Inicio Blog Página 3

Reportaje de Investigación: El Vía Crucis del Ministerio de la Mujer bajo la conducción ultracoservadora de la ministra Judith Marín

Crédito foto: Patricio Muñoz Moreno

El cambio de gobierno concretado el pasado 11 de 2026 marzo no solo significó una nueva conducción política para el país. También abrió un escenario de incertidumbre y preocupación al interior del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, una cartera históricamente vinculada a la promoción de derechos para las mujeres y al avance de políticas públicas con enfoque de género.

La llegada de Judith Marín al ministerio generó controversia desde el primer día. Su trayectoria ligada al extinto Partido Social Cristiano, uno de los sectores más conservadores de la coalición oficialista de ultraderecha, despertó cuestionamientos inmediatos desde organizaciones sociales, feministas, colectivas de mujeres y partidos de oposición. Cabe recordar que la actual secretaria de Estado, de religión evangélica, estuvo varias veces en el hemiciclo del Congreso Nacional protestando en contra de la aprobación de la ley de las 3 causales del aborto y, también, en contra del Matrimonio Igualitario. En ambas ocasiones, fue desalojado por Carabineros de Chile.

Su nombramiento fue interpretado por diversos sectores como una contradicción con el espíritu que dio origen a la institucionalidad de género en el país. Especialmente considerando sus posturas críticas frente a demandas históricas del movimiento de mujeres y feminista, como la ampliación del aborto legal, las políticas de transversalización de género y las discusiones sobre las desigualdades estructurales que afectan a las mujeres en Chile.

Fundamental para enfrentar las desigualdades estructurales que afectan a las mujeres en Chile

Para las agrupaciones, instalar a una figura con ese perfil al mando del ministerio fue leído incluso como una señal política provocadora frente a décadas de lucha impulsadas por las mujeres organizadas.

Pero las alertas no solo surgieron fuera del ministerio. También comenzaron a instalarse al interior de la propia institución.

“Hay preocupación por el rumbo que puede tomar el ministerio”

Trabajadoras de la repartición, muchas de ellas  con experiencia en distintos gobiernos y administraciones, reconocen vivir un ambiente de tensión silenciosa, incertidumbre y preocupación respecto del futuro político  e institucional de la cartera.

Una funcionaria del ministerio, quien accedió a entregar su testimonio bajo reserva de identidad para proteger su estabilidad laboral y evitar eventuales represalias, relata que el aterrizaje de las nuevas autoridades ha estado marcado por lentitud en la gestión y dificultades para comprender el funcionamiento interno del servicio.

“Ha sido bastante lento todo. A las nuevas autoridades les ha costado entender cómo funciona el ministerio y la rapidez que requiere una institución tan pequeña y multifuncional”, señala.

La trabajadora sostiene que las dificultades administrativas ya están teniendo efectos concretos sobre el funcionamiento cotidiano del ministerio y sobre las propias funcionarias, quienes en su mayoría sostienen el trabajo territorial y operativo de la cartera.

“Las horas extra de marzo, abril y mayo todavía están pendientes. Hay compañeras que trabajan sábados y domingos acompañando actividades y después no saben cómo les van a devolver esas horas”, denuncia otra fuente.

Según estima, al menos 50 trabajadoras y trabajadores se encontrarían afectados por retrasos administrativos relacionados con pagos y compensaciones horarias.

“Está todo muy lento. Desde presupuesto hasta fiscalía. Las respuestas salen a cuenta gotas”, agrega.

Aunque reconoce que las nuevas autoridades han mantenido un trato cordial y disposición al diálogo, asegura que las soluciones concretas siguen sin aparecer.

“Nos escuchan, toman nota, dicen que lo están evaluando, pero al final todo queda en silencio”, comenta.

El temor a debilitar el enfoque de género

Sin embargo, la principal preocupación  entre las trabajadoras no apunta únicamente a los problemas administrativos, sino al eventual cambio ideológico que podría experimentar el ministerio.

Funcionarias consultadas advierten señales que, a su juicio, podrían representar un intento de relativizar o debilitar el enfoque de género que históricamente ha guiado el trabajo de la institución.

Según relatan, existe inquietud respecto de cómo las nuevas autoridades entienden conceptos fundamentales vinculados a los derechos de las mujeres y la equidad de género.

“Hay preocupación de que se intente invisibilizar el enfoque de género o cambiar su significado. Y eso para quienes llevamos años trabajando acá es muy delicado, porque este ministerio existe justamente por esas luchas”, comenta la funcionaria entrevistada.

Para muchas trabajadoras, el Ministerio de la Mujer no es simplemente un organismo administrativo, sino el resultado de décadas de movilización feminista y de demandas históricas levantadas por mujeres que lucharon por instalar políticas públicas orientadas a combatir desigualdades estructurales, violencia de género y discriminación.

Por ello, cualquier señal de retroceso o debilitamiento de esa orientación genera alarma dentro de la institución.

“Hay una sensación muy fuerte de incertidumbre. No sabemos si esto es solo desorden inicial o si detrás existe una intención más profunda de cambiar el sentido del ministerio”, sostiene.

Preocupación por recorte presupuestario y posibles efectos sobre programas para mujeres

A las tensiones internas se suma ahora otro elemento que mantiene en alerta a las trabajadoras: el recorte presupuestario del 3% instruido por el Ministerio de Hacienda para distintos organismos públicos.

Según comenta la fuente consultada, dentro del ministerio existe preocupación respecto de cómo se implementará esa reducción y qué programas podrían verse afectados.

“El temor es que los ajustes terminen golpeando programas que son fundamentales para miles de mujeres, especialmente las más vulnerables”, advierte.

Entre las principales inquietudes aparece el futuro de PRODEMU, la Fundación para la Promoción y Desarrollo de la Mujer, institución histórica dedicada a fortalecer la independencia económica, capacitación, liderazgo y desarrollo personal de mujeres a lo largo del país.

PRODEMU trabaja especialmente con mujeres de sectores vulnerables, entregando herramientas de formación, apoyo al emprendimiento, alfabetización digital, capacitación laboral y fortalecimiento comunitario. Durante años, ha sido considerada una pieza clave para promover autonomía económica y ampliar oportunidades para mujeres en las distintas regiones de Chile.

Por ello, dentro del ministerio existe temor de que eventuales recortes presupuestarios puedan afectar programas territoriales, talleres, capacitaciones o redes de apoyo que benefician directamente a mujeres en contextos de vulnerabilidad.

“Cuando se reducen recursos en instituciones como esta, finalmente las afectadas terminan siendo las mujeres que más necesitan apoyo del Estado”, sostiene la funcionaria.

Las trabajadoras advierten que un debilitamiento presupuestario podría impactar directamente políticas de prevención de violencia, programas de autonomía económica y acciones de acompañamiento social impulsadas durante años desde el ministerio y organismos asociados.

Un ministerio nacido de las luchas feministas

El Ministerio de la Mujer y Equidad de Género nació precisamente como respuesta a demandas históricas levantadas por organizaciones feministas, movimientos sociales y agrupaciones de mujeres que durante décadas denunciaron desigualdades estructurales y violencia de género.

Por eso, para muchas trabajadoras, el actual escenario representa mucho más que un simple cambio administrativo.

Lo que hoy observan con inquietud, afirman, es la posibilidad de que se debiliten políticas públicas construidas durante años de lucha social y avances institucionales en materia de derechos para las mujeres en Democracia.

Mientras tanto, al interior del ministerio persiste una mezcla de cautela, preocupación y expectativa frente a las definiciones que adopten las nuevas autoridades durante los próximos meses.

“Estamos esperando qué va a pasar con el ministerio”, resume la funcionaria.

Y en esa espera, muchas trabajadoras sienten que lo que está en juego no es solo el funcionamiento de una cartera de gobierno, sino el futuro de políticas y derechos conquistados históricamente por las mujeres en Chile.

Con Fiesta de Los Locos Años 20 cerrará propuesta de Fin de Semana de Los Patrimonios en Quinta Normal

Imagen cedida

Tras el éxito de su primera versión, vuelven «Los Locos Años 20» a la Casona Dubois de Quinta Normal durante este fin de semana de los patrimonios.

La instancia, que se llevará a cabo desde las 11.00 horas de este domingo 31 de mayo, forma parte del rescate que la Municipalidad de Quinta Normal ha hecho de su patrimonio histórico y cultural, recordando una época que marcó el devenir de la comuna.

Música tradicional, chinchineros, charleston y más sorpresas tendrá esta jornada abierta a todo el público, que invita también a asistir caracterizado y sumarse a esta experiencia estética y atemporal.

Esta y más actividades patrimoniales se vivirán el 29, 30 y el 31 de mayo en diversos lugares de Quinta Normal, contando también con recorridos nocturnos por la histórica Casona Dubois, con el retorno de la gárgola.

Sí, porque después de varias décadas pérdida, este año vuelve a la Casona Dubois su histórica “Gárgola”, la cual será presentada al público que asista a los seis tradicionales recorridos nocturnos al tradicional recinto quintanormalino.

El Centro Cultural Casona Dubois se ubica en Ayuntamiento 1650, Quinta Normal. Y las visitas serán el viernes 29 de mayo, de 19 a 21.30 horas y puedes inscribirte en www.quintanormal.cl/actividades.

El sábado 30 de mayo se realizará la corrida Patrimonio en Movimiento, desde las 09:30 a 14:00 horas en el Parque de la Familia.  Posteriormente, de 15:30 a 17:00 horas, se efectuarán los también tradicionales recorridos patrimoniales en la Basílica de Lourdes.

FENADAJ emplaza al Gobierno por “paradoja” de Ley de 40 Horas que extiende jornada laboral en el sector público

Imagen cedida

La federación de trabajadores de las Corporaciones de Asistencia Judicial pidió al Presidente José Antonio Kast intervenir de forma urgente para corregir los efectos del dictamen de Contraloría que, según denuncian, termina elevando a 44,5 horas semanales la permanencia efectiva de funcionarios regidos por el Código del Trabajo.

La Federación Nacional del Acceso a la Justicia (FENADAJ) emplazó al Presidente de la República, José Antonio Kast, a intervenir con urgencia para corregir los efectos que ha generado la aplicación de la Ley de 40 Horas en el sector público regido por el Código del Trabajo, calificando la situación como una “paradoja jurídica inaceptable” que termina aumentando la permanencia laboral de las y los funcionarios.

En una carta enviada al Mandatario, la organización —que agrupa a trabajadoras y trabajadores de las Corporaciones de Asistencia Judicial desde Arica a Punta Arenas— manifestó su preocupación por las consecuencias derivadas del Dictamen N° D136/2026 de la Contraloría General de la República, emitido tras la entrada en vigencia del segundo tramo de la Ley N° 21.561, que redujo la jornada ordinaria máxima a 42 horas semanales.

Según expusieron sus dirigentes, el criterio fijado por el órgano contralor establece que, al disminuir la jornada contractual bajo las 43 horas, el tiempo de colación ya no puede imputarse a la jornada laboral para el personal público regido por el Código del Trabajo. En la práctica, sostienen, esto provoca que trabajadores y trabajadoras permanezcan hasta 44,5 horas semanales en sus lugares de trabajo, superando incluso la jornada previa a la reforma.

“La reducción horaria termina convirtiéndose en un aumento efectivo del tiempo de permanencia en las reparticiones públicas, desnaturalizando completamente el espíritu de conciliación familiar y calidad de vida que inspiró la Ley de 40 Horas”, advirtió la presidenta de la organización, Victoria Escalante, tras la entrega de la carta en el Palacio de Gobierno.

Escalante sostuvo además que la propia Contraloría “ha señalado reiteradamente que corresponde al Poder Ejecutivo subsanar las asimetrías o vacíos legales que afectan al empleo público”, justificando así la solicitud realizada al Ejecutivo para utilizar las facultades legales disponibles y corregir de inmediato esta situación.

Entre las medidas planteadas por la organización gremial se encuentra la utilización de la facultad de delegación legislativa contemplada en el artículo 39 de la Ley N° 21.806 de Reajuste del Sector Público, mediante la dictación de Decretos con Fuerza de Ley desde el Ministerio de Hacienda que permitan resguardar la colación computable como derecho adquirido y evitar discriminaciones entre funcionarios públicos.

Asimismo, solicitaron el ingreso urgente de un proyecto de ley general para el sector público que aborde la “deuda histórica de equidad laboral”, junto con incorporar normas transitorias que aseguren que la reducción de jornada no implique pérdida de condiciones laborales más favorables previamente consolidadas.

Finalmente, desde FENADAJ enfatizaron que esta situación ocurre en medio del proceso de instalación del Nuevo Servicio Nacional de Acceso a la Justicia y Defensoría de Víctimas, establecido en la Ley 21.780, advirtiendo que mantener la actual interpretación administrativa podría profundizar las desigualdades laborales dentro del sistema público de acceso a la justicia.

Desde el programa del ’47 al espacio territorial presente

PS-Chile

Conviene señalar que, al interior de las culturas partidarias, existen hitos programáticos e idearios que perduran en el tiempo, en la medida en que su vigencia logra renovarse. Tal es el caso del Programa de 1947 del Partido Socialista de Chile, el cual continúa siendo, hasta hoy, un referente político e identitario capaz de cohesionar una parte importante de su militancia y tradición doctrinaria, cuando se busca desarrollar un encuentro programático.

Ciertamente, existen otros momentos históricos e ideas fuerza que también cumplen dicha función; sin embargo, el Programa de 1947 alcanza una singular relevancia debido a la consistencia con que interpreta la realidad política, económica y social de su época y, a partir de ello, proyecta una orientación estratégica para el accionar partidario futuro.

Quizás una de las claves de su permanencia radica en la forma en que articula democracia y transformación social, utilizando el lenguaje político e intelectual característico de la primera mitad del siglo XX. En ese contexto, reivindica el análisis marxista como herramienta de diagnóstico y acción, planteando la superación revolucionaria del capitalismo reconociendo al Estado como instrumento fundamental para impulsar transformaciones estructurales, aun cuando dichas concepciones hayan sido posteriormente revisadas, reformuladas o incluso cuestionadas desde diversas corrientes políticas e ideológicas.

Otro aspecto relevante del programa es su posicionamiento frente al contexto internacional de la época. El texto desarrolla una mirada crítica tanto del capitalismo imperialista —representado entonces por Estados Unidos— como de las formas de dominación asociadas al comunismo soviético. Frente a ambos polos, propone la construcción de una alternativa latinoamericana sustentada en las propias realidades históricas, culturales y sociales de la región, junto con una vocación integracionista de carácter antiimperialista.

Un elemento transversal del documento es la centralidad otorgada al territorio. Este aparece como eje articulador del desarrollo, al reconocer el valor estratégico de los recursos naturales, su distribución espacial y su potencial para sustentar procesos de industrialización orientados a satisfacer las necesidades de las mayorías. Asimismo, el programa incorpora la dimensión marítima como factor de proyección internacional y desarrollo nacional. Esta mirada territorial —que hoy puede comprenderse no solo desde lo físico, sino también desde lo virtual y digital— refuerza la idea de un desarrollo situado, con identidad y arraigo social.

En esta misma línea, resulta especialmente vigente el énfasis del programa en la descentralización. El texto plantea la necesidad de una organización administrativa capaz de asegurar la participación efectiva de las regiones en la política económica del Estado, proponiendo mayores grados de autonomía territorial. Este debate continúa plenamente abierto en la actualidad, particularmente respecto de la autonomía fiscal, la distribución del poder político y el diseño institucional necesario para profundizar un proceso descentralizador que aún permanece inconcluso.

La vigencia del Programa de 1947 puede explicarse, en buena medida, por su capacidad de vincular las necesidades territoriales de su tiempo con aquellas que persisten en el presente. Su valor no reside únicamente en su contenido doctrinario, sino también en su profundo anclaje en la vida cotidiana de las personas: en sus comunidades, en sus espacios locales y en la experiencia concreta de búsqueda de dignidad humana en el diario vivir.

No obstante, este enfoque territorial debe dialogar hoy con una nueva dimensión: el espacio virtual. Las redes sociales, internet y la inteligencia artificial han configurado un entorno marcado por la sobreabundancia de información —la denominada “infocracia”— que influye decisivamente en la vida social, tanto positiva como negativamente. En este contexto, resulta fundamental reafirmar la centralidad del territorio concreto (el hogar, la cuadra, el barrio, la comuna en su dimensión urbana y rural, entre otros más), entendido como el espacio donde las necesidades reales se manifiestan y donde las transformaciones sociales adquieren materialidad.

En definitiva, el valor de esta perspectiva radica en reconocer que es en los territorios —en la vida cotidiana de las personas— donde se expresan las demandas por seguridad, trabajo, transporte, alimentación y bienestar (entre hartas más). Es allí donde la política adquiere sentido y donde los partidos deben representar y canalizar dichas necesidades, promoviendo soluciones que articulen desarrollo humano y crecimiento económico, sin subordinar el primero exclusivamente al segundo.

En términos contingentes, la actual reforma tributaria presentada por el gobierno bajo el nombre de “Plan de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social” (mayo de 2026) incorpora una profunda reforma económica centrada en la reducción de impuestos a empresas, la eliminación de contribuciones —con impacto directo en el Fondo Común Municipal, mecanismo fundamental para el financiamiento territorial y local— y el incentivo a la inversión tras los recientes incendios. Sin embargo, aunque el crecimiento económico constituye un componente relevante del desarrollo, un país no  progresa únicamente mediante el aumento de sus recursos fiscales o financieros (no asegurados en los resultados de la reforma). Es el desarrollo humano en los territorios (que implica crecimiento económico también), el que permite mejorar efectivamente la calidad de vida de las familias, comunidades y sociedades, siempre emplazadas en espacios concretos.

Así, la vigencia del Programa de 1947 no se explica únicamente por su valor histórico, sino también por su capacidad de articular democracia, territorio y dignidad humana como bases de un proyecto de desarrollo orientado a mejorar, de manera concreta y equitativa, la calidad de vida de las personas, tanto en el presente como hacia el futuro, más allá de indicadores exclusivamente económicos.

Día de los Patrimonios: UMCE exhibirá archivos históricos de Nicanor Parra, a 90 años de su egreso del antiguo Instituto Pedagógico

Imagen cedida

La Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE) mostrará la experiencia inmersiva “Hojas de Parra”, que permitirá que niños, niñas y sus familias conozcan las diversas facetas del antipoeta y su paso por esta casa de estudios.

En el marco del Día de los Patrimonios 2026, que se realizará este sábado 30 de mayo en todo el país, la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE) abrirá sus puertas para presentar la experiencia inmersiva “Hojas de Parra”, actividad que exhibirá los documentos históricos que dejó el antipoeta en el antiguo Instituto Pedagógico, del cual egresara como profesor hace 90 años.

La jornada incluye una muestra fotográfica y un recorrido por diversas estaciones de la universidad, con “hojas” intervenidas que simbolizan los pilares de la obra de Parra, como su mirada crítica de la sociedad, el humor y la ironía como motores de reflexión, la defensa del librepensamiento, el diálogo entre ciencia y poesía, el rescate del habla popular chilena y el poder transformador de la educación.

Además, las “Hojas de Parra” tendrán frases, dibujos y juegos cortos para que niños y niñas descubran las dimensiones del antipoeta, desde su rol como profesor apasionado por enseñar, hasta su labor como escritor que rompió las reglas literarias tradicionales y su faceta científica con la cual miraba el mundo con curiosidad matemática.

La experiencia inmersiva está a cargo del Museo del Instituto Pedagógico Valentín Letelier de la UMCE, que en esta oportunidad también presentará a su personaje Anacleto, un pequeño ratón interactivo que es parte de las estrategias de mediación para acompañar a niña y niños en el recorrido por el universo de Parra, mediante preguntas y acertijos.

Esta actividad del Día de los Patrimonios se realizará el sábado 30 de mayo, entre las 11:00 y las 17:00 horas, en la Casa Central de la UMCE, ubicada en Av. José Pedro Alessandri 774, Ñuñoa. Con ello, la universidad busca conectar a las nuevas generaciones con el legado del antiguo Instituto Pedagógico, espacio que fue vital en la formación docente y en la historia intelectual chilena, y cuya heredera es la actual casa de estudios.

Programa de la actividad “Hojas de Parra”:

  • 11:30 horas: Inauguración de “Hojas de Parra”.
  • 12:00 horas: Muestra interactiva de Anacleto para niños y niñas.
  • 12:00 horas: Recorrido por el viejo Pedagógico. Salas, patios y espacios vinculados a Nicanor Parra.
  • 14:00 horas: Exposición “Nicanor Parra profesor: vida académica, legado pedagógico e historia del Instituto Pedagógico”.
  • 14:45 horas: Recorrido patrimonial “Por donde caminó Parra”.
  • 15:30 horas: Actividad familiar y participativa “Las hojas de Parra”, junto a Anacleto.
  • 16:00 horas: Lectura abierta de antipoesía y reflexiones colectivas.
  • 16:30 horas: Cierre de la jornada, fotografías y despedida.

Ex autoridades de Boric comenzaron a responder tergiversaciones y mentiras

Y se acabó el silencio. La travesía por un mar pacífico que le había concedido la actual oposición al gobierno de Kast y a la que se habían acostumbrado, se terminó. Durante tres meses el progresismo soportó con estoicismo ataques, mentiras, tergiversaciones, apoderamiento de obras y acciones iniciadas por Boric por parte de los flamantes y, en su mayoría, inexpertos personeros provenientes de la empresa privada. ¿De conocimiento del Estado? Nada o muy poco. Ejemplo de ello es la salida antes de tiempo de dos ministras claves en el gobierno: de Seguridad y la Vocería.

Ahora, están saliendo las ex autoridades a responder las mentiras y tergiversaciones. Lo último fue el ataque brutal y mentiroso al ex ministro de Hacienda Nicolás Grau. El zar de las platas de Kast, empoderado hasta borrar la línea divisoria entre ministro de Hacienda y Presidente de la República, llamó a conferencia de prensa para  dar a conocer y acusar al ex gobierno de Gabriel Boric de haber entregado proyecciones fiscales “inconsistentes” y de subestimar el verdadero nivel de deuda pública que tendría Chile hacia 2030.

Según Quiroz, en el último Informe de Finanzas Públicas (IFP) del gobierno anterior “los déficits aumentaban, pero la deuda no crecía en la misma proporción”, lo que a su juicio evidenciaría errores o inconsistencias técnicas en los cálculos de la Dipres. Afirmó que habría una diferencia de unos US$10.500 millones en la proyección de deuda pública.

Contrariamente a otros ataques y tergiversaciones de Hacienda, el ex ministro esta vez se apresuró a responder. Negó que existieran “errores de cálculo” en las proyecciones fiscales del gobierno de Gabriel Boric.  “La proyección es consistente y no tiene errores de cálculo”.

El exministro sostuvo que Quiroz estaría simplificando el cálculo de la deuda pública y omitiendo variables macroeconómicas relevantes. Según Grau, la deuda no depende solamente del déficit fiscal acumulado, sino también del tipo de cambio, inflación, PIB nominal y movimientos financieros “bajo la línea”.

Fue más allá el ex ministro. Incluso explicó el punto técnico que cuestionaba Quiroz: “¿Por qué si el déficit efectivo proyectado acumulado al 2030 aumentó en 13 billones, la deuda al 2030 sube en un monto menor?” Su respuesta fue drástica y la entienden perfectamente los economistas de cualquier color: la deuda en pesos/PIB depende del déficit efectivo, pero también del tipo de cambio, de la inflación, del PIB nominal y de movimientos bajo la línea”.

El ministro de Hacienda -afirmó- se apresura al señalar que habría un “cálculo errado”. Y planteó que “una cosa es una diferencia respecto a supuestos y otra es que, condicional a esos supuestos, se hizo un error de cálculo”.

Y defendió a rajatabla lo que Quiroz hasta ahora no es capaz de reconocer:  “La deuda/PIB bajó en 2025 respecto a 2024, algo que no pasaba hace 18 años”. En el mismo sentido se pronunció el ex ministro de Hacienda, Mario Marcel

El porqué de estos ataques

El gobierno de Kast, -vía su ministro de Hacienda- busca conseguir varias cosas acusando a la administración de Boric. Para comenzar y frente a las protestas que ya se iniciaron por los recortes de Quiroz que recién se están conociendo, está justamente justificar el ajuste fiscal y los recortes.

No se puede olvidar que el gobierno de José Antonio Kast llegó prometiendo reducir el gasto público en unos US$6.000 millones y aplicar una fuerte disciplina fiscal. Para defender medidas impopulares —como recortes en salud, ajustes presupuestarios o reducción del aparato estatal— necesita instalar la idea de que recibió “las cuentas desordenadas”.

Es cuestión de revisar algunos medios de comunicación, no todos, para comprobar que el gobierno enfrenta críticas tempranas por seguridad, cambios de gabinete, alzas de combustibles y recortes sociales, entre otras perlas que se le acumulan ya. En ese contexto, trasladar parte del debate hacia la “situación fiscal heredada” ayuda a  cambiar el foco y responsabilizar a la administración anterior.

Muchas medidas del programa económico de Kast —rebaja de impuestos corporativos, reducción del Estado, recortes presupuestarios— son criticadas como ideológicas. Pero, Quiroz intenta presentarlas como una “necesidad técnica” derivada del deterioro fiscal.

Con todo esto, el oficialismo pretende instalar un relato de “herencia recibida” como caballito de batalla para explicar por qué algunas promesas de campaña no avanzan al ritmo prometido. Quiroz ha hablado de una caja fiscal “vacía” o “1% de lo normal”; gastos trasladados desde el 2025 al 2026; deuda subestimada; e inconsistencias” en las proyecciones fiscales. Así, le da legitimidad técnica a decisiones absolutamente ideológicas, que obviamente son negadas por el oficialismo.

Por el momento la acusación es “mal cálculo”. La pregunta es ¿cuánto demorarán en acusarlo de robos director o indirectos?

Para eso estará la acusación constitucional que decidió presentar el partido Libertario, a lo que se sumaron de inmediato los Republicanos. Se afirma que la UDI no le hace asco a dicho instrumento. Todo sea por sacarse el bicho del odio que aún mantienen en el alma.

De presentarla, lo probable es que se sume una parte muy importante de la derecha tradicional. La experiencia indica que cuando la oposición del gobierno anterior ha evaluado acusaciones constitucionales contra ministros ligados al manejo económico o administrativo del gobierno, se ha visto una coordinación bastante amplia entre UDI, RN, Evópoli, Republicanos e incluso sectores de Demócratas.

Y mientras la ciudadanía recién se está enterando de que en hospitales, policlínicos e incluso en Fonasa hay peligro en la atención de chilenos y chilenas, porque los recortes al presupuesto del 2,5% instruidos por Hacienda el Ministerio de Salud (Minsal), son reales –las municipalidades del progresismo y de la derecha se unieron para reclamar por ello- en el Senado comenzaron a prepararse para analizar y debatir el megaproyecto de Quiroz.

¿Qué pasará si se aprueba en el Senado?

Tras la cuenta pública del Presidente José Antonio Kast, el Senado comenzará la discusión del proyecto de Reconstrucción Nacional. El senador y presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, aseguró en radio Duna que ve un “muy buen clima” en la Cámara Alta para discutir el proyecto.

Hoy el Senado aparece muy dividido para aprobar el megaproyecto de Jorge Quiroz. El gobierno de José Antonio Kast llega con una ventaja teórica, pero lejos de tener el triunfo asegurado. La sensación en Valparaíso es que la pelea será “artículo por artículo” y “senador por senador”.

El Ejecutivo contaría, en teoría, con unos 25 o 26 senadores cercanos: Republicanos, la UDI, buena parte de RN, algunos independientes cercanos, Demócratas o sectores regionalistas.

Los votos que hoy aparecen “en duda” y donde reside la clave del proyecto podrían estar en sectores moderados de RN, independientes de derecha, demócratas y regionalistas. Aunque es casi imposible creer que en la derecha habrá fisuras a la hora de votar – incluyendo al senador de Magallanes enojado porque no le consultaron a la hora de negociar como lo hicieron con el PDG en la Cámara de Diputados- se observará con atención, por ejemplo a Paulina Núñez (RN), que ha presionado por temas como sala cuna universal; María José Gatica (RN) que ha manifestado preocupación por eventuales recortes en salud y le ha pedido a Quiroz que se baje del trono. Hay también algunos senadores oficialistas que consideran excesiva la invariabilidad tributaria por 25 años.

Y hay un elemento político importante: muchos senadores de derecha no quieren aparecer debilitando a Kast, pero tampoco quieren cargar solos con medidas impopulares si la economía o el empleo empeoran en los próximos meses. Por eso, varios están tratando de marcar distancia sin romper completamente con el gobierno.

El escenario ideal para Squella sería “que todo el Socialismo Democrático, la antigua concertación, si es que algo de ese espíritu se sumara a la mesa, pusiera todo lo que ellos creen conveniente adicionar a las medidas y esto se ganara por hartos votos”.

“Pero si no, la verdad es que con un voto más, bienvenido. Y el efecto para el mundo de que Chile es el lugar para invertir en esta región, se logra igual”. Entonces, así sea con un voto, lo probable es que el proyecto de Quiroz se apruebe.

SI eso ocurriera, el gobierno de José Antonio Kast intentaría mostrarlo como un triunfo histórico igual, porque lograr aprobar una reforma tan grande en un Congreso dividido ya sería una victoria formal,

Pero una aprobación mínima también tendría costos y riesgos: mostraría un gobierno políticamente débil y sin mayoría sólida. Confirmaría fracturas incluso dentro de la derecha tradicional. Haría mucho más difícil aprobar las leyes complementarias posteriores. Abriría espacio para reformas o incluso desmantelamientos parciales si cambia la correlación política en el futuro.

Una aprobación estrecha suele generar la sensación de que el país quedó dividido prácticamente en dos mitades respecto del proyecto. Eso afecta la legitimidad política, aunque legalmente la ley quede aprobada. Y podría ocurrir que haya mayor presión social y municipal; judicialización o control constitucional; tensión dentro de Chile Vamos; fragilidad económica y de mercado. Porque paradójicamente, los mercados suelen valorar que una reforma se apruebe, pero también observan cuán estable políticamente queda. Si la ley pasa por una diferencia mínima, muchos inversionistas pueden preguntarse si durará; si será revertida; si habrá conflictividad social; o si la cambiarán tras la próxima elección. Todo especialmente peligroso para el gobierno, porque este proyecto -dicen ellos- apuesta a atraer inversión mediante “invariabilidad tributaria” y señales de estabilidad de largo plazo.

Gremio de profesionales de la salud alerta que recorte presupuestario ya está afectando la atención de pacientes

Foto de Sitio Web confedeprus.cl/

La Confederación Democrática de Profesionales Universitarios de la Salud (CONFEDEPRUS) participó este lunes 25 de mayo, junto a otros gremios del sector salud, en una reunión con partidos políticos de oposición realizada en la sede del Partido Socialista.

El encuentro tuvo como objetivo articular acciones conjuntas frente a distintas iniciativas impulsadas por el Gobierno que, según señalaron los asistentes, podrían afectar el acceso a la salud pública y las condiciones laborales de los trabajadores del sector.

Tras la cita, dirigentes gremiales y presidentes de partidos realizaron una conferencia de prensa donde manifestaron su rechazo al proyecto de ley de Reconstrucción Nacional. En la instancia, señalaron que impulsarán esfuerzos para que en el Senado se amplíe el debate y se logre un acuerdo que considere a todos los sectores políticos, así como también a organizaciones sindicales y sociales.

Asimismo, los participantes hicieron un llamado a revertir el Decreto 333, medida que contempla una disminución de 2,4% en el presupuesto del Ministerio de Salud. A juicio de los dirigentes, este recorte impactaría directamente en la atención de los usuarios y en las condiciones de trabajo del personal sanitario.

La presidenta de CONFEDEPRUS,  Camila Fuentevilla Maturana, sostuvo que “hay un apoyo importante y transversal a la defensa de la salud pública, y en ese sentido tenemos que avanzar”.

Además, agregó que “queremos reiterar nuestra solicitud a la ciudadanía, a las organizaciones de la sociedad civil y a las organizaciones sociales, a realizar las fiscalizaciones necesarias ante el aumento de horas de espera en las urgencias y la atención, porque sabemos que el recorte presupuestario ya está afectando”.

Cuando la democracia pide un Estado capaz y la derecha ofrece un Estado reducido: una lectura crítica del programa de Kast desde el PNUD

Chile no vive solamente una disputa sobre impuestos, permisos ambientales, seguridad o gasto público. Lo que está en juego es más profundo: una disputa sobre el sentido del Estado democrático en una sociedad cansada, desconfiada y sometida a múltiples presiones. La pregunta de fondo no es si el Estado debe ser grande o pequeño en abstracto. Esa es una falsa disyuntiva. La verdadera pregunta es si Chile necesita un Estado capaz de sostener derechos, seguridad, desarrollo humano, regulación legítima y cohesión social, o si, por el contrario, debe aceptar la idea de que el Estado es principalmente una carga, un obstáculo, un derroche o una traba para el crecimiento.

El Informe sobre Democracia y Desarrollo 2026 del PNUD, titulado Democracias bajo presión, entrega una clave interpretativa especialmente relevante para leer el momento chileno. Su tesis no se limita a defender la democracia electoral como procedimiento formal. El PNUD propone mirar la democracia a través de un triángulo inseparable: democracia, desarrollo humano y Estado. La democracia es el régimen político que permite deliberar, representar intereses, procesar conflictos y decidir colectivamente. El desarrollo humano es la expansión de capacidades reales para que las personas puedan vivir vidas que tengan razones para valorar. Y el Estado es el dispositivo institucional que transforma derechos, promesas electorales y decisiones colectivas en bienes públicos, servicios, seguridad, regulación, redistribución y garantías efectivas.

Esa mirada es decisiva porque permite escapar de una comprensión pobre de la democracia. Una sociedad puede votar periódicamente y, sin embargo, estar democráticamente erosionada. Puede tener elecciones competitivas, Congreso, partidos, tribunales y órganos autónomos, pero si esas instituciones no logran producir seguridad, bienestar, igualdad política, información confiable y confianza pública, la democracia comienza a vaciarse desde dentro. No se derrumba necesariamente por un golpe, sino por una pérdida progresiva de sentido: las personas siguen votando, pero dejan de creer que la política puede mejorar sus vidas.

Desde esta perspectiva, la democracia chilena no está simplemente amenazada por la delincuencia, la migración, el bajo crecimiento o la burocracia. Está bajo presión porque existe una fractura más profunda entre expectativas sociales, capacidad estatal y resultados concretos. Las personas demandan seguridad, salud oportuna, pensiones dignas, vivienda, transporte, educación, empleo, trato justo y protección frente al abuso. Pero cuando el Estado no llega, llega tarde, llega mal o llega de manera desigual, la promesa democrática se debilita. Ahí aparece el punto central del PNUD: la democracia no se sostiene solo con procedimientos; se sostiene con capacidades públicas que permitan convertir derechos en experiencia cotidiana.

Por eso el Estado ocupa un lugar tan importante en el informe. El PNUD señala que el vínculo entre democracia y desarrollo humano depende de un actor central: el Estado, entendido como el conjunto de organizaciones que ejecutan políticas públicas y traducen promesas electorales en resultados concretos. Además, recuerda que el Estado incide en el desarrollo humano mediante dos funciones inseparables: por una parte, promoviendo empleo, regulando mercados e incentivando inversión; por otra, redistribuyendo mediante impuestos y gasto público.

La precisión es importante. El PNUD no defiende un Estado burocrático, ineficiente o capturado. No está diciendo que cualquier gasto público sea bueno ni que toda regulación sea virtuosa. Lo que plantea es algo bastante más exigente: sin Estado capaz no hay democracia sustantiva. Sin presencia territorial, sin servicios públicos, sin redistribución, sin regulación legítima, sin fiscalización, sin capacidad profesional y sin recursos suficientes, la democracia queda reducida a una arquitectura formal incapaz de producir bienestar y confianza.

El propio informe muestra que América Latina y el Caribe tiene un problema estructural de baja capacidad redistributiva. Mientras en la Unión Europea la intervención estatal reduce fuertemente la desigualdad después de impuestos y transferencias, en América Latina esa reducción es mucho menor. Es decir, el problema regional no es que el Estado redistribuya demasiado, sino que redistribuye poco y de manera insuficiente.

Ahí comienza la tensión con el programa de gobierno de José Antonio Kast y con las llamadas megareformas impulsadas en el Parlamento. El programa de Kast reconoce síntomas reales: inseguridad, bajo crecimiento, lentitud administrativa, malestar social, desconfianza institucional y frustración frente al funcionamiento del Estado. Sería un error negar que esos problemas existen. El Estado chileno tiene fallas de gestión, duplicidades, demoras, desigualdad territorial, listas de espera, trámites excesivos, baja coordinación institucional y servicios que muchas veces no responden adecuadamente a la ciudadanía. Pero una cosa es reconocer la existencia de fallas estatales y otra muy distinta es convertir esas fallas en una narrativa general contra la capacidad pública.

El programa de Kast parte de una idea ordenadora: Chile estaría bloqueado por exceso de Estado, burocracia, permisología, gasto público, impuestos altos, inseguridad y falta de autoridad. Su respuesta se organiza como un “gobierno de emergencia” en tres grandes ejes: seguridad, economía y agenda social. En economía, propone menos trabas, rebaja de impuestos y un ajuste fiscal de US$ 6.000 millones; en seguridad, control territorial y cierre de fronteras; y en agenda social, medidas en listas de espera, educación y vivienda. (Ex-Ante)

La fuerza política de ese relato es evidente. Habla al cansancio ciudadano. Dice: basta de delincuencia, basta de burocracia, basta de impuestos, basta de espera, basta de desorden. Pero su debilidad está en que transforma una experiencia real de malestar en una explicación demasiado simple: si el país no avanza, sería porque el Estado estorba. Esa idea puede ser comunicacionalmente eficaz, pero resulta empíricamente insuficiente si no demuestra con precisión que reducir impuestos, recortar gasto y facilitar permisos producirá automáticamente inversión, empleo, bienestar y legitimidad democrática.

La hipótesis crítica es esta: el programa de Kast tiene datos, pero no necesariamente evidencia suficiente. Tiene cifras, pero no demuestra todas sus causalidades. Tiene metas, pero no siempre mecanismos verificables. Tiene relato de eficiencia, pero no muestra con claridad los costos democráticos, fiscales y sociales de reducir capacidades estatales en un contexto en que, según el PNUD, la democracia necesita precisamente mayor capacidad pública.

El primer punto problemático es el ajuste fiscal. Kast propuso reducir el gasto público en US$ 6.000 millones. Esa cifra se presenta bajo el lenguaje de eliminar derroche, auditar el Estado, reasignar recursos y ordenar las finanzas públicas. Pero para sostener que existen miles de millones de dólares disponibles en “grasa estatal” no basta con invocar la palabra eficiencia. Se requiere identificar con precisión qué programas serán eliminados, qué partidas serán reducidas, qué servicios serán afectados, qué territorios resentirán el ajuste, qué funciones públicas se consideran prescindibles y cuáles son los impactos sobre salud, educación, vivienda, seguridad, cuidados, municipios, fiscalización ambiental y protección social.

Sin esa matriz, el ajuste opera como una promesa opaca. La ciudadanía escucha que se recortará grasa, pero no sabe si se terminará cortando músculo social. Y en una democracia bajo presión, esa diferencia es decisiva. No todo ajuste fiscal es antidemocrático; puede haber gastos mal diseñados, programas mal evaluados y estructuras innecesarias. Pero un ajuste sin trazabilidad social y territorial puede debilitar las mismas capacidades que permiten sostener legitimidad democrática.

El segundo punto es la rebaja del impuesto corporativo. El programa y las megareformas han propuesto reducir el impuesto de primera categoría desde 27% a 23%. En el debate parlamentario, esa medida fue presentada como una palanca para reactivar inversión, crecimiento y empleo. La Cámara de Diputados aprobó la reducción del impuesto corporativo, junto con la reintegración tributaria, crédito tributario al empleo e invariabilidad tributaria para grandes inversiones. (CNN Chile)

El problema no es que una rebaja tributaria sea, por definición, ilegítima. El problema es que debe probar su promesa pública. Si se afirma que bajar impuestos generará inversión, empleo y crecimiento suficiente para compensar la menor recaudación, entonces corresponde demostrarlo: cuánto se espera invertir, en qué sectores, con qué elasticidad, en qué plazo, cuántos empleos formales se crearán, qué tipo de empleos serán, cuánto se recuperará por mayor actividad económica y cómo se evitará que la pérdida fiscal afecte bienes públicos esenciales.

Sin esa demostración, la rebaja tributaria se parece más a una apuesta ideológica que a una política pública empíricamente robusta. Puede beneficiar la rentabilidad empresarial, pero no necesariamente producir desarrollo humano. Puede aumentar caja privada, pero no necesariamente inversión productiva. Puede mejorar expectativas del capital, pero reducir recursos del Estado. Y si el Estado ya tiene baja capacidad redistributiva, como advierte el PNUD para América Latina, entonces una reducción tributaria permanente requiere un estándar de justificación mucho más alto.

El tercer punto crítico es la invariabilidad tributaria. La megarreforma aprobada en la Cámara incluyó un régimen de invariabilidad por 25 años para inversiones superiores a US$ 50 millones. La medida fue respaldada por 81 votos a favor, 69 en contra y dos abstenciones, y pasó a la discusión del Senado. (CNN Chile)

La invariabilidad se presenta como certeza jurídica. Y es cierto: la inversión valora estabilidad, reglas claras y previsibilidad. Pero una democracia también requiere capacidad de adaptación fiscal. Amarrar reglas tributarias por 20 o 25 años no es una decisión meramente técnica; es una decisión política de enorme alcance. Significa limitar la capacidad de futuros gobiernos y futuras mayorías democráticas para modificar condiciones fiscales ante nuevas crisis, nuevas desigualdades, nuevas demandas sociales o nuevas necesidades ambientales.

El punto no es negar toda certeza a la inversión. El punto es preguntar cuánta certeza puede entregarse al capital sin transformar la incertidumbre en costo ciudadano. Porque una invariabilidad extensa puede garantizar tranquilidad al inversionista, pero reducir flexibilidad al Estado. Y en una democracia bajo presión, donde las demandas sociales cambian, la economía se transforma y las crisis se acumulan, debilitar la capacidad futura de decisión fiscal puede convertirse en una forma silenciosa de desposesión democrática.

El cuarto punto es la llamada permisología. Kast y su programa sostienen que Chile necesita destrabar inversiones, reducir permisos, acelerar procesos y terminar con el obstruccionismo. Nuevamente, el problema que identifica no es falso. Chile tiene procesos lentos, incertidumbre regulatoria, duplicidades administrativas y conflictos que pueden extender indefinidamente proyectos relevantes. Pero la pregunta es qué se entiende por destrabar. Si destrabar significa reducir arbitrariedad, eliminar duplicidades, mejorar coordinación pública, profesionalizar evaluación ambiental y dar plazos claros, entonces puede ser una reforma razonable. Pero si destrabar significa debilitar fiscalización, reducir participación, acortar controles ambientales o subordinar la regulación al interés de grandes inversiones, entonces el costo democrático puede ser alto.

La regulación no existe solo para molestar al inversionista. Existe para ordenar conflictos, proteger territorios, resguardar bienes comunes, prevenir daños ambientales, equilibrar asimetrías de poder y construir legitimidad. El PNUD recuerda que el Estado es mediador entre democracia y desarrollo humano; por tanto, sus funciones regulatorias no son un accesorio burocrático, sino parte de la arquitectura que permite procesar democráticamente conflictos sociales, económicos y ambientales.

En este punto, la comparación entre PNUD y Kast se vuelve muy nítida. Para el PNUD, la debilidad latinoamericana está en Estados que no alcanzan: Estados que llegan de manera desigual, que no redistribuyen suficientemente, que tienen presencia territorial fragmentada, que no logran convertir derechos en garantías homogéneas. El informe señala que la presencia estatal territorial es clave para el desarrollo humano, porque el acceso a servicios públicos como salud, educación, agua, saneamiento, electrificación y documentos de identidad condiciona las oportunidades reales de las personas.

Para Kast, en cambio, el diagnóstico tiende a ser el de un Estado que sobra: demasiados permisos, demasiados impuestos, demasiado gasto, demasiada burocracia. Esa diferencia no es técnica, sino política. Define dos proyectos de país. Uno entiende que la crisis democrática requiere más capacidad pública, mejor Estado, mayor presencia territorial y redistribución efectiva. El otro entiende que el país necesita liberar al mercado de un Estado que estorba, ordenar la seguridad con más autoridad y reconstruir la confianza mediante inversión privada.

La seguridad es probablemente el terreno donde ambos diagnósticos parecen acercarse, pero también donde se separan con mayor claridad. El PNUD reconoce que el crimen organizado y la inseguridad son presiones reales sobre la democracia. No se trata solo de delitos comunes. El crimen organizado puede disputar el monopolio estatal de la fuerza, controlar territorios, corromper instituciones, distorsionar mercados, erosionar confianza comunitaria y afectar la representación política. El informe advierte que estos fenómenos debilitan la capacidad estatal, restringen libertades cotidianas, erosionan capital social y polarizan el debate público entre respuestas de mano dura, militarización o enfoques preventivos.

Kast recoge esa preocupación, pero su respuesta se estructura principalmente desde una gramática de orden: control territorial, cierre de fronteras, respaldo a policías, endurecimiento penal y autoridad. Esa respuesta puede conectar con una demanda legítima de seguridad. Nadie puede vivir plenamente la democracia si vive con miedo. Pero la seguridad democrática no se agota en castigo y control. Requiere prevención social, inteligencia financiera, persecución penal eficaz, control de armas, sistema penitenciario funcional, reinserción, urbanismo, oportunidades juveniles, cohesión barrial, confianza policial y presencia estatal legítima.

Cuando la seguridad se reduce a coerción, corre el riesgo de administrar los síntomas del deterioro sin transformar sus causas. Puede contener temporalmente ciertos delitos, pero no reconstruir confianza. Puede mostrar autoridad, pero no producir legitimidad. Puede responder al miedo, pero no resolver la vulnerabilidad social que permite que las economías ilícitas ganen presencia en territorios abandonados.

Hay, además, una dimensión que el PNUD desarrolla con fuerza y que el programa de Kast parece abordar de manera insuficiente: la presión digital. Las democracias actuales no se erosionan solo por delincuencia, desigualdad o mala gestión estatal. También se erosionan por desinformación, manipulación algorítmica, cámaras de eco, violencia digital, fragmentación informativa y pérdida de confianza en la verdad pública.

El PNUD muestra una paradoja inquietante: en América Latina, muchas personas desconfían de las redes sociales, pero al mismo tiempo las usan como fuente principal de noticias. En Chile, la propia información del informe muestra altos niveles de desconfianza en redes sociales y, simultáneamente, alta dependencia de ellas para informarse.

Este dato es fundamental para la política chilena. La ciudadanía vive dentro de un ecosistema informativo del que sospecha, pero del cual depende. Allí se construyen percepciones sobre seguridad, migración, impuestos, corrupción, Estado, empresarios, derechos sociales y democracia. Si una reforma tributaria compleja se comunica como “alivio al crecimiento” o “regalo a los ricos”, si una política migratoria se reduce a “orden” o “xenofobia”, si el Estado se presenta como “grasa” o como “derechos”, la deliberación democrática queda sometida a marcos emocionales de enorme potencia.

El programa de Kast habla de tecnología, digitalización y eficiencia estatal, pero no parece ofrecer una reflexión equivalente sobre la democracia digital: transparencia algorítmica, alfabetización mediática, regulación de IA electoral, protección frente a desinformación, fortalecimiento del periodismo local y reconstrucción de una esfera pública confiable. Ese vacío es relevante, porque una democracia bajo presión no solo necesita policías, inversión o gasto eficiente; necesita también condiciones mínimas para deliberar con información pública confiable.

La palabra “reconstrucción” resume bien la ambigüedad del proyecto. El Plan de Reconstrucción Nacional incluye medidas que pueden tener justificación social inmediata, como apoyo a familias afectadas por incendios, financiamiento de viviendas, exención de contribuciones para adultos mayores y medidas de empleo formal. La prensa informó que la megarreforma aprobada por la Cámara incluye medidas económicas, tributarias, laborales, ambientales y habitacionales, destacando la reducción del impuesto corporativo, crédito tributario al empleo, eliminación del pago de contribuciones para mayores de 65 años e invariabilidad tributaria para grandes inversiones. (El País)

Pero bajo ese lenguaje de reconstrucción se aloja una pregunta incómoda: ¿qué se está reconstruyendo realmente? ¿La capacidad pública del Estado para responder a una ciudadanía bajo presión? ¿O las condiciones de rentabilidad, certeza y protección regulatoria para grandes inversiones? ¿Se reconstruye el vínculo entre democracia y desarrollo humano, o se reconstruye la confianza del capital mediante un Estado fiscalmente más débil y regulatoriamente más limitado?

La paradoja es que el proyecto promete reconstrucción, pero podría producir desposesión institucional si reduce recursos públicos, limita potestades futuras y debilita funciones regulatorias. No porque toda medida sea negativa, sino porque el paquete general puede desplazar capacidad desde el Estado hacia el mercado. Puede entregar certeza al inversionista y dejar incertidumbre al ciudadano. Puede acelerar proyectos y, al mismo tiempo, reducir controles. Puede prometer empleo y, al mismo tiempo, afectar recaudación. Puede hablar de eficiencia y terminar debilitando servicios.

En ese sentido, la crítica no debe formularse como defensa acrítica del Estado existente. El Estado chileno necesita reformas profundas. Necesita ser más eficiente, más transparente, más territorial, más profesional, más evaluable y menos abusivo con las personas. Necesita reducir trámites absurdos, combatir corrupción, mejorar compras públicas, coordinar servicios, fortalecer municipios, digitalizar procesos sin excluir a quienes no tienen habilidades digitales y orientar su acción a resultados verificables. Pero reformar el Estado no es lo mismo que vaciarlo. Modernizar no es reducir sin distinguir. Eficiencia no es sinónimo de adelgazamiento fiscal.

El documento de trabajo que dio origen a este ensayo lo formula con claridad: la democracia chilena atraviesa una crisis de legitimidad sustantiva que no se resuelve solo con procedimientos electorales, sino reconstruyendo el vínculo entre democracia, Estado y desarrollo humano. También advierte que, al proponer reducción agresiva del gasto, rebaja del impuesto corporativo y desregulación institucional, el programa de Kast no demuestra suficientemente cómo una contracción estatal podrá responder a las crecientes demandas sociales que alimentan la desconfianza democrática.

Esa es la tensión decisiva. El PNUD diagnostica una democracia que necesita más capacidad pública para producir bienestar, seguridad y confianza. Kast diagnostica un Estado que debe ser reducido, auditado y disciplinado para liberar inversión, empleo y orden. Ambas miradas reconocen el malestar, pero lo interpretan de manera radicalmente distinta. Para el PNUD, la democracia se erosiona cuando el Estado no alcanza. Para Kast, el país se estanca porque el Estado sobra.

La diferencia no es menor. Si el problema es que el Estado no alcanza, la solución es fortalecer capacidades públicas, mejorar redistribución, construir presencia territorial, garantizar derechos, regular mejor, producir seguridad democrática y reconstruir confianza. Si el problema es que el Estado sobra, la solución es recortar gasto, bajar impuestos, reducir permisos, entregar certeza al inversionista y trasladar al mercado parte importante de la promesa social.

Chile debe decidir cuál diagnóstico se acerca más a su experiencia histórica. El estallido social no fue una demanda por menos Estado. Fue, en gran medida, una demanda por dignidad, protección, reconocimiento, derechos y fin de abusos. La crisis de seguridad no expresa solo falta de castigo, sino también déficit de presencia estatal, inteligencia, justicia, cohesión territorial y oportunidades. La crisis de vivienda no se resuelve solo con incentivos al mercado, sino con suelo, planificación, inversión pública, regulación y acción territorial. La crisis de salud no se resuelve solo comprando prestaciones privadas, sino fortaleciendo redes, atención primaria, gestión, especialistas y financiamiento. La crisis de confianza no se resuelve solo con crecimiento, sino con justicia social, transparencia y resultados concretos.

Por eso, la pregunta final no es económica, sino democrática: ¿puede una sociedad reconstruir su democracia debilitando al Estado que debe sostenerla? La respuesta del PNUD parece clara. Una democracia bajo presión no necesita un Estado obeso ni burocrático, pero tampoco un Estado mínimo, retraído o subordinado al capital. Necesita un Estado capaz. Capaz de proteger sin abusar. De regular sin paralizar. De invertir sin despilfarrar. De redistribuir sin clientelismo. De garantizar derechos sin prometer lo que no puede cumplir. De generar seguridad sin sacrificar libertades. De producir crecimiento sin abandonar desarrollo humano.

El programa de Kast puede ser políticamente eficaz porque habla el lenguaje del hartazgo. Pero una democracia no se reconstruye solo con consignas de orden, eficiencia y crecimiento. Se reconstruye con evidencia, responsabilidad fiscal, deliberación, justicia social, capacidad pública y legitimidad. Allí donde el programa ofrece una retórica de emergencia, el diagnóstico del PNUD exige una pregunta más incómoda y más profunda: no cuánto Estado podemos reducir, sino qué Estado necesitamos construir para que la democracia vuelva a tener sentido en la vida concreta de las personas.

El ojo que todo lo ve: Palantir, Thiel y la colonización digital de América Latina

En abril de 2026, Peter Thiel —cofundador de Palantir Technologies y uno de los hombres más influyentes de Silicon Valley— se instaló en Buenos Aires durante semanas, compró una mansión de 12 millones de dólares en el barrio de Parque y se reunió en privado con el presidente Javier Milei en la Casa Rosada. Los periodistas acreditados fueron bloqueados. No se publicó ninguna agenda. En Chile, antes de ese viaje, Thiel visitó al presidente José Antonio Kast. En el horizonte: la posible entrega de las bases de datos del Estado a una empresa cuya filosofía declarada es que la libertad y la democracia son incompatibles.

¿Qué es Palantir y por qué debería importarnos?

Fundada en 2003 con financiamiento inicial de In-Q-Tel —el brazo de capital de riesgo de la CIA—, Palantir Technologies es hoy una de las empresas más poderosas del planeta en el análisis masivo de datos. Sus plataformas, llamadas Gotham y Foundry, no son software convencional: son sistemas diseñados para conectar bases de datos que jamás fueron concebidas para comunicarse entre sí. Registros fiscales con historial migratorio. Datos sanitarios con ubicaciones de celulares. Historiales criminales con redes sociales.

Los números hablan por sí solos. En 2025, la empresa facturó 4.480 millones de dólares —un 56% más que el año anterior—. Ese mismo año firmó un contrato con el Ejército de Estados Unidos por 10.000 millones de dólares, a diez años. El 55% de sus ingresos proviene de contratos gubernamentales. Su modelo de negocio, denominado internamente «land and expand» (aterrizar y expandirse), consiste en ingresar mediante un contrato piloto y luego colonizar toda la infraestructura de datos de una institución, lo que la vuelve prácticamente irremplazable.

En Estados Unidos, la Electronic Frontier Foundation (EFF) documentó cómo ICE utilizó la herramienta ELITE de Palantir para acceder a registros del sistema de salud pública —Medicaid— y convertirlos en un instrumento de deportaciones. Varios congresistas, incluidas Alexandria Ocasio-Cortez, Elizabeth Warren y Ron Wyden, han exigido investigaciones formales. El Departamento de Seguridad Nacional firmó en 2026 un contrato adicional por 1.000 millones de dólares con Palantir para potenciar las operaciones de ICE.

Thiel y Karp: el poder detrás de la pantalla

Peter Thiel —con un patrimonio estimado de 27.500 millones de dólares— no es un empresario tecnológico ordinario. En 2009 escribió sin ambigüedades: «Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles.» Su biógrafo, Max Chafkin, lo describe como alguien con «un anhelo de un ejecutivo más poderoso, un dictador, en otras palabras.» Parte de su inspiración intelectual proviene de Curtis Yarvin, quien aboga por reemplazar la democracia por un Estado tecno-autoritario gobernado «como una corporación.» Thiel financió con 15 millones de dólares la campaña senatorial de JD Vance —hoy vicepresidente de EE. UU.— y aportó 1,25 millones al primer ascenso de Donald Trump.

Alex Karp, CEO de Palantir con doctorado en teoría social de Frankfurt y patrimonio de 18.000 millones de dólares, publicó en 2025 el libro The Technological Republic. En sus cartas a accionistas, cita al teórico Samuel Huntington para justificar el modelo de negocios de su empresa: «El ascenso de Occidente no fue posible por la superioridad de sus ideas o valores, sino por su superioridad en la aplicación de la violencia organizada.» En 2026, Palantir publicó un manifiesto de 22 puntos que llama al «deber moral» de las empresas tecnológicas de participar en la defensa militar, propone el servicio nacional obligatorio, y declara la supremacía cultural de Occidente. Al Jazeera lo llamó «tecno-fascismo». Varios analistas lo describieron como una agenda política disfrazada de propuesta corporativa.

El viaje latinoamericano: ¿inversión o penetración estratégica?

El reciente recorrido de Thiel por América del Sur no fue turístico. En Chile se reunió con el presidente José Antonio Kast y con José Piñera —arquitecto del sistema de pensiones privado—, explorando la posibilidad de que las plataformas de Palantir colaboren en materia de seguridad, aduanas y digitalización del Estado. En Argentina, su tercera visita al gobierno de Milei incluyó primero una reunión con Santiago Caputo —el asesor presidencial que coordina la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE)— y luego un encuentro en el despacho presidencial de la Casa Rosada, en el que se prohibió el acceso a la prensa y no se publicó la agenda. Thiel declaró en 2024 que «Argentina podría ser el futuro de Europa y Estados Unidos.»

En Brasil, el vicepresidente de Palantir para América Latina reveló en 2024 que su sistema «impulsa a muchas de las organizaciones más importantes del país, desde agencias gubernamentales de salud pública hasta la educación.» Lo hizo sin mencionar contratos ni especificar qué datos se procesan. Más grave aún: Serpro, la empresa pública brasileña creada precisamente para construir la soberanía digital nacional, fue convertida en intermediaria de los servicios de Palantir. Ecuador ya utiliza herramientas de Palantir en sus sistemas de seguridad.

Europa resiste. ¿Y nosotros?

 Mientras América Latina abre las puertas, Europa empieza a cerrarlas. A mediados de mayo de 2026 se reportó que la agencia de inteligencia interior de Alemania (BfV) rechazó contratar a Palantir y optó por la plataforma ArgonOS de ChapsVision para el análisis de datos sensibles, alegando la necesidad de una infraestructura soberana y segura. El diputado Konstantin von Notz lo explicó sin rodeos: es «ingenuo desde el punto de vista de la seguridad» depender de una empresa cuyo fundador tiene declaraciones antidemocráticas documentadas y cuya cercanía con la administración Trump es más que preocupante. Suiza rechazó los servicios de Palantir debido al riesgo de incompatibilidad con su soberanía. Más de 100 organizaciones europeas firmaron una carta abierta en la que exigen alternativas locales. El argumento central es simple pero devastador: quien controla la infraestructura de datos controla los límites de la acción del Estado.

Preguntas que todo ciudadano y ciudadana debería hacer

  1. ¿Qué datos del Estado chileno o latinoamericano están siendo procesados por Palantir, bajo qué contratos y con qué supervisión democrática?
  2. ¿Puede un gobierno democrático contratar a una empresa cuyo fundador ha declarado que la democracia y la libertad son incompatibles?
  3. Si Palantir procesa datos de ciudadanos latinoamericanos y opera bajo la legislación estadounidense (CLOUD Act), ¿quién garantiza que esos datos no sean accesibles para las agencias de inteligencia de EE. UU.?
  4. ¿Por qué las reuniones entre Thiel y presidentes electos de la región se realizan en secreto, sin agenda publicada y con la prensa excluida?
  5. ¿Tiene sentido construir una infraestructura digital nacional dependiente de una empresa extranjera que ya declaró su obligación afirmativa de defender los intereses de Estados Unidos?
  6. Si tecnologías similares a las de Palantir se usaron para construir «listas de eliminación» en Gaza y para rastrear a migrantes en EE. UU., ¿qué garantiza que no serán usadas para vigilar disidentes políticos, sindicalistas o periodistas en nuestra región?

La soberanía digital no es un tecnicismo para especialistas. Es la versión contemporánea de una pregunta que América Latina lleva siglos respondiendo con sangre: ¿quién controla los recursos estratégicos de un país? En el siglo XIX fueron las tierras y los minerales. En el XX, el petróleo y las telecomunicaciones. En el siglo XXI, son los datos. Y los datos, a diferencia del cobre o el litio, no se ven, no se tocan, no marchan en manifestaciones. Se entregan en silencio, cláusula a cláusula, contrato a contrato, reunión secreta tras reunión secreta, y así se nos van la libertad y la soberanía nacional.

Teclas Prestadas

Crédito fotos Redes Sociales @martinarrau

Hay algo casi enternecedor en el súbito realismo del ministro Martín Arrau. Tras años anunciando que Chile vivía una crisis terminal de seguridad y que todo debía rehacerse desde cero, Arrau terminó afirmando que la Política Nacional de Seguridad Pública promulgada por Boric “es suficiente”, “es amplia” y que el actual gobierno “va a operar bajo esa política”.

Vaya revelación.

Si el nuevo gobierno usará como base las políticas de Boric, entonces se confirma algo que muchos sospechaban: nunca tuvieron un verdadero programa de seguridad propio. Había discursos encendidos y diagnósticos apocalípticos, pero al momento de gobernar, la partitura terminó siendo ajena.

Y ahí aparece inevitablemente el recuerdo de Trinidad Steinert: presentada como la gran experta, terminó evidenciando incapacidad y ausencia de contenido. Mucha épica, poco pentagrama.

Al parecer, ni Steinert ni  Arrau pasaron de las tres páginas sobre seguridad que traía el programa de Kast. Y ahora, con notable pragmatismo, descubren  que la política que tanto criticaron… les sirve bastante bien. Entonces, cabe preguntarse: ¿dónde estaba exactamente la emergencia nacional que anunciaban todos los días?

La ironía final es inevitable. Martín Arrau pertenece a una familia cuyo apellido está unido para siempre a Claudio Arrau, uno de los más grandes virtuosos del piano del siglo XX. Y viendo este curioso giro político, vale preguntarse si el ministro Martín Arrau tiene realmente dedos para este piano, porque en Chillán todos sabemos que Claudio Arrau no improvisaba: estudiaba, preparaba y dominaba cada interpretación. En seguridad pública cada tecla debe tocarse con precisión, sabiduría y sentido del tiempo, más aún cuando todo el concierto deberá ejecutarse en un piano prestado por Boric.

Entradas recientes