La crisis sanitaria originada por la propagación del nuevo coronavirus en Chile ha develado una triste realidad que siempre estuvo latente, encerrada en una burbuja que el sector más acomodado de la sociedad no quiso reventar. Se trata de la ausencia de sentidos, una pandemia que nos asolaba mucho antes que el Covid-19, autoimpuesta por quienes no quisieron ver ni escuchar la pobreza, el hacinamiento, el nulo acceso al agua, el analfabetismo y la desconexión.

Cuando se habla de falta de enlaces, no solo es referido a Internet, más bien se trata de la escisión entre la realidad y lo que no se quiso aceptar y lo que es peor, aquello que no se permitieron informar, ocultando el hambre con la obesidad, el hacinamiento con las grandes obras públicas, la pobreza con un sistema neoliberal extremo, el analfabetismo con un sistema educativo que aumenta las desigualdades, la sequía con la enajenación del agua y la falta de un pensamiento crítico con un sector de la prensa que a la vez de poner de manifiesto las falsas noticias, propicia la creación de un corral informativo cada vez más pequeño.

Decir que en Chile existen dos países opuestos parece una obviedad. Sin embargo, producto de la pandemia algunos fueron obligados a sacarse las antiparras y descubrir millones de países en diversas realidades. Nada más evidente, pero las palabras del exministro Jaime Mañalich evidenciaron esta falta de empatía, epidemia de la que somos víctimas hace más de 40 años.

No duele la cabeza si se descubre el hambre, la pobreza y el hacinamiento, tampoco se tendrá un cuadro sintomático como el de una grave enfermedad. Conocer el mundo, bajarse del auto, pero no a sacarse fotos y hacerle frente a parte de la realidad, sería una gran señal de respeto y a la vez una muy buena oportunidad para comenzar a gobernar con los zapatos con barro y empezar a ser de verdad.

Era tan fácil… tomar un alfiler y romper esa burbuja para inmunizarse frente a esta pandemia de falta de sentimientos que cegó a un pequeño sector de la sociedad e invisibilizó a otro grupo de la población de nuestro país. La mayoría, aquellos que somos más vulnerables. ¿Vulnerables a qué?, al hambre, a convertirnos en la clase media empobrecida, a contagiarnos por la condiciones de vivienda, vulnerables al colapso hospitalario, a enfermarnos de esta neumonía, a morir respetando los protocolos establecidos por la autoridad sanitaria de nuestro país.