La friolera de US$1.000 millones de dólares. Eso es lo que dejará de percibir no este gobierno, sino en los que vienen, producto de la contrareforma tributaria que está impulsando -y con mucho ímpetu- la administración Piñera en el Congreso Nacional.

Ya presentó un Presupuesto que crece a su nivel más bajo en diez años, un 3 por ciento, que entre otras cosas implicará un nulo o muy bajo crecimiento en transferencias sociales como las pensiones de cargo fiscal o el componente de subsidios habitacionales, por no nombrar otra serie de componentes que intentan cuadrar este renovado esfuerzo del Ejecutivo por ajustar las cuentas fiscales.

Y eso en medio de un crecimiento que no termina de repuntar. Cuando se lograba insuflar algo de optimismo a los agentes económicos, ya no para este año, que ya está claro no se llegará para nada al 3 por ciento proyectado originalmente, las expectativas de los agentes consultados por el Banco Central ya bajaron las proyecciones para el 2020 del 3%, de nuevo, y nada menos que el FMI dijo que Chile crecerá menos que el mundo hasta el 2024. Y esa era justamente una de las grandes críticas que le hacían al gobierno pasado quienes hoy conducen la economía: crecer menos que el mundo.

Como siempre, otra cosa es con guitarra…

Hernán Frigolett, ex Tesorero General de la República bajo la administración Bachelet, master en Ciencias Económicas en Londres, ex profesional del Banco Central y actual académico de la USACH, pese a su sobrio análisis, no tiene demasiadas expectativas para el próximo año y cree que, tal vez, algunas de las medidas anunciadas por el Ejecutivo podrían hacer efecto recién hacia el 2021. Estima, además, que la baja de tasas anunciada por el Banco Central -recurso con el cual no contó la administración pasada- desgraciadamente, en lo hipotecario se tenderá a compensar con los altos precios que están mostrando las viviendas. Por último, advierte sobre la escasa creación de empleo de los últimos años y el magro panorama en materia de remuneraciones reales.

-¿Un Presupuesto puede ser austero y reactivador a la vez?

-Es difícil, ya que el Presupuesto, la cifra global, la expansión global del gasto del Presupuesto, es que el que va a indicar cuál es la tendencia en términos del impacto que va causar en la demanda agregada. Y sabemos que el elemento más importante dentro de la demanda agregada del gasto público es el gasto corriente, porque está asociado a dar mejores prestaciones y más bienes públicos a la gente.

El segundo elemento, que puede ser el que está más asociado al plan de reactivación de este gobierno, tiene que ver con la inversión, y allí tenemos dos componentes: inversión en infraestructura, principalmente el MOP y el SERVIU, en términos de infraestructura urbana, y por otro lado, todo lo que tenga que ver con subsidios habitacionales. Y lo que tenemos entonces es una cosa de dulce y de agraz: hay una expansión del gasto de inversión en obras públicas, pero hay un congelamiento en todo lo que tenga que ver con subsidios habitacionales y por eso el promedio sube un 6,8. Cuando uno analiza presupuestos expansivos, principalmente por el lado de la inversión, lo que debería encontrarse es que el gasto de inversión total, todo lo que tenga que ver con infraestructura y habitación, en conjunto, debiera crecer más de un 10% y acá en este Presupuesto está creciendo un 6,8%. Y no hay soluciones habitacionales, y tenemos claras informaciones de que el déficit habitacional se está acrecentando,  y todas las fichas están puestas en obras de infraestructura, de amplio espectro,  y tampoco hay un plan de obras, que no sean los que se anunciaron anteriormente, como la previa del Presupuesto. Entonces en ese sentido…el Presupuesto global está creciendo un 3%, que es menos de lo que creció el presupuesto el año pasado, es decir, el que se está ejecutando.

-El aumento global es el 3 por ciento, el más bajo en 10 años…

-Claro, además está por debajo de lo que debiera ser el crecimiento estructural que está en torno a una expansión del 3,3% y este Presupuesto está creciendo al 3%. Entonces allí hay una situación, a mi parecer, donde es un Presupuesto que es efectivamente es acelerador de algunos elementos de la inversión, pero no de todo el plan de inversión que puede manejar el Fisco.

-Ahora si yo voy a subir en algunos componentes y quiero mantener el 3% entonces debo recortar en otros lados…

-Si, si uno analiza en término  de los componentes más relevantes del gasto corriente se está aumentando el gasto en personal y  bienes servicios, o sea por algún lugar van a haber expansiones, que puede ser por el lado de la seguridad, donde se necesitarían más carabineros, etc. También por el lado de la salud que tiene que estar asociado a más personal, y si hay más personal tienen que haber más insumos para operar en las áreas que correspondan. Donde no hay perspectiva de crecimiento es en las transferencias y en lo que son prestaciones sociales y en éstas está fuertemente el gasto de pensiones, que es de cargo fiscal. Allí tenemos la Pensión Básica Solidaria y el Aporte Básico Solidario, que probablemente no están teniendo una expansión relevante en el proceso del Presupuesto en el 2020. Ambos elementos: las transferencias  y las prestaciones sociales, están creciendo apenas un 1,2%.

-¿En la reforma tributaria, el Gobierno acaba de clausurar el tema de la reintegración, y hay un gran debate político al respecto, ¿Cuál es su visión?

-En términos de lo que se propone, que es la reintegración, eso tiene un efecto de US$830 millones de dólares de menor recaudación, no para esta administración, si no para la que venga después. Después hay un incremento de un gasto, de incrementar un subsidio a las empresas constructoras, que con los ajustes que se le hizo en la Cámara de Diputados, va a costar US$100 millones adicionales, es decir, ya estamos en US$930 millones, y después está todo lo que tiene que ver con cambiar el sistema de renta atribuida a una renta que va ser en base a retiro, agrega otros US$100 millones más. Es decir  la recaudación de los gobiernos futuros va disminuir en US$1.000 millones de dólares, entonces eso es lo que se está discutiendo con el proyecto de modernización tributaria que propone este gobierno, que ya viene de la Cámara y luego viene ahora al Senado.

  –Se habla de algunas medidas compensatorias de esos menores ingresos. ¿Son suficientes?

-Las medidas compensatorias que se están poniendo, no son medidas que aseguren recaudación: el retiro en exceso, el impuesto al gasto de inversión en las regiones para darle financiamiento a los gobiernos regionales, etc. Esas medidas sumaban aproximadamente US$400 millones de dólares, pero no están en el mismo plano que lo que va a disminuir la recaudación. Es decir, estos US$1.000 millones no están compensados, porque no todos los años van a ver operaciones que van a permitir la recaudación por los medidas antes mencionadas. Queda un desbalance y esa es la percepción que se tiene desde la Cámara de Diputados y más fuerte en el Senado. Hay unas pymes que están en el régimen semintegrado y lo que se está viendo es que no habría ninguna razón por la cual este gobierno u otro, pudieran darle la oportunidad a esas pymes para que se cambien de régimen. Es una situación netamente reglamentaria y no se necesita hacer ninguna modificación para que estas pymes, que están mal clasificadas, tomen la decisión de cambiarse o no, la evalúen y ellas van a definir si les conviene cambiarse o no. Si están allí es porque les conviene estar allí. No les conviene irse a un sistema de renta atribuida o a un 14ter simplificado.

-Por un lado tenemos este presupuesto poco expansivo, pero tenemos que está bajando la tasa de interés y también afuera ocurre lo mismo, esto debiese ayudar a la economía para el próximo año. ¿Usted concuerda?

-Si, ahí tenemos dos fenómenos positivos, primero uno que a nivel internacional las políticas monetarias están siendo expansivas, eso significa bajar las tasas de interés. La Reserva Federal de Estados Unidos, Banco Central Europeo, y el Banco Central chileno, que ha hecho  dos movimientos y que al parecer podría haber un tercero,  para seguir estimulando desde el lado financiero la economía. Pero tenemos elementos negativos, porque tenemos que el valor de la vivienda en Chile, producto de una arremetida fuerte de inversionistas, que compran la viviendas para arrendarlas, han hecho que surja una presión fuerte en los precios, entonces lo que disminuye el costo financiero se compensa con un incremento del precio de la vivienda que se va a comprar. Entonces como los sueldos y salarios no han tenido muy buena evolución en los últimos tiempos, la capacidad de endeudarse, por un lado se está ganando porque las tasa bajan pero, por otro lado, las viviendas están subiendo su valor, se están compensando, entonces puede que esta medida monetaria no tenga todo su efecto y el ajuste en los mercados inmobiliarios tome su tiempo en fraguar. Puede que este elemento de incentivo al gasto por parte del Banco Central demore más tiempo que el que se ha demorado en tiempos pasados para surtir efecto a nivel macroeconómico.

-¿Tenemos posibilidades de un crecimiento de 3% que se está postulando, para el próximo año, o es más bien optimista?

-Es una cosa optimista porque al ver la inversión, ya el proceso lo llevamos acumulado desde el 2018 y en lo que va del 2019, como lo vamos a cerrar, no hemos tenido un repunte fuerte en la inversión y por eso el plan fiscal de incremento de las inversiones me parece que es débil. Si hubiésemos apostado a un mayor incentivo desde lo fiscal para apuntar al bien de inversión debiéramos haber ido a una expansión del gasto de inversión mucho más fuerte, entonces efectivamente el crecimiento del rango que está considerado en el presupuesto, que es entre el 3 y 3,5% para el próximo año, ya está en un rango que va quedar como optimista y lo que debiésemos esperar es que el rango de crecimiento esté nuevamente entre el 2,5 y el 3%, entonces, es más o menos que se mantengan las condiciones que hoy tenemos en la economía, que no debieran variar drásticamente el próximo año.

-Se habla con cierto optimismo de este mejor ambiente entre China y EEUU…

-En el frente externo, todos estos mejores acuerdos que pudieran estar dándose entre China  y EE.UU. no es que vayan a revertir la situación, si no que no se va seguir empeorando. Pero de ahí a que tengamos un cambio radical en lo que va a pasar la economía mundial, el 2020 no es el punto de inflexión… probablemente la cosa va seguir igual de lenta que ahora, pero probablemente no se deteriore más, pero de ahí a irnos a una situación en la cual mejore, difícil. Los volúmenes de cobre exportados y los precios de aquello, con suerte van a ser los de este año.

 -¿Qué se puede decir del desempleo? Según la Universidad de Chile ha estado subiendo en Santiago y, según el INE, muestra una cierta estabilidad…

-Desde la perspectiva del mercado laboral más bien lo que nos debe preocupar es que no hay un aumento importante y significativo del empleo, y no necesariamente este año, sino que ya venimos hace varios años en que la creación de empleo de la economía es relativamente débil y eso se ve muy bien reflejado en lo que pasa con las remuneraciones. El indicador de remuneraciones reales nos muestra que las remuneraciones están creciendo muy poco en términos reales y eso obviamente se está viendo reflejado, hoy por hoy, en que se está perdiendo confianza por parte de los consumidores y los indicadores de confianza en los consumidores están entrando en una fase de decrecimiento y eso va debilitar la demanda interna.

-La inflación aparece bastante controlada, de hecho el último IPC no tuvo  variación…

-No creció, pero después de esa inflación cero vinieron los reajustes a la tarifa eléctrica, del Transantiago, etc, por lo que el próximo IPC va a ser relativamente elevado. Es  muy probablemente que estemos con un IPC que supere el 0,5% mensual, más tirado al 0,8% y vamos en 2,1% y probablemente a fin de año estemos en el 2,7%.

-El tema de las 40 horas ¿es efectivamente complejo desde el punto macroeconómico?

-No, yo creo que eso es un punto que se está viendo allí en términos políticos, el problema central de las cuarenta horas, más que vaya a haber empleo o desempleo, porque era raro esto de que las 41 horas con la flexibilidad que quiere el gobierno, creaba empleo y las 40 horas sin la flexibilización que quiere el gobierno, destruye empleos, entonces hay un manejo político detrás. Pero finalmente lo que está en el fondo del tema es que para los trabajadores, trabajan menos y les debieran seguir pagando lo mismo porque es muy probable que la productividad se ajuste a las 40 horas y por otro lado, se baja notablemente el detonante del pago de horas extras, porque actualmente las horas extras se detonan después de las 45 horas semanales. Que tiene que ver con los que trabajan de lunes a viernes las 9 horas diarias, los días que se trabajen más de eso tendrían que pagarse a tarifa de hora extra. Ahora, si bajamos a 40 horas, con 8 horas diarias, el detonante de las horas extraordinarias empieza a las 8  hrs 1 minuto… y eso va en claro beneficio de los trabajadores y obviamente representa un mayor costo para los empresarios. Y estamos en esta pugna permanente de cuál es la renta que se les debe pagar a los trabajadores, por el esfuerzo que despliegan, versus la renta con la que se quedan los empresarios.