No jugamos cuando decimos que #NoTenemosMinistra. El nombramiento de Macarena Santelices, como Ministra de la Mujer y la Equidad de Género, no es solo un desatino, sino una afrenta a los avances que hemos logrado, develando la desigualdad y los abusos a los que históricamente hemos sido sometidas solo por nacer mujeres.

No la reconocemos, porque parece no saber que la defensa de los derechos humanos ha sido una lucha ardua y un mínimo acordado socialmente a mitad del siglo XX, tras el reconocimiento transversal de la dignidad humana, y que por eso son inalienables y no dependen del cumplimiento de deberes, como hace poco indicó erradamente Sergio Micco, director del INDH.

Cuando Santelices señala que, aunque se violaron los derechos humanos, de todas maneras hay que reconocer “lo bueno de la dictadura cívico militar, por tanto es mejor no entrar en ese tema que “ya es historia”, significa que no entiende cuestiones básicas y necesarias para el cargo que ostenta, esperamos que por muy poco tiempo.

Las violaciones graves a los derechos humanos cometidas en dictadura y avaladas por el pinochetismo son calificadas de crímenes de lesa humanidad, lo que implica que son tan graves que no prescriben. Lejos de pasar a la historia, en el sentido de dejarlos en el pasado, quedan fijados como hitos que nos toca problematizar una y otra vez, y de generación en generación, para no cometer los mismos errores, puesto que resultan inaceptables e imposibilitan la convivencia humana.

No dejamos de hablar del genocidio perpetrado por el nazismo, porque recordarlo nos ayuda a entender que hay límites infranqueables incluso en una guerra. No deja de ser tema que en este país hay familias que todavía no sepultan a su seres queridos, y que la gran mayoría de las mujeres detenidas y torturadas fueron abusados sexualmente en dictadura, porque tenerlo presente ayuda a las nuevas generaciones a saber que -incluso ante un supuesto enemigo- hay mínimos éticos y morales que deben ser respetados. Recordamos la matanza de Santa María de Iquique, para problematizar el nivel de abuso del que son capaz los poderosos para mantener la desigualdad, y que refrendar el compromiso colectivo con estos mínimos éticos, resulta esencial para continuar compartiendo este mundo.

Como mínimo…


¿Sabrá la señora Santelices que cuándo hablamos de derechos humanos, hablamos de los derechos de TODA la humanidad? Porque, además de defender a la dictadura, en uno de sus polémicos tweets señaló que las ayudas de los municipios deben ser “para nuestra gente”, agregando “no más inmigrantes”, cuestión que hoy reitera cuando en su primer discurso como ministra indicó que trabajará para “todas las chilenas”, como si las que no poseen este estatus legal fueran menos dignas y merecedoras de la protección de sus derechos. ¿Habrá entendido que quienes migran también son humanos, y que buena parte son mujeres?

Cuando dice “no más inmigrantes”, significa que no entendió que muchas mujeres migran buscando una mejor vida para ellas y sus familias, y que el no reconocimiento de sus derechos se traduce en abusos como la trata, los abusos laborales y trabajos precarios, o la desprotección ante la violencia doméstica. Y que buscar una mejor vida siempre es un derecho.

Comprender la relevancia, amplitud y significancia del piso mínimo que implica el reconocimiento de los derechos humanos y de todas las mujeres es una cuestión moral, por tanto si lo que ella denomina “posición política” se traduce en relativizar la brutalidad de una dictadura sustentada en el terrorismo de Estado, esta posición sí resulta contraproducente con dirigir el ministerio de la Mujer y Equidad de Género. Porque en esa dictadura hubo mujeres torturadas y ejecutadas, expulsadas de su país de origen, prisioneras y perseguidas políticas. Porque en esa dictadura se criminalizó el aborto que hasta entonces podía realizarse en ciertas ocasiones.

Quien sea ministra de la Mujer, como mínimo debiera entender lo que significan los derechos humanos, y cómo estos han sido reconocidos a partir de las luchas por el reconocimiento de los agravios históricos a los que hemos sido sometidas las mujeres, y esos otros cuerpos que “no importan”, porque no calzan con la norma. Como mínimo, debiera entender que no se dejan en el pasado los horrores cometidos, sino que se traen al presente, una y otra vez, hasta asegurarnos que no se repetirán. Cómo mínimo debiera estremecerse ante las violaciones a los derechos humanos recientemente cometidas por el Estado tras el estalido social, y no relativizarlas aludiendo a la quema de comisarías.

No señora Santelices, no la juzgaremos desde el día en que fue nombrada. Usted no eligió la herencia ni el parentezco con Pinochet, y por eso no es responsable de este vínculo. Pero hágase cargo de sus elecciones y dichos xenófobos, negacionistas y que evidencian que nada entiende sobre derechos humanos. Y -por el bien de este país- renuncie, si algo de verenza tiene.