
Periodista.
El hecho que la economía y el empleo estén empezando a competir – si es que no le están ganando- a la delincuencia y al crimen organizado como las principales preocupaciones ciudadanas, tiene a las derechas extraordinariamente nerviosas. A unas más que a otras. Porque la posibilidad de que ello se consolide y modifique sustancialmente el escenario político del segundo semestre del Gobierno, las tiene al borde de un ataque de terror.
Por eso es que ya lo señalan poco menos que a voz en cuello. Buscan y mencionan propuestas para cambiar el rumbo, presionan por cambios no solo en algunos aspectos de la economía. Incluso algunos susurran entre pasillos sobre la necesidad de cambios en el equipo de Kast. Es que la combinación de estancamiento económico, deterioro laboral, caída de expectativas y desgaste político, ha sobrepasado algunos límites que algunos en la derecha más tradicional no están dispuestos a cargar sobre sus hombros.
Así llega el gobierno a sus seis meses de gestión, con una economía prácticamente estancada, un mercado laboral deteriorado, inflación todavía sobre la meta y una inversión que aún no despega.
Cuando José Antonio Kast llegó a La Moneda recibió problemas reales, algunos heredados y otros propios de la gestión de Boric. Recibió un déficit estructural muy superior a la meta, una situación fiscal que necesitaba correcciones y un mercado laboral que llevaba años mostrando debilidad. Pero lo importante es que Kast no recibió una economía en recesión. Chile había crecido durante 2025 y la inflación venía descendiendo. Muy lejos de la verdadera campaña del terror con que este gobierno inició su mandato y que, a poco andar, se les devolvió como un boomerang: Chile no se estaba cayendo a pedazos, como repitieron porfiadamente el presidente Kast y sus cercanos.
Seis meses después, la situación es distinta. El desempleo llegó al 9,5 por ciento; hay menos personas ocupadas que hace un año; el PIB cayó 0,2 por ciento en el segundo trimestre; el Imacec de julio cayó 1,5 por ciento y el Banco Central redujo drásticamente su estimación de crecimiento para 2026, hasta apenas entre 0,25 y 0,75 por ciento.
No es casualidad entonces que la desesperanza, el temor, se esté infiltrando en corazones y mentes de los chilenos. Para muestra un solo botón. Este año, el temor que tienen los chilenos por la inestabilidad laboral y económica se disparó. Así lo refleja la “Encuesta de bienestar 2026: un retrato anual de los chilenos”, un sondeo que por séptimo año consecutivo realiza la Mutual de Seguros de Chile, con el apoyo de la encuestadora Cadem junto a la Universidad Adolfo Ibáñez.
Al consultar a las personas por sus principales temores e incertidumbres, la inestabilidad laboral y económica se consolidó nuevamente en el primer lugar, pero registrando un aumento significativo de 20 puntos porcentuales, hasta llegar a un 55%, un nivel nunca visto desde que en 2020 se empezó a realizar el sondeo.
En segundo lugar, se situó la delincuencia y el narcotráfico con un 21%, mientras que en el tercer lugar las personas mencionaron los cambios políticos con 15%.
De hecho, a comienzos de septiembre la Cadem registró que el 63% considera que Chile va por mal camino, cinco puntos más que en la medición anterior y el nivel más alto durante este Gobierno. Solamente 32% consideraba que el país iba por buen camino.
Kast construyó una parte importante de su campaña alrededor de la emergencia de seguridad. Ahora aparece otra emergencia que el Gobierno necesita enfrentar simultáneamente: el empleo. Cuando el desempleo llega a 9,5%, afecta directamente la percepción cotidiana: miedo a perder el trabajo, dificultad para encontrar uno nuevo, endeudamiento, postergación del consumo y pesimismo sobre el futuro. En definitiva, lo que está sucediendo en muchos hogares de chilenos y chilenas que no logran llegar a fin de mes para comer decentemente, tampoco para mantener sanos a los adultos mayores. Solo angustiarse por las deudas y trabajar en lo que sea.
Es un contraste importante: un presidente elegido fundamentalmente sobre los ejes de seguridad, autoridad y crecimiento encuentra dificultades precisamente en una de sus reformas emblemáticas de seguridad mientras la economía tampoco despega.
Emergencias tras emergencias
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, repite como una letanía que el objetivo es lograr que Chile vuelva a crecer al 4%». Aunque ese es el horizonte de largo plazo, porque la meta oficial por escrito para 2030 es 3,5%. Los datos del Indicador Mensual de Actividad Económica (Imacec) han sido negativos en los primeros meses del año, incluyendo un -1,2% en abril. Quiroz atribuye eso a que el modelo de crecer vía gasto público «se agotó» y que el camino ahora pasa por atraer inversión privada, algo que tardaría más en reflejarse en los números. La pregunta es ¿cuánto tiempo está dispuesta a esperar la ciudadanía para que las reformas económicas se traduzcan en crecimiento, empleo e ingresos?
Quiroz anunció dos reformas más. En materia laboral, Quiroz adelantó que el Ministerio del Trabajo enviará “próximamente” un proyecto orientado a la adaptabilidad. La idea es flexibilizar cómo se miden las 40 horas semanales: en vez de contarlas cada semana, se podrían medir en el año completo. También se estudia la polifuncionalidad, es decir, que un mismo trabajador pueda cumplir distintas tareas dentro de una empresa. (Fuente: Chocale.cl).
Además de evitar hablar de la virtual “caída” del otro proyecto estrella del gobierno, la reforma de seguridad, apareció sorpresivamente un problema que el Gobierno no esperaba. No tiene que enfrentar únicamente a la oposición. La coordinación de las propias derechas existe en el mínimo permitido. La descoordinación no es sólo entre sus partidos de apoyo. También apareció entre los ministros. Ahí está lo sucedido entre el ministro de Relaciones exteriores y el de Defensa, por nombrar solo uno.
Memorable fue cuando el titular de Defensa afirmó que el aumento de los aranceles «parece muy injusto y genera dudas en la cercanía y confiabilidad de la relación», palabras que fueron respondidas por el embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, quien manifestó que «no habrá un acuerdo si hay personas que están hablando sobre estas negociaciones que no tienen nada que ver con ellas». A mediados de agosto, además, abordó las palabras del secretario de guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, quien planteó la intención de la administración de Donald Trump de revivir la Doctrina Monroe. Barros sostuvo que «nosotros no somos el patio trasero de ningún país».
Hay coincidencia entre distintos analistas que la conducción y coordinación política es uno de los puntos débiles de estos seis meses, lo que resulta particularmente sensible para un gobierno que llegó prometiendo eficacia y orden.
Y aunque el Gobierno puede responder que seis meses son insuficientes para juzgar reformas estructurales, que ha conseguido aprobar legislación relevante y que algunos indicadores de seguridad están mejorando, lo cierto es que el problema político de Kast a estas alturas, es la brecha entre las expectativas que generó y la velocidad con que aparecen los resultados.
Prometió una recuperación económica importante, pero hoy el crecimiento es mínimo. Prometió empleo, pero el desempleo llegó a 9,5%. Prometió orden político y ha tenido problemas de coordinación interna. Prometió una transformación profunda en seguridad y una de sus reformas más ambiciosas debió desacelerarse por falta de apoyos, incluso de los propios partidarios.
Desde RN se ha planteado la necesidad de mejorar la coordinación; parlamentarios republicanos han señalado que uno de los desafíos centrales es precisamente ordenar al sector y responder al problema del empleo.








