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Greenpeace y Corte Suprema por Intoxicaciones Masivas en Quintero-Puchuncaví: “Se Cumple un Año de Desacato por parte del Estado”

De acuerdo a datos revelados por la ONG, desde el inicio de la pandemia en el país se registran 46 días con indicadores que superan el límite establecido por la OMS por presencia de dióxido de azufre, situación que agrava y amenaza la salud de los habitantes de la zona. “Es impresentable que lo que ha ordenado el máximo tribunal del país lleve un año como letra muerta”, manifestó Matías Asun, director de Greenpeace.

Greenpeace denunció que, a un año de la sentencia de la Corte Suprema que reconoció la vulneración de derechos a la población y abandono por parte del Estado en Quintero -Puchuncaví por las intoxicaciones ocurridas en el año 2018, los avances de las medidas que ordenó adoptar no son visibles para la comunidad y evidencian que la autoridad sigue sin evaluar el riesgo en que se encuentran las personas del lugar, agravándose el riesgo de enfermedades respiratorias en situación de pandemia.

En este sentido, desde Greenpeace expusieron su preocupación por lo que llamaron un “desacato en los hechos” a la sentencia de la Corte Suprema, la cual ordenó una serie de medidas para contener la contaminación en la zona pero que, en la práctica, sigue inmersa bajo contaminantes que han elevado el riesgo de enfermedades e intoxicaciones en medio del avance del coronavirus.

Por otro lado, la organización alertó las precarias condiciones ambientales que se mantienen en la zona, las que se reflejan en que durante este período Quintero-Puchuncaví ha enfrentado 46 días con altas concentraciones de dióxido de azufre (SO2), los cuales han superado los máximos establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuyos niveles podrían agravar la situación respiratoria y cardiovascular de las personas y hasta tener consecuencias mortales.

Situación crítica

“Basta revisar las estaciones de monitoreo y ver la presencia de dióxido de azufre en la zona durante la pandemia. En la estación Los Maitenes llevan 46 días superando los límites diarios de la OMS, 34 jornadas en Quintero Sur, 26 en Villa Alegre, 13 en Puchuncaví y 7 en Ventanas. La situación es crítica ya que hasta se han quintuplicado los valores establecidos internacionalmente”, explićó Matías Asun, director de Greenpeace.

Y agregó: “A los graves y constantes episodios de contaminación ahora se suma el peligro del avance del coronavirus. La combinación de estos dos elementos, como lo ha señalado un estudio publicado por la Universidad de Harvard y otro de la revista Science of the Total Environment, podría ser particularmente peligroso e incidiría de manera importante en las tasas de letalidad en medio de la pandemia”.

La resolución de la Corte Suprema se originó en la presentación de una serie de recursos de protección a raíz de las severas emergencias contaminantes y de intoxicación masiva que afectaron la zona en agosto y septiembre de 2018.

La Izquierda en Tiempos de Ira


Estos tiempos despavoridos claman por una nueva sociedad. Pero ella no será un parto fruto de la desesperación de las masas. La sociedad capi
talista tampoco se superará a símisma como promete la oligarquía atemorizada que implora indulgencias. El capitalismo tiene que ser derrotado por las fuerzas del cambio. Para esa batalla se necesita un instrumento cohesionado en lo orgánico e ideológico. ¿Quién puede llevar a cabo esta hazaña si no es la Izquierda anticapitalista? La única fuerza no comprometida con un sistema que lleva en forma inexorable a la extinción de la especie humana.

El enfrentamiento ineludible tiene un nombre: revolución. En este tiempo la revolución tiene un prólogo cultural porque será necesario derribar espesos muros de ignorancia y prejuicios que son la primera línea defensiva del capitalismo. Habrá que derrotar la coerción ideológica mediática y cultural del capitalismo.

El superior valor de la solidaridad objetivo supremo del socialismo- deberá vencer la codicia que regula las actuales relaciones sociales.

Pero una revolución cultural dista años luz de las prácticas rutinarias y burocráticas que han están llevando a la consunción a la izquierda existente.

Hace 20 años Fidel Castro definió: “Revolución –dijo- es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas…” (1)

Sentido del momento histórico en Chile significa apreciar en toda su magnitud el derrumbe de la institucionalidad de la dictadura y el ascenso que la lucha insurreccional de masas experimenta desde octubre del año pasado.

Cambiar todo lo que debe ser cambiado, entretanto, supone afrontar sin temor la etapa desgarradora que significará superar hábitos tradicionales de acción política. La Izquierda tendrá que echar por la borda el lastre de prácticas obsoletas y visiones cortoplacistas que la hacen derivar al oportunismo.

No obstante, la Izquierda de este siglo no surgirá de la nada. Es un instrumento de lucha que permanece en la memoria histórica de los pueblos. La acción rebelde del socialismo volverá a despertar conciencias al refrescar métodos de lucha y formas de organización.

Las ideas revolucionarias de este tiempo tampoco nacerán en terreno yermo. Luchadores sociales que el pasado unieron práctica y teoría, dejaron valiosas lecciones. En América Latina el ideario socialista del siglo XXI, por ejemplo, será fiel a una histórica vocación de unidad y antimperialismo de la Izquierda.

En el plano ideológico urge despejar tabúes y errores como aquel que identifica socialismo con estatismo. Las consignas en ese sentido tienen como efecto mostrar a la Izquierda como destinada al fracaso del “socialismo real” del siglo pasado. Tamaña tergiversación corta las alas a la creatividad propia del socialismo que promueve el pleno desarrollo de las capacidades humanas y de las fuerzas productivas.

El socialismo en tiempos de la inteligencia artificial y las tecnologías 5G, tendrá características distintas a la época del telégrafo y la locomotora a vapor. Pero su motor será siempre la acción concertada de las masas. Hoy su misión consiste en liberar a “esos zombis que vagan por las calles con la cara pegada a sus teléfonos inteligentes” (2).

La nueva sociedad la construirán millones de iniciativas. El poder del pueblo alcanzará así toda la dimensión de su fuerza transformadora.

En tiempos de hambre y pandemia bajo dominio del cambio climático que amenaza al planeta, el socialismo se constituye como esperanza cierta de la Humanidad. El centenario “socialismo o barbarie” de Rosa Luxemburgo adquiere inusitada actualidad. Suponer que la desesperación que provocan la miseria y el hambre producirá el cambio social, es una hipótesis castradora de la iniciativa de los pueblos. La ausencia de una Izquierda socialista que organice la lucha –como lo demuestra la experiencia histórica- franquea la vía al fascismo y los falsos mesías.

En Chile estamos muy atrasados en el trabajo por “aggiornar” la Izquierda a la nueva época. Pero ha sonado la hora de echar las bases de una Izquierda con personalidad propia y “sentido del momento histórico”.

(1) Discurso en la Plaza de la Revolución, La Habana, 1 de mayo del 2000.

(2) Yuval Noah Harari, “21 lecciones para el siglo XXI”, pág. 293.

Frena la Curva Chile: ¡Aún Estamos a Tiempo!

Es tiempo que los datos y códigos abiertos tomen protagonismo. Es tiempo de proyectar herramientas digitales para que voluntarios se puedan organizar en tiempo real en torno a las diversas necesidades y desafíos que surgen desde el territorio. La gran tarea es utilizar los datos para la inteligencia territorial, estimulando la colaboración cívica.

Los casos iniciales de Italia y España, a los que se suman EE.UU. e Inglaterra, evidencian que uno de los grupos más afectados es la Tercera Edad, población en riesgo, imposibilitada de comprar -por ejemplo- sus medicamentos. Esta necesidad en Chile puede ser subsanada con la ayuda de plataformas que georeferencian esa carencia para que voluntarios puedan ayudar de manera inmediata. Prevenir este tipo de situaciones puede ayudar a salvar muchas vidas.

La iniciativa Frena la Curva Chile se apoya en una alianza entre diversos agentes de cambio públicos y privados, entre los cuales está Fundación Abriendo Datos, Hogar de Cristo, Acción Solidaria, Diversifica, Siembra Cambio, Clineduca, Espacio Cívico Araucanía Hub, Educolab, Grupo Recrea, entre otros. Esta plataforma reúne las acciones ciudadanas a nivel nacional frente al coronavirus y contribuye a frenar la curva de contagios, en colaboración con 18 países de la red internacional Frena la Curva.

Frena la Curva Chile, busca identificar necesidades del territorio nacional ante la pandemia, y colectivamente, mediante participación e innovación ciudadana.

Estar en cuarenta y en la grandes ciudades puede potenciar la desconexión entre vecinos, debido al miedo al contagio. El miedo nos paraliza y no nos deja ver con claridad barreras que pueden ser superadas con más comunidad, siendo audaces en la utilización del ecosistema digital. Permitir que la ciudadanía sea parte activa de la resolución de problemas en sus comunidades será clave para una sociedad post Covid.

Más allá de las encuestas, lo que ocurrió en la Teletón el pasado 3 y 4 de abril, demuestra que existe una pronunciada ayuda ciudadana, que no discrimina en perfiles y edades, queriendo ayudar en los márgenes de sus posibilidades. Esta energía ciudadana es vital para la colaboración y confianza entre las personas en un escenario de pandemia y temor.

Aún estamos a tiempo de diseñar plataformas digitales que permitan generar colaboración a personas, empresas, organizaciones sociales y gobiernos para enfrentar los terribles efectos del Covid19. Con el objetivo de canalizar la energía social, la resiliencia cívica y la innovación social para co-crear desde la sociedad civil una respuesta sensata, más coordinada y cohesionada, complementaria a la respuesta del Estado y así juntos frenar la curva de contagios.

Los invitamos a sumarse a Frena la Curva una iniciativa de las personas para las personas.

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Recuerdos de Otros Días.: Acerca del Libro “De Memoria” de Arinda Ojeda

Entre la protesta social de octubre y la pandemia del Covid-19 desatada oficialmente en marzo se lanzó en la Casa de Memoria José Domingo Cañas de Santiago, el libro “De memoria: Entre arpilleras y carbón de piedra” de Arinda Ojeda Aravena. Había esperado largamente esta publicación desde que leí una versión previa e inédita el 2003, cuando fui hasta Concepción a conversar con ella para la tesis de magíster que luego se convirtió en el libro Mujeres en Rojo y Negro, donde ella es una de las protagonistas.

En adelante realicé muchas otras entrevistas, y he leído casi todo lo que se ha publicado sobre mujeres que militaron en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR de Chile, especialmente lo testimonial. Aún así, hasta hoy continúo citando extractos de ese manuscrito impreso que leí en pocas horas una tarde de enero con ese viento penquista y antes de ver juntas Matrix, descubriendo gustos comunes que nos reconectaron luego de años de no vernos.

La versión editada por Victorina Press recién este año, es -por supuesto- más depurada que el manuscrito que leí. Y, al mismo tiempo, mantiene la frescura que me llevó a terminar furiosa el relato en pocas horas.

Arinda, fue militante del MIR y en el mismo periodo fue madre, vivió el exilio en Italia y el retorno clandestino a Chile en plena dictadura. Fue detenida y estuvo encarcelada entre 1981 y 1989, lapso al que se acota principalmente este texto de memorias personales y políticas, con flash backs que retornan intercaladamente al día del Golpe, la vida en Cuba, la clandestinidad.

El libro tiene la particularidad de relatar una vida especialmente transgresora sin condescendencias, desde un lugar crítico que evidencia la tensión entre la militancia, la madre, la escritora, la mujer. Posiciones en tensión en tanto no eran las que se esperaban para su devenir, ni roles que tuvieran conjuntamente la mayoría de sus congéneres.

Al mismo tiempo, es una reconstrucción de memorias que ostenta la belleza de la buena escritura, esa que atrapa y te hace ver imágenes de lo narrado, esa que no solo seduce por lo que dice sino por cómo lo hace. Y es que Arinda no es neófita en la escritura. Estando prisionera en la cárcel de Coronel, región del Biobío, publicó su poemario “Mi rebeldía es vivir” en 1988, y años más tarde, en 1993, “Cristal de Luna negra”. La han incluido en numerosas antologías, y ha sido publicada y leída más allá de las fronteras nacionales. Y se nota.

De memoria trata acerca de los recuerdos de Arinda sobre su propia experiencia, y es también un relato coral de esas otras vidas que se cruzaron con la de ella, sobre todo las de sus compañeras de prisión del COF (Centro de Orientación Femenina) y Coronel.

La precaria clandestinidad de la militancia profesional, los amores interrumpidos por el compromiso político. Las conversaciones en Cuba con Lucía Vergara, la Piti -también del MIR y asesinada en 1981 en lo que se conoce como “Fuenteovejuna”- sobre esta manera extraña en la que estaban siendo madres, los dolores de lo que dejó para continuar su militancia. Los enfrentamientos con las monjas del COF por hacer la cotidianidad más digna y la estufa a carbón lograda en Coronel. Los lazos de amor entre mujeres, sus compañeras de prisión, tejidos al calor de largas horas de convivencia, tras las que pudieron adivinar a la otra incluso por el sonido que hacía al cepillarse los dientes.

La autora no recrea el testimonio de una víctima inmóvil sacudida por las fuerzas del destino, sino que reivindica su agencia y la capacidad de elegir, incluso cuando esto le implicó dolor o pérdidas. Tampoco es la historia de una heroína implacable y sin fisuras, con la certeza de estar siempre en lo correcto. Son los detalles, no siempre son incluidos en este tipo de memorias, los que le dan a este texto los matices de la humanidad y la perspectiva del paso del tiempo. El cariño por Hugo, preso común que cumplía condena por asesinar a su esposa, quien siempre las ayudó incondicionalmente en Coronel. Las risas de la cárcel y la vida cotidiana con sus compañeras, que salían una a una mientras Arinda continuaba esperando su libertad. Los días de esos largos años resumidos en pocas hojas y una selección de recuerdos para compartir.

En tiempos de protesta social y repunte feminista, este libro llega oportunamente. Porque nada de lo que hoy tenemos y pensamos, ninguna de las que nos nombramos feminista sin reparos, o exigimos dignidad en las calles, seríamos las que somos sin estas historias previas, sin experiencias como las de Arinda que nos han ensanchado las fronteras de lo posible. Podemos o no conocerlas, pero es evidente que nos abrieron caminos a quienes hoy reivindicamos la necesidad de una vida mejor, más digna, y libre, con igualdad y a la vez reconocimiento de las particularidades e identidades y roles que nos cruzan, aprisionan y a la vez nos posibilitan tomar posición.

Conocer la historia de Arinda es acercarse a la historia de muchas, y entender que la excepcionalidad a veces es más cotidiana y cercana de lo que creemos. La pluma de esta escritora es un extra que facilita la tarea, pudiendo leerse como ficción los recuerdos de un tiempo que -más que nunca- se actualiza con el presente, y nos permite reflexionar sobre cuestiones todavía pendientes respecto del futuro que estamos construyendo a golpes, porrazos y esperanzas.

No Hay Tiempo para Errores: Se Anticipan 100 Muertos Diarios

Cuando el fantasma de otra protesta social se hizo carne en El Bosque, La Pintana  y Cerrillos, por nombrar sólo algunos ejemplos, donde pobladores salieron a las calles a gritar su desesperación en plena cuarentena, atemorizando así a la derecha y obligando al gobierno a salir acelerada y atolondradamente con una medida para sortear el hambre que ya se enseñorea en los sectores más pobres de Santiago, el coronavirus sigue su marcha ascendente con prisa y sin pausa. Ya hay quienes anticipan 100 muertes diarias en pocos días más.

Frente a esta realidad, el gobierno trata por todos los medios de acertar en las medidas que toma, pero como ha ocurrido durante todo este malhadado proceso, una y otra vez yerra o llega tarde. Para muestra un botón: el ex presidente del Banco Central, José de Gregorio opinó que «no puede ser que uno declara una cuarentena sin haber tenido dos semanas antes el plan para la cuarentena, y por lo menos, visto todo el tema de proveer alimentos rápidos». «Resulta que a fines de mayo le va a llegar a la gente el bono covid”. Y respecto a la entrega de más de dos millones y medio de cajas con alimentos para que chilenos y chilenas respeten la cuarentena, de Gregorio opinó: «Yo hubiera entregado un bono más significativo 20 días antes de que esto pasara». Una crítica que se repite en distintos ámbitos.

Propuestas y más propuestas

Lo agudo de la crisis sanitaria se entrelaza con la política y la economía. Las críticas también se cruzan. Algunas, casi hilarantes. Sólo por citar un ejemplo, el ex ministro de la dictadura, Hernán Büchi afirma que “existe un sector político que percibe que existe una oportunidad para precipitar el fin de lo que estiman un modelo injusto de sociedad. No tienen más propuestas que las mismas utopías ya fracasadas, pero la posibilidad de alcanzar el poder los embarga”.

Frente a afirmaciones de este tenor, surge la propuesta de economistas variopintos convocados por la presidenta del Colegio Médico que aseguran que Chile tiene espacio para endeudarse y poder gastar más. El documento titulado “Política Fiscal y Apoyo a las Familias en la Pandemia” fue entregado a la Mesa Social Covid-19, que encabeza el ministro del Interior Gonzalo Blumel. El grupo está integrado por el ex presidente del Banco Central, José de Gregorio; el ex ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, además de los economistas Sebastián Edwards, Claudia Martínez, Andrea Repetto y Claudia Sanhueza.

Entre las propuestas, plantean que se utilice el saldo del Fondo de Estabilización Económico y Social (FEES) a fines de marzo -US$ 12 mil millones o 5% del PIB- como referencia de gastos adicionales para los próximos 18 meses. Calculan que se podría gastar, cada mes y en promedio, US$ 670 millones por encima de lo ya comprometido para financiar paquetes de ayuda importantes a las familias.

La presidenta del Colegio Médico, doctora Izkia Siches valoró la propuesta, señalando que “es muy relevante que el Estado llegue a apoyar a quienes lo necesiten, para que puedan cumplir las cuarentenas y conseguir el efecto que se espera de ellas, que es evitar una mayor propagación del virus y el consecuente colapso de nuestra red asistencial”.

En realidad, propuestas abundan. Sólo que, hasta ahora, el Presidente no las ha escuchado. Ahí están los reclamos del Colegio Médico, de las Sociedades Científicas y de los propios partidos políticos. Respecto a la entrega de cajas de alimentos, quienes saben de números señalan que al menos se podrían demorar tres meses hasta entregar la última de las cajas. Y que cuando ello ocurra, quienes recibieron en primer lugar, no se sabe en qué condiciones estarían.

La Convergencia Progresista, conformada por el PS, PPD y PR propone dos alternativas a explorar para ir en ayuda de quienes cada día reclaman urgente ayuda del Estado: transferir fondos adicionales directamente a las familias de las personas vulnerables en cuarentena para que no tengan que salir a buscar el sustento diario o bien un programa de vales de alimentos o food stamps consistente en transferencias electrónicas a beneficiarios de bajos ingresos o sin ingresos, de montos que se depositan en tarjetas para adquirir alimentos en supermercados o almacenes participantes del programa.

Poco antes, los presidentes de los partidos de la oposición valoraron el cambio de tono que advirtieron en el Presidente Sebastián Piñera y su llamado a la unidad, pero señalaron que, para lograrlo, es necesario que incluya la visión y propuestas realizadas desde la centroizquierda. El presidente del PR, Carlos Maldonado, manifestó que «la unidad se construye con hechos, no con palabras. Hasta ahora, hemos visto siempre, incluso en la pandemia, un Gobierno que no escucha, que no cede, que no integra visiones distintas a la suya».

El presidente de la DC, Fuad Chahín, señaló por su parte que «no puede pretender el Presidente que el rol de la oposición sea allanarse pura y simplemente a las iniciativas que presenta». «Creo que una vez más dejó pasar una oportunidad para poder dejar de ser jefe de Gobierno y transformarse verdaderamente en jefe de Estado… aquí también hay propuestas, hay ideas, hay dirigentes locales que nos plantean cuáles son sus necesidades, alcaldes, concejales, tenemos expertos, economistas, sanitarios y queremos ponerlos a disposición del país, porque es muy importante que todas las visiones puedan aportar a una solución compartida”.

Por su parte el presidente del PS, Álvaro Elizalde, aseguró que «ha habido errores graves en estas semanas, pero mantendremos nuestra voluntad constructiva para superar la emergencia sanitaria. Esperamos que las medidas tanto sanitarias como sociales sean acordadas con mayor participación. La oposición -agregó- debe ser constructiva, pero el Gobierno debe empezar a escuchar… No podemos dejar de alertar la completa insuficiencia de las medidas sociales. Es un hecho que el Ingreso Familiar de Emergencia deja a muchas familias bajo la línea de pobreza e incluso en muchos casos bajo la línea de indigencia», añadió.

El presidente del PPD, Heraldo Muñoz valoró las medidas anunciadas por el Presidente, aunque -dijo- “ellas son muy dispares. Es positivo que se establezca una red no-bancaria para apoyar a las pymes, pero es muy vago eso de fortalecer hoteles sanitarios que, de hecho, están subutilizados».

La semana peligrosa

Según los expertos, ahora se inicia la semana más peligrosa para Chile, donde ya la pandemia ha dejado una estela de contagios y muertes en el paísparticularmente en la capital, llegando a casi 70 mil personas infectadas y más de 700 víctimas fatales.

De hecho, el Centro de Estudios Espacio Público, entidad que ha discrepado de la forma en que el Ministerio de Salud ha manejado la crisis sanitaria- pronosticó un aumento tenebroso de los fallecimientos por coronavirus: el triple de lo que a diario se ha informado en los últimos días. «Por tercer día consecutivo el número de nuevos casos reportados rozó o superó los 4000. A su vez, el número de fallecimientos este sábado y el domingo fue de 45 y 41, respectivamente», señala el informe elaborado por Camila Arroyo, Eduardo Engel, Diego Pardow, Andrea Repetto y Pablo Simonetti, refiriéndose al 22 y 23 de mayo. «El promedio móvil 13 días atrás (se suman los siete días de la semana centrada en el día en cuestión) es de 1386 contagios. Como el número de días promedio desde diagnóstico a fallecimiento es de aproximadamente 13, por simple regla de tres, estas cifras indican que el número de fallecimientos que anuncian las cifras de los últimos días podría llegar a triplicarse a comienzos de junio, resultando en varias jornadas con 120 fallecimientos o más», asegura el estudio.

Si a ello se suma el estudio de la Universidad del Desarrollo que señala que los contagiados por Covid-19 en la Región Metropolitana serian 7,6 veces más que los detectados hasta ahora, es cuestión de multiplicar para visualizar realmente el sombrío y aterrador panorama por el que se transita.

Según el Ministerio de Salud, hasta ahora hay detectados aproximadamente 6 mil 500 personas asintomáticas. Pero, de acuerdo al estudio de la Facultad de Medicina y de Gobierno de la ya mencionada universidad, realizado a una muestra probabilística de 600 viviendas y un total de 1.867 personas de 13 comunas: Conchalí, Las Condes, Macul, Lo Barnechea, Ñuñoa, Vitacura, Santiago, San Miguel, La Florida, Peñalolén Providencia, San Joaquín y Recoleta, estas personas serían más. Bastante más. A los consultados se les aplicó una ´pequeña encuesta y la toma de una muestra de sangre para un test de detección de anticuerpos de Covid-19. Los resultados de 446 exámenes indicaron que el 2,9 por ciento de los testeados se habían contagiado, lo que significa que, en la Región Metropolitana, hasta el 15 de mayo, más de 100 mil personas podrían haber tenido la enfermedad, es decir, 7,6 veces más que las 13 mil 257 reportadas oficialmente por el Minsal. Aún falta por terminar el estudio, pero de acuerdo a los académicos participantes, probablemente los resultados en la Región Metropolitana serán semejantes. Lo que quiere decir que la cifra real de contagiados podría llegar a cerca de 400 mil.

“No hay margen para equivocarse”

No es casualidad entonces, la angustia y preocupación de la clase política -gobierno incluido- organizaciones sociales, instituciones científicas, académicos e investigadores. Cada una de ellas con su impronta. Porque tampoco es casualidad que el Ejecutivo haga una y otra vez llamados a la calma y tome medidas que en opinión del dirigente socialista Camilo Escalona responden por ejemplo a la protesta social que comenzó en la comuna de El Bosque y le obligó a una presurosa entrega de “cajas” de alimentos, en un procedimiento completamente oscuro, abusando del poder y de las facultades presidenciales en materia de gasto público.

Y tampoco es casualidad lo que editorializó La Tercera, reveladora del grado de preocupación de los grupos económicos y de su descontento con el actuar del gobierno: “El temido momento en que el coronavirus amenaza con desestabilizar la salud, la economía y convivencia social ya está con nosotros. Atrás quedaron las certezas de que Chile estaba preparado para cualquier eventualidad. Hoy sabemos que, como pasó en muchos países del mundo, nadie está suficientemente bien preparado para contener este virus. Y cuando las naciones se acercan al peak de la enfermedad, todo se ve superado o, en el mejor de los casos, se estresa a tal nivel que no hay margen para equivocarse, en especial cuando la autoridad de Salud ha comprometido que el país no se verá enfrentado al temido dilema de la “última cama”.

Y sigue el editorial: “el sistema de salud presenta los síntomas claros de estar a punto de ser superado en términos de los requerimientos. Las camas críticas están al borde del colapso, llegando a un nivel de ocupación de 97% en el caso de la Región Metropolitana. Lo mismo sucede con los médicos y enfermeras, donde ya se cuentan más de dos mil profesionales de la salud que han sido contagiados. Los esfuerzos públicos y privados por aumentar la oferta de salud son muy valorables, pero hasta ahora no permiten sacar al sistema del nivel de vulnerabilidad en que se encuentra. Por eso, su uso eficaz se hace más imperativo que nunca. Hay que tener presente que la baja tasa de mortalidad que Chile ostenta hasta ahora se debe en gran medida al buen funcionamiento del sistema de salud. Por ende, intentar mantenerlo en esas condiciones en fundamental”.

Dos Años del Mayo Feminista: Recuerdos, Logros, Interrogantes y Pendientes

Los dos años del “Mayo Feminista” en Chile se cumplen en medio de una crisis sanitaria y económica que nos lleva a recordar más que nunca el lema de ese mayo de 2018 “contra la precarización de la vida de las mujeres”, y es que la pandemia de Covid-19 ha venido precisamente a agudizar la precariedad de muchas.

Temas como los trabajos no remunerados e informales, las labores de cuidado, el uso del tiempo, que han sido históricamente problematizados por el feminismo, hoy se instalan con más fuerza en la agenda pública porque la pandemia ha permitido visibilizar las desigualdades estructurales que afectan a las mujeres y niñas en su diversidad, así como las discriminaciones específicas que viven las disidencias, las mujeres pobres, las mayores, rurales, con discapacidad, las que están privadas de libertad, en situación de calle, migrantes, refugiadas, de pueblos originarios, trabajadoras sexuales, entre otros grupos.

A lo largo de la historia, los movimientos feministas en Chile y el mundo han denunciado las múltiples y diversas violencias que enfrentan las mujeres y disidencias durante todo su ciclo de vida. En Mayo de 2018, con emblemáticas tomas, las estudiantes de las universidades chilenas de norte a sur del país, levantaron un movimiento contra el acoso y el abuso sexual, temas que fueron silenciados durante décadas. Demandaron también el fin de las discriminaciones hacia las mujeres y comunidad LGBTIQ+, terminar con la cultura machista instaurada en las casas de estudios y exigieron una educación no sexista y feminista. Las demandas se multiplicaron en las calles, que fueron el escenario de multitudinarias marchas.

Académicas de distintas universidades compartieron con Página 19 sus reflexiones sobre el “Mayo Feminista”. Ximena Briceño Olivera, académica de la Universidad de la Frontera, señala desde la Región de La Araucanía, que este proceso fue el primer paso para la democratización efectiva de los espacios universitarios, gracias al cual se instaura una cultura tri-estamental horizontal y democrática y donde destaca la creación de una Dirección de Equidad de Género.

Para Carolina González, directora del Centro de Estudios de Género y Cultura en América Latina de la Universidad de Chile, la universidad no se puede pensar más sin los desafíos planteados en las movilizaciones feministas estudiantiles de mayo 2018. “El llamado Mayo Feminista evidenció que deseamos una universidad donde el modelo masculino de liderazgo se acabe junto con las divisiones estamentales, reflotando la necesidad de la tri-estamentalidad, lo que aún parece lejos, mientras continúan cerca los ecos de las asambleas tri-estamentales de mujeres”, plantea en su texto.

Tamara Vidaurrazaga Aránguiz, académica de la Escuela de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, valora el Mayo Feminista como un nuevo hito en más de un siglo de luchas de los feminismos, que trae consigo nuevas discusiones: ¿Siempre es acoso o a veces hay deseo o desatino? Te creo amiga porque eres mujer y entonces ¿La mujer existe, y es esencialmente buena y sincera siempre? ¿Te funo porque puedo, porque las redes sociales lo aguantan, porque nadie me pregunta de dónde salió la información cien veces replicada? ¿Los funados son todos iguales porque nacieron machos, no importa si tiene 14 y es compañero de curso, o si tienen 50 y es el director de la carrera y una vida entera de cometer los mismos abusos?”, pero añade- de igual forma renueva viejas interrogantes:¿Las trans son mujeres, y entonces pueden ser feministas? ¿los gay caben en nuestra marcha, el feminismo es solo de mujeres? Y entonces ¿qué es ser mujer si partimos de la noción que la mujer no existe, sino que se construye, como bien dijo Simone en los años 50?, pregunta.

Desde el norte, las académicas feministas del Departamento de Trabajo Social de la Universidad de Atacama, Cory Duarte Hidalgo y Viviana Rodríguez Venegas, nos comparten una visión crítica tras estos años en los que -opinan- la demanda de una educación no sexista logró avanzar muy poco, las mallas curriculares de las carreras de educación superior aún no contemplan modificaciones para alejar de ellas la mirada androcéntrica y conservadora del conocimiento, escaso es el avance en la implementación de un lenguaje inclusivo, y menos aún en la formación de los cuerpos docentes en estas materias”.

Duarte y Rodríguez denuncian que esta realidad se complejiza todavía más en el actual marco de pandemia, que ha masificado a la fuerza un sistema de teletrabajo que carece de enfoque de género: “Se parte de la base de que quien trabaja y estudia es un sujeto desgenerizado, que produce en soledad, que no ejerce cuidados y que cuenta con la formación y todas las bondades del sistema digital capitalista. Nada más lejos de nuestra realidad. La conciliación familia/trabajo es un ideal que no es posible para muchas de las mujeres en la academia, ni para gran parte de las estudiantes que deben conectarse en entornos virtuales, para formarse profesionalmente en el contexto de una crisis y pandemia mundial.

Por su parte, la activista de la Agrupación Lésbica Rompiendo el Silencio, Javiera Court Arrau, cree que uno de los impactos positivos del Mayo de 2018 “fue que la lucha lesbofeminista encontró un lugar donde hay sororidad, apoyo y visibilidad.

Court nos dice que para este mayo de 2020 imaginábamos un escenario distinto, sin una pandemia que nos mantuviera encerradas en nuestras casas y con una crisis económica que sin duda tiene a muchas compañeras pasando hambre. Pero rápidamente recuerda que algo cambió en mayo del 2018: Hoy, cientos de articulaciones feministas están conectadas y tratando de hacer algo por las más vulnerables. Hoy, muchísimas más mujeres se han convencido que somos equipo y no rivales, se han articulado todo tipo de redes y nos encontramos menos solas”. 

Te invitamos a leer estas columnas en la conmemoración de Página 19 del Mayo Feminista chileno.

Desde el Oasis Donde Florece el Desierto: Una Mirada Crítica a Dos Años del Mayo Feminista

El día 17 de abril de 2018, en Valdivia, estudiantes de la Universidad Austral se movilizaron a través de una toma solicitando medidas concretas para que la autoridad accionase ante las numerosas denuncias de acoso y abuso sexual. A la Universidad Austral no le era ajeno el tema, en 2016 implementó un protocolo de acción para enfrentar las denuncias, las cuales, según los medios que cubrieron las tomas, cada año se generaban en un número no inferior a 100. Sin embargo, y de acuerdo con las lógicas centralizadas de nuestro país, el tema no generó interés hasta la toma de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile (30 de abril), lo que desencadenó una serie de movilizaciones a lo largo del país.

El Mayo Feminista inició con gran parte de las instituciones de educación superior y algunos liceos, en toma. El momento cúlmine de la movilización fue el llamado de la CONFECH y organizaciones feministas a una movilización en todo el territorio nacional con la consigna “Por una educación no sexista”. La movilización de mayo fue tan significativa que incluso se produjo la toma de la casa central de la Universidad Católica, ocasión histórica, pues el recinto no había sido ocupado para reclamo de las demandas estudiantiles desde los últimos años de la dictadura. En Atacama, la Asamblea de Mujeres y Disidencias Sexuales resolvió tomar las primeras dependencias de la Universidad en la tercera semana de mayo. Paralelamente, se organizó una mesa de trabajo triestamental para la generación de propuestas comunes.

A nivel nacional, las universidades se tiñeron de morado, aflorando las asambleas autoconvocadas, talleres y escuelas feministas, en las que se construyeron petitorios colectivos, pero por sobre todo, se habló, discutió y se hizo catarsis sobre una serie de situaciones que mujeres y disidencias sexuales vivían y sufrían al interior de dichas instituciones. La movilización fue un acto de defensa y cuidado colectivo frente a la desprotección ante los abusos. Se tuvo, en esos días, la sensación de hacer historia, de marcar un antes y un después en las formas en que se relacionan los distintos estamentos en las universidades. Las universidades accedieron a levantar diagnósticos y protocolos, a actuar frente a la injusticia, a poner celeridad a los procesos y a construir, de forma institucional, las bases para una educación no sexista.

En la calle, la movilización de les estudiantes significó un punto crítico para una sociedad que, a pesar de los avances, aún no lograba incorporar las demandas feministas como propias. De alguna forma, la apertura de los temas sobre abuso y acoso sexual en las universidades permitió que se comenzara a hablar en todos los espacios y de todas las formas, sobre las diversas violencias cotidianas que vivimos las mujeres y disidencias. Y por sobre todo, la movilización universitaria implicó que la reflexión y teoría feminista, que durante décadas se mantuvo en un espacio subalternizado del conocimiento, de pronto fue de interés público y se abría a borbotones tanto en los pasillos de las universidades como en los hogares y en la calle. Nunca, como en ese mayo, hubo tanto interés sobre qué decían, planteaban y afirmaban los feminismos.

Pensamos que la movilización había logrado politizar la enseñanza, potenciando una verdadera educación no sexista, combatiendo las esquinas más oscuras y había generado mecanismos y dispositivos de protección a las víctimas y denunciantes. Y si bien esto último es la gran ganancia de la movilización, aún falta mucho camino por recorrer en estos asuntos, los que siguen siendo grandes desafíos para quienes creemos que estas transformaciones deben y tienen que desarrollarse tanto en nuestros espacios universitarios como en la sociedad en general.

Sin embargo, volvimos a constatar que las estructuras patriarcales de la violencia son una tónica al interior de las universidades. El proteccionismo, la lentitud de los procesos e investigaciones sumarias, no han logrado proteger como es debido a quienes siguen viviendo situaciones de acoso y abuso, tanto es así, que observamos con preocupación el aumento de funas por internet, pues los mecanismos definidos son engorrosos y no entregan respuestas certeras, generando las mismas inseguridades y desprotecciones hacia mujeres y disidencias sexuales.

Hoy en día, siguen existiendo seminarios y formaciones en las que, habiendo especialistas en la materia, las mujeres no participamos. A nadie parece sorprender que la educación en entornos virtuales no solo ha despersonalizado los procesos de enseñanza aprendizaje, sino también, y como lo han expresado numerosas teóricas e investigadoras, no cuenta con enfoque de género. Se parte de la base de que quien trabaja y estudia es un sujeto desgenerizado, que produce en soledad, que no ejerce cuidados y que cuenta con la formación y todas las bondades del sistema digital capitalista. Nada más lejos de nuestra realidad. La conciliación familia/trabajo es un ideal que no es posible para muchas de las mujeres en la academia, ni para gran parte de las estudiantes que deben conectarse en entornos virtuales, para formarse profesionalmente en el contexto de una crisis y pandemia mundial.

Sumado a lo anterior, la demanda de una educación no sexista logró avanzar muy poco, las mallas curriculares de las carreras de educación superior aún no contemplan modificaciones para alejar de ellas la mirada androcéntrica y conservadora del conocimiento, escaso es el avance en la implementación de un lenguaje inclusivo, y menos aún en la formación de los cuerpos docentes en estas materias. Las Direcciones de Género, o las unidades creadas para este fin, cuentan con un presupuesto muy acotado para generar acciones que permitan enmendar estos asuntos, ello denota que la integración de la perspectiva de género no es considerada prioridad para las instituciones de educación superior. Es difícil pensar en que se pueda generar un cambio en el sistema educativo. Sin embargo, las esperanzas siguen puestas en las modificaciones estatutarias que hagan las instituciones, en el marco de la recientemente aprobada Ley de Educación Superior, abriendo espacio a un ejercicio democrático que incluya mecanismos paritarios que permitan no solo la igualdad de oportunidades, sino también avanzar en una educación no sexista, punto que creemos, debe ser incorporado en los sistemas de evaluación de la calidad de la educación.

A nivel regional, la fuerza del movimiento de mayo en Atacama permitió la emergencia de nuevas orgánicas feministas, volcadas a las especificidades territoriales y comunitarias, con renovadas ideas y formas de hacer y pensar los feminismos, los que se basan en discursos y prácticas políticas contra el capitalismo, el patriarcado y el extractivismo, tan propios de los contextos mineros. Además, hemos sido testigos y partícipes de la rabia, coraje y rebeldía con la que han exigido justicia frente a los feminicidios y desapariciones de mujeres en el último año, por medio de organización y sororidad feminista, armando redes de apoyo y acciones concretas para enfrentar la precarización de la vida y la violencia.

En fin, el Mayo Feminista cambió la historia a nivel regional y nacional, nos puso en agenda y agencia, visibilizando la situación y condición de las mujeres y disidencias sexuales en Chile y en especial en las universidades. Confiamos, como nunca antes, en las organizaciones de mujeres en la academia, en las colectivas y espacios de discusión feminista y disidencias sexuales, en las articulaciones y redes feministas regionales y nacionales, todas aquellas que puedan generar los cambios necesarios para asegurar comunidades educativas seguras para todes, en el que se tejan comunidades de resistencia que acuerpen los avances y que permitan con fuerza y esperanza combatir las experiencias cotidianas de la violencia patriarcal.

Mayo Feminista

Hace ya dos años que en Chile se vivió el comienzo de la llamada “tercera ola feminista”. Una vez más, las estudiantes de nuestro país serían protagonistas de un hecho histórico. Las tomas feministas comenzaron en Valdivia. Las alumnas de la Antropología de la UACH se aburrieron de que sus denuncias de abuso y acoso en las aulas fueran ignoradas por las autoridades de la institución. Así que, resueltas, se tomaron la Facultad de Filosofía y Humanidades.

Este era un problema que existía ya hace muchos años, por eso desde el 8M de ese 2018, mujeres y disidencias se sentían más empoderadas para reclamar lo que parecía mínimo: acabar con la violencia y el acoso, además de pedir una educación no sexista. Las valientes estudiantes de la región de Los Ríosjamás pensaron que semanas después serían más de 15 las universidades en toma.

Llegué a vivir a Valdivia unas cuantas semanas antes. El día que llegamos, salí a pasear al centro y había un pequeño, pero insistente grupo en la plaza principal de la ciudad reclamando por el cuidado de los humedales y juntando firmas. La semana siguiente otro grupo organizado pedía frente a la gobernación que no se hicieran estacionamientos subterráneos en la plaza. Era de esperarse que aquella ciudad, pequeña, pero llena de conciencia, diera el puntapié inicial para lo que después de la multitudinaria marcha del 16 de Mayo, se conociese como el “Mayo Feminista”.

Pero la Ola Feminista no solo se orquestaba en Chile, a nivel mundial movimientos como el “Me Too” o “Ni una menos” llevaban un tiempo tratando de generar conciencia y desconstruir el patriarcado. Un hito importante de aquel mayo del 2018 fue quitarle la connotación negativa que tenía ser feminista.

Como mujer y lesbiana, una vive una doble discriminación. Y es también doble nuestro activismo, o al menos el mío. Conocido es el dicho que dice que “en la diversidad sexual las lesbianas van primero solo en la sigla (LGBTIQ+). Históricamente el placer femenino fue invisibilizado y con eso, la homosexualidad en la imagen colectiva se trató siempre de hombres gays. He ahí la importancia de incluir separado la LESBOFOBIA en fechas como el IDAHOT el pasado 17 de Mayo. Ser lesbiana ya es una rebelión contra el cis-heteropatriarcado y por lo mismo, creo que otro de los impactos positivos de aquel Mayo fue que la lucha lesbofeminista encontró un lugar donde hay sororidad, apoyo y visibilidad.

Este mayo no habrá una marcha que nos recuerde que pasaron dos años del comienzo de esta nueva ola. Luego del 8M del 2020, todas nos imaginamos un escenario distinto, sin una pandemia que nos mantuviera encerradas en nuestras casas y con una crisis económica que sin duda tiene a muchas compañeras pasando hambre. Pero algo cambió en ese mayo del 2018.

Hoy, cientos de articulaciones feministas están conectadas y tratando de hacer algo por las más vulnerables. Hoy, muchísimas más mujeres se han convencido que somos equipo y no rivales, se han articulado todo tipo de redes y nos encontramos menos solas.

El problema no está resuelto. Las cifras de contagios y fallecidos solo va en aumento. El incremento de violencia intrafamiliar es preocupante,    precisamente en estos días, encontraron a una mujer muerta dentro de una bolsa en Iquique. Nos siguen matando. No podemos quedarnos de brazos cruzados esperando que el gobierno reaccione. Ya ha dado muestras claras de cuales son sus prioridades. Pero nosotras también tenemos las nuestras. Y las organizaciones y redes feministas a lo largo de Chile no han dejado de buscar la forma de cómo ayudarnos las unas a las otras en estos momentos. Ese es el otro gran legado del Mayo Feminista.

De la Excepción a la Masividad, Secuelas del Mayo Feminista


Sin duda, la explosión del Mayo Feminista del 2018 cambió el curso de los acontecimientos
. Lo que vino después está ya teñido por esta sospecha y crítica ante lo “normal”, aquello que era motivo de risa o cuestiones que parecían indiscutibles. La noción de que el sexismo y el modelo patriarcal podían leerse en cada expresión cultural, en cada acto social, en las palabras cotidianas, dejó de ser locura de unas pocas “exageradas”, y comenzó a ser parte del habla de muchas.

En las clases ya no podemos hablar de la primera y segunda ola, o de los silencios feministas propuestos por Julieta Kirkwood, sin preguntarnos por esta tercera ola, esta movilización que -antes y después- tuvo hitos y produjo cambios, irrumpió en los escenarios públicos, y cuestionó lo íntimo, traduciendo la noción de “Lo personal es político” al debate de cuestiones tan concretas como los límites en el trato entre docentes y estudiantado secundario, técnico o universitario; el uso de uniformes diferenciados y la existencia de escuelas y liceos no mixtos, la elaboración de los currículums y la cuestión de qué determina el ser hombre o mujer, o si esta diferencia existe per se o solo funciona para controlarnos arbitrariamente.

Feminista dejó de ser una mala palabra, y eso -a todas luces- es un avance y una ganada en esta pelea que lleva más de un siglo en este país. Feministas dejamos de ser unas pocas, para estar en la descripción de muchas. Dejó de describir a un estereotipo, porque nos volvimos tantas y tan diferentes, que ya no hay cómo categorizarnos sin caer en el ridículo. Feminista se nombró la madre y la abuela, la vendedora callejera, la señora del kiosko. Feministas se nombraron especialmente las estudiantes: universitarias, de institutos técnicos y de liceos o colegios particulares. Feministas otaku, feministas traperas, feministas keypopers. Feministas gamers y furry, feministas indi, aestheticy emo. Incluso algunos feministos que han reabierto la vieja discusión sobre quienes pueden decirse feministas y manifestarse exigiendo cambios en el patriarcado. O como diríamos académicamente: ¿Quién es el sujeto político del feminismo?

¿Podríamos pensar lo que hemos vivido después, sin las preguntas que el Mayo Feminista dejó instaladas fuera de la academia o las generaciones que en los ochenta levantaron esta bandera? ¿Resulta admisible ahora contar un “chiste” sobre violencia en la pareja, sobre una violación y mantener la molestia en silencio? No es que este hito, y lo que sucedió antes y después, cambiara radicalmente la cultura en que vivimos, pero si transformó los límites de lo aceptable en el sentido común, aquello que parece -o no- políticamente correcto de decir y hacer. Y eso, no es menor. Es por esto que las rutinas de Viña del Mar lo incorporaron incluso forzadamente, como Ernesto Belloni evidenciando temor a repetir lo antes mil veces aplaudido.

Al mismo tiempo, el Mayo Feminista implica la emergencia de una nueva generación de feministas, y nuevas feministas de distintas generaciones. Y eso -como siempre- genera tensiones y nuevos debates, o viejas discusiones que se renuevan. Porque las nuevas generaciones suelen irrumpir como si fueran las primeras, como si nunca antes la palabra pronunciada hubiera sido dicha, como si no tuviéramos ya más de un siglo de luchas en el cuerpo colectivo. Una nueva ola feminista, otra ebullición amplia de los cuestionamientos que se hacen desde los feminismos, implica también quiebres con lo anterior, sentir la potencia de estar haciendo algo único y nunca visto, la grandilocuencia de ser las acertadas, la omnipotencia de ser protagónicas en un evento histórico, corriendo apresuradamente para no quedarse abajo del tren.

Nuevas generaciones, de añosos movimientos y perspectivas teórico-políticas, trae siempre la disputa con las generaciones anteriores. Las feministas de los noventa-dos mil mucho más acotadas y exóticas. Las feministas de los ochenta, mezclando lucha por la vida y por la democracia en el país y en la casa. Las feministas de los sesenta-setenta, que incluso sin nombrarse de esa forma, abrieron caminos siendo parte de militancias impensadas, desafiando las normas de lo que puede o no hacer una mujer. Las feministas de los treinta con el MEMCH, inexplicable y reiteradamente olvidadas, cuando podría ser lo único comparable con esta nueva oleada, exigiendo derecho al aborto y ligando demandas de clase con las de sexo y género, cuando todavía vestíamos de largo y no existía la píldora anticonceptiva.

Un nuevo ímpetu feminista nos trae alegría, sin duda, y satisfacción de ser parte de esta cadena histórica. Trae aplausos, admiraciones, impresión ante secundarias que se nombran feministas sin reparos, entre las que se cuentan nuestras hijas. Sorpresa, ante la tranquilidad con que nombran amores antes ocultos, identidades inoportunas, deseos negados. Nos trae fuerza. Y, al mismo tiempo, nuevas sospechas. Porque las nuevas generaciones y nuevas oleadas de movimientos históricos, siempre vienen con demasiadas certezas que el tiempo va mellando. No como falta de convicción, sino como complejidad de las mismas. Todo aparece en blanco y negro. Con los años, las descrestadas, las lecturas y discusiones, las desazones y decepción, aparecen cada vez más matices e interrogantes. Y eso hace parte de estos procesos de transformación, sobre todo cuando quieren ser radicales.

Este nuevo ímpetu y masividad ha traído también discusiones nuevas: ¿Siempre es acoso o a veces hay deseo o desatino? Te creo amiga porque eres mujer y entonces ¿La mujer existe, y es esencialmente buena y sincera siempre? ¿Te funo porque puedo, porque las redes sociales lo aguantan, porque nadie me pregunta de donde salió la información cien veces replicada? ¿Los funados son todos iguales porque nacieron machos, no importa si tiene 14 y es compañero de curso, o si tienen 50 y es el Director de la carrera y una vida entera de cometer los mismos abusos?

También renueva viejas discusiones: ¿las trans son mujeres, y entonces pueden ser feministas? ¿los gay caben en nuestra marcha, el feminismo es solo de mujeres? Y entonces ¿qué es ser mujer si partimos de la noción que la mujer no existe, sino que se construye, como bien dijo Simone en los años 50?

Celebro la llegada del Mayo Feminista, la explosión de pañuelos verdes, la réplica de la performance de Las Tesis en todo el mundo, mi hija adolescente marchando por su cuenta y trayendo nuevas discusiones y preguntas. Sospecho ante la certeza de tener todo claro, porque la claridad siempre es engañosa y nos juega en contra, asumiendo que existe una manera de ser feminista y que es la mía, como si el resto no existiera o valiera igual que yo.

Abrazo este tiempo de jóvenes con colas de caballo en el trasero, de irrupción callejera y rayados feministas en todas las esquinas. Y también enuncio preguntas inoportunas, desacuerdos con lo que se asume obvio, recordando que el feminismo nació para cuestionarnos la vida y sumirnos en la incertidumbre. Que ha sido un movimiento que ha demandado igualdad, reconocimiento y libertad en el más hondo sentido de la palabra, y no en su acepción neoliberal reduccionista.  Que nazcan nuevas feministas, de 2, de 15 o de 60 años. Que la palabra se vuelva un término confuso y difícil de categorizar. Que se pongan los desacuerdos sobre la mesa y -aun así- los próximos 8 de Marzo caminemos juntas y seamos millones. Las de ahora, las de antes y las de siempre.

Mayo Feminista en la Universidad de La Frontera

En tiempos de pandemia, de confinamientos, es bueno pensar y reflexionar cómo afecta ello a los cuerpos de las mujeres, que somos quienes de una u otra forma seguiremos después dando una larga lucha. Nos han precedido miles de mujeres, estuvimos en la post guerra, en los años 40 y 50 con el sufragismo como nuestra principal reivindicación, después nos volvimos trabajadoras y seguimos peleando por derechos laborales, en los años 60 peleamos por nuestros derechos reproductivos y desde el Mayo Feminista se hace patente la lucha por el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, sobre todo un cuerpo libre de violencia.

Muchos críticos de feminismo insistirán en que como nos pusimos muy pesadas desde finales del siglo XIX nos dieron más o menos lo que queríamos; ya teníamos el voto. Nos dirán que nuestras antiguas reivindicaciones ya fueron satisfechas, por lo que cualquier otra que venga debe ser puesta en tela de juicio. Y en esta situación extrema como la pandemia, preguntarán ¿pero qué quieren ahora? A pesar de esas críticas, aquí estamos nuevamente reclamando hoy porque la postura hegemónica considera que el teletrabajo no nos afecta, no se logra percibir cómo las mujeres seguimos sosteniendo el peso del trabajo doméstico y además, que el confinamiento nos hace vulnerables a situaciones de violencia.

Y hoy podemos reflexionar y escribir estas líneas gracias al Mayo Feminista de 2018, el que se da en un contexto de movilizaciones feministas a nivel nacional e internacional; producto principalmente del acoso y violencia sexual que viven cientos de mujeres todos los días en los espacios universitarios y en diversos territorios. Emerge entonces la lucha de las mujeres contra la violencia, los femicidios, el acoso y la desigualdad; como referentes, el movimiento Me Too en EEUU; en Argentina y varios países de América Latina  el Ni Una Menos; la Huelga de Mujeres en España el 8 de marzo; la lucha en las calles por el aborto legal, seguro y gratuito, entre otros.

Es así, que en mayo de ese 2018 en Chile, tras varias denuncias de casos de acoso y abuso de poder en distintas universidades pertenecientes a distintas regiones a lo largo del territorio nacional, estudiantes chilenas comienzan las primeras tomas de espacios de sus casas de estudio.

En nuestra Universidad, el 8 de mayo se convoca a la primera Asamblea de Mujeres, con una figura de participación triestamental y abierta; el resultado de esa primera asamblea separatista, fue la acción consensuada entre mujeres de los distintos estamentos y edades que componen la comunidad UFRO. Esto se materializa en la decisión de la toma de los espacios por parte de las estudiantes, con el propósito de tener un espacio físico seguro y abierto para cualquier mujer que integrara la comunidad universitaria, que permitiera la elaboración de un petitorio, documento a levantar por las mujeres UFRO, el cual pudiese incorporar las diversas demandas en torno a la necesidad que evidencian las mujeres y sus distintos roles. Uno de los productos elaborados conjuntamente, fue el sancionar un protocolo contra el acoso y maltrato laboral, demandas en relación a los derechos reproductivos y no reproductivos, maternidad y paternidad de estudiantes; el reconocimiento de la diversidad sexual; precariedad de las mujeres con figura de contrato a honorarios frente al pre y post natal, educación no sexista en las mallas curriculares y las asignaturas dictadas, entre otros.

Existía una sensación de no reconocimiento y puesta en “valor” de las mujeres y su aporte a la comunidad universitaria, indistintamente su rol/cargo/posición a lo largo de la historia de la institución. Se visualizaba la inexistencia de políticas de acción afirmativas y una normativa que velara por el resguardo y promoción de derechos con enfoque de género y paritario.

El Mayo Feminista

Esta toma de espacios, da como resultado un proceso de negociación con el Gobierno Universitario, con el fin de llegar a diversos acuerdos, según cada uno de los puntos declarados en el petitorio. Luego, tras intensas jornadas de trabajo con representatividad y vocerías de estudiantes, funcionarias y académicas, se tienen como resultado acuerdos y la entrega al rector del Protocolo contra el Acoso Sexual, el Maltrato Laboral y la Discriminación Arbitraria. Durante dos meses ininterrumpidos, las mujeres movilizadas en la UFRO, nos organizamos en asambleas de figura bi y triestamentales de forma autoconvocada, creando ATMA, la primera Asamblea Triestamental de Mujeres Autoconvocadas, que aún al día de hoy persiste en la lucha interna por la disminución de las brechas de género al interior de la universidad.

Así se conforma un proceso que se articula en torno a una reivindicación, conformando espacios de encuentro y debate, y un gran movimiento anticapitalista y antineoliberal. Para nuestra universidad resulta ser el primer paso para la democratización efectiva de los espacios universitarios con dos hitos a destacar: la instauración de una cultura triestamental horizontal y democrática y la creación de una Dirección de Equidad de Género que vele por los derechos adquiridos y por la formulación de una política  de género.

Fuimos historia en la Universidad de La Frontera; logramos una organización enriquecedora para las mujeres que componen la comunidad universitaria; nos falta aún, reconocernos, remirarnos como organización y ver cómo favorecemos el necesario cambio cultural, partiendo desde nosotras mismas. Las mujeres tendemos a buscar afuera, en los otros y otras lo que tenemos adentro. Nuestro desafio mayoritariamente consiste en vencer las resistencias, las propias, las de los otros, y la de una estructura hegemónica que a pesar de los avances, aún nos hace responsables a nosotras del cambio, siendo que los responsables debiéramos ser todos y todas.

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