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Los Profesores en la Primera Línea del Cambio Social: La Historia de los Buses Aulas

Después del triunfo de Allende en las urnas, ese histórico 4 de septiembre de 1970, comenzó a transitarse hacia un cambio social, que se respiraba en las calles de cada ciudad y pueblo del país. Comenzaba a concretarse esa anhelada transformación de miles y miles de chilenos para -por primera vez- tener un gobierno construido por los trabajadores de Chile. Con ese espíritu, miles de docentes, desde Arica a Punta Arenas, se sumaban al proyecto impulsado por el gobierno del Presidente Salvador Allende

En sus primeras 40 medidas se plasmaba la importancia que tendría la educación para el pueblo de Chile. Al cumplirse 50 años del triunfo histórico de Salvador Allende y su vía democrática al socialismo, es indispensable recoger los testimonios y vivencias de aquellos profesores normalistas que participaron de la transformación educativa en las aulas. Si bien la denominada Escuela Nacional Unificada (ENU) nunca fue un proyecto materializado, pues tuvo una férrea oposición desde los sectores más conservadores del país y fue desacreditada antes que viera la luz, sin embargo, fue una aspiración del propio Mandatario, quien declaraba que la educación para todos era un imperativo ético de cualquier sociedad.

Indagamos en las vivencias de maestros y maestras que fueron protagonistas de la historia y llevaron adelante el cambio educativo en las aulas. Conversamos con cuatro maestros normalistas que fueron parte del proceso histórico y que trabajaron en escuelas durante los años 70: Oscar Pedreros. de 86 años; Elena Osorio, de 77 años; Patricia Garzo, de 74 años; y Sonia Martínez, de 72, quienes vivieron el proceso en las aulas.

Historias de sacrificio y amor

“Egresé el año 1957 de la Escuela Normal Superior José Abelardo Núñez”, cuenta Óscar Pedreros, quien recuerda con nostalgia esa época. “Llegué a la escuela Nª 1 de Peumo a hacer docencia y ahí fijé mi residencia. El normalista salía impregnado de un compromiso social, orientado a los más desposeídos, por lo que muchos colegas se inscribían en partidos políticos como lógico resultado de la labor pedagógica orientada a educar a los hijos de la clase más desposeída, ya que vivíamos en una sociedad tan desigual como la de hoy”.

“Así nos encuentran las campañas electorales desde el año 57 al 70. Elecciones de alcaldes, regidores, las parlamentarias y muy especialmente las presidenciales del 58, 64 y 70. En todas ellas mi voto y el de mi familia cercana fueron para Allende. Por eso es que el 4 de septiembre del 70, fue un día de gran celebración, sólo comparable posteriormente con el 5 de octubre cuando Triunfamos con el NO”, añade Pedreros.

El 4 de septiembre, recuerda, “fue un día que se quedará en la memoria para siempre: por primera vez el pueblo, en Peumo, donde yo estaba:  trabajadores, intelectuales, campesinos, obreros, dueñas de casa, estudiantes, llegábamos al poder, acompañando a ‘nuestro Presidente’. En él depositábamos todas las esperanzas de justicia social, de igualdad ante la Ley, de verdadera hermandad entre los seres humanos, de mejorar la vivienda, la salud, los sueldos y salarios, en fin, de vivir en un mejor mundo”.

“El slogan de Allende era lucha por el hombre nuevo y, los que estábamos comprometidos con la causa, queríamos cambiar Chile. El legado Allende fue su ejemplo y eso lo traspasó a los docentes”, rememora Óscar.

“En la región donde yo estaba era un sector productor de frutas, especialmente de limones. Entonces los padres decían a los hijos: si les iba mal podían trabajar en los camiones trasladando limones, entonces teníamos muchos obstáculos para mantener a los niños en las escuelas”, enfatiza respecto de las expectativas de esos niños de entonces.

Otro testimonio

Patricia Garzo recuerda que estudió en el Normal anexo 2, que estaba en Independencia. “Me tocó hacer la practica en Barrancas, aun no salía Allende y, una vez terminada esa práctica, me designaron en un colegio en El Monte, porque teníamos que hacer una práctica rural. Cuando llegué a mi designación en la provincial y me dieron los documentos del colegio, llegamos a una barraca de madera que estaba al interior de un fundo. Era una instalación muy precaria que tenía sólo una ventana y una puerta de acceso. Era una barraca que se había quemado y, por eso, la destinaron para que fuera una sala de clases. Esto se encontraba en el Fundo La Macarena. Había dos letrinas, sólo una llave con agua y, la mejor letrina, era para las profesoras. Cuando llegamos, enmudecí del impacto”, detalla Patricia.

“Pero yo estaba feliz con mi compañera porque iba a enseñar en el fundo la Macarena. Me tocaba ir a Calle San Borja y tomábamos las Paichinas, las Montinas, las Talagante, liebres que nos trasladaban y empezamos a trabajar en ese sector rural. Había mucha pobreza, los niños llegaban con ojotas a la escuela y, cuando llovía, ellos tenían que sacarse sus ojotas y sus calcetines y arremangar sus pantalones y atravesar caminando todo el campo para llegar a la escuela. Y nosotros los esperábamos con un bracero y leche caliente… mientras ellos secaban su ropas mojadas y zapatos”, cuenta la maestra entre lágrimas.

“Ahí vi de cerca la pobreza, porque eran los niños del sector de La Puntilla y alrededores. Andaban con ojotas y atravesaban y se mojaban enteros. Y eso fue justo en el periodo de Allende, para las elecciones presidenciales. Se notaba el cambio de gobierno, porque en la junta escolar que les iba a dar almuerzos se comenzó a notar el cambio en el menú de los almuerzos de los niños: comenzaron a darles un día pescado, otro pollo, carne de vacuno y su medio de litro de leche”, añade Patricia Garzo.

“Cuando Allende fue electo, estaba en el fundo La Macarena. Todos estaban felices y me acuerdo ese día: la gente salió a las calles gritando, cantando, incluso recuerdo que andaban carretelas con caballitos en la Alameda, había camiones, camionetas, todos en la Alameda, iban y venían felices, las personas cantando. Ese día fue una alegría muy grande, se vio el cambio de a poco en los niños. Estaban felices, recuerda la docente.

“Como vi mucha pobreza, y yo vivía en Santiago Centro y tenía que trasladarme todos los días, comencé a hacer gestiones en la provincial para que nos construyeran una escuela digna para hacer clases. Como Allende tenía esa prioridad antes que me trasladaran a Barrancas, construyeron la escuela El Remanso, con salas bien distribuidas, baños con tazas, donde había más llaves y agua, y un patio donde los niños pudieran jugar”, enfatiza Patricia.

“Para enseñar en ese tiempo contábamos con los hectógrafos, que es una plancha de impresión casera que se hace en una caja de madera. En ese momento una hacia una pasta con gelatina y con tinta, entonces se revolvía y uno podía sacar copias, para que los niños fueran aprendiendo. Uno se las ingeniaba para trabajar, había ganas de enseñar, los niños tenían hambre por aprender y con esténcil íbamos copiando y sacando copias. Pero en primer año básico nosotros hacíamos todo a mano”, añade.

“En ese momento existía el Lea, un libro muy simple con el que uno enseñaba a leer, lo hacíamos en papel craft e íbamos copiando la letra correspondiente, la A y la U. Recuerdo que había una historia de cómo pasaba una ambulancia y hacíamos que ellos la copiaran con acciones y ellos aprendían la A y la U. La mayoría de los niños que acudían a las escuelas y los niños que eduqué eran analfabetos, no sabían nada y para ellos todo era algo nuevo”, puntualiza la entrevistada.

“De hecho, cuando salió Allende salieron textos muy lindos, a la escuela llegaron textos, lápices, cuadernos y lo único que teníamos nosotros: los conocimientos, un pizarrón, un borrador que hacíamos nosotros, la tiza y las ganas de enseñar hacer clases”, complementa Patricia.

Otros relatos en primera persona

Elena Osorio y Sonia Martínez, profesoras normalistas que trabajaron en escuelas durante el año 1971 y terminaron sus estudios en la normal Abelardo Núñez y la Escuela normal vespertina: Sonia Martínez 75 y Elena Osorio 77 años nos relatan sus vivencias como docentes de los sueños de la unidad popular.

 “En marzo del 1971, en la periferia del Gran Santiago se había instalado el campamento “Puro Chile”. Se ubicó en un lugar que estaba al final de la calle Mapocho en la zona norponiente, tras derribar el cierre perimetral de una viña. Los pobladores en precarias e improvisadas viviendas se instalaron en la toma y su mayor preocupación era que sus hijos tuvieran educación. Esa preocupación era coincidente con el programa del electo Presidente, que no espero ser investido para dar la orden, que fuese personal del ministerio de Educación, para hacer un catastro de la cantidad de niños en edad escolar y el nivel de estudios que tenían, lo que se hizo en casi todos los campamentos que se habían instalado en la periferia de Santiago”, nos relata la profesora Elena Osorio.

“A Federico Acevedo Salazar le correspondió la tarea de encuestar en el campamento Puro Chile y, con mucho entusiasmo, fue carpa por carpa encuestando familias. Como le gustaba el atletismo realizaba competencias y entretenía los niños, que estaban expectantes esperando ingresar a la escuela. El proyecto educativo contemplaba la contratación de profesores por parte del Ministerio Educación. Se les explicaba a los profesores que la escuela estaba en campamentos que estaban en las afueras de la ciudad, y que no había locomoción que los dejara cerca. Algunos desistían, otros quedaban entusiasmados y querían colaborar. En paralelo se buscó una forma rápida de construcción para que las clases comenzarán en marzo de 1971. Alguien tuvo la idea de reciclar buses Mitsubishi que sacaron de circulación y que estaban en un aparcadero, totalmente desechados. Para sorpresa de muchos aparecieron los buses aulas pintados de vivos colores y convertidos en aulas, con asientos escritorios individuales. Los más entusiasmados eran niños, cuya imaginación los llevó a viajar por infinitos lugares que los apartaban por algunas horas de la cruda realidad que vivían a diario cuando se bajaban del bus”, añadió Elena.

“En marzo del 1971, el mismo profesor que había encuestado a las familias se presentó como director y comunicó que el establecimiento tenía asignado al Nº 444, en ese entonces en la comuna de Barrancas, lo que hoy actualmente conocemos como Cerro Navia y, con el decreto 29.018, fechado el 28 de octubre del 1970, se levanta como escuela mixta de clase rural”, rememora.

“Como el lugar donde funcionaría la escuela era un sitio eriazo -prosigue Elena- a medida que los profesores se iban incorporando, se reunían en una improvisada media agua, la que les servía además cómo Policlínico.  En ese lugar se entregó a cada profesor la carpeta con el curso que le correspondería. La escuela comenzó a funcionar en 1971 con la llegada de los primeros buses aula, fue todo un acontecimiento. Posteriormente se fueron instalando los demás. Estaban las aulas, los profesores y lo más importante, los educandos”.

“Un poblador -recuerda la entrevistada- se ofreció como auxiliar de la escuela y comenzó a funcionar en doble jornada, con trabajos voluntarios. Se integraron dos salas de clases más, las que eran de madera y muebles rústicos para una mediagua que servía de oficina, donados por la fábrica de casas de madera que fue instalada en el corazón de la toma, una fábrica que dio trabajo a los mismos pobladores cesantes que había en el campamento”.

“Muchas de las casas que les fueron entregadas aún perduran. Los pobladores las han pintado, remodelado, pero muchos las conservaron, la madera era de buena cepa, “casas dignas”, no mediaguas. Llevar la educación y vivienda a los más desposeídos fue uno de los objetivos cumplidos en el programa del gobierno de Allende”, añadió la protagonista de esta historia.

La profesora Elena recuerda que “la precariedad no fue un obstáculo para realizar actividades extra programáticas. El director, quien además participaba en un conjunto folklórico del Magisterio, organizó un conjunto folklórico en la escuela y un grupo de atletismo, que se fue consolidando. Los profesores se fueron impregnado de la mística que significaba impartir en educación, compartir el saber, solucionar problemas en circunstancias tan especiales, amar a los niños y niñas sin discriminación”.

 Sonia Martínez, evoca que fueron tiempos muy difíciles, pero al mismo tiempo de mucha entrega social para los profesores. Todo en Chile estaba cambiando y los profesores eran la primera línea del cambio social, queríamos ser parte de ese cambio y nuestra motivación era enseñar, pero no tuvimos tiempo, sentencia, 3 años apenas y todo cambió …Se nos vino la noche negra.

“El año 73 encontró a los pobladores en sus casas, el campamento quedó atrás. Sus calles habían sido pavimentadas, se convirtió en una verdadera ciudad, pero la escuela fue desmantelada porque la consideraron una vergüenza. La cambiaron de lugar y trajeron unas barracas de madera y llegaron varios profesores que decían que venían castigados por sus ideas, pero la verdad es que estos nuevos docentes se mimetizaron y acrecentaron la mística que lograron los profesores fundadores. La escuela cambio de número, ahora Nª 416, lleva el nombre de su director fundador, Federico Acevedo Salazar, quien falleció en la misma escuela”, agregó.

La escuela alcanzó su máxima expresión cuando construyeron el actual edificio que alberga los sueños postergados que se hicieron realidad: la sala de danza, incluidos espejos y piso especial, la sala para gimnasia artística con todos los elementos necesarios, el laboratorio de ciencia, el de computación y, por supuesto, la biblioteca apadrinada por Joan Jara. Estos logros fueron en gran medida de aquellos profesores que empezaron una escuela en buses aula y del compromiso de quienes se involucraron en este Legado de Allende. El objetivo se logró:  que los hijos, nietos y bisnietos de aquellas familias tuvieran muchas más oportunidades. La palabra clave entre esos profesores fue mística.

Deporte: “Toda Escuela y Toda Población Tendrá su Cancha”

Yendo a los tiempos previos a la victoria de la Unidad Popular y el consiguiente inicio del gobierno del Presidente Salvador Allende, la relación entre deporte y política fue igualmente algo huraña -por enfatizarlo de alguna manera- y aquello se avala en el tono de los ejemplares de la recordada revista Estadio entre enero y diciembre de 1970. Abundan allí, dentro del sinnúmero de temas abordados en las decenas de ediciones de la publicación deportiva, algunas críticas a los manejos de algunas federaciones, problemas contractuales de algún plantel de fútbol, la mirada de algunos dirigentes, jugadores o entrenadores respecto de cómo debe funcionar el «deporte rey» como organización y diversas teorías acerca de la ostensible baja en el nivel de la competencia y en la asistencia de público a los estadios.

Es lo más cercano que figura en esa generosa documentación sobre el vínculo entre política y deporte si es que por política también entendemos los temas de tipo gremial u organizativos que tienen las federaciones deportivas o los mismos deportistas.  Esa poca conexión entre un ámbito y otro es confirmada por  el periodista deportivo Julio Salviat: «era tema vedado la política en Estadio. De hecho, el equipo periodístico siguió intacto cuando la revista era propiedad de Zig Zag (empresa privada), Quimantú (estatal durante la UP) y Gabriela Mistral (dictadura). Dicha opinión es refrendada por un colega suyo, también plenamente activo desde esos años, Juan Guillermo Figueroa, quien sostiene que el deporte y la política siempre fueron por carriles distintos, atribuidos en cierto sentido a la propiedad de los medios, aunque tampoco sus protagonistas eran dados a expresar opiniones al respecto. Tal como ocurre hoy, no es característica de los deportistas pronunciarse con facilidad respecto de la política.

Historias

Hay historias asociadas a la relación deporte-política en tiempos de la Unidad Popular, o vinculantes con la figura del Presidente Allende, aisladas unas de otras pero que bien vale la pena compartirlas, aunque aborden en algunos casos el plano más humano. Allende fue un destacado atleta en su adolescencia, cuando representaba al club Everton de Viña del Mar.

Fue amigo personal de otro distinguido deportista: Humberto Guiraldes. Un artículo del sitio web del club deportivo Universidad Católica, referido al «atleta que inventó el  «ceacheí», incluye testimonios de descendientes de él, quienes resaltan su rol de gran promotor del atletismo desde los años 20 y su íntima amistad con Allende. Guiraldes, fallecido en 1977, fue dentista y, según su hija María Paz, tras el triunfo del candidato de la UP en 1970, el mismo Allende le pidió que terminaran su amistad: «no quería exponerlo, Allende sabía que durante su gobierno las cosas iban a ser complicadas y lo cortó como su dentista y como amigo».

No obstante, esa insípida mirada de amor-indiferencia entre Allende y el deporte es contrastada con otras visiones acerca de ese vínculo. Una de ellas alude a una de las 40 medidas proyectadas como iniciales del gobierno de la Unidad Popular: la número 29, que ponía de relieve lo siguiente: «fomentaremos la educación física y crearemos campos deportivos en las escuelas y todas las poblaciones. Toda escuela y toda población tendrán su cancha».

Según lo expuesto por el periodista de la revista Triunfo, Daniel Giacaman, en un artículo de 2015 titulado «Salvador Allende: El deporte también es del pueblo», a Allende le tocó implementar la Ley del Deporte, aprobada en 1970 durante el mandato del Presidente Eduardo Frei Montalva. En el marco de esa ley, detalla el texto, se creó la Corporación de Construcciones Deportivas, que en 1972 invirtió cerca de nueve millones de escudos en la materialización de infraestructura deportiva consistente en 85 multicanchas distribuidas en la capital, Viña del Mar, Ovalle, La Serena y Coquimbo. A lo anterior, cita la misma nota, se añadieron la continuación de las obras del estadio cubierto del Parque Cousiño (hoy Movistar Arena, en el Parque O’Higgins), la construcción de gimnasios en Chiloé, Osorno, San Antonio y el de Famae; y de piscinas en Linares e Iquique (la Juan Godoy), entre otras.

El mismo artículo también pone de relieve que el programa «Yo hago deportes» ayudó a masificar la actividad física en nuestro país mediante iniciativas efectuadas en el velódromo del Estadio Nacional y en 53 comunas del país que llegaron a reunir a más de 40 mil niños y jóvenes cuyas edades estaban entre los 10 y los 17 años. Un antecedente relevante acerca de la inserción del deporte en el plano de las organizaciones laborales está citado allí: los Primeros Juegos Laborales, organizados por la CUT y que incluyeron competencias de fútbol, básquetbol, vóleibol, tenis de mesa, natación y atletismo.

Sin embargo, la misma publicación brinda los pormenores de un hecho polémico de julio de 1972. El equipo chileno de tenis recibió a su similar de Estados Unidos por su paso al Grupo Mundial. Los visitantes ganaron 5 a 0, pero lo delicado no estuvo allí: se vivía la Guerra Fría y el presidente norteamericano Richard Nixon, de reconocida animadversión contra el gobierno de la UP por sus simpatías con Cuba y la Unión Soviética, se hizo eco del temor de sus compatriotas de sufrir alguna clase de atentado durante toda su permanencia en nuestro país, razón por la cual la Federación de Tenis de Chile acudió a Investigaciones para brindar seguridad a la delegación forastera.

Por último, en el sitio La Bullanguera, dedicado exclusivamente al fútbol del club Universidad de Chile (hoy administrado por la sociedad anónima Azul Azul), publicó a fines de junio un artículo denominado «El desconocido vínculo de Allende con la «U», donde junto con poner de relieve la simpatía que el ex mandatario tuvo durante su vida por la institución universitaria -enraizada un poco por el hecho de haber estudiado en la respectiva casa de estudios superiores- expone que él tenía el gran sueño de hacer realidad el sueño más anhelado de todo hincha azul: el estadio propio, con capacidad para 15 mil personas.

La publicación pone de relieve que el proyecto estaba listo en su idea: emplazamiento en el corazón de la Villa San Luis, donde el gobierno popular construyó viviendas sociales para la gente de los campamentos de Las Condes, y escuelas deportivas gratuitas para la comunidad de la referida villa, incluyendo allí multicanchas y piscina.

Triunfo de Allende: ¿Qué Papel Jugaron los Medios de Comunicación?

Quién no sabe que los medios de comunicación chilenos manejados por la derecha y aceitados con dólares del gobierno norteamericano de Richard Nixon, jugaron un rol importantísimo en el golpe que derribó al gobierno de la Unidad  Popular. Pero poco o nada se sabe sobre cuál era el panorama mediático previo a la llegada de Salvador Allende a la Primera Magistratura, cuándo el sistema era dominado por la derecha y la izquierda hacía grandes esfuerzos por estar presente en la batalla de las ideas.

Lo que sigue es un breve panorama de los medios en la llamada “antigua democracia” y cómo operaban en la época previa al triunfo de Allende en su cuarta candidatura a la Presidencia de la República.

Radio

Las ondas radiales principalmente difunden música y en esa década, reinaba la música popular de la Nueva Ola (cantantes adolescentes como Peter Rock, Fresia Soto, Luis Dimas, Gloria Benavides, Buddy Richard), con el gran mérito de haber desplazado a la música popular norteamericana.

Aunque con mucho menos espacio, la información periodística era importante porque el medio permitía que la noticia llegara en el momento en que se producía… si tenían un buen departamento de Prensa.

Era el caso de unas pocas emisoras: Minería, donde Mario Gómez López llevaba la batuta en el noticiario “El Correo de Minería” e impuso la grabadora para hacer reporteo en vivo. Con ese entonces pesado equipo recorrió toda la “Marcha de la Patria Joven” durante la campaña de Frei Montalva a la Moneda, cuenta el periodista Toño Freire en su libro “Testigo” (Emegé Comunicaciones, 2006).  Y la periodista Mary Zajer, que comenzó su carrera a fines de los 60 en prensa de Radio Portales, que dirigía José (Pepe) Gómez López, hermano del anterior, recuerda: “Yo cubría Moneda y el colega Jaime Vargas me ayudaba a cargar la grabadora, porque en ese tiempo eran muy pesadas”. Los hermanos Gómez López eran rivales en dar golpes noticiosos a través de sus respectivas emisoras.

La radio generalmente se ha liberado de acusaciones de sesgo político y hasta hoy genera más credibilidad porque se la considera un medio “objetivo”, objetividad que nunca ha existido en el periodismo. Basta saber a quiénes pertenecían las emisoras top de entonces para identificar su línea editorial: Agricultura, a la Sociedad Nacional de Agricultura; Minería, empresarios ligados al cobre; Corporación, Banco del Estado y luego familia Edwards; Portales, al empresario Raúl Tarud y luego la SOFOFA; Cooperativa Vitalicia, familias Goñi y Garnham.

La radio jugaba un papel importante en la información noticiosa de la época. Y como dice el refrán, el que pone la plata, pone la música…

Televisión

A comienzos de la década del 60, la televisión nació en el país gracias al interés y esfuerzos de las Universidades Católica y de Chile. Ambas comenzaron sus experimentos con este nuevo medio (la UC en Valparaíso y en Santiago) a fines de 1959 y el difícil parto sólo concluyó para el Campeonato Mundial de Fútbol realizado en Chile en 1962, momento en que la televisión entró definitivamente al país.

Eran pocos aún los chilenos que contaban con televisores, que al comienzo eran escasos. Los vecinos que lo tenían invitaban a verla a sus hogares. Algunos cobraban por entrar. Había solo dos canales: los de la Universidad Católica, señal 13, y los de la Universidad de Chile, señal 9.

Mirando lo que sucedía en los países desarrollados con el poder inmenso de la pequeña pantalla (en comparación con la de cine) metida en el hogar, se quiso proteger el nuevo medio de los males que acarreaba el factor comercial en sus contenidos, conservando su estatus universitario. Gracias al trabajo misionero del comunicador Raúl Aicardi, fundador de Canal 9,  se evitó por varios años el modelo de televisión privado. En sus inicios, la tv chilena carecía de publicidad. Era un lugar de encuentro para informarse, educarse y entretenerse. Critilo (Antonio Romera) y Julio Martínez comentaban el arte y el deporte respectivamente. La información periodística era el invitado pobre, pero siempre tuvo su lugar. Los periodistas más famosos por sus comentarios especializados fueron Luis Hernández Parker, quien leía en pantalla sus comentarios hasta ahora radiales, de política nacional, y el mercuriano José María Navasal en política internacional.

Pero muy pronto los canales universitarios debieron abandonar esa austera línea, debido al alto costo que requería mejorar los equipos y satisfacer la creciente demanda de los televidentes por más profesionalismo en su entretención y la inevitable importación de programas extranjeros envasados. Aunque siguió siendo universitaria, mezcló el estilo de televisión europea de servicio público con el privado y comercial norteamericano. En los años 60 tenía un 50% programación extranjera, con series como “Bonanza”, “El gran Chaparral”, “La casita en la pradera”, “El fugitivo”, “La caldera del diablo”. Solo norteamericanos debido al sistema adoptado de 525 líneas. Así comenzó la competencia entre canales y la contratación de avisos para sostener los costos de la nueva etapa.

Al fragor de la campaña presidencial de 1970, no tardaron en aparecer programas periodísticos con tintes políticos: entrevistadores como Adolfo Janquelevich en su “Close Up de la Noticia” por la derecha y Eugenio Lira Massi en su “Entrevista impertinente”, por la izquierda. Y cuando la guerra de las ideas entre conservadores, progresistas e izquierdistas estaba llegando a su apogeo a fines de los 60, el programa de debate político “A esta hora se improvisa” conducido por el publicista y actor Jaime Celedón en Canal 13 de la UC, con panelistas en su mayoría de derecha como Jaime Guzmán, Enrique Campos Menéndez, Germán Becker, José María Navasal. El único progresista era el demócrata cristiano Jorge Navarrete, y en cada emisión tenían un invitado de actualidad que podía ser de izquierda, como José Tohá. Era un imperdible los domingos por la noche.

La DC en el gobierno dio el gran golpe al fundar un canal estatal, Televisión Nacional de Chile, con para llegar a todo el país, pero ya se veía como un medio de apoyo político para sus filas. Inició sus transmisiones en septiembre de 1969, pero aún así, se puede decir que durante los 60 sólo tuvimos televisión universitaria, aunque ya incómoda en ese molde.

Prensa escrita

Era el medio de comunicación más importante en esta década, cuando la radio se concebía principalmente para entretener y la televisión daba sus primeros pasos.

El Mercurio, La Tercera de la Hora, El Diario Ilustrado y La Nación, marcaban la pauta del día, en especial, El Mercurio por su carácter de diario nacional importante, (“el más antiguo de habla castellana”) y El Diario Ilustrado, que competía con él desde su trinchera muy conservadora vinculada a la Iglesia Católica pre Concilio Vaticano II. Si bien ambos eran de derecha, El Mercurio era más abierto porque lo manejaban masones librepensadores con René Silva Espejo a la cabeza. Eran diarios “nacionales”, que marcaban la pauta política pese a que en las 25 provincias existentes (antes de las regiones actuales) existían diarios locales que se esforzaban por dar a conocer su realidad, amagada por el centralismo capitalino.

El Mercurio de Valparaíso (anterior al de Santiago), La Mañana de Talca, El Sur de Concepción o La Prensa Austral de Punta Arenas eran voces que surgían en las principales ciudades, antes de que la empresa El Mercurio S.A. los ahogara con sus ramas locales “La Estrella…” de Iquique, del Norte de Antofagasta, de Valparaíso.

Sin embargo, los más populares eran los que destacaban crímenes, delitos y escándalos en primera página. La crónica roja y el sensacionalismo llegaron al periodismo nacional en pasquines de formato medio-mercurio: Las Noticias Gráficas (que murió en 1963), Clarín y La Tercera de la Hora. Eran una tendencia comercial de la época.

Prensa amarilla

El sistema de medios estaba ya hegemonizado por la derecha política y económica, pero el debate entonces no era el equilibrio en las corrientes políticas, sino la ética de esta prensa amarilla, donde la competencia se centraba en quien vendía más diarios con titulares más grandes.

“La prensa de entonces era sensacionalista -recuerda Mary Zajer, ex jefa de informaciones de Cauce durante la dictadura -. Predominaba el Clarín. Pero algo cambió cuando Mario Carneyro se hizo cargo de La Segunda, de la empresa El Mercurio, y lo colocó dentro los diarios de peso político de las noticias de la tarde”.

Según el estudioso Alfredo Riquelme (CENECA, la ONG de estudios comunicacionales), en los 60 regía un sistema comunicativo libre empresarial, donde la libertad de prensa era la libertad de las empresas periodísticas para difundir sus contenidos sin intervención alguna del Estado. Pero el gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez (independiente de derecha) debió preocuparse de la “distorsión” en la entrega de estos mensajes a través de esta “prensa amarilla”, un problema mundial.

De hecho, bajo su gobierno (1958-1964) se promulgó la Ley de Abusos de Publicidad, que trató de poner coto a los desbordes de esta prensa que descalificaba con graves epítetos a políticos en el Congreso o en campaña. Durante mucho tiempo esta fue la única legislación sobre medios de comunicación masiva.

En el siguiente período presidencial, Eduardo Frei Montalva (1964-1970), apoyado durante la campaña por inyecciones de dólares de la CIA, con su programa de grandes transformaciones sociales y económicas, cuestionó el modelo comunicacional conservador-liberal heredado y buscó un modelo más democrático, uno que le permitiera hacer esos cambios.

Pero no había una política de comunicaciones en su programa (ni en los gobiernos anteriores). Sólo se crearon nuevos medios para la difusión y defensa de su programa: La Libertad, que dirigió Gabriel Valdés; El Debate, comprado a empresarios de derecha, y el vespertino La Tarde. Su desafiante entrada al mundo mediático culminaría al final de su gobierno con La Prensa (que fustigaría duramente gobierno de la Unidad Popular) y con la creación de Televisión Nacional de Chile, el “canal para todos los chilenos”.

Como contrapeso a la difusión que estos diarios hacían de sus ideologías, del lado de la izquierda tradicional estaban El Siglo y Ultima Hora. El primero nació y continúa siendo el órgano del Partido Comunista, sobreviviente de múltiples ataques del anticomunismo nacional. El segundo, fundado y mantenido por socialistas (Arturo Matte Alessandri, Anibal Pinto Santa Cruz) en los años 40, feneció con el golpe militar de 1973. A mediados de la década apareció Punto Final, el periódico mensual, luego quincenal, representando a la izquierda revolucionaria, que remontó la dictadura pero sucumbió víctima del sistema neoliberal hace dos años .

Revistas noticiosas

En materia de revistas de actualidad, la empresa Zig Zag, de la familia Helfmann, monopolizaba el campo con sus revistas femeninas, deportivas y de entretención, hasta que en la segunda mitad de los 60 le salió al ruedo un audaz diseñador y dibujante llamado Guido Vallejos, que se hizo famoso con su historieta Barrabases. Muy pronto levantó su propia editorial en el mismo campo causándole gran impacto.

Dice Irene Geis, periodista de la Universidad de Chile, Premio Lenka Franulic y primera directora mujer de una Escuela de Periodismo (U. De Concepción): “Comencé como reportera en La Tercera cuando todavía no entendía mucho la política. De esos años, la competencia que yo recuerdo es que las revistas de Zig Zag le copiaban todos los éxitos a Guido Vallejos. Cuando él sacó Flash, Zig Zag sacó Siete Días, de la que fui directora…”

Por el lado de la izquierda comunista, hasta mediados de la década se publicó Vistazo, que dirigieron Luis Enrique Délano (diplomático y padre del escritor Poli Délano), Hernán Uribe y Edesio Alvarado. Tuvo poca circulación. La que predominó en el campo de las revistas informativas fue Ercilla, de línea progresista ondulante, conducida sucesivamente por Humberto Malinarich, Erica Vexler y Alejandro Cabrera antes de llegar en 1968 a una nueva etapa – tras ser comprada por empresarios demócrata cristianos – bajo la dirección de Emilio Filippi, Premio Nacional de Periodismo 1972.

Opina Abraham Santibáñez, ex presidente del Colegio de Periodistas, Premio Nacional de Periodismo 2015 y actual secretario general del Instituto de Chile: “En los años 60, cuando predominaba la prensa escrita, pese al ya importante desarrollo del periodismo radial, existía en Chile una mayor diversidad de medios y de estilos que ahora. Había medios de muy variadas tendencias, algunos más consolidados que otros, pero -como lo pude apreciar para mi tesis de titulación- no había sectores deliberadamente olvidados: por ejemplo, las noticias de las poblaciones populares de Santiago, aunque no eran mayoritariamente consideradas por la prensa tradicional, tenían espacio permanente en algunos medios. Era el caso de El Siglo y Última Hora y publicaciones semanales. La prensa regional, aunque de inclinación conservadora, había asumido desde siempre un papel gravitante en el desarrollo local, dando su respaldo a todo tipo de actividades”.

Pese a los medios…

En resumen, el panorama mediático en que se desarrollo la campaña electoral de 1968-1970 donde por fin triunfó la izquierda con su abanderado Salvador Allende, no era para nada favorable a esta corriente. Lo expresa claramente el periodista y ex director de Periodismo en la USACH, Héctor Vera, cuando escribe:

“¡Como es posible que con un predominio tan fuerte de la prensa de derecha, altamente modernizada, haya podido llegar al gobierno de Chile una fuerza política explícitamente socialista! Esta es una asimetría que quiebra la teoría de la efectiva acción de los medios o al menos le pone un peso relativo” (“Análisis de 100 años del periodismo en Chile. Cómo se han informado los chilenos”. Círculo de Periodistas de Santiago, 2008).

Queda una sombra de duda sobre la real influencia de los medios en la formación de opinión pública. Salvador Allende triunfó pese a la fuerte oposición de una prensa mayoritariamente de derecha.

Irene Geis en su hogar hoy.

 

Mary Zajer y su pareja Víctor Vaccaro.
Abraham Santibáñez

 

4 de Septiembre de 1970: ¡Venceremos!

De pie frente al vetusto balcón decimonónico, Salvador Allende miró el solitario micrófono que lo conectaba con decenas de bocinas que colgaban de los postes de la luz a lo largo de la Alameda, en el corazón de Santiago de Chile. Parecía meditar mientras los agudos pitos de las nerviosas pruebas de sonido se  acoplaban e interrumpían por segundos el clamor de la inconmensurable multitud de cientos de miles de personas que rodeaba la vieja sede de la Federación de Estudiantes de Chile (FECH) desde donde, como ganador de la elección presidencial de ese 4 de septiembre de 1970, el vencedor había decidido dirigirse al pueblo de Chile.

El líder la izquierda tenía dos emotivas razones para querer hacerlo desde ese balcón: cuarenta años antes de esa noche histórica, allí le habían elegido  vicepresidente de la poderosa Federación de Estudiantes; y el 24 de enero de 1939, a las 10,30 de la noche, cuando, de pronto, la reunión a la que asistía en la Gran Logia de la Masonería chilena con sede en ese caserón, fue cortada abruptamente por uno de los más devastadores megasismos ocurridos en la historia reciente, el terremoto de Chillán. La anécdota es conocida: Allende, que sentía un inconfesado temor a los movimientos telúricos -tan frecuentes en Chile- corrió fuera y, como el buen atleta que era, de dos saltos atravesó la Alameda hacia la plazoleta Vicuña Mackenna. Allí, un amigo común le presentó a una joven de bellísimos ojos que, a su vez, había huido el terremoto desde el vecino cine Santa Lucía. Se llamaba Hortensia Bussi.

Como una mancha de luz caminábamos, felices, por medio de la noche cantando el “Venceremos”, himno de la campaña que estaba llevando a nuestro candidato s la Presidencia de la República para intentar, por primera vez en el mundo, llegar al socialismo por la vía pacífica. Marchamos primero hacia la plaza Bulnes pero al llegar allí tanquetas y soldados fuertemente armados nos cerraron el paso, un primer recordatorio de las razones por las que la coerción sería más fuerte y evidentes que de costumbre: estaba en juego el sistema. Debimos dar un rodeo y salir por un costado de la Universidad de Chile a la Alameda. Sólo queríamos encontrarnos con Salvador Allende, verlo aunque fuera de lejos, escucharle, gritar, saltar, cantar, ser felices para siempre. Teníamos 23 años, ¿cuándo, si no?. Sosteníamos a todo lo ancho de la principal avenida de Chile un gran lienzo en el que podía leerse: “Los trabajadores de Puro Chile saludan la victoria del pueblo”. La pintura estaba aún fresca pues lo habíamos terminado de pintar no mucho antes y en un extremo se veía al famoso “Enano Maldito”, de cejas enarcadas y gran sonrisa. Sabíamos que los resultados estaba siendo dilatados desde el ministerio del Interior, en una acción deliberada del gobierno demócrata cristiano con la perversa intención de sembrar incertidumbre. Nosotros resolvimos salir de todos modos porque estábamos seguros de que la victoria ya era nuestra.

Allende abandonó sus disquisiciones y retornó a la realidad que le circundaba. En torno y detrás suyo, pero también desde los otros balcones de la vieja casona señorial, los reporteros gráficos contorsionaban con extrañas piruetas intentando captar el mejor ángulo, la mejor imagen de aquella figura histórica viviendo la más alta noche de su dilatada vida política. Algo a lo que la iluminación del lugar no ayudaba pues los fotógrafos y camarógrafos sólo contaban con la poca claridad que aportaban dos luminarias de mercurio del alumbrado público equidistantes del edificio que entonces albergaba a la FECH.

¡Victoria, victoria!

Era tarde, cerca de la una de la madrugada y en estricto rigor ya se vivía el inicio de una nueva madrugada cuando el gobierno soltó los resultados finales ¡¡ Victoria, victoria !!… El paladín, el centro de toda la atención, tenía meridianamente claro que a partir de entonces, la Historia cambiaría para siempre y sabía que tenía que imprimir un énfasis especial para alcanzar los objetivos del programa de gobierno de la Unidad Popular, lo que implicaba establecer un compromiso, una comunión con los desposeídos, con los explotados, con la base popular que le apoyaba. Pero también debía saber atraer a las capas medias de la sociedad porque esa unidad de inobjetable mayoría -que a lo largo de la Historia había enfrentad brutales represiones por parte de la clase dominante- sería la que su futuro gobierno debería tener más presente a partir del trascendental triunfo electoral de aquella noche.

En medio de fogonazos de flash fotográficos y las fuertes luces de las cámaras de cine y televisión, de periodistas chilenos y extranjeros que querían inmortalizar ese preciso trozo de la Historia, en medio de decenas de micrófonos de radios que se fueron agregando para grabar sus palabras, Allende hizo un gesto al locutor Emilio Rojas, quien, en medio de la euforia generalizada y casi empalmando su boca al micrófono, gritó, más que anunció, que hablaría el “compañero” Presidente de la República.

Pero no pudo empezar de inmediato porque en ese preciso instante, desde el fondo de las gargantas de un millón de personas que se habían dado cita en la Alameda surgió la Canción Nacional, aquella reservada para los grandes momentos del devenir nacional, aquella que se canta a capela, a todo pulmón, a toda rabia, a toda esperanza reivindicativa. El Puro Chile de sus versos iniciales atronó majestuoso hacia el espacio de esa noche triunfal. Fue un momento mágico, mientras lágrimas de emoción caían por esas mejillas precozmente arrugadas y los árboles florecían.

“Queridas compañeras y compañeros, con profunda emoción les hablo desde esta improvisada tribuna por medio de estos deficientes amplificadores –comenzó Allende- Nunca como ahora la Canción Nacional tuvo para Ustedes y para mi tan profundo significado…”

Consciente de ello, las palabras de un Allende victorioso invitaban a la reflexión, invitaban a profundizar las reivindicaciones populares, pero con la calma e inteligencia que imponían las procelosas circunstancias que rodearían al movimiento popular de ahí en más. No fortalecer el proyecto de la vía chilena al socialismo, debilitándolo con acciones precipitadas, sería malgastar décadas de luchas por salir de la pobreza y construir -paso a paso- una estructura de justicia social plena.

“Ciudadanas y ciudadanos de Santiago, trabajadores de la Patria: Ustedes y sólo Ustedes son los triunfadores. Los partidos populares y las fuerzas sociales han dado esta gran lección que se proyecta más allá, reitero, de nuestras fronteras materiales. Les pido que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada y que esta noche, cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante cuando tengamos que poner más pasión y más cariño para hacer cada vez más grande a Chile y cada vez más justa la vida en nuestra Patria…”

Era aquella sustancia la que implicaba el compromiso entre el líder y la masa. Un diapasón que, al vibrar, retroalimentara la fuerza, la corriente de energía que permitiera iniciar el monumental trabajo para afianzar el triunfo popular y lograr hacer realidad el gran proceso transformador que avizoraban. Allende sabía que no bastaba con haber ganado una elección histórica, sino que tenían la obligación de constituir una suerte de fuerza magnética que combinase convicción y esfuerzo, pero que también evitase el riesgo de  la sobre ideologización, la violencia y la polarización para enfrentar la que sería una casi irremontable y frenética oposición no sólo de la derecha, sino también de los sectores de la alta burguesía desplazados del poder político, grupo pequeño pero que mantenía intacto su enorme poder económico y financiero.

Un discurso inolvidable

“Somos los herederos legítimos de los padres de la Patria, y juntos haremos la segunda independencia, la independencia económica de Chile. Desde aquí declaro solemnemente que respetaré los derechos de todos los chilenos. Pero también declaro y quiero que lo sepan definitivamente, que al llegar a la Moneda, y siendo el pueblo gobierno, cumpliremos el compromiso histórico que hemos contraído, de convertir en realidad el programa de la Unidad Popular…”

La gente nos veía y se apartaba para abrirnos paso, entre admirada y respetuosa, fraternal, aplaudiendo, vitoreando. Tengo noción que desde los edificios de altura que se alinean a los costados de la principal avenida del país caía papel picado y globos de colores. La sensación de alegría por un triunfo que aún les costaba creer se pintaba en la cara de esos compañeros y compañeras de rostros y manos curtidas como mapas de cuero, mujeres, hombres, jóvenes, niños y ancianos que, tal vez por primera vez en sus vidas, sentían que ganaban algo con el triunfo de Salvador Allende: dignidad.

El día había comenzado para nosotros, los periodistas del diario más popular e iconoclasta de Chile, más bien hacia el mediodía. El acuerdo era ir a votar primero y luego concurrir a ese segundo piso de avenida Bulnes donde se situaba la redacción para que así los colegas del turno matinal pudieran ir a su vez a sufragar. Poco a poco fuimos reuniéndonos bajo la mirada preocupada de José Gómez López, director de Puro Chile. Nuestro diario era un tabloide popular creado ex profeso por un grupo de periodistas de primer nivel, pero también de primera línea, con el apoyo del Partido Comunista. Se imprimía, por lo demás, en las viejas rotativas de la imprenta “Horizonte”, donde también se  editaba e imprimía el diario “El Siglo”, del Partido Comunista. No obstante, Puro Chile no era una publicación que siguiera los lineamientos del PC, sino que los de la izquierda en general y de la Unidad Popular en particular. Había sido lanzado, además, para enfrentar la poderosa maquinaria mediática de la Derecha que ya se preveía. No obstante, cabe recordar que la increíble animadversión, el odio de clase a la izquierda y a la Unidad Popular manifestado permanentemente  por la élite, sí tenía (y sigue teniendo hasta hoy) un denominador común: un anticomunismo visceral que, más allá de lo netamente ideológico, utiliza ese precepto como baluarte para defender sus portentosos intereses económico-financieros e indecibles privilegios de clase que intenta mantener sobre las grandes mayorías explotadas.

Esa noche del 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende sabía que en la lucha que se iniciaba no podrían claudicar, ni permitir espacios al poder establecido, al mismo tiempo que debían  mantener en alto la meta de la equidad social para establecer las bases que permitieran transitar hacia una sociedad que pusiera fin a la explotación del hombre por el hombre, proceso que en esa jornada pudo ser validado de modo inédito bajo las formas democrático-burguesas de acceso a una parte del poder político, el gobierno. Especialmente porque lo que allí estaba sucediendo rompía los esquemas de dominación continental del imperio estadounidense, por una parte, pero, además, porque el hermoso desafío que se iniciaba estaba siendo observado por otras izquierdas con singular interés: era la primera vez en la historia reciente del mundo que un pueblo, en el más remoto rincón del planeta, iniciaba el salto al socialismo por la vía del voto y no de las armas. Y todo aquello era encarnado por aquel hombre que recogía sobre sus espaldas las esperanzas de un pueblo y que, en definitiva, era eI único que podía garantizar la consecución del histórico proceso que se iniciaba aquel 4 de septiembre de 1970.

“El pueblo sabe que sus problemas no se solucionan rompiendo vidrios o golpeando un automóvil. Y aquéllos que dijeron que el día de mañana los disturbios iban a caracterizar nuestra victoria, se encontrarán con la conciencia y la responsabilidad de ustedes. Irán a sus trabajos, mañana o el lunes, alegres y cantando; cantando la victoria tan legítimamente alcanzada y cantando al futuro. Con las manos callosas del pueblo, las tiernas manos de la mujer y la sonrisa del niño, haremos posible la gran tarea que sólo un sueño responsable podrá realizar. El hecho de que estemos esperanzados y felices, no significa que nosotros vayamos a descuidar la vigilancia: el pueblo, este fin de semana, tomará por el talle a la patria y bailaremos desde Arica a Magallanes, y desde la cordillera al mar, una gran cueca, como símbolo de la alegría sana de nuestra vida”…

Puro Chile

Vuelvo mis recuerdos de aquel viernes 4 de septiembre de 1970. La gerencia del diario, encabezada por Abraham Muskablit -quien, en 1986, moriría acribillado por la vendetta del dictador Pinochet como consecuencia del atentado en su contra y que costaría la vida, entre otros, al periodista José Carrasco- había provisto café, sándwiches, empanadas y refrescos para una jornada en la que, por haber sido declarada feriado legal, no encontraríamos comercios abiertos. Poco a poco también fueron llegando los periodistas “estrella” de nuestro diario: Mario Gómez López, Eugenio Lira Massi (subdirector), Ligeia Valladares, su esposo, Guillermo “Chino” Ravest, Carlos Ossa, Raúl “Pitico” Pizarro, Fernando Rivas Sánchez, Juanito Ostoic y Jorge Mateluna, el genial dibujante del ultra popular y querido “Enano Maldito”.

Pero también estábamos allí los periodistas jóvenes Lucía Sepúlveda, Sergio Jeréz, María Eugenia Camus, Ramiro Sepúlveda y, entre otros, este autor, quien, como estudiante en práctica, oficiaba de reportero policial y laboral en Puro Chile. Esto último no era menor de acuerdo a los tiempos que corrían, pues tenía como deber diario cubrir todo lo que acontecía con relación a la poderosa Central Única de Trabajadores (la CUT original fundada por el insigne Clotario Blest), pilar fundamental de las grandes movilizaciones populares de esos años. Pero habían otros jóvenes, como Mario Barrios, estudiante de Periodismo como nosotros, pero que con mucha modestia cumplía con las labores de auxiliar. Mario -muerto en un extraño atropello automovilístico en 1986- tenía a su cargo la importante aunque riesgosa misión de llevar, ya de amanecida, los originales de Puro Chile -que saldría al día siguiente a los kioscos- hasta los talleres de “Horizonte”, en calle Lira, a una decena de cuadras de allí, tarea que cumplía en su bicicleta siempre estacionada a la entrada de la sala de redacción.

“Somos y seremos respetuosos de la autodeterminación y de la no intervención. Ello no significará acallar nuestra adhesión solidaria con los pueblos que luchan por su independencia económica y por dignificar la vida del hombre (…) La revolución no implica destruir sino construir, no implica arrasar sino edificar; y el pueblo chileno está preparado para esa gran tarea en esta hora trascendente de nuestra vida.

A fines de 1969, cuando ya era un famoso periodista, Eugenio Lira Massi se entrevistó con los máximos dirigentes del Partido Comunista y les planteó la necesidad de tener un diario que apoyara con toda lealtad la campaña de la Unidad Popular que poco antes había definido a su candidato, Salvador Allende. El acuerdo se selló en calle Bremen, en la casa del senador Luis Corvalán, secretario general del PC y en presencia de la entonces secretaria general de las juventudes comunistas, la diputada Gladys Marín. El nuevo diario –les explicó Lira- no sería ni “de” ni “para” el Partido Comunista, sino que sería una publicación manejada por los propios periodistas, su director sería José Gómez López y su subdirector, el propio Lira Massi. Esas fueron las condiciones. El PC, luego de sopesar el asunto aceptó: aportaría financiamiento para iniciar el cometido, así como los viejos talleres de la imprenta “Horizonte” en calle Lira. El resto saldría de las ventas. De ese modo, el diario fue organizado y preparado durante el verano de 1970 por el macizo equipo de periodistas, casi todos provenientes del diario “Clarín” y disgustados con su propietario, el boliviano Darío Saint-Marie, quien jugaba a ganador apoyando las candidaturas de Allende y del demócrata cristiano Radomiro Tomic. Conocedor del proyecto, alumno de tercer año de Periodismo en la Universidad Católica y militando en la Brigada Universitaria Socialista, solicité a José Gómez López hacer mi práctica en el Puro Chile a fines de marzo de 1970. El primer número salió a la calle el 7 de abril de ese año.

Poco antes, durante el invierno de 1970, tuve mi minuto de suerte. Gracias a la función que cumplía reporteando las largas reuniones gremiales que se suscitaban en dependencias de la CUT, una de esas tardes logré hablar con Luis Figueroa, el presidente de la popular multigremial y le plantee la idea que, en coordinación con el director de Puro Chile, José Gómez López, invitara a nuestro candidato presidencial a visitar a los trabajadores de la cada día más popular publicación. Figueroa me escuchó con mucha atención y acogió positivamente mi propuesta. Pero como cada día trae su afán, después de aquel encuentro olvidé el asunto hasta que, un par de semanas después, cuando llegué al diario, encontré que el ambiente estaba convulsionado.

La recepcionista, Katya, la hermosa búlgara compañera de Mario Barrios, me soltó la primicia en su dificultoso castellano: “¡espera en cualquier momento la llegada del compañero Allende!…” -me informó. Las mesas individuales de la redacción habían sido alineadas y cubiertas con papel de ediciones anteriores del mismo diario fijas con cinta adhesiva. Encima, platos con trozos de hallullas impregnadas rápidamente con paté y rodajas de huevo duro y aceituna, imitando canapés. Vasos  y gaseosas. Me pareció original, modesto sí, pero de acuerdo a lo que éramos, con tal de ofrecer un refrigerio a nuestro candidato presidencial, el entonces presidente del Senado, Salvador Allende. Así fue que pudimos  compartir un momento trascendente y colectivo con él.

Pero, además, tuve la suerte y el privilegio de conocer y tratar a Salvador Allende con mayor cercanía. Debió ser en la última semana de agosto, unas dos semanas antes de la elección del 4 de septiembre. José Gómez López decidió enviarme a cubrir la última gira al norte del país que, como candidato de la unidad Popular, realizaría Salvador Allende. Recuerdo que embarcamos en un viejo avión de Ladeco, un DC-3 fletado especialmente para la prensa por el Comando de la UP. Entre las y los periodistas de diversos medios, recuerdo a María Eugenia Oyarzún, de El Mercurio, Silvia Pinto como reportera de Radio Minería y Carmen Puelma como reportera de Radio Cooperativa, quienes cubrían política. De los diarios de izquierda, hasta donde recuerdo, sólo íbamos Carlos Cádiz por El Siglo y yo, por Puro Chile. Fue una experiencia inolvidable porque en menos de una semana recorrimos desde La Serena hasta Iquique, alojando en hosterías y hoteles de Honsa (Hotelera Nacional S.A.) junto a políticos de diversos partidos de la Unidad Popular, entre los que se contaban los senadores Luis Corvalán, Rafael Tarud y Hugo Miranda, del Partido Comunista, Acción Popular Independiente (API) y Partido Radical, respectivamente. Del equipo cercano a Salvador Allende hicieron ese viaje de campaña Tati Allende, Miria Contreras, la Payita, Osvaldo Puccio y el doctor Danilo Bartulín, entre otros. Difícil olvidar algo así para un periodista que se iniciaba: los rostros curtidos de los mineros del cobre en Chuquicamata y El Salvador, los pescadores de Iquique, las mujeres aymaras venidas desde el desierto hasta Calama para reunirse bajo el sol inclemente con “el doctor” (como le llamaban), la gente que salía a recibir a la caravana en los cruces de camino en Pueblo Hundido, Tierra Amarilla o el valle del Elqui. Y Allende, que hacía detener los vehículos, se sumergía entre esas manos y rostros morenos, hablándoles con sincera devoción pedagógica y política.

“Chile abre un camino que otros pueblos de América y del mundo podrán seguir. La fuerza vital de la unidad romperá los diques de la dictadura y abrirá el cauce para que los pueblos puedan ser libres y puedan construir su propio destino. Sólo quiero señalar ante la historia el hecho trascendental que ustedes han realizado, derrotando la soberbia del dinero, la presión y amenaza, la información deformada, la campaña del terror, de la insidia y la maldad”…

Y hacia el final de su histórico discurso en aquella noche estremecedora, Salvador Allende fue vertiendo una serie de conceptos sólidos, fundamentales, que respetaría y haría respetar incluso al precio de su vida cuando, 3 años y 8 días más tarde, se negara a abandonar el palacio presidencial de La Moneda, ofrendándose y brindando con ello la más alta lección moral que ha conocido la Historia contemporánea:

“El pueblo (que sabe que) entrará conmigo a La Moneda el 4 de noviembre de este año”…

“Gracias, gracias, compañeras. Gracias, gracias, compañeros. Lo mejor que tengo me lo dio mi partido (el Partido Socialista), la unidad de los trabajadores y la Unidad Popular”…

“A la lealtad de ustedes, responderé con la lealtad de un gobernante del pueblo, con la lealtad del compañero Presidente”…

La muchedumbre parecía delirar. Vi a un hombre que, para manifestar la felicidad que le embargaba, no encontró mejor forma que desnudarse por completo ahí mismo, delante de todas y todos. Luego, envolviéndose en una bandera nacional y otra de la Unidad Popular, trepó por un poste de la luz frente a la Biblioteca Nacional en cuya escalinata, mi compañera Ana María y yo apenas habíamos logrado poner pie para ver, frente a frente, a nuestro “compañero Presidente”. Después, como siempre sucede, la Alameda fue quedando vacía lentamente. Con confetti y restos de basura en el suelo, sí, pero esa noche no se registró ni un solo vidrio roto, ni ningún automóvil dañado. Nos retirábamos en completo orden, aún felices, sin pensar en el mañana, viviendo el “aquí y el ahora”, aún cantando -puño en alto- el “Venceremos”.

Salvador Allende y la Vigencia de su Proyecto Político para la Clase Trabajadora

¿Quién puede poner en duda, aunque les duela a sus más feroces detractores, que el legado del Presidente Salvador Allende Gossens forma parte hoy del acervo político, social y cultural de la humanidad?

Tenemos el deber de rendir honores a quien fuera el Presidente que puso en el centro de las transformaciones para Chile a la Clase Trabajadora, a los hombres y mujeres no solo de la ciudad también del campo en sus múltiples expresiones, en sus diversos trabajos fueren remunerados o no. Y esto, refrendado incluso en el histórico último mensaje de Allende, transmitido –por Radio Magallanes- en ese día aciago del Golpe Cívico Militar, cuando afirmó, en medio del estruendo de las balas que ominosamente horadaban los cimientos de nuestra democracia: “La historia es nuestra y la hacen los pueblos (…) Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino”.

Por lo tanto, ese reconocimiento y ese valor respecto del rol de la Clase Trabajadora, que se ha perdido durante estas últimas décadas, es lo que ha convocado a la Central Unitaria de Trabajadores, por ejemplo, a ser parte del “Comité por la Conmemoración de los 50 años de la Unidad Popular”, porque valoramos, por sobre todo argumento, los procesos de amplia unidad no solo de los trabajadores organizados, también de las fuerzas sociales, políticas y culturales al igual que lo impulsó Salvador Allende a lo largo de toda su trayectoria.

El debate que estamos haciendo hoy al que se ha volcado la Central Unitaria de Trabajadores, mandatado por nuestro último Congreso Nacional (celebrado en enero pasado) está centrado justamente en el “Valor del Trabajo” como eje de la sociedad, como norte de las políticas públicas, porque, tal cual lo consideraba el Presidente Allende, somos los trabajadores y trabajadoras, con nuestro tesón, los que ponemos en marcha las naciones, y eso, en nuestro país, ha quedado en evidencia de manera brutal con esta crisis social y económica generada por el sesgado y mal manejo de esta pandemia sanitaria que se ha cobrado ya miles de vidas, millones de puestos de trabajo perdidos y miles de compatriotas que han visto reducido de manera dramática sus ingresos.

¿Qué sería de nuestro país sin la labor esencial de tantos miles de trabajadores? De los invisibles, de los más golpeados, de los que por décadas han luchado por sus derechos y solo han podido avanzar por su coraje y persistencia. Todos ellos son los que nos demuestran que, sin su labor, nuestro país estaría detenido.

Esta crisis sanitaria ha terminado por desnudar las tremendas desigualdades que ha producido por décadas este modelo económico de desarrollo y que ya el pueblo a través de las masivas protestas que comenzaron en octubre del año pasado, puso de manifiesto en un solo clamor: ¡Dignidad! recuperar aquello que el propio Salvador Allende nos dejó como herencia: “Tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente”.

Y, efectivamente, esa semilla sembrada, nos vuelve a mostrar la urgencia de revalorizar el Trabajo, de volver a poner en el centro a los trabajadores y trabajadoras del país.

Y esto es, quizá, lo más revolucionario que planteó el Gobierno de Salvador Allende. No solo en términos formales de dirigirse siempre en sus discursos nombrando a los trabajadores y trabajadoras, a los obreros y obreras, a los campesinos y campesinas. Sobre todas estas consideraciones, el Presidente Allende a lo que apelaba era al reconocimiento de la Clase Trabajadora como actor esencial de los procesos de transformaciones que animaba el espíritu de la Unidad Popular.

Prueba de ello, fue su insistencia en que los trabajadores y trabajadores tuvieran rango protagónico en la tramitación de proyectos de ley y no solo una mera Clase representada en el Poder Legislativo por parlamentarios y parlamentarias. Se trataba de darles un valor especial de incidencia en materias que moldean el mundo del Trabajo, es decir que los propios trabajadores se representaran así mismos y no suplantados por otros actores de la sociedad.

Aquello es importante relevarlo en este debate del “Valor del Trabajo” porque, sin duda la construcción de las relaciones laborales -de forma democrática y participativa con los actores directamente impactados- está estrechamente vinculada al cómo queremos construir sociedades más justas, igualitarias o, al contrario, sociedades que acrecienten las brechas de desigualdad en todos los campos de los derechos humanos, laborales, sociales culturales, medioambientales entre otros.

Y esta valoración de la Clase Trabajadora, Allende no solo la circunscribió en estos términos. Su Gobierno, se caracterizó también por la gran estimación del rol de las y los trabajadores organizados y sus estructuras, promoviendo la sindicalización a tal nivel que en su período se llegó a las tasas más altas que registra la historia de nuestro país: un 33,7% de trabajadores sindicalizados.

Hoy, en este escenario de incertidumbre y miedos de perder el empleo cobra mayor envergadura  en el sindicato. Entre todas las lecciones, que nos está dejando esta pandemia, la más relevante para nuestra vida como sindicalistas es que en situaciones extremas como las que estamos viviendo, cobra más fuerza, sentido y razón la organización. Hoy más que nunca, se reafirma que debemos avanzar en más y mejor organización sindical. Donde hay sindicatos fuertes, el abuso empresarial ha podido ser neutralizado.

Por todo esto, rendimos homenaje al Presidente Allende porque su herencia hoy está más viva que nunca con un Chile que despertó de su letargo de décadas sometido a la lógica individualista del Modelo Neoliberal impuesto a fuego y sangre. Y porque el pueblo no olvidó aquellas, sus últimas palabras: “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

A 50 Años del Triunfo Popular

El 4 de septiembre de 1970 Salvador Allende triunfó en las elecciones presidenciales. Fue una gesta histórica tras décadas de luchas populares, fraguadas en el marco de un sistema intolerable de abuso en una sociedad estructuralmente desigual.

La generación de partidos de izquierda, de la mano con el fortalecimiento de las organizaciones sindicales, en los albores del siglo XX, constituyó una esperanza para las y los trabajadores chilenos, sumidos en una estructura de explotación patronal que se había forjado desde los inicios de la República. Unos pocos privilegiados tenían en sus bolsillos lo que la mayoría de la sociedad requería para vivir.

Salvador Allende logró la unidad de la izquierda con persistencia inigualable, pulso irreductible y convicción genuina y tenaz. Trazó una ruta de esperanza para la izquierda en América Latina y el mundo: con contumaz vocación siguió de forma invariable el camino democrático e institucional de la “vía chilena al socialismo”, que simbolizó en una frase: “una revolución con sabor a empanadas y vino tinto”. Esta fue su mayor virtud pero a la vez el mayor peligro para el imperialismo y los grupos económicos, pues se estaba fraguando una vía democrática para cambiar radicalmente la sociedad chilena, afectando sus intereses y privilegios.

El 4 de septiembre de 1970, hace 50 años, se cristalizaba un más que centenario anhelo de justicia e igualdad social en el país. Se comenzaba a construir la “nueva sociedad” con las herramientas de la democracia y el concurso tesonero de las fuerzas sociales, las organizaciones sindicales y los partidos políticos comprometidos con el cambio social.

La Unidad Popular, fundada en 1969, constituyó el espacio político para la confluencia de la diversidad de la izquierda y el instrumento que posibilitó el triunfo popular. La derecha chilena, crónicamente asociada al latifundio y al poder económico, no trepidó recursos para impedir que Salvador Allende asumiera el poder, y posteriormente para desestabilizar su Gobierno.

Ante todo, Allende no claudicó, no huyó, no desertó.

Murió en La Moneda, como un hombre digno, un luchador incansable y un demócrata ejemplar, que regó con su sangre la historia de Chile, y sembró una inspiración de convicción sempiterna para las nuevas generaciones.

A 50 años del triunfo popular su figura se engrandece e ilumina, aunque pedregoso, un camino de futuro para el país, un camino que, en su homenaje, tenemos el deber de trazar y construir. La Unidad de las fuerzas progresistas es un imperativo político de primer orden que, ante el fracaso de un Gobierno insensible e incompetente como el actual, se hace indispensable y urgente.

Las y los socialistas tenemos un compromiso invariable por la unidad. Sin la unidad, el conservadurismo se impone. Con la unidad, podemos sembrar el desierto. La división de las fuerzas de izquierda, en el pasado y presente, han habilitado el espacio para quienes defienden los privilegios de una minoría, en desmedro de las grandes mayorías nacionales sometidas a las reglas de un sistema desigual que hace las cosas fáciles para unos pocos, y difíciles para muchos.

La figura ejemplar de Allende sigue marcando la ruta para los desafíos del futuro, y motiva y empuja a las mujeres y hombres comprometidos con el cambio social, para persistir en una lucha difícil pero necesaria para construir un país más justo y solidario.

Los que dieron su vida en las luchas del pasado así lo merecen.

Salvador Allende y el Legado de la Unidad Popular Transitan por las Grandes Alamedas Junto al Pueblo de Octubre

La conmemoración del 50 aniversario del gobierno de la Unidad Popular, nos sorprende en un particular contexto de emergencia sanitaria producto de la pandemia de Covid – 19, que ha dejado al descubierto las profundas desigualdades sociales. Ello ha hecho aflorar una pobreza encubierta por años y lo peor de todo, que la crisis económica y social se ha descargado principalmente sobre las espaldas de las trabajadoras y trabajadores, por un gobierno neoliberal que se dedica a defender, de forma prioritaria, los intereses de una elite poseedora de todos los privilegios; trayendo, además, al presente la profunda herida abierta en nuestra sociedad, al llegar, de nuevo, a la violación de los derechos humanos y recurrir a sistemas de represión y criminalización de la demanda social.

Esta realidad que nos golpea a diario, con triste crudeza, al observar lo que viven millones de familias, tiene un profundo arraigo en nuestra historia y es el eje sobre el que se mueven las fuerzas políticas, una parte con propuestas de reformas profundas y otras, por increíble que parezca, de insistencia en mantener un sistema que profundiza  las precarias condiciones actuales. Esta constatación hace mucho más relevante conmemorar al único proyecto político en la historia de nuestro país, que propuso poner la dignidad de los trabajadores y trabajadoras de Chile en el centro, mediante la implementación de un programa de gobierno, que contenía cambios estructurales de verdad y con la capacidad de redireccionar a un país que se construyó históricamente sobre el despojo a la clase trabajadora.

El triunfo histórico alcanzado en 1970 fue el producto de un proceso de unidad, de construcción programática y acumulación de fuerzas que se venía gestando desde la década del 50’, estando aún el Partido Comunista “fuera de la ley”. Fue vital el papel unificador de Salvador Allende, militante socialista, que desde el primer intento de alcanzar la primera magistratura de la Nación, con su candidatura a la presidencia el año 1952,  permitió ir fraguando la inédita propuesta de iniciar la construcción del socialismo abriendo espacios y brechas en la propia institucionalidad burguesa vigente. Era preciso para ello avanzar mucho más en la democratización del país, en la participación del pueblo en la construcción de su propio destino. Nunca antes  se había establecido la participación en la administración y gestión de empresas a los trabajadores y trabajadoras, como ocurrió también en la tierras expropiadas por la Reforma Agraria. El derecho de los pueblos de ususfructar de manera prioritaria de los recursos naturales tuvo su expresión clara en la Nacionalización del Cobre, así como la garantía de contar con los servicios básicos al establecerlos con empresas estatales.

Difícilmente encontramos otro período de tan claro desarrollo curltural, educacional y artístico. La atención de salud y de políticas alimentarias hacia la infancia aún repercuten favorablemente en la disminución de muertes al nacer y en la extensión de la vida. El gobierno de Salvador Allende, a pesar de la oposición y conspiración que llevó adelante Nixon, presidente de EE.UU, fue de apertura hacia el mundo, abrió relaciones diplomáticas con la República Popular China, el entonces Vietnam del Norte, se reiniciaron con Cuba y se abrieron con Corea del Norte y la Repúbica Democrática Alemana. Mejoró notablemente las relaciones con los países vecinos y de América Latina.  En la Asamblea General de las Naciones Unidas fue escuchado de manera expectante. Y su voz aún repercute en el mundo.

Los sectores progresistas tenemos mucho que rescatar en estos días que se cumple el Cincuentenario, cuando nuestro pueblo de nuevo se encuentra de pie y enarbola las banderas de cambios profundos, en la antesala de un proceso constituyente que debe estar signado  por ese espíritu ciudadano.

El programa de gobierno de la Unidad Popular, que no se pudo desplegar a plenitud, aplastado por la violencia reaccionaria, en poco tiempo dejó grabado en la memoria colectiva: educar a los niños y jóvenes; eliminar el hambre que acechaba la infancia; viviendas dignas, aptas para formar hogares y no sólo un techo para sobrevivir; el acceso a remedios en caso de enfermedad, a prestaciones de salud oportunas y adecuadas; a una remuneración justa que permita vivir el presente y no soportarlo bajo la promesa de un futuro incierto; proteger a las generaciones más viejas con jubilaciones dignas, justas, que permitan vivir esa etapa de la vida y no sobrevivir para esperar a la muerte. Son las demandas de ayer las mismas que vuelven una y otra vez; todas, sin excepción, pues incluso el problema del hambre, que muchos pensaban como un problema enterrado hace años bajo la falsa bandera del crecimiento económico, golpeó con fuerza durante esta emergencia sanitaria, como el amargo recordatorio del sistema que impera y que no consideró el valor de la vida ni del trabajo en su modelo de desarrollo.

Salvador Allende y el legado de la UP transitan por las grandes alamedas junto al pueblo de octubre en un proceso irreversible, como él mismo lo describió. En esta pasada nos jugamos esa posibilidad de cambio en un plebiscito por una nueva Constitución, con nuevos desafíos y formas de entender lo político, pero siempre con el antecedente inevitable del programa de la Unidad Popular, por ser el gran referente histórico de un pueblo incansable en la búsqueda de la dignidad.

Oposición: “El Gobierno No Quiere Abordar las Causas de la Protesta Social y Carece de una Propuesta para Superar la Desigualdad Ofensiva en el País”

La situación de la derecha hoy contrasta con lo que están ocurriendo en  la oposición. Hace mucho tiempo no salía a la luz una declaración tan potente y unitaria como la recién entregada por, prácticamente, toda la oposición, partidos y bancadas parlamentarias.

Concordaron en un análisis detallado de la Cuenta Pública del Presidente de la República, Sebastián Piñera, y en señalan que “nos ha decepcionado y ha causado, a todas luces, una profunda indignación a la ciudadanía, por su escasa conexión con la realidad que viven las chilenas y chilenos, añadiendo que el Mandatario mas  bien se dirigió a su coalición, a partidarios y grupos económicos.

Agregan que “si bien el discurso realiza un llamado a la unidad y formula lineamientos respecto de la reactivación de la economía, ellos son aún demasiado vagos e imprecisos, por ejemplo, acerca de la concreción de las inversiones en regiones”. Constatan, además, una falta de referencia a la situación internacional y las relaciones exteriores, vitales ante las actuales contingencias.

Respecto a la crisis sanitaria, indican que “percibimosuna nula autocrítica acerca de la mala decisión de optar por el contagio progresivo y la inmunidad de rebaño, en la gestión sanitaria, lo que ha colocado al país entre aquéllos con más fallecidos y contagiados por habitante en el mundo. Tampoco vimos un mea culpa respecto de la tardanza e insuficiencia del apoyo social a los hogares y del completo abandono de la clase media.

Señalan que hubo una tangencial referencia a lo vivido a partir del 18 de octubre pasado. El estallido social existió y sigue latente. Sin embargo, el Gobierno parece no querer abordar sus causas y carece de una propuesta global para superar la desigualdad ofensiva existente en el país.  

Rechazamos, especialmente, la omisión absoluta acerca de las gravísimas violaciones a los derechos humanos ocurridas en esas semanas, que fueroncorroboradas en informes de organismos nacionales e internacionales. Lo anterior se ve agudizado, al conocerse la decisión del Presidente de la República de indultar a dos militares condenados por crímenes de lesa humanidad ocurridos durante la dictadura cívico militar, lo que pone en entredicho su compromiso con los derechos fundamentales.

Afirma la oposición que el Gobierno ha demostrado que no tiene un derrotero claro y una mirada de futuropara enfrentar las causas del estallido de octubre, ni una propuesta sólida para sacar  al país de la aguda crisis social y económica que ha generado la pandemia.Por el contrario, su agenda política e iniciativas se enfrentan una y otra vez con el sentir de las chilenas y chilenos, como ha quedado demostrado en el rechazo del gobierno al retiro del 10% de los ahorros previsionales, en el veto a la iniciativaaprobada transversalmente para prohibir el corte de servicios básicos y en no haber patrocinado el postnatal de emergencia, que terminó legislando igual.

La oposición afirma que “el Plan Paso a Paso es rechazado por buena parte de la ciudadanía, incluyendo especialistas, que manifiestan no haber sido escuchados, pese a las declaraciones encontrario del propio Presidente Piñera y de las autoridades de salud. Creemos que expone al país a un rebrote y demuestra que no se está entendiendo ni la magnitud de la situación ni el sentir mayoritario de población.

Las propuestas de la oposición

Por lo mismo, los opositores expresan su voluntad de asumir las demandas ciudadanas orientadas a:

– La necesidad de que la normalización del país, tras la pandemia, tenga un mucho mayor consenso social y técnico que el Plan Paso a Paso

– Atender seriamente el impacto social que ha generado la crisis en millones de familias trabajadoras y, particularmente, en las mujeres jefas de hogar,discapacitadas, migrantes y trabajadoras de casa particular, como también en la diversidad sexual, cuyas problemáticas han sido invisibilizadas. A cuatro meses de iniciada la pandemia siguen existiendo hogares, como los trabajadores independientes, muchos de ellos vinculados al arte y la cultura, que no acceden a las ayudas sociales otorgadas por el Estado.

– Avanzar en un plan de reactivación potente y sustentable, en especial en regiones, mediante inversión pública en infraestructura y programas de vivienda que devuelvan el dinamismo a la economía y generen empleos suficientes, para incorporar a los casi tres millones de trabajadores que se encuentrandesempleados, con sus contratos suspendidos o subempleados, particularmente a nivel de la PYME. Con este objetivo, es urgente y necesaria una mayorrecaudación tributaria con cargo a los más altos patrimonios del país.

– Mantener un compromiso permanente con la defensa y promoción de los derechos humanos de las chilenas y chilenos y especialmente con las víctimas de graves vulneraciones ocurridas durante el estallido social. Urge, en este sentido, reforzar el diálogo político para atender la situación de la Araucanía

– Avanzar en la transformación estructural del sistema previsional que las chilenas y chilenos exigen, superando el proyecto de reforma impulsado por el Ejecutivo,

– Velar por que las niñas, niños y adolescentes puedan culminar su año escolar de un modo seguro, sin un retorno a clases que arriesgue su salud y la de su familia y ocuparnos de la situación de los estudiantes de 4º Medio que deben rendir sus pruebas de acceso a la educación superior. No puede ser que se anuncie el inicio

de la licitación de la conectividad 5G y no se diga nada sobre la conectividad a nivel de hogares, que garantice internet a las familias y en especial a los estudiantes y trabajadores de nuestro país.

– Realizar las modificaciones constitucionales y legales, como asimismo procurar que se adopten todas las medidas administrativas indispensables, tales como el aumento de locales y el financiamiento de transporte público, para que el plebiscito del 25 de octubre, que debe comenzar a trazar un nuevo pactoinstitucional y social para Chile, se efectúe en condiciones seguras y que garanticen la máxima participación de la ciudadanía.

Firman esta declaración, Adriana Muñoz D’albora, Presidenta del Senado; Rabindranath Quinteros, Vicepresidente del Senado; Rodrigo González, 2º Vicepresidente de la Cámara de Diputados; Fuad Chahín, Presidente Partido Demócrata Cristiano; Álvaro Elizalde, senador, Presidente Partido Socialista de Chile; Camilo Lagos, Presidente Partido Progresista de Chile; Carlos Maldonado, Presidente Partido Radical de Chile; Jaime Mulet, Presidente Federación Regionalista Verde Social; Heraldo Muñoz, Presidente Partido Por la Democracia; Catalina Pérez, Presidenta Revolución Democrática; Jorge Ramírez, Presidente Partido Comunes; Luis Felipe Ramos, Presidente Partido Liberal de Chile; Guillermo Teillier, Presidente Partido Comunista de Chile; Gael Yeomans, Presidenta Partido Convergencia Social; Marcela Hernando, diputada, Vicepresidenta Partido Radical de Chile; Joanna Pérez, diputada, Vicepresidenta Partido Demócrata Cristiano; Juan Ignacio Latorre, senador Revolución Democrática; Carlos Montes Cisternas, Jefe Bancada de senadores Partido Socialista de Chile; Alejandro Navarro, senador Partido Progresista de Chile; Ximena Órdenes, Jefa Bancada de senadores Partido por la Democracia; Ximena Rincón, Jefa Bancada de senadores Partido Demócrata Cristiano; Giorgio Jackson, Jefe Bancada de diputados Revolución Democrática; Claudia Mix, Jefa Bancada de diputados Partido Comunes; Luis Rocafull, Jefe Bancada de diputados Partido Socialista de Chile; Raúl Soto, Jefe Bancada de diputados Partido por la Democracia; Alejandra Sepúlveda, Jefa Bancada de diputados Federación Regionalista Verde Social; Alexis Sepúlveda, Jefe Bancada de diputados Partido Radical de Chile; Camila Vallejo, Jefa Bancada de diputados Partido Comunista de Chile; Gonzalo Winter, Jefe Bancada de diputados Partido Convergencia Social

La Educación a Distancia o las Distancias en Educación y La Nueva Escuela

En marzo del presente año, adelantar las vacaciones y posteriormente suspender las clases en todo el sistema escolar fue una de las primeras medidas del Mineduc para intentar hacer frente a la pandemia, iniciando junto a esto un Plan de Educación a Distancia, que buscaba poner al servicio de las comunidades escolares diferentes materiales y recursos digitales.

Este primer paso del Ministerio, dejó en evidencia entre otras cosas, la brecha que existe en el acceso a Internet, y por consiguiente las dificultades para implementar una educación de forma remota. Nuevamente los sectores más vulnerables y las escuelas que allí se ubican se constituyeron como los más perjudicados, nuevamente el peso de mantener el proceso educativo estaba sobre los y las profesoras, y más que educación a distancia, somos testigos de las distancias en educación.

Para los y las jefas de hogar, cuarentena y precariedad laboral, significaron perder sus ya escasas fuentes de ingresos, pasando el que hacer escolar de sus hijos a segundo plano, tan cierto pero crudo, es que cuesta aprender con el estómago vacío. Con ciertas dificultades, la JUNAEB continúo con la distribución de canastas de alimento, las cuales para una inmensa mayoría de la población, no son suficientes, que mejor ejemplo de esto son la cantidad de ollas comunes que se levantaron de entre los mismos pobladores.

Retorno a clases, dónde poner el foco

Meses después y ante un eventual retorno a clases presenciales, surgen otras interrogantes no menores, tanto desde las condiciones sanitarias como de las necesidades y estrategias pedagógicas que se deben implementar. Al ser consultados de manera formal e informalmente, padres y apoderados señalan que no enviarán a sus hijos e hijas a clases presenciales, debido a que nada ni nadie les puede garantizar que no se van a contagiar. Con esto entra en juego una nueva variable, aunque bien conocida en el sistema escolar, la inasistencia o ausentismo escolar. Sobre este tema las investigaciones son amplias y concluyentes, las principales consecuencias del ausentismo prolongado son la deserción, y el así denominado fracaso escolar. Pero en el aquí, y ahora las causas son otras, se trata de proteger la vida de un estudiante, ante las escasas garantías que nos da el gobierno. Entonces cabe preguntarnos ¿Qué podemos hacer, cuál es nuestro rol en esto?

Las habilidades del siglo XXI. La Nueva escuela

Cuando volvamos a clases, y aún procesando todo lo ocurrido, tal vez con más claridad respecto al número real de muertes que lamentar, y con todo lo que eso conlleva, sería bueno preguntarnos, ¿volvemos a la misma escuela que dejamos en marzo? ¿Serán las mismas salas, los mismos estudiantes, nosotros los profesores somos los mismos después de una pandemia, confinamiento y en algunos casos haber perdido a un ser querido?

Frente a este escenario, poco auspicioso y lleno de incertidumbres, dónde deben poner el foco las escuelas, cuáles son las estrategias que generan un mayor impacto o apalancamiento como diría Bambrick-Santoyo, estas interrogantes debiesen dirigir las decisiones de los lideres educativos, y las comunidades escolares, pensando en lo inmediato, corto plazo -contingencia pandemia- mediano plazo– instalar nuevas prácticas- y el largo plazo -la nueva escuela-

Si además del contexto, consideramos las propuestas del Ministerio, expertos y mesas técnicas como por ejemplo la disminución de estudiantes por sala, la priorización curricular, la integración de contenidos, y el trabajo colaborativo, podemos deducir a lo menos cuales son las habilidades necesarias para poder implementar estas estrategias, las así denominadas Habilidades para el siglo XXI, a saber: creatividad, innovación, pensamiento crítico, resolución de problemas, entre otras. Estas no solo deben estar declaradas en la planificación, o pizarra, sino que deben ser incorporadas por los estudiantes, junto con lo anterior y en el ámbito del docente, el Aprendizaje Basado en Proyectos, es una estrategia que más aún en este momento puede resultar sumamente efectiva.

Si en algo podemos tener consenso sobre esta pandemia, es que como país no estábamos preparados, y sin duda debemos transitar hacía allá. Pensemos por un momento que los estudiantes de hoy, no solo dirigirán el Chile del futuro, también se verán enfrentados a desafíos que ni si quiera imaginamos, probablemente estudien carreras que aún no existen y deban enfrentar problemas que hasta ahora hemos pasado por alto. Es entonces, cuando debemos entender la necesidad y urgencia de aportar en la construcción de una nueva escuela, una escuela que sea consciente del pasado, pero que además tenga capacidad de innovar, que sea flexible a la hora de enfrentar los nuevos avatares propios de la vida moderna.

Cientistas Políticos Llaman a Chilenos y Chilenas “A no Permanecer Indiferentes ante Expresiones de Racismo”

Su condena a los graves disturbios y hechos de violencia racista en contra de los pueblos originariosexpresó, en una declaración pública, la Asociación Chilena de Ciencia Política (ACCP).

Los cientistas políticos indican que la democracia se basa en el control del gobierno sobre el uso legítimo de la fuerza. Las autoridades no pueden permitir, y menos promover, que civiles asuman roles de orden público, acción que está fuera de la ley.

Añaden que “los graves hechos acontecidos el sábado 1 de agosto de 2020, frente al desalojo de la Municipalidad de Curacautín, nos demuestran la necesidad urgente de actuar para resolver políticamente y no mediante la represión estatal las demandas del pueblo mapuche”. Al respecto indican que se requieren cambios estructurales al sistema político que permitan avanzar hacia un reconocimiento de los derechos individuales y colectivos de los pueblos indígenas.

En ese sentido la Asociación afirma que “el Proceso Constituyente en curso, es un espacio democrático, institucional y participativo, que permite canalizar los debates urgentes en esta materia. La inclusión de los pueblos indígenas a través de escaños reservados en la Convención Constitucional, es un camino institucional y concreto para avanzar en el dialogo. Y agregan que “las declaraciones de las autoridades de gobierno, como las del Ministro del Interior Víctor Pérez en su reciente visita a la Región de la Araucanía, haciendo referencia al terrorismo y la violencia, mantienen el problema en el ámbito policial y  represivo soslayando el necesario diálogo y acuerdo que deben darse en una Democracia.

Finalmente, hacen un llamado a las autoridades a aplicar las Convenciones Internacionalescomprometidas. A respetar los derechos humanos de los pueblos indígenas. A atender las demandas de estos pueblos. Pero también hacemos un llamado a lasociedad entera a no permanecer indiferentes ante las expresiones del racismo. El racismo debe movilizarnos, debe sensibilizarnos. Es momento de actuar.

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