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Política de salud mental y SENAME: de rehabilitar a rehabitar

 

Desde la vereda arquitectónica, el arquitecto Van Eyck nos ofrece principios claros a relevar en toda política pública para la infancia: el cuidado efectivo de la infancia debe realizarse en forma universal y continua, en un sentido estructural más que discrecional, con una lógica territorial, integrada al devenir cotidiano de la comunidad, permitiendo su consistencia temporal y espacial, aspirando inmiscuirse en ese entretejido cotidiano e invisible, donde las transformaciones reales ocurren, lenta pero visiblemente. Así mismo, enfatiza la necesidad de que los niños sean vistos, posicionándonos a todos, voluntaria o involuntariamente, como responsables de su seguridad y desarrollo. En otras palabras, la infancia como un imperativo de la comunidad en su conjunto.

La historia reciente de la infancia vulnerada en nuestro país nos ha enseñado que no podemos asumir que nuestros niños están a salvo en las instituciones que, supuestamente, hemos creado para ello.  Por el contrario, estas instituciones cerradas han tendido a constituirse en una amenaza para el desarrollo y seguridad de nuestra infancia.

La respuesta coordinada, coherente y comprometida de una sociedad hacia su infancia supone trascender medidas legales reactivas, o el mero aumento del número o la calidad de los hogares (aunque es fundamental), para avanzar hacia una política de infancia para rehabitar nuestros entornos, de reconstruir nuestras comunidades tal como ha ocurrido cuando un cataclismo lo arrasa todo. Lamentablemente el cataclismo es real: somos uno de los países con peores índices en infancia, incluidos los abusos documentados cometidos por el Estado de Chile contra los derechos humanos de los menores, con incalculables costos para nuestra sociedad, traducidos en trastornos de salud, de salud mental, inequidades en educación y, muchas veces, en la determinación de trayectorias delictivas, entre otros.

Debemos asumir, entonces, que es momento de plantear una verdadera reconstrucción de la nación, en que los adultos reformulemos nuestra estructura social, poniendo a los niños y niñas en su centro. Solo de este modo seremos consecuentes con la idea de que, para que un niño vulnerado gravemente pueda recuperarse, no basta con responder exclusivamente a su individualidad, ni siquiera a la de su familia, sino revisar el habitar humano. Se trata de rehabitar los espacios físicos y psíquicos bajo una nueva concepción, basada en una construcción con otros, en entornos abiertos a la comunidad, visibles y por tanto seguros, respetuosos y dignos, y por lo tanto, fortalecedores y constructores de identidad. De este modo, superaremos la lógica de exclusión y aislamiento de los más vulnerados, con la rehabilitación como excusa, para apropiarnos de nuestro entorno, y desde ahí, de nuestra historia.

Por consecuencia, es imprescindible que toda política de salud mental infantil tenga estos principios como sustento, a la vez que una perspectiva sanitaria que trascienda a todas las políticas públicas. Afortunadamente, los valores comprometidos en los modelos de gestión asociados al nuevo Plan Nacional de Salud Mental, y reforzados pertinentemente por este gobierno a través del Acuerdo Nacional por la Infancia, han asumido este desafío. El principio de territorialidad, en primer lugar, prioriza las estrategias que permiten la recuperación del sujeto en el lugar donde siente que pertenece, en un entorno conocido que, a su vez, debe ser capaz de transformarse para acogerlo, partiendo por la familia, y extendiéndose hacia espacios inclusivos más extensos como la comunidad que habita. El principio de oportunidad, a su vez, se concibe como la optimización de la eficacia mediante la antelación y pertinencia de una respuesta.

Por otra parte, aunque estrechamente relacionado a los anteriores, los principios de proporcionalidad y coherencia de la respuesta son un imperativo en salud mental. Subsiste aún un ideario con vocación psicoterapéutica y/o farmacológica para dar respuesta a situaciones de abuso, vulneración y abandono de la infancia, perspectiva insuficiente para dar cuenta de los orígenes del problema y por lo tanto, para construir procesos de recuperación sustanciales y sustentables. Ejemplos sobran, ninguno tan dramático como el de Lissette, que inaugura la lamentable fama del Servicio Nacional de Menores SENAME, quien, sin acceso a un acompañamiento con normas y estándares propios del sistema sanitario, se vio sometida a mecanismos cruentos de una mal llamada “contención” que desembocaron en su muerte. Otro ejemplo es la respuesta a los altos índices de consumo de drogas en adolescentes, en particular en grupos vulnerados, donde las estrategias centradas en el tratamiento de las adicciones o de las conductas delictivas resultan insuficientes sin un sistema de protección y cuidado a las familias en contextos de alta vulneración.

En resumidas cuentas, llamamos a asumir el desafío de cambiar los criterios de exclusión por estrategias de inclusión, librarnos de la indolencia para comprometernos con la acción coherente y proporcional.

Una buena señal es el fortalecimiento de los sistemas de gestión intersectorial entre salud y SENAME, los que debieran avanzar progresivamente hasta intervenciones articuladas y colaborativas, donde sea el interés superior de la infancia el que oriente, ordene y provea de sentido y dirección a las acciones.

La apertura de los organismos de SENAME hacia el sistema público de salud, y específicamente en salud mental, con los estándares y modelos de gestión actuales, será el equivalente a la apertura de nuestros parques infantiles, donde niños y niñas serán los dueños del mundo. Y allí estaremos los adultos, para cuidarlos, para protegerlos, aprendiendo, jugando, creciendo y a veces padeciendo con ellos, todo en comunidad.

Laguna Artificial en La Reina, la Verdad tras su Rechazo

 

Una de las noticias de mayor cobertura durante la semana en curso fue el revés electoral que sufriera Joaquín Lavín con su proyecto de la Laguna Artificial en el Parque Padre Hurtado, también conocido como Intercomunal de La Reina, al contabilizarse un contundente rechazo del 72,5 % de los ciudadanos a la propuesta edilicia. Diversas han sido las razones que, una vez conocidos los resultados, han esgrimido expertos en temas de participación ciudadana, así como también los dirigentes de las organizaciones sociales a las que nos tocó liderar este proceso. Pero de lo que no se ha hablado es de las razones que están detrás de la propuesta de la Municipalidad de Las Condes, secundada también por el alcalde de La Reina, José Manuel Palacios, y la alcaldesa de Providencia.

Según consigna el diario La Tercera el 6 de marzo del presente año el municipio de Las Condes logró un acuerdo con el estado de Chile para pagar una deuda de 33.000 millones de pesos que contrajo producto de la extensión de la línea 1 del Metro hasta la Estación Los Domínicos. En este acuerdo se establece que en un plazo de ocho años la Municipalidad de Las Condes deberá materializar inversiones en distintos puntos de la Región Metropolitana, excluido el espacio territorial de su comuna. También se establece que un tercio de esa deuda va a ser invertido en el plan maestro de mejoramiento del Parque Alberto Hurtado. Un poco más de la mitad de este parque queda en la comuna de La Reina, espacio en el que se pretendía emplazar el proyecto de la laguna artificial.

Se explica entonces por qué el alcalde Lavín y sus asesores diseñaron el plan que acaba de rechazar la ciudadanía, a través del cual pretendía construir una laguna artificial de 1,5 Has, con dos playas de arena de 3000 m2 más los espacios de recreación, accesos y estacionamientos que el proyecto hubiera requerido, segregando del actual parque una superficie aproximada de 3 a 4 Has. para uso exclusivo de quienes pagaran una entrada adicional de 6.500 pesos.  Detrás de esto había una compleja ingeniería financiera, que pretendía desvincular al presupuesto municipal más alto del país, del pago de una deuda contraída con el fisco. Esto se pretendía llevar a cabo mediante la contratación de la empresa Crystal Lagoons, y el pago de un royalty que, según palabras del propio Lavín, costaría un tercio de las ganancias generadas por la laguna, aportando durante 20 años a la empresa privada dueña de la tecnología.

Podemos ver entonces que el ofertón de 14.000 millones de pesos para invertir durante 10 años en el parque que consignaba la alternativa derrotada, estaba concebida en su origen desde la lógica incorporar capital privado para hacerse cargo de una deuda pública, con los riesgos que esto implicaba para el desarrollo futuro del parque.  La ciudadanía entendió que con esa opción se ponía en riesgo una de sus más importantes características que es la de ser un pulmón verde de alta importancia, no solo para las comunas del sector oriente y del pie de monte, sino que para toda la ciudad de Santiago. Bien sabido es que la inversión privada busca como objetivo principal la maximización de utilidades.

La opción ganadora en cambio asegura la inversión directa a través del presupuesto municipal de Las Condes, de un monto de 3.200 millones de pesos en mejoras para el parque conservando su espíritu original. Sin embargo, la derrota de la ingeniería financiera montada por Lavín y sus asesores no tira por la borda los compromisos adquiridos por le municipio con el fisco, por lo que en el plazo de 8 años deberemos exigir que se completen los 11.000 millones de inversión que este acuerdo implica. Necesitamos de una ciudadanía activa y vigilante para exigir el cumplimiento de este acuerdo.

Las lecciones que nos deja esta experiencia son muchas, pero tal vez una de las más importantes es que la ciudadanía respondió ante la amenaza solapada de entregar al sector privado la responsabilidad de los bienes públicos, así como ya lo hemos visto con las pensiones, la educación, la salud, el agua y tantos otros bienes en los que unos pocos ven un espacio para hacer negocios de alta rentabilidad a partir de las necesidades de la mayoría. En esta pasada, la valorización del espacio público se puso por encima de los intereses privados. Como nos plantea Jordi Borja una importante cuota de responsabilidad en la forma de volver al espacio público se debe a los movimientos ciudadanos y al desarrollo de la crítica urbana, la cual siempre deja un saldo positivo sobre la ciudad, ya que por medio de ella se revalorizan los lugares, se democratiza la gestión urbana y se fomenta la participación como mecanismo mediante el cual los habitantes debemos “conquistar” la calidad de ciudadanos.

 

 

La necesidad de una Copa bien Servida

 

Desde que comenzó a expandirse comercialmente la sensación de que el vino está de moda en Chile, pienso más o menos lo contrario. Una verdad indesmentible es que seamos habitantes de un país reconocido en el mundo por nuestros mostos y cepas. Otra verdad, bastante demostrable también, es que en general no nos creemos el cuento y el consumo de nuestra bebida nacional continúa bajo en las encuestas detrás de la cerveza, el pisco y otras bebidas, sobre todo aquellas llamadas “de fantasía”.

En otras palabras, los chilenos no tenemos mucha idea del gran tesoro que significa conocer de vino. Aprender a beber e interiorizarnos del origen de la vid, aquello de climas fríos o templados que lentifican o apuran el crecimiento de los racimos. Que alguna vez se nos enseñe de veras y seriamente sobre la fertilidad de la tierra y su humedad, que de estos detalles fundamentales depende la consistencia de la uva. Que no seamos tan ignorantes sobre las cepas mismas que se planten en las viñas (Cabernet Sauvignon, Merlot, Chardonnay, Malbec, Sirah, entre varias otras) y que significará que el vino ingrese al consumo generalizado con sus denominaciones definitivas.

En general, poco sabemos.

Un ejemplo de nuestra ignorancia y que en parte debiera avergonzarnos, lo podemos observar en cualquier supermercado, donde habitualmente la mayoría de los clientes seleccionan por el precio (“si vale más de cuatro mil pesos, debe ser bueno”). ¿Le ha tocado que alguien, con cara de despistado, le pregunte algo extremadamente obvio para decidir la compra de una botella?

Otro ejemplo es que en un restaurante, al momento de seleccionar lo que vamos a beber, casi nadie está bien informado de lo que exactamente se desea. Es que, en el día a día no tenemos práctica ni vocabulario para este tema que, sin embargo, debiera ser prioritario. (Dicho sea de paso, actualmente se han puesto de moda los menús únicos y los restaurantes en algo son todos iguales: siempre el vino es aparte del menú que se ofrece. Y a precios por copa que sorprenden y ahuyentan a los comensales).

También y aunque parezca repetitivo, se mantiene en una sutil nebulosa la historia del vino chileno, este tema que se supone que debiéramos llevar en nuestra sangre de chilenos bien nacidos. Esa historia entre nubes señala que Diego de Almagro y Pedro de Valdivia trajeron las primeras parras desde Cuzco en el siglo XVI. Se estima también que hacia 1550 se plantaron los primeros viñedos gracias al impulso de Francisco de Aguirre, en La Serena y Copiapó.  Y para qué seguir, el cómo llegaron a nuestras latitudes las vides que le darían prestigio vitivinícola a nuestro territorio no es lo que acá nos importa. Es que estamos demasiado acostumbrados a no saber lo que debiéramos dominar pero sí nos vanagloriamos a diestra y siniestra de que tenemos el mejor vino del mundo. En todo caso, “lo mejor” en todo tipo de situaciones es nada más que una apreciación.

Algunos historiadores del vino, de los muchos que ha habido, hay y habrá, aseguran que las variedades francesas más arriba nombradas arribaron a mediados del siglo XIX. Y que, si no fuera por los empresarios mineros que en el mismo siglo hicieron sus fortunas, los viñedos no se habrían extendido ni tampoco en las vitrinas de botillerías ni en las repisas de supermercados hoy competirían tantos apellidos llamados “vinosos”: Ochagavía, Urmeneta, Cousiño, Undurraga, Concha y Toro, Subercaseaux, Errázuriz, Valdivieso. Y para qué hablar de los nombres poéticos o de raigambre familiar o de origen indígena o estrellas o medallas o de simple inventiva artística que figuran actualmente en las etiquetas de las numerosísimas marcas. Y los vinos “boutique”, en fin. Es la consecuencia de aquella visionaria decisión empresarial de los empresarios de hace dos siglos, que materializaron el primer salto cualitativo de la vitivinicultura chilena.

Reiteramos que, a la hora de beber, seguimos en general sin saber mucho. Y queremos escribir aquí algunas verdades que a los ojos de los conocedores actuales pudieran parecer pecado, sobre todo si el segundo salto cualitativo lo vemos a diario.

¿Cuál es ese segundo salto? Que somos quizás el primer productor de vinos del mundo, en cantidad. Que las exportaciones aumentan prácticamente a diario. Que el vino chileno está, efectivamente, entre los mejores del planeta. (Y “el mejor”, insistimos, no existe). Que somos tan famosos. Que estamos tan orgullosos. Y nos seguimos ufanando. Sin siquiera saber que no sabemos mucho de este maravilloso producto que, por otra parte, nos identifica internacionalmente.

UNA MESA UNIVERSITARIA

Viví, hace cuatro décadas, una experiencia que permite explicar, por ejemplo, por qué en España sí saben de vinos mientras nosotros sabemos más de bebidas “de fantasía”, cuando nos sentamos a comer. Viví como universitario visitante en el Colegio Mayor Francisco Franco de Madrid, una experiencia que de seguro se replicaba en todos los establecimientos educacionales de ese nivel, a la  hora de los almuerzos. Veinte o más alumnos alimentándonos entre clase y clase y servidos “a la antigua” por mozos uniformados. En la larga mesa, tres o cuatro grandes jarras.., de vino tinto. Todos los jóvenes (yo también) nos servíamos las copas sin la menor preocupación de que se fueran algunos grados de más a la cabeza. La próxima clase comenzaba en media hora.

Nunca olvidé esos almuerzos, se mantienen en mi memoria cuando advierto que en Chile ocurre exactamente todo lo contrario. Aquello de España se llama aprender cultura del beber desde la época de estudiante. Educación desde la adolescencia. Lo de nuestro país, qué duda cabe, se aleja sustantivamente de ello. ¿Por qué esta forma de ser jamás nadie la pensó para nosotros y, en cambio, acá partimos de la base que beber una copa de vino en ambiente estudiantil o laboral es improcedente? ¿Incluso prohibido?

Como siempre, un problema de educación. Digamos, como ausencia de la educación cívica. Y vale la pena preguntarse si es o no demasiado tarde.

Resulta por lo menos incongruente que en nuestro país de gran producción vinícola, no nos caractericemos precisamente por ser realmente cultores del buen beber.  Y ojo! que esto no tiene que ver con la cantidad que ingiramos sino con el profundo significado, en varios sentidos, de una copa bien servida. Muchas veces, efectivamente, esa hipotética pero indispensable copa bien servida podría hacer la diferencia.

Ver el Presente a la Luz del Pasado

 

Tuve la oportunidad de asistir al estreno de la nueva obra teatral en temporada en el Centro Cultural de Las Condes. En tiempos que, dramáticamente, parecen asemejarse a los años previos a la Segunda Guerra Mundial y en que la banalidad del mal –esa de la que hablaba Hanna Arend– se extiende como mala hiedra, haber escogido la obra “Paradero desconocido”, es un acierto tanto de sus productores, como de su director y, por supuesto, de su elenco.

Ambientada en los años del ascenso de Hitler al poder, plantea las mutaciones morales que experimentan dos amigos y socios judío-alemanes que poseen una galería de arte en San Francisco. La acción comienza poco después de que uno de ellos regresa a su natal Germania.

Esa es la base de la novela que Kathrine Kressmann Taylor, sin mencionar su nombre de pila, escribió y publicó un poco más adelante de los mismos años en que transcurre la acción: 1938. En su momento se la consideró una obra de anticipación, ya que advertía sobre los estragos de la ideología que Hitler lideró. Años más tarde quedó en el olvido, siendo rescatada en 1995, al cumplirse los 50 años de la liberación de los campos de exterminio. Y en los últimos tiempos fue adaptada al teatro, entre otros, por Frank Dunlop. Esta es la versión que se presenta en Santiago.

La escenografía es de cuidada y bella ambientación histórica y la iluminación y fotografía apoyan con acierto la puesta que tiene un pie forzado que lleva a los actores –Eyal Meyer y Víctor Montero- a dar lo máximo de sí: se trata de un intercambio de cartas entre los personajes, intercambio que va tomando un ritmo cada vez más fuerte y una intensidad de contenido emocional, igualmente en ascenso. Sin pausas, la obra parte con risas y los intérpretes se ven cómodos, cada uno en su espacio dentro del escenario. La exigencia aumenta a medida que pasan los minutos y Meyer/Montero están a la altura del desafío, siendo convincentes y llevando la emoción de las palabras hacia el espectador bien dirigidos por Andrés Céspedes.

No voy a contar qué es lo que emociona y conmueve. Solo diré que el punto de quiebre afecta a ambos y los torna individuos muy alejados de lo que eran en su origen. El mal y su banalidad lo impregnan todo.

Esa es la advertencia de Kressmann Taylor y de esta puesta en escena: la capacidad de contagio del mal. Algo que en Chile conocemos, por desgracia, muy bien. No se la pierda.

Ficha técnica

  • Paradero desconocido
  • Autora: Kathrine Kressmann Taylor
  • Adaptación teatral: Frank Dunlop
  • Dirección: Andrés Céspedes
  • Elenco: Eyal Meyer y Víctor Montero
  • Escenografía: Francisca Inda
  • Diseño de iluminación: Esteban Sánchez
  • Música: Alejandro Miranda
  • Maquillaje y vestuario: Franklin Sepúlveda
  • Sala: Teatro Centro Cultural Las Condes (Av. Apoquindo 6570)
  • Funciones: viernes y sábados a las 20:00 horas; domingos a las 19:00 horas, hasta el 25 de noviembre

 

 

Conservación de un Santuario: el caso de Quebrada La Plata

Fotografías por Daniel Antilao

 

Página19 tuvo la ocasión de conversar con la Coordinadora del Plan de Restauración Socio-ecológica del Santuario de la Naturaleza Quebrada de La Plata, Solange Lobos, quien nos contó sobre los planes de restauración y cuidado de un Santuario inserto en medio de la Región Metropolitana. 

El 14 de noviembre de 2016 Quebrada de La Plata fue declarada Santuario de la Naturaleza y el mismo día sufrió un incendio que afectó el 79% de su superficie, equivalente a 875,2 hectáreas. Dentro de las formaciones vegetacionales presentes en el Santuario y que se vieron afectadas se encuentran: piso vegetacional “Bosque esclerófilo mediterráneo andino de Quillaja saponaria y Lithrea caustica”, con un 97% (457,1 ha) de su superficie afectada, piso “Bosque espinoso mediterráneo interior de Acacia caven y Prosopis chilensis” alcanzando un 92% de su superficie (37,5 ha) y el piso “Bosque esclerófilo mediterráneo costero de Cryptocarya alba y Peumus boldus” con 64% (380,6 ha) de superficie afectada. En cuanto a la fauna, esta es más difícil de monitorear debido a su movilidad, pero posterior al incendio se realizaron monitoreos estacionales en donde se encontraron todas las especies registradas previamente, sin embargo, con menor densidad. Cabe mencionar que dentro de las especies con movilidad reducida presentes en el Santuario, se encuentra el sapo de rulo (Rhinella arunco), especie endémica de Chile y clasificada como Vulnerable, la cual ha sido localizada sólo en una pequeña poza de agua.

El trabajo que se está realizando en el Santuario cuenta con el apoyo de diversas organizaciones e instituciones, quienes conforman una mesa de trabajo que se reúne de forma periódica para tratar diversos temas. Entre ellas se encuentran el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN), el Ministerio de Medio Ambiente a través de la Seremi de Medio Ambiente de la región Metropolitana y el proyecto GEF/MMA/ONU- Ambiente GEF Corredores Biológicos de Montaña, la Corporación Nacional Forestal (CONAF), la Ilustre Municipalidad de Maipú, el Instituto Forestal, la Organización Ambientalista Defensa de la Quebrada de LaPlata, la Agrupación por la Conservación y Restauración de la Naturaleza (ACOREN) y la Universidad de Chile (propietaria del Santuario) mediante la Facultad de Ciencias Agronómicas, la Facultad de Ciencias Veterinarias y Agropecuarias y la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza. 

Fotografías por Daniel Antilao

 ¿Cuáles son las principales amenazas que tiene el Santuario? 

“Actualmente se realizan diversas actividades en el Santuario tales como docencia, investigación, extensión, educación ambiental, restauración y conservación. Sin embargo, también se desarrollan actividades recreativas no reguladas y que no se encuentran permitidas como motociclismo, camping, caza, ciclismo, entre otras. Estas actividades generan diversas presiones sobre los componentes del ecosistema (compactación y erosión de suelos, destrucción de la vegetación, afectación a la fauna, contaminación acústica, etc), por lo que constituyen una amenaza para el Santuario ya que el área se encuentra en un estado de vulnerabilidad y en una etapa de recuperación post incendio. Junto a estas, se han identificado otras amenazas de igual importancia como actividad minera, incendios forestales, presencia de ganado, especies exóticas invasoras, extracción de leña y remoción de tierra de hoja. Dentro de ellas, las de mayor impacto son los incendios forestales y la actividad minera debido a que afectan de manera transversal a los ecosistemas presentes en el Santuario”. 

¿Cómo valoran la detección temprana de incendio dentro de la conservación del Santuario?

 Los incendios forestales son una gran amenaza no solo para las poblaciones humanas, sino que para todos los sistemas socio-ecológicos. El incendio ocurrido en noviembre de 2016 fue devastador ya que provocó la pérdida de cobertura vegetacional, afectó las propiedad físicas y biológicas del suelo, alteró los ciclos hidrológicos, produjo fragmentación de hábitat y migración de fauna, entre otras consecuencias. 

A raíz de este hecho, se desarrolló un plan de protección de incendios forestales junto a CONAF, sin embargo, todos los incendios que han afectado al Santuario provienen desde otros lugares. De acuerdo al diagnóstico de este plan, el Santuario posee un alto riesgo de incendios debido a la conectividad con predios vecinos, la dificultad de acceso por su ubicación y un potencial riesgo de incendios al interior por los residuos antrópicos dejados y prácticas irresponsable de los visitantes que pueden generar potenciales focos (p.ej. fogatas). En este contexto, es fundamental estar comunicados y coordinados con las brigadas forestales, con las unidades de emergencia tanto de la Ilustre Municipalidad de Maipú como la Ilustre Municipalidad de Pudahuel, y contar con un sistema de detección temprana de incendios forestales que nos permita detectar a tiempo estos incidentes y evitar que lleguen al Santuario. Contar con un sistema de detección de incendios forestales es esencial para prevenir la ocurrencia de incendios y proteger los ecosistemas presentes en el lugar.   

¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan hoy? 

El objetivo general de nuestro plan de restauración es lograr la restauración socio-ecológica del Santuario de la Naturaleza Quebrada de La Plata como una experiencia interdisciplinaria, interinstitucional y comunitaria. Bajo este escenario, el solo hecho de conformar una mesa de trabajo con este carácter y que se mantenga en el tiempo, como ha sucedido hasta ahora, es un gran desafío cumplido.

 A nivel de Santuario, es importante fortalecer las diversas actividades que se realizan (investigación, docencia, extensión, etc), afianzar las relaciones con los propietarios vecinos y los diversos actores involucrados, prevenir y controlar las amenazas, y lograr la restauración socio-ecológica del Santuario a través de la implementación de acciones concretas de restauración, educación y sensibilización con la comunidad. 

Actualmente, la demanda por áreas naturales cercanas a Santiago para realizar actividades recreativas al aire libre es cada vez mayor, por lo cual es fundamental educar a la ciudadanía sobre la importancia, protección y conservación de estos lugares. 

El plan de restauración socio-ecológica del Santuario cuenta con nueve objetivos que se están ejecutando de forma simultánea a través de una estrategia de trabajo a corto, mediano y largo plazo. Este plan, se encuentra en concordancia con el plan de manejo que provee las directrices generales de funcionamiento para el Santuario. 

Dentro de las principales actividades realizadas desde noviembre de 2016 hasta ahora, se encuentran: elaborar un plan de restauración socio-ecológica, un plan de manejo y un plan de protección contra incendios forestales para el Santuario, ejecutar acciones de restauración para los componentes de vegetación, suelo y fauna, implementar ensayos de investigación y realizar un trabajo con la comunidad incorporándola en diversas actividades. En el mediano plazo, se pretende continuar y fortalecer las actividades ya mencionadas, y realizar un monitoreo y seguimiento de estas. Cabe mencionar, que la estrategia del plan de restauración se basa en un enfoque adaptativo, en donde se propone evaluar de forma periódica las acciones implementadas para redefinir los objetivos en caso de ser necesario.

 En la actualidad, debido a la gran cantidad de amenazas y presiones antrópicas sobre los ecosistemas, proteger y conservar la biodiversidad no es una tarea fácil. Sin embargo, es una tarea esencial para la subsistencia de todos los seres vivos, incluyendo al ser humano, y a las generaciones actuales y futuras. Ahora más que nunca, en un escenario de sequía y cambio climático, es primordial invertir en el cuidado y gestión sustentable de los territorios, entendiendo que labiodiversidad forma parte fundamental del desarrollo y calidad de vida de la ciudadanía.  

Porfiadas y porfiados

 

Según la Real Academia de la Lengua, RAE, son porfiadas y porfiados aquellas personas que son “tercas y obstinadas en su dictamen y parecer”. Justamente la terquedad y el parecer llevaron a un puñado de periodistas progresistas, algunos militantes y otros independientes, a pensar y crear un medio de comunicación que refleje una mirada distinta de lo que se ve, se lee o se escucha hoy. A poco andar, bautizamos este esfuerzo editorial como Página 19.

Se trata de un grupo de colegas que no se conformaba ni se conforma con el actual sistema medial en el Chile del siglo XXI. La falta de pluralismo informativo, de diversidad editorial y de la gran concentración mediática existente en nuestra nación, cercana al 80 por ciento, nos hacía rebelarnos. Profundizando un poco más, la mayoría de esos diarios, revistas, canales de televisión y radio poseen una misma línea editorial. Para nadie es un misterio que sus dueños son los más grandes empresarios de este país.

Gran parte de la clase política, no toda, pareciera sentirse cómoda con el actual sistema medial imperante en Chile. Si hay una gran deuda pendiente, en esta larga transición hacia la democracia, es que esa clase política nunca ha pensado siquiera que los contenidos editoriales deben ser diversos, amplios y participativos. Tampoco ha luchado por ello. Es otra de las grandes carencias de esta imperfecta democracia.

Por lo mismo, somos sinceros en señalar que no nos disfrazamos como independientes, pues nuestro domicilio político abarca el amplio abanico de la centroizquierda chilena, priorizando y dando voz a la diversa gama de la sociedad civil, sin censura alguna, pero sí con mucha responsabilidad en sus contenidos. Responsabilidad que estará sujeta, para periodistas y colaboradores, en el Código de Ética del Colegio de Periodistas, siendo el primer medio de comunicación de nuestro país que lo incorpora en su línea editorial.

Bajo valores y principios que nos guían, Página 19 “promoverá construir una sociedad mejor. Es un medio progresista, pluralista, laico, pero respetuoso de las diferentes expresiones religiosas. Promotor de la no discriminación por género, orientación sexual, raza u origen étnico; incentivando la participación social como expresión central de la comunidad organizada y defensor del medio ambiente”.

Navegando por Página 19, sus lectores y lectoras, encontrarán la pluma asertiva, inteligente y ácida de varias generaciones de periodistas, que han puesto sus conocimientos y trayectoria, en fin su buen oficio, a emprender esta aventura editorial con muchas ganas y corazón.

Comisión de Género: Avanzando hacia una Comunicación No Sexista

 

En Chile existe una alta concentración de los medios de comunicación y lo más complejo o poco democrático, es que son estos mismos los que controlan la gran mayoría de la información que llega a la ciudadanía no logrando con ello reflejar la diversidad de voces que existen para abordar diferentes temas de interés nacional. Por cierto, en este diagnóstico las mujeres seguimos estando invisibilizadas.

Sumamos la discriminación que existe, inclusive, al interior de los propios medios para una mayor participación de mujeres, expresada en su falta de representación como en la forma que utilizan para referirse a ellas.

De acuerdo al Proyecto de Monitoreo Global de Medios  (GMMP 2015), el progreso de las mujeres en los medios de información se estanca develando que después de veinte años la investigación, en 114 países, da cuenta que sigue existiendo una enorme disparidad entre la representación de las mujeres y los hombres en los medios de comunicación. En todo el mundo, las mujeres constituyen aproximadamente el 50 por ciento de la población general, pero sólo el 24 por ciento de las personas que se ven en las noticias, sobre las que se lee en los periódicos, o se escucha en la radio y la televisión son mujeres, exactamente el mismo nivel encontrado en el informe de 2010.

Este diagnósitco fue una de las motivaciones para que el Colegio de Periodistas de Chile impulsara la creación de su Comisión de Género, que en agosto de este año cumplió tres años articulando en su trabajo a más de 50 periodistas de medios y organizaciones de la socieda civil, comunicadoras sociales y estudiantes de periodismo, con el fin de problematizar esa discriminación y violencia de género de la que hemos sido sujetas y que se evidencia en las prácticas periodísticas.

El desafío no ha sido fácil y, por cierto, bastante ambicioso, buscando estrategias para terminar con expresiones segregadoras que no nos permiten estar en la toma de decisiones y, por cierto, erradicar las prácticas sexistas. Porque si bien, hay un ámbito en el cual los medios han avanzado poco o nada es precisamente en poder acabar con los estereotipos de género que tanto dañan a la sociedad, ya que ahi radica la reproducción de los principales discursos de opresión y discriminación.

De acuerdo al reporte de GMMP “Los medios tienen el potencial de facilitar que se consiga la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer de manera más rápida y sustancial, o de ser un obstáculo para ello. Este informe es una llamada de atención a las empresas mediáticas y las redacciones. La discriminación por razón de género priva a la cobertura mediática del equilibrio y la autoridad que aportan las perspectivas diferentes”.

También el informe del GMMP 2015 examinó la visibilidad, la voz y la mención de las mujeres y los hombres en los medios de información, encontrando un sexismo que ha resistido a lo largo de décadas y a través de fronteras geográficas, adaptándose a los nuevos tipos de medios de comunicación y prosperando en todos los espacios en los que se produce y comparte contenido de noticias.

Por lo anterior, desde la Comisión de Género del Colegio de Periodistas reflexionamos sobre lo que está pasado al interior de las escuelas de periodismo de las universidades del país y visualizamos la necesidad de trabajar en la formación de nuestras y nuestros propios colegas, considerando que uno de los elementos claves es que las mallas curriculares incluyan ramos sobre comunicación con enfoque de género y derechos humanos, para que así las nuevas generaciones de periodistas se formen bajo una perspectiva inclusiva, no discriminadora y con mayores principios éticos sobre la responsabilidad de no reproducir discursos que dañan a la sociedad.

Durante el 2018 impulsamos la campaña #MediosNoSexistas lanzanda en el marco del  Día Internacional de la Mujer con la presencia de periodistas que, desde sus distintos lugares y saberes, enfatizaron la discriminación que vivimos a diario. Unos de los hechos más significativos fue que por primera vez marchamos con un lienzo bajo el lema #MediosNoSexistas.

Aportamos con esta campaña al debate de los medios de comunicación, hacer notar la precariedad laboral que enfrentamos, denunciar las numersosas situaciones de discriminacion y de violencia simbólica presentes principalmente en la prensa y la televisión para así proponer acciones que avancen hacia medios no sexistas y con ello hacia una sociedad respetuosa de todas, todos y todes.

Es importante mencionar que en el último Congreso Nacional del Colegio de Periodistas, realizado en octubre de 2017, el trabajo de la Comisión de Género fue respaldado ya que ha sido fundamental suscribir acuerdos para promover que el ejercicio del periodismo avance hacia una comunicación no sexista e inclusiva.

Retomando el informe de la GMMP el hecho es que la representación de las mujeres en el periodismo cotidiano no refleja su contribución a la sociedad. Necesitamos que el compromiso y los esfuerzos de las empresas mediáticas, las agencias reguladoras, las instituciones educativas y la sociedad civil se centren en mejorar las normas profesionales y ofrecer verdaderamente liderazgo sobre lo que constituye la libertad de expresión ética.

Recordar que en el 62° periodo de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer celebrada en Nueva York en marzo pasado se aprobó la “Declaración de la Alianza Global de Medios y Género” sobre igualdad de género en medios de comunicación y tecnologías busca que los Estados miembros acepten 14 recomendaciones para favorecer la participacion de las mujeres en los medios de comuncación tradicionales y en la comunicación digital. Asimismo, eliminar los estereotipos de género en los contenidos, mejorar el acceso y la participación de las mujeres en los medios, incluidos los organismos reguladores y garantizar sus derechos laborales.

Finalmente, sostener que una de las preocupaciones medulares y persistentes de quienes nos definismos como periodistas y comunicadoras feministas ha sido la politica de la representación. Hemos puesto el acento en las dimesiones culturales del poder y del papel que desempeñan los medios de comunicación para reproducir patrones de desigualdad de género y la exclusión sistemática de las mujeres en los medios e informaciones. Los rostros que vemos, las voces que escuchamos siguen siendo abrumandoramente masculinas.

 

 

 

Exclusivo para Página 19: Marta Harnecker, Un Sueño por Cumplir

Salvo jóvenes estudiosos o aquellos inquietos y sedientos de conocimientos, las  nuevas generaciones no conocen ni sospechan quién es y qué significó para la izquierda no sólo chilena, la escritora, psicóloga y periodista, Marta Harnecker.

Distinto es, sin embargo, lo que saben las generaciones que vivieron el gobierno de Salvador Allende y que sobrevivieron a la violencia del golpe militar. No sólo conocen su trabajo. Muchos se formaron políticamente con sus obras. Sus “Conceptos Elementales del Materialismo Histórico” fue el libro siempre presente en la apasionada vida militante que existió en aquellos años en los partidos de izquierda, y que llega ya a las 67 ediciones.

Estudió Psicología en la Universidad Católica de Chile en 1962. Hizo estudios de posgrado en París con Paul Ricoeur y Louis Althusser. A su vuelta a Chile en 1968, fue profesora de Materialismo Histórico y Economía Política en Sociología de la Universidad de Chile y fue directora del semanario político Chile Hoy. Después del golpe de 1973, se exilió en Cuba, donde se casó con el legendario Comandante Manuel Piñeiro y tuvo una hija. La vida le dio otro golpe al enviudar de quien fue su gran amor en marzo de 1998.

Pasaron los años y Marta Harnecker continuó con su carrera acumulando testimonios y experiencias de dirigentes políticos particularmente del continente que luego volcó en escritos y libros que son hoy material de estudios en múltiples universidades del mundo. Entre esas experiencias vividas está la de Venezuela, donde fue asesora del presidente Chávez y del Ministerio del Poder Popular, formando parte finalmente, del equipo de dirección del Centro Internacional Miranda [CIM] en Caracas.  Actualmente vive en Canadá, con su nuevo esposo, el destacado intelectual canadiense, Michael Lebowitz.

Marta Harnecker está enferma. Lucha desde hace años con un agresivo cáncer que no ha podido con ella. Y, sin embargo, nunca ha detenido su pluma para dar a conocer conclusiones, aciertos y errores de los más avanzados procesos políticos del continente. Con este fin fundó en La Habana el Centro Memoria Popular Latinoamericana (MEPLA), para mantener y difundir la memoria histórica de los movimientos populares de América Latina, según explica. Allí recopiló entrevistas a grandes líderes de América Latina.

Entre su prolífica obra se cuentan más de 80 libros, destacándose Pueblos en armas (1983); La revolución social (Lenin y América Latina) (1985); ¿Qué es la sociedad? (1986); Indígenas, cristianos y estudiantes en la revolución (1987); América Latina: Izquierda y crisis actual (1990); Haciendo camino al andar (1995); Haciendo posible lo imposible: La izquierda en el umbral del siglo XXI (1999); Reconstruyendo la izquierda (2006) y Un mundo a construir (nuevos caminos)  (2013).

Probablemente, su trabajo más significativo del último tiempo fue con el Presidente de Venezuela Hugo Chávez, con quien compartió el sueño de una revolución bolivariana cuyo destino aún está por vivirse.

Una historia ligada a chile

En una larga conversación con el antropólogo y doctor en Filosofía, Rodrigo Ruíz hace algún tiempo, la escritora recuerda algunos episodios vividos durante su exilio en Cuba y la búsqueda por  entender lo ocurrido con el gobierno de la Unidad Popular.  Rememora sus tiempos de militancia en el Partido Socialista y sus encuentros con líderes  de esa colectividad de aquel entonces. “Éramos defensores del proceso de Allende, éramos críticos del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR),  pero, al mismo tiempo, la posición de Altamirano era muy semejante a la del MIR con esta cosa de la destrucción del aparato del estado. He perdido la memoria de cuánto estuve comprometida en ese error de la época. Es probable que haya tenido responsabilidad. Habría que revisar la cuestión de la destrucción del estado como la entendía entonces, porque creo haber defendido esa idea en algún texto. Sin embargo yo siempre defendí el proceso”, en referencia al gobierno de Allende.

“Para mí -dice Marta Harnecker- fue una cuestión fantástica ver que había triunfado un gobierno que se proponía transformar a Chile, que quería resolver los problemas de la pobreza, que quería crear una sociedad justa y humanista en que pudiese realmente cumplirse la idea de “amaos los unos a los otros.” Allende significaba la posibilidad concreta de hacer eso”.

Respecto al golpe de Estado, afirma que “nosotros no estábamos preparados ni psicológicamente ni materialmente para afrontar lo que pasó. Luego, uno se da cuenta de todo lo que ha perdido, de cómo se frustra ese sueño maravilloso. Por eso siempre digo que en Venezuela viví lo que no pude vivir en Chile”.

Cuba en el corazón

Aunque el 2004 Marta Harnecker se traslada a Venezuela, afirma sin dudarlo que Cuba es su segunda patria. Vivió el desgarrador “período especial” de ese país, calificando como “admirable la forma como Cuba afrontó la caída del socialismo real al ser derrotado en Europa del Este y la URSS”.

Cuenta que “la dirección de la revolución asumió esa situación explicándole a la gente, preparándola, dándole el ejemplo desde arriba, reduciéndose los niveles de vida de los dirigentes…”

Rememora lo que vivió antes de esa etapa en Cuba y lo que ocurrió después. “En otros países, la gente que tiene recursos alardea que los tiene, se compra automóviles espectaculares, ropa muy fina, joyas, etc. Pero en Cuba, si tenías algo que era un poco diferente a lo de los demás no lo mostrabas, tratabas de ocultarlo para no provocar celos o ansias de consumo. Para mí fue impactante la ética de esta sociedad cuando llegué a vivir allí en 1974. Tú podías dejar el auto abierto y nadie te robaba, y en el hotel no había que dejar propina y si lo hacías iba a un fondo común y los trabajadores al final del año se repartían lo que entraba. Por desgracia eso se perdió después con la venida de las familias de Miami, con el consumismo que produjo esta demostración de la gente que venía llena de regalos, con las tiendas en moneda convertible que empezaron a aparecer”.

“Uno de los problemas que yo veo es que  los niños no fueron preparados para enfrentar una situación de marcadas diferencias sociales. Durante muchos años todos los niños eran iguales. Todos consumían la misma merienda, la misma comida en la escuela, tenían los mismos zapatos, etc. Hoy hay niños que llevan para su merienda cosas especiales que se venden en las tiendas en CUC (dólares convertibles).  A mí me parece que las nuevas generaciones no fueron preparadas para hacer frente a estas diferencias. La moral se ha deteriorado. No estoy diciendo con ello que deba mantenerse el tipo de motivaciones que existía en los primeros años de la revolución. Recuerdo que Kiva Maidánik, historiador soviético, me decía que los procesos revolucionarios eran como el amor, donde había un periodo de éxtasis, de enamoramiento, y luego viene el amor más calmado. No puedes pretender que se mantenga toda la vida el ritmo y la intensidad de los primeros tiempos. Igual sucede con las revoluciones y, a veces, se le ha pedido más a la gente de lo que puede dar en una etapa en la que ya no está en las condiciones de dar tanto. Por ejemplo, lo que pasa con los médicos que van fuera de Cuba en maravillosas misiones solidarias… esa noble misión implica grandes sacrificios, muchas veces separarse por algunos años su familia. Eso es soportable por un determinado periodo de tiempo, pero muchas veces se ha prolongado su misión  y, como era de esperarse, algunos médicos empezaron a cansarse, se debilitó su moral, empezaron a tener su pareja en ese país, y algunos desertaron. Se estiró demasiado la cuerda. Hay que evitar que esto siga ocurriendo”.

Su experiencia en Venezuela

En 1993 fue invitada a Venezuela por el alcalde Clemente Scotto para realizar un trabajo testimonial sobre la alcaldía de Caroní. Decide hacer también un trabajo sobre la alcaldía de Caracas, cuyo alcalde era Aristóbulo Istúriz. Las entrevistas en relación a las alcaldías  del PT en Brasil y estas de Venezuela fueron reunidas en un solo libro: Haciendo camino al andar. Algo más tarde, ya cuando Chávez había triunfado,  la invitan a exponer sobre el presupuesto participativo y sus amigos le insisten que entreviste al nuevo presidente venezolano. Hugo Chávez  conocía a Marta entre otras cosas por sus libros Estrategia y táctica y el libro sobre el PT en Brasil  y por eso se interesó en que lo entrevistara. Decidió mandarla llamar a Cuba y la entrevista se dio durante 18 horas  distribuidas en varios días… Desde ahí en adelante se estableció una amistad firme y duradera, a veces no entendida por cercanos al extinto Mandatario.

“Logré la entrevista con Chávez. Y como aproveché los momentos de descanso para transmitirle las opiniones críticas sobre el proceso que había recibido en mis múltiples conversaciones con varios dirigentes políticos de izquierda, me invitó a ir a Venezuela a apoyarlo, porque quería tener personas críticas a su lado. En ese momento, yo estaba empezando una relación afectiva con mi actual esposo, Michael Lebowitz, que estaba comprometido con unos cursos que estaba haciendo en Canadá. Yo no estaba decidida a irme a vivir a Venezuela en ese momento, pero si estuve de acuerdo en hacer anualmente varios viajes a ese país”. Finalmente el año 2004 se establece con su esposo en Venezuela.  “Yo veía en la experiencia venezolana la posibilidad de realizar el sueño que no se había podido dar en Chile. Por eso, siempre les decía a los compañeros venezolanos que cuidaran el proceso. No quería que pasara allí lo mismo que en Chile”.

Comenzó entonces a trabajar como coordinadora de un grupo de gente que Chávez quería que lo asesorara. “Mis temas con él eran, fundamentalmente, la participación y cómo enfrentar cosas como la cuestión mediática. Recuerdo que uno de los grandes problemas es que estábamos acostumbrados a hacer prensa de oposición, pero no de gobierno. Hay que pensar en cómo hacer una prensa creíble, no propagandística, que alerte, que critique constructivamente. Además, que informe lo más verazmente posible tanto de lo que hacemos nosotros como de lo que hace el enemigo”.

Dice que Chávez estaba contento con su apoyo, pero el Presidente no se dejaba asesorar. “Nuestra relación terminó siendo un contacto por vía telefónica. Él tenía un teléfono especial para los asesores y los intercambios que teníamos con él se limitaban a mandarle papeles sobre ideas o alertarlo sobre cuestiones que estaban mal, y él llamaba cuando le interesaba profundizar algo y uno argumentaba. Pero Chávez no tuvo lo que creo que hubo en Chile con Lagos, un equipo de asesores que se juntaban con él durante horas a discutir y generar respuestas”.

Después de más de un año habló con Chávez diciéndole que ella pensaba que él necesitaba un equipo asesor más técnico, porque ella no tenía ninguna experiencia de gobierno. A pesar de eso, siguió ahí un tiempo, hasta que se reestructuró lo que era una secretaría de gobierno y se convirtió en ministerio. “Desde entonces yo operaba desde mi hotel, y seguí, escribiéndole, criticándolo, opinando sobre discursos y medidas a adoptar, etcétera.” “De hecho, en algún Aló Presidente, Chávez habló de mí diciendo que le escribía constantemente, mandándole puras críticas. Era un trabajo muy apasionante por el proceso que se vivía. Tú te enterabas en Aló Presidente de cómo iba asimilando las ideas, y podías promover la pauta de los programas Aló Presidente: qué experiencias había que resaltar, a quiénes entrevistar, etc. Luego, fue importante el papel que tuve en el Ministerio de Participación Popular en relación a los consejos comunales, y la idea de que el poder popular no puede ser partidista, que no se podía pasar de la “patrulla” a la idea del “consejo comunal.” Yo me sentí bastante útil en ese tema. De hecho, Chávez decía que yo era la “madre” de los consejos comunales”.

Una segunda etapa

Sostiene que se fue de Venezuela por razones prácticas. “El último año pasé mucho tiempo fuera de Venezuela, fui varias veces a Ecuador donde estaba haciendo mi libro sobre la experiencia del presidente Correa y la revolución ciudadana, y estuve viajando a otros países, por lo que estaba poco tiempo en ese país .  La verdad es que el ambiente de algunos ministros y políticos en relación conmigo era difícil. No les gustaba que una mujer, chilena, que tenía un telefonito, le dijera a Chávez qué cosas estaban mal hechas. Muchas veces se trataba de errores que ellos cometían”… Por otra parte, por distintas razones, los proyectos que trató de impulsar en ese país en lo referente a planificación participativa nunca pudieron plasmarse. Aclara que no quiso recibir nunca un salario, “justamente para tener la absoluta libertad para criticar y cumplir mi función”. Recuerda que “fue un periodo muy lindo, pero también fue un poco triste ver cómo se iban deteriorando muchas cosas. Dentro del partido de gobierno había gente que no estaba a la altura del proceso”.

A ello se sumaron los problemas que enfrentó en el Centro Internacional Miranda, que creó junto a su esposo, destinado a buscar asesorías extranjeras en temas en los cuales no había profesionales calificados en el país. Luego de varios años, la dirección de ese centro cambió y también sus objetivos iniciales. “La nueva dirección tenía un enfoque que nosotros no compartíamos, que era hacer del Centro una preparación de pasantes universitarios, que fueran ahí para tener un espacio de formación en investigación y cursos. Nuestra idea no era esa, sino traer asesores extranjeros”.

“Nos fuimos a Vancouver en octubre del 2011, pero nunca paré de mandarle cosas desde Canadá”. La situación era bastante frustrante para Marta Harnecker y decidieron trasladarse a Canadá con su esposo. “Nos fuimos en buenas relaciones. De hecho, yo le seguía escribiendo a Chávez, aunque sin ninguna responsabilidad formal, dándole opiniones. Cuando el presidente fue reelecto, le mandé algunas opiniones acerca de las cosas más importantes que debía realizar durante el mandato y parece que él  se las planteó al equipo de Coordinación Social, porque me llamaron de varias secretarías para preguntar dónde podían encontrar los documentos que Chávez les había recomendado. ¿Qué le proponía yo? Una de las cosas era la planificación participativa descentralizada; otra: los audiovisuales pedagógicos para lograr una formación masiva de la militancia sin tener que depender de profesores; y una última cosa, que viera como en Ecuador manejaban el control del gobierno a través de un sistema informático que le permitía al presidente Correa hacer un seguimiento de lo que estaba ocurriendo”.

Poco antes de partir de Venezuela escribió “Inventando para no errar: El socialismo del Siglo XXI”, que es la primera versión del libro publicado en 2013, “Un mundo a construir (nuevos caminos)”, que ganó el Premio Libertador al Pensamiento Crítico”. Luego empieza a trabajar en su nuevo libro que denomina, por ahora, “Reflexiones sobre la izquierda” y en el tema de la planificación participativa desde abajo.

Fue a Kerala, India, movida por el interés de conocer la experiencia de planificación desde abajo que había estado poniendo en práctica el primer gobierno comunista del mundo que pretendía avanzar por la vía pacífica. Muchas de sus ideas han sido incorporadas al libro que escribió sobre el tema y ha hecho talleres sobre estas ideas en diferentes países.

Aunque su centro de operaciones es Vancouver, ha pasado más tiempo viajando o escribiendo. Y por eso dice que no se ha insertado en la vida política de Canadá, por su compromiso con América Latina. “Acepto algunas invitaciones a Europa y otras partes, pero he preferido siempre aceptar invitaciones de América Latina”.

Y no deja de tener a Venezuela en su mente: “me preocupa muchísimo lo que está pasando en ese país en este momento. Espero de todo corazón que no tenga el mismo fin que tuvo el proceso chileno”.

Catalina Palma y la Operación Cóndor: “Los Agentes Argentinos que llegaron a detenernos, dijeron que le estaban haciendo un “favorcito” a Pinochet”

 

Militante socialista, la profesional que hoy labora en Conicyt, fue arrestada en 1975, a los 25 años en Buenos Aires, en el marco del Plan Cóndor. Este coordinó a las policías secretas de Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia para exterminar a opositores a las dictaduras reinantes en estos países a partir de 1975. Una de sus acciones más despiadadas fue la “Operación Colombo”, mediante las cual se simuló la muerte de 119 militantes chilenos en Argentina supuestamente a manos de sus compañeros de armas y quienes están hasta hoy desaparecidos.

El viernes 21 de septiembre no sólo trajo la primavera a nuestro país. Fue también el día en que un fallo del Ministro Mario Carroza iluminó el camino de quienes trabajan en la búsqueda de justicia en los casos de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet. Y fue un día de alivio para las víctimas del siniestro Plan Cóndor, montado a mediados de los años ’70, ya que el juez investigador dictó condenas contra 20 agentes de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) y resolvió que el Estado chileno debía indemnizar a las víctimas de estos crímenes de lesa humanidad.

El fallo del Ministro Carroza señaló en su parte medular que “a raíz de los acontecimientos acaecidos en el país el 11 de septiembre de 1973, el Gobierno Militar instituye de manera formal el 25 de noviembre de 1975, en reunión plasmada en Santiago de Chile, un plan de coordinación de acciones y mutuo apoyo entre los líderes de los servicios de inteligencia de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay y Chile, destinado a desestabilizar a los opositores a los regímenes asumidos por las Fuerzas Armadas y de Orden”.

Carroza estableció que este Plan, bautizado como “Cóndor”, generó entre los países coludidos “seguimientos, detenciones, interrogatorios bajo tortura, traslado entre países, desaparición o ejecución de personas contrarias a los gobiernos instituidos de facto”.

PAGINA 19 conversó con una de las víctimas que inauguraron este siniestro plan, Catalina Palma, militante del PS desde adolescente y quien debió salir en forma  urgente e ilegal del país a raíz de la caída de Jaime Robotham y Claudio Tauby, el 31 de diciembre de 1974, con quienes trabajaba políticamente. Palma viajó a Buenos Aires en enero de 1975. Un mes después la DINA arrestó a su madre, buscando forzar su entrega. “La llevaron a Villa Grimaldi; no sabían que yo ya me había ido”.

El “favorcito”

En Argentina sólo alcanzó a disfrutar de libertad 10 meses. El 25 de noviembre de ese año 75, golpes en la puerta del departamento que habitaba en el barrio Santelmo de la capital argentina junto a otros 3 militantes (2 argentinos y la chilena Ximena Zavala), le cambiaron la vida. Los 4 inquilinos, más un amigo que estaba de paso, fueron sacados en forma violenta del lugar. Al entrar, luego que Palma abriera la puerta pensando que era un compañero de partido,  los agentes, vestidos de civil, cargados de metralletas y con acento argentino, sólo dijeron una frase brutalmente elocuente: “Venimos a hacerle un favorcito a Pinochet”.

Las palabras cobraron pleno sentido para Catalina y sus compañeros porque un hecho macabro había ocurrido cuatro meses antes: la divulgación de supuestos 119 “ajusticiamientos” entre militantes del MIR y del PS, entre los cuales estaba el nombre de Jaime Robotham. Catalina sabía a ciencia cierta que Robotham había sido detenido en Santiago hacia casi un año.

“A mí me habían dicho que aparentemente estaban siguiendo a un compañero en Buenos Aires pero yo tenía 25 años y la verdad es que no tenía  ningún sentido del peligro”, relata Catalina. Recuerda que incluso en julio, a raíz del caso de los 119, se ofreció a ir a reconocer el supuesto cadáver de Robotham pero un abogado de ACNUR se lo impidió, recordándole que ella estaba ilegal en Argentina.

Catalina recuerda que desde un inicio, el sentido del interrogatorio de los agentes argentinos fue indagar por el lugar donde estaban “las armas” y su vinculación con una coordinación de opositores en los distintos países del Cono Sur y Brasil. “Hablaban de una Coordinadora Latinoamericana; nosotros éramos de la Coordinadora Nacional del Regionales del PS”.

Tras sacarlos del edificio, los agentes llevaron al grupo de detenidos a la Coordinación Federal en Buenos Aires para someterlos a brutales interrogatorios durante nueve días. “No sabíamos si era la policía, la Triple AAA o quiénes y si íbamos también a aparecer muertos en un camino”, indica Catalina. Agrega que no recuerda que sentía en esos momentos, que lo tiene borrado pero que “seguramente, estaba cagada de miedo”.

Nunca vio caras ni lugares durante ese periodo con la excepción de un momento en que le sacaron la venda y la pusieron frente a otro militante del PS, Juan Bustos. “En su cara vi espanto, quizás como me vio”, recuerda.

Esposada de manos y pies, vivió el interrogatorio donde se alternaban el “bueno”, que le decía “vos que sos tan linda, ¿quién te metió en esto?” y el “malo”, que la garabateaba e insultaba. “Las preguntas una y otra vez apuntaban a nuestra vinculación con los grupos argentinos de resistencia”, recuerda.

Durante los nueve días de interrogatorio y torturas, Catalina y sus compañeros estuvieron en los “tubos”, celdas individuales muy pequeñas. En ese periodo le practicaron la tortura del “submarino”, “que para mí fue lo peor porque te metían la cabeza en el agua hasta que perdías el conocimiento”. También fue violada por sus carceleros, algo que también les ocurrió a otras dos mujeres detenidas allí. “Se lo conté a Tito Benado en un momento en que me llevaban al baño y él enloqueció de rabia; mi error fue haber mandado los pantalones manchados para que me los lavaran las presas que estaban en la ‘leonera’, un lugar donde te mandaban después del interrogatorio, y no haber guardado pruebas de la violación”.

Luego del noveno día en los “tubos”, Catalina fue enviada a la “leonera”, donde estuvo tres días, y luego fue encarcelada en Villa Devoto, donde permaneció un año. Sólo una vez durante ese año la sacaron de vuelta a Coordinación Federal para un nuevo interrogatorio. Fue un largo día donde la llevaron a diversos lugares, incluida la morgue, diciéndole que sería dejada en libertad, algo que era falso.

En marzo de 1976 fue el golpe de Estado en Argentina y Catalina recuerda que esos meses hasta su expulsión del país hacia Inglaterra –en octubre- fueron muy difíciles. “Nosotros caímos justo cuando se instituyó la Operación Cóndor y mucha gente seguía desapareciendo; al parecer en ese periodo hicieron desaparecer a Edgardo Enríquez, pero yo no lo vi a él”.

De la cárcel, Catalina fue llevada al aeropuerto desde donde partió con salvoconducto rumbo a Inglaterra. Hasta agosto de 1985 vivió en ese país. En 1983 regresó a visitar a sus padres después de un accidentado y peligroso paso por Buenos Aires, donde la mandó de vuelta luego de no dejarla entrar a Chile, la policía chilena.

En ese viaje tomó la decisión de regresar a su país. “Era mi lugar de pertenencia. En Inglaterra tenía buenos amigos y una vida tranquila pero nunca dejaría de ser una extranjera. Nunca me ha arrepentido de haber vuelto”, dice enfática.

Esquiva justicia

Hay si un aspecto doloroso en ese regreso a la Patria. Las víctimas del Plan Cóndor o sus familiares lo vivieron en carne propia: lo difícil que se les hizo el camino de la justicia por haber sido encarceladas en Argentina, u otro país cómplice del Plan. Catalina recuerda que cuando se abrió la primera Comisión Valech, para acoger a las víctimas de delitos de lesa humanidad, quienes habían caído presos en el marco del Plan Cóndor no fueron aceptados. “Me respondieron con una carta llena de incisos y razones legales; me dio una indignación tremenda por ello cuando se abrió la segunda Comisión Valech, coordiné a las víctimas de Argentina, junté todos los documentos probatorios y volvimos a pedir justicia y reparación”. Esa vez si se las dieron. Antes lo había hecho la justicia argentina, que los indemnizó por el daño causado en sus vidas y les entrega una pensión vitalicia desde hace dos años.

Pero hay cosas que no se reparan. Ello, a pesar de que Catalina se siente afortunada por su resiliencia. “Hay personas que nunca más levantaron cabeza; a mí me paso que, por largo tiempo, hablaba de ese periodo de mi vida como si fuera el de otra persona; y a la vuelta a Chile, me dio una depresión tremenda, que me duró un año”. Recuerda que se dio cuenta de ese estado un día que se topó con un amigo y este le preguntó cómo estaba. “Me puse a llorar a mares; el me ofreció regalarme una terapia pero solo fui a  tres sesiones; no quise seguir porque no quería escarbar en nada…”.

Cree habérselas bancado bien, “no me quedé pegada”. Respecto de las posibles secuelas de la violación, solo dice que “de eso no hablo”.

Reconoce que su mejor terapia fue el Plebiscito de 1988. “Trabajar por el triunfo del NO; trabajar por diversas proyectos sociales, por la causa de la mujer, los talleres en organizaciones populares, me salvaron”.

Catalina concluye que ya asumió esa parte de su vida. “Vivo con eso pero no muero con eso; es parte de mi historia y, felizmente, sigo trabajando en temas que me gustan; no extraño para nada tener una pareja; estoy contenta, tengo momentos bueno y momentos malos, como es la vida”. Sí reconoce que no tiene claro si volvería a hacer lo mismo si volviera a nacer. “No sé si volvería a tomar las mismas opciones políticas porque hoy no veo ideales, todo es muy pragmático; he sufrido más por traiciones de grandes amigas que por la tortura y la cárcel”. Dice tener respeto por las personas consecuentes “pero son las menos; finalmente, uno se va quedando con los pequeños espacios de afecto…”.

Reporteo Gastronómico: una Pizca

 

Cuando llegué de Europa en 1980, apenas pude volver post exilio, comencé a “morirme de hambre”. Golpeé todas las puertas (radios, revistas, TV, diarios) y, finalmente, un antiguo contacto de mi paso durante los años mozos en El Mercurio y que volaba por los círculos superiores del periódico, me aceptó. “Haz notas generales, pero no escribas cosas comunistas”, se me dijo estúpidamente. Tras siete años de ausencia del país, yo entendía poco pero obviamente sabía que no podía dar rienda suelta a mis intereses noticiosos.

Entonces, recordé que en Francia, dónde había vivido aquella ausencia, la moda de crónica en los medios estaba muy dedicada al mundo del comer y del beber. Restaurantes típicos, formas de cocinar, personajes “gourmand”, sabores, descubrimientos de materias primas, lugares que despertaban el apetito y, bueno, todo aquello de la verdadera buena mesa. Y en el Chile periodístico nada de eso existía, salvo la recurrencia reporteril a dos o tres renombrados mandamases del arte culinario, todos de la alta sociedad. Ofrecí, en consecuencia, iniciarme en ese tema y fui aceptado.

Para comenzar y quizás llevado por instintos que uno no comprende, visité una “picada de chicha y chancho” en la calle San Pablo, bien abajo. Entrevisté al dueño, quien me contó lo mismo que todo propietario de restaurante típico cuenta a quien le pregunte: que sus padres le enseñaron a cocinar el chancho, que desde joven le gustó atender parroquianos, que “acá vienen muchos personajes políticos”, que “esta chicha es la mejor de Chile” y, en fin, nada nuevo. Y lo fotografié entre dos grandes jarras de pipeño y chicha, semi abrazado a una gran cabeza de chancho con su correspondiente manzana en la boca y ajíes amarillos en forma de cejas. Un novedoso acierto, para la época.

Lo nuevo era que un periodista en El Mercurio escribiera de aquello. ¡Y lo publicaron!

Mi segunda nota la escribí a los pocos días y también apareció en el diario. Entrevistaba a uno de aquellos renombrados mandamases, más arriba mencionados. Y corrió el tiempo, yo siempre buscando, sin saber qué ni dónde pero sí el por qué: tenía que sobrevivir.

Al cabo de un tiempo no muy largo, digamos que pocos meses, nació el suplemento “Wikén” y fui llamado a participar en él, con mis entrevistas y reporteos gastronómicos, hechos a cómo resultaran. Hicimos equipo con el escritor Enrique Lafourcade, que escribía grandes historias con exquisiteces del alto mundo social (y, por lo tanto, bien alimentado) y con doña Soledad Martínez, que visitaba en secreto los restaurantes más sofisticados… y los elevaba a la más alta calidad o los destruía sin misericordia. Yo seguía incursionando en cocinas de hoteles urbanos y en cocinerías pueblerinas, en rincones mínimos de caletas olvidadas o en el único restaurante que en Santiago ofrecía productos de mar, o en respetables restaurantes de regiones y los más elegantes comedores y salones de té, que entonces los había y varios.

Viajé por el territorio y conversé con muchas mujeres y hombres que, sin que nadie lo supiera, alimentaban buenamente al país. Y, de paso, se fue instalando en el “Wikén” el periodismo gastronómico, luego apoyado comercialmente (era que no) por una cartelera de restaurantes, al estilo de los tradicionales avisos económicos del Decano. Al mismo tiempo, yo ya debía llenar dos o tres páginas del suplemento semanal y, para ello, me extendía en largos y documentados reportajes sobre mil temas diferentes: que el origen de la comida italiana, que la historia del pan, que las salsas francesas, que la historia del queso, que el secreto de la comida peruana, que para qué sirven los huevos, que el secreto de los buenos (y los malos) vinos. Y mucho, mucho más: fueron prácticamente diez años y viví la experiencia, en plena dictadura, de moverme por ese mundo de exquisiteces, secretos culinarios y fiestas de manteles tan largos, que disimulaban el diario acontecer de otras circunstancias que difícilmente se registraban periodísticamente en el país.

Poco antes de 1990, después del plebiscito abandoné “El Mercurio” y así el periodismo gastronómico que había ayudado desde el principio a popularizarse. Los tiempos estaban cambiando y mi libertad reporteril especializada en mesas y condumios en el diario ya no era la misma de los inicios una década antes. Es decir, se me pauteaba comercialmente. También la historia del país daría su vuelco fundamental y, con ello, mi trayectoria viajaría por otros caminos, hasta hoy. Y, por lo tanto, mi mirada se desvió hacia otros intereses que alimentaron de mejor manera mi esfuerzo profesional.

Eso sí, me sigue gustando la buena mesa, afortunadamente. Esa pizca de reporteo gastronómico me sirvió mucho. Y de ese buen comer escribiremos aquí, en próximas columnas.

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