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A 93 años del socialismo chileno: la advertencia The Strokes y su cancion Oblivius en tiempos de olvido y fatiga democrática.

Hay noches en que la música deja de ser un simple ejercicio de ondas sonoras para convertirse en un desborde de la conciencia. En abril de 2026, bajo el cielo eléctrico de Coachella, The Strokes no cerraron su presentación con un estruendo de guitarras celebratorias, sino con un dispositivo de memoria punzante llamado Oblivius. Mientras la canción avanzaba —lenta, tensa, cargada de una gravedad que excedía el género—, las pantallas gigantes del festival más influyente de Occidente dejaron de proyectar el espectáculo de luces habitual para devolver una imagen que fracturó la complacencia del presente: el humo negro elevándose sobre el Palacio de La Moneda en 1973. En ese instante, la figura de Salvador Allende emergió no como un ícono nostálgico, sino como una interpelación directa a una democracia global que hoy parece vaciarse de contenido.

Este acto de «asertividad política» de la banda neoyorquina no fue un recurso visual gratuito. Fue la constatación de que la historia no desaparece, sino que se desplaza y reconfigura bajo nuevas formas de dominación. Al mostrar el bombardeo al centro del poder civil chileno, The Strokes conectaron la herida abierta de la desposesión original con la fatiga democrática de 2026, recordándonos que el sacrificio de Allende fue el último muro de contención contra un modelo diseñado para transformar ciudadanos en consumidores aislados.

Allende y la Resistencia al Absurdo

Para comprender la potencia de esta imagen, debemos recurrir a la lente de Albert Camus. El filósofo argelino entendía que el absurdo no era la falta de sentido, sino la tensión entre nuestra necesidad de justicia y un mundo que se niega a organizarla. En este marco, la figura de Salvador Allende representa al Sísifo consciente por excelencia. Allende empujó la roca de la justicia social y la vía democrática hacia el socialismo sabiendo que las fuerzas de la desposesión —instigadas por la CIA y los poderes fácticos— estaban preparadas para hacerla rodar de vuelta al valle.

El sacrificio del Presidente en La Moneda fue un acto de «rebelión lúcida». Ante el absurdo de la traición militar y la violencia desatada, Allende no optó por la renuncia, sino por la permanencia ética. Su última alocución no fue un adiós, sino una advertencia sobre el futuro. The Strokes, al rescatar estas imágenes en 2026, sugieren que hoy nos falta esa lucidez. Vivimos en una época donde el absurdo ya no es solo una condición existencial, sino una estrategia política de la ultraderecha moderna que busca desmantelar las instituciones desde adentro, utilizando la desinformación como los Hawker Hunters del siglo XXI.

La Sociedad del Cansancio y la Desposesión Psíquica

Sin embargo, la amenaza actual no siempre viste uniforme militar. Aquí es donde el pensamiento de Byung-Chul Han ilumina la advertencia de Oblivius. Han sostiene que hemos transitado de una «sociedad disciplinaria» basada en la prohibición —la que bombardeó La Moneda— a una «sociedad del rendimiento». Hoy, el individuo no es reprimido por un dictador externo; es un «auto-explotado» que cree que se está realizando mientras se agota en la soledad del narcisismo digital.

Esta soledad es el terreno fértil para la nueva desposesión. Si la dictadura de 1973 nos despojó de la soberanía política a sangre y fuego, el modelo neoliberal actual, basado en la subsidiariedad de Guzmán, nos despoja de la comunidad. Un ciudadano agotado, convertido en un «empresario de sí mismo» que compite solo por su supervivencia, es incapaz de articular el «nosotros» que Allende defendió con su vida. La fragmentación que denuncia Han es la que permite que la historia, aunque esté disponible en todas las pantallas, deje de operar como límite. Sabemos lo que ocurrió en La Moneda, pero en la saturación de información de 2026, ese saber no obliga a nada; es solo un contenido más en el flujo eterno del consumo.

El Retorno de la Infamia y la Responsabilidad del Presente

El concierto de Coachella vinculó explícitamente el pasado golpista con el presente de la ultraderecha global, mencionando a figuras como Donald Trump y la avanzada agresiva que busca reescribir la memoria. Esta conexión es vital para el socialismo chileno a 93 años de su fundación. El sacrificio de Allende nos recuerda que la democracia no se sostiene solo en instituciones, sino en una experiencia compartida de la dignidad. Cuando esa experiencia se fragmenta por la soledad del rendimiento, la democracia se vacía por dentro.

Las letras de Julian Casablancas, que durante años orbitaron en torno al hastío y la sospecha, han mutado en 2026 hacia una «vigilancia política activa». Oblivius ya no describe la alienación, sino que muestra sus consecuencias: una sociedad que olvida porque no logra procesar lo que sabe. La  transparencia total de la que habla Han termina produciendo ceguera. Vemos el Palacio arder en alta definición, pero seguimos actuando como si el fuego no pudiera alcanzarnos de nuevo.

Conclusión: La Roca que no podemos soltar

Al final del relato, la advertencia de The Strokes en Coachella es un llamado a recuperar la «hora de la conciencia» camusiana. Allende no murió por una consigna, murió por la posibilidad de un futuro común que hoy estamos dejando diluir en el agotamiento individual. La roca de la democracia hoy es invisible, oculta entre notificaciones y métricas de rendimiento, y ese es el peligro más difícil de detectar: el momento en que dejamos de notar que algo se está rompiendo.

Si el olvido se convierte en destino, como sugiere la canción, es porque hemos permitido que la soledad erosione el vínculo comunitario. La figura de Salvador Allende debe operar hoy como ese «nosotros» que se resiste a ser archivado. Porque, como Sísifo, solo seremos superiores a nuestro destino cuando reconozcamos que el esfuerzo por la justicia no es inútil mientras haya conciencia. La historia proyectada en las pantallas de 2026 no es un recuerdo; es una interpelación: ¿somos capaces de sostener la roca de la dignidad, o dejaremos que el silencio del rendimiento apague definitivamente las «grandes alamedas»?

“Retos virales”: la violenta forma de los jóvenes para existir en las redes sociales

Foto de Philipp Katzenberger en Unsplash

Hace unos días, la nieta de una amiga que va en prekínder en un colegio del sector oriente, me relató muy angustiada que en los baños del establecimiento había aparecido un rayado que decía “el lunes habrá tiroreo”. Era viernes. Las alarmas se encendieron entre profesores y apoderados. Muchos de estos últimos no mandaron a sus hijos al colegio la semana siguiente. Se dio aviso a la policía y al Ministerio de Educación. Ahí fue cuando las autoridades del colegio se dieron cuenta que no era un hecho aislado.

En las últimas semanas, Fiscalías de distintas regiones del país habían recibido más de 700 denuncias de este tipo de amenazas lo que dio cuenta que estamos viviendo algo muy alarmante. Mensajes como “mañana tiroteo” se habían multiplicado como la espuma en colegios del país, lo que ha generado suspensión de clases por las amenazas y muchos estudiantes detenidos. Estos últimos habrían reconocido  que se trataba de “bromas” o parte de un “reto” viral surgido en las redes de Internet.

¿Qué son los “retos virales”? Son desafíos que circulan en plataformas como TikTok, Instagram o YouTube, donde se invita a realizar una acción -a veces absurda, riesgosa o derechamente violenta- con el objetivo de ganar visibilidad (likes, seguidores), pertenecer a un grupo, demostrar valentía o “estatus”. No son solo juegos peligrosos. Son, en muchos casos, experimentos sociales masivos donde se cruzan psicología, identidad y presión digital vía algoritmos.

Algunos ejemplos conocidos llaman a los seguidores a realizar conductas como el “blackout  challenge”, es decir asfixiarse hasta perder el conocimiento, “romper cosas en espacios públicos”, “agredir o humillar a otros como broma”, entre otros retos muy riesgosos o autodestructivos.

La pregunta que ha surgido tras estos llamados es ¿por qué jóvenes inteligentes hacen cosas tan irracionales? En la respuesta está la clave: no es falta de inteligencia, es psicología en acción.

Como primera cosa, hay que entender que en los adolescentes el cerebro está en construcción. La corteza prefrontal, donde se ubica el control de impulsos, aún no está completamente desarrollada. El resultado es que se actúa más por emoción que por el cálculo de las consecuencias. Asimismo, opera la llamada “dopamina digital”, es decir la adicción a la validación. Cada “like” activa circuitos de recompensa en el cerebro de esos jóvenes. Es decir, el reto no es visto como un peligro sino como una oportunidad de reconocimiento inmediato.

Según la psicología, también opera el “efecto manada”, o sea nadie quiere quedarse fuera. La lógica es “todos lo hacen”. No hacerlo implica exclusión.

Es bueno conectar esta situación con lo estudiado por Solomon Asch, un influyente psicólogo polaco-estadounidense, famoso por descubrir el fenómeno de “conformidad social”, que alude a cómo el grupo influye en lo que pensamos, incluso cuando sabemos que está equivocado. Sus investigaciones demostraron que las personas no siempre actúan según su propio juicio y que pueden negar lo evidente solo para no contradecir al grupo. O sea, la presión social los lleva a cambiar de opinión para “no quedar fuera”. Su experimento más conocido lo llevo a cabo en los años 50 y fue revelador. Ash mostró líneas y pidió decir cuál era más larga. La respuesta era obvia pero varios participantes eran cómplices y dieron respuestas incorrectas. El resultado: muchos se alinearon con el grupo que dio la respuesta incorrecta aun sabiendo que lo era.

Una de las características de estas conductas detectadas en redes sociales es la desinhibición que se produce al actuar tras una pantalla. El riesgo parece lejano y como no hay consecuencias inmediatas visibles, se pierde la percepción real del peligro. Otra de las variables más importantes es la búsqueda de identidad, El adolescente no solo quiere ser aceptado, quiere ser alguien. Y los retos le ofrecen una narrativa rápida: ser “el valiente”, “el rebelde”, “el que se atreve”.

Lo dramático es que muchos retos virales cruzan una línea peligrosa, provocando humillación pública o bullying viralizado, agresiones físicas, incluso autolesiones.

En este punto ocurre algo clave ya que la víctima desaparece y aparece la audiencia. El agredido deja de ser persona y se convierte en contenido. Hacer algo absurdo, cruel o peligroso deja de ser simplemente una transgresión; pasa a ser una forma de decir “mírenme”.

Los retos virales ya no pueden leerse como simples tonteras adolescentes. No se trata de un puñado de jóvenes aburridos, una moda importada de TikTok o una broma pesada que se sale de control. Es algo más profundo. Se trata de una generación expuesta a una combinación peligrosa de fragilidad emocional, debilitamiento del vínculo escolar y validación digital instantánea. Y cuando esos factores se cruzan, el resultado puede ser irracional, cruel o derechamente violento Mientras más shock provoques, más visualizaciones obtienes, y sube tu exposición. Es la cultura del “todo vale con tal de viralizarse” y el límite moral se vuelve difuso cuando el premio es visibilidad. Hasta hace un tiempo, los retos apuntaban a cosas lúdicas: bailes, bromas, coreografías. Hoy apuntan a amenazas de tiroteos, agresiones grabadas, vandalismo en colegios. Es decir, el “contenido” dejó de ser divertido y empezó a producir impacto emocional como miedo, shock. El colegio dejó de ser solo colegio. Antes el conflicto era en el patio entre pocos; hoy es grabado, viralizado, amplificado. No termina en el recreo, se convierte en espectáculo. Y ello genera un efecto contagio: muchos quieren imitar en forma rápida. No es que se coordinen, es que imitan en forma viral.

Los jóvenes no están más locos que antes. Ocurre que nunca antes la locura había sido tan premiada. Hoy no basta con existir: hay que viralizarse. Y en ese camino, algunos están dispuestos a todo, incluso a dejar de ser ellos mismos.

¿Por qué han aumentado los retos?

Hay que estar muy alertas con este fenómeno porque no es solo un fenómeno juvenil. Es un síntoma de algo mayor. Habla de que, cuando la validación externa reemplaza la construcción interna de identidad, cualquier acto -por absurdo o violento que sea- puede parecer justificable.

En Chile, esto ya dejó de ser teoría y se está transformando en una realidad concreta en colegios, patios y salas de clase. La ELPI (Encuesta Longitudinal de Primera Infancia) de 2024 mostró que un 54% de los adolescentes usa redes sociales más de tres horas al día; un 42,7% mira el celular todos los días después de acostarse; y un 15,1% sufrió ciberacoso en el último año. En paralelo, más de 25% presenta síntomas moderados o severos de depresión o ansiedad (33,9% en mujeres y 19,5% en hombres).

Po su parte, la OCDE viene advirtiendo hace tiempo que la vida digital puede agravar ansiedad, depresión, alteraciones del sueño, ciberbullying y conductas riesgosas, especialmente cuando su uso sustituye el contacto social real. La red no inventa el vacío, pero puede amplificarlo brutalmente.

Otro dato clave: según la prueba PISA del 2022, el 27% declaró sentirse solo en el colegio y 26% dijo sentirse como un extraño o excluido. Además, un 16% reportó no sentirse seguro en el trayecto a la escuela, un 10% dijo no sentirse seguro en la sala de clases y un 14%, no sentirse seguro en otros espacios del colegio. Conclusión de los expertos: cuando la escuela deja de ser refugio, la pantalla empieza a ocupar ese lugar, y la pantalla no contiene: premia.

Hay otro dato también preocupante: en Chile, un 51% de los estudiantes reportó distraerse en clases por el uso del celular, muy por encima del promedio OCDE del 30%. La atención ya no está puesta en el espacio compartido, sino en el estímulo inmediato. En ese contexto, un “reto” no compite con normas, autoridad o deliberación; compite con el algoritmo, con el grupo, con la promesa de volverse visible por unos segundos.

Los retos violentos han nacido también producto de una forma de socialización deteriorada. El PNUD, en su Informe de 2024 sobre Desarrollo Humano en Chile, advirtió que a nuestro país le está costando conducir los cambios porque cuenta con capacidades sociales insuficientes para hacerlo de manera colectiva. Y en un trabajo reciente, subrayó que en Chile hay mayor desigualdad, mayor exposición a la violencia y dificultad de acceso a salud integral -incluida la salud mental- a pesar de que el propio Ministerio de Educación ha reconocido que el indicador con mayor rezago tras la pandemia es el de convivencia educativa y el bienestar socioemocional.

En Chile el fenómeno ha aumentado porque existe una alta presión sumado a una baja contención. Entre los jóvenes se observa una mezcla explosiva: alta presión escolar, fuerte desigualdad socioeconómica, problemas de salud mental, familias con poco tiempo, consumo digital solitario Todo eso genera lo que algunos analistas llaman “fragilidad social” en jóvenes.

El tema más delicado y complejo es que la violencia se ha transformado en un lenguaje. Dado que muchos jóvenes no tienen herramientas para expresar su frustración, manejar su rabia o sentirse vistos, aparece la violencia como forma de existir.  

Hay un dato clave del que -como muchos problemas de fondo que se meten debajo de la alfombra- no se habla lo suficiente. Y es que Chile ya venía con un aumento sostenido de violencia escolar. En este clima, los retos virales no crean la violencia, la amplifican y la organizan.

 En Chile no solo entraron los retos virales a los colegios, entró algo mucho más profundo entre los adolescentes: la necesidad desesperada de ser vistos. Y cuando un joven siente que no existe, cualquier acto puede convertirse en una forma de aparecer.

En suma, esto no es un problema de TikTok. Es un triángulo: redes que amplifican, jóvenes emocionalmente frágiles e instituciones que no logran contener.

Por ello el debate no puede agotarse en prohibir celulares o endurecer castigos. Si Chile quiere enfrentar este fenómeno, necesita reconstruir el vínculo, no solo controlar el síntoma. Eso implica salud mental adolescente accesible, escuelas con capacidad real de contención, alfabetización digital seria y una política pública que entienda que la violencia juvenil no surge en el vacío. Surge cuando se combinan soledad, desconfianza, desigualdad y algoritmos que premian el impacto por sobre la empatía.  El reto viral no es solo un juego peligroso. Es el espejo de una sociedad que dejó a demasiados jóvenes buscando reconocimiento en el peor lugar posible.

Carlos Caszely, Juan Cristóbal Peña y Beatriz García-Huidobro dialogan sobre escritura y experiencia en la Feria del Libro UAH

 

En el marco de la Feria del Libro de la Universidad Alberto Hurtado, se realizó una conversación entre Carlos Caszely, Juan Cristóbal Peña y Beatriz García-Huidobro, quienes abordaron la escritura como una forma de expresión vinculada a la experiencia personal y a distintas trayectorias de vida.

La actividad tuvo lugar en el Campus Patrimonial y formó parte de la programación con que la universidad conmemoró el Día del Libro, que incluyó presentaciones artísticas, talleres y espacios de participación abiertos a la comunidad.

Durante el encuentro, Juan Cristóbal Peña se refirió al interés que generó la instancia: “Hemos asistido acá en la Universidad Alberto Hurtado a lo que me parece es uno de los sucesos más importantes que hemos visto y que particularmente me ha tocado vivir, por una convocatoria muy impresionante que no se ve todos los días”. Asimismo, destacó la disposición de Carlos Caszely para compartir con el público: “Muy carismática, muy humana, muy llana a contar y muy honesta”.

Por su parte, Carlos Caszely comentó su relación con la lectura: “Alguna vez alguien me dijo ‘el saber no ocupa espacio’, por lo tanto, siempre me gustó leer”. También valoró la participación de los asistentes más jóvenes: “Hoy día la recepción de, no sé cuántos niños había, trescientos, cuatrocientos, quinientos, me contaron que por primera vez estaban todos muy interesados y calladitos escuchando lo que yo les decía”.

La conversación incluyó un espacio de preguntas del público, que permitió un intercambio directo con los invitados .

La Feria del Libro UAH se desarrolló durante dos jornadas con la participación de editoriales, librerías y miembros de la comunidad universitaria, en una instancia orientada a promover la lectura y la creación artística.

 

“Transpatagonia” el viaje de ‘Lluvia Ácida’ que nunca termina, hoy en la voz de Gabi Gómez

 

El cantautor magallánico Gabi Gómez presenta mediante un videoclip su versión del tema “Transpatagonia”, una canción del dúo electrónico «Lluvia Ácida» originalmente publicada en su disco “Hotel Kosmos” (2004). Se trata de un cover que fue publicado en el disco “Convergencia” (Eolo Producciones, 2025), una producción que hace unos meses celebró los 30 Años de carrera del dúo conformado desde 1995 por Héctor Aguilar y Rafael Cheuquelaf.

Gabi Gómez, uno de los exponentes más destacados de la actual generación de músicos puntarenenses, cuenta cómo llegó a versionar esta canción. “Creo que lo que me motivó a hacerlo fue que es una de mis canciones favoritas del dúo Lluvia Ácida. En alguna playlist por ahí la escuchaba y volvía a ella, pero sin jamás pensar en hacer una versión. Entonces cuando surge la invitación de Lluvia Ácida para colaborar en el disco “Convergencia”, la verdad es que no me puse a investigar otras canciones, me enfoqué en esa. Le pedí ayuda a mi hermano Marcelo Gómez y juntos empezamos a trabajar esa idea, primero grabando maquetas en casa, con guitarra, teclado. Luego empezamos a ir a la sala, invitamos a un baterista y empezamos a ensayar en formato trío, harto tiempo hasta que quedó una maqueta que nos gustó a todos y quedamos conformes. La verdad que fue un proceso bien natural”, relata. El tema contó con el aporte de Pauli Mancilla (coros), Marcelo Gómez (guitarra, bajo y teclado) y Jothan Donicke (batería). Fue grabado en “Sombris Sala” por Manuel Andrade, mezclado por David Silva en “Silver Sounds” y masterizado por el destacado ingeniero de sonido Chalo González en Santiago.  

El integrante de Lluvia Ácida Rafael Cheuquelaf relata que la canción original nació en 2003, a raíz de un viaje por la Patagonia que emprendió con sus padres y hermano. “En ese verano viajamos con una casa rodante desde Punta Arenas, con la meta de llegar a la Carretera Austral, pasando por la Ruta 40 en Argentina. A medida que íbamos viajando iba escribiendo frases que me iban surgiendo en reacción a los paisajes que iba observando. Cuando volví a Punta Arenas la completamos con Héctor Aguilar y la grabamos. Y un año después la tocamos en Coyhaique, en un gran festival de música electrónica llamado “Patagónica” y en varias ocasiones en nuestra ciudad, como cuando una vez teloneamos a Javiera Parra y los Imposibles en el desaparecido Gimnasio de la Confederación Deportiva”, recuerda. “El escucharla en esta nueva versión y acompañada por un videoclip con imágenes tan evocativas ha sido un verdadero regalo para nosotros, que nos hace pensar que estos años de trabajo han valido absolutamente la pena”, afirma Cheuquelaf.

El videoclip que presenta esta versión del tema es fruto del trabajo de la escritora y activista Ana Marlen Guerra y de su hermano Raúl Guerra (que trabaja bajo el seudónimo de Ramut Pixel).Gaby me contó que estaba preparando este cover justo cuando yo había tenido una noche de mucho pensar en cómo darle vida a una idea que venía gestando hace rato, sobre esta especie de monstruos que toman vida y que lamentablemente han estado ahí acechando, que son los aerogeneradores”, cuenta Ana Marlan, quien contactó a su hermano para proponerse trabajar en un videoclip. “En el camino ocurrió que mi hermano se entusiasmó mucho con el proyecto. Él es diseñador y también es artista plástico además de músico. Estuvimos trabajando en conversación permanente, hablando de las imágenes que surgían de este tema y así se fue gestando la idea potente que logró condensar Raúl en este proyecto”, relata.

Para Gabi Gómez la canción representa varias cosas. “Cuando la escuchaba me producía nostalgia. Si bien no menciona un sitio específico con nombre y apellido, sí habla de un paisaje que se repite dentro de la región. Y eso al momento de interpretarla me provoca una emoción tremenda. Hace un repaso breve, si se quiere, de nuestra historia, de cómo esta lejanía del resto del país sigue existiendo. Entonces siento que “Transpatagonia” tiene mucho de eso, de querer contarnos un poco de dónde venimos”, reflexiona el músico. Por su parte, Ana Marlen Guerra no duda en señalar que la música de Lluvia Ácida es parte de la banda sonora de su vida. “También es parte de la banda sonora de nuestra región y este tema en particular nos conecta inmediatamente con nuestro entorno, nos señala un camino claro, un viaje que muchas veces hacemos cuando nos dirigimos a distintas localidades de la región. Además, trabajar en colaboración con mi hermano, para Gabi en un tema original de Lluvia Ácida, me hace sentir que estamos conectados con el territorio que amamos y queremos proteger”, concluye.

El video de esta nueva versión de “Transpatagonia” ya está disponible en el canal de Youtube de Eolo Producciones.

 

Videoclip “Transpatagonia” (versión de Gabi Gómez):

https://www.youtube.com/watch?v=e_16LFD6MY4

 

Flamenco, Rock y Electrónica se fusionan en ‘Gypsy Moon Rising’, el sencillo y video de John DeMena que rompe géneros

 

John DeMena, presenta su nuevo sencillo “Gypsy Moon Rising”, una pista instrumental hipnótica que marca la apertura de su muy esperado segundo álbum. La canción muestra su audaz creatividad y exploración en un paisaje sonoro único, fusionando texturas industriales a lo Nine Inch Nails, guitarra flamenca y sintetizadores envolventes en un sonido cautivador y de otro mundo.

Acompañando el lanzamiento se encuentra un impactante videoclip producido por Industrialism Films (Cradle of Filth, Jinjer, Kat Von D), que comienza con una hipnótica luna llena elevándose sobre el skyline de rascacielos de Los Ángeles de una gran factura cinematográfica. El video complementa perfectamente la atmósfera hipnótica del tema, traduciendo el sonido envolvente y en capas de DeMena en una experiencia visual cautivadora.

“Gypsy Moon Rising” es el primer adelanto del próximo álbum de John DeMena, que será lanzado a través de Deko Entertainment, y que promete marcar un nuevo y audaz capítulo en la evolución de su sonido. Con este tema, DeMena consolida su reputación de romper las barreras musicales mientras mantiene la intensidad emotiva que ha cautivado a audiencias en todo el mundo.

Escucha to «Gypsy Moon Rising» en Spotify

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Ecosistema de datos: cuando el Estado decide no ver

 

El debate sobre datos nunca ha sido un debate técnico. Es, en esencia, una discusión sobre poder. Sobre quién existe para el Estado y quién queda fuera de su campo de visión.

Hace poco más de un año advertíamos que la exclusión de variables como la orientación sexual en instrumentos oficiales no era una simple omisión metodológica, sino una decisión política con consecuencias concretas. Hoy, ese diagnóstico no solo se confirma: se profundiza.

La reciente decisión del gobierno de José Antonio Kast de eliminar el financiamiento de la Encuesta de Diversidades del Instituto Nacional de Estadísticas no puede entenderse como un ajuste presupuestario aislado. Se trata de algo más estructural: la interrupción deliberada de un proceso que buscaba dotar al Estado de información básica para comprender la realidad de las personas LGBTIQ+.

Porque los datos no solo describen el mundo. Lo configuran. Y hoy, además, lo automatizan.

Los sistemas de inteligencia artificial se entrenan con datos y, a través de ellos, se están reconfigurando múltiples decisiones sociales: desde el acceso a servicios hasta la circulación del discurso público. Cuando los datos de origen están sesgados —o cuando ciertos grupos simplemente no existen en los registros—, la inteligencia artificial no corrige esa ausencia: la reproduce y la amplifica. No hay neutralidad posible en sistemas entrenados sobre realidades incompletas.

Cuando el Estado  renuncia a producir datos, no solo limita su capacidad de diagnóstico: debilita su capacidad de gobernar en entornos cada vez más mediados por sistemas automatizados.

Sin datos, no hay diagnóstico. Sin diagnóstico, no hay política pública. Y sin política pública ni registros inclusivos, lo que existe es la administración de la desigualdad —ahora ejecutada con mayor eficiencia por sistemas que operan sin cuestionar los sesgos de origen.

La Encuesta de Diversidades no era un lujo ni una concesión identitaria. Era una herramienta mínima para que el Estado pudiera cumplir con sus obligaciones en materia de derechos humanos y, al mismo tiempo, una salvaguarda frente a un futuro cada vez más mediado por sistemas automatizados. Su interrupción no solo afecta la producción estadística: afecta la capacidad del Estado de reconocer a una parte de su población, tanto en decisiones humanas como algorítmicas.

No estamos frente a un problema técnico, sino ante una decisión política de invisibilización.

Este fenómeno no es nuevo. Ya lo vimos en el diseño del Censo 2024, donde la exclusión de preguntas relevantes limitó la posibilidad de construir un ecosistema de datos inclusivo. Sin embargo, hay una diferencia sustantiva entre omitir y desmantelar. Lo primero puede justificarse —aunque débilmente— en criterios metodológicos. Lo segundo redefine activamente las prioridades del Estado.

Y aquí es donde el problema adquiere una dimensión más profunda.

En el plano internacional, las señales también son consistentes con este giro: se observa una tensión entre el reconocimiento formal de derechos y la falta de voluntad para consolidarlos en la práctica.

Se configura así una paradoja conocida: un Estado que reconoce derechos en el papel, pero debilita las condiciones materiales para garantizarlos.

En el campo de los datos, esto tiene un nombre claro: producción selectiva de realidad.

Lo que se mide importa.

Lo que no se mide desaparece.

Y cuando esa desaparición no es casual, sino resultado de decisiones institucionales, estamos frente a una forma sofisticada de exclusión. Una que no se expresa necesariamente en discursos explícitos, sino en la arquitectura silenciosa de las políticas públicas.

Un Estado que decide no medir, decide no ver.

Y un Estado que no ve, no responde.

La pregunta, entonces, ya no es si contamos con suficientes datos. La pregunta es qué tipo de sociedad estamos dispuestos a construir cuando renunciamos a producirlos.

Porque en el fondo, el ecosistema de datos no habla de números.

Habla de quién importa.

Y de quién el Estado ha decidido dejar de ver.

TGR inicia embargos y retenciones a deudores CAE con ingresos sobre 5 millones de pesos

 

La Tesorería General de la República (TGR) informó el inicio de las acciones de embargos y retenciones de bienes financieros dirigidas a deudores del Crédito con Aval del Estado (CAE) con ingresos mensuales superiores a los $5 millones de pesos.

Tras el proceso de notificación realizado el pasado 6 de abril, la institución comenzó la recuperación de recursos fiscales mediante acciones que incluyen embargos y retención de bienes financieros, tales como cuentas bancarias, así como también inversiones del tipo depósitos a plazo, fondos mutuos u otros similares y otros activos físicos como bienes raíces o vehículos, todo de conformidad a la normativa vigente.

Cifras de recaudación CAE

Esta etapa inicial de embargos se concentra en un universo de 1.340 casos a nivel nacional correspondientes a los segmentos con mayores ingresos quienes, notificados oportunamente, no han cumplido con sus obligaciones.

El impacto de las estrategias de cobro de TGR durante el año 2026 han permitido alcanzar una recaudación total por más de $20 mil millones de pesos. Solo durante el mes de abril se han regularizado más de 7.500 convenios asociados al Crédito con Aval del Estado (CAE), alcanzando una recaudación total superior a los $8.400 millones.

En tanto, el segmento de deudores cuyos ingresos superan los $5 millones suma pagos por $2.400 millones efectuados de forma total o parcial fuera de los convenios establecidos.

Estrategia de regularización para otros segmentos

De forma complementaria, TGR ha reforzado su campaña informativa dirigida a quienes mantienen deudas CAE a través del envío de correos electrónicos que detallan las alternativas de regularización disponibles. 

Para regularizar esta situación, desde el 1 de abril se encuentra operativo un sistema de convenios para deudores con ingresos menores a $5 millones, con el objetivo de facilitar la regularización de sus compromisos.

Toda la información relativa a la deuda CAE y las propuestas de convenio disponibles están en el sitio tgr.cl/cae.

 

AFUNPRO alerta riesgo de quiebre en Asistencia Judicial por falta de dotación y déficit presupuestario

La organización advierte que la restricción en la provisión de cargos y las críticas condiciones operativas podrían afectar gravemente el acceso a la justicia.

La Asociación de Funcionarios y Profesionales de la Corporación de Asistencia Judicial (AFUNPRO) manifestó su máxima preocupación ante el escenario que enfrenta el servicio, advirtiendo un riesgo de colapso debido a la insuficiente provisión de cargos y a un diseño presupuestario restrictivo.

Según señalaron, por instrucciones del Ministerio de Justicia, la cobertura de vacantes se limitaría a reemplazos parciales por licencias pre y post natal, lo que agrava una situación ya marcada por la falta de personal y condiciones materiales deficientes. Entre ellas, denuncian escasez de insumos básicos, infraestructura deteriorada, problemas de conectividad, falta de climatización y presencia de plagas en centros de atención.

La presidenta de la organización, Mónica González, también cuestionó la implementación del Servicio Nacional de Acceso a la Justicia (SNAJ), indicando que “mantiene el mismo marco presupuestario”, focalizando recursos en ciertas áreas y restringiendo la atención en otras. “No puede haber usuarios de primera y segunda categoría en el acceso a la justicia”, advirtió la Trabajadora Social y dirigente.

Frente a este escenario, la personera gremial exigió la provisión urgente de cargos, un plan de contingencia, mejoras en las condiciones de funcionamiento y la instalación de una mesa de trabajo. Asimismo, no descartó acciones ante la Contraloría si no hay respuestas.

Pese a la gravedad de la situación, AFUNPRO reiteró su disposición al diálogo, subrayando que condiciones laborales dignas son clave para garantizar un servicio oportuno y de calidad.

 

Ya somos más pobres, pero no más felices

 

A la hora de realizar un balance del primer mes de gobierno de Kast, lo primero que destaca es la fuerte caída en el nivel de apoyo a su gestión, medido en diferentes encuestas. En Cadem, pasó de 57% de aprobación en su primera semana a cerca de 42% al cumplirse un mes. Criteria, en tanto, registra una tendencia similar: desde 46% al inicio del mandato a 37% de aprobación en su última medición. 

¿Por qué se desplomó tan rápido la figura de Kast?

Este  gobierno prometió mejorar las condiciones de vida de la gente y en apenas 15 días  nos hizo más pobres, pero no más felices; contrario de lo que prometía el diputado republicano Álvaro Carter el pasado 11 de marzo, cuando afirmó que lo que buscaría el oficialismo con su llegada a La Moneda sería “quizás un país más pobre, pero un país más feliz”. De esta manera, partió desactivando los mecanismos de estabilización de precios del petróleo y nos obligó a pagar el aumento del precio de los combustibles. El gobierno provocó una espiral inflacionaria que pudo evitarse y que agrava todos los problemas del pueblo y especialmente de las mujeres que están al frente de su familia. Nos condenan a pagar los costos de una guerra que no hemos provocado y que rechazamos íntegramente.  

En pocos días el gobierno se mostró amigo de sus amigos e inexperto en materia de propuestas económicas y de presupuesto fiscal. Con el pretexto de incentivar la inversión anunció la rebaja de impuestos del 27% al 23% para los más ricos de Chile. Pero al  mismo tiempo afirmó que Chile está en quiebra. Lo cierto es que los países no  quiebran. Exagerar el mal estado del país aleja a los inversionistas y además la clase trabajadora comienza a comprender  que  para ella la vida es más cara y para los empresarios será más barata. Se desordenó la casa que habían prometido ordenar y fallaron en lo que aseguran es la solución para todos los males sociales, atraer más inversión. 

Para acelerar la venta de  viviendas y dinamizar los negocios de las  inmobiliarias, el gobierno anunció la eliminación transitoria del IVA en la compraventa de propiedades nuevas, prometiendo que las familias podrían acceder a viviendas hasta un 19% más baratas. El efecto inmediato fue exactamente el contrario: muchas personas postergaron sus decisiones de compra a la espera de esa rebaja, lo que terminó paralizando el mercado. Luego vino la corrección desde el propio sector inmobiliario: incluso si la medida se aprueba, los precios apenas bajarían entre un 2% y un 4%. Un balde de agua fría para las familias que esperaban un alivio real y, al mismo tiempo, una clara señal de promesas infladas e improvisación en un tema clave como el acceso a la vivienda, derecho que además está en crisis.

Kast decidió que el derecho a sala cuna universal debe esperar hasta que se estabilice la economía chilena y sin que este nuevo sistema signifique mayores gastos para los empresarios. Sin sala cuna universal no aumentará el empleo femenino y no disminuirán las cargas de cuidados que recaen sobre nuestras vidas. Sin empleo la autonomía económica de la mujer es un imposible y esta condición opera como factor que multiplica la violencia de género. Pero al gobierno esto no le importa. 

Asimismo, Kast retiró el proyecto de negociación colectiva ramal, amenaza derechos adquiridos de primera importancia como es la indemnización por años de servicio, las 40 horas de trabajo semanal, la pensión garantizada universal y quiere que la Dirección del Trabajo no fiscalice las infracciones que cometen los empresarios a la ley laboral. Pide que la Inspección del Trabajo ayude a crear empleos. 

En materia educacional, el nuevo gobierno ataca la gratuidad universitaria y busca  criminalizar a los estudiantes de enseñanza media, mientras promete indultos a criminales de lesa humanidad. De mal en peor. 

Cabe recordar que durante la campaña electoral, el nuevo presidente prometió terminar con la delincuencia y con la migración. Lo que no podrán cumplir aunque se criminalice a los migrantes pobres, a los que atraviesan fronteras buscando el alimento para los suyos.  A esas mismas personas que en su política racista quieren marginar, los mismos empresarios agrícolas declaran como necesarias para continuar con el dinamismo de las exportaciones de frutas y productos del campo. ¿Cómo resolverán esa contradicción? ¿Dejará el gobierno a los empresarios sin mano de obra barata?  Para nosotras migrar es un derecho, la clase trabajadora es  una. No importa si es chilena o extranjera. La lucha contra la precarización de la vida, contra la explotación económica  nos une tal como ellos están unidos al capital extranjero y a sus representantes.   

Este  gobierno busca  restaurar el orden neoliberal originario. Menos Estado, más mercado. Buscan disminuir derechos sociales, pero no les será fácil. Sus bullados errores revelan dificultades de diagnóstico y torpeza en la ejecución de sus planes.  Busca superar el estancamiento económico aplicando recetas añejas con total desprecio a la necesidades de la población. Como si estuviéramos en los años 80. Olvidan que por muy autoritario que sea el gobierno, no estamos en dictadura y que nuestro pueblo ha dado grandes batallas, Octubre incluido, para conquistar  una vida mejor. Olvidan que somos un pueblo  dispuesto a  defender lo conquistado. Muestra de ellos son las multitudinarias manifestaciones del 8 de marzo , de los movimientos ambientalistas y  de los estudiantes. Las cacerolas vuelven a sonar. Ya somos más pobres pero no más felices.  

«Se busca periodista junior»: Reflexiones del campo laboral pasados los 45 años

 

En Chile, sumar años es una desventaja laboral. Y en el periodismo, ese fenómeno se vuelve brutalmente evidente.

Basta revisar cualquier portal de empleo: “periodista junior”, “máximo 2 años de experiencia”, “perfil digital nativo”. El mensaje no siempre se dice explícitamente, pero se entiende perfectamente: esto no es para ti si pasas los 45.

Y ahí aparece la gran paradoja. Porque nunca hubo tantos periodistas con formación, experiencia y capacidad como hoy. Profesionales que han pasado por redacciones, crisis, cambios tecnológicos, coberturas complejas. Gente que sabe distinguir una noticia de un rumor en tiempos donde esa línea se volvió difusa.

No es una percepción aislada. En Chile, 73% de los trabajadores dice haber vivido o presenciado discriminación por edad en procesos laborales, y cerca del 70% afirma haber sido rechazado aún cumpliendo con todos los requisitos. Es decir, el problema no es la falta de talento. Es el filtro.

En el caso del periodismo, el fenómeno se agudiza. Históricamente, es una profesión joven: más del 80% de quienes ejercen tiene menos de 40 años. No porque los mayores no existan, sino porque muchos van quedando fuera del sistema.

¿La razón? Varias, pero ninguna del todo honesta.

Se dice que los periodistas Senior son “caros”. Que están “sobrecalificados”. Que les cuesta adaptarse a lo digital. Pero la evidencia no respalda esos prejuicios. De hecho, el edadismo laboral muchas veces descarta candidatos antes siquiera de evaluar sus habilidades reales.

Entonces, lo que se instala no es un criterio técnico, sino cultural.

Una industria que habla de diversidad, pero que en la práctica uniforma perfiles. Que valora la inmediatez por sobre la profundidad. Que confunde manejo de redes sociales con criterio editorial.

Y así, lentamente, el periodismo pierde memoria.

Pierde a quienes saben cómo se construyen las historias largas, cómo se investigan los temas incómodos, cómo se sostienen las fuentes en el tiempo. Pierde perspectiva. Y sin perspectiva, el periodismo se vuelve más frágil, más superficial, más dependiente del algoritmo.

El problema no es solo individual. Es estructural.

Porque cuando un periodista de 50 años con un currículum sólido no encuentra trabajo —o tarda meses, incluso años en reinsertarse— no estamos frente a una excepción, sino frente a una señal de alarma.

La pregunta, entonces, es incómoda pero necesaria:

¿De verdad queremos medios llenos de talento joven… pero sin experiencia?

¿O estamos construyendo una industria que, en nombre de la eficiencia y el bajo costo, está renunciando a su propio valor?

En un país donde la confianza en las instituciones —y en los medios— está en crisis, excluir a quienes tienen más trayectoria no parece una estrategia muy inteligente.

Porque hay algo que ningún algoritmo puede reemplazar. Y eso, justamente, es lo que estamos dejando fuera.

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