A fines de la década de los 60, los periodistas que debíamos viajar a Valparaíso por razones laborales teníamos dos referentes para el reporteo gráfico: Oscar “Magnesio” Arriagada, un fornido fotógrafo que había perdido un par de dedos de su mano con el uso y abuso de líquidos para revelar fotos y el joven Luis Arnez Montiel, que hacía sus primeras armas como reportero en el diario La Unión del puerto.

Este último nos cautivaba con su labia, historias increíbles que relataba con seguridad y convicción. Asimismo, las autoridades de entonces y también las instituciones, abrían sus corazones y puertas a este reportero gráfico incansable hasta la porfía para conseguir cualquier cosa que fuera menester para un buen trabajo de investigación periodística.

Con los años, Lucho fue perfeccionando sus habilidades en la gestión con los gobiernos de turno, pese a que ya militaba en el Partido Comunista, pero tenía amigos y contactos en todos los sectores políticos del PDC, el MIR y, también, personeros de la derecha y de la Iglesia Católica. Que se sepa, nunca con representantes de las fuerzas armadas ni de las policías.

Durante el gobierno del Presidente Salvador Allende, tras participar activamente en sus campañas de 1964 y la victoria de 1970, Arnés se incorporó al equipo de prensa de la Corporación de la Reforma Agraria que encabezaba el ingeniero David Baytelman Goldenberg con quien recorrió el país, fue testigo del fin del latifundio y del surgimiento de asentamientos y cooperativas campesinas a lo largo y ancho de Chile que le estaba cambiando la cara y desarrollando la economía de norte a sur.

Tras el golpe de estado, fue exonerado y comenzó una larga batalla por la justicia y la dignidad de los trabajadores, así como en defensa de los derechos humanos, denunciando con su lente y actitud los crímenes de lesa humanidad, a los aparatos represivos de la dictadura, el terrorismo de estado, la desaparición de detenidos políticos, los ejecutados, torturados, presos, exiliados y, especialmente, a los exonerados del régimen.

Golpeó incesantemente todas las puertas, los sucesivos gobiernos de la Concertación escucharon sus justas demandas, logrando algunos pesos en favor de sus colegas, “en la medida de los posible”, como asegurara el presidente Patricio Aylwin.

Pero Arnés no se contuvo y se incorporó con energía y entereza en los 90 a la tarea de reconstruir el Círculo de Periodistas de Santiago, donde fue destacado dirigente durante numerosos períodos, encabezando infaltablemente la Comisión de Solidaridad. En esa tarea visitó y atendió a periodistas en críticas condiciones de vida, consiguiéndoles hogares, sillas de ruedas, camas clínicas, cupos en hospitales y lo que fuera menester para su salud. Asimismo, todos los años lograba llevar hasta el vetusto edificio de Amunátegui 31 las vacunas contra la influenza, exámenes de densiomatría ósea, prostáticos y otros a sus colegas de edad avanzada.

También fue miembro y Consejero Metropolitano del Colegio de Periodistas y gracias a su pluralismo, tolerancia y rechazo al sectarismo, colaboraba indistintamente con el diario El Siglo del PC y, también, con la revista Punto Final del MIR.

Aunque ya superaba los 90 años seguía batallando por las pensiones miserables, fue protagonista en los inicio del movimiento “No + AFP” y no faltaba a marcha, mitin o actividad que se realizara con estos objetivos.

Afortunadamente tuvo tiempo para trazar también algunos párrafos de su historia contenidos en el libro “Revelando recuerdos, memorias de un reportero gráfico”, un esfuerzo personal digno de admiración por su contenido, el mensaje de vivir la solidaridad, que asoma en cada página. Un ejemplo de vida, compromiso y entrega que selló la lluviosa madrugada del miércoles 24 de junio, en sueño, junto a su esposa Gladys y con el amor de sus hijos, nietos y bisnietos, en su casa de Maipú, otrora lugar de encuentro cotidiano de amigos, vecinos y compañeros que no lo olvidarán.