Magister en Gobierno y Gerencia Pública
A 7 meses de asumir el Gobierno del Presidente José Kast, es más que evidente que no da lo mismo quien gobierne. En 7 meses hemos retrocedido 20 años en derechos humanos, sociales y civiles. En 7 meses hemos retrocedido en cifras macroeconómicas de inversión, desempleo y proyección de crecimiento. Y para añadirle un pelo más a la sopa, en 7 meses también hemos retrocedido en seguridad.
¿En qué hemos avanzado?, la respuesta es que si usted no pertenece al 10% más rico de Chile, en nada.
Entonces, se repite en mi cabeza día tras día las clases de Ética pública que en mis años de universidad se nos hacían obligatorias para una carrera de administración pública. Y me pregunto si las nuevas autoridades al momento de asumir habrán leído (a lo menos) una parte de la Constitución Política de Chile o una parte si quiera, en términos generales, de la Ley de Bases Generales del Estado. Me pregunto si en caso de haberla leído, acaso entenderán lo que dice la Constitución Política de Chile, y cito, el articulo1°: “El Estado está al servicio de la persona humana y su finalidad es promover el bien común, para lo cual debe contribuir a crear las condiciones sociales que permitan a todos y a cada uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización espiritual y material posible, con pleno respeto a los derechos y garantías que esta Constitución establece”. Para que mencionar el párrafo siguiente porque claramente ese no lo conocen o no lo entienden.
Y es que para llegar a gobernar no basta solo tener las ganas, tener un partido político y querer gobernar. Para gobernar hay que prepararse, hay que conocer por qué existe el Estado. El mismo Estado que con las reglas del juego económico generó la fortuna del empresariado que el gobierno actual defiende.
Hay además un principio ético superior que diferencia la práctica de las ideas. Es un error creer que el Estado se maneja como una empresa. Se puede tener una ideología sí, pro mercado, sí, pero la ideología al gobernar debe tener un límite ético que no se traspase cuando genera un daño a las personas, a la legitimidad de un país o desvirtúen el espíritu de las leyes.
Dos ejemplos que refuerzan la idea anterior: La MEGAREFORMA anunciada por el ministro de hacienda como una de sus proezas políticas, que empobrece al Estado como garante de las condiciones mínimas de vida de la población, transgrede un límite ético; y no es lo mismo empobrecer y dejar de sostener un presupuesto nacional, que implementar una política económica que mejore las condiciones para la clase empresarial. Empobrecer al Estado va en contra de todo principio de bien común y corrompe el fin último de la creación de un Estado. Porque allí donde a la empresa no le interesa llegar para satisfacer necesidades básicas para todos sino solo para quienes pueden pagarlas, es el Estado quien tiene el “deber” de intervenir como garante de esas necesidades de educación, salud, alimentación y vivienda por nombrar algunas. Justo lo contrario a lo que este gobierno está haciendo, mostrando sin miedo su desprecio a la clase trabajadora.
Otro ejemplo es la firma de los decretos que rebajan pena a violadores reiterados de menores, narcotraficantes y torturadores. El límite ético, lo que nos permite identificar entre el bien y el mal para una sociedad, debe ser el impacto de esta decisión en las víctimas, en la percepción de justicia y en el peligro de reincidencia. Liberar “porque la ley lo permite” sin mirar el impacto de esa decisión, refleja claramente dos cosas: primero y lo más preocupante, que las autoridades de este gobierno no tienen ningún remordimiento ético ni moral en hacer lo incorrecto para beneficiar a sus promotores. Es decir, no importándoles a quien dañan para conseguir sus fines, no importándoles lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo ni los límites para conseguir sus propósitos. Y segundo, que también es preocupante porque tenemos 3 años aún de políticas públicas por dictar, es su falta de vergüenza al evidenciar su nula preparación para asumir cargos públicos, su nulo interés en enmendar errores y su nula consciencia de gobierno que rige un país y no un grupo de amigos.
Mi reflexión final es que al final, un gobierno es legítimamente elegido en las urnas, y por eso es tan importante reforzar la educación cívica, porque una ideología aplicada a ciegas es un peligro para nuestra sociedad, el fanatismo que resguarda intereses que son para unos pocos no puede estar por encima de un mandato popular con obligaciones y responsabilidades, no solo por ese 60% que voto por el actual gobierno y que hasta ahora no ha demostrado en ninguna acción que los representa. Sino porque en el límite de lo ético también corre peligro la democracia, cuando el mandato popular se transforma en un autoritarismo fanático donde la historia ya nos ha mostrado reiteradamente los resultados y las desdichas para las personas hayan votado por quien hayan votado. Ese peligro nos toca a todos.
