uso de celulares en las salas de clases marca un giro relevante en las políticas educativas chilenas. Aunque supone desafíos, también abre la puerta a reequilibrar las dinámicas escolares, fortalecer la concentración, mejorando la comunicación cara a cara y avanzando hacia una convivencia más respetuosa.

Si bien, el impacto de esta medida será evaluado por el Mineduc en 2030, desde ya familias y colegios pueden prepararse para una transición ordenada y, sobre todo, formativa.

Se publica la Ley 21.803 sobre Titularidad Docente

 

Este sábado el Diario Oficial publicó la Ley 21.803 que establece los requisitos para otorgar la calidad de Titular a Profesionales de la Educación, que busca otorgar estabilidad laboral a docentes de educación parvularia, básica o media de establecimientos públicos que cumplan con los requisitos que establece la ley, como la antigüedad en la dotación.

El proyecto de ley, despachado por el Congreso en enero de 2026, reconoce un derecho laboral y garantiza estabilidad al personal docente contratado en Servicios Locales de Educación Pública, municipios y corporaciones municipales, convirtiendo contrataciones temporales en indefinidas.

Esta iniciativa es parte de los acuerdos de la Agenda Corta entre el Mineduc y el Colegio de Profesoras y Profesores y busca reconocer la titularidad en el cargo a docentes de establecimientos públicos, mediante la introducción de reglas permanentes en el Estatuto Docente.

El Estatuto Docente, en su artículo 25, establece dos calidades en que pueden encontrarse las y los docentes del sector público: “titular” y “contrata”.  Únicamente la titularidad constituye una forma de contratación indefinida, mientras que la contrata se establece a plazo fijo, pensada, en su origen, para labores transitorias, optativas, especiales o de reemplazo de titulares. 

Esta nueva normativa beneficiará a docentes que llevan cuatro años continuos, o cuatro años discontinuos en los últimos seis años, que cuenten con contrataciones sucesivas y continuas, que abarquen los últimos dos años, en establecimientos públicos. Luego de cuatro años se exigirá como requisito para otorgar la titularidad que la o el docente haya ingresado a la dotación mediante concurso público o un proceso de reclutamiento y selección público, objetivo y transparente. Esto se debe a que, desde la entrada en vigencia de la ley, todo el personal a contrata deberá ser incorporado mediante uno de estos procedimientos.

 

 

Cuando el dato ya no mata relato…

 

Se suele decir que “dato mata relato” (incluso hay un espacio en un informativo de TV con ese nombre), aludiendo a que los datos duros, objetivos, precisos y certeros son la forma de derribar un relato falso o tendencioso.

Esto ya no corre. Desde que el imperio de la ultraderecha se empezó a hacer del poder en variados rincones del mundo, el relato es el que impone el Emperador de turno. Los datos son cifras que ya no valen nada, o casi nada. Baste pensar en cómo el presidente electo, José Antonio Kast, y su equipo están usando como estridente caja de resonancia los medios masivos de comunicación y las redes sociales para imponer su relato de que “Chile se cae a pedazos” por “culpa” de la gestión del presidente Gabriel Boric. 

Los datos duros que se contraponen a ese relato son contundentes y deberían ser incuestionables. A modo de ejemplo, el crecimiento volvió a estar el 2024 en torno a 2%–2,5%, lo que, comparado con otros países de América Latina, hace que nuestro país se mantenga en la mitad superior del ranking regional. Por su lado, la tasa de desempleo ha oscilado entre 8% y 9%, recuperándose más del millón de empleos perdidos en la pandemia, aumentando más el empleo formal que el informal. Es decir, no existe explosión del desempleo ni destrucción masiva del empleo. En relación a la inflación, que en 2022 llegó a un dramático 14% anual, bajo a niveles cercanos al 4%-5% en 2024, lo que hizo al Banco Central ser merecedor de un reconocimiento internacional por la velocidad del ajuste monetario. 

Hay más datos ilustrativos y se refieren, entre otros, a la inversión extranjera. Entre 2023 y 2024 hubo recuperación de la inversión minera (litio y cobre). Es decir, la narrativa de “inversionistas huyendo masivamente” no se sostiene con las cifras. En relación al sector energético, en el mismo periodo Chile avanzó fuertemente en energías renovables, proviniendo hoy más del 60% de la matriz eléctrica de energías renovables. Otro dato positivo se refiere al porcentaje de la deuda fiscal, que ronda el 38%–40% del Producto Interno Bruto (PIB). Esto significa que nuestra deuda pública sigue siendo menor que el promedio OCDE, que supera el 80%.

Este panorama no tiene nada que ver con el relato de la ultraderecha, que plantea que vivimos un “derrumbe” estructural profundo.  Según los análisis de los economistas, las cifras muestran más bien un cuadro de estancamiento moderado tras el ajuste postpandemia, sin crisis macroeconómica de ningún tipo. Es decir, precisan que en lugar del supuesto “colapso”,  la evidencia estadística mostraría que nuestra situación macroeconómica es estable y está lejos de una crisis estructural.

¿Por qué entonces se impone en la ciudadanía un relato falso y manipulado? No solo lo explica la poca capacidad comunicacional del actual gobierno. Tampoco la desfachatez  de quienes asumirán el poder el 11 de marzo en La Moneda, que hacen uso y abuso de su poder económico y  la relación con los medios de comunicación al servicio de sus intereses.

Lamentablemente, la explicación del problema es más compleja. Quien nos da luces sobre ello es el economista Daniel Kraneman, quien se adjudicó el Nobel de Economía del año 2002 al integrar hallazgos de la psicología al análisis económico. Su aporte cambió profundamente la forma en que entendemos el comportamiento de los ciudadanos frente a la economía. Kraneman demostró que las personas no siempre actúan de manera racional sino influenciadas por su experiencia vivencial y sus emociones.

Agua a su molino

Por ello no bastaría con que nuestros dirigentes políticos y parlamentarios se preocuparan realmente de comunicar las cifras duras a la población (cosa que no hacen), o que utilizaran de una vez por todas las redes sociales para ese propósito (cosa que tampoco hacen, como sí lo hace la derecha con constancia y fervor casi revolucionario), multiplicando en cientos de miles de veces el mensaje y no ciñéndose a la entrevista a El Mercurio, al que veneran y el cual siempre está buscando llevar agua a su molino (algo que nunca han aprendido nuestros dirigentes). 

Un reel diario en Facebook, Instagram o Tik Tok voceando los datos reales sobre nuestra economía podría haber hecho alguna diferencia. Pero nuestros prohombres progresistas no saben hacer reels…

Pero, como decíamos, el tema es más profundo porque atañe a la psicología social. Daniel Kraneman demostró que las personas no evalúan la realidad en términos absolutos sino relativos, y que las pérdidas pesan más que las ganancias equivalentes. Es decir, en política, suele pesar más la sensación económica que el dato duro.

Los indicadores macroeconomicos describen la economía del sistema. La sensación económica describe la economía del hogar (y Chile tiene uno de los niveles más altos de deuda de hogares en América Latina, lo que genera sensación constante de vulnerabilidad y miedo a perder estabilidad). Explica Kraneman que una persona no vive el PIB. Vive el precio del pan, el dividendo o arriendo, el costo del supermercado, la posibilidad de ahorrar, la estabilidad de su trabajo. Si el PIB crece un 3%, pero su sueldo no crece o su gasto fijo aumenta, la experiencia subjetiva es de deterioro.

Kraneman instaló el tema de la “asimetría emocional” al analizar el impacto de la economía en la gente. Esto quiere decir que la pérdida duele más que la ganancia equivalente, la incertidumbre genera más ansiedad que la pobreza estable, el miedo activa más conducta política que la gratitud (de allí la necesidad de inocular miedo a la población). De este modo, una baja de la inflación -que es un dato positivo- genera menos impacto emocional que el recuerdo reciente de una inflación alta. Al decir del economista, el cerebro no calcula promedios anuales, sino que  recuerda el golpe anterior.

Este principio explicaría mucho el actual clima chileno. Considerando las cifras reales, sorprende que el público del Festival de Viña pifiara sin tregua al presidente Boric cuando Stefan Kramer lo  imitó en su rutina este domingo 22 de febrero.

Sorprende si se piensa que la baja de un  10% de la inflación entre 2022 y 2024 no fue vista como un logro del gobierno de Boric. Desde la lógica macroeconómica, es una corrección exitosa, y debería generar un clima positivo. Sin embargo, desde la lógica psicológica, la dura cifra anterior dejó huella y el descenso del indicador no compensó emocionalmente la pérdida previa. Pareciera que la mente humana está diseñada para detectar amenazas, no para celebrar estabilizaciones.

Comprarse el relato

Otro tema que influye en no valorar en su justa dimensión los datos económicos positivos es la lentitud con que  las personas ajustan sus expectativas. En Chile ocurrió que, durante décadas, se instaló una narrativa de movilidad social, y progreso creciente. Pero cuando el crecimiento se desacelera -como pasó en la pandemia-  se experimenta como retroceso. O sea, la frustración es proporcional a la expectativa que se tenía. Y nuestro país tenía expectativas muy altas.

En suma, Chile no está en una crisis macroeconómica estructural pero la gente se compra el relato dominante que entrega la derecha porque vive una fatiga postpandemia, un alto endeudamiento, una sensación de estancamiento social y una fuerte frustración en sus expectativas de movilidad. Y en ese contexto, la estabilidad macroeconómica no repara el daño simbólico previo. 

Otro factor importante en este clima es el estancamiento salarial real. Porque, aunque la inflación baja, el poder adquisitivo tarda en recomponerse. Y ello se vive como “no estoy peor que antes, pero tampoco mejor.” 

Es decir, el dato duro pierde fuerza frente al relato en contextos de polarización como el que vivimos, porque la derecha enfatiza el estancamiento y el deterioro mientras el oficialismo enfatiza estabilidad y recuperación. Y la ciudadanía vota más desde la emoción que la domina que desde la ideología o la reflexión, como quedó claro con el triunfo de Kast. 

Como señala el economista Kraneman, la sensación económica es una experiencia moral, no sólo contable, donde el punto clave son las altas expectativas no cumplidas, no solo los problemas económicos. Ello genera un duelo prolongado. Y eso pesa más que abstractos indicadores macroeconómicos. 

Como lo estudiara Kraneman, los datos duros determinan la trayectoria real de un país, pero la democracia se mueve en ciclos emocionales cortos. La economía puede estar técnicamente estable, pero psicológicamente frágil.

En suma, en Chile hoy la percepción económica está mezclada con inseguridad, desconfianza institucional, hastío político postproceso constituyente, sensación de fragmentación social. Los datos duros ya no se evalúan por sí solos. Se evalúan dentro de un clima emocional general, donde prima la sensación de vulnerabilidad. Y el ser humano reacciona antes frente a la vulnerabilidad que frente a la estabilidad.

Por todo ello, no es raro que la ciudadanía este permeable al relato de la derecha. Los datos reales, frente a los cuales hay desconocimiento o indiferencia, ya no están sirviendo para matar  relatos engañosos. Y eso es peligroso, como lo vemos a diario en la Argentina de Milei o el Estados Unidos de Trump. Y como lo veremos en el Chile de Kast.

 

Pink Floyd y el lado oscuro del modelo: del cansancio al muro en la vida contemporánea

 

Pink Floyd no escribió panfletos políticos, pero logró algo más profundo: ponerle sonido a una forma histórica de vivir. Cuando en 1973 publicaron The Dark Side of the Moon, no estaban reflexionando sobre problemas individuales, sino sobre las presiones estructurales de la vida moderna. Seis años después, con The Wall, mostraron el resultado de esas presiones cuando ya no encuentran salida. Leídos juntos, ambos discos forman una sola historia: una sociedad que primero agota a las personas y luego las empuja al encierro.

Esa historia resulta especialmente reconocible en Chile.

The Dark Side of the Moon comienza con relojes que suenan al mismo tiempo. No es un recurso estético: es una advertencia. El tiempo deja de ser algo que se vive y pasa a ser algo que se mide, se controla y se pierde sin darse cuenta. Vivimos ocupados, pero no necesariamente presentes. Creemos que estamos construyendo el futuro y, de pronto, la vida ya pasó. No por irresponsabilidad, sino porque hicimos exactamente lo que el sistema esperaba de nosotros.

Desde el lente de Michel Foucault, esto tiene una explicación clara. El poder moderno no opera principalmente prohibiendo, sino organizando la normalidad. Horarios, trayectorias educativas, metas laborales, evaluaciones permanentes. Nadie obliga explícitamente a correr, pero todo está diseñado para que correr parezca natural. El problema no es desobedecer el tiempo, sino obedecerlo demasiado bien.

El neoliberalismo chileno llevó esta lógica al extremo. Jornadas extensas, largos tiempos de traslado, empleo inestable, presión constante por rendir y “no quedarse atrás”. La vida se convierte en una sucesión de exigencias que no se cuestionan porque parecen normales. En este contexto, la salud mental no se deteriora por accidente: se resiente porque la normalidad misma se vuelve excesiva.

La locura que atraviesa The Dark Side of the Moon —inspirada en el deterioro mental de Syd Barrett— no aparece como rebeldía ni como genialidad romántica. Aparece como quiebre silencioso. El sujeto no enloquece porque se oponga al sistema, sino porque ya no logra sostener la presión. En términos foucaultianos, la locura no es una excepción: es el residuo de un sistema que funciona hasta que alguien ya no puede seguir funcionando.

Luego está el dinero. Money no condena la riqueza en términos morales. Se burla de la idea de que el dinero pueda resolverlo todo. Un buen trabajo, un buen salario, consumo, estatus. La promesa neoliberal es simple: si te esfuerzas lo suficiente, estarás bien. Pero el disco deja flotando una pregunta incómoda:
¿el dinero puede devolver el tiempo perdido?,
¿puede evitar la muerte?,
¿puede darle sentido a una vida agotada?

La respuesta no se grita, pero es evidente: no.

Aquí el cruce con Byung-Chul Han es clave. Han explica que ya no vivimos bajo un poder que reprime, sino bajo uno que estimula permanentemente. No se nos dice “debes”, se nos dice “puedes”. Puedes rendir más, mejorar, emprender, optimizarte. El problema es que ese “puedes” no tiene límite. Y cuando no llegamos, no culpamos al sistema: nos culpamos a nosotros mismos.

Ese es el núcleo del neoliberalismo como experiencia subjetiva en Chile. El fracaso se vive como culpa personal, no como problema estructural. Por eso el afecto dominante no es la rabia colectiva, sino el agotamiento individual. The Dark Side of the Moon no es un disco furioso; es un disco cansado. Nadie se levanta contra el orden. Todos siguen… hasta que ya no pueden más.

The Great Gig in the Sky introduce la muerte sin dramatismo. No hay terror ni épica. Hay aceptación. “No tengo miedo a morir”, se dice. En una sociedad obsesionada con producir, extender la vida útil y ocultar la finitud, esta serenidad resulta inquietante. Desde Foucault, podríamos decir que el disco marca un límite a la biopolítica: una sociedad que administra la vida, pero no sabe qué hacer con la muerte. La finitud queda fuera del discurso del rendimiento.

Hasta aquí, The Dark Side of the Moon describe una vida sometida a presión constante: tiempo, trabajo, dinero, exigencia, finitud. Pero todavía hay circulación social. Todavía hay otros. Todavía hay mundo.

The Wall muestra lo que ocurre cuando ese cansancio se acumula y no encuentra salida colectiva.

Cuando el agotamiento se vuelve crónico, el sujeto no se organiza políticamente. Se encierra. El muro no aparece de golpe; se construye ladrillo a ladrillo: una frustración, una humillación, una exigencia más, una decepción. El muro no es ataque, es defensa. Es la forma de seguir viviendo sin exponerse.

Desde Foucault, este paso es decisivo: ya no hace falta vigilar desde fuera. El control está completamente interiorizado. Desde Han, el muro es la consecuencia extrema de la sociedad del rendimiento: cuando ya no se puede rendir más, tampoco se puede compartir. El otro se vuelve ruido, amenaza, competencia.

Este encierro tiene una traducción clara en el Chile neoliberal: desconfianza social, debilitamiento de lo comunitario, retraimiento político, miedo al conflicto. No hay épica colectiva; hay sobrevivencia individual. El problema es que el muro no solo protege del dolor: rompe el lazo social. Y sin lazo, no hay vida común, no hay deliberación, no hay democracia viva.

Pink Floyd no ofrece soluciones ni recetas. Pero hace algo profundamente político: nombra el costo humano de una vida organizada solo para funcionar. Muestra que una sociedad puede ser eficiente y, al mismo tiempo, profundamente dañina. Que el sufrimiento no siempre proviene del abuso visible, sino de una normalidad que exige demasiado y escucha poco.

Leídos desde hoy, The Dark Side of the Moon y The Wall no hablan del pasado. Hablan del presente chileno como experiencia cotidiana. De una vida que corre sin detenerse, que promete plenitud y produce desgaste, que transforma el cansancio en problema individual y el aislamiento en refugio.

El lado oscuro no está en los márgenes del modelo. Está en su centro. Y los muros que levantamos para protegernos del cansancio pueden terminar separándonos de aquello que hace posible algo más que sobrevivir: una vida compartida.

PS condena sanción de EE.UU. a autoridades chilenas y acusa presión: «Es un agravio a Chile»

 

En una declaración pública emitida este sábado, el Partido Socialista de Chile expresó su enérgico rechazo a la sanción aplicada por el Departamento de Estado de Estados Unidos contra tres altas autoridades nacionales, entre ellas el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, consistente en la denegación de visados de ingreso a ese país.

La tienda política calificó la medida como «grave», «unilateral» y «arbitraria», señalando que no tiene precedentes en democracia y que afecta la tradicional relación bilateral. Según el texto, la sanción estaría directamente vinculada al proyecto del cable submarino que uniría Valparaíso con Hong Kong, iniciativa que el actual gobierno aún mantiene en evaluación.

El Partido Socialista llamó a enfrentar la «pugna hegemónica» entre Estados Unidos y China desde una perspectiva que permita mantener vínculos con ambas potencias resguardando los intereses nacionales. La declaración sostiene que esta acción vulnera la soberanía nacional y el derecho de Chile a definir su política de inversiones extranjeras sin discriminación, en el marco del derecho internacional y la neutralidad tecnológica.

Finalmente, el PS respaldó las declaraciones de Cancillería sobre este tema e hizo un llamado al conjunto de los partidos políticos a pronunciarse frente a lo que considera un «agravio» a Chile.

 

Entregan Botiquín Cultural a niños y niñas afectados por incendios en Concepción, Penco y Tomé

 

Equipo en terreno visitó Penco, Punta de Parra y el sector de Agua de la Gloria para distribuir este dispositivo de emergencia del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, orientado a la contención emocional y la resiliencia a través de herramientas artísticas y lúdicas, incluyendo talleres y actividades de activación del kit. 

En el marco de los incendios que afectaron a las regiones de Biobío y Ñuble, durante las últimas semanas funcionarios de la Seremi de las Culturas han realizado visitas en terreno a niños, niñas y adolescentes en Penco, Punta de Parra y el sector de Agua de la Gloria de Concepción para entregar el Botiquín Cultural, un dispositivo de emergencia impulsado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. 

El Botiquín Cultural está dirigido a niños y niñas entre 7 y 13 años —e indirectamente a sus familias— y busca aportar a la contención emocional en contextos de catástrofes naturales, promoviendo la resiliencia mediante el arte, el juego y la expresión. En un país marcado por emergencias, este kit propone recursos didácticos y recreativos que permiten despertar la imaginación, canalizar emociones y acompañar procesos de recuperación comunitaria. 

“En contextos de emergencia, junto con atender las necesidades materiales más urgentes, también nos preocupa el bienestar emocional de niños y niñas. El Botiquín Cultural es una herramienta concreta que pone a la cultura, el arte y el juego al servicio de la contención y la resiliencia, permitiendo abrir espacios de expresión y acompañamiento en momentos difíciles para las comunidades”, señaló Paloma Zúñiga Cerda, seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de la Región del Biobío. 

El dispositivo se entrega en una mochila personal que incluye una bitácora para relatar experiencias, emociones y vivencias, junto a diversos elementos para actividades creativas y lúdicas: pañuelo para actividades, estuche con útiles, timbres, semillas para plantar, set de muñecos quitapesares/quitapenas y una linterna con dínamo. Estos materiales están diseñados para activar prácticas simples y replicables, que favorezcan el vínculo, la expresión y el cuidado, especialmente en situaciones de alta afectación. 

Junto con la entrega del kit, el equipo regional ha desarrollado nuevas visitas a los territorios para activar sus contenidos a través de talleres y actividades guiadas, como jornadas de plantación de semillas incluidas en el Botiquín Cultural. Estas instancias permiten transformar el dispositivo en una experiencia colectiva, reforzando la idea de reconstrucción simbólica y cuidado del entorno como parte del proceso de recuperación emocional. 

La iniciativa reconoce el rol de la cultura como parte de una respuesta integral ante emergencias, contribuyendo a dos pilares clave de la resiliencia: la acción y la solidaridad, en tanto promueve participación, colaboración y acompañamiento en comunidad. 

El Botiquín Cultural se distribuye mediante Escuelas Abiertas y albergues en coordinación con organismos vinculados a la emergencia, con el objetivo de llegar oportunamente a zonas afectadas y apoyar a las infancias con espacios seguros de encuentro y contención. 

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