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Amenazas y Divisiones en la Derecha

Quienes creían que con el cambio de gabinete y la superación de la crisis de liderazgos al interior de Chile Vamos las aguas se calmarían en ese sector y podrían respirar tranquilos, se equivocaron, provocando nerviosismo en los pasillos de La Moneda. Habían pasado pocos días y los ingentes esfuerzos del Presidente Piñera y su segundo piso por dar por superados la desalineación de sus parlamentarios, a propósito de la aprobación del retiro del 10 por ciento de las AFP’s, volvieron a sufrir un tropiezo que puede ser toda una señal de lo que les puede esperar en el futuro inmediato.

El Ejecutivo se jugó el todo por el todo para que se aprobara su candidato a la Corte Suprema, Raúl Mera, un magistrado resistido por la oposición y organizaciones de derechos humanos. Es que en su hoja de vida quedó a fuego el fallo absolutorio que dictó en el emblemático caso de derechos humanos de Los Queñes.  Absolvió a cuatro ex carabineros que fueron acusados de violar, torturar y asesinar a Cecilia Magni y Raúl Pellegrin, ocurrido en 1988, durante la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet. Faltó solo un voto y ese fue el del senador Manuel José Ossandón, que no fue habido en parte alguna el día de la votación.

Se sumó después el voto en contra anunciado por el senador de Renovación Nacional, Juan Castro del proyecto de reactivación económica que impulsa Hacienda. Ambos episodios reflejan la dificultad del Ejecutivo de alinear a sus parlamentarios evitando descuelgues que podrían ser fatales a la hora de la aprobación de proyectos que, para el gobierno, son de vital importancia en lo poco que queda de administración.

De ahí que el Presidente Piñera se haya reunido en más de una oportunidad con dirigentes y parlamentarios del oficialismo ofreciendo un nuevo trato. La tarea de reordenar las filas era un imperativo y tal parece que se camina en terreno pantanoso. Por eso es que la presidenta de la UDI, Jacqueline van Rysselberghe repite cada vez que tiene ocasión: “Acá hay que tener cierta disciplina interna (…). No puede haber derechos sin deberes”. Distinta a la solución que propone el jefe de los diputados de RN, Sebastián Torrealba: “Esto se soluciona construyendo las agendas juntos”.

Advertencias y amenazas

No son sólo sus parlamentarios a los que tiene que alinear el gobierno. También a sus seguidores hasta ayer incondicionales que, a estas alturas, lo advierten y hasta lo amenazan.

Todo ello a raíz de lo que está sucediendo en La Araucanía donde declaraciones del ministro del Interior fueron consideradas como combustible para esa hoguera encendida desde hace decenas de años. No sólo dijo que no había presos políticos, en circunstancia que los mapuches así consideran a sus líderes detenidos y en huelga de hambre hace más de 90 días, sino que, además, afirmó que en la región operan grupos “con capacidad militar, con financiamiento, con capacidad operativa y logística que están decididos a que no exista paz ni tranquilidad”

Agregó que era muy difícil construir una mesa de diálogo “mientras exista una violencia tan desatada, que genera miedo o temor a las personas”…Para avanzar en esa posibilidad puso como requisito que “todos los sectores aíslen a quienes generan violencia. Sé y me consta que la gran mayoría de las comunidades son pacíficas, pero que hoy día están atemorizadas por la violencia, el Gobierno tiene una tarea y la vamos a realizar”.

Y lo que más incendió la pradera fue cuando instó a los alcaldes de municipalidades tomadas por comuneros mapuches asolicitar el desalojo”. Y ocurrió que civiles armados “con lo que pudieran” como arengó una dirigente empresarial de la zona– desalojaron, comenzando con ello una espiral de mayor violencia que aún no se detiene.

La situación en la zona es más que preocupante. A las dudas que existen en el ambiente respecto al presunto suicidio de dos activistas mapuches, madre e hija, se suman declaraciones incendiarias de dirigentes de laMultigremial Nacional que agrupa a 165 gremios, entre ellos cámaras de comercio, dueños de camiones,asociaciones de turismo y agricultores.

La Asociación se manifestó categóricamente en contra del “terrorismo existente” en la zona, el cual “no permite trabajar ni vivir en paz, atenta contra derechos humanos de ciudadanos indefensos y destruye progresivamente la democracia”.

De inmediato, lanzaron un ultimátum: “Exigimos por última vez a todos los poderes del Estado -Ejecutivo, Legislativo y Judicial- actuar en el menor plazo para recuperar la paz social y hacer prevalecer el imperio de la ley en todo el territorio nacional. De lo contrario, nos declaramos en libertad para tomar otro tipo de acciones de manifestación con el objetivo de exigir a los poderes del Estado solucionar el problema”. Y sentenciaron: “Los gremios, emprendedores y trabajadores somos abrumadoramente más que los terroristas y violentistas que hoy destruyen, amedrentan, saquean, queman, asesinan, trafican drogas y matonean. El silencio temeroso de las mayorías alimenta a los violentos. Por eso, hemos decidido dejar de ser una gran mayoría silenciosa“.

Si hasta un diputado de la UDI se sumó a la campaña del terror ya desatada en la zona. Cristobal Urruticoeche puso una foto sacada, al parecer, de un banco de datos, en un twitter señalando que era “una trampa vietnamita instalada en la casa de miembros de la CAM, cubierta de ramas. Carabineros heridos gravemente al asistir al procedimiento. Gobierno de Chile, actuemos. No más querellas. Actuemos como toda una nación espera que lo hagamos”.  En otro twitter trata de delincuentes a las weichafes. Luego, lo borró. Y sin consecuencias, por cierto.

No muy distinto a lo que le fueron a decir al gobierno en La Moneda los dueños de camiones. El titular del Interior, Víctor Pérez y el subsecretario de la cartera, Juan Francisco Galli, recibieron a los dirigentes de la Federación Dueños de Camiones del Sur (Fedesur). Llegaron con hacha de guerra, porque hacía ya días que amenazaban con tomar represalias por la quema de sus camiones.

Tras el encuentro manifestaron su descontento con el manejo de la seguridad realizado por el Gobierno y se declararon en «estado de alerta» ante las acciones que realice La Moneda para asegurar esta tarea. El presidente de la Fedesur, José Villagrán, comentó que Pérez “se comprometió de una vez por todas, otorgar, respaldo y entregar la autoridad a Carabineros y a la PDI para que actúen como corresponde en todo Chile, no solamente en la Región de La Araucanía, porque hoy la delincuencia, los robos, la quema de camiones no solamente existe en la Región de La Araucanía está a través de todo Chile. Por eso, que le hemos venido a exigir al señor ministro del Interior que él cumpla con su función como ministro, porque cuando asumió juró hacer cumplir la Constitución».

La derecha no aprende 

Una denuncia que, en medio de toda la crisis sanitaria y económica, puede pasar sin mayores escándalos, y que involucra a parlamentarios oficialistas y  ¿sorpresa? de oposición, fue la que hizo el diputado y presidente de la Federación Regionalista Verde Social, Jaime Mulet. Dijo que “nuevamente hay una arremetida de parlamentarios oficialistas y de oposición para postergar, y apenas se sientan seguros, definitivamente suspender la elección de gobernadores”.

El parlamentario señaló que «claramente hay un paquetazo empujado por algunos miembros del ‘partido del orden’ que implica retroceso al proceso democrático y descentralizador. Pretenden postergar – y apenas puedan y se sientan seguros propondrán su supresión – las elecciones de gobernadores; terminar con las inhabilidades en las elecciones y con ello revivir a algunos de sus miembros que quedarán sin cargos públicos y rebinominalizar el Congreso”.

A juicio de Mulet, se están juntando algunos votos de parlamentarios y parlamentarias que pretenden postergar la elección de gobernadores, mientras otros pretenden levantar las inhabilidades para ser diputado, para ser senador, para ser alcalde, para ser gobernador, de manera que un senador que no pueda ir a la reelección sí pueda ir a gobernador o alcalde, o que un alcalde que no pueda ir a la reelección sípueda ir a gobernador, por ejemplo. «Quieren terminar con las inhabilidades e instaurar el sistema de las sillitas musicales para siempre, y por otro lado además hay otros que pretenden disminuir el Congreso».

No sería extraño. En reunión con Chile Vamos el Presidente Sebastián Piñera planteó la idea de mover la fecha de elecciones de gobernadores regionales. Se trataría de mover las elecciones fijadas para abril del 2021 y juntarlas con las parlamentarias y presidenciales. Una de las razones, sería tener más tiempo para modificar las atribuciones del nuevo cargo de gobernador. ¿La excusa? La sobrecarga electoral, porque se avecinan al menos siete procesos electorales de aquí a 2021.

Desde la oposición se mostraron contrarios a esta idea. El diputado y jefe de bancada Socialista, Luis Rocafull, la calificó de “poco seria” y dijo que el Gobierno debe asegurarle a la ciudadanía el derecho a votar. El jefe de bancada de la DC, el diputado Daniel Verdessi también se mostró contrario a esta propuesta. Dijo que ya no se necesitan más excusas y que se necesita avanzar en la descentralización.

Pero, posponer la elección de gobernadores regionales y resolver las inhabilidades de autoridades para postular a elecciones del año 2021, son las monedas de cambio particularmente del gobierno para la UDI. En realidad, Chile Vamos -y también algunos opositores- salieron perjudicados con la ley que pone límite a la reelección. Una modificación como la señalada podría favorecer a quienes no pudieron renunciar a tiempo a sus cargos de gobierno en Octubre del año pasado a raíz del estallido social.

Como en el pedir no hay engaños, y aduciendo la necesidad de “ahorrar gastos”, la UDI decidió presentar también un proyecto de ley para cambiar la Convención Constituyente. Dicen que por la crisis económica derivada de la pandemia  “se hace “injustificable” que en 2022 haya una suerte de “dos congresos” paralelos generando gastos públicos.

“La Convención Constituyente será conformada por 155 personas, los mismos del Congreso actual, entonces, la pregunta es: por qué no dejamos que el próximo Congreso sea el Constituyente en caso de que el Apruebo gane la elección. Nos parece que la ciudadanía no va a compartir que existan dos congresos funcionando en paralelo, con financiamiento propio, con contratación de asesores, con dietas parlamentarias. Si gana el Apruebo, somos partidarios de que la gente elija entre una Convención mixta y un Congreso Constituyente, sobre todo porque las formas de elección de ambos son iguales: mismo número, mismo sistema electoral, mismas listas partidarias”, dijo el diputado de la UDI Juan Antonio Coloma, miembro de la comisión de Constitución de la Cámara Baja.

Lo apoyó el vicepresidente de la UDI, diputado Juan Manuel Fuenzalida, quien aprovechó justamente la sensibilidad que provocan las crisis sanitarias y económicas para argumentar a favor del cambio. Dijo que “el costo del proceso constituyente equivale a más de 1.600 respiradores; a más de 600 mil puestos de trabajo por seis meses, de empleo permanente. Además, se adiciona un costo altísimo de casi 4.500 millones de pesos mensuales en un año, en medio de las consecuencias de la pandemia”. No se sabe qué apoyo tendrá la idea en RN y Evopoli. Pero lo que si se sospecha es que las intentonas de la derecha por cambiar todo para que nada cambie, seguirán hasta el mismísimo 25 de octubre, día del plebiscito.

Dra. Andrea Von Hoveling y Covid 19: Acceso a Métodos Anticonceptivos Ha Disminuido

Un llamado a no descuidar la salud sexual y reproductiva y mantener las hasta ahora excelentes cifras de prevención de embarazos no planificados y de adolescentes, materias en  las que Chile ha sido un ejemplo por décadas, hizo la ginecóloga y experta en  salud sexual y reproductiva, Andrea Von Hoveling. Pero, advirtió sobre un hecho que prendió las alarmas en muchos de estos facultativos: “hemos ido empeorando en las cifras de enfermedades de transmisión sexual”.

Y el hecho de descuidarnos en temas tan sensibles como la maternidad y las infecciones de transmisión  sexual podría significar un retroceso enorme en cuanto a la prevención de embarazos no planificados y un empeoramiento enorme de tasas que ya eran malas de  VIH y otras enfermedades de transmisión sexual. Así es que el llamado  es a informarse. Hay muchas personas, muchos médicos trabajando en las redes sociales, en orientaciones gratuitas, para que cuando pase este flagelo, no tengamos que enfrentarnos a otro.

Ese es el llamado de alerta de esta doctora especialista en salud reproductiva y que por su trabajo en terreno, sabe exactamente lo que está ocurriendo. Trabaja en  el hospital de Maipú, en la clínica Santa María y como docente en la Universidad Finis Terrae..

-¿Cómo ve estos temas en medio de la pandemia que vive Chile?

Lo que pasa es que una de las víctimas directas de cualquier situación de catástrofe y de emergencia sanitaria es que se priorizan normalmente prestaciones médicas que tienen que ver directamente con la emergencia y se dejan de lado otras, como el control prenatal, las prestaciones para anticoncepción  y prevención de infecciones de transmisión sexual. Hay una gran advertencia de organismos internacionales, de mujeres, de protección a la infancia, en  cuanto al potencial riesgo de embarazos no deseados por una parte y de la morbilidad y mortalidad de mujeres y de recién nacidos, por el aumento de embarazos no planificados y las menores prestaciones de salud de las gestantes y de las mujeres que están de parto.

-¿Qué ocurre con el acceso a los anticonceptivos?

-Se mantiene la actividad sexual, pero cambia el acceso a insumos anticonceptivos. Algo que estamos viendo, que no lo veíamos al principio y que es muy preocupante, es que hay falta de stock de métodos anticonceptivos y de fármacos en general en farmacias. A nosotros, como ginecólogas o matronas, lo que más nos preocupa es por un lado cuidar a nuestras embarazadas, que ojalá no se enfermen y si ocurre, darles los mejores cuidados posibles tanto en la parte obstétrica como infecciosa  y en evitar la propagación de las  enfermedades de transmisión sexual o embarazos no planificados. Son nuestras propias pandemias que están medio olvidadas de momento, pero son tremendamente relevantes.

En el mundo hay un fenómeno en desarrollo que es el aumento de los embarazos. ¿Se está dando lo mismo acá?

No hay números todavía, pero tenemos la percepción que ese fenómeno ya se está empezando a vislumbrar. Esto se da principalmente porque disminuye el uso de anticonceptivos. El deseo de tener hijos generalmente se mantiene, o disminuye en situaciones de emergencia. Pero hay una incertidumbre muy grande respecto al futuro desde el punto de vista laboral y económico. Lo que se ha demostrado en encuestas en Europa por ejemplo, es que la intención de planificar un embarazo disminuye. Sabemos también que la frecuencia de la actividad sexual se mantiene. Lo único que se reduce en forma significativa y que explicaría el aumento de los embarazos es que disminuye el acceso a los métodos anticonceptivos.

También está pasando aquí. No tenemos números, porque todo es tan nuevo que no tenemos cómo tabular. Además que las autoridades del ministerio están ocupadas en este momento tabulando temas del coronavirus.  Sabemos que en las primeras semanas se suspendieron todas las prestaciones de la atención primaria de salud, que muchas mujeres dejaron de salir  por miedo al corona virus y por tanto, dejaron de acceder a los anticonceptivos.

Además, que hay mujeres que dejan voluntariamente los métodos anticonceptivos porque no lo ven necesario, sea porque están en cuarentena lejos de su pareja, sea porque aprovechan de ahorrar. Estamos viendo mucha  suspensión voluntaria de los métodos anticonceptivos. Creemos que es por falta de información y hacemos un llamado para informarse y ver cuándo vale la pena suspenderlo y cuándo está desaconsejado.

¿Ya pasó el estrés provocado por el coronavirus, como para comenzar a preocuparse de su área y pedirle a la mujeres que acudan a sus controles?

Felizmente parece que -al menos en  la zona central donde vivo- el peak ya está pasando y se está casi volviendo a la normalidad de las atenciones. Nunca se han  suspendido ni las atenciones de embarazos ni las urgencias. Que las mujeres vayan a sus controles depende mucho del lugar en el país, tengo colegas que trabajan en Arica y ellas están recién empezando con el virus y entonces acá está sucediendo al revés.

Hay preparativos para levantar cuarentenas. Hay que tomarse eso con una calma enorme. Todos y todas estamos que nos pican las manos por salir, por ver a nuestras familias, por tener contacto social. Pero creo que hay que ser tremendamente  responsables. Además de respetar las restricciones que impone la autoridad, también hay que hacer un examen de conciencia y conversar en familia respecto de cuáles son los riesgos que se está dispuesto a correr. Si hay un abuelo enfermo, por ejemplo, no es recomendable que los nietos vean a esos abuelos, o si se juntan con amigos, que sean pocos y muy conscientes de los riesgos que corren.

¿Cómo está enfrentando el gobierno este aumento de las enfermedades de transmisión sexual?

A mi juicio, de manera insuficiente. Es un tema que siempre ha sido muy polémico. Yo crecí en los 80 y recuerdo las campañas televisivas que más bien desinformaban que informaban. Eran los tiempos en que decían que el preservativo no protegía. Chile siempre ha sido un país en que es muy difícil hablar de esto. Uno se enfrenta a temas culturales y religiososfuertes.

El programa de anticoncepción del Estado es muy bueno, Chile siempre se ha destacado en eso y ahí hay un mérito de las matronas y doctores que trabajan en  la atención primaria. Los anticonceptivos que se entregan son de excelente calidad, las mujeres  generalmente evalúan muy bien las atenciones de sus matronas y matrones en temas de controles de anticoncepción y en temas de embarazo. Pero creo que estamos al debe en  cuanto a educación. No hemos llegado a puerto en las discusiones respecto a la educación sexual en los colegios. También en incorporar  atención a hombres en educación y en repartición de preservativos. Hay pololos de pacientes adolescentes que no compran preservativos porque les da vergüenza. Estamos discutiendo la ley sobre educación sexual, pero con todo lo que está pasando se ha visto un poco retrasada. Y hubo jun pequeño adelanto, que celebro: se empezaron a repartir preservativos en las cajas de insumos básicos.

Orgasmo: En el Sexo, la Mujer Es el Sexo Fuerte

Este sábado 8 de agosto se celebró el Día del Orgasmo, irrumpiendo e interrumpiendo esta efeméride un momento (más bien un largo periplo de cinco meses ya) en el cual tratar estos temas se supone ajeno e inadecuado…

Pero, dado que ya estamos entrando en una suerte de luminosa transición, creo que hacer la excepción y celebrar la institución de esta efeméride corresponde. Especialmente, si recordamos que, para la mujer, el orgasmo cuenta con terreno más fértil, al menos fisiológicamente hablando, que para el hombre.

Lo anterior radica en que hay dos características que, en el ámbito de la sexualidad, hacen distintas y únicas a las mujeres. Una de ellas es contar con el clítoris, un órgano cuya única función es dar placer. La segunda es la facultad de ser multiorgásmicas, es decir, tener un período refractario muy breve que les permite experimentar orgasmos consecutivos.

A pesar de la contundente evidencia con la que hoy se cuenta, la presencia del clítoris en la historia de la sexualidad humana fue por largo tiempo esquiva y errática. Por ejemplo, mientras Hipócrates planteó que para engendrar hijos era necesario no sólo el esperma del hombre sino también de la mujer y que, para producirlo, se requería del orgasmo femenino, la sexualidad femenina fue relevante. Pero más tarde, cuando la ciencia descubrió que el orgasmo de la mujer no tenía ningún rol en la reproducción, el clítoris perdió presencia e importancia.

El que este órgano, a diferencia del pene, no tuviera otro rol más que gatillar la pulsión sexual y brindar placer, fue quizás lo que le restó importancia por largo tiempo en la historia de la sexualidad humana. Por ejemplo, no se sabía que el clítoris es mucho más sensible que el órgano sexual masculino y que cualquier otro órgano humano. Ubicado en la parte superior de la vagina, encima de la uretra, está recubierto parcialmente por los labios menores de la vulva por lo que su parte visible constituye solo el 10% de su tamaño total. En promedio, el clítoris puede alcanzar una longitud promedio de 8 centímetros (varia entre 4 y 13 centímetros), midiendo la parte visible alrededor de medio centímetro en estado de reposo y hasta 1,5 centímetro, en estado de erección.

Otro hecho sorprendente es la llegada de cuatro mil terminaciones nerviosas, desde ambos lados del cuerpo, a ese aparentemente pequeñito órgano sexual que es exclusivo del sexo femenino y destinado exclusivamente al placer sexual. Es decir, el total de ocho mil fibras nerviosas del clítoris supera largamente a aquellas de la lengua, las orejas o los pezones. Y desde luego, a aquellas que llegan al pene. Este, con una superficie bastante más grande, sólo cuenta con alrededor de cuatro mil a seis mil terminaciones nerviosas.

Repasando las injusticias con que la historia ha tratado a este órgano cabe recordar que Renaldo Columbus, un profesor de cirugía en la Universidad de Padua, en Italia, publicó en 1559 un libro, llamado “De re anatómica”, en el que describió “la sede del placer femenino”. Sin embargo, a poco andar, su hallazgo pasó al anonimato sin pena ni gloria. Después de al menos doscientos años de silencio, en 1844 se retomó el estudio de esta parte del cuerpo pero el año 1865, un médico ingles relacionó al clítoris con la histeria y la locura, entre otros males, propiciando la ablación del órgano para supuestamente curar tales enfermedades…

Aunque fue prontamente desautorizado, la práctica que instituyó este desquiciado galeno se practicó en muchas mujeres hasta la segunda década del siglo XX. Ello significó que para esas mujeres, nunca en sus vidas hubo placer sexual.

El año 1900 ocurrió un hecho crucial: el clítoris fue incluido en la “biblia” de los manuales de anatomía, el Manual para estudiantes de Grey, como parte del aparato sexual femenino. Sin embargo, en 1948 dejó de aparecer en esa calidad en el manual usado masivamente por los estudiantes de medicina.

Como lo señalara la doctora británica Jo Adams, por décadas, el clítoris y el orgasmo femenino ni siquiera fueron mencionados en 10 de los 15 manuales usados en la educación sexual de los doctores.

Revolución sexual

Fue en los años ’60, con  la revolución sexual que implicó para las mujeres la aparición de la píldora anticonceptiva, que el clítoris y la sexualidad femenina volvieron a ser parte de la escena científica. Y de la mujer y su sexualidad. Ello ocurrió de la mano del ginecólogo William Masters y la psicóloga Virginia Johnson. A partir año 1966, la famosa pareja estudió la respuesta sexual humana, realizando una exhaustiva investigación con parejas de carne y hueso, la que les permitió distinguir las 4 fases de la respuesta sexual humana: excitación, meseta, orgasmo y resolución.

Fue a partir de entonces que se reconoció irrefutablemente la importancia del clítoris en la sexualidad femenina y, más precisamente, en el orgasmo. Finalmente, se logró entender que es allí donde la mujer tiene que ser estimulada para tener real placer sexual. Que la penetración vaginal –a la que se le atribuía el rol de dar placer- no cumple esa función si es que el clítoris no se estimula. Es más: la vagina prácticamente no tiene terminaciones nerviosas debido a que por allí debe pasar el ser humano al nacer y si hubiera alguna mayor sensibilidad en ese canal, el dolor sería disfuncional al parto. En la vagina, sólo hay terminaciones nerviosas que aportan al placer sexual en la pared superior de los primeros 6 centímetros del canal, es decir desde su inicio hasta el punto donde se encuentra el clítoris.

La gran extensión del clítoris por debajo del cuerpo, alrededor de la vagina, apoyaría la posición de que el orgasmo femenino radica en el clítoris y no en la vagina. Sólo sería complementado con la penetración vaginal porque esta última estimularía las “raíces” del clítoris.

A la luz de estas impactantes afirmaciones científicas, ¿qué queda entonces del llamado “sexo débil”? Al parecer, nada. La mujer, en el plano sexual, claramente sería superior. No sólo mejor dotada sino poseedora de un mecanismo fisiológicamente complejo que le permitiría dar y pedir lo mejor…Algo no menor de recordar en este nuevo Día del Orgasmo, esta vez en pandemia.

Funcionarios del SII:” “El Ministro Briones No Puede Mandar al SII a Dar la Cara por sus Errores e Improvisación por Bono Clase Media”

Desde la Asociación Nacional de Funcionarios del Servicio de Impuestos Internos, ANEIICH, hicieron un llamado al Ministro de Hacienda, Ignacio Briones, a participar de la invitación realizada por la Comisión de Economía de la Cámara Alta, para este lunes a las 16:00, donde el Director del Servicio, Fernando Barraza, “deberá exponer por el desastre absoluto en la implementación del Bono Clase Media”.

Los funcionarios del servicio califican como “inaceptable” que el  jefe de las finanzas fiscales, y responsable directo de los gravísimos problemas en la entrega del beneficio que han sumido al SII en una de sus peores crisis institucionales, no se haya sumado a la sesión del viernes 7 de agosto y que haya delegado en el Director Barraza toda la responsabilidad de explicarle a los senadores y senadoras, lo ocurrido en los últimos días. “El Ministro Briones no puede mandar al SII a dar la cara por sus errores e improvisación”.

Agregan que mientras algunos se pasan la mañana en los programas de televisión amenazando con penas y sanciones a quienes han postulado de forma errónea al beneficio, “otros deben comparecer ante el Senado para dar explicaciones por este desastre”.

Asimismo, se refirieron a la breve información que entregó el Director del SII a la Comisión de Economía del Senado, donde daba a entender que el conjunto de problemas detectados durante esta semana, se resolverán a contar de este sábado 8 de agosto con la habilitación de una plataforma para corrección de solicitudes. “La información que manejamos nos lleva a concluir que no solo no se solucionarán los problemas, sino que surgirán otros nuevos, a partir de la nueva información requerida a las personas que corrigen (quienes pueden perder el beneficio si no la reportan) y la habilitación de la nueva plataforma para la solicitud de créditos para la clase media, que con alta probabilidad, puedan generar una nueva caída generalizada de sistemas de atención a contribuyentes”.

“Como trabajadores públicos, como ciudadanos y como contribuyentes estaremos muy atentos a lo que ocurra el lunes 10 de agosto en la Cámara Alta, donde esperamos que el Ministro Briones esté a la altura de una vez por todas y no responsabilice al Servicio o a sus funcionarios por los dolores de cabeza que el gobierno le está dando a los trabajadores y trabajadoras, quienes han sufrido una vez más la incapacidad de este gobierno para afrontar la crisis sanitaria social y económica”.

Por último, emplazaron nuevamente al director nacional del SII, Fernando Barraza, a “cumplir con su rol moral e institucional de defender los fines establecidos para nuestra institución y sus trabajadores y trabajadoras, con autonomía e independencia de los gobiernos de turno”.

Salvador Allende, Socialista Siempre!!!

Una coalición de partidos políticos de izquierda fueron los que llevaron a Salvador Allende Gossens a La Moneda. Fue su cuarto intento por llegar al palacio Toesca.  Como siempre, fue una faena difícil en medio de una campaña presidencial donde la derecha -alentada por el “Imperialismo” cultural y político de la época- hizo todo lo posible para trabar una victoria inminente. Con recursos propios y foráneos, se buscaba frenar la puesta en marcha del proyecto de la Unidad Popular. La gran diferencia, tal vez, es que el Chile de los comienzos de los 70s contaba con una prensa amplia y diversa y no como hoy que está concentrada en grandes grupos económicos, al servicio del empresariado.

Otro factor determinante fue la elaboración colectiva del programa de la Unidad Popular reflejado en las “40 medidas” que miraba a un Chile muy desigual. Si se revisa con atención esa propuesta, se puede inferir que la mayoría de ellas siguen tan vigentes como ayer, y eso que han pasado 50 años de ese proceso revolucionario.

Un tercer componente, obviamente fue el candidato. Allende, un orador innato, que manejaba las pausas y los silencios con un maneja comunicacional envidiable para cualquier candidato de nuestra historia reciente del país, solía dejar a las audiencias literalmente congeladas. Fue también un gran actor, pues su corporalidad en medios de sus discursos colmados de contenidos, lograban empatizar con su pueblo como ningún otro. En síntesis, tenía verso, estatura y aplomo de los que años ha se le conocía como un estadista.  Se han escrito varios libros sobre su ideario político, pero quizá esté en falta un análisis más profundo de ese Allende humano, con sus luces y sus sombras, como cualquier persona.

Salvador Allende no existiría si no hubiese contado con ese enorme respaldo popular. El que lo alzó ese 4 de septiembre, y al que saludó más tarde, victoria en mano,  desde un balcón de la sede de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, cuando el sol se desdibujaba en el horizonte y había una esperanza por un nuevo amanecer.

La mayoría eran pobladores, campesinos, obreros, oficinistas, estudiantes, suplementeros… Hombres y mujeres que se volcaron a los centros de sufragios para pensar y soñar por un Chile distinto y más igualitario.

Justamente este Especial de Página 19 sobre los 50 años del Triunfo de la Unidad Popular y del compañero Salvador Allende, humildemente, intenta recoger esa gesta histórica e inolvidable. Porque aquellas generaciones que no fueron testigos de ese hecho mayúsculo, merecen volver a escuchar aquellas voces que resuenan entre sus madres y abuelos.

Los editores y editoras, los y las periodistas, de distintas generaciones -muchos de ellos ni siquiera habían nacido en esa época- investigaron y registraron genuinos relatos de nuestra historia reciente. Un trabajo periodístico que intenta homenajear esa construcción colectiva de un Chile diferente. La riqueza de un pueblo que invitamos a rememorar…

4 de Septiembre de 1970: Historias de Alegrías y Esperanzas

La alegría, la esperanza y el miedo. Esos eran los sentimientos que se apoderaron del país aquel 4 de septiembre de 1970. Alegría porque por fin había llegado a La Moneda quien prefería que lo llamaran “compañero Presidente”. Esperanza, porque su programa de gobierno, aquellas 40 medidas por las que votó el pueblo, serían sin lugar a dudas, un cambio real para los chilenos. Y miedo, que sólo lo sentían quienes tenían mirada larga y pensaban en qué harían la derecha y Estados Unidos. Este último sabía -entre otras cosas- que el cobre volvería  a ser chileno.

“Esa noche fue inolvidable”

Rebeca Chamudes, profesora de la ex Universidad Técnica del Estado y que para el 4 de septiembre de 1970, estudiaba en el Pedagógico de la Universidad de Chile. Era comunista. Esta es su historia, que ella misma titula “Ahora le toca al Pueblo”:

“Allende y la Alameda están íntimamente unidos en mi memoria “Allende, Allende, el pueblo te defiende”… hasta sus palabras finales. Recuerdo ese lejano año 1952 en que desfilamos los liceanos con las juventudes populares de Ñuñoa  en el cierre de la campaña presidencial. Eran  compañeros del Manuel de Salas y otros ñuñoínos;  recuerdo a  Rodrigo Cabello, Luz Osorio, Poli Délano, Leo Fonseca, Mario y Gustavo Pueller;  éramos dirigidos por jóvenes del Pedagógico, entre los que destacaba por su entusiasmo el compañero Armando Cassígoli: Rayo era su chapa, ya que el Partido Comunista, al cual pertenecía, estaba aún en la clandestinidad, producto de la “Ley Maldita” de González Videla”.

“Desfilábamos casi de a uno por una increíblemente despejada Alameda, siempre  parecía  domingo:    “Exigimos Reforma Agraria”, “El Cobre para Chile”, “que vuelva Pablo Neruda” se leía en nuestras pancartas, otras denunciaban la tuberculosis en los niños, la carestía de la vida  o la falta de viviendas dignas. Eso fue durante todas las campañas de Allende.

Y esta vez igual trabajamos por Allende gracias a sus planteamientos y de los partidos que lo acompañaban, pero, por sobre todo, gracias  el entusiasmo contagioso del pueblo.   Los universitarios izquierdistas nos la jugamos una vez más.

Y llegó el día histórico

Hasta que llegó esa noche del 4 de septiembre de 1970 donde ya confirmado el triunfo de Allende  salimos a la calle.  Iban grupos y autos gritando “A la Alameda”… A la Alameda”…      Todos queríamos estar allí.  Fuimos a la calle dispuestos a llegar de alguna forma: sentíamos que la Historia nos esperaba.   Una camioneta nos llevó, cargada de personas con ojos brillantes y una gran sonrisa.  Un amigo de los tiempos ñuñoínos  al verme me dijo “ahora sí, compañera, ahora sí”….

A medida que avanzamos por Vicuña Mackenna nos juntamos con camiones, autos, bicicletas, carretelas tiradas por caballos cargadas con racimos de gente eufórica,  “Todos a  la Alameda”, era el grito.

Al  bajarnos de la camioneta, cerca de Plaza Italia, entrar a la Alameda  era ya muy difícil, alguien dijo “está así hasta Brasil”, otro aseguró, “no,  está lleno de gente hasta Estación Central”…..

Mi hija Paula se asustó,” tanta gente, mamá, volvamos a la casa”.

Pero no, ni por nada del mundo nos perderíamos esa fiesta.  Tomamos a  la niña  en brazos y seguimos decididos, éramos parte  de esa multitud con la que compartíamos la misma emoción. Entre un verdadero mar humano lleno estandartes y consignas en carteles de cartón. Tantos abrazos, gargantas apretadas, sonrisas, cantos,  banderas flameando. Todos queríamos escuchar al compañero Allende que iba a hablar desde el balcón de la Fech.  Un estallido de felicidad colectiva era lo que se reflejaba  en las caras de personas que nunca había visto ni volvería a ver, pero en  aquella noche inolvidable, éramos uno solo. Estábamos seguros que  empezaba otro Chile, que todo sería mejor, más justo, el hombre  y la mujer nueva estaban naciendo y le dije a mi niña algo que repetí muchas veces “ crecerás en el socialismo”.  Estaba equivocada, pero esa noche no lo sabíamos,  no pensábamos más que en celebrar cantar, bailar, toda la noche si fuera posible.

Durante los días de la Unidad Popular muchas veces nos tomamos la  Alameda.                                                                                                                                              Trabajadores, estudiantes, empleados salían a la calle, para demostrar su apoyo al compañero Presidente.

Y siempre con alegría.  La Unidad Popular fue una fiesta, una fiesta del pueblo, con tallas, “empanadas y vino tinto”. Una fiesta alegre, entusiasta, vital,  que nos marcó para siempre.

El compañero Presidente era un hombre “perdidamente enamorado del pueblo y de  la vida”, (Maximiliano  Salinas)

Desde el minuto mismo de la elección de Allende, esa fue noche inolvidable, para quienes tuvimos el honor de estar allí.      La felicidad máxima para obreros textiles, mujeres, dueñas de casa de las poblaciones  callampas o de clase media, profesores empleados, estudiantes, viejos de la pampa que venían luchando por un gobierno popular desde principios de 1900 y habían pasado por  campañas consecutivas con Salvador Allende a la cabeza. La unidad socialista-comunista, el partido radical de izquierda y otros sectores.

La felicidad estaba en esperar que la vida del pobre fuera a cambiar, que terminaran los abusos con los obreros, (la lucha de  casi 80 años o más por conseguir mejores leyes del trabajo, otras condiciones de vida etc)

El momento había llegado. La Alameda cubierta esa noche  de grandes esperanzas.  Allende dijo claramente “La tarea es enorme, pero es posible,  hay que trabajar, trabajar y trabajar”

Se creía que iba a producir tal efecto de mejoramiento general; que arrastraría a los sectores medios a apoyarla.

En medio del discurso recuerdo que se oyó un estampido hacia el lado poniente, se sabía que la derecha no se iba a quedar tranquila, ni los EEUU. Mientras los jóvenes  saltaban  y gritaban “el pueblo unido jamás será vencido…. Allende… Allende el pueblo te defiende” en medio del gozo generalizado, pasó Clodomiro Almeyda, según cuenta en una entrevista, pensando agobiado… “ahora se viene lo más pesado, EEUU, el enorme peso de la derecha, el Gran Capital “…

Todos los restaurantes estaban llenos desde plaza Italia a la Estación Central.

La Alameda fue el “lugar” donde pasaba el pueblo unido.  Así como el 4 de Septiembre de 1970 se celebró la Noche del Triunfo, y después pasó el asesinado general Schneider que la CIA y la derecha  eliminaron para impedir la asunción de Allende. Pero, con todo, el 4 de Noviembre se ratificó la primera mayoría y el Congreso pleno nombró a Salvador Allende Presidente de la República. La Alameda volvió a llenarse con 15 proscenios. En cada uno actuaban orquestas, los Parra, Luisín Landáez, Rolando Alarcón, Víctor Jara, Quilapayún y cientos de artistas populares. El Pedagógico se juntó allí, estudiantes de la UTE, obreros, campesinos, de los barrios de Conchalí a Puente Alto, bailaron cuecas y cumbias hasta el amanecer.

Por la Alameda salieron los trabajos voluntarios al sur y al norte, los trenes de la salud, el tren de la cultura, se celebró la nacionalización del cobre. Fue una gran noche ese 4 de septiembre. No la olvido.

 “Me puse hasta corbata para ir a votar”

Entre los miles y miles de ciudadanos que esperaron con ansias ese día histórico, estaba Carlos Manuel Espinoza. Tenía 23 años. Trabajaba en el gas de Valparaíso, donde llegó a ser dirigente de su sindicato. Nunca militó, pero dice que nunca dejará de ser allendista. Hoy, jubilado y con una pensión miserable, recuerda con lágrimas en los ojos lo que significó para él, el triunfo de Salvador Allende.

“Trabajamos tanto para eso. Con un grupo de amigos recorríamos todos los días los cerros. Como la canción, íbamos del cerro Los Placeres, al Barón, al Cordillera, a todos. Dejamos los pies en las calles de esos cerros, bajando y subiendo quebradas. pintábamos la A de Allende en  todos lados.  Lo principal era que todos fueran a votar ese día. Tantas veces había perdido el doctor…Nos encontrábamos con todo tipo de gente, la mayoría iba a votar por nosotros. Tanta pobreza en  esos cerros. Niños con su carita reseca con sus moquitos. El agua escaseaba, tanto como el pan. Pero, todos estaban contentos con la elección. Creían que todo podría cambar.

“Finalmente llegó ese día. Cada uno con su mejor pinta. Me puse hasta corbata, porque sabía que estábamos con olor a triunfo. En esos años, todo el mundo iba a votar. Era una especie de fiesta, pero seria. Los trabajadores éramos los más esperanzados, porque de verdad que éramos maltratados. Me gustó verlo al compañero Allende en  el parque Italia. Allí fue la última manifestación. Llenamos la avenida Pedro Montt. Bajaron todos de los cerros, vinieron de las ciudades vecinas, Quilpué, Belloto, Villa Alemana, Limache, Quillota. Der todos lados y llenamos Pedro Montt de lado a lado, desde la misma Plaza Victoria. Todos cantando, todos gritando, muchos bailando. La c ara de alegría de la gente lo decía todo.

“Bueno, ese día me fui temprano a la casa, donde me esperaban mis padres para ir a votar. Saqué un cuaderno para ir anotando los votos que dieran  por la radio. Era una manera de controlar. Todos lo hacíamos en esos años.

Al fin, dieron el resultado. No ganamos por mucho, pero ganamos. Lloré sin vergüenza. Es que teníamos tantas esperanzas en el compañero. Tendríamos que esperar la segunda vuelta. No nos importó, porque habíamos ganado. Y lo volveríamos a hacer. Pasamos harto susto cuando mataron al general Schneider. Pensamos que no dejarían que el compañero llegara a La Moneda. Pero llegó y aunque terminó como terminó, nadie puede olvidar la alegría que tuvimos ese día”.

“Yo estuve en el balcón de la FECH junto al compañero”

“Tenía 25 años y pertenecía a la juventud socialista. Con todo el entusiasmo de la época, y sabiendo que se podía poner en peligro la elección, ese 4 de septiembre Hernán Coloma se reunió con sus otros compañeros en una casa en Los Leones con Diego de Almagro. “Suponíamos que podía haber un golpe si Allende ganaba. Estábamos nerviosos. Pasaban las horas y todo se sentía tranquilo. Escuchábamos los cómputos por radios. A las 5 de la tarde empezaron los recuentos y nos dimos cuenta que Allende podía ganar.

En la radio escuchamos que la gente estaba acudiendo al centro de la ciudad. Yo dije, ¡al diablo!, yo por lo menos, me voy. Se los dije a los compañeros. Y partí.

Después supe que todos habían hecho lo mismo. Llegué a Providencia cuando estaba ya atardeciendo. Y cuando entré a esa avenida,  sentí un golpeteo en el suelo, como cuando desfilaban los militares. Eran los mineros de la Disputada de Las Condes. Sus zapatos de seguridad, sus calamorros,  tenían fierro en las puntas. Y eso era lo que sonaba con su desfile.

Lo impresionante es que Providencia estaba todo oscuro. Creo que esa gente estaba aterrada, pensando que esos trabajadores los iban a asesinar, violar a las mujeres, llevarse a los niños. Qué se yo. Todas las luces estaban apagadas en los departamentos y en las casas. Y el silencio se sentía.

Llegamos al centro y empecé a recorrer todo eso. Llegué hasta Cumming. Y ahí vi miles y miles de personas que caminaban. Los feriantes venían con sus carretas con caballos llenas de gente. También micros y camiones con gente colgando.

Yo volví hacia el centro y me fui acercando a la FECH, donde iba a hablar el Presidente. Veo al Moncho Silva, que estaba arriba, y me dice :”sube huevón este es un momento histórico”. Y con su ayuda, llegué a ese balcón histórico. Ahí estuve cuando Allende dio su discurso. Fue una oportunidad increíble”.

 

La Canción del Poder Popular y un Chile ni tan Diferente

A principios de año, el escritor chileno Ariel Dorfman, publicó para The New York Review of Books, un ensayo sobre la rebelión chilena de octubre de 2019. Su registro testimonial sobre los años previos a la Unidad Popular, dan cuenta de una suerte de déjà vu, esa sensación de haber vivido antes un evento similar, donde nuestra Plaza de la Dignidad, en Santiago (Plaza Baquedano) ya había sido el epicentro de otras revueltas, situándose como un eje urbano de profundo contenido simbólico en nuestros procesos de transición y crisis. En particular, narra un episodio vivido junto a quien, hoy, es su esposa. Ocurrió el 6 de mayo de 1965 en el contexto de protestas estudiantiles contra la embajada estadounidense, a causa de la invasión yanqui en República Dominicana.

“Cuando Angélica y yo nos escabullimos, una Van de la policía nos persiguió, amenazante, a través de los jardines y trató repetidamente de embestirnos en contra de uno de los árboles donde nos escondíamos. Finalmente, perseguidos por varios policías corpulentos, empuñando palos, logramos regresar a la plaza, que parecía ofrecernos algo de refugio”.

“Quizás porque  todavía reconocían algún tipo de privilegio y límite que debía ser respetado, la policía no hizo mayores intentos por atacar a la multitud de estudiantes acomodados que se habían reagrupado allí. No nos dimos cuenta que nos habían dado un anticipo del futuro. Estos nuevos y brutales métodos de control de multitudes eran parte de una modernización bien financiada de medidas represivas, sistemáticas y precisas, en Chile y el resto de una América Latina insurgente. Si los disidentes y activistas no eran aún sometidos a la fuerza de la violencia estatal, esto se debió a que Chile se movió resueltamente, en los años siguientes, hacia la posibilidad del control popular del Estado a través de una revolución pacífica. Y, en efecto, el 4 de septiembre de 1970, una coalición de partidos de izquierda eligió un nuevo presidente: Salvador Allende, un socialista que estaba comprometido con las reformas estructurales de las desigualdades económicas y sociales de Chile, pero a través de medios democráticos más que de una lucha armada”.

“Esa elección alteró dramáticamente lo que la plaza significaba para los chilenos. Las multitudinarias marchas de los allendistas, deliberadamente, fluyeron hacia la plaza, en una demostración de fuerza y ​​apoyo a nuestro experimento, prueba de que la ciudad pertenecía a quienes la habían construido y nutrido y no a aquellos, quienes profitaban de la incesante explotación y olvido de sus habitantes. Además, participando en esas marchas en las cuales grité hasta quedar ronco de júbilo, mi experiencia particular de la plaza también se transformó”.

Otra cosa fue con guitarra

Mover los límites de la ciudad, implicaba transformaciones culturales profundas, que la Unidad Popular intentó abordar con un proyecto de riqueza simbólica, política y estética sin proporciones en la historia de nuestro país. Una historia que no pudo sino hacer eco de procesos sociales que habían estallado en reformas y cambios culturales en todo el mundo, principalmente en los años ‘60. La revolución cubana, la Guerra de Vietnam, la masacre de estudiantes en Tlatelolco, México; así como la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos marcada por el asesinato de Martin Luther King y, por supuesto, el mayo francés de 1968 que logró unir a los líderes estudiantiles con sindicatos y obreros, amplificando así el rechazo al statu quo, por medio de lienzos y consignas como ¡Prohibido prohibir!, la imaginación al poder o seamos realistas, pidamos lo imposible.

Ese lenguaje directo, creativo y abiertamente revolucionario irrumpió en Chile, entre otras manifestaciones, con la Revolución en libertad de los estudiantes universitarios que, en su búsqueda de justicia social, serían algo así como los teloneros de nuestra vía chilena al socialismo, moviendo los límites del arte (teatro, música, pintura, danza) hacia todos los rincones del país.  La Nueva Canción Chilena contaba desde 1967 con un sello discográfico local, la Discoteca del Cantar Popular. (Dicap) perteneciente a las Juventudes Comunistas y que incluía un cuidadoso y simbólico trabajo en sus carátulas, a cargo del artista gráfico Antonio Larrea.  La Dicap contribuyó con un catálogo excepcional: Violeta Parra, Margot Loyola, Rolando Alarcón, Patricio Manns, Los Blops y Víctor Jara que, entre muchos más, fueron asiduos invitados a recitales, marchas y mítines de la época.

La extensión universitaria, las peñas, los festivales y la educación popular llegaron a través de prácticamente todas las expresiones artísticas a las poblaciones, el arte barrial podía realizarse en sedes sociales, parroquias, calles y murallas. Los espacios públicos fueron dando cuenta de una virtuosa conjunción entre política, educación popular y arte.

La victoria que llegaría el 4 de septiembre de 1970 se palpitaba en esas calles, dejándose sentir en los cantos, obras de teatro, bailes, murales y recitales que afloraban en las esquinas, con cada manifestación a lo largo del país, para congregar y convocar, masivamente, al pueblo no habituado a ocupar los espacios que históricamente le habían sido vedados.

Como recuerda la doctora en Historia y académica de la Universidad Austral de Chile, María Angélica Illanes, “nos juntábamos a manifestarnos como cuerpo en transformación, en revolución. Estábamos generando el cambio histórico. Cuando cantábamos, cuando participábamos de ese canto en forma colectiva, en forma masiva, con una sola voz, estábamos generando el cambio.”  En conversación con Página 19, la historiadora remite al amor de una época que vivió siendo universitaria y que no duda en calificar como un “proceso político musical” que surtió de encanto y alegría al país. Para ella, la música y en especial el canto eran pronunciamientos colectivos de un sujeto histórico joven, que se ponía al servicio de una transformación profunda. “La música le dio una voz alegre, sentido e incluso un contenido pedagógico al proceso, además de conectarnos -sostiene- con América Latina y con los instrumentos del mundo andino, en cuyas raíces ancestrales se cantaba el cambio, la transformación y el canto nuevo”.

Ocurrió de hecho con “Venceremos”, el himno de campaña de la Unidad Popular que, si bien fue compuesta en 1970 por Sergio Ortega del Quilapayún, con letra de Claudio Iturra, fue versionada indistintamente por Inti Illimani, Quilapayún y Víctor Jara.  Sucedería lo mismo con la marcha de “El pueblo unido jamás será vencido” compuesta también por Ortega, poco antes del Golpe de Estado. Los acordes de ambos himnos persisten en la consciencia del pueblo hasta el día de hoy, pues sigue aflorando en las gargantas de millones de personas, en marchas de todo el mundo. Tal como ocurrió durante las protestas de octubre de 2019 durante la “revolución de los nietos”, como la denomina María Angélica Illanes (historiadora).

La canción del poder popular llegó de la mano de una juventud consciente y, muchas veces, militante. Fue el caso de Libertad Ramas Montecinos, profesora jubilada de Valdivia, hija de un español llegado en el Winnipeg, carguero que el poeta Pablo Neruda contrató para traer a Chile refugiados españoles que escapaban de la Guerra Civil. En sintonía con la vida politizada de esos años, Libertad comenzó a militar en las Juventudes Comunistas desde muy pequeña y así fue como se transformó en una de las primeras mujeres presidenta del Centro de Alumnos de la educación secundaria del Liceo de niñas de Valdivia.

“El despertar para los jóvenes -comenta- llegó con la Universidad Técnica del Estado (UTE) que fue nuestra escuela política. Con ellos nos organizábamos y recuerdo, por ejemplo, una de tantas disputas contra el Ministro de Educación de la época, don Ernesto Pinto Lagarrigue, a quien pusimos simbólicamente en un ataúd de cartón y junto a alumnos del Liceo Armando Robles, lo llevamos hasta el puente Pedro de Valdivia para tirarlo al río, para que se ahogara.”  Eran tiempos de efervescencia política, declaraciones apasionadas, pero también de acciones concretas.  Pese a ser una Universidad Técnica, la UTE pasó a ser un importante foco cultural en la región, para cantantes, grupos musicales y para el teatro. Por primera vez, los jóvenes compartían el genuino compromiso de recorrer poblados y asentamientos familiares de difícil acceso en la región, para montar sus espectáculos con elencos artísticos para todo público. “Las peñas más importantes fueron las que organizó la Universidad Técnica del Estado. Ahí mismo se hizo harta actividad para la campaña, con Rolando Alarcón, Héctor Pavez.

También vino en plan de campaña por Salvador Allende, Pablo Neruda, que dio un recital para obreros en el local del Partido Comunista, el salón estaba lleno de trabajadores”, señala Libertad quien, vinculada ya a la Comisión de Educación Política del Partido Comunista y, previo a la campaña presidencial de 1970, también fue integrante de la Brigada Ramona Parra y sonríe al recordar que, junto a compañeros y compañeras, se pasaban tardes enteras haciendo engrudo (pegamento casero hecho con  harina y agua) para salir a pegar carteles y lienzos en las calles de Valdivia.

No se trata de cambiar un presidente

Entre septiembre y octubre de 1970, el grupo Inti Illimani grabó el Canto al Programa, dirigido por Sergio Ortega y Luis Advis, con la idea de acercar el mensaje político contenido en las primeras 40 medidas del gobierno, utilizando la música como instrumento pedagógico.  Porque como decía la canción, no sólo se trataba de cambiar un presidente, sino que era todo el pueblo quien debía participar en la construcción de un Chile diferente.

En este contexto se entiende que, a pocos meses de asumido el gobierno de la Unidad Popular, Allende invitara a diferentes personalidades internacionales (intelectuales, periodistas y artistas) para que observaran el desarrollo de transformación que vivía el país. Como señala a este medio, la directora del Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA), Claudia Zaldívar, “Esa idea luminosa se gestó en el transcurso de lo que se llamó la Operación Verdad (Santiago, abril 1971). Asistieron el crítico de arte español, José María Moreno Galván y el pintor y senador italiano Carlo Levi, quienes lanzaron la iniciativa de crear una colección de obras de arte para Chile, donada por artistas internacionales, como un gesto de movilización solidaria y de apoyo al gobierno de la Unidad Popular. Mário Pedrosa, destacado crítico de arte brasileño, fue el gran gestor y fundador del Museo de la Solidaridad, en su condición de presidente del Comité Internacional de Solidaridad Artística con Chile (Cisac), que se conformó para esta tarea. Pedrosa estaba exiliado en Chile por la dictadura brasilera. Era ya en ese momento un renombrado experto en arte contemporáneo, con múltiples contactos con destacadas personalidades del medio artístico internacional. Como Secretario Ejecutivo del Cisac se nombra a Danilo Trelles, cineasta uruguayo, consultor de Bellas Artes de Unesco y amigo personal del presidente Allende.”

El llamado solidario de Pedrosa se realizó en los círculos del arte contemporáneo de todo el mundo, junto a una carta del propio presidente Allende. “La idea era conformar un museo de arte moderno y experimental, donde quedara expresado el ideal de una sociedad más justa, más libre y humana, expresa Claudia Zaldívar y agrega, si bien el museo no alcanzó a tener una sede y constitución oficial, se realizaron tres exposiciones muy visitadas y elogiadas. Más de 480 obras se recibieron antes del Golpe de Estado, de artistas tan relevantes como Joan Miró, Lygia Clark, Frank Stella y Víctor Vasarely.”
Hoy, el MSSA es considerada una de las colecciones de arte moderno y contemporáneo más importantes de América Latina, por su diversidad y la relevancia de las obras en las trayectorias de los artistas. “Encarnamos, dice su directora, el concepto de solidaridad en lo más profundo de nuestra política museal, en la relación que tenemos con nuestras comunidades, en el fuerte trabajo de vinculación con el barrio República, de co-creación con las comunidades educativas y diversidades. Por nuestra historia, somos un museo político en su más amplio sentido: ético y estético”, concluye.

La construcción de un nuevo frente cultural ante una industria que llevaba décadas funcionando al alero de un público que tenía sus propias expectativas de consumo cultural, claramente era un desafío enorme. El proyecto artístico y cultural exploró, entonces, el acceso al libro como instrumento de cambio de mentalidad y formación de identidad nacional. Lo hizo con un modelo inédito de producción, distribución y ventas, a través de la experiencia de la editorial estatal Quimantú (sol de sabiduría, en mapudungun). Los libros pasaron de ser un lujo, a ser vendidos en quioscos y fábricas, como rezaba la publicidad, al precio de una cajetilla de cigarrillos.

El autor de “La muerte y la doncella”, Ariel Dorfman, ha señalado que en aquella época debía cruzar por lo menos 3 veces al día la Plaza de la Dignidad (Baquedano) por su trabajo como consultor ad honorem en varios proyectos de Quimantú: nueva juventud y cultura, revistas de historietas y cómics que según ha planteado, fueron “diseñados para desafiar el ascenso de Disney en el mercado y la publicación de libros populares vendidos en grandes cantidades en ediciones económicas en los quioscos. Una de las delicias de esa labor de amor fue, después de varias horas de arduo y estimulante trabajo en Quimantú, detenerse en una esquina de la plaza y, por unos minutos, simplemente pararse y observar a mis conciudadanos adquirir este material lector en un quiosco. Hubo una recompensa adicional, más tarde en el autobús que me llevaba a mi próxima tarea revolucionaria, de ver a la gente realmente leyendo, realmente absorta en las palabras e imágenes que había ayudado, a mi manera, a traer al mundo”.

Los sueños de un futuro socialista avanzaban, señalando a su pueblo un camino de luchas por vencer. Las consignas enarboladas en el mundo, durante décadas de lucha campesina, obrera y estudiantil por una cultura popular parecían cristalizar al sur del mundo y adquirían más sentido que antes las reivindicaciones y conquistas de una vida propia. En más de un registro audiovisual, particularmente en “La Batalla de Chile”, del realizador chileno Patricio Guzmán, es posible dimensionar la consciencia, la capacidad de hablar y de decir del pueblo chileno, como sujeto que estaba construyendo su propia historia, pero colectivamente.

Como lo dijo Salvador Allende en su primer discurso como flamante presidente electo, “Toda la victoria del 4 de septiembre de 1970 se sostiene en la esperanza y en la juventud de la patria”. Joel Asenjo Ramírez, contador auditor, recuerda ese momento, cuando se encontraba reunido con otros jóvenes socialistas frente al Café Palace, en la ciudad de Valdivia, a la espera de los resultados nacionales de las votaciones. Según su relato, “desde la ventana del segundo piso del local, Víctor Monreal, tipo 21 ó 22 horas expresa a la multitud de adherentes: ¡Ganamos! ¡Allende Primera mayoría!. Saltamos de alegría, gritando, ¡Allende!.  En eso estaba, cuando mirando los rostros de los presentes, veo a mi padre y corro hacia él, quien me toma en sus brazos.  Levantándome, me abraza y expresa,  ¡por fin!, Allende, presidente”.

Hoy, que el canto valiente vuelve a ser canción nueva en las calles y balcones de Chile, porque se resiste a desaparecer de nuestra memoria, a pesar de haber transcurrido medio siglo desde el triunfo de la Unidad Popular, para Joel Asenjo, “el gobierno que dirigió el compañero Allende, es el mejor gobierno que hemos tenido los chilenos en toda nuestra historia”.

No nos cabe duda, “podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza”.  (Salvador Allende)

50 Años del Triunfo de la U.P.: Yo Mujer

En las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970 el candidato de la Unidad Popular (UP), Salvador Allende, alcanzó el porcentaje más alto de votos emitidos aquella jornada, superando al ex-presidente y candidato de la derecha, Jorge Alessandri, y al demócrata cristiano, Radomiro Tomic. Su votación alcanzó un 31% en mujeres y un 42% en hombres.

20 años antes del triunfo de Allende, las chilenas conquistaban su derecho a sufragio universal después de décadas de lucha liderada por el Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile (MEMCH). El 8 de enero de 1949, en un acto en el Teatro Municipal de Santiago, en el cual Allende participó como senador, el expresidente Gabriel González Videla firmó la Ley N° 9292 que separó el Registro Electoral en varones y mujeres.

En 1952 Allende se presentó como candidato por el Partido Socialista (PS), esa era la primera vez que las mujeres ejercían su derecho a voto para elegir presidente. Esto llevó a que el padrón electoral se duplicara, pese a que todavía estaban inscritas solo un porcentaje muy menor de todas las que cumplían los requisitos para hacerlo: ser mayores de 21 años y saber leer y escribir. Datos de la Biblioteca del Congreso Nacional (BCN) indican que en esas presidenciales, del total de votantes (954.131) las mujeres representaron un 32,3%.

Ese año fue electo presidente Carlos Ibáñez del Campo, con el apoyo del Partido Femenino de Chile, fundado en 1946 por María de la Cruz Toledo para luchar por el sufragio femenino y que inclinó la balanza en su favor al darle una importante victoria en las mesas de mujeres. Poco tiempo después de iniciado su gobierno, en 1953, se efectuaron las primeras parlamentarias donde votaron mujeres. Con más del 50% de los sufragios, María de la Cruz se convirtió en la primera senadora electa.

Allende volvió a ser candidato por el Frente de Acción Popular en los comicios de 1958, cuando las mujeres representaban al 35,1% del universo electoral (1.235.552). El líder socialista insistió en 1964 cuando el electorado femenino alcanzaba el 44,1% del total del padrón (2.512.147).

Para 1970, la participación femenina en los procesos electorales creció hasta casi la paridad con los hombres, un 48,8% del universo total de votantes (2.923.294). Entonces, la votación de mujeres solía inclinarse al sector conservador, por esto, el candidato de la derecha Jorge Alessandri, contaba con el voto femenino para imponerse.

Mujeres de derecha y la campaña del terror

En las elecciones de 1964 hizo su aparición el movimiento opositor a la candidatura de Allende, Mujeres de Chile (AMCh), con María Elena Valdés Cruz como presidenta y Elena Larraín Valdés de vicepresidenta, que en 1970 repitió su campaña anticomunista en radios y prensa escrita, por la que incluso fue investigada respecto de su legalidad y financiamiento por la Cámara de Diputados.

Según consta en archivos de la BCN, en la Comisión Especial Investigadora se señaló que la campaña incluía “Avisos con tanques frente a La Moneda; urnas, en que, en lugar de votarse para sufragar se colocaban los cuerpos de los presuntos electores; niños con metralletas, taxistas asesinados y otros medios igualmente anormales. Hace pocos días, una revista «La palmada en la frente», anunciaba la sovietización en Chile, en caso de que el señor Allende triunfara. Dos organismos aparecen encabezando esta gran maniobra: uno se llama «Chile Joven»; el otro, «Acción Mujeres de Chile». Entendíamos que esta campaña la organizaba el comando del señor Alessandri o se hacía con su consentimiento”.

Margaret Power en “La Mujer de Derecha. El poder femenino y la lucha contra Salvador Allende, 1964-1973”, sostiene que la derecha procuró “convertir a Allende en demonio, con su versión 1970 de la Campaña del Terror” que apuntaba a que las mujeres, no los hombres, tenían en sus manos el destino de Chile y que estuvo a cargo de la Agencia publicitaria Andalién, relacionada con numerosos personajes, publicaciones, grupos de estudio y empresas de la derecha.

En un análisis especulativo de los resultados electorales, plantea que la acción sí tuvo efecto, dado que el mayor porcentaje del voto femenino fue para Alessandri, a quien prefirieron con un margen del 8% sobre el candidato de la UP, mientras los hombres dieron a Allende la mayoría de sus votos y el triunfo, con un margen del 10% sobre el candidato conservador. El mayor apoyo para Alessandri provino de las mujeres de clase alta y media.

Las mujeres de derecha se manifestaron con fuerza para evitar que el Congreso “entregue el país al comunismo”. Buscaron presionar el voto en contra de la Democracia Cristiana y evitar así la ratificación de Allende en la presidencia, la que finalmente se dio el 24 de octubre de 1970, día en que se convirtió en el primer mandatario socialista, en el mundo, en ser elegido democráticamente.

A inicios de 1972, tras la recordada protesta de mujeres de derecha conocida como la “marcha de las cacerolas vacías”, varias dirigentas de la AMCh, incluyendo a Elena Larraín, crearon Poder Femenino, que fue parte de los movimientos de oposición al Gobierno Popular junto a otras agrupaciones como la Unidad Nacional Femenina (UNAFE) y la Unión de Mujeres Libres.

Un programa e historia política   

La campaña de la UP incluyó acciones para atraer el voto femenino. Todavía se imponía una visión tradicional, con énfasis en el rol de madres. El Programa Básico de Gobierno proponía la eliminación de toda discriminación entre hombres y mujeres en materia de sueldos y salarios; el establecimiento de la plena capacidad civil de la mujer casada y la igual condición jurídica de hijos/as nacidos dentro o fuera del matrimonio, así como una adecuada legislación de divorcio; la extensión del sistema de salas cuna y jardines infantiles, a fin de atender las necesidades de desarrollo preescolar y posibilitar la incorporación laboral de la mujer; y la creación del Ministerio de Protección a la Familia.

Mónica Araya Flores, profesora y abogada comunista, relata que durante la campaña se dedicaron a explicar los alcances de la nacionalización del cobre, la estatización de las grandes empresas, la profundización de la reforma agraria, y otras medidas de interés para las mujeres como el asegurar medio litro de leche diaria a todos los niños/as y embarazadas o el desayuno en enseñanza básica.

“Hablábamos que era indispensable que nuestros hijos tuvieran una educación pública y gratuita donde pudieran recibir alimentación, porque en esa época se crearon los comedores escolares; que se iban a abrir las universidades para la mujer; lo importante que era que las que trabajaban se organizaran para tener sindicatos, que hubiera jardines infantiles, que empezaran a salir de su casa para trabajar, de cómo sería la reforma agraria para la familia donde no solo al hombre le tocara producir sino también que la mujer aprendiera el trabajo campesino. Les gustaba porque en ese tiempo esos temas todavía muchas mujeres no los habían escuchado”, expone.

En el ámbito laboral, un porcentaje importante de mujeres se desempeñaba como trabajadoras de casa particular. “En esos años les decían trabajadoras domésticas y muchas estaban preparadas para votar por la derecha porque las jefas las tenían amenazadas y nosotras les explicábamos que podían votar por Allende sin que nadie supiera, que el voto era secreto”, denuncia.

Para la hoy presidenta de la Junta de Vecinos de la Villa Portales de la comuna de Estación Central,  existía una fuerte diferencia con la cruzada por el voto femenino que llevaba adelante la derecha. “La mujer de derecha tenía solo un discurso, que la mujer tenía que estar en su casa cuidando a sus hijos, que el hombre era el proveedor y ellas podían aprender a tejer o a bordar en los centros de madres, pero nunca tuvieron una opinión política, nosotras si, teníamos a Julieta Campusano, a la Amanda Labarca, les contábamos cuánto costó que ella pudiera ingresar a la universidad, por qué se conmemoraba el 8 de Marzo, éramos muy políticas y con mucha historia”.

Araya estuvo siempre en las comisiones de mujeres, primero en la antigua comuna de Barrancas y después en la Comisión Regional Femenina del Regional Norte. “Ahí estaba Clara Velarde que  también venía de la Jota junto a Gladys Marín que era la secretaria general y diputada, ella daba sus discursos y las mujeres iban a escucharla. La Comisión Femenina Nacional Política nos bajaba la información a nosotras, en ese equipo político estaban Julieta Campusano, Mireya Baltra”.

Los centros de madres, que concentraban a gran cantidad de mujeres y tenían una fuerte presencia territorial, fueron visitados tanto por las simpatizantes de la UP como de la derecha para pelear el voto. “Se invitaba a las mujeres a votar, muchas no estaban inscritas en los registros electorales y nosotras hicimos una enorme campaña para que se inscribieran, les decíamos que no aceptaran lo que les iba a dejar la derecha, que les regalaba tortita, lanas, materiales, y esas cosas”.

La victoria la evoca con emoción: “Salimos a la calle a celebrar y nos encontramos con muchas mujeres con las que habíamos estado en las poblaciones, iban con hijos y sus maridos, estaban muy felices, nunca habían ido a una concentración, nunca antes habían participado en elecciones”.

Se emociona aún más con el recuerdo de las palabras de su papá. “Me dijo mire hija, hemos ganado solamente la presidencia, no hemos ganado el poder, porque el poder político está en manos de otra gente, tenemos que ser cautos porque lo que viene va a ser muy difícil por el programa que se tiene. Nos abrazamos y yo lloré un poco”, detalla.

Tras el golpe de Estado, el 2 de abril de 1976, su padre, el exdiputado Bernardo Araya Zuleta y su madre María Olga Flores Barraza fueron secuestrados por la DINA y, desde ese día, figuran como detenidos desaparecidos. Años más tarde, en 1987, su hijo mayor, Juan Waldemar Henríquez Araya fue asesinado por la CNI en la llamada Operación Albania o matanza de Corpus Christi.

Con 69 años ingresó a estudiar derecho para seguir su lucha por justicia. El verse obligada a moverse y permanecer clandestina en el país impidió que guardara fotos o recuerdos del tiempo en que trabajó por Allende. Hoy, a los 83, desde su junta de vecinos participa en la coordinación de ollas comunes que se multiplicaron producto de la pandemia y también en asambleas territoriales. “En esos años luchábamos contra el capitalismo, ahora contra el neoliberalismo que instaló la dictadura, por eso lo importante es trabajar por un cambio de Constitución”. Allí tiene puestas sus energías.

 Desde niña en las campañas

Francisca Rodríguez Huerta, presidenta de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas, ANAMURI, participó en la campaña del 70 y en las anteriores, “porque llegar al triunfo fue un proceso de lucha de mucho tiempo”, apunta.

Asegura que creció junto a las campañas. En la primera era apenas una niña: “Los niños gritábamos ¡mi mamá y mi papá por Allende votarán!”. Para el 64 ya estaba en la juventud: “A él le tocó el número 1, yo salía a perifonear y alguien escribió algo que decía así: “Siempre el uno fue el primero y el dos camina de atrás y hay que ser muy majadero para negar la verdad. Del uno dijo Aceituno, en su dicho popular, y como Allende es el uno ¡seguro que va a ganar!”

Al hacer memoria, a ratos se le confunden la campaña del 64 y la del 70, pero recuerda con facilidad los gritos de la juventud de La Cisterna: “¡Socialistas, comunistas, unidad de la juventud allendista!”, y también los de otras comunas: “Lucha sin cuartel ¡San Miguel!”, “Juventud roja y eterna ¡La Cisterna!”, “Chicha con limón ¡juventud de San Ramón!”.

Para la dirigenta de las mujeres rurales e indígenas es fácil acordarse porque a su juicio eran gritos “de esperanza, de construcción, de lo que pensábamos íbamos a alcanzar”, a diferencia de los que se usan hoy en las protestas, “que son de rabia, de desafío”. De las consignas de mujeres, entona “el primero que tuvimos”, que dice: “¡Adelante mujeres de Chile, con el Frente de Acción Popular, todas juntas el 4 de Septiembre, por Allende vamos a votar!”.

Explica que pese a tener la convicción que ganarían, la derrota del 64 no logró vencerlas, al contrario,  para la campaña del 70 habían ampliado el trabajo con la juventud pobladora y trabajadora: “Había una alianza con estudiantes, campesinos, todo eso significó esta proeza que era ganar y construir el Gobierno Popular, pero además existía un debate político intenso porque el programa de la Unidad Popular es la obra más grande que han hecho los sectores populares, el pueblo, que  se ajustó desde el punto de vista técnico, pero fue un intenso debate sobre cómo íbamos a construir el socialismo”.

Como encargada femenina de la JJCC, participó en la coordinación de actividades como los  “campamento de muchachas”, porque en esos años “no se nos pasaba por la cabeza hacer campamentos mixtos”. Los fines de semana viajaban a campamentos en el campo para captar el voto campesino. “En cada sector había Comités de Unidad Popular (creados para la campaña de 1970), teníamos el país lleno, no se concebía un comando en una comuna o población importante si no estaba el comité juvenil, porque la juventud les daba la vida, nosotros hacíamos el festival La Juventud Canta, donde emergieron los Quilapayún, los Inti Illimani”.

También fue la representante de la juventud en el Frente de Mujeres de la Unidad Popular, presidido por la senadora socialista María Elena Carrera, espacio en el que se debatía el proceso de lucha por la emancipación de las mujeres. “Se discutía cómo las mujeres íbamos a estar en el Gobierno y ahí participábamos para que se tomara en cuenta la situación de las mujeres jóvenes”.

En pleno apogeo de la Nueva Ola y para diferenciarse de los fans club, que proliferaron en las poblaciones, se reunían en los que llamaron clubes de amigas. “El fans club fue un movimiento importante en esos años y nosotras teníamos que ser la otra cara, entonces formamos los clubes de amigas que eran más de estudio, había talleres, ahí se aprendía a pintar para hacer propaganda, yo creo que éramos como una copia pequeña de los centros de madres”, admite riendo, y agrega que hacían un trabajo solidario en las tomas, el que continuaron ya instalado el Gobierno.

Rodríguez hace referencia a que era la época de la irrupción de los movimientos hippie, feminista y de liberación de la mujer. “Significaba que salíamos del claustro en que muchas veces, sobre todo las mujeres estábamos. En ese minuto nos sumábamos a la lucha por la vivienda, por jardines infantiles, dábamos batallas que eran para mejorar las condiciones de vida, después en dictadura ya vino el desarrollo del movimiento feminista, con otros planteamientos, porque esto tiene etapas, a veces conversamos con las que somos más viejas y pensamos que las feministas escriben la historia sin tomar siempre en cuenta lo que ha sido el proceso histórico de las mujeres”.

Entre las demandas fuertes enumera las relacionadas al mundo laboral. Las mujeres trabajadoras ya ejercían liderazgos sindicales, apoyadas por partidos de izquierda como el Socialista y Comunista. “Demandábamos igualdad de salario en las fábricas, más y mejores puestos de trabajo. En ese tiempo pensábamos que la situación de la mujer cambiaba cuando entraba a trabajar y no, el salario por sí solo no era una condición de liberación de la mujer; peleábamos por más espacio en la dirección de nuestras organizaciones, por tener cargos de responsabilidad porque no éramos las mujeres del tecito, quizás partimos así, siendo las tesoreras, pero queríamos más”.

Las más jóvenes miraban el potente ejemplo de las mujeres del MEMCH. “Olga Poblete, Elena Caffarena, llevaban el discurso de la mujer adelante, eran nuestras heroínas, las admirábamos”. A  ellas se sumaban muchas otras mujeres que califica de inspiradoras: “Las que estaban en el parlamento eran muy osadas en el sentido de abrir el camino, Julieta Campusano con esa fuerza, la propia Laura Allende o María Maluenda, además de ser parlamentarias estaban con la gente trabajando codo a codo en las campañas. Nosotras hicimos muchas asambleas y marchas de mujeres. En el Frente de Mujeres de la Unidad Popular estaban compañeras como Inés Cornejo, Clara Velarde, Elena Morales y las mujeres radicales, Marta Melo que era del Partido Socialista”.

De la celebración del triunfo trae a la memoria el grito “¿Dónde va esta gente? ¡A ver al Presidente!”, mientras marchaban al centro. “Había una alegría desbordante, nos abrazábamos, llorábamos de felicidad. La gente pasaba caminando, en camiones, era una inmensa multitud”, añade.

A los pocos días, Francisca contrajo matrimonio: “Tenía unos 23 años y me casé a la semana del triunfo, así de grande era nuestro compromiso, o nos casábamos antes o inmediatamente después, ya que el trabajo que se venía en el Gobierno Popular sería muy grande y no íbamos a tener tiempo de casarnos”.

La universidad

En 1969 Margarita Pastene Valladares estudiaba periodismo en la Universidad del Norte (hoy Católica del Norte) en Antofagasta. De inmediato ingresó a la campaña organizada por los partidos políticos en coordinación con las juventudes, estudiantes y trabajadores, mayormente de la minería.

“Con mi marido nos incorporamos al Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) y de ahí generamos nuestro espacio político. La verdad es que estábamos más preocupados de participar políticamente para lograr el triunfo de Salvador Allende que de sacar nuestras carreras. Ir a la universidad nos proveía de los espacios de debate, asambleas, nos organizábamos para las marchas, las convocatorias, en una época en que no existía internet y todo se definía en reuniones”, señala.

La periodista también se sumó a un área vital en la candidatura de la Unidad Popular: la cultura. Junto a estudiantes de diversas carreras crearon el grupo de folclor nortino Jalpayay: “Se sumaron mujeres que eran las esposas de nuestros profesores del MAPU, porque ellos no se atrevían a participar, pero ellas sí. Estuvimos presentes en distintos actos culturales de campaña, hacíamos actividades en la sala Ercilla de la universidad, teatro, exposiciones, cantábamos y bailábamos”.

Tiene como uno de sus más vivos recuerdos la multitudinaria marcha de cierre de campaña. “Estudiantes, profesores, funcionarios, salimos de la Universidad del Norte y fue creciendo. Era muy impresionante como se iba sumando la gente en el camino, hasta llegar a la Plaza Colón donde fue la gran concentración”.

En el último acto, Pastene interpretó canciones de Violeta Parra en un teatro Latorre repleto. “Al centro de la injusticia” fue uno de los temas elegidos. “Si lo llevamos al Chile de hoy es exactamente lo mismo. Nosotros luchábamos porque Allende estuviera en el poder porque teníamos la esperanza de un Chile más justo, más democrático, con más derechos para las y los trabajadores, en que las desigualdades sociales se aminoraran, y de algún modo creo que hoy estamos peleando por exactamente lo mismo, es penoso pero es así”, sentencia.

Durante el Gobierno de la Unidad Popular, el Presidente Salvador Allende propuso un Nuevo Estatuto de la Familia, que contemplaba el derecho de la mujer a celebrar contratos, enajenar e hipotecar sus bienes sin autorización del esposo; el cuidado y mantención de los hijos e hijas por ambos padres; la filiación única que terminara con la distinción entre hijos legítimos, ilegítimos y naturales; reconocimiento jurídico a las parejas estables no casadas; y Tribunales Familiares.

Levantó además un amplio programa social y público en beneficio de las mujeres y sus hijos e hijas; creó la primera Secretaría Nacional de la Mujer, cargo que ocupó Carmen Gloria Aguayo, y dejó elaborado el proyecto del Ministerio de la Mujer, propuestas que se vieron interrumpidas abruptamente el 11 de septiembre de 1973.

Grupo de mujeres llevando carteles propaganda de Salvador Allende, crédito fotográfico Fundación Allende

Las 40 Medidas de la Dignidad

“Esta es la firme compañero”. Así rezaba el sencillo folleto que promovía las 40 primeras Medidas del Gobierno del Presidente Salvador Allende. Un listado simple y directo de las primeras medidas que adoptaría el gobierno popular, que parecían simples y -con una mirada actual-, casi ingenuas, pero que representaban una transformación telúrica para la sociedad chilena de la época.

A continuación repasaremos y comentaremos algunas de esas medidas, que hoy resuenan como ecos del pasado, con una especie de candor que emociona por su enfoque popular y donde, además, la mayoría de ellas se mantienen aún como demandas ciudadanas.

A pesar de los icónicas que fueron estas medidas, donde elementos como el Medio Litro de Leche, trascendieron incluso a nivel internacional, por lo que representaban como aporte nutricional a la infancia, sin duda que las medidas económicas más trascendentes del gobierno de Allende, fueron la profundización de la reforma agraria- que plantó las bases para el desarrollo exportador hortofrutícola posterior, y por lejos, la nacionalización del cobre, cuyos frutos reciben hasta hoy todos los chilenos. El desarrollo posterior de Chile no habría sido posible sin estas dos grandes transformaciones. Y la semilla de lucha que implicaron otras muchas, grandes y pequeñas transformaciones, sigue presente en el imaginario colectivo del pueblo.

El poder simbólico de estas 40 “sencillas” medidas y lo que representaban para sus destinatarios, a los que Allende siempre hablaba, se mantiene y aún resuenan en los recuerdos de trabajadores y campesinos, que supieron que hubo un gobierno en Chile, asumido en democracia, que quiso realmente representar los intereses populares, que quiso realmente poner el trabajo como motor de la actividad productiva.

Es imposible entrar al detalle de las 40 medidas porque cada una tenía un objetivo y contexto determinados. Por ello agruparemos algunas y profundizaremos en las que consideramos más relevantes, siendo todas ellas importantes en lo simbólico y coyuntural.

Las primeras 6 propuestas de entre las 40 medidas que se planteaba la administración del Presidente Salvador Allende, tenían que ver con importantes propuestas de austeridad en materia de servicio público. El “compañero Presidente” quería dar señalas inequívocas de austeridad fiscal, que se condijera con las condiciones de marginación y pobreza que sufría una parte importante de la población.

Con eso tenían que ver medidas como la “supresión de los sueldos fabulosos”, “no más asesores”, “honestidad administrativa”, “no más viajes fastuosos al extranjero” (recordemos que Frei Montalva, realizó varios viajes a Europa y América Latina, además de recibir las visitas del Presidente de Francia, Charles de Gaulle, y en noviembre de 1968, durante una semana, la Reina Isabel II y el Príncipe Felipe); “no más autos fiscales en diversiones” y el “Fisco no fabricará nuevos ricos”. La prioridad que les dio, al ubicarlas en primer lugar, mostraba a un Allende con la concepción de que los servidores públicos se debían a los chilenos y en particular, a los menos favorecidos de la sociedad.

Seguidamente vienen unas cuatro medidas vinculadas a temas previsionales: “jubilaciones justas, no millonarias”; “descanso justo y oportuno”; “previsión para todos” y “pago inmediato y total a los jubilados y pensionados”. Esto refleja otra gran preocupación de la época, de ese entonces, como de hoy. Incluso Allende estaba preocupado por las jubilaciones de los militares que eran muy bajas en ese momento, al contrario -ciertamente-, de cómo evolucionarían después. Otro problema que se mantenía, tal como hoy, eran las personas independientes y que no contaban con cotizaciones regulares. El sistema de reparto existente, con todas sus falencias, era como su nombre lo indica un mecanismo que, a diferencia de la capitalización individual de hoy, permitía a todos tener una jubilación más o menos digna. Por cada jubilado existían más de 10 trabajadores activos que aportaban, a lo que se sumaban los aportes de Estado (cerca del 30% del total), todo lo cual iba a un fondo, que aseguraba pensiones dignas a los chilenos, dependiendo de la Caja de Previsión a la que pertenecieran. No obstante, igual tenía problemas de cobertura y algunas pensiones bastante bajas, o exigencias y requisitos especiales dependiendo de las Cajas, todos desafíos que Allende buscaba enfrentar, con cambios específicos, pero importantes en la materia.

Seguramente el “Compañero Presidente” nunca imaginó que el sistema sería completamente privatizado en el futuro y cada cual tendría que rascarse con sus uñas en materia de jubilación.

El medio litro de  leche

Seguidamente, se alistan 7 medidas, de las 40, que se vinculan con la enorme preocupación de Salvador Allende por los niños y su salud, partiendo por el famoso “Medio Litro de Leche” que marcó un hito tremendamente simbólico en materia de nutrición infantil. Como sabemos, Allende, médico cirujano de la Universidad de Chile, había sido Ministro de Salubridad, Previsión y Asistencia Social de Pedro Aguirre Cerda y conocía al dedillo la realidad sanitaria del país, como que le tocó elaborar en su momento un Programa Nacional de Salubridad, entre otras múltiples políticas públicas.

Testimonios de la época dan cuenta del enorme impacto que tuvo esta medida en la sociedad chilena, aunque también fue triste, para quienes lo vivieron, la relativa incomprensión que se tenía al respecto. Al punto de que la leche en polvo que se distribuía (un producto nuevo en ese entonces) era a veces malgastado o se usaba para los fines más insólitos, como marcar los bordes de una cancha de fútbol. Hoy la leche en polvo constituye uno de los productos básicos más caros y preciados para las familias que se puede encontrar en un supermercado.

“No debemos tener más niños desnutridos en Chile”, rezaba el Programa Nacional de Leche, precisando que el  Programa Nacional de Alimentación Complementaria, tenía como propósitos: “contribuir a promover el desarrollo y crecimiento normal en las primeras etapas de la vida del hombre; prevenir la desnutrición infantil y elevar el nivel nutricional y de salud de la población”.

“Los niños mal nutridos representan alrededor del 20% de nuestra población total. Esta situación es grave para el país ya que para poder alcanzar el desarrollo económico, social y cultural, es preciso contar con hombres sanos, capaces de trabajar y producir. El Gobierno, a través del Programa de Alimentación Complementaria, está preocupado de corregir esta situación, asegurando una ración diaria de leche, según sus necesidades, a todos los niños, embarazadas y madres que amamantan a sus hijos”, detallaba el citado Plan.

En 1970 la pobreza en Chile era de 50% y más de 80 niños de cada mil nacidos vivos morían antes de haber cumplido un año. La desnutrición era la causa fundamental, un dato que la ilustra es que el 60% de los niños menores de dos años, atendidos en el hospital Sótero del Río presentaba algún grado de desnutrición.

El Presidente Allende declaró que los únicos privilegiados en su gobierno serían los niños y esa es la razón de esas tres medidas, más de 3 millones de niños y más de 600.000 mujeres embarazadas, y que estuvieran amamantando, recibían en 1973 el medio litro de leche, cientos de miles de niños recibían desayunos y almuerzos en las escuelas. Ese esfuerzo del gobierno fue acompañado de una movilización sin precedentes de voluntarios de trabajadores de la salud profesionales y no profesionales, que salieron a educar en salud, vacunar, hacer campañas de prevención, modificando así hábitos culturales muy enraizados.

“Quienes vivimos como testigos esa experiencia no podremos olvidar lo que pasó en las poblaciones en las que vivíamos o trabajábamos, donde se formaron Comités de Salud, con mujeres que se capacitaban y enseñaban a otras, lo que habían aprendido; o que ponían inyecciones, o hacían curaciones. Todo eso como consecuencia de la pelea contra la desnutrición infantil”, señalan testigos de estos épicos esfuerzos.

A similares objetivos, la salud general, especialmente de los niños y las madres, además de su bienestar y educación, apuntaban medidas como “crearemos el Ministerio de Protección a la Familia”; “igualdad en las asignaciones familiares” (que como se sabe, atañen a pagos por carga familiar); “mejor alimentación para el niño”; “consultorio materno infantil en su población” y “verdaderas vacaciones para todos los estudiantes”…y “el niño nace para ser feliz”, en el plano educacional, con el expreso objetivo de “daremos matrícula completamente gratuita, libros, cuadernos y útiles escolares sin costo, para todos los niños de la enseñanza básica”.

“A pesar del desarrollo económico y social que Chile había alcanzado y la educación en el periodo de Aguirre Cerda, existía un desfase importante entre el sistema educacional que teníamos y las necesidades reales en vistas a un desarrollo industrial y técnico que tenía el cobre como su eje principal. En este sentido era urgente incorporar a la población escolar y universitaria a una educación nacional que respondiera a un nuevo desarrollo económico, nacional, democrático e inclusivo”, señalan testigos que vivieron esta época de  importante desarrollo social.

¿Qué diría hoy Allende de realidades como las conocidas en el Sename? ¿O del hecho de que cerca de 700 mil jóvenes no estudian ni trabajan en Chile?

Casa, luz y agua potable para todos

Desde la medida 19 a la 23 están vinculadas a la vivienda y las condiciones de habitabilidad de los sectores populares y los trabajadores. Medidas como “casa, luz, agua potable, para todos”; “no más cuotas reajustables Corvi”; “arriendos a precios fijos”; “sitios eriazos ¡no!, poblaciones ¡si!”; y “contribuciones solo a las mansiones”, apuntaban a estos objetivos.

En línea con lo anterior, el Gobierno de Allende se proponía un gran plan de construcción de viviendas, las que seguían siendo un bien tremendamente escaso para la población y la idea era ocupar estos terrenos para construir viviendas, que los propios pobladores pudieran ir posteriormente mejorando. En ese tiempo reinaban la mediagua y las fonolas y solo el que tenía algún dinero podía conseguir armar una mejor casa, más equipada y un techo de zinc o pizarreño. Había ya una historia en Chile de tomas y formación de campamentos en terrenos públicos y privados, debido a las fuertes carencias en materia de vivienda.

El país ya tenía una práctica ganada en lo que se refiere a tomas de terrenos para la vivienda. A principios del año 67, en la ex comuna de Barrancas (actual Lo Prado y Cerro Navia), miles de familias levantaron la población Herminda de La Victoria. Después vendrían la José María Caro, La Victoria, la Santa Adriana, Nueva La Legua, La Pincoya, Pablo Neruda y La Bandera. “Entre 1967 y 1972 se cuentan 312 tomas que involucran a 54.710 familias, y a pesar de la marginalidad legal, en el gobierno de Allende eran asesoradas por el MINVU, orientando a los pobladores para elegir mejores terrenos y colaborando a la urbanización”, y la obtención de servicios básicos, citan relatos periodísticos al respecto. La meta era construir viviendas de 36m2 y 52m2 las que se financiarían con recursos del Estado y dividendos asociados a largo plazo, con 0,5% de interés, y con los recursos del cobre.

Así como Frei Montalva se había empeñado en entregar vivienda a los sectores medios y medio-bajos, Allende quería desarrollar un fuerte trabajo en materia de vivienda a los sectores populares que les permitiera salir de los campamentos y tomas irregulares. “Así se edifica en Las Condes la Villa Carlos Cortés (en honor al fallecido obrero socialista y Ministro de Vivienda de la UP) en 1972, con mil 38 departamentos, se construyeron en total 73.000 viviendas en el primer año, aumentó en un 8% anual las construcciones habitacionales, se logró construir 221.000 m2 en establecimientos educacionales en 1971, se levantó un total de 156.000 viviendas con un promedio de 52.000 unidades anuales. También participaron medianas empresas, que aportaron en la construcción en sitios muy alejados”, señala Crónica Digital sobre el proceso. No obstante, las convulsiones posteriores durante su gobierno, incluido el boicot de los empresarios de la construcción, impidieron una parte importante de este esfuerzo.

Hoy, silenciosamente, en diversos puntos del país y por cierto en la capital, nuevas instalaciones, que ni siquiera pueden llamarse tomas, se despliegan por el territorio, cuando la vivienda se ha transformado en un bien inalcanzable para un gran sector de chilenos.

Una Reforma Agraria de verdad

Valga comentar, a modo de contexto, que el proceso de profundas transformaciones que buscó realizar Allende contemplaba lo que hoy se visualiza como la construcción de un “Estado Popular, con una economía planificada”, la que estaría en gran parte de sus áreas y servicios estratégicos estatizada. En ese marco y tras el enorme éxito que fue la nacionalización del cobre, apoyada por todos los sectores políticos en el Congreso, Allende no tuvo la misma suerte con el proceso de estatización y sólo logró avanzar en ello, recurriendo a legislaciones antiguas que se remontaban a la República Socialista de 1932. También se utilizó mecanismos como la compra de acciones, lo que en conjunto “le permitió controlar casi el 80 por ciento de las industrias y un número importante de bancos”. Eso desde el lado de la economía real, pero si hubo un proceso transformador por excelencia en su administración, e incluida expresamente en sus 40 Medidas, fue una “reforma agraria de verdad”.

Bajo la consigna de “la tierra para el que la trabaja” el programa de Allende buscó la modernización del mundo agrario mediante la redistribución de la tierra y el fortalecimiento de la sindicalización campesina. Para ello se promulgó una nueva Ley de Reforma Agraria N° 16.640 y la Ley N° 16.625 que facilitó la sindicalización campesina. Con base en estos dos instrumentos legales se expropiaron alrededor de 1.400 predios agrícolas, 3,5 millones de hectáreas, y se organizaron más de 400 sindicatos que sumaron más de 100 mil campesinos. Sin embargo, paralelamente, comenzaron a producirse huelgas y tomas masivas de predios que polarizaron el proceso.

Se dice que en mil días se lograron confiscar un total de 4.409 predios. “Al mismo tiempo, sectores revolucionarios apoyados por campesinos realizaron más de 2.000 tomas. Enfrentados a la reorganización del sistema productivo agrícola en el marco de la nueva economía socialista, los líderes de la Unidad Popular se dividieron entre los que prefirieron una colectivización y los que apoyaron las cooperativas y asentamientos campesinos. Esto provocó gran confusión en el mundo rural que sumado a los trastornos políticos y sociales llevaron a la drástica caída de la producción agrícola nacional”, consigna Memoria Chilena.

Un documento de una clase dictada por Jaime Gazmuri, en ese momento Director del Centro de Estudios Agrarios de la Universidad Católica, dirigido a campesinos, citaba: “Ustedes han revisado la historia de Chile y pueden ver que desde la Conquista por los españoles, han habido aquí pequeños grupos que han monopolizado los medios de producción, que han tenido la propiedad de las tierras, la propiedad de las minas, la propiedad de la industria, la propiedad de la banca, – que han hecho trabajar para ellos a una gran parte, una gran cantidad de trabajadores, de proletarios, que los han explotado y que las ganancias y las utilidades, que les producía la explotación de esos medios de producción, y la explotación de los trabajadores que los hacían producir, no los usaron en beneficio del país, sino que los usaron fundamentalmente en beneficio de esos pequeños grupos capitalistas. La historia de este país, es la historia de cómo los capitalistas han logrado tener durante todo este tiempo, la sartén por el mango”.

Hoy, el ex director de Indap de Frei Montalva y ex ministro de Agricultura de Allende, Jacques Chonchol, dice que Chile necesita “una nueva reforma agraria”. Estima que el proceso posterior a las reformas de Frei y Allende no reconstituyó el latifundio, pero que tampoco se desarrollaron transformaciones importantes después  y se han creado problemas nuevos, como el acceso al agua, aspecto fundamental por resolver en la actualidad.

Trabajo para todos

De las medidas 30 a la 36, se consideran una serie de propuestas en torno a la economía y el trabajo, aspecto este último al que Salvador Allende, como líder de un gobierno que se debía a los trabajadores, al mundo del trabajo y no del capital, era fundamental.

En la medida 35 y 36 hablaba de “fin a la cesantía” (aseguraremos el derecho de trabajo a todos los chilenos e impediremos los despidos) y de  “trabajo para todos”, postulando que  “crearemos de inmediato nuevas fuentes de trabajo con los planes de obras públicas y viviendas, con la creación de nuevas industrias y con la puesta en marcha de los proyectos de desarrollo”. En ese tiempo el Estado tenía mucha más capacidad de acción puesto que, por ejemplo, Obras Públicas y Vivienda, desarrollaban grandes planes de infraestructura para el país y el Estado además creaba nuevas industrias, acorde con los desarrollos productivos que se necesitaran. Para eso estaba, por ejemplo, la Corfo que cumplía un rol central de desarrollo y fomento de la producción.

De hecho, como destacan analistas, el Ministerio de Economía, de la cual dependía- como hoy- la Corfo, tenía mucha más preponderancia que Hacienda. Exactamente al revés que en la actualidad.

En el ámbito tributario, Allende, en su medida 32, planteaba expresamente que “terminaremos con las alzas de los impuestos que afectan a los artículos de primera necesidad”, bajo el lema “no más impuestos a los alimentos”. El “Compañero Presidente” pensaba que los alimentos no podían ser fuente de financiamiento para la labor del Estado. Hoy el IVA, que representa la mitad de la carga tributaria en Chile, gravando a todo tipo de productos, implica que los chilenos de todas condiciones socioeconómicas son los que terminan autofinanciando las ayudas estatales.

En la medida 34, las 40 medidas hacían referencia al “fin de la especulación”. Como sabemos, esto fue un elemento central en lo que fueron los problemas de la administración económica de Allende. Sin embargo, este tipo de prácticas ya eran un hecho, al crear su ideario de primeras medidas y, por lo tanto, buscaba generar una legislación que le hiciera frente en forma drástica. La especulación en el mercado nacional no era regulada y castigada a través de un marco legal y esto simplemente por el tradicional predominio de los pequeños, pero poderosos grupos económicos que manejaban a su arbitrio las políticas de precios y el empleo de capitales financieros y también su acceso a moneda extranjera. “En realidad, en la actualidad esto no ha cambiado mucho, pero en esa época los grupos económicos preponderantes se daban en el ámbito minero, agrario, pesca, bancario y madera y papel. Desarrollar una política de control de la justa competencia, de precios no especulativos y acuerdos monopólicos, necesitaba de un Estado fuerte, interventor cuando fuera necesario y  generar una legislación y un poder judicial capaz de hacer realidad una economía más equilibrada y social. Era lo que necesitaba el país y un desarrollo económico más democrático, que terminara con los privilegios de los sectores dominantes de la economía chilena”, explican testigos informados de la época.

Un tema de alta preocupación económica fue antes y en ese momento, la inflación. Los sueldos, que aún eran bajos, no podían verse todavía más mermados con las alzas de precios. Por ello una medida de fondo (la 30) de Allende era “una nueva economía para poner fin a la inflación”, para lo cual “aumentaremos la producción de artículos de consumo popular, controlaremos los precios y detendremos la inflación a través de la aplicación inmediata de la nueva economía”. No sabía aun Allende que este esfuerzo no terminaría bien. El aumento del poder adquisitivo de los trabajadores, sumado a los problemas de producción, más el acaparamiento, que provocaron los sectores contrarios a su gobierno, implicaron que la inflación se disparara durante su mandato. No obstante, su objetivo principal era garantizar el acceso de los alimentos básicos a la población.  “Este tema demostró que el programa de gobierno adoleció de algo que hoy día se considera fundamental, esto es la necesidad de un Banco Central independiente del gobierno que lleve a cabo políticas monetarias, acordes con un equilibrio monetario y metas compatibles de inflación. Así como tratar de mantener un equilibrio fiscal de las cuentas presupuestarias. En ese momento histórico esto no era materia de debate en el seno de las fuerzas de gobierno”, apuntan observadores de ese proceso.

Otras medidas económicas tenían que ver con la relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI). “Desahuciaremos los compromisos con el Fondo Monetario Internacional y terminaremos con las escandalosas devaluaciones del escudo”, explicitaba la medida 31. La deuda en moneda extranjera que eso implicaba ejercía como un pesado lastre a la economía nacional, “fuertemente dependiente de las exportaciones de cobre y del poco desarrollo exportador del resto de la economía de ese entonces. Aún más, el manejo del FMI estaba influido fuertemente por las políticas del gobierno de los EEUU que lo administraba de acuerdo con sus intereses y como arma financiera en materia de relaciones internacionales”, plantean seguidores del proceso.

Un contexto que cambiar

Todo este conjunto de planteamientos no surgían de la nada, ni eran excentricidades nacidas del populismo, sino que respondían a una serie de problemas estructurales de la economía chilena.  Y además, como destaca un análisis del economista Reinaldo Ruiz, “recogía el pensamiento económico y social de un conjunto significativo de cientistas sociales, intelectuales y políticos que durante las décadas previas se había desarrollado en distintos centros de estudios”.

El diagnóstico- dice Ruiz-, sobre los factores que condicionaban el patrón de crecimiento permitía también establecer el vínculo entre la creciente concentración del poder económico y el poder político que emanaba de esas condiciones económicas. Esta vinculación y su consecuente eliminación, constituía la parte medular de la propuesta programática de Allende. El razonamiento, sintetizado, era el siguiente, explica: Las desigualdades en el ingreso y la riqueza conducían a un alto grado de concentración del poder político; esta interrelación entre poder político y económico reforzaba la estructura prevaleciente; y para cambiar las condiciones económicas se requería alterar la estructura de propiedad de los medios de producción considerados estratégicos. Así se conformaría el área social dominante, a la que se agregaban, en carácter complementario, las áreas mixtas y privadas. Una nueva estructura de propiedad permitiría generar un patrón diferente de demanda que estimularía la producción de los bienes básicos que consume la gran mayoría de la población; el resultado es que los recursos  económicos no serían despilfarrados en la producción de bienes no esenciales.

Y esto obedecía a realidades bastante objetivas, también citadas por Ruiz:

Esta propuesta destinada a eliminar el control monopólico que ejercían algunas empresas privadas se sustentaba en que 248 firmas controlaban todos y cada uno de los sectores económicos; 17% de todas las empresas concentraban el 78% de todos los activos; el 3% de las empresas industriales controlaban más del 50% del valor agregado y casi el 60% del capital; el 2% de los predios agrícolas poseían el 55% de la tierra; tres compañías mineras de Estados Unidos controlaban toda la producción de cobre de la gran minería que representaba el 60% de las exportaciones chilenas; el Banco del Estado controlaba casi el 50% de los depósitos y los créditos y 3 bancos privados, de un total de 26, controlaban más del 25%.

A estas cifras se agregaban otros indicadores de dependencia y del carácter oligárquico de la economía: Dado el carácter monoexportador, fluctuaciones en el precio del cobre en los mercados internacionales ejercían un gran impacto sobre los ingresos del gobierno; las remesas de utilidades por extranjeros representaban alrededor del 20% de las exportaciones; de las 100 firmas industriales más grandes de fines de la década del sesenta 61 tenían alta participación extranjera y, muy especialmente, la distribución del ingreso era altamente regresiva: el 10% más pobre de la población captaba el 1,5% del ingreso total en tanto que el 10% más rico captaba el 40,2%.

Esto fue lo que Allende quiso combatir con sus pequeñas y grandes medidas, y murió en ese empeño. Sin embargo, en el espíritu del pueblo resuenan aún los sueños de alguien que quiso cambiar la historia de los más débiles, de los explotados, de este país.

ANEXO Las 40 Medidas del Gobierno de Allende (lista completa)

Familia partidiaria del gobierno , autor Fondo Cardoso, Servicio Nacional del Patrimonio Cultural

 

 

Sadi Melo, Alcalde de El Bosque: Allende y el Tren de la Victoria, Recuerdos de un Quinceañero

El actual Alcalde de la comuna de El Bosque, Sadi Melo Moya, al momento del triunfo de la Unidad Popular estaba a punto de cumplir quince años de edad. Vivía por ese entonces en la población Santa Adriana ubicada en la actual comuna de Lo Espejo. Fue desde allí un espectador privilegiado del triunfo de Allende, lo que sería la semilla de su participación posterior en política hasta el día de hoy.

-¿Cómo recuerda el día del triunfo de Allende en su población?

-El triunfo lo viví junto a familiares, estaba con mis primos y tíos en la zona de Departamental con Las Industrias en San Miguel. Hubo una gran alegría y con mi primo salimos a ver el festejo de que Allende había triunfado y escuchamos en la radio el discurso de triunfo de Allende. La gente se abrazaba en las calles, hubo mucha gente hasta muy tarde en las calles celebrando. En ese momento también me entero que mi tío era militante comunista.

Mi papá, que era carpintero, pertenecía a un sindicato y después del triunfo de Allende vi también que su actividad sindical se profundizó. Una época en la cual me fui motivando y cautivando viendo la participación sindical en asambleas. Ahí di mis primeros pasos en la discusión y conversación. Estaba en primero medio en esa época y en el liceo comenzamos a tener actividades políticas vinculadas a los centros de alumnos. Esto fue en la avenida La Feria, en el Centro Comercial San Miguel. Un par de años después comenzamos el debate de la Escuela Nacional Unificada.

-¿Cómo vivió el primer año de la Unidad Popular?                                                                                             

El primer año de la Unidad Popular fue muy hermoso, yo estaba en La Pincoya donde un tío mío y fuimos a celebrar el primer año del triunfo de la Unidad Popular, ahí fue la primera vez en mi vida que vi un ballet y fue al lado de La Moneda. Miles de personas de sectores populares en las calles. Ese mismo año, junto a compañeros de colegio, nos tocó desfilar para celebrar el primer año del triunfo de la Unidad Popular.

El año 1971 también participé de los trabajos voluntarios junto a miles de jóvenes en el sur de Chile, fuimos en lo que se llamó el tren de la solidaridad. Llegamos a Puerto Montt y de ahí nos distribuimos a distintas zonas. Más tarde esa misma experiencia se repetiría en el norte del país con brigadas internacionales, cientos de jóvenes provenientes de diversos países. Esto me motivó para seguir trabajando con solidaridad y compromiso para mi población y de ahí comencé a trabajar en la iglesia junto a comunidades cristianas de base, especialmente en labores de abastecimiento. Logramos crear una red de más de doscientos jóvenes voluntarios, gracias a los cuales logramos el abastecimiento de la población.

También por esa época estuvimos en la campaña de Camilo Escalona para presidir la Federación de Estudiantes Secundarios, Feses. Ahí conocí el trabajo que realizaban las juventudes políticas como la Juventud Socialista y la Brigada Ho Chi Minh en la zona sur. El movimiento político se pone muy álgido, muy duro, una época de ferviente lucha ideológica, de tomas Y mis esfuerzos seguían siendo trabajar en lo territorial, tanto en mi propia población como la José María Caro y otras de la zona sur. Un trabajo que retomo en la clandestinidad luego del golpe de estado, en el colegio nos organizamos para escribir el primer manifiesto contra la dictadura.

El Tren de la Victoria

Nosotros recibimos el tren de la victoria cuando pasó con Allende por la población José María Caro. También recuerdo a Allende en plena campaña visitando a un par de zapateros que allí vivían, uno de ellos era socialista y todos nosotros estuvimos ahí. Recuerdo su capacidad de cercanía con la gente y lo que producía en nosotros, en todos.

En la esquina donde vivía había un comando de la Unidad Popular que estaba encabezado por estos maestros zapateros que eran de la población, los impulsores de la campaña de Allende en ese territorio.

Recuerdo con alegría que éramos miles los que participábamos de los actos de campaña con entusiasmo, sólo volví a ver ese fervor con el triunfo del No y recientemente con el estallido social en la marcha de octubre, un clamor por un país distinto.

Allende tuvo una implicancia tremenda en la transformación de miles de jóvenes de la época que nos vimos movidos hacia temas como la justicia, la democracia y la relevancia de la política vinculada al bienestar de la gente. Allende es una figura que trasciende el tiempo, de alguna manera hace la síntesis de la lucha popular en la construcción de país. Un tremendo legado de Allende es la valoración de resolver los grandes conflictos de manera democrática. Es más, la reordenación neoliberal de alguna manera toma como piso de manera sustancial la modernización del país que hace Allende, como la nacionalización del cobre, la reforma agraria, la educación como palanca de cambio, de cara al desarrollo y la productividad del país. Allende pone los pilares básicos que tienen relación con los grandes temas que debemos seguir debatiendo desde la mirada de la izquierda no sólo dentro del país y América Latina, sino también en el mundo.

Todavía existe un vacío, queda por hacer una lectura desde los territorios de lo que fue la experiencia de la Unidad Popular y de la generación más joven de esa época que no estaba dentro del mismo conflicto político, lo que se aportó generacionalmente desde los territorios en el triunfo de la Unidad Popular. También su experiencia en el quiebre de la democracia y la posterior construcción de una alternativa democrática para el país.

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