La pandemia de la enfermedad por coronavirus ha desatado un colapso sanitario en el planeta completo, pero que se ha dejado sentir con mayor intensidad en aquellos países social y económicamente más desiguales, incluyendo a Chile, desenmascarando así al “oasis de América Latina”.

En consecuencia, los diferentes entes públicos encontraron solución en la entrega de cajas de mercadería o de “insumos básicos”, pero lamentablemente, las políticas públicas nuevamente nos invisibilizan a más de la mitad de la población omitiendo la entrega de productos de higiene menstrual, un artículo de primera necesidad y de uso periódico en toda familia compuesta por una o más personas menstruantes. Solo dos segundos nos bastaron para darnos cuenta de aquello que el Estado en su visión más androcentrista ignoró.

Resulta totalmente indigno que hoy, cuando tantos hogares chilenos han visto afectados sus empleos y sus ingresos, muchas personas menstruantes se vean enfrentadas a la disyuntiva de tener que optar entre comer o menstruar, puesto que no cuentan con un apoyo que debe ser garantizado por el Estado. O, acaso, ¿dejamos de menstruar en medio de la pandemia? No. Muy por el contrario, los efectos sobre la salud mental observados en esta pandemia como el estrés y la incertidumbre son variados, de creciente magnitud, se dan en múltiples niveles y afectan distintas dimensiones, incluyendo el período menstrual.

Naciones Unidas ha determinado que la falta de acceso al agua y al saneamiento básico y a productos de higiene menstrual, limpios y seguros, además de métodos de lavado o desecho de los mismos, dificultan el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el año 2030, pudiendo afectar sus derechos fundamentales tan esenciales como la salud, la educación, la vivienda, entre otros.

La propia Declaración y Plataforma de Acción de Beijing promueve la salud sexual y reproductiva de la mujer y su educación, pero lamentablemente solo quedan como recomendaciones teniendo como consecuencias que la menstruación y la salud reproductiva siguen siendo un tema descuidado y estigmatizado, incluso en las regiones más ricas del mundo.

Incluso, en países como la India, la falta de instalaciones sanitarias en la mayoría de las escuelas hacen que la menstruación se convierta en un catalizador para la deserción escolar, la transición a la edad adulta y, en consecuencia, el matrimonio infantil y el embarazo precoz, todo lo anterior ya sea por la insalubridad, los mitos y la incomodidad de las niñas y adolescentes al tener que convivir con su periodo y mancharse por no tener elementos que la resguarden.

No obstante, esta realidad no se limita a los países menos desarrollados. En Chile, aún falta educación sexual integral que ayude a nuestras niñas a comprender qué les está sucediendo cuando empiezan a menstruar y que involucre también a los niños y todo el ambiente familiar, escolar y social, derribando así supuestos estereotipos.

En este contexto creamos Feminube, una iniciativa que emerge desde la visión de mujeres organizadas, fuera de las estructuras gubernamentales, en tiempos muy duros y difíciles por la pandemia, buscando relevar los productos de higiene menstrual como artículos de primera necesidad. Gracias a las donaciones desinteresadas de decenas de personas hemos podido en unas pocas semanas aportar un alivio a muchas personas menstruantes que están sufriendo privaciones, dolores y angustias, entregándoles los productos de higiene menstrual que necesitan con urgencia y no pueden costear.

Pero nuestro objetivo no descansa allí, sino que es más profundo: que la higiene menstrual sea entendida como una cuestión de derechos humanos, en directa relación con la dignidad, el respeto, la educación y la eliminación de toda forma de discriminación contra las personas que menstrúan.

Solo discutiendo abiertamente sobre la menstruación lograremos un cambio cultural efectivo y duradero. Para que nunca más en Chile ninguna persona menstruante se vea enfrentada a tener que optar entre comer o menstruar, porque merecemos menstruar en las mismas condiciones y con dignidad siempre.